Sobre el Origen de la Propiedad y la Familia

Por Hans-Hermann Hoppe
Tomado de Mises Hispano

Es razonable dar comienzo a la historia humana hace 5 millones de años, cuando la línea humana de descendencia evolutiva se separaba de la de nuestro pariente no-humano más cercano, el chimpancé. Es también razonable comenzarla hace 2.5 millones de años, con el primer representante del homo habilis; o hace 200.000 años, cuando el primer representante “del hombre anatómicamente moderno” hizo su aparición; o hace 100.000 años, cuando el hombre anatómicamente moderno había logrado la forma humana típica actual. En vez de esto, desearía comenzarla desde hace 50.000 años. Esta es además una fecha eminentemente razonable. Para ese entonces los seres humanos habían desarrollado un lenguaje completo, lo que implicaba una mejora radical en su capacidad de aprender y de innovar, y el “hombre anatómicamente moderno” se había convertido en el “hombre de comportamiento moderno.” Es decir, cuando el hombre ya había adoptado la forma de vida de cazador-recolector, de la cual incluso subsisten aún algunos grupos.

Hace cerca de 50.000 años, el número de “seres humanos modernos” podría no exceder los 5.000 individuos, confinados al Noreste de África. Vivían en sociedades integradas por bandas pequeñas (10-30) personas que ocasionalmente se juntaban y formaron una reserva genética común de cerca de 150 y quizás hasta de 500 personas (un tamaño que los genetistas han encontrado como que es necesario para evitar efectos disgénicos). La división del trabajo era limitada, cuya partición principal era entre mujeres – actuando sobre todo como recolectoras – y hombres – actuando sobre todo como cazadores. No obstante, la vida parece haber sido buena inicialmente para nuestros antepasados. Se permitían una vida cómoda con solamente algunas horas del trabajo regular, con buena nutrición (alto valor proteico) y mucho tiempo libre para disfrutar.

Sin embargo la vida de cazadores y recolectores enfrentaba un desafío fundamental. Las sociedades de cazadores-recolectores llevaban esencialmente vidas parásitas. Es decir, no agregaban nada al suministro de productos entregados por la naturaleza. Sólo agotaban las fuentes de bienes. No producían (fuera de algunas herramientas) sino que consumían solamente. No cosechaban ni criaban sino que tenían que esperar a que la naturaleza regenerara y reaprovisionara. Esta forma de parasitismo implicaba el problema inatajable del crecimiento de la población. Para mantener una vida cómoda, la densidad demográfica tendría que haber seguido siendo extremadamente baja. Se ha estimado que una milla cuadrada de territorio era necesaria para sostener confortablemente una o dos personas, e inclusive, en regiones menos fértiles eran necesarios terrenos más grandes aún.

La gente podía por supuesto intentar evitar esta presión del aumento poblacional, y las sociedades de cazadores-recolectores de hecho lo intentaron. Inducían abortos, practicaban el infanticidio especialmente el infanticidio femenino, y reducían el número de embarazos manteniendo largos períodos de lactancia (que, conjuntamente con la baja grasa corporal característica de mujeres en constante movimiento, reducía la fertilidad femenina). Es claro que todas estas prácticas aliviaban el problema pero no lo solucionaban. La población seguía aumentando.

Dado que el tamaño de la población no se podía mantener en un nivel estacionario, sólo había tres alternativas para el surgente “exceso” de población. Podían renunciar a la vida de cazadores-recolectores y encontrar un nuevo modo de organización social, podían luchar por el suministro limitado de alimentos o podían migrar. Aunque la migración de ninguna manera era gratuita – tenían además que cambiar territorios familiares por territorios desconocidos – parecía como la opción menos costosa. Fue así como despegándose de su patria en el Este de África, el globo entero fue conquistado por bandadas sucesivas de gentes que se separaban de sus parientes para formar nuevas sociedades en áreas nunca antes ocupadas por seres humanos.

El proceso era esencialmente igual siempre: un grupo invadía algún territorio, la presión de la población aumentaba, algunas personas permanecían en el sitio, un subgrupo se movía más lejos, y así generación tras generación. Una vez que se separaban, no existía prácticamente ningún contacto entre las diferentes sociedades de cazadores-colectores. Por lo tanto, aunque al inicio estuvieron estrechamente relacionadas unos con otros por relaciones directas de parentesco, estas sociedades formaron reservorios genéticos separados y, al enfrentar diversos ambientes naturales y como resultado de la deriva genética y las mutaciones que interactuaba con la selección natural, en el transcurso del tiempo adquirieron apariencias claramente diferentes.

Parece que este proceso también comenzó hace 50.000 años aproximadamente, poco después de la aparición “del hombre de comportamiento moderno” y de su adquisición de la habilidad para construir embarcaciones. De este tiempo hasta hace alrededor de 12.000 a 11.000 años las temperaturas globales cayeron gradualmente (desde entonces estamos en un período interglaciar de calentamiento) y por consiguiente los niveles del mar bajaron.[1] La gente cruzaba el Mar Rojo en la Puerta de la Pena (Gate of Grief), que era entonces una simple brecha estrecha de agua sembrada de islas dispersas, hasta tocar tierra en el extremo sur de la Península de Arabia (que en ese entonces gozaba de un período comparativamente húmedo). De allí en adelante, como preferían permanecer en climas tropicales a los cuales se habían ajustado, la migración continuó hacia el Este. El recorrido se hacía sobretodo en embarcaciones porque hasta hace aproximadamente 6.000 años, cuando el hombre aprendió a domesticar caballos, esta forma de transporte era mucho más rápida y más conveniente que el recorrido a pie. Por lo tanto, la migración ocurrió a lo largo de la línea de la costa primero – y procedió de allí hacia el interior a través de los valles de los ríos – hasta llegar finalmente a la India. Allí, el movimiento de la población parece haberse partido en dos direcciones. La una prosiguió alrededor de la Península Indica hacia el Sureste de Asia e Indonesia (que por ese entonces estaba conectada al continente asiático) y finalmente al ahora fragmentado continente de Sahul (Australia, Nueva Guinea y Tasmania, que estuvieron unidas hasta hace cerca de 8.000 años), el cual en ese entonces estaba separado del continente asiático por un canal de sólo 60 millas de ancho, poblado de islas, lo que permitía navegar tramos cortos saltando de isla en isla, así como también hacia el Norte, costa arriba hasta la China y eventualmente al Japón. Por otra parte, el proceso de migración salió de la India en dirección Noroeste, a través de Afganistán, Irán, y Turquía y en última instancia hasta Europa. También hubo una división de esta corriente migratoria, cuya gente empujó en dirección Noreste hacia el Sur de Siberia. Migraciones posteriores, muy probablemente en tres oleadas, los primeros hace aproximadamente 14.000-12.000 años, pasaron de Siberia a través del estrecho de Bering – entonces un puente en tierra (hasta hace aproximadamente 11.000 años) – al continente americano y parece que alcanzaron la Patagonia cerca de 1.000 años más tarde. La última ruta de migración salió de Taiwán, la cual estaba ocupada desde hace aproximadamente 5.000 años, navegando a través del Pacífico hasta alcanzar las islas de la Polinesia y por último llegar a Nueva Zelandia, hace cerca de 800 años.

A pesar de todos estos detalles complicados, en cierto momento en el tiempo, la masa de tierra disponible para ayudar a satisfacer las necesidades humanas no pudo acrecentarse más. En jerga económica, la fuente del factor de producción “tierra” llegó a ser fija, y cada aumento en el tamaño de la población humana tuvo que sostenerse con la misma cantidad invariable de tierra. De la ley económica de rendimientos sabemos que esta situación tiene que terminar en un problema Maltusiano. La ley de rendimientos indica que para cualquier combinación de factores de producción – en el caso actual: tierra y trabajo – existe una combinación óptima. Si uno se desvía de este grado óptimo, aumentando el suministro de sólo un factor – en nuestro caso: trabajo – mientras que el suministro del otro – tierra – se mantiene constante, entonces la cantidad física de producción, o bien decididamente no aumenta, o por lo menos, no en proporción al suministro creciente de trabajo. Es decir, mientras otros factores permanezcan iguales, un aumento en el tamaño de la población, más allá de cierto punto, no viene acompañado por un aumento proporcional de riqueza. Si se pasa de este punto, la producción física de bienes por persona disminuye. El estándar de vida, en promedio, baja. Se ha alcanzado entonces el punto de superpoblación (absoluta).

¿Qué hacer para enfrentar este desafío? De las tres opciones antes mencionadas como respuesta a la presión del aumento poblacional: emigrar, pelear o encontrar un nuevo modo de organización social, solamente los dos últimos siguen abiertos. Me concentraré en el último, la respuesta pacífica.

El desafío fue enfrentado con una doble respuesta: por un lado economizando tierra y por otro lado “privatizando” la producción de descendencia – en una sola frase: a través de la instituciones de la familia y de la propiedad privada.

Para entender estos dos conceptos debemos dar primero una ojeada al tratamiento del factor de producción “tierra” por las sociedades de cazadores-recolectores.

Se puede asumir con seguridad que la propiedad privada existía dentro del marco de la casa tribal. La propiedad privada existía con relación a cosas tales como ropa, herramientas, instrumentos y ornamentos personales. Hasta el punto que tales artículos fueron producidos por particulares, por individuos identificables (durante su tiempo libre) o adquiridos por otras personas, de sus fabricantes originales, a través de regalos o intercambio (trueque) y eran considerados propiedad individual. Sin embargo, como los bienes eran el resultado de esfuerzos concertados o conjuntos, muchas veces eran considerados bienes colectivos. Posiblemente esto se aplicaba mayormente a los medios de subsistencia: a los frutos recolectados y a los animales cazados como resultado una cierta división del trabajo intra-tribal. (Sin duda la propiedad colectiva desempeñó, en ese entonces, un papel prominente en las sociedades de cazadores-recolectores, y es debido a esto que el término “comunismo primitivo” se ha empleado con frecuencia para describir economías primitivas, tribales: cada individuo contribuía a la “renta” hogareña según sus capacidades, y cada uno recibía de la renta colectiva según sus necesidades).

¿Qué decir de los suelos sobre los cuales ocurrían todas las actividades tribales? Uno puede determinar con seguridad que los suelos no eran considerados propiedad privada. ¿Pero eran propiedad colectiva? Se ha asumido típicamente que este es el caso. De hecho, sin embargo, los suelos no eran ni propiedad privada ni colectiva sino que, por el contrario, constituían parte delambiente, o más específicamente, de las condiciones generales de la acción.

El mundo externo en el cual ocurren las acciones del hombre se puede dividir en dos porciones categóricamente distintas. Por una parte, hay esas cosas que se consideran los medios o bienes económicos; y por otra parte, hay esas cosas que se consideran ambiente. Los requisitos para que un elemento del mundo externo pueda ser clasificado como un medio o un bien económico son tres. Primero, para que algo llegue a ser un bien económico, debe haber una necesidad humana. En segundo lugar, debe haber la percepción humana de una cosa que se cree está dotada de propiedades causalmente conectadas con la satisfacción de esta necesidad. Tercero, y lo más importante en el actual contexto, un elemento del mundo externo así percibido debe estar bajocontrol humano de tal forma que pueda ser empleado para satisfacer la necesidad dada. Es decir, solamente si una cosa es llevada a tener una conexión causal con una necesidad humana,y además esta cosa está bajo control humano, puede uno decir que este ente ha sido apropiado – se ha convertido en un bien – y por lo tanto es propiedad de alguien. Por otra parte, si un elemento del mundo externo tiene conexión causal con una necesidad humana, pero nadie controla ni interfiere con este elemento, entonces, tal elemento se debe considerar como parte del ambiente no asignado y por lo tanto no es propiedad de nadie.

Con estas consideraciones como telón de fondo, puede uno ahora responder la pregunta con respecto al status de la tierra en una sociedad de cazadores-recolectores. Ciertamente, los frutos recolectados de un arbusto son una propiedad; ¿pero qué decir sobre el arbusto que causalmente se asocia a los frutos recolectados? El arbusto es simplemente elevado de su estatus original, de ser condición ambiental de la acción y mero factor contribuyente a la satisfacción de necesidades del ser humano y una vez que ha sido apropiado, pasa al status de propiedad y factor genuino de producción: es decir, una vez que el hombre ha interferido a propósito, con el proceso causal natural que conecta el arbusto y los frutos, por ejemplo, regándolo con agua o podando sus ramas para producir un cierto resultado: un aumento en la cosecha por encima del nivel que se hubiera logrado naturalmente.

Similarmente, no se cuestiona que el animal cazado es propiedad; ¿pero qué decir sobre la manada de la cual formaba parte este animal? La manada debe ser mirada como naturaleza no poseída mientras el hombre no haya hecho nada que se pueda interpretar (y que está en su propia mente) como una causal conectada con la satisfacción de una necesidad percibida. La manada solamente se convierte en propiedad una vez que se ha satisfecho el requisito deinterferir con la cadena de acontecimientos naturales para producir cierto resultado deseado. Éste sería el caso, por ejemplo, cuando el hombre se dedique al manejo de los animales (pastoreo), es decir cuando intente activamente controlar los movimientos de la manada.

¿Qué decir sobre la tierra en la cual ocurre el movimiento controlado de la manada? Según nuestra definición, las personas que manejan las manadas no pueden ser considerados dueños de la tierra. Porque simplemente siguen sus movimientos naturales, y su interferencia con la naturaleza se restringe a mantener al grupo reunido, para tener acceso más fácil a sus miembros, en caso que se presente la necesidad de suministro de carne animal. Las personas que manejan las manadas no interfieren con la tierra para controlar los movimientos de la manada; interfieren solamente con los movimientos de los miembros de la manada. La tierra se convierte en propiedad una vez que deciden no controlar la manada y se dedican en vez de eso, a la cría de animales, es decir, una vez que tratan la tierra como un medio (escaso) de intervenir el movimiento de los animales mediante el control de la tierra. Esto requeriría confinar la tierra de alguna manera, cercándola o construyendo algunos otros obstáculos que restringieran el flujo libre, natural, de los animales. Más bien que ser simplemente un factor que contribuye a la existencia de las manadas, la tierra se convierte, ahora sí, en un genuino factor de producción.

Estas consideraciones demuestran que es erróneo pensar que la tierra era propiedad (colectivamente poseída) de las sociedades de cazadores-recolectores. Los cazadores no manejaban manadas y menos aún, no estaban dedicados a la cría de animales; y los recolectores no eran jardineros ni agricultores. No ejercitaban control sobre la fauna y flora tomadas de la naturaleza, atendiéndolas o preparándolas. Simplemente arrancaban pedazos de la naturaleza. La tierra no era más que una condición de sus actividades, no su propiedad.

Se puede decir que el primer paso hacia la solución de la trampa Maltusiana que enfrentaban con su crecimiento las sociedades de cazadores-recolectores, fue exactamente el establecimiento de la propiedad de las tierras. Presionados por el descenso en el estándar de vida, como resultado de la superpoblación absoluta, los miembros de la tribu sucesivamente (por separado o colectivamente) se apropiaron, cada vez más, de naturaleza (tierra) no-poseída previamente. Esta apropiación de la tierra tenía un efecto doble inmediato. Primero, se producían más bienes y por consiguiente se podían satisfacer más necesidades que antes. De hecho, este fue el motivo real detrás de la apropiación de las tierras: la idea de que la tierra tenía una cierta conexión causal con la satisfacción de necesidades humanas y podía ser controlada. Controlando la tierra, el hombre realmente empezaba a producir bienes en vez de simplemente consumirlos. (Importante, el producir bienes también implicaba ahorrar y almacenarbienes para consumir posteriormente). En segundo lugar, la mayor productividad alcanzada al economizar tierra, hizo posible por tanto que un mayor número de personas pudiera sobrevivir en una extensión dada de tierra. De hecho, se ha estimado que con la apropiación de la tierra y el cambio correspondiente en su existencia, al pasar de cazador-recolector a agricultor-jardinero y criador de animales, se pudo mantener, en la misma cantidad de tierra, un tamaño de población entre diez y cien veces mayor que antes.

Sin embargo, la economía en la tierra era solamente parte de la solución al problema que se presentó por la presión del aumento poblacional. Con la apropiación se hizo un uso más eficaz de la tierra, teniendo en cuenta que sustentaba un tamaño mayor de población. Pero la institución de la propiedad de la tierra en sí no afectó el otro lado del problema: la proliferación continuada de descendientes. Este aspecto del problema requería también una solución. Tenía que encontrarse una institución social que pusiera esta proliferación bajo control. La institución diseñada para lograr esta tarea fue la institución de la familia. Como Thomas Malthus explicaba, para solucionar el problema de la superpoblación, la institución del característico “comercio entre los sexos” también tuvo que experimentar un cambio fundamental.

¿En qué consistía el comercio entre los sexos antes y cuál fue la innovación institucional introducida por la familia en este aspecto? En términos de teoría económica, el cambio se puede describir como pasar de una situación donde ambas, las ventajas de tener hijos – creando unproductor potencial adicional – y especialmente sus costos – al crear un consumidor adicional (alguien a quien alimentar) – fueron socializados, es decir, cosechados y pagados por toda la sociedad más bien que por los “productores” del nuevo vástago, hasta llegar a una situación donde ambos, las ventajas así como también los costos que implicaba la procreación, fueron internalizados por, y de nuevo imputados económicamente a, aquellos individuos causalmente responsables de los hijos.

Cualesquiera que hayan sido los detalles exactos, parece que la institución de una relación entre hombres y mujeres, estable y monogámica – y también poligámica – que hoy en día se asocia con el término familia, es bastante reciente en la historia de la humanidad y estuvo precedida de una institución que podría definirse, en términos amplios, como inter-curso sexual “no restringido” o “no regulado” o como “matrimonio en grupo” (también conocido como “amor libre”). El comercio entre los sexos durante esta etapa de la historia humana no eliminaba la existencia de relaciones temporales, por parejas, entre un hombre y una mujer. Sin embargo, en principio consideraban a cada mujer un socio sexual potencial de cada hombre, y viceversa. En palabras de Friedrich Engels: Los “hombres vivían en poligamia y sus mujeres simultáneamente en poliandria, y consideraban a sus hijos como pertenecientes a todos. …. Cada mujer pertenecía a todo hombre y cada hombre a toda mujer.”

Sin embargo, lo qué Engels y muchos socialistas posteriores dejaron de notar en su glorificación de la pasada, y también supuestamente de la futura, institución del amor libre, es el hecho que esta institución tenía un efecto directo sobre la producción de descendientes. Como ha comentado Ludwig von Mises: “es cierto que, aún si una comunidad socialista pudiese establecer el `amor libre’, no podría de ninguna manera establecer el nacimiento gratuito”. Lo qué Mises implicaba con esta observación es que el amor libre tenía consecuencias, a saber embarazos y nacimientos, y que los nacimientos implicaban ventajas así como también costos. Esto no importaría mientras las ventajas excediesen los costos, por ejemplo, mientras un miembro adicional de la sociedad agregase más a ella como productor de bienes que lo que sacase de ella como consumidor – y esto pudo muy bien haber sido el caso durante algún tiempo. Pero según la ley de rendimientos esta situación no podía durar para siempre. Inevitablemente, se debía llegar al punto en que los costos del descendiente adicional excedían sus ventajas. Entonces, cualquier procreación adicional debía cesar – se tenía que ejercitar el freno moral – a menos que uno hubiese deseado experimentar una caída progresiva en el estándar de vida. Sin embargo, si se consideraba a los niños como hijos “de todos” o “de nadie” porque cada uno había mantenido relaciones sexuales con todos los demás, entonces el incentivo a refrenarse de la procreación desaparecía o disminuía perceptiblemente. El instinto, en virtud de la naturaleza biológica del hombre, lleva a cada mujer y a cada hombre a colocar sus genes en la siguiente generación de la especie. Mientras más descendientes tenga uno, mejor, porque más de sus propios genes sobrevivirán. No hay duda, este instinto natural humano se podría controlar con deliberación y raciocinio. Pero si el sacrificio económico que había que hacer fuera ninguno, o poco, por simplemente seguir sus propios instintos animales, ya que los niños eran sostenidos por toda la sociedad, entonces sería poco, o no existiría, el incentivo de ejercitar algún freno moral, de emplear la razón en materia sexual.

Desde un punto de vista puramente económico, entonces, la solución al problema de la superpoblación debía ser de inmediato evidente. La propiedad de los niños, o más correctamente, el confiarlos al cuidado por encargo, tenía que ser privatizada. Más bien que considerar a los niños como posesión colectiva, o confiados al cuidado por encargo a la “sociedad”, o ver los nacimientos como un evento natural incontrolado o incontrolable y en tal caso considerar a los niños como posesión, o encargo, de nadie, los niños tenían que ser considerados como entes producidos privadamente y confiados al cuidado privado.

Más aún y finalmente: con la formación de familias monógamas o polígamas vino otra innovación decisiva. Anteriormente, los miembros de una tribu formaban un sólo domicilio unificado, y la división del trabajo intra-tribal era esencialmente una división de trabajo al interior de tal domicilio. Con la formación de familias vino la separación de este domicilio unificado en varias moradas independientes y con ella también la formación de propiedades “separadas” – o privadas – de la tierra. Es decir, la apropiación previamente descrita de la tierra no era simplemente una transición de una situación donde algo que era anteriormente no-poseído, llegaba ahora a ser poseído, sino, más precisamente, como algo previamente no-poseído, se convertía ahora en varias posesiones separadas o moradas independientes (permitiendo así también el surgimiento de la división del trabajo inter-moradas).

En consecuencia, el aumento en la renta social derivado de la propiedad de la tierra ya no se distribuía como antes: a cada miembro de la sociedad “según su necesidad.” En vez de eso, la parte correspondiente a cada morada del total de la renta social vino a depender del producto imputado económicamente a cada una de ellas, es decir, a la labor y propiedades invertidas en la producción. Es decir: el propagado “comunismo” pudo continuar todavía internamente en cada morada, pero desapareció de la relación entre los miembros de viviendas diferentes. Dichas rentas difirieron, dependiendo de la cantidad y de la calidad del trabajo y de las propiedades invertidas, y nadie podía demandar algo sobre la renta producida por los miembros de otra casa, con excepción de la suya propia. Así, el “ir en coche” sobre los esfuerzos de otros llegó a ser casi, sino del todo, imposible. Aquel que no trabajaba no podría esperar seguir comiendo.

Así, en respuesta a la presión creciente del aumento poblacional había llegado a su existencia un nuevo modo de organización social, desplazando la forma de vida del cazador-recolector, que había sido característica en la mayor parte de la historia humana. Ludwig von Mises resume el tema así: La “propiedad privada en los medios de producción es el principio regulador que, dentro de la sociedad, balancea los medios limitados de subsistencia a disposición de dicha sociedad, con la menos limitada capacidad de aumentar el número de consumidores. Al hacer que la parte del producto social correspondiente a cada miembro de la sociedad dependa del producto económicamente imputado a él, es decir, de su trabajo y su propiedad, la eliminación de los seres humanos sobrantes en la lucha por la existencia, que se ensaña en los reinos vegetal y animal, sea substituida por una reducción en la natalidad como resultado de fuerzas sociales. El ‘freno moral`, las limitaciones impuestas por posiciones sociales sobre la natalidad, substituye la lucha por la existencia.”

[1] Realmente el último periodo de calentamiento habría terminado hace aproximadamente 120,000 años. Durante este período, es decir, más de 120,000 años, los hipopótamos habían vivido en el Rin y en el Támesis y la Europa del norte tenía una apariencia “Africana”. De ahí en adelante los glaciares se movieron, en forma sostenida, más hacia el sur y eventualmente el nivel del mar bajó más de 100 metros. El Támesis y el Elba se convirtieron en tributarios del Rin antes de salir primero al Mar del Norte y de allí al Atlántico. Cuando este período terminó, de forma bastante súbita, hace cerca de 12,000 años, los glaciales rápidamente se retiraron y el nivel del mar subió, no en milímetros por año, sino muy rápidamente, en una forma muy parecida a una inundación. En un tiempo muy corto, Inglaterra e Irlanda, las cuales habían estado previamente conectadas al continente Europeo, se convirtieron en islas. El Mar Báltico y gran parte del Mar del Norte llegaron así a existir. En la misma forma el Golfo Pérsico sólo data de cerca de ese tiempo.

Este documento fue presentado por primera vez en el Segundo Encuentro Anual de la “Sociedad de la Propiedad y la Libertad”, que tuvo lugar en Bodrum, Turquía, entre el 24 y el 28 de Mayo de 2007. Es el resumen del capítulo más largo dentro de la estructura de un proyecto mayor de libro.

Traducido del inglés por Rodrigo Betancur.

Posted in Blog | Leave a comment

El Análisis Economico

Por Hans-Hermann Hoppe
Tomado de Mises Hispano

Esencialmente, el análisis económico consiste en: (1) un entendimiento de las categorías de la acción y en un entendimiento del significado de un cambio en los valores, los costos, el conocimiento tecnológico, etc.; (2) una descripción de una situación en la cual las categorías asuman un significado concreto, donde personas determinadas sean identificadas como actores con objetos específicos como medios de acción, con objetivos determinados identificados como valores y cosas determinadas especificadas como costos; y (3) una deducción de las consecuencias que resulten del desempeño de alguna acción especificada en esta situación, o de las consecuencias que resultan para el actor si esta situación es cambiada de una forma específica. Y esta deducción tiene que producir conclusiones válidas a priori, siempre y cuando no haya un fallo en el mero proceso de deducción,(…) porque entonces su validez retornaría a la validez indisputable de las categorías de la acción”.

Posted in Blog | Leave a comment

Justificación de la Privatización total

Por Hans-Hermann-Hoppe
Tomado de Mises Hispano

Tengo tres objetivos. Primero, quiero aclarar la naturaleza y función de la propiedad privada. Segundo, quiero aclarar la distinción entre bienes y propiedades “comunes” y bienes y propiedades “públicos” y explicar el error de construcción propio de la institución de los bienes y propiedades públicos. Tercero, quiero explicar la justificación y principio de la privatización.

  1. Preliminares teóricos

Empezaré con algunas consideraciones abstractas por esenciales respecto de las fuentes de conflictos el propósito de las normas sociales. Si no hubiera conflictos interpersonales, no habría necesidad de normas. El propósito de las normas es evitar conflictos de otra forma inevitables. Una norma que genere conflictos, en lugar de ayudar a evitarlos, es contraria al propósito de las normas, es decir, es una norma disfuncional o una perversión.

Se piensa a veces que aparecen conflictos del mero hecho de que distinta gente tenga distintos intereses o ideas. Pero esto es falso, o al menos es algo muy incompleto. A partir solo de la diversidad de intereses e ideas individuales no se deduce que deban aparecer conflictos. Yo quiero que llueva y mi vecino que brille el sol. Nuestros intereses son contrarios. Sin embargo, como ni yo ni mi vecino controlamos el sol o las nubes, nuestros intereses en conflicto no tienen consecuencias prácticas. No hay nada que podamos hacer con el tiempo. Igualmente, yo puedo creer que A causa B y tú que B es causado por C, o yo creer y rezar a Dios y tú no. Pero si ésta es toda la diferencia que hay entre nosotros, no se deduce nada de consecuencias prácticas. Diferentes intereses y creencias pueden llevar al conflicto solo cuando se ponen en práctica, cuando nuestros intereses e ideas están ligados o son implantados en objetos controlados físicamente, es decir, en bienes económicos o medios de acción.

Aunque nuestros intereses e ideas estén ligados y son implantados en bienes económicos, no se produce ningún conflicto mientras nuestros intereses e ideas se refieran a bienes distintos (separados físicamente). El conflicto solo se produce si nuestros diferentes intereses e ideas están ligados e invertidos en el mismo bien. En Jauja, con sobreabundancia de bienes, no puede haber conflictos (excepto los relativos al uso de nuestros cuerpos físicos que encarnan nuestros propios intereses e ideas). Hay suficiente a nuestro alrededor como para satisfacer los deseos de todos.

Para que distintos intereses e ideas entren en conflicto, los bienes deben ser escasos. Solo la escasez hace posible que distintos intereses e ideas puedan ligarse e invertirse en la misma existencia de bienes. Por tanto, los conflictos son enfrentamientos físicos respecto del control de la misma existencia de bienes. La gente se enfrenta porque quiere usar los mismos bienes de formas distintas e incompatibles.

Sin embargo, incluso bajo condiciones de escasez, cuando son posibles los conflictos, no son necesarios o inevitables. Todos los conflictos respecto del uso de cualquier bien puede evitarse con que cada bien sea de propiedad privada, es decir, esté controlado exclusivamente por algún individuo o individuos y siempre quede claro qué cosa tiene dueño y quién es éste y qué cosa no. Los intereses e ideas de distintos individuos pueden por tanto ser tan diferentes como sea posible y aún así no aparecer conflictos siempre que sus intereses e ideas se refieran única y exclusivamente a su propiedad distinguible.

Por tanto, lo único que se necesita para evitar todo conflicto es una norma relativa a la privatización de cosas escasas (bienes). Más en concreto, para evitar todos los conflictos desde el mismo principio de la humanidad, la norma requerida debe referirse a la privatización original de los bienes (la primera transformación de las “cosas” dadas por la naturaleza en “bienes económicos” y propiedad privada). Además, la privatización original de los bienes no pudo producirse por declaración verbal, es decir, por la mera expresión de palabras, solo porque esto pudiera funcionar y no llevar a un conflicto permanente e irresoluble si, al contrario que nuestra suposición inicial de distintos intereses e ideas, existiera una armonía preestablecida de los intereses e ideas de toda la gente. (¡En ese caso ni siquiera harían falta normas!)

Más bien, para evitar todo conflicto de otro modo inevitable, la privatización original de bienes debió ocurrir mediante acciones: mediante actos de apropiación original de lo que eran previamente “cosas”. Solo mediante acciones que tengan lugar en el tiempo y el espacio, puede establecerse un enlace objetivo (discernible intersubjetivamente) entre una persona concreta y un bien concreto. Y solo el primero que se apropie de una cosa previamente sin propietario puede adquirir esto son conflicto. Pues, por definición, como primero que se apropia no puede haber entrado en conflicto con nadie al apropiarse del bien en cuestión, ya que todos los demás aparecieron en escena más tarde. Por tanto, toda la propiedad debe remontarse, directa o indirectamente, a una cadena de transferencias de títulos de propiedad mutuamente beneficiosas y por tanto igualmente libres de conflictos, hasta los apropiadores originales y los actos de apropiación original.

Por cierto, que esta respuesta es verdad apodícticamente, es decir no hipotéticamente. En ausencia de una armonía preestablecida de todos los intereses individuales, solo la propiedad privada puede ayudar a evitar el en otro caso inevitable conflicto (bajo condiciones de escasez). Y solo el principio de adquisición de la propiedad por medio de la apropiación original o la transferencia mutuamente beneficiosa de un propietario anterior a otro posterior hace posible que pueda evitarse todo conflicto, desde el mismo principio de la humanidad hasta el fin. No existe otra solución. Cualquier otra reglamentación va en contra de la naturaleza del hombre como actor racional.

En conclusión, incluso bajo condiciones de escasez completa es posible que la gente con intereses e ideas divergentes pueda coexistir pacíficamente (sin conflictos), siempre que reconozca la institución de la propiedad privada (es decir, exclusiva) y su fundamento último y mediante actos de apropiación original.

  1.   Propiedad privada, bienes comunes y propiedad pública

Pasemos ahora de la teoría a la práctica y la aplicación. Supongamos una pequeña villa con casas, jardines y campos de propiedad privada. En principio, todos los conflictos relativos al uso de estos bienes puede evitarse, porque está claro quién posee y tiene el control exclusivo de qué casa, jardín y campo y quién no.

Pero además hay una calle “pública” delante de las casas privadas y un camino “público” que lleva a través de los bosques desde la villa hasta un lago. ¿Cuál es el estatus de esta calle y este camino? No son propiedad privada. De hecho, suponemos que nadie declara que es el propietario privado de la calle o el camino. Más bien, la calle y el camino son parte del entorno natural en el que actúan todos. Todos usan la calle, pero nadie la posee o ejercita un control exclusivo respecto de su utilización.

Puede concebirse que este estado de cosas con calles públicas sin dueño pueda continuar eternamente sin llevar a ningún conflicto. Sin embargo, no es muy realista, porque esto requiere suponer una economía estacionaria. Pero con el cambio y el crecimiento económico, y en particular con una población creciente, los conflictos respecto de uso de la calle pública están destinados a aumentar. Aunque los “conflictos de calle” inicialmente podían ser tan infrecuentes y fáciles de resolver como para que nadie se preocupara, ahora se hacen ubicuos e intolerables. La calle está constantemente congestionada y en mal estado permanente. Hace falta una solución. La calle debe abandonar el ámbito del entorno (de las “cosas” externas o la propiedad común) y entrar en el ámbito de los “bienes económicos”. Así, la economización creciente de cosas previamente consideradas y tratadas como “bienes gratuitos” es la fórmula de la civilización y el progreso.

Se propuesto y probado dos soluciones al problema de gestionar conflictos crecientemente intolerables respecto del uso de la “propiedad común”. La primera (y correcta) solución es privatizar la calle. La segunda (e incorrecta) solución es convertir a las calles en lo que hoy se llama “propiedad pública” (que es muy distinta de los bienes y propiedades “comunes” anteriores y sin dueño). El por qué la segunda solución es incorrecta o disfuncional puede apreciarse mejor en contradisitinción con la opción alternativa de la privatización.

¿Cómo es posible que las calles comunes antes sin propietario puedan privatizarse sin generar así conflicto con otros? La respuesta rápida es que puede hacerse siempre que la apropiación de la calle no infrinja los derechos previamente establecidos (las servidumbres) de los propietarios privados a usar esas calles “gratis”. Todos deben seguir siendo libres de andar por la calle de una casa a otra, a través del bosque y hasta el lago, igual que antes. Todos retienen un derecho de paso y por tanto nadie puede reclamar haber empeorado por la privatización de la calle.

Es verdad que para objetivar (y validar) su demanda de que la calle hasta ahora común es ahora privada y que él (y nadie más) es su propietario, el apropiador (sea cual sea) debe realizar algún mantenimiento visible y obras de reparación en la calle. Luego, como propietario, él (y nadie más) puede desarrollar y mejorar más las calles como le parezca. Él establece las reglas y regulaciones respecto del uso de su calle para evitar todo conflicto en ella. Puede construir un puesto de perritos calientes o de salchichas de Frankfurt en su calzada, por ejemplo, e impedir que otros hagan lo mismo; o puede prohibir echar basura en su calle y poner una tasa de recogida de basuras. Ante forasteros o extraños, el propietario de la calle puede determinar las reglas de entrada respecto de extraños no invitados. Por fin, como propietario privado puede vender la calle a cualquier otro (manteniendo intactos todos los derechos de paso previamente establecidos).

En todo esto, es más importante que la privatización tenga lugar que la forma concreta que asuma. En un extremo del espectro de posibles privatizaciones, podemos imaginar un solo propietario. Por ejemplo, un habitante rico de la villa, que asuma mantener y reparar la calle y por tanto se convierta en su propietario. En el otro extremo del espectro, podemos imaginar que el mantenimiento o reparación inicial de la calle es resultado de un genuino esfuerzo de la comunidad. En ese caso, no hay solo un propietario de la calle, sino que todo miembro de la comunidad es (inicialmente) su copropietario por igual.

En ausencia de una armonía estable previa de todos los intereses e ideas, dicha copropiedad requiere un mecanismo de toma de decisiones respecto de la posterior evolución de la calle. Supongamos que, como en una sociedad anónima, sea la mayoría de los propietarios de la calle la que determine que hacer y qué no hacer con ella. Esta regla mayoritaria huele a conflicto, pero no es así en este caso. Todo propietario que esté insatisfecho con las decisiones tomadas por la mayoría de los propietarios, que crea que las cargas que le impone la mayoría son mayores que los beneficios que puede obtener de su propiedad (parcial) de la calle, puede siempre y en cualquier momento abandonarla o “irse”. Puede vender su parte de la propiedad a otro, abriendo así la posibilidad de la concentración de títulos de propiedad, seguramente en una sola mano, reteniendo al tiempo su derecho original de paso.

Por el contrario, se crea un tipo muy distinto de propiedad si la opción de salida noexiste, es decir, si no se permite a una persona vender su participación de la propiedad de la calle o se le quita su antiguo derecho de paso.

Sin embargo, esto es precisamente lo que define y caracteriza la segunda opción de propiedad “pública”. La calle pública en este sentido moderno de la palabra “pública” no tiene propiedad como tuvo una vez. Hay un propietario de la calle (ya sea un individuo concreto, el rey de la carretera o un gobierno de la calle democráticamente elegido) que tiene un poder de decisión exclusivo para establecer las reglas del tráfico y determinar la evolución futura de la calle.

Pero el gobierno de la calle no permite a sus electores, es decir, al pueblo, que supuestamente son los propietarios por igual de la calle, vender su participación de la propiedad (así que el hace propietarios forzosos de algo de lo que podrían por el contrario querer desprenderse). Y ni el gobierno ni el rey permiten a los residentes de la villa los antes libres acceso y paso sin restricciones por la calle, sino que hace su uso futuro condicional al pago de alguna tasa o contribución del usuario (haciendo así a los residentes de la villa propietarios obligatorios de la calle de nuevo si es que quieren continuar utilizándola como antes).

El resultado de estas disposiciones es previsible. Al denegar la opción de “salida”, el propietario de la calle “pública” ha conseguido un poder absoluto sobre la población de la villa. Por consiguiente, las tasas y otras condiciones impuestas a los residentes de la villa para continuar usando la calle antes “libre” tenderán a hacerse cada vez más gravosas.

No se evitarán los conflictos; muy al contrario, los conflictos se institucionalizarán. Como la opción de salida se cierra, es decir, como los usuario de la calle pública deben ahora pagar por lo que antes tenían gratis y ningún residente puede vender y deshacerse de su supuesta propiedad de la calle, sino que sigue continuamente obligado por las decisiones tomadas por el gobierno o rey de la calle, no solo conflictos hay respecto del uso sino que mantenimiento y evolución futuros de la propia calles se hacen permanentes y ubicuos.

Lo más importante es que, con calles “públicas” también se introduce en el conflicto a áreas en donde antes no lo había. Pues si los propietarios privados de casas, jardines y campos a lo largo de la calle deben pagar contribuciones al propietario de la calle para continuar haciendo lo que habían hecho hasta ahora, es decir, si deben pagar impuestos al propietario de la calle, entonces, por la misma razón, el propietario de la calle ha conseguido el control sobre sus propiedades privadas. El control del propietario privado respecto del uso de su propia casa ya no es por tanto exclusivo.

Por el contrario, el propietario de la calle adyacente puede interferir en las decisiones del propietario de la cas respecto de su propia casa. Puede decir al propietario de la casa qué hacer o no hacer con su casa si quiera salir o entrar de ella como antes. Es decir, el propietario de la calle pública está en una situación en la que puede limitar, y en último término incluso eliminar, es decir, expropiar, toda propiedad privada y derecho de propiedad y así hacer inevitable y completo el conflicto.

III.  La justificación de la privatización

Ahora debería estar claro por qué la institución de la propiedad privada es disfuncional. Las instituciones y las normas subyacentes a ellas se supone que ayudan a evitar el conflicto. Pero la institución de la propiedad “pública” (de las calles “públicas”) crea y aumenta los conflictos. Por tanto, para evitar los conflictos (para la cooperación humana pacífica) debe desaparecer la propiedad pública. Toda propiedad pública debe convertirse en propiedad privada.

¿Pero cómo privatizar en el “mundo real”, que ha evolucionado mucho más allá del simple modelo de la villa que he explicado hasta ahora? En este “mundo real” no tenemos solo calles públicas, sino parques, terrenos, ríos, lagos, costas, viviendas, escuelas, universidades, hospitales, cuarteles, aeropuertos, puertos, bibliotecas, museos y muchas más cosas públicas.

Además, por encima de los gobiernos locales tenemos una jerarquía de gobierno provinciales “superiores” y en último término nacionales o centrales “supremos” como propietarios de dichos bienes. Además, como es previsible, en paralelo a la extensión y expansión territorial del dominio de lo bienes públicos, en la que los propietarios privados se han visto implicados sin ninguna “vía de escape”, el rango de alternativas que queda a la gente respecto de su propiedad privada se ha venido limitando y estrechando cada vez más. Solo queda un ámbito pequeño y cada vez menor de su propiedad privada en el que los propietarios privados puedan aún tomar decisiones libres, es decir, libres de posibles intrusiones o interferencias de alguna autoridad pública. Ni siquiera la cuatro paredes de nuestra casa quedan libres y podemos en ellas ejercitar un control exclusivo sobre nuestra propiedad. Hoy, en nombre de lo público y como propietario de todos los “bienes públicos”, los gobiernos pueden invadir tu casa, confiscar parte o todo de tus pertenencias e incluso secuestrar a tus hijos.

Evidentemente, en el “mundo real”, la pregunta de cómo privatizar es más difícil que en el sencillo modelo de la villa. Pero el modelo de la villa y la teoría social elemental nos puede ayudar a reconocer el principio (si no todos los detalles complicados) implícito y a aplicarlo a esta tarea. La privatización de bienes “públicos” debe producirse de una forma que no infrinja los derechos preestablecidos de los propietarios privados (de la misma forma que el primer apropiador de una calla común antes sin dueño no infringiría los derechos de nadie siempre y cuando reconociera los derechos de paso sin restricciones a todos los residentes).

Como las calles “públicas” son las plataformas desde las que derivan todos los demás “bienes públicos”, el proceso de privatización debería empezar por las calles. Con la trasformación de calles antes comunes en calles “públicas”, empezaron la expansión del dominio de los bienes públicos y de los poderes del gobierno y aquí debería empezar su solución.

La privatización de las calles “públicas” tiene un doble resultado. Por un lado, ningún residente se ve forzado por ello a pagar ningún impuesto por el mantenimiento o desarrollo de ninguna calle local, provincial o federal. La financiación futura de todas las calles es solamente responsabilidad de sus nuevos propietarios privados (sean quienes sean). Por otro lado, en lo que se refiere a los derechos de paso de los residentes, la privatización debe dejar en peor situación a nadie de lo que estaba originalmente (aunque tampoco pueda hacer que todos mejoren).

Originalmente, todo residente de la villa podía moverse libremente en la calle local junto a su propiedad y podía dirigirse desde allí igualmente con libertad ya que las cosas que le rodeaban no tenían dueño. Si embargo, si en sus movimientos llegaba a algo que tenía visiblemente un propietario, ya fuera una casa, un campo o una calle, su entrada estaba condicionada al permiso o invitación del propietario. Igualmente, si un extranjero no residente llegaba a una calle local, la entrada en esta calle estaba sujeta al permiso de su propietario (local). El extranjero tenía que haber sido invitado por algún residente a su propiedad. Es decir, esta gente podía moverse, pero nadie tenía un derecho de paso completamente irrestricto. Nadie era libre de moverse a cualquier sitio sin requerirse nunca el permiso o la invitación de alguien. La privatización de las calles no puede cambiar este hecho y eliminar estas restricciones originales naturales a la “libertad de movimientos”.

Aplicado al mundo de las calles locales, provinciales y federales, esto significa que como resultado de la privatización de las calles a cada residente se le debe permitir moverse libremente por cualquier calle o carretera, local, provincial y federal igual que antes. La entrada a calles de estados o provincias distintos y especialmente delocalidades distintas, no es sin embargo igualmente libre, sino que está condicionado al permiso o invitación de los propietarios de dichas calles. Las calles locales siempre (praxeológicamente) preceden a cualquier calle entre localidades o travesía y por tanto la entrada en distintas localidades nunca fue libre, sino siempre y en todas partes condicional a algún permiso o invitación local. Este datum original se reincorpora y refuerza con las calles privadas.

Hoy en las calles “públicas”, donde esencialmente a todos se les permite ir a todas partes sin ninguna restricción de acceso “discriminatoria”, el conflicto en forma de “integración forzada”, es decir de tener que aceptar extraños no invitados en medio de nosotros y en nuestra propiedad, se ha convertido en algo generalizado.

En un contraste evidente, con cada calle y en particular cada calle local privatizada, los barrios y comunidades recuperan su derecho original de exclusión, que es un elemento definitorio de la propiedad privada (igual que el derecho de inclusión, es decir, el derecho de invitar a otro a la propiedad propia). Los propietarios de calles de barrios y comunidades, mientras no infrinjan cualquier derecho de paso de los residentes a invitar, puede determinar el requisito de entrada a extraños no invitados (extranjeros indocumentados) en sus calles y así impedir el fenómeno de la integración forzosa.

Entonces, ¿quiénes son los propietarios de las calles? ¿Quién puede reclamar y validar su reclamación de que posee las calles locales, provinciales o federales? Estas calles no son resultado de algún tipo de trabajo comunitario, ni son el resultado del trabajo de alguna persona o grupo de personas claramente identificable.

Es verdad que hablando literalmente, los obreros construyeron las calles. Pero eso no les hace propietarios de las calles porque hubo que pagarles para que hicieran su trabajo. Sin financiación, no habría calle. Y los fondos pagados a los trabajadores son el resultado de pagos de impuestos por varios contribuyentes. Por tanto, las calles deberían considerarse como propiedad de estos contribuyentes. Los antiguos contribuyentes, de acuerdo con los impuestos locales, estatales y federales pagados, deberían obtener títulos de propiedad en calles locales, estatales y federales. Pueden o bien quedarse con estos títulos como inversión o pueden deshacerse de su propiedad en las calles y venderla, siempre manteniendo el derecho de paso sin restricciones.

Lo mismo se aplica esencialmente a la privatización de todos los demás bienes públicos, como escuelas, hospitales, etc. Como consecuencia, se detendrían todos los pagos de impuestos para el mantenimiento y operación de dichos bienes. La financiación y desarrollo de escuelas y hospitales, etc. correspondería desde entonces exclusivamente a sus nuevos propietarios privados. Igualmente, los nuevos propietarios de bienes antes “públicos” son aquellos residentes que realmente los financiaron. De acuerdo con la cantidad de impuestos que pagaron, se les debería otorgar participaciones vendibles en escuelas, hospitales, etc.

Sin embargo, al contrario que en el caso de las calles, los nuevos propietarios de escuelas y hospitales no tienen restricciones por ninguna servidumbre o derecho de paso en los usos futuros de su propiedad. Las escuelas y hospitales, al contrario que las calles, no eran bienes comunes antes de convertirse en bienes “públicos”. Las escuelas y hospitales sencillamente no existían en absoluto anteriormente como bienes, es decir, hasta que no se produjeron por primera vez y por tanto nadie (excepto los productores) puede haber adquirido una servidumbre previa o derecho de paso respecto de su uso. Por tanto, los nuevos propietarios privados de escuelas, hospitales, etc., tienen libertad para establecer los requisitos de entrada a sus propiedades y determinar si quieren continuar operando estas propiedades como escuelas y hospitales o prefieren usarlos para un propósito distinto.

Apéndice

Privatización: Principio y aplicaciones

La única solución efectiva al problema del conflicto, es decir, la única regla o norma que puede asegurar evitar los conflictos desde el principio de la humanidad en adelante y producir una “paz eterna” es la institución de la propiedad privada, basada en último término en actos de apropiación original de recursos antes sin dueño o “comunes”. Por el contrario, la institución de la propiedad pública empieza con un conflicto, es decir, con un acto original de expropiación de alguna propiedad hasta entonces privada (en lugar de la apropiación de bienes previamente sin dueño) y la propiedad pública no acaba con los conflictos y las expropiaciones, sino que los institucionaliza y los hace permanentes.

De aquí se deduce lo imperativo de la privatización, y por tanto del principio de la restitución, es decir, la idea de que la propiedad pública puede devolverse quapropiedad privada a aquéllos de quienes se tomó por la fuerza. Es decir, los bienes públicos deberían convertirse en la propiedad privada de quienes financiaron o aportaron fondos de alguna manera para estos bienes y pueden establecer una demanda objetiva (discernible intersubjetivamente) en este sentido.

Aplicar este principio al mundo existente es a menudo complicado y requiere un esfuerzo legal considerable. Solo consideraré tres casos realistas de privatizaciones para ocuparme de algunas cuestiones y decisiones esenciales.

El primer caso, el más parecido a la antigua Unión Soviética, es el de una sociedad en la que todas y cada una de las propiedades son propiedades públicas, administradas por un gobierno del estado. Todos son funcionarios públicos y trabajan en oficinas, empresas, fábricas y tiendas públicas  y todos se mueven y viven en terrenos y viviendas públicas. No hay propiedad privada excepto en los bienes de consumo inmediato, en su ropa interior, cepillo de dientes, etc. Además, todos los registros respecto del pasado legal se han perdido o destruido de forma que nadie, basándose en esos registros, puede presentar una reclamación de cualquier parte identificable de la propiedad pública.

En este caso, el principio de que toda reclamación de propiedad pública debe basarse en “datos” objetivos, discernibles intersubjetivamente llevarían a uno a obtener propiedad privada (y títulos de propiedad vendibles) se basa en la ocupación presente o pasada: las oficinas van a los oficinistas que las ocupan, las fábricas a los operarios, los campos a los granjeros y las casas a los residentes. Los trabajadores jubilados obtienen títulos de sus antiguos lugares de trabajo de acuerdo con la duración de sus empleos. Como ocupantes presentes o pasados de la propiedad en cuestión, solo ellos tienen un enlace objetivo con esta propiedad. Son los que han mantenido la propiedad como tal mientras otros trabajaban en otros lugares en otras ubicaciones laborales públicas.

Todo los demás, es decir, toda la propiedad pública que no esté actualmente ocupado o sea mantenida por alguien (por ejemplo, las tierras “vírgenes”) se convierte en propiedad “común” y se abre a todos los miembros de la sociedad para su privatización por medio de apropiación original.

La solución solo deja una cuestión importante. Todos los documentos legales se suponen perdidos. Pero la gente no ha perdido su memoria. Siguen recordando crímenes pasados. Son víctimas y testigos de actos de asesinato, agresión, tortura y encarcelamiento. ¿Qué hacer con quienes cometieron estos delitos, que los ordenaron o encargaron o cooperaron en su ejecución?

¿Deberían los torturadores de la policía secreta y la nomenklatura comunista, por ejemplo, estar incluidos en este plan de privatización y convertirse en propietarios privados de las comisarías de policía y palacios públicos donde administraron y planificaron sus crímenes? La justicia requiere por el contrario que todo presunto criminal sea denunciado en un juicio por su supuesta víctima y, si se le sentencia y condena, no solo sea excluido de obtener ninguna propiedad pública en absoluto, sino asimismo que se le aplique un castigo mucho más severo.

El segundo caso se diferencia del primero en solo un aspecto: el pasado legal no ha desaparecido. Existen documentos y registros que prueban las expropiaciones pasadas y basándose en esos documentos, personas concretas puede presentar una demanda objetiva de parte concretas de propiedad pública. Éste fue esencialmente el caso en los antiguos estados vasallos de la Unión Soviética, como Alemania Oriental, Checoslovaquia, Polonia, etc., donde la apropiación comunista tuvo lugar durante solo unos 40 años o una generación antes (en lugar de 70 años, como en la Unión Soviética).

En este caso, los propietarios originales expropiados de sus herencias legales deberían ser restaurados como propietarios privados de la propiedad pública en cuestión. ¿Pero qué pasa con las mejoras de capital? Más en concreto, ¿qué pasa con estructuras (de casas o fábricas) erigidas ex novo, que se convertirían en propiedad privada de sus ocupantes actuales o pasados y se construyeron en terrenos devueltos a su propietario original y distinto? ¿Cuántas participaciones en la propiedad debería recibir el propietario del terreno y cuántas los propietarios de la estructura? Las estructuras y el terreno no pueden dividirse físicamente. En términos de teoría económica, son factores de producción absolutamente específicos y complementarios, cuya contribución relativa a su producto de valor conjunto no puede desentrañarse. En este caso no existe más alternativa a las partes en conflicto que negociar.

El tercer caso es el de las llamadas economías mixtas. En estas sociedades, existe un sector público junto con un sector nominalmente privado. Hay bienes y funcionarios públicos junto a propiedad nominalmente privada y propietarios y empleados en empresas privadas. Normalmente los funcionarios públicos que administran propiedades públicas no producen bienes o servicios que se vendan en el mercado. (Para el caso atípico de empresas públicas con valor productivo, ver más adelante).

Sus beneficios por ventas e ingresos del mercado son cero. Sus salarios y todos los demás costes implicados en la operación de bienes públicos los pagan por el contrariootros. Estos otros son los propietarios y empleados de empresas privadas. Las empresas privadas y sus empleados, frente a sus equivalentes públicos, producen bienes y servicios que se venden en el mercado y por tanto obtienen una renta. Con esta renta, las empresas privadas no solo pagan los salarios de sus propios empleados y proveen el mantenimiento de su propia propiedad: también pagan (en forma de impuestos a la renta o la propiedad) los salarios (netos) de todos los empleados públicos y los costes operativos de toda la propiedad pública.

En este caso, el principio de que la propiedad pública debería restaurarse quapropiedad privada a aquéllos que realmente la financiaron debería llevar a asignar títulos de propiedad exclusivamente a los propietarios, fabricantes y empleados privados de acuerdo con su propiedad pasada y pagos de impuestos sobre rentas, mientras que los directores y empleados públicos deberían estar excluidos. Todas las oficinas y palacios del gobierno, por ejemplo, tendrían que vaciarse por parte de sus ocupantes actuales. Los salarios del sector públicos se pagaron solo (y la propiedad pública existe solo) a causa de la financiación proporcionada por los propietarios de empresas privadas y sus empleados. Por tanto, aunque los empleados públicos pueden mantener su propiedad privada, no tienen derecho a la propiedad pública que usaron y administraron.

(Esto solo es distinto en el caso atípico en el que una empresa pública, como una fábrica de automóviles propiedad del gobierno, fabrique bienes y servicios vendibles y gane por tanto una renta en el mercado. En ese caso, los empleados públicos pueden tener un derecho legítimo de propiedad, dependiendo de las circunstancias. Tienen derecho de propiedad plena de la fábrica, si no existe un propietario previamente expropiado que pueda reclamar la fábrica y si la fábrica nunca recibió ninguna subvención fiscal. Si existe un propietario previo, los empleados de la fábrica pueden reclamar en el mejor de los casos una propiedad parcial y deben negociar con el propietario respecto de su porción relativa de títulos de propiedad. Y si la fábrica ha sido subvencionada, y en la medida en que lo haya sido, los trabajadores tendrían que dividir más o menos su proporción de títulos de propiedad con los empleados del sector privado qua contribuyentes).

Simultáneamente con la privatización de toda propiedad pública, toda propiedadnominalmente privada sería devuelta a su estado original como propiedad privada real. Es decir, toda propiedad nominalmente privada sería liberada de todo impuesto a la propiedad o la renta y de todas las restricciones legislativas en su uso (aunque los acuerdos previamente cerrados respecto al uso de propiedad entre partes privadas sigan en efecto). Por tanto, sin impuestos no hay gastos gubernamentales y sin gatos gubernamentales todos los empleados públicos dejarían de percibir salarios y deberían buscar un trabajo productivo para ganarse la vida. Igualmente, todo receptor de concesiones, subvenciones u órdenes de compra del gobierno verá sus ingresos reducidos o desaparecidos completamente y deberá buscar alternativas.

Esta solución deja sin resolver una cuestión importante. Una vez que se hayan asignado a todos los contribuyentes netos su cantidad apropiada de participaciones en la propiedad pública, ¿cómo se adueñarán de esta propiedad y ejercerán sus derechos como propietarios privados? Aunque exista un inventario de toda la propiedad pública, la mayoría de la gente no tiene ni la más remota idea de qué es aquello de lo que es (parcialmente) dueña. La mayoría de la gente tiene una idea bastante buena de la propiedad pública local, pero acerca de la misma propiedad pública en otros lugares distantes, no sabe prácticamente nada, excepto respecto de unos pocos “monumentos nacionales”.

Es prácticamente imposible que alguien llegue a una valoración realista del precio “correcto” de toda la propiedad pública y por tanto tampoco del precio “correcto” de una participación individual en esta propiedad. Por consiguiente, los precios solicitados y pagados por dichas participaciones serían altamente indeterminados y ampliamente fluctuantes y divergentes, al menos inicialmente y sería bastante pesado y largo el plazo hasta que algún inversor o grupo de inversores comprara la mayoría de todas las participaciones para empezar luego a operar o vender partes de esta propiedad para obtener retornos en su inversión.

Esta dificultas puede superarse recuperando la idea de la apropiación original. Los títulos en manos de los contribuyentes no serían solo títulos vendibles. Es más importante que permiten a sus propietarios reapropiarse de propiedades anteriormente públicas y ahora sin dueño. La propiedad pública se abriría a una apropiación original y los títulos serían derechos a propiedades públicas actualmente sin dueño. Todos podrían llevar sus títulos a lugares concretos de propiedad privada y registrarlos como su propietario.

Como el primero en registrar una propiedad concreta sería su propietario inicial, se asegura que todas las propiedades públicas tendrían nuevo dueño casi inmediatamente. Más en concreto, la mayoría de la propiedad pública sería, al menos inicialmente, propiedad de los residentes locales, es decir, de gente que viva muy cerca de una propiedad concreta y con mejor conocimiento de su potencial valor productivo.

Además, como el valor por participación en la propiedad cae cada vez más a medida que los poseedores de títulos se registren en la misma propiedad, se evitará y eliminará rápidamente cualquier sobreinscripción o infrainscripción en propiedades concretas. Muy rápidamente, cada propiedad se valorará realistamente de acuerdo con su valor productivo.

Lecturas recomendadas

Hans-Hermann Hoppe, The Economics and Ethics of Private Property (Auburn, Ala.:
Ludwig von Mises Institute, 2006).
———, “De-Socialization in a United Germany”, Review of Austrian Economics, Vol. 5, Nº 2, 1991.

Murray N. Rothbard, The Ethics of Liberty (Nueva York: New York University Press, 2003).
———, “How and How Not to Desocialize”, Review of Austrian Economics, Vol. 6, No. 1, 1992.

Traducido del inglés por Mariano Bas Uribe. El artículo original se encuentra aquí.
[Libertarian Papers (2011)]

 

Posted in Blog | Leave a comment

Todo Detalle de la Vida Privada

Por Hans-Hermann-Hermann Hoppe
Tomado de Mises Hipano

“La deuda del gobierno y sus obligaciones han crecido sin interrupción, con ello incrementando la necesidad de futuras expropiaciones. Debido a la substitución del oro por el papel, la inseguridad financiera ha incrementando bruscamente, y somos continuamente robados a través de la depreciación monetaria. Todo detalle de la vida privada, la propiedad, el comercio, y los contratos es regulado por cada vez más altas montañas de legislación, creando con ello incertidumbre legal permanente y riesgo moral. En particular, hemos sido despojados del derecho de exclusión implícito en el concepto de propiedad privada… En resumen, cuanto más se han aumentado los gastos del estado en seguridad social y seguridad pública, más se han erosionado nuestros derechos de propiedad privada, más se ha expropiado, confiscado, destruido, o depreciado nuestra propiedad, y más se nos ha privado del fundamento de toda la protección: la independencia económica, la fortaleza financiera, y la riqueza personal”.

Posted in Blog | Leave a comment

Los Impuestos

Por Hans-Hermann Hoppe
Tomado de Mises Hispano

“Los impuestos nunca, a ningún nivel de imposición, serán consistentes con la libertad ni con los derechos de propiedad del individuo. Los impuestos son robo. Los ladrones – el estado y sus agentes y aliados – hacen un gran esfuerzo para ocultar este hecho, pero simplemente no hay forma de ocultarlo. Obviamente, los impuestos no son pagos normales ni voluntarios, por bienes y servicios, porque a usted no se le permite abstenerse de pagar si no está satisfecho con el producto. Usted no será castigado si deja de comprar coches de Renault o perfumes de Chanel, pero será arrojado a la cárcel si deja de pagar los costos de escuelas públicas o universidades estatales, o los gastos pomposos del parasito gobernante. Tampoco es posible interpretar los impuestos como pagos de alquiler normal, como aquellos hechos por el inquilino al dueño de un bien. Debido a que el estado no es el dueño arrendador de toda la tierra ni el de todos los individuos. Para ser el dueño arrendador, el estado tendría que ser capaz de probar dos cosas: en primer lugar, que el estado, y nadie más, es dueño de cada centímetro de tierra, y segundo, que tiene un contrato de arrendamiento con todos y cada uno de nosotros, relativo al uso, y al precio de dicho uso, de las propiedades. Ningún estado puede probar esto. No tienen los documentos necesarios para tal efecto, ni pueden presentar un contrato de alquiler. Por lo tanto, sólo hay una conclusión: los impuestos son el robo y la extorsión por los cuales un segmento de la población, la clase dominante, se enriquece a expensas de otra, la de los gobernados”.

Posted in Blog | Leave a comment

¿Por qué Mises (y no Hayek)?

Por Hans-Hermann Hoppe
Tomado de Mises Hispano

Déjenme empezar con una cita de un artículo que mi viejo amigo Ralph Raico escribió hace unos 15 años:

Ludwig von Mises y F.A. Hayek son ampliamente considerados los más eminentes pensadores liberales clásicos de este siglo. También son los dos economistas austriacos más conocidos. Fueron grandes intelectuales y grandes hombres. Tuve la suerte de tener a ambos como maestros. (…) Aún así, está claro que el mundo los trata de forma muy diferente. A Mises se le negó el Premio Nobel de economía, que ganó Hayek el año siguiente a la muerte de Mises. De Hayek se hacen ocasionalmente antologías y se estudia en cursos universitarios, cuando es imposible evitar un portavoz de la libre empresa; Mises es prácticamente un desconocido para la academia estadounidense. Incluso entre organizaciones que defienden el libre mercado en general, es Hayek el honrado e invocado, mientras que Mises es ignorado o enviado al fondo.

Quiero especular (y presentar una teoría) de por qué esto es así y explicar por qué yo (y entiendo que la mayoría de nosotros) tenemos una opinión distinta. Porque yo (y supuestamente usted) somos misesianos y no hayekianos.

Continúe leyendo…

Posted in Blog | Leave a comment

Causas suficientes y necesarias de la Revolución Industrial

Por Hans-Hermann Hoppe
Tomado de Mises Hispano

Primero unas palabras sobre aspectos teóricos. Para la teoría económica la pregunta de cómo incrementar la riqueza y enriquecerse tiene una respuesta directa: tiene tres componentes. Se puede hacer rico: a) mediante la acumulación de capital, esto es, la construcción de bienes intermedios, productores o de capital, que pueden producir más bienes de consumo por unidad de tiempo de lo que puede producirse sin ellos, o bienes que no pueden ser producidos en absoluto sin ellos o bienes que no pueden producirse en absoluto con sólo tierra o trabajo; teniendo que ver también la acumulación de capital con una baja preferencia temporal. Y b), la segunda parte de la teoría, es que se puede incrementar la riqueza mediante la participación y la integración en la división del trabajo y c) a través del control de la población, esto es, manteniendo la óptima talla de población.

Ahora, no comentaré sobre los primeros componentes, ya que son bastante familiares, pero son necesarios algunos comentarios sobre el tercer componente. Que la riqueza depende del tamaño de la población se deriva de la ley de los rendimientos decrecientes y de la ley malthusiana de la población, que Ludwig von Mises llamó una ley indisputable, calificándola entre los más grandes logros del pensamiento. La ley de rendimientos decrecientes establece que para toda combinación de dos o más factores de producción existe una combinación óptima, tal que cualquier desviación de esta combinación óptima implica una pérdida material o pérdidas de eficiencia. Aplicado a los dos factores de producción originales, esto es, tierra y trabajo, tierra siendo los bienes dados por la naturaleza, la ley implica que si yo fuera a incrementar la cantidad de trabajo, esto es, el tamaño de la población, mientras que la cantidad de tierra y la tecnología disponible permanecieran fijas, eventualmente se llegaría a un punto en el que la producción física por cantidad de trabajo se maximizaría. Este punto marca el tamaño óptimo de población. Si no hay tierra adicional disponible, y la tecnología es fijada en un nivel dado, entonces cualquier incremento en la población más allá del tamaño óptimo llevaría a un decaimiento progresivo de los ingresos per cápita.

Ahora quiero decir unas cosas sobre historia económica. Quiero echar un vistazo a lo que parece ser el dato más fundamental de la historia económica humana, y lo haré con la ayuda de dos tablas. La primera, arriba, es tomada de Farewell to Alms, de Gregory Clark, que muestra que, durante la mayoría de la historia humana, hasta un momento alrededor de 1800, los ingresos reales per cápita no crecieron. En breve, esta tesis dice que los estándares de vida promedio en la Inglaterra del siglo XVIII, por ejemplo, no eran superiores a aquellos de la antigua Babilonia. La segunda tabla es tomada de Atlas of World Population History, de Colin McEvedy y Richard Jones, y ésta tabla complementa la primera, y muestra el crecimiento poblacional desde alrededor de 12.000 a. C. hasta el presente, cerca a 2000 d.C. También muestra un quiebre significativo que ocurrió durante finales del siglo XVIII y el siglo XIX. Hasta entonces, hasta ese punto, el tamaño de la población creció apenas lentamente, y desde entonces el crecimiento poblacional se ha aumentado de manera muy aguda. En combinación, las dos tablas capturan la importancia histórica mundial de la así llamada Revolución industrial, que ocurrió hace unos doscientos años, así como la importancia, y en particular la duración, de la así llamada etapa malthusiana del desarrollo humano.

Durante la etapa malthusiana, el tamaño de la población continuamente presionaba contra los medios de subsistencia. De hecho, la población podía crecer más que todo porque se hacía posesión de más tierra, y también en parte porque había mejor tecnología incorporada en mejores bienes de producción y una ampliada e intensificada división del trabajo. Pero todos estos avances económicos fueron siempre superados rápidamente por una población creciente que, de nuevo, acaparaba los medios de subsistencia disponibles, y llevaba a una superpoblación y al surgimiento de lo que Mises llamó especímenes supernumerarios, para los cuales no había lugar en la división del trabajo, y que, consecuentemente, tenían que esquivarse debido a una falta de sostenimiento.

Hoy, en las sociedades occidentales modernas, no existen tales especímenes supernumerarios, pero durante la mayoría de la historia humana éste era de hecho el caso, y es de hecho el caso en muchas partes del así llamado tercer mundo. Había aumentos y reducciones en los ingresos reales durante la edad malthusiana, debido a varios eventos externos, y existían diferencias pronunciadas en ingresos individuales y regionales, pero en ninguna parte había una tendencia continua al aumento de ingresos reales por persona, la cual hemos llegado a tomar por sentada desde entonces.

Durante toda esa época, la ley de hierro de los salarios se mantuvo reinante. Ingresos y salarios se mantuvieron bajos casi al nivel de subsistencia debido a la existencia de un número sustancial de especímenes supernumerarios. Ahora, vamos a la explicación. ¿Cuál es la causa de la alargada época malthusiana, y de la sólo así surgida Revolución industrial? La respuesta común entre economistas y en particular entre economistas libertarios es: debieron de haber impedimentos institucionales, en particular, una insuficiente protección de derechos de propiedad privada, que previnieron un desarrollo más rápido, y estos impedimentos fueron removidos sólo recientemente, esto es, a partir de alrededor de 1800. Esta es esencialmente también la explicación de Mises, y, por cierto, también la de Rothbard. Quiero argumentar que esta explicación está equivocada, y presentar, al menos, los esbozos de una explicación alternativa.

Muy obviamente, la explicación común está equivocada porque, por decirlo bruscamente, simplemente no hubo un cambio revolucionario institucional en lo que se refiere a la seguridad de la propiedad privada que haya precedido o acompañado la Revolución industrial. Los derechos de propiedad habían sido bien protegidos en muchos países, en muchas ocasiones, entre los cazadores-recolectores, así como en sociedades establecidas, y por lo que sabemos, por ejemplo, los derechos de propiedad en la Inglaterra de 1200 y en mucho de la Europa feudal estaban mejor protegidos de lo que ahora lo están en la Inglaterra actual o en la Europa actual. Esto es, todo incentivo institucional favorable a la acumulación de capital y a la división del trabajo ya había sido dado hace mucho, y no obstante, en ningún lugar hasta más o menos 1800 la humanidad tuvo éxito para liberarse de la trampa malthusiana.

Hoy, tomamos por sentado que es solamente nuestra falta de voluntad para consumir menos y para ahorrar más lo que impone límites al crecimiento económico. No obstante éste fenómeno es de hecho bastante nuevo. Durante la mayoría de la historia humana, los ahorros fueron frenados por falta de ideas sobre cómo invertirlos productivamente. Esto es, sobre cómo convertir ahorros sencillos o el almacenamiento de bienes en ahorros productivos, esto es, la producción de bienes de producción. Para Crusoe, por ejemplo, no era suficiente tener una baja preferencia temporal y ahorrar. Crusoe también tuvo que concebir la idea de una red, por ejemplo, y tuvo que haber sabido cómo hacerla desde cero. Si nadie es capaz de hacer esto, o de imitar lo que alguien más ha inventado antes, incluso los más seguros derechos de propiedad simplemente no harían diferencia alguna. Todo incentivo necesita un receptor para poder funcionar, y si a un receptor le falta sensibilidad o es insuficientemente sensible no importa que hayan diferentes estructuras de incentivos. Por ello, la institución de protección de la propiedad puede ser considerada como sólo una condición necesaria pero no suficiente para el crecimiento económico, esto es, para el crecimiento de los ingresos per cápita.

Así pues, algún otro factor empírico que no figura en la teoría económica pura debe explicar la duración de la etapa malthusiana y cómo salimos de ella. Y éste factor ausente es la variable histórica de la inteligencia humana. El hombre es físicamente débil y muy mal equipado para lidiar con la naturaleza bruta. Era ventajoso para él el desarrollar su inteligencia, esto es, su conocimiento de las relaciones de causa y efecto, y para ser exitoso, como cazador-recolector, e incluso más como agricultor (y hay que tener presente que hasta alrededor de 1800 el 90% de la población trabajaba en la agricultura) se necesitaba cierta inteligencia. No toda persona era igualmente inteligente, sin embargo, y una mayor inteligencia se traducía en un mayor éxito económico, y un mayor éxito económico se traducía, a su vez, en un mayor éxito reproductivo, esto es, llevaba a producir un número mayor de descendientes sobrevivientes. Sobre la existencia de estas dos relaciones, esto es, la inteligencia lleva al éxito, y un mayor éxito lleva a un éxito reproductivo, hay una gran cantidad de evidencia empírica.[1]

Ahora, aún más, esta tendencia a seleccionar la mayor inteligencia sería particularmente pronunciada bajo condiciones externas severas. Si el ambiente humano no cambia, es constante y suave, como en los trópicos donde no existen estaciones, por ejemplo, donde un día es igual al otro año tras año, una inteligencia alta o excepcional representa una ventaja menor que en un ambiente inhóspito con variaciones estacionales altamente fluctuantes. Cuanto más desafiante es el ambiente tanto más ocupa la inteligencia un lugar especial como un requisito de éxito económico y, consecuentemente, reproductivo. Por ello, el crecimiento de la inteligencia humana sería más pronunciado en regiones más severas, y esto es, históricamente por supuesto, en regiones más septentrionales de asentamientos humanos.

Ahora, esta explicación teórica es acorde con los datos históricos. La teoría explica por qué se tardó tanto en escapar de la trampa malthusiana y cómo ello fue siquiera posible y no nos mantuvimos en condiciones malthusianas por siempre. La humanidad simplemente no era lo bastante inteligente como para lograr los incrementos en productividad que podían continuamente sobrepasar el crecimiento poblacional. Un cierto umbral de inteligencia promedio y excepcional tenía que ser alcanzado antes para que esto fuera posible, y tomó tiempo, hasta alrededor de 1800, engendrar tal nivel de inteligencia. Adicionalmente, la teoría explica por qué la Revolución industrial se originó y tomó agarre inmediatamente en algunas regiones, generalmente septentrionales, pero no en otras, y por qué siempre han existido diferencias de ingresos regionales persistentes, y por qué estás diferencias han podido incrementarse más que reducirse desde la época de la Revolución industrial.

Varias implicaciones se derivan de esto. Primero, la teoría que esbocé aquí conduce a una crítica fundamental al igualitarismo que reina generalmente en las ciencias sociales, pero también en varios libertarios. Es cierto que los economistas permiten las diferencias humanas, por ejemplo, en la forma de diferente productividad del trabajo, pero éstas diferencias son interpretadas generalmente como un resultado de diferentes condiciones externas, esto es, de diferencias en la dotación o en la instrucción. Sólo rara vez son admitidas las características internas, biológicas, ancladas, como posibles fuentes de las diferencias humanas; e incluso si los economistas admiten lo obvio, esto es, que las diferencias humanas tienen también fuentes internas, biológicas, como Mises lo admite, generalmente aún así ignoran que éstas diferencias son ellas mismas a su vez el resultado de un largo proceso de selección natural que favorece características y disposiciones humanas, físicas y mentales, que son determinantes del éxito económico y, más o menos, altamente relacionado positivamente con el éxito económico, del éxito reproductivo. Esto es, aún se pasa bastante por alto que nosotros, el hombre moderno, somos una especie muy diferente de nuestros predecesores de cientos o incluso miles de años atrás.

Segundo, una vez que se tiene presente que la Revolución industrial fue primero y ante todo el resultado del crecimiento evolutivo de la inteligencia humana, más que la mera anulación de barreras institucionales al crecimiento, el rol del Estado puede reconocerse como fundamentalmente diferente bajo condiciones malthusianas y posmalthusianas. Bajo condiciones malthusianas, el estado no importa mucho, por lo menos en lo que se refiere a efectos macro. Un estado más explotador simplemente llevará a una cantidad de población más reducida, como lo haría una peste, pero no afecta los ingresos per cápita. De hecho, al reducir la densidad de población, los ingresos per cápita pueden incluso aumentarse como sucedió, por ejemplo, durante la Peste Negra a mediados del siglo XIV; y, al contrario, un Estado bueno y menos explotador permitirá un crecimiento en el número de personas, pero los ingresos per cápita pueden no aumentarse o incluso reducirse porque se reduce la tierra per cápita.

Ahora, todo esto cambia con la Revolución industrial, porque si los avances en productividad constantemente sobrepasan los crecimientos poblacionales y permiten un constante incremento en los ingresos per cápita, entonces una institución explotadora tal como el Estado puede crecer continuamente sin rebajar el ingreso per cápita ni reducir la cantidad poblacional. El Estado se convierte así en el estorbo permanente de la economía y de los ingresos per cápita.

Y la tercera implicación que quiero mencionar es: mientras que en una época malthusiana reinan los efectos positivos eugenésicos, esto es, los exitosos económicamente producen más descendencia, y la estirpe de la población es de este modo, por así decirlo, mejorada gradualmente, bajo condiciones postmalthusianas la existencia y el crecimiento del Estado produce un efecto disgenésico de dos caras, especialmente bajo condiciones de bienestar democrático. En primer lugar, los discapacitados económicos, por así decirlo, como los principales clientes del Estado de bienestar, producen más descendencia, y los exitosos económicamente producen menos; y segundo, el crecimiento constante de un Estado parásito, que puede ser posible por una economía creciente que le subyace, sistemáticamente afecta los requisitos para el éxito. El éxito económico se vuelve incrementalmente dependiente de la política y del talento político, esto es, el talento para usar el Estado para enriquecerse uno mismo a expensas de otros, y, en cualquier caso, la estirpe de la población se vuelve incrementalmente peor, por lo menos en lo que se refiere a prosperidad y crecimiento económico, en vez de mejor, como era el caso bajo condiciones malthusianas.

Gracias.

[1] Se puede ver, por ejemplo, un estudio en el que se muestra que las mujeres tienen mejores orgasmos cuando tienen relaciones con hombres más ricos. http://www.larazon.es/noticia/la-frecuencia-de-orgasmos-en-la-mujer-incrementa-segun-los-ingresos-de-su-pareja (N. del. T.).

Conferencia pronunciada el 12 de marzo de 2010, en el Ludwig von Mises Institute, Auburn, Alabama

La conferencia original se puede escuchar aquí

Transcripción y traducción de Jaime Luis Zapata

Posted in Blog | Leave a comment

La Idea de la Recesión

Por Hans-Hermann Hoppe
Tomado de Mises Hispano

“Debemos promover la idea de la secesión. O más específicamente, debemos promover la idea de un mundo compuesto por decenas de miles de distritos, regiones, y cantones distintos, y cientos de miles de ciudades libres independientes tales como a día de hoy son las rarezas de Mónaco, Andorra, San Marino, Liechtenstein, Hong Kong, y Singapore. De ello derivaría un gran incremento en las oportunidades para la migración por motivos económicos, y el mundo sería uno de gobiernos pequeños y liberales, económicamente integrados a través del libre comercio, y un dinero-mercancía internacional tal como el oro.”

Posted in Blog | Leave a comment

Anarcocapitalismo: Una bibliografía comentada

Por Hans-Hermann Hoppe
Tomado de Mises Hispano

Aquí está la lectura esencial sobre anarcocapitalismo, que también puede ser llamado orden natural, anarquía de propiedad privada, anarquía ordenada, capitalismo radical, sociedad de ley privada, o sociedad sin estado. Esto no tiene la intención de ser una lista completa. En efecto, sólo los trabajos en lengua inglesa actualmente editados o próximos a salir están incluidos. Por favor note que las sugerencias son bienvenidas, sobre todo para la Sección IV: Escritos fraternos.

I. Murray N. Rothbard y el austrolibertarismo

En lo alto de cualquier lista de lectura sobre anarcocapitalismo debe estar el nombre Murray N. Rothbard. No habría ningún movimiento anarcocapitalista del cual hablar sin Rothbard. Su trabajo ha inspirado y ha definido el pensamiento incluso de libertarios tales, como R. Nozick, por ejemplo, quién se ha desviado considerablemente de Rothbard, metodológicamente o sustantivamente. El trabajo entero de Rothbard es relevante para el contenido del anarcocapitalismo, pero los centralmente importantes son:

La Ética de la Libertad, la presentación más completa en defensa de un código de ley libertaria que haya sido escrita. Basado en la tradición de la ley natural y en su estilo de razonamiento axiomático y deductivo, Rothbard explica los conceptos de derechos humanos, autopropiedad, asignación original, contrato, agresión, y castigo. Demuestra la moral injustificable del estado, y ofrece que contundentes refutaciones a prominentes libertarios estatistas-limitados, como L. v. Mises, F. A. Hayek, I. Berlin, y R. Nozick.

En Hacia una Nueva Libertad Rothbard aplica principios libertarios abstractos para solucionar los problemas corrientes del estado de bienestar. ¿Cómo proveería una sociedad bienes, como educación, dinero, calles, policía, tribunales, defensa nacional, seguridad social, protección del medio ambiente, etc.? Aquí están las respuestas.

Poder y Mercado es el análisis teórico más completo de las ineficiencias y de los efectos contraproducentes de cada forma concebible de interferencia del gobierno con el mercado, desde el control de precios, cárteles compulsivos, leyes antimonopólicas, licencias, tarifas, leyes de trabajo infantiles, patentes, hasta cualquier forma de impuestos (incluso “el impuesto único” propuesto por Henry George sobre la tierra).

El Igualitarismo como una Rebelión Contra la Naturaleza es una maravillosa colección de ensayos de Rothbard sobre aspectos filosóficos, económicos, e históricos de libertarismo, abarcando desde la guerra y la revolución hasta el movimiento de liberación femenina y de los niños. Rothbard muestra su deuda intelectual tanto con Ludwig von Mises y la economía austriaca (praxeología) como con Lysander Spooner y Benjamin Tucker y la filosofía política anarquista individualista. Esta colección es la mejor introducción a Rothbard y su programa de investigación libertario.

Concebido en Libertad es una historia narrativa completa de la América colonial y el papel de las ideas y movimientos libertarios. Los magistrales dos volúmenes de Una Perspectiva Austriaca en la Historia del Pensamiento Económico, remonta al desarrollo del pensamiento económico y filosófico libertario en todas partes de la historia intelectual. Rothbard Irreprimible contiene el esquisto comentario libertario encantador en cuestiones políticas, sociales, y culturales, escritas durante la última década de la vida de Rothbard.

Justin Raimondo ha escrito una perspicaz biografía: Murray N. Rothbard: Un Enemigo del estado.

Democracia – El Dios que Falló Hoppe compara la monarquía favorablemente con la democracia, pero critica a ambas como éticamente y económicamente ineficaces, y aboga por un orden natural con seguridad y proveedores de seguros competitivos. Él revisa interpretaciones históricas ortodoxas fundamentales, y reconsidera preguntas centrales de la estrategia libertaria. La Economía y la Ética de la Propiedad Privada incluye la defensa axiomática de Hoppe del principio de autopropiedad y asignación original: alguien hablando en contra de estos principios está envuelto en una contradicción práctica.

El Mito de la Defensa Nacional es una colección de ensayos de una asamblea internacional de científicos sociales acerca de la relación entre el estado y la guerra, y la posibilidad de la defensa de la propiedad de un modo no-estatista: por milicias, mercenarios, guerrilleros, agencias de seguros para la protección, etc.

II. Enfoques alternativos del anarcocapitalismo

Los siguientes autores llegan a conclusiones similares, pero los alcanzan de modos diferentes y estilos variados. Mientras Rothbard y Hoppe son de tipo iusnaturalista y praxeologista, también existen utilitaristas, deónticos, empíricos, historicistas, positivistas, y defensores eclécticos del anarcocapitalismo.

La Estructura de Libertad de Randy E. Barnett es una discusión excepcional de las exigencias de una sociedad liberal-libertaria desde el punto de vista de un abogado y teórico legal. Influenciado marcadamente por F. A. Hayek, Barnett usa el término “orden constitucional policéntrico” para referirse al anarcocapitalismo.

La Empresa de la Ley de Bruce L. Benson es el estudio empírico e histórico más completo del anarcocapitalismo. Benson proporciona pruebas empíricas abundantes de la operación eficiente del orden y la ley producida por el mercado. La secuela de Benson Servir y Proteger es igualmente recomendada.

La Maquinaria de la Libertad de David D. Friedman presenta el caso utilitario para el anarcocapitalismo: breve, fácil de leer, y con muchas aplicaciones para la educación en la protección de la propiedad.

Anthony de Jasay favorece un acercamiento deóntico a la ética. Su escritura – en El Estado, en Opción, Contrato, Consentimiento, y la excelente colección de ensayos Contra la Política – es teórica, con un sabor neoclásico, animoso y de teoría de juegos. Brillante crítica de la opción pública y de la economía constitucional – y de la noción de minarquismo.

El Mercado para la Libertad de Morris y Linda Tannehill tiene un distintivo sabor randiano. Sin embargo, los autores emplean el argumento a favor de estado de Ayn Rand en apoyo de la conclusión contraria, anarquista. Queda pendiente sin embargo el análisis descuidado sobre las operaciones de los productores de seguridad en competencia (aseguradoras, árbitros, etc.).

III. Precursores del anarcocapitalismo moderno

El movimiento intelectual anarcocapitalista contemporáneo tiene unos pocos excepcionales precursores del siglo 19 y 20. Aunque algunas veces deficientes – la cuestión de la propiedad de tierra en la tradición de Herbert Spencer y la teoría del dinero e interés en la tradición Spooner-Tucker – los siguientes títulos siguen siendo indispensables y en gran parte inigualables. (Este listado es cronológico y sistemático, más que alfabético).

La Producción de Seguridad es probablemente la contribución más importante a la teoría moderna del anarcocapitalismo. Molinari sostiene que el monopolio es malo para los consumidores, y que esto también se sostiene en el caso de un monopolio de la protección. Demanda competencia en el área de producción de seguridad como en cada otra línea de producción.

Estática Social de Herbert Spencer es una discusión filosófica excepcional de los derechos naturales en la tradición de John Locke. Spencer defiende el derecho de no hacer caso al Estado. También es muy recomendable su ensayo Principios de la Ética.

Lo Correcto e Incorrecto de la Compulsión del Estado, Herbert desarrolla la idea spenceriana de la igualdad de la libertad a su lógicamente consistente fin anarcocapitalista. Herbert es el padre del Voluntarismo.

El Lector de Lysander Spooner, verá alguna vez al gobierno con los mismos ojos. Spooner hace carne picada de la idea del contrato social.

Una concisa historia del pensamiento individualista anárquico y el movimiento relacionado en el siglo 19 en EE.UU., con particular atención puesta en Spooner y Benjamin Tucker es Hombres contra el Estado de James J.Martin Franz Oppenheimer es un sociólogo alemán anarquista de izquierda. En El Estado él distingue entre los medios de adquisición de riqueza económicos (pacífico y productivo) y políticos (coercitivo y parasitario), y explica el estado como instrumento de dominación y explotación.

Nuestro Enemigo, el Estado, explica la naturaleza antisocial, predadora del estado, y dibuja una distinción aguda entre el gobierno entendido como autoridades voluntariamente reconocidas y el estado. Nock por su parte influyó en Frank Chodorov, que influiría en el joven Murray Rothbard. En sus Ensayos Fugitivos, una colección de comentarios políticos y económicos en favor del mercado y antiestatales, Chodorov ataca a los impuestos como un robo.

IV. Escritos fraternos

Aunque no directamente relacionados con el tema del anarcocapitalismo y escritos por libertarios menos-radicales o incluso por autores no-libertarios, los siguientes son de incalculable valor para una comprensión profunda de la libertad, el orden natural, y el estado.

Los Costos de la Guerra de John V. Denson, es una colección de ensayos por un grupo distinguido de eruditos libertarios y paleoconservadores de varias disciplinas. Expone la naturaleza agresiva del Estado. Posiblemente el libro pacifista más potente que hay. También debe ser recomendada la colección de Denson Reexaminando la Presidencia, sobre el crecimiento del poder estatal.

Secesión, Estado, y Libertad de David Gordon es una colección de ensayos de filósofos, economistas, e historiadores contemporáneos en defensa del derecho a la secesión.

Ley, Legislación, y Libertad, Vol.1, Friedrich A. Hayek es un estudio importante de la evolución “espontánea” de la ley, y la distinción de ley frente a legislación, y entre el derecho público y el privado.

Sobre el Poder de Bertrand de Jouvenel, es una increíble explicación del crecimiento del poder estatal, con muchas importantes perspicacias acerca del papel de la aristocracia como defensora de la libertad y la democracia de masas como un promotor del poder estatal. Relacionado, e igualmente recomendado es su Soberanía.

La Política de la Obediencia de Étienne de la Boétie, es la investigación clásica del siglo 16, de la fuente de poder del gobierno. La Boétie muestra que el poder del estado se apoya exclusivamente en “la opinión” pública. En consecuencia, cada estado puede ser derrumbado – al instante y sin violencia alguna – simplemente en virtud de un cambio en la opinión pública.

La Libertad y la Ley de Bruno Leoni, es un más temprano y en algunos aspectos superior tratamiento de temas similares a aquellos hablados por Hayek. Leoni retrata el Derecho romano como algo descubierto por jueces independientes, más bien que decretado o legislado por autoridades centrales – y así parecido al derecho consuetudinario inglés.

La Búsqueda de la Comunidad de Robert Nisbet (antes publicado bajo el más descriptivo título La Comunidad y el Poder) explica la función protectora de instituciones sociales intermedias, y la tendencia del Estado de debilitar y destruir estas instituciones a fin de ganar el control total del individuo aislado.

El Diario de Estudios Libertarios, Una Revisión Trimestral Interdisciplinaria, (el JLS o Journal of Libertarian Studies) fundado por Murray N. Rothbard y luego editado por Hans-Hermann Hoppe (ahora a cargo del Instituto Mises), es un recurso indispensable para cualquier estudiante serio del anarcocapitalismo y los estudios libertarios.

*La lista de los artículos del JLS más directamente conectados con el anarcocapitalismo puede consultarse en el artículo original.


Escrito en diciembre 31 de 2001. Traducido por Gerardo Caprav para Austroanarquistas.

Posted in Blog | Leave a comment

El papel de la Property and Freedom Society en un Mundo Loco

Por Hans-Hermann Hoppe
Tomado de Mises Hispano

Vivimos en la Era del Imperio Americano. Este Imperio se puede estar desmoronando, pero va a permanecer en el futuro próximo, no sólo por su poderío militar, sino, y es más importante aún, a causa de su poder ideológico. Porque el Imperio Americano ha logrado algo realmente notable: que sus creencias fundamentales hayan sido internalizadas en la mente de la mayoría de las personas como tabúes intelectuales. Para estar seguros, todos los gobiernos se basan en la violencia y la agresión, y el gobierno de los EE.UU. no es una excepción. El Imperio tampoco duda en aplastar cualquier resistencia a sus caprichos legislativos. Sin embargo, sorprendentemente, el gobierno de los EE.UU. necesita en realidad, de poca violencia para lograr sumisión a sus órdenes, porque la inmensa mayoría de la población y en particular la de los intelectuales que moldean la opinión, han adoptado como suyo propio un sistema de valores – y creencias – subyacente al imperio.

Según el sistema de creencias, aprobado por los EE.UU., todos somos personas inteligentes y razonables frente a la misma dura realidad y comprometidas con los hechos y la verdad. Es bastante cierto que, incluso en el centro del imperio americano, en los EE.UU., las personas no vivimos en el mejor de los mundos posibles. Todavía hay muchos defectos que se deben arreglar. Sin embargo, en el sistema americano de gobierno democrático, la humanidad ha encontrado definitivamente el lugar perfecto para el marco institucional que permita el progreso continuo en el camino hacia un mundo cada vez más perfecto, y con la sola adopción del sistema democrático americano, a escala mundial, el camino a la perfección sería claro y abierto en todas partes.

La única forma verdadera y legítima de gobierno es la democracia. Cualquier otra forma de gobierno es inferior. Existen monarquías, dictaduras y teocracias, y existen los señores feudales de tierras y los señores de la guerra, y puesto que cualquier gobierno es absolutamente preferible al no gobierno, los gobiernos democráticos deben a veces, por necesidad, cooperar con otros gobiernos no democráticos. En última instancia, sin embargo, todos los gobiernos deben cambiar de acuerdo al ideal americano, porque sólo la democracia permite el cambio pacífico y el progreso continuado.

Los gobiernos democráticos, como los de los EE.UU. y los de sus aliados europeos son inherentemente pacíficos y no van a la guerra unos contra otros. Si acaso deben ir a la guerra, sus guerras son guerras de defensa contra regímenes no democráticos agresivos, es decir, son guerras con causa justa. Por lo tanto, todos los países y territorios actualmente ocupados por las tropas americanas o las de sus aliados europeos han sido culpables de agresión, y su ocupación por tropas extranjeras es un acto de autodefensa y de liberación por parte del Occidente democrático. La agresividad del mundo islámico, en particular, se demuestra por el hecho mismo de que gran parte del mencionado mundo islámico se encuentran bajo ocupación americana-occidental y todavía existen zonas adicionales que provocan tan liberalizadora ocupación.

Continue leyendoContinúe leyendo

Posted in Blog | Leave a comment