El Socialismo es un Error Intelectual, una Imposibilidad Científica

 

Conferencia de Jesús Huerta de Soto en San Pablo CEU

No hay nada más práctico que una buena teoría.  Por eso, me propongo explicar en términos teóricos qué es el socialismo y por qué es un error intelectual, una imposibilidad científica. Mostraré por que se desmoronó, por lo menos el socialismo real, y por qué el socialismo que sigue existiendo en forma de intervencionismo económico en los países occidentales, es el principal culpable de las tensiones y conflictos que padecemos. Vivimos en un mundo esencialmente socialista, a pesar de la caída del Muro de Berlín, y seguimos soportando los efectos que, según la teoría, son propios de la intervención del Estado sobre la vida social.

Definir el socialismo exige entender previamente el concepto de “función empresarial”. Los teóricos de la economía definen la función empresarial como una capacidad innata del ser humano. No nos estamos refiriendo al empresario típico que saca adelante un negocio. Nos estamos refiriendo a esa innata capacidad que tiene todo ser humano para descubrir, crear, darse cuenta de las oportunidades de ganancia que surgen en su entorno y actuar en consecuencia para aprovecharse de las mismas. De hecho, etimológicamente, la palabra empresario evoca al descubridor, a quien se da cuenta de algo y lo aprehende. Es la bombilla que se enciende.

La función empresarial es la primera capacidad del ser humano. Es lo que por naturaleza más nos distingue de los animales, esa capacidad de crear y descubrir cosas. En este sentido general, el ser humano, más que homo-sapiens es homo-empresario. ¿Quien es pues, empresario? Pues la Madre Teresa de Calcuta, por ejemplo. No estoy hablando sólo de Henry Ford o de Bill Gates, que sin duda alguna son grandes empresarios en el ámbito comercial y económico. Un empresario es toda persona con una visión creativa, revolucionaria. La misión de la Madre Teresa era ayudar a los más necesitados, y buscaba medios para lograrlo de forma creativa y aunando voluntarios. Por eso, Teresa de Calcuta fue un ejemplo paradigmático de empresario. Por tanto, entendamos la función empresarial como la más íntima característica de nuestra naturaleza como seres humanos, que explica el surgimiento de la sociedad como una red complicadísima de interacciones. Son relaciones de intercambio de unos con otros y las entablamos porque de alguna manera nos damos cuenta de que salimos ganando. Y todas ellas están impulsadas por nuestro espíritu empresarial.

Todo acto empresarial produce una secuencia de tres planos. El primero consiste en la creación de información: cuando un empresario descubre o crea una idea nueva, genera en su mente una información que antes no existía. Y esa información, por una vía o por otra, se transmite en oleadas sucesivas, dando lugar al segundo plano. Aquí veo un recurso barato que se utiliza mal, y allí descubro una necesidad urgente de ese mismo recurso. Compro barato, vendo caro. Transmito la información. Finalmente, agentes económicos que actúan de manera descoordinada, aprenden, descubren que deben guardar un recurso porque alguien lo necesita. Y esos son los tres planos que completan la secuencia: creación de información, transmisión de información y, lo más importante, efecto de coordinación o ajuste. Desde que nos levantamos hasta que nos acostamos, disciplinamos nuestro comportamiento en función de necesidades ajenas, de personas a las que ni siquiera llegamos a conocer, y eso lo hacemos motu proprio porque siguiendo nuestro propio interés empresarial nos damos cuenta de que así salimos ganando. Es importante presentar esto de entrada porque, por contraste, vamos a ver ahora qué es el socialismo.

El socialismo se debe definir como “todo sistema de agresión institucional y sistemática en contra del libre ejercicio de la función empresarial”. Consiste en imponer por la fuerza, utilizando todos los medios coactivos del Estado. Podrá presentar determinados objetivos como buenos, pero tendrá que imponerlos irrumpiendo por la fuerza en ese proceso de cooperación social protagonizado por los empresarios. Por tanto, y esta es su primera característica, actúa mediante coacción Esto es muy importante, porque los socialistas siempre quieren ocultar su cara coactiva, que es la esencia más característica de su sistema. La coacción consiste en utilizar la violencia para obligar a alguien a hacer algo. Por un lado está la coacción del criminal que asalta en la calle; por otro, la coacción del Estado, que es la que caracteriza al socialismo. Porque si se trata de una coacción asistemática, el mercado tiene sus mecanismos, en la medida de lo posible, para definir el derecho de propiedad y defenderse de la criminalidad. Pero si la coacción es sistemática y procede institucionalmente de un Estado que tiene todos los medios del poder, la posibilidad de defendernos de los mismos o evitarlos es muy reducida. Es entonces cuando el socialismo manifiesta su realidad esencial con toda su crudeza.

No estoy definiendo el socialismo en términos de si existe propiedad pública o privada de los medios de producción. Eso es un arcaísmo. La esencia del socialismo es la coacción, la coacción institucional procedente del Estado, a través de la cual se pretende que un órgano director se encargue de las tareas necesarias para coordinar la sociedad. La responsabilidad pasa de los seres humanos de a pie, protagonistas de su función empresarial, que tratan de buscar los fines y crear lo que más les conviene para alcanzarlos, a un órgano director que “desde arriba” pretende imponer por la fuerza su particular visión del mundo o sus particulares objetivos. Además, en esta definición del socialismo es irrelevante si ese órgano director ha sido o no elegido democráticamente. El teorema de la imposibilidad del socialismo se mantiene integro, sin ninguna modificación, con independencia de que sea o no democrático el origen del órgano director que quiere imponer por la fuerza la coordinación de la sociedad.

Definido el socialismo de esta manera, pasemos a explicar por qué es un error intelectual. Lo es porque es imposible que el órgano director encargado de ejercer la coacción para coordinar la sociedad se haga con la información que necesita para dar un contenido coordinador a sus mandatos. Ése es el problema del socialismo, es su gran paradoja. Necesita información, conocimiento, datos para que su impacto coactivo -la organización de la sociedad- tenga éxito. Pero nunca puede llegar a hacerse con esa información. Los teóricos de la Escuela Austríaca de Economía, Mises y Hayek, elaboraron cuatro argumentos básicos durante el debate que mantuvieron en el siglo XX contra los teóricos de la economía neoclásica, que nunca fueron capaces de entender el problema que planteaba el socialismo. ¿Y por qué no fueron capaces de entenderlo? Por esta razón: creían que la economía funcionaba como se explica en los libros de texto de primer curso, pero lo que se explica en los libros de texto de primer curso de economía con respecto al funcionamiento de la economía de mercado es radicalmente erróneo y falso. Esos libros de texto basan sus explicaciones del mercado en términos matemáticos y de ajuste perfecto. Es decir, el mercado sería una especie de computadora que ajusta de manera automática y perfecta los deseos de los consumidores y la acción de los productores, de tal manera que el modelo ideal es el de competencia perfecta, descrito por el sistema de ecuaciones simultaneas de Walras.

Siendo yo estudiante, en mi primera clase de economía, el profesor comenzó con una frase sorprendente: “Supongamos que toda la información está dada”. Y luego comenzó a llenar la pizarra de funciones, curvas y fórmulas. Ese es el supuesto que utilizan los neoclásicos: que toda la información está dada y no cambia. Pero ese supuesto es radicalmente irreal. Va contra la característica más típica del mercado: la información no está nunca dada.

El conocimiento sobre los datos surge continuamente como resultado de la actividad creativa de los empresarios: nuevos fines, nuevos medios. Luego no podemos construir una teoría económica bajo ese supuesto sin que sea errónea. Los economistas neoclásicos pensaron que el socialismo era posible porque supusieron que todos los datos necesarios para elaborar el sistema de ecuaciones y encontrar la solución estaban “dados”. No fueron capaces de apreciar lo que sucedía en el mundo que tenían que investigar científicamente, no pudieron ver lo que de verdad sucedía.

Solo la Escuela Austríaca siguió un paradigma distinto. Nunca supuso que la información estaba dada, consideró que el proceso económico era impulsado por empresarios que continuamente cambian y descubren nueva información. Solamente ella fue capaz de darse cuenta de que el socialismo era un error intelectual. Desarrolló su argumento empleando cuatro asertos, dos que podemos considerar “estáticos” y otros dos que podemos considerar dinámicos.

En primer lugar —afirma-, es imposible que el órgano director se haga con la información que necesita para dar un contenido coordinador a sus mandatos por razones de volumen. El volumen de la información que manejamos los seres humanos es inmenso, y lo que siete mil millones de seres humanos tienen en la cabeza es imposible de gestionar. Este argumento quizá lo pudieran entender los neoclásicos, pero es el más débil, el menos importante. Al fin y al cabo, hoy en día con la capacidad informática de que disponemos podemos tratar volúmenes inmensos de información.

El segundo argumento es mucho más profundo y contundente. La información que se maneja en el mercado no es objetiva; no es como la información que está impresa en la guía de teléfonos. La información empresarial tiene una naturaleza radicalmente distinta, es una información subjetiva, no objetiva; es tácita, es decir, sabemos algo, un Know How, pero no sabemos en que consiste detalladamente, es decir, el Know That. Explicado de otra forma: es la información del que sabe montar en bicicleta. Es como si alguien pretendiera aprender a montar en bicicleta estudiando la formula de la física matemática que expresa el equilibrio que mantiene el ciclista cuando pedalea. El conocimiento necesario para montar en bicicleta no se obtiene así sino mediante un proceso de aprendizaje, habitualmente accidentado, que finalmente permite experimentar el sentido del equilibrio subido a una bicicleta y que al torcer en las curvas debemos inclinarnos para no caer. Con toda seguridad, Induraín desconoce las leyes que le han permitido ganar el Tour de Francia, pero tiene el conocimiento de cómo se monta en bicicleta. La información tácita no se puede plasmar de manera formalizada y objetiva, ni trasladar a ningún sitio, y menos a un órgano director. Sólo se puede transmitir a un órgano director para que este asimile y coaccione, dando un contenido coordinador a los mandatos, una información unívoca que no se preste a malentendidos. Pero la mayor parte de la información de la que depende el éxito de nuestras vidas no es objetiva, no es información de la guía de teléfonos, es información subjetiva y tácita.

Pero estos dos argumentos -que la información es de un volumen enorme y que además tiene un carácter tácito- no bastan. Hay otros dos, dinámicos, que son todavía mucho más contundentes y que implican la imposibilidad del socialismo.

Los seres humanos estamos dotados de una innata capacidad creativa. Continuamente descubrimos “nuevas” cosas, “nuevos” fines, “nuevos” medios. Difícilmente se va a poder transmitir a un órgano director la información o el conocimiento que todavía no ha sido “creado” por los empresarios. El órgano director se empeña en construir un “nirvana social” mediante el Boletín Oficial del Estado y la coacción. Pero para eso tiene que saber que pasará mañana. Y lo que pase mañana dependerá de una información empresarial que todavía no se ha creado hoy, no se puede transmitir hoy para que nuestras gobernantes nos coordinen bien mañana. Esa es la paradoja del socialismo, la tercera razón.

Pero eso no es todo. Existe un cuarto argumento que es definitivo. La propia naturaleza del socialismo -que como hemos dicho antes se basa en la coacción, el impacto coactivo sobre el cuerpo social o sociedad civil- bloquea, dificulta o imposibilita, allí donde precisamente impacta y en la medida en que impacte, la creación empresarial de información, que es precisamente la que necesita el gobernante para dar un contenido coordinador a sus mandatos.

Esa es la demostración en términos científicos de que el socialismo es teóricamente imposible, porque no puede hacerse con la información que necesita para dar un contenido coordinador a sus mandatos. Y este es un análisis puramente objetivo y científico. No hay que pensar que el problema del socialismo reside en que “los que están arriba son malos”. Ni la persona con mayor bondad del mundo, con las mejores intenciones y con los mejores conocimientos, podría organizar una sociedad sobre el esquema coactivo socialista; lo convertiría en un infierno, ya que, dada la naturaleza del ser humano resulta imposible conseguir el objetivo o el ideal socialista.

Todas estas características del socialismo tienen consecuencias que podemos identificar en nuestra realidad cotidiana. La primera es su atractivo. En nuestra naturaleza más íntima encontramos el riesgo de caer en el socialismo porque su ideal nos tienta, porque el ser humano se rebela contra su naturaleza. Vivir en un mundo con un futuro incierto nos inquieta, y la posibilidad de controlar ese futuro, de erradicar la incertidumbre, nos atrae. Dice Hayek en La fatal arrogancia que en realidad el socialismo es la manifestación social, política y económica del pecado original del ser humano, que es la arrogancia. El ser humano quiere ser Dios, es decir, omnisciente. Por eso, siempre, generación tras generación, tendremos que estar en guardia contra el socialismo, asumir que nuestra naturaleza es creativa, es de tipo empresarial. El socialismo no es un simple tema de siglas o de partidos políticos en determinados contextos históricos. Siempre se infiltrará de manera sinuosa en comunidades, familias, barrios, partidos políticos de derechas y liberales… Tenemos que estar en contra de esa tentación del estatismo porque es el peligro más original que tenemos los seres humanos, nuestra mayor tentación: creernos Dios. El socialista se considera capaz de superar ese problema de la ignorancia radical que desacredita en su esencia su sistema social. Por eso, el socialismo siempre es resultado de un pecado de soberbia intelectual. Detrás de todo socialista hay un arrogante, un intelectual soberbio. Y eso lo podemos constatar en todos lo ámbitos.

Además, el socialismo tiene unas características que podemos llamar “periféricas”: descoordinación y desorden social. El acto empresarial puro coordina, pero el socialismo lo coacciona y produce un efecto de descoordinación. El empresario se da cuenta de que hay una oportunidad de ganancia. Compra barato, vende caro. Transmite información y coordina. Dos personas que en un principio actuaban contra sus respectivos intereses, ahora, sin darse cuenta, actúan de forma coordinada o ajustada. El socialismo, al impedir eso por la fuerza, en mayor o menor medida, desajusta. Y lo peor es que los socialistas, cuando observan el desajuste causado por ellos, la descoordinación, el conflicto y el agravamiento del problema, lejos de llegar a las conclusiones razonables que hemos expuesto, demandan más socialismo, más coacción institucional. Y pasamos a un proceso en el que los problemas, en vez de solucionarse, se agravan indefinidamente, incrementándose todavía más el peso del Estado. El ideal socialista exige extender los tentáculos del Estado por todos los intersticios sociales y genera un proceso que conduce hasta el totalitarismo.

Otra característica del socialismo es la falta de rigor. Se prueba, se cambia de criterio, se constata el agravamiento de los problemas y se da un giro político coaccionando de manera errática. ¿Por qué? Porque los efectos que tienen las medidas de intervención suelen parecerse poco a los pretendidos. El salario mínimo, por ejemplo, pretende mejorar el nivel de vida. ¿El resultado? Más paro y más pobreza. ¿Los más perjudicados? Los grupos sociales que por primera vez acceden al mercado de trabajo, que son los jóvenes, las mujeres, las minorías étnicas y los inmigrantes. Otro ejemplo: se diseña una política agraria comunitaria y se inunda de productos la Unión Europea mediante subvenciones o precios políticos. El consumidor paga precios más elevados y se perjudica a los países pobres porque los mercados internaciones se llenan de productos excedentes de la UE a precios con los que no pueden competir.

El socialismo actúa además como una especie de droga u opio inhibidor. Genera malas inversiones, porque distorsiona las señales acerca de donde hay que invertir para satisfacer los deseos de los consumidores. Agudiza los problemas de escasez y genera irresponsabilidad sistemática de los gobiernos, porque no hay posibilidad de conocer la información necesaria para actuar responsablemente, no es posible conocer los costes. El gobernante sólo puede actuar de modo voluntarista, dejando constancia en el Boletín Oficial del Estado de su mera voluntad; eso, como afirma Hayek, no es “LEY’ -así, con mayúsculas-, sino “legislación”, normas, habitualmente excesivas e inútiles, aunque digan ampararse en datos “objetivos”. Lenin decía que toda la economía debía organizarse como el servicio de correos y que el departamento más importante de un sistema socialista era el Instituto Nacional de Estadística. “Estadística” procede etimológicamente de “Estado”. Por tanto, es un término ante el que debemos ponernos en guardia si queremos evitar el socialismo, un concepto sospechoso. Jesús nació en Belén porque el emperador ordenó una estadística relacionada con los impuestos. Lo primero que tiene que hacer todo gran liberal es pedir la eliminación del Instituto Nacional de Estadística. Ya que no podemos evitar que el Estado haga daño, al menos ceguémosle los ojos para que sea más aleatorio cuando forzosamente se equivoca.

Otro efecto claro del socialismo es el que produce sobre el entorno natural. Es terrible. La única manera de defenderlo es definiendo bien los derechos de propiedad. Nadie llama a la casa de uno y le tira un cubo de basura a su cara. Eso solo se hace en las “zonas comunes”. Como se afirma en un viejo dicho español, “lo que es del común es del ningún”. La tragedia de los bienes comunales, sean aguas sucias, bancos de peces que desaparecen o la extinción del rinoceronte, siempre es resultado de una limitación estatal del derecho de propiedad que exige una economía de mercado. Porque allí donde se privatiza el monte hay caza, pero no la hay en los montes públicos. Y donde se han privatizado los elefantes, los elefantes sobreviven. Y siguen existiendo las reses bravas porque los empresarios de la Fiesta Nacional se encargan de cuidarlas. La única manera de mantener el medio ambiente es mediante una economía de mercado, a través del sistema capitalista y de los derechos de propiedad bien defendidos. Donde estos principios desaparecen el medio ambiente se degrada. Los ríos ingleses son de titularidad privada. Todos están limpios, en todos se puede pescar; lo hacen diferentes clubes de pesca, caros, medianos y baratos. Vayan ustedes a buscar peces a los ríos españoles…

Y la corrupción. El socialismo corrompe. Los que vivieron las economías socialistas que se escondían tras el Muro de Berlín se dieron cuenta de la gran mentira que suponía todo ese mundo. Y no nos durmamos en la complacencia pensando que lo hemos superado, que esa gran mentira no existe aquí. Sigue existiendo, aunque con una diferencia de grados. ¿Por que corrompe el socialismo? Por varias razones. En primer lugar, los seres humanos coaccionados en el esquema socialista no tardan en darse cuenta de que para lograr sus objetivos es mucho más efectivo dedicar su esfuerzo e ingenio a influir sobre los gobernantes que a tratar de descubrir oportunidades de ganancia y servir a los demás. De ahí surgen los grupos de interés, que tratan de condicionar las decisiones del órgano director. El órgano director socialista atrae como un imán todo tipo de influencias perversas y corruptoras. Además, inicia un proceso de lucha por el poder. Cuando prepondera el esquema socialista es vital quien esté en el poder, si es “de los míos” o no. Una sociedad socialista siempre esta muy politizada. No ocurre como en Suiza, por ejemplo, donde seguramente la gente no conoce ni el nombre de su Ministro de Defensa, o incluso el del Presidente del Gobierno. Y además no le importa, porque no es vital quien esté en el poder.

Los seres humanos deberíamos dedicar la mayor parte de nuestro esfuerzo a sacar adelante nuestras vidas sin este tipo de intervenciones. Y este proceso de lucha por el poder, de intervencionismo, hace que poco a poco se vaya modificando el hábito de comportamiento moral del ser humano. Los seres humanos manifiestan un comportamiento cada vez más amoral, menos sometido a los principios. Nuestro comportamiento es cada vez más agresivo. Se trata de lograr el poder para imponer cosas a los demás. Y eso se traslada miméticamente al comportamiento individual, hace que cada vez disciplinemos menos nuestro comportamiento, que dejemos de lado el esquema pautado de normas morales. La moral es el piloto automático de la libertad. He aquí otra influencia corruptora del socialismo.

Además, cuanto más socialismo hay más se desarrolla la economía llamada sumergida o mercado negro. Pero como se decía en los países del este, en un medio socialista “la economía sumergida no es el problema, es la solución”. Por ejemplo, en Moscú no había gasolina, pero todo el mundo sabía que en determinado túnel se vendía gasolina en el mercado negro. Gracias a eso la gente podía conducir.

Pero, obviamente, un gobierno socialista no puede conformarse con aceptar todas estas críticas, de manera que recurre a la propaganda política. Todo problema —se dice- es detectado a tiempo por el Estado, que lo arregla inmediatamente. Una y otra vez, de manera sistemática, la propaganda política está en todos los ámbitos para tratar de contrarrestar la crítica, creando una cultura de lo estatal que aturde y desorienta a la ciudadanía, que llega a pensar que ante cualquier problema el Estado se hará cargo de todo. Y ese modo de pensar, estrictamente socialista, se transmite de generación en generación.

La propaganda conduce a la megalomanía. Las organizaciones burocráticas, los funcionarios, los políticos etc., no están sometidos a una cuenta de pérdidas y ganancias. Una mala gestión no supone para ellos la expulsión del mercado. El gobernante y el funcionario solamente responden ante un presupuesto y un reglamento. No hay maldad personal en ello. Al menos, no necesariamente. Son como cualquiera de nosotros, pero en el entorno institucional en el que están insertos sus acciones son perversas. Su actividad dentro del Estado los lleva a pedir más funcionarios, más presupuesto, y a afirmar que su labor es vital. ¿Recuerdan algún funcionario, político o burócrata que después de un profundo análisis haya llegado a la conclusión de que el organismo para el que trabaja es inútil, que tiene un coste superior al beneficio que proporciona a la sociedad, y haya propuesto a su responsable gubernamental y a su ministro que elimine el epígrafe presupuestario correspondiente y lo clausure? Nunca. Por el contrario, siempre, en todos los contextos, y con todos los gobiernos- es “vital” el papel que uno cumple en el Estado. El socialismo es megalómano e impregna de ese carácter al conjunto de la sociedad. A la cultura, por ejemplo, transformada en política cultural y definida por un distinguidísimo representante de la Unión Europea del siguiente modo, según le dijo a un compañero de partido cuando estaba a cargo del Ministerio de Cultura: “Mucho dinero público, mucha fiesta para los jóvenes y premios para los amiguetes”.

Igualmente, el socialismo conduce a la prostitución de los conceptos de ley y de justicia. El derecho, entendido en su concepción clásica, no es sino un conjunto de normas o leyes materiales abstractas que se aplican con carácter general a todos por igual. Y la justicia consiste en enjuiciar si los comportamientos individuales se han ajustado o no a ese esquema de normas objetivas y abstractas. Se trata de normas ciegas. Por eso, tradicionalmente se representa a la Justicia con los ojos tapados. En el Levítico se dice “con justicia juzgarás a tu prójimo, no dejándote llevar ni por las dádivas del rico ni por las lágrimas del pobre”. En el momento en el que se violan los principios generales del derecho, aunque se pretenda hacerlo “por una buena causa” (porque nos conmueve un desahucio por impago de la renta, o porque un pequeño hurto en un gran almacén carece de relevancia en los ingresos de la empresa afectada) se inflige un daño terrible a la justicia. Los jueces que actúan de esta forma y no aplicando la ley, caen en ese error fatal de la arrogancia intelectual, de creerse dioses. Sustituyen la ley por su impresión sobre las circunstancias particulares del caso y abren la puerta a quienes no pretenden del juez que haga justicia sino que se conmueva. La demanda se convierte en un boleto de lotería que puede salir premiado si uno tiene suerte en el juzgado, y se desencadena un efecto de bola de nieve que sobrecarga a los jueces, que son cada vez más imperfectos en la emisión de sus sentencias y alimentan el proceso con su arbitrariedad. Desaparece la seguridad jurídica y la justicia se corrompe.

La solución, por supuesto, no pasa por dotar de más medios al sistema judicial, pero eso es justamente lo que se pedirá.

En última instancia, el daño más perverso de la corrupción del socialismo es ese efecto mimético sobre el ámbito de la acción individual. Para la gente de buena fe es muy atractivo: si hay problemas, el Estado pondrá los medios e impondrá la solución. ¿Quien puede estar en contra de conseguir un objetivo tan bueno y loable? El problema es la ignorancia que anima ese argumento. El Estado no puede saber lo que necesitaría saber para obrar así, no es Dios, aunque algunos crean que lo es. Esa creencia perturba el proceso empresarial y agrava los problemas. En vez de actuar de manera automática siguiendo principios dogmáticos sometidos al derecho, actúa arbitrariamente, y eso es lo que desmoraliza y corrompe más la sociedad. La lucha antiterrorista ilegal que se desarrolló en España durante el mandato del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) es un ejemplo perfecto de lo que decimos. Fue un error terrible. Los principios no son un obstáculo que impida alcanzar los resultados deseados, sino el único camino que nos puede conducir hasta ellos. Como afirma un dicho anglosajón, “la mejor política pragmática es actuar atendiendo a principios”, es decir, ser honestos, siempre. Y eso es precisamente lo que no hace el socialismo, porque en su esquema de racionalización de fines y medios, creyéndose Dios, la decisión óptima es violar los principios morales.

El socialismo no solo es un error intelectual, también es una fuerza realmente antisocial, porque su más íntima característica consiste en violentar, en mayor o menor medida, la libertad empresarial de los seres humanos en su sentido creativo y coordinador. Y como eso es lo que distingue al ser humano, el socialismo es un sistema social antinatural, contrario a lo que el ser humano es y aspira a ser.

En la encíclica “Centesimus Annus”, Juan Pablo II, preguntándole cual es el sistema social más conforme a la naturaleza humana, escribe lo siguiente: “Si por «capitalismo» se entiende un sistema económico que reconoce el papel fundamental y positivo de la empresa, del mercado, de la propiedad privada y de la consiguiente responsabilidad para con los medios de producción, de la libre creatividad humana en el sector de la economía, la respuesta ciertamente es positiva”. Aunque inmediatamente añade, “Pero…”. Y, ¿por qué? Porque Juan Pablo II pasó su vida advirtiendo de los efectos de un capitalismo salvaje, ajeno a los principios morales, éticos y legales. Teniendo en cuenta que lo censurable es el egoísmo, la inmoralidad, etc., porque a efectos del sistema social, el capitalismo es en el peor de los casos neutro. Pues en un esquema de intercambios voluntarios se promueve la moralidad, la distinción entre el bien y el mal, frente a la corrupción propia del socialismo.

Finalmente, ¿que ha pasado con el socialismo? ¿Ha fracasado? ¿Ha desaparecido? ¿Se ha diluido como un azucarillo en un vaso de agua? Si y no. Eso ha pasado con el socialismo real, pero nuestras sociedades siguen profundamente imbuidas de socialismo. Las diferencias entre los llamados partidos de izquierdas y de derechas son de grado, aunque en España algo se avanzó entre 2000 y 2004 en el ámbito de la libertad. Primero, con la desaparición de la esclavitud en pleno siglo XX: el servicio militar pasó a ser voluntario, y eso es de vital importancia —por cierto, me permito recordar que el PSOE no quería-. En segundo lugar, se produjo una reducción tímida de impuestos y, luego, el principio del presupuesto equilibrado y alguna liberalización y privatización. Tampoco fue para tirar cohetes, pero hay que tener en cuenta que la inmensa mayoría de los 11 o 12 millones de votantes del partido que estuvo en el poder eran socialistas, en el sentido que hemos dado aquí a ese término. Poco más se podía hacer.

Ahora, la misión es nuestra, de los intelectuales, de los second-hand dealers of ideas, de los profesores en la universidad… Somos responsables de ir cambiando el espíritu, sobre todo de los jóvenes, que son capaces de salir a la calle a pecho descubierto a defender los ideales. El socialismo sigue siendo hoy predominante: entre el 40% y el 50 % del Producto Interior Bruto de los países del mundo occidental moderno esta gestionado por la Administración pública. Ahora, de nuevo con el PSOE en el Gobierno de España, parece que los vientos soplan otra vez en esa dirección. Así, terminaremos totalmente perdidos y muy lejos del único camino por el que puede avanzar nuestra sociedad. Nuestra única posibilidad radica, coma siempre, en el poder de las ideas y en la honestidad intelectual de la juventud.

Jesús Huerta de Soto es catedrático de Economía Política de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales Universidad Rey Juan Carlos de Madrid.

En la de la Universidad Complutense de Madrid obtuvo los siguientes títulos: Doctor en Ciencias Económicas y Empresariales, Doctor en Derecho, Licenciado en Ciencias Económicas y Empresariales, Licenciado en Derecho, Actuario de Seguros y en la Universidad de Stanford el título de Master of Business Administration 

 

 

PUBLICADO POR RODRIGO DIAZ CON PERMISO DEL AUTOR

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La Universidad Wal-Mart

por Gary North

DE FRENTE A LA REALIDAD Número 776 – Primero de agosto de 2008

…  …  No más aeeh aeh aeeh aeh oah !

          Obtuve mi doctorado en 1972. Lo que voy a describir a continuación es académicamente factible. Sin duda también es económicamente viable.

          Wal-Mart debe iniciar un College. Al igual que ocurre con casi todos los colleges, sería llamado una Universidad. ¿Por qué? Debido a un mayor valor percibido por los consumidores.

          ¿Por qué debería Wal-Mart molestarse? Existe una buena razón. Los gastos totales en educación superior en los Estados Unidos están en el rango de un tercio de billón (333 billones americanos) de dólares al año. Se trata de una gran cantidad de dinero. Wal-Mart no es una empresa que deje a la deriva una buena oportunidad de obtener beneficios.

          Difícilmente se podría encontrar un sector empresarial, con este nivel de ingresos, que sea tan ineficiente como la educación superior. Si Wal-Mart entra en el campo, esto cambiará.

          Wal-Mart podría ofrecer una matrícula mucho más baja que cualquier otra universidad privada, e inferior que el 80% de las universidades financiadas con impuestos. Todo lo que tiene que hacer es ofrecer lo que ya está disponible, pero que casi nadie conoce.

          ¿Qué tal el gasto de alojamiento y comida? Sea cual sea el costo que tienen ahora, los padres lo podrán extender por cuatro años más. O tres. O quizás sólo dos.

 

YA EXISTE

          Es posible ganar un título de licenciado de un puñado de universidades acreditadas para la enseñanza a distancia, por una suma cercana a $15.000 en total. Se puede hacer desde la casa, sin retirarse del trabajo. Ver mi página web.

…  …  … http://www.LowestCostColleges.com

          Un estudiante puede pasar la totalidad de los cursos a través de exámenes, con o sin Internet, con o sin DVD, o cintas de vídeo, u otras herramientas tecnológicas. Si es muy brillante, puede obtener su licenciatura en dos años. Sé de un estudiante que obtuvo su licenciatura en una universidad acreditada, la Edison State University, la cual se encuentra en Nueva Jersey, en menos de seis meses por $5.000. Eso fue hace unos ocho años. Tal vez hoy cueste $6.000.

          Esto se puede hacer, y no hay ninguna razón económica que lo impida. Sólo se necesita un sistema de mercadeo para entregar el producto a un gran número de estudiantes de edad universitaria.

          ¿Podría Wal-Mart hacer esto? Formular la pregunta es responderla. ¿Hay alguna empresa más conocedora de computadoras? ¿Mejor dotada para la comercialización? ¿En mejores condiciones para vender algo a alguien?

          Internet permitiría a cualquier colegio o universidad proporcionar una educación de alta calidad a estudiantes ubicados en cualquier lugar del mundo. Los exámenes pueden ser administrados a nivel local de la misma manera que los exámenes de ingreso a las universidades son administrados a nivel local.

          Los estudiantes no sólo son capaces de leer rápido. Pueden hacerlo en cualquier lugar. No necesitan un campus. La mayor parte de su tiempo académico lo gastan leyendo o sentados en una sala de conferencias. ¿Por qué no viendo un Vídeo de YouTube?

          Pueden comprar libros de texto PDF en línea por $30 (y no $150 que cuestan los de tapa dura) e imprimirlo por (digamos) $10. De los cuales $30 son utilidades para la Imprenta de la Universidad Wal-Mart.

          No necesitan tener acceso a una enorme biblioteca universitaria. Pueden escribir sus trabajos periódicos en la biblioteca local de la ciudad, así como también los podrían escribir en un campus distante.

          Si alguna vez necesitan hacer un trabajo de investigación en una biblioteca universitaria, que es bastante poco probable en la educación universitaria, pueden tomar un coche, conducir unas pocas millas y utilizar una biblioteca universitaria existente. Cualquier persona puede entrar a cualquier biblioteca universitaria en los Estados Unidos y utilizar cualquier material en forma gratuita. Nadie pregunta si el estudiante está registrado a nivel local.

          Se pueden descargar conferencias en MP3 de la página web de la Universidad Wal-Mart. Podrán también “subir” sus trabajos periódicos de la misma manera.

          ¿Pueden hacer trampa los estudiantes? Sólo una vez. La Universidad Wal-Mart puede arrendar software para descubrir el plagio e identificar documentos copiados de otros autores. O podría crear un centro de distribución que compre trabajos semestrales a vendedores en línea, los coloca en su computadora, y permite a los miembros del profesorado el uso de un servicio interno de lucha contra el plagio. (Podría incluso ofrecer este servicio a otras universidades.)

UN MODELO MULTI-BILLIONARIO (EN DÓLARES)

          La Universidad de Phoenix tiene ahora aproximadamente 300,000 estudiantes. Estos estudiantes se encuentran regados por todo el mundo. Es un programa educativo totalmente acreditado. Genera miles de millones de dólares al año en matrículas.

          No hay ninguna razón por la cual cualquier colegio o universidad acreditada no pueda crear un programa comparable al de la Universidad de Phoenix. Todo lo que se necesita es visión (ciertamente escasa), algo de capital para la puesta en marcha, y voluntad de pasar de aula universitaria a educación en línea. Se trata de una cuestión de tecnología; no de falta de demanda.

          Wal-Mart tiene puntos de venta donde una persona se puede registrar para las clases. Dispone de sitios para la venta de libros de texto y otros materiales publicados de forma independiente. Tiene la capacidad tecnológica para la entrega de educación en línea en cualquier lugar en el mundo.

          La Universidad Wal-Mart no tendría un campus, nada más de los campus que tienen Edison State University (Nueva Jersey) o Excelsior University (Nueva York). Sólo existirían digitalmente. La universidad no tendría ningún gasto de mantenimiento de campus. No tendría que mantener una multimillonaria biblioteca porque no habría biblioteca.

          Los trabajos de los cursos en el primer y segundo años (divisiones inferiores) puede ser calificados a máquina en la mayoría de los casos, ya que exámenes de tipo cierto/falso se califican de esta manera en la mayoría de las universidades e institutos de tecnológicos locales. Los documentos digitales periódicos podría ser revisados y calificados por estudiantes de posgrado matriculados en las universidades de todo el país, al igual que se califican este tipo de documentos en las divisiones inferiores de todas las grandes universidades. (Por cierto, son muy pocas las divisiones menores de estos días que requieren la presentación de documentos periódicos – triste, pero cierto.) Se pueden pagar $5 por documento bimestral. Un documento de éstos requiere como máximo 15 minutos para calificarlo.

          Nada tiene que cambiar académicamente en los cursos de las divisiones inferiores. Las únicas diferencias son las siguientes: (1) todo se manejaría en línea; (2) sería bastante más barato para los estudiantes.

          Esto va a suceder. Que sea Wal-Mart quien vaya a hacerlo, o FedEx, o Target, o UPS, o alguna otra corporación multinacional grande, es cuestión que resolverá el mercado libre. No cabe duda que así será.

          Las empresas no van a dejar a la Universidad de Phoenix absorber un par de miles de millones de dólares al año por concepto de pagos de matrícula, sin involucrarse ellas mismas. ¿Por qué dejar a la Universidad de Phoenix descremar un negocio con este volumen de ingresos?

          Las universidades son fábricas de producción masiva a nivel de las divisiones inferiores. Agrupan rebaños de estudiantes en auditorios de 500 o mil asientos. Hay un docente de tiempo parcial, un Profesor senior, dictando su conferencia con un micrófono, muy lejos de la fila superior de estudiantes. Los Profesores asistentes y los auxiliares, que se pagan prácticamente con nada, calificarán los trabajos y documentos. Ningún estudiante logrará hablar con el Profesor senior, que de hecho podrá ser un Profesor junior.

          ¿A quien están tomando del pelo las universidades? (Respuesta: a los padres) Algunos de las mejores universidades privadas generan $1,000 por estudiante por cada una de estas mega-clases, o sea un millón de dólares en ingresos brutos. ¿Qué les cuesta dictar esta clase? Un auditorio compartido con otras ocho clases, que puede costar 100.000 dólares en salarios por clase. ¿Por qué debe Wal-Mart o cualquier otra empresa dejar a universidades de la Ivy League que aprovechen este tipo de negocios que tienen ingresos brutos enormes por clases producidas masivamente y dictadas por profesores asistentes de tiempo parcial?

 

EL MERCADO

          Aproximadamente 15 millones de estadounidenses asistirán a la universidad este año. Cerca de 14 millones de ellos podrían obtener perfectamente una buena educación en línea, en una universidad patrocinada por una Corporación grande.

          Tal empresa podría reducir los pagos de matrícula a la mayoría de las universidades estatales hasta en un 50%. En una década, al menos la mitad de los estudiantes de Estados Unidos podrían quedarse en casa, trabajando tiempo parcial, y graduarse con título de Licenciado en casi cualquiera de las ciencias sociales o humanidades, y sin pagar más de $30,000 por tal privilegio, ahorrándose decenas de miles de dólares en habitación, alimentación, y transporte.

          Por supuesto, los jóvenes no querrán esto. Quieren sí que sus padres saquen del bolsillo $50,000 dólares o más, para que los envíen a la universidad durante un período de cuatro años … ¡de fiesta!. Quieren divertirse y hacer deporte a expensas de sus padres. Aeeeeh eaaah aeh aeh oah! cantan los jóvenes. Los padres mamola! A los padres los manipulan por sus culpas y otros padres los presionan para que estén de acuerdo con toda esta tontería.

          Me refiero a conseguir una buena educación a un precio razonable. El actual sistema universitario no está entregando la mercancía. Se necesita una empresa, que esté a la caza de negocios lucrativos, que establezca un programa que entregue la mercancía. Acto seguido aparecerán las empresas rivales. Entonces tendremos competencia de precios en la educación universitaria.

          Soy demasiado controversial para que Wal-Mart me contrate como Profesor, pero tal vez podría manejarles la publicidad. Este sería un golazo.

          Una educación universitaria plenamente acreditada por el precio de un … ¡Honda Civic!

          ¿Universidad? No gaste $50.000 dólares en tres años, para que luego su hijo …  ¡la abandone!

          ¿Universidad? Pagar por la educación de su hijo, por cuatro años de … ¡fiesta!

          La Universidad Wal-Mart: Le ahorrará dinero. Aprenderá más.

 

EL PROFESORADO

          En caso de una educación universitaria básica, y especialmente en las divisiones inferiores, Wal-Mart podría producir un programa educativo de primera clase en un año.

          Podría reunir un profesorado que sea el mejor del mundo. Los profesores de cualquier universidad tienen sus veranos libres. Un miembro del cuerpo docente, en cualquier campo de la educación, puede producir su curso online durante las vacaciones de verano. Puede luego vender su curso a Wal-Mart en base a un contrato. Puede conseguir que le paguen una regalía por cada nuevo de libro de trabajo que escriba. Veamos: un 10% de regalías. El libro es digital. Se vende por $10. (Barato!) En caso de contar con una inscripción de 100.000 estudiantes, el cálculo arroja $100,000 al año para el profesor, y $900,000 para Wal-Mart.

          También se pagará una pequeña cantidad de dinero para cada estudiante matriculado en su curso. A 3 dólares por estudiante, esto es $300.000 adicionales al año. El Profesor será un millonario en unos dos o tres años, porque no hay duda de que Wal-Mart podrá tener un millón de estudiantes en los siguientes tres años.

          Quien cree que un Profesor bien conocido, no pondría su nombre en un libro de texto universitario por $100,000 al año, no entiende de profesores. Quien piense que no se pondrá delante de una cámara, para entregar las mismas conferencias que ha emitido durante diez o veinte años, al ritmo de 300,000 dólares al año, no entiende de profesores.

          Wal-Mart podría contratar a los más famosos profesores del mundo, en todos los campos, en los próximos tres meses. Pagar una pequeña suma de dinero como anticipo y acordar unas buenas regalías. Las Universidades no tendrían tiempo para reaccionar. Sería demasiado tarde para agregar una cláusula de no-competencia a los contratos. Incluso si lo hacen, Wal-Mart podría contratar profesores mundialmente famosos pero jubilados. ¿Qué podrían hacer al respecto Harvard, Princeton, Yale, Chicago o Stanford? Nada.

          Wal-Mart tiene montones de dinero para invertir. Puede inscribir lo mejor del talento académico en el mundo. Puede crear un programa de grados a nivel universitario de tan alta calidad que cualquier agencia de acreditación que quisiera resistirse a la concesión de la acreditación parecería un cártel de dinosaurios, con intereses propios, protectores del status quo, con mentalidad de cofrades, que aún viven en los años 1950. En otras palabras, se verían como lo que realmente son. Estos dinosaurios no quieren exposición. . . o un juicio acusándolos de obstrucción al mercado a través de acuerdos de cártel. Me puedo imaginar a esta gente en el estrado de los testigos. C-Span tendría su día de campo.

          Las universidades acreditadas han implementado desde hace mucho tiempo una línea de ensamblaje en educación para las divisiones inferiores. El hecho de que un estudiante reciba una conferencia en la pantalla de un ordenador en lugar de oírla de un hombre con un micrófono en una sala de conferencias con un millar de asientos, no es importante intelectualmente hablando. La diferencia es que se logre que el estudiante educado en la pantalla de su ordenador no pague 500 dólares por semestre por crédito, o $1500 por clase (quizás hasta dos veces más). Pagará 100 dólares por crédito en las divisiones inferiores y tal vez $200 en las divisiones superiores.

 

ACREDITACIÓN

          La principal barrera para la entrada en este campo es la acreditación. Los burócratas universitarios titulares que controlan la acreditación a una nueva universidad resisten cualquier sugerencia de que la educación puede y debe ser entregada en línea con matrículas a precios competitivos. Dicen: ‘Si la montaña no puede ir a Mahoma, Mahoma debe ir a la montaña’. Pero, en la era digital, la montaña puede ir a Mahoma. A millones de Mahomas.

          ¿Y si la Universidad Wal-Mart no pudiera obtener la acreditación en un uno o dos años? ¿Entonces qué? Wal-Mart tiene acceso a universidades acreditadas en todo Estados Unidos, e inclusive a 30 millas de distancia por carretera, que estarían felices de recibir una subvención de 5 millones de dólares para establecer un programa de aprendizaje a distancia. Estas escuelas ya están acreditadas. El programa de aprendizaje a distancia patrocinado por Wal-Mart sería un complemento al programa existente.

          A una agencia de acreditación le resultaría difícil negar, a una universidad acreditada ya existente, el derecho a establecer un programa de aprendizaje a distancia. El hecho de que Wal-Mart que pasaría a obtener el 80% de la los ingresos no es importante, oficialmente. ‘Aquí somos académicos. Mil millones de dólares en matrículas no tienen nada que ver con la acreditación.’ (Ja!) Wal-Mart podría servir como centro de intercambio de información a diferentes universidades, en diferentes especialidades, si todas conducen al mismo fin: un título acreditado de Licenciado.

          Dentro de los dos años, la Universidad Wal-Mart pondrá un centenar de universidades acreditadas al borde de la quiebra. A renglón seguido, otras empresas pueden hacer lo que hizo Wal-Mart. Pueden crear un programa de enseñanza a distancia. Estas universidades correrán desesperadas a aceptar cualquier propuesta de negocios. Su supervivencia dependerá de ello.

          Dentro de los 10 años, los sueldos de los Profesores en las universidades estarán donde están hoy otros salarios de la clase media. No más profesores de tiempo completo. No más de seis horas por semana de enseñanza. Los días de vino y rosas llegarán a su fin.

 

LA CONTRATACIÓN DE FUTUROS EMPLEADOS

          Wal-Mart podría crear un curso de especialización en la división superior para estudiantes de negocios. Podría admitir sólo los mejores y más brillantes estudiantes que hayan pasado por la división inferior. Wal-Mart estaría en condiciones de contratar a estos estudiantes por tiempo parcial mientras toman sus cursos en la división superior. Al final del programa de grado universitario, Wal-Mart podría hacer ofertas de empleo a los mejores y más brillantes alumnos que hayan pasado por su programa.

          Wal-Mart tendrá acceso a un enorme volumen de estudiantes brillantes, enérgicos, y además ya probados. Podría elegir dentro de estos graduados a algunos para emplear en su propia organización. En efecto, estudiantes de todo el país, y de todo el mundo, pagarían a Wal-Mart por el privilegio de convertirse en candidatos a empleados de Wal-Mart.

          Obviamente, la mayoría de los estudiantes no lo harían. Pero para aquellos estudiantes que quieren una carrera en negocios, y que desean entrar en una organización familiar, qué mejor manera de hacerlo que a través de un título universitario obtenido en un programa patrocinado por Wal-Mart? ¿Qué mejor manera para Wal-Mart identificar a estos estudiantes, ponerlos a prueba con antelación, y luego hacer oferta a los mejores? Se trata de una situación beneficiosa para los estudiantes y para Wal-Mart.

          Si a Target no le gusta la competencia, puede iniciar su propia Universidad.

          El libre mercado es perfectamente capaz de proporcionar un programa educativo a nivel universitario a millones de estudiantes. No hay nada que la universidad promedio ofrezca al graduando promedio que una educación universitaria en línea no pueda ofrecerle a mitad de precio.

          Por supuesto, ciertos campos pueden no ser adecuados para este tipo de educación. La física nuclear es uno de ellos. Otra sería la química orgánica. Sin embargo, muy pocos estadounidenses escogen especializarse estos campos. La gran mayoría de los graduados universitarios se especializan en humanidades, no en ciencias naturales.

          La mayoría de los cursos de humanidades se pueden enseñar de este modo. La música puede ser una excepción. Así, la Universidad Wal-Mart no tiene qué ofrecer una una especialización en música. Pero la mayoría de los campos se adaptan bien a la enseñanza a distancia. Se puede aprender historia, ciencias políticas, sociología, psicología, filosofía, negocios, y la mayoría de las disciplinas actuales a través de la tecnología de Internet.

          Si hay algunos campos que no son adecuados, entonces venda sólo la división inferior de estos cursos a unos pocos estudiantes. Cada universidad requiere que todos los graduados tomen ciertos cursos. Estos son por lo general cursos de artes liberales. Así, la Universidad Wal-Mart puede ofrecer estos cursos. Estos cursos podrán ser transferidos a cualquier programa universitario acreditado de cuatro años.

 

NO MÁS SUBSIDIOS INVOLUNTARIOS POR PARTE DE LOS PADRES

          La gran amenaza para una universidad es que la mayoría de sus beneficios por estudiante proviene de cursos de la división inferior. Los estudiantes que pasan por los cursos requeridos en su primero y segundo años proporcionan la mayor parte de los fondos necesarios para la operación de una universidad típica. – Las divisiones superiores apenas cubren sus costos. Los cursos de Estudios de Posgrado siempre pierden dinero.

          Así, que los padres de los estudiantes de primero y segundo años subsidian a los padres de los estudiantes de los años tercero y cuarto. Pero especialmente subvencionan a los estudiantes de posgrado. Wal-Mart, al ofrecer cursos a precios competitivos para los estudiantes de primero y segundo años, se llevará la crema, dejará la leche a las divisiones superiores (3r y 4º años) y la leche descremada para los programas de posgrado. Esto entorpecería la financiación de la educación superior en América. Esto es exactamente lo que hay que hacer.

          Cualquier presidente de una universidad que no lo vea llegar es probable que se encuentre a sí mismo como ex presidente tres años después que la Universidad Wal-Mart comience y, desde luego, cinco años después que la Universidad Wal-Mart ha generado de la Universidad Target, la Universidad UPS, la Universidad FedEx. Las universidades privadas con menos más de 2000 estudiantes estarán luchando por sobrevivir dentro de una década siguiente a la creación de la Universidad Wal-Mart.

          Los presidentes de las universidades estatales estarán mendigando a las legislaturas estatales financiar sus operaciones con dinero de los contribuyentes, como lo hacen hoy también. La diferencia será que la Universidad Wal-Mart ofrecerá una educación igualmente buena por menos dinero de lo que ofrecen las universidades subvencionadas por el Estado. Esto lo hará mucho más difícil de vender a las legislaturas estatales. Lo único que las universidades del Estado serán capaces de decirle a los legisladores estatales es que voten por el equipo de fútbol o de baloncesto en el programa de deportes. Así sabrá el mundo cuál es el verdadero propósito de la educación superior.

          La Universidad Wal-Mart estará concediendo títulos educativos; las universidades estatales estarán concediendo títulos con el fin de contratar deportistas semi-profesionales, la mitad de los cuales no se gradúan, para entretener a los votantes. Los votantes merecen saber esto.

 

¿POR QUÉ NO INTENTAR LA LIBERTAD?

          ¿Por qué debemos creer que el libre mercado, que ofrece la mayor parte de bienes y servicios que consumimos, es de alguna manera incapaz de ofrecer educación superior a precios competitivos? ¿Por qué debemos creer a burócratas con intereses especiales que afirman que la educación superior es necesariamente una empresa sin ánimo de lucro y por lo general es una empresa financiada con impuestos?

          La Universidad Wal-Mart tendrá que entregar un producto de alta calidad desde el principio. Tendrá que ser visiblemente superior al producto entregado por cualquier universidad o colegio comunal en los Estados Unidos. Tendrá que ser mejor que el producto emitido por el 70% de las universidades privadas y el 80% de la universidades del Estado.

          No será mejor que la educación entregada por las mejores escuelas en el país, ya que no reclutarán estudiantes del más alto nivel. Pero sí es cierto en el 95% de todos los colegios y universidades. La diferencia es, el libre mercado, a través de su sistema de entrada y competencia abiertas, puede ofrecer lo que realmente quieren los compradores por su dinero.

          Los compradores de hoy se enfrentan a un sistema de prestación de servicios educativos que es un cartel. Lo único que se necesita para romper este cartel es que un almacén al detal grande entre al campo, que inscriba a un millón de estudiantes y que entregue un producto de alta calidad. En ese momento, el mito de la educación sin ánimo de lucro será cosa del pasado.

          Wal-Mart podría tener todo listo en tres años. En un programa de emergencia, probablemente lo podría tener en dos años. Todo lo que necesita es un colegio o una universidad que coopere, que esté acreditada y que quiera recibir 50 millones, o diez millones, de dólares. Me atrevo a decir que hay varias que quisieran hacerlo.

          Wal-Mart no necesita adherir su nombre a la universidad. Puede simplemente poner disponible el servicio y aprestarse a recibir unos buenos honorarios por la comercialización.

          Algunos grandes almacenes al detal van a hacer esto. Puede ser que no sea Wal-Mart. No importa quien lanza el programa. Lo que importa es que va a romper el monopolio del cartel educativo. Generará tanto dinero, inscribirá tantos estudiantes, y entregará un producto tan competitivo a un precio tan económico, que el cártel tendrá que responder para poder sobrevivir. Al momento que los colegios comiencen a responder al mercado libre ofreciendo servicios a un precio competitivo, el cartel reventará.

          Los cárteles siempre se rompen. Siempre hay miembros del cartel que hacen trampa. Hacer trampa en el mundo académico significa entregar un producto de alta calidad a un precio competitivo.

          No cabe duda de que Wal-Mart o UPS o cualquier otra corporación americana podría echar a andar tal programa. Si Wal-Mart no lo hace, entonces Toyota podría hacerlo. Las principales redes de televisión podrían hacerlo. Al menos una de las principales redes de televisión por cable podría hacerlo. Esto no es una ciencia complicada.

          Piense en las tres grandes redes de televisión. Sufren con la reducción de sus cuotas de mercado. Han perdido la gente joven. Las empresas de Cable les están quitando su almuerzo. Los ingresos por publicidad están disminuyendo. Nada se ha hecho en los últimos 20 años para reversar la constante disminución. Aquí tienen una forma en que puedan combinar sus habilidades de comunicación digital con sus puntos de venta para producir una revolución educativa. ¿Por qué no hacerlo?

          Las compañías petroleras podrían hacerlo. La industria del tabaco podría hacerlo. Proctor & Gamble podría hacerlo. Dow Chemical podría hacerlo. Dow ya está asociado estrechamente con el Instituto Northwood. Podría simplemente ampliar su actual alianza para financiar la creación de una universidad nacional.

          Hay veces que me cuestiono sobre la iniciativa empresarial de las empresas más grandes de América. Quieren contratar empleados luminosos a nivel de entrada. Se debe imitar el béisbol. El Béisbol ha creado un sistema de crianza de equipos. Reclutan jugadores para las ligas mayores a través de las ligas menores.

          Si las empresas estadounidenses estuviesen realmente interesadas en la contratación de mandos medios superiores del tanque de talentos en la educación el país, podrían hacerlo. Pueden utilizar Harvard, Princeton, Yale, Stanford, Chicago y las otras 30 universidades para que les proporcionen graduados supertalentosos. Pero nunca hay suficientes de estas personas por ahí. Tiene mucho más sentido contratar estudiantes brillantes de derecho recién salidos de la universidad, ponerlos a trabajar en posiciones de bajo nivel, y ver que tanto producen. Darles capacitación laboral. El objetivo es atraer a estudiantes competentes para la contratación inicial. Podría lograrse mediante la creación de una Universidad Nacional.

          La educación superior tiene que romper con los subsidios fiscales. Mientras los presupuestos del Estado se vuelven más estrechos, los legisladores van a estar buscando maneras de cortar gastos. Una cosa que obviamente recortaran será la educación superior. Va a suceder. La pregunta es: ¿ proporcionará el libre mercado una alternativa viable a las universidades siempre en rojo, que ahora absorben varios cientos de millones de dólares al año? Creo que la proporcionará.

          Otra persona que lo pensó fue el gurú gerencial Peter Drucker. Estaba convencido de que la educación superior sería completamente reestructurada como consecuencia de la revolución tecnológica que estaba teniendo lugar en el decenio de 1990.

          Esa revolución ha comenzado: la Universidad de Phoenix. El modelo ya existe. Es un modelo muy rentable se necesita sólo que una de las principales corporaciones de América entre en el campo a demostrar que el actual modelo financiado con impuestos, sin ánimo de lucro de educación superior es ineficiente. Este modelo pertenece al pasado. La tecnología, cuando va unida a la competencia de precios, siempre reemplaza modelos más antiguos, que no pueden igualar el bajo precio de los nuevos productos que son posibles gracias a las nuevas tecnologías y a la comercialización en masa.

          Los estudiantes inicialmente se resisten a ello. Quieren que sus padres a renuncien a la mitad de su portafolio de jubilación con el fin de enviarlos lejos por cuatro años de fiesta, y diferir por cuatro años el resolver de qué hacer cuando crezcan. Los administradores universitarios también se resisten a esto, porque quieren que los estudiantes se presenten al campus, y que los padres extiendan los cheques. Pero, en algún momento, va a convertirse en evidente para cientos de miles de padres que existe una mejor manera. Esa es la mejor forma de enseñanza a distancia. La tecnología existe. El modelo existe: la Universidad de Phoenix. Lo único que se necesita es la comercialización. El resto es sólo cuestión de crear la administración.

          Si una empresa americana no hace esto, entonces una empresa europea lo hará. O tal vez un japonés firme lo haga. No hay nada que requiera mantener la enseñanza dentro de unas fronteras geográficas. Cuando el producto es digital, no hay fronteras. Si una universidad acreditada en un país extranjero quiere crear una universidad internacional, puede hacerlo. Si los empresarios americanos son incapaces de ver el potencial, a continuación, alguna empresa extranjera va a entrar en el campo y lo captura. Lo único que necesita es un consorcio cooperativo entre la empresa y una universidad acreditada en el país. Hay docenas de universidades en las Islas Británicas que estarían felices de hacerlo. Oxford y Cambridge probablemente no, pero ¿cuántas personas educan estas dos instituciones?

 

CONCLUSIÓN

          El libre mercado está en mejores condiciones para ofrecer alta calidad de educación que el estado. El estado ha utilizado su poder para licenciar y acreditar colegios y universidades para conservar un cartel educativo. Ese acuerdo puede romperse, y se romperá. Es sólo cuestión de tiempo.

          Cualquier presidente de Universidad que no ve lo que va a suceder tiene que estar ciego. Es su trabajo, como un recaudador de fondos, para tener la certeza de que su universidad está preparada para la competencia del futuro. Es evidente que la competencia va a venir del sector privado en búsqueda de beneficios. El sector privado es quien va a entregar la mercancía. Va a vender los bienes más baratos, ofrecerá una gama más amplia de opciones, entregará el paquete en cualquier parte del mundo, y dejará que el estudiante se gradúe tan rápido como pueda pasar los exámenes.

          Por supuesto, estas escuelas no tienen equipos atléticos, ahorrando millones de dólares por año. Podrán ofrecer concursos de juegos de video para sus alumnos. Podrán crear una liga: AAND (Asociación Atlética Nacional Digital). Puedo ver ahora: Universidad Wal-Mart vs Universidad Target para la División I campeonato nacional. Luego a la Serie Mundial, donde Tata Motors es el favorito.

 

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Su página web es: www.garynorth.com

su corréo electrónico es: [email protected]

 

TRADUCIDO POR RODRIGO BETANCUR

 

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Inflación: Ron Paul explica cómo llegamos a este desorden

“Hemos pasamos por varias etapas. Desde la instauración del Sistema de la Reserva Federal de 1913 a 1933, el Banco Central se constituyó como rector oficial del dólar. En 1933, los estadounidenses ya no podían ser propietarios de oro, eliminando así los frenos a la Reserva Federal de inflar para sostener la guerra y para financiar el sistema de seguridad social.

“Cerca de 1945, fueron eliminadas otras limitaciones mediante la creación del sistema monetario de Bretton-Woods que estableció el dólar como la moneda de reserva del mundo. Este sistema duró hasta 1971. Durante el período comprendido entre 1945 y 1971, se mantuvieron en su lugar algunas prohibiciones a la Reserva Federal. Los extranjeros, no así los estadounidenses, podría convertir dólares en oro a $35 dólares la onza. Debido al exceso de dólares que se estaba creando, ese sistema llegó a su fin en 1971.

“Fue el sistema post-Bretton Woods el responsable de la globalización de la inflación y de los mercados y también de generar una gigantesca burbuja de dólares en todo el mundo. Esta burbuja está estallando ahora, y estamos viendo lo que significa sufrir las consecuencias de los muchos errores económicos anteriores.

“Resulta irónico que en estos últimos 35 años, nos hemos beneficiado de este mismo sistema defectuoso. Debido a que el mundo ha aceptado los dólares como si fueran oro, sólo teníamos que falsificar más dólares, gastarlos en  ultramar (también, indirectamente, alentando la migración de nuestros puestos de trabajo al extranjero) y así gozar de una prosperidad inmerecida. Los que recibieron nuestros dólares, y nos devolvieron bienes y servicios, estaban muy ansiosos de entregarnos de vuelta, y en calidad de préstamo, aquellos dólares. Esto nos permitió exportar nuestra inflación y retrasar las consecuencias de lo que ahora estamos empezando a ver.

“Pero esta situación nunca estuvo destinada a perdurar, y ha llegado el momento en que tenemos que pagar el precio. La enorme deuda externa se debe pagar o liquidar. Los títulos de beneficios se están venciendo justo cuando el mundo se ha vuelto más reacio a aceptar dólares. La consecuencia de esa decisión es la inflación de los precios en este país – y eso es lo que estamos presenciando hoy. La inflación de los precios al otro lado del océano es, incluso, más alta que aquí en casa, como resultado de la buena voluntad de los bancos centrales extranjeros de monetizar nuestra deuda.

“El imprimir dólares durante periodos largos de tiempo no impulsa de inmediato el alza de los precios – aunque con el tiempo siempre lo hace. Ahora estamos viendo como se pone al día la inflación pasada con la oferta monetaria. Tan costoso como se ve hoy el galón de gasolina a $ 4, esto es sólo el principio. Es una grave distracción gritar a los 4 vientos ‘perforen, perforen, perforen’ como solución a la crisis del dólar y a los altos precios de la gasolina. Está bien dejar que el mercado aumente el suministro y perfore, pero esa cuestión es una burda distracción de los pecados del déficit y de las argucias monetarias de la Reserva Federal.

“Esta burbuja es diferente y más grande por otro motivo. Los bancos centrales del mundo, en colusión, secretamente están planificando la centralización de la economía mundial. Estoy convencido de que han existido acuerdos entre los bancos centrales en estos últimos 15 años para ‘monetizar’ la deuda de los  EE.UU., aunque en secreto y fuera del alcance de la supervisión de alguien – en especial del Congreso de los EE.UU., a quien no le importa, o simplemente no lo entiende de plano. A medida que este ‘regalo’ llega a su fin, nuestros problemas empeoran. Los bancos centrales y los diferentes gobiernos son muy poderosos, pero finalmente el mercado se sobrepone cuando la gente que se queda con la bolsa llena (de malos dólares), cae en cuenta de la trampa y entonces gasta con celo emocional esos dólares en la economía, con lo cual se enciende la fiebre inflacionista.

“En esta ocasión – ya que hay tantos dólares y tantos países involucrados – la Fed ha sido capaz de ’empapelar’ todas las crisis que han llegado en los últimos 15 años, sobre todo con Alan Greenspan como Presidente de la Junta de la Reserva Federal, lo cual ha permitido que la burbuja se convierta en la mayor de la historia.

“Los errores cometidos con la profusión de créditos, a tasas artificialmente bajas, son enormes, y el mercado está exigiendo una corrección. Esto incluye una deuda excesiva, inversiones mal dirigidas, sobre-inversión, y todos los demás problemas causados por el gobierno cuando gasta un dinero que nunca debería haber tenido. Los gastos en militarismo extranjero, en seguridad social y los $80 billones en títulos de beneficios prometidos están llegando a su fin. No tenemos el dinero o la capacidad creadora de riqueza para poner al día y atender todas las necesidades que existen ahora, porque rechazamos la economía del mercado, el dinero sano, la autosuficiencia y los principios de libertad”.

Representante Ron Paul

 

 

 

 

 

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Reflexiones sobre el Origen y la Estabilidad del Estado

por Hans-Hermann Hoppe.

Este documento fue presentado por primera vez en la 3ª reunión anual de la Sociedad Propiedad y Libertad, que se celebró en Bodrum, Turquía, del 22 al 26 de mayo de 2008.

Permítanme empezar con la definición de estado. ¿Que debe ser capaz de hacer un agente para calificar como un estado? Este agente debe ser capaz de insistir en que todos los conflictos entre los habitantes de un determinado territorio, sean traídos ante él para la toma de decisiones en última instancia o para ser objeto de su revisión final. En particular, este agente debe ser capaz de insistir en que todos los conflictos que lo afecten a él mismo sean juzgados por él o su agente. E implícita en la facultad de excluir a todos los demás de actuar como juez en última instancia, como segunda característica definitoria de estado, está el poder de cobrar impuestos del agente para determinar unilateralmente el precio que deben pagar por sus servicios quienes buscan justicia.

Sobre la base de esta definición de estado, es fácil entender por qué pudiera existir un deseo de controlarlo. Porque quien tiene el monopolio del arbitraje final, dentro de un territorio determinado, puede hacer leyes. Y quien puede legislar también puede cobrar impuestos. Sin duda, esta es una posición envidiable.

Más difícil de entender es cómo alguien puede lograr el control del estado. ¿Porqué otros tendrían que tolerar tal institución?

Quiero enfocar la respuesta a esta pregunta en forma indirecta. Suponga que usted y sus amigos resultan estar en control de esa extraordinaria institución. ¿Qué haría para mantener su posición (siempre y cuando no tuviera ningún escrúpulo moral)? Sin duda alguna usaría parte del ingreso por concepto de impuestos para contratar algunos matones. Primero: para conservar la paz entre sus súbditos a fin de mantener la productividad, de manera que se aumente la producción para poderla gravar con impuestos en el futuro. Pero más importante aún, puede ser que necesite estos matones para su propia protección en caso de que el pueblo despierte de su somnolencia dogmática y lo desafíe.

Esto no funcionará, sin embargo, en particular, si usted y sus amigos son una pequeña minoría en comparación con el número de súbditos. Porque una minoría no puede gobernar, en forma duradera, a una mayoría únicamente por la fuerza bruta. Debe gobernar con la opinión a favor. La mayoría de la población debe ser convencida de aceptar voluntariamente su gobierno. Esto no quiere decir que la mayoría deba estar de acuerdo con cada una de sus medidas. De hecho, es muy posible que crean que muchas de sus políticas están equivocadas. Sin embargo, es necesario que crean en la legitimidad de la institución del estado como tal, y por lo tanto, que incluso si una determinada política pudiera estar errada, ese error es un accidente que uno debe tolerar en compensación de mayores bienes o mejores servicios proporcionados por el estado.

Sin embargo, ¿cómo puede uno persuadir de creer en esto a la mayoría de la población? La respuesta es: sólo con la ayuda de los intelectuales.

¿Cómo lograr que los intelectuales trabajen para usted? Para esta pregunta la respuesta es fácil. El mercado de servicios intelectuales no es precisamente muy demandado ni estable. Los intelectuales estarían a merced de los valores fugaces de las masas, y las masas están poco interesadas en temas intelectuales y filosóficos. El estado, por otro lado, puede albergar los egos excesivamente inflados de los intelectuales y ofrecerles una posición cómoda, segura y permanente en su aparato de gobierno.

Sin embargo, no basta con que emplee sólo algunos intelectuales. Esencialmente debe emplearlos a todos, incluso aquellos que trabajan en círculos alejados de los temas que a usted conciernen principalmente: es decir filosofía, ciencias sociales y humanidades. Porque aún los intelectuales que trabajan en matemáticas o ciencias naturales, por ejemplo, pueden, obviamente, pensar por sí mismos y por lo tanto se convierten en potencialmente peligrosos. Por lo tanto, es importante que usted también tenga garantía de la lealtad de ellos al estado. Dicho de otra manera: usted debe convertirse en un monopolio. Y esto se logra mejor si todas las instituciones educativas, desde el jardín infantil hasta la universidad, se someten al control del estado y todo el personal dedicado a la enseñanza y la investigación están certificados por el estado.

Pero, ¿y si la gente no quiere que la eduquen? Para ello, la educación debe ser obligatoria, y con el fin de someter a las personas a una educación controlada por el estado durante el mayor tiempo posible, todos deben ser declarados igualmente educables. Los intelectuales saben que tal igualitarismo es falso, por supuesto. Sin embargo, proclaman absurdos que agradan a las masas, tales como que todo el mundo es un Einstein en potencia con sólo darle suficiente atención educativa, y de paso, abastecen una demanda casi ilimitada de servicios intelectuales.

Nada de todo esto garantiza un pensamiento estatista correcto, por supuesto. Sin duda ayuda, sin embargo, a llegar a la conclusión correcta, si uno se da cuenta de que sin el estado podría quedar sin trabajo y podría tener que ensayar la mecánica de funcionamiento de las estaciones de servicio de gasolina, en lugar de tratar problemas tan acuciantes como la alienación, la equidad, la explotación, la deconstrucción de los roles de género y sexo, o la cultura de los Esquimales, de los Hopis, o de los Zulúes.

En cualquier caso, auncuando los intelectuales se sientan menospreciados por usted, es decir, por una administración estatal particular, saben que la ayudan sólo puede venir de otra administración estatal y nunca de un asalto intelectual a la institución del estado como tal. Por tal razón, y no es de extrañar que, como cuestión de hecho, la inmensa mayoría de intelectuales contemporáneos, incluidos los más conservadores o sea los llamados intelectuales del mercado libre, son fundamental y filosóficamente estatistas.

¿Ha servido al estado la labor de los intelectuales? Yo diría que si. Si preguntáramos si la institución del estado es necesaria, no creo que sea exagerado decir que el 99 por ciento de todas las personas dirán que sí sin vacilar. Y, sin embargo, este éxito se basa en motivos más bien frágiles, y todo el edificio estatista podría ser derribado si sólo la labor de los intelectuales fuera contrarrestada por la labor de intelectuales anti-intelectuales, como me gusta llamarlos.

La abrumadora mayoría de partidarios del estado no son estatistas filosóficos, es decir, sólo por el hecho de haber pensado en el asunto. La mayoría de la gente no piensa mucho en cuestiones filosóficas. Se limitan a vivir su vida diaria, y eso es todo. Así que gran parte del apoyo tiene su origen en el solo hecho de que el estado existe y ha existido siempre, en la medida de lo uno puede recordar (que generalmente no va más allá del período de su propia vida). Es decir, el mayor logro de los intelectuales estatistas es haber cultivado la pereza intelectual (o la incapacidad) natural de las masas y nunca haber permitido que el tema fuera objeto de un debate serio. El estado es considerado como parte intocable del tejido social.

La primera y principal tarea de los intelectuales anti-intelectuales, entonces, es contrarrestar esta somnolencia dogmática de las masas, ofreciendo una definición precisa de estado, como lo he hecho al inicio, y a continuación, preguntar si no hay algo verdaderamente notable, raro, extraño, perturbador, grotesco, de hecho ridículo, en una institución como ésta. Estoy seguro de que esa simple definición producirá serias dudas con respecto a una institución cuya necesidad anteriormente se daba por sentada.

Más aún, principiando con los argumentos menos sofisticados en favor del estado (sin embargo, y no accidentalmente, los más populares) y llegando hasta los más sofisticados: en la medida en que los intelectuales han considerado necesario argumentar a favor del estado, su argumento más popular, ya conocido en edades de jardín infantil, dice mas o menos así: algunas actividades del estado no son sólo las de construir carreteras, escuelas, colegios, sino, además, las de entregar el correo y situar la policía en las calles. Imagínese que no hubiera estado. No tendríamos entonces estos servicios. Por lo tanto el estado es necesario.

A nivel universitario se presenta una versión ligeramente más sofisticada del mismo argumento. Y empieza diciendo algo así: es cierto que los mercados son inmejorables para proporcionar muchas, incluso la mayoría de las cosas, pero hay otros bienes o servicios que los mercados no pueden proporcionar en cantidad o calidad suficientes. Estos otros, llamados bienes públicos, son bienes o servicios que otorgan beneficios a personas más allá de quienes realmente los producen o pagan por ellos. Se destacan especialmente entre éstos los de educación e investigación. Educación e investigación, por ejemplo, se argumenta, son bienes sumamente valiosos. Sin embargo estarían sub-producidos a causa de los free riders, es decir, de tramposos, que se benefician, por medio del llamado efecto vecindario, de la educación y la investigación sin pagar por ellas. Por lo tanto, es necesario que el estado provea bienes (públicos) que de otra manera estarían sub-producidos o no producidos, tales como la educación y la investigación.

Estos argumentos estatistas pueden ser refutados con una combinación de tres ideas fundamentales: En primer lugar, en el argumento del jardín infantil, del hecho que el estado produzca carreteras y escuelas no se deduce que sólo el estado puede proporcionar este tipo de bienes. La gente tiene poca dificultad en reconocer que esto es una falacia. Del hecho que monos puedan montar en bicicleta no se deduce que sólo los monos puedan montar en bicicleta. Y en segundo lugar, inmediatamente después, hay que recordar que el estado es una institución que puede legislar y cobrar impuestos, y por lo tanto, que los agentes del estado tienen poco incentivo para producir de manera eficiente. Sólo que las carreteras y escuelas del estado serán entonces más costosas y de menor calidad. Porque siempre hay la tendencia a que los agentes del estado utilicen la mayor cantidad de recursos posibles al hacer lo que hacen pero además trabajando lo menos posible.

En tercer lugar, los más sofisticados argumentos estatistas involucran la misma falacia ya encontrada a nivel de jardín infantil. Pero incluso si uno estuviera dispuesto a conceder el resto del argumento, aún es una falacia concluir del hecho que los estados proporcionan bienes públicos, que sólo los estados puedan hacerlo.

Más importante aún, debe señalarse que toda la argumentación demuestra un total desconocimiento de la realidad más fundamental de la vida humana: es decir, la escasez. Cierto, los mercados no proveerán todas las cosas que uno pueda desear. Siempre habrá deseos insatisfechos, puesto que no habitamos el Jardín del Edén. Pero para lograr traer a existencia tales bienes no-producidos, deben gastarse recursos escasos, que en consecuencia ya no se podrán utilizar para producir otras cosas, igualmente deseables. Que existan bienes públicos junto a bienes privados no importa en este sentido, la escasez en si misma permanece sin cambio: más bienes públicos sólo pueden existir a expensas de menos bienes privados. Sin embargo, lo que es necesario demostrar es que un bien es más importante y valioso que otro. Esto es lo que se entiende por economizar. Sin embargo, ¿puede el estado ayudar a economizar recursos escasos? Esta es la pregunta que debe responderse. De hecho, sin embargo, existen pruebas concluyentes de que el estado no economiza y no puede economizar: porque con el fin de producir cualquier cosa, el estado tiene que recurrir al cobro de impuestos (o a legislar), lo que demuestra irrefutablemente que sus súbditos no quieren lo que el estado produce, sino que prefieren en su lugar otra cosa como más importante. En lugar de ahorrar, el estado sólo puede re-distribuir: puede producir más de lo que el estado quiere y menos de lo que la gente quiere y, se debe recordar, cualquier cosa que el estado produzca lo hará de manera ineficiente.

Por último, es necesario examinar brevemente el más sofisticado argumento en favor del estado. Después de Hobbes este argumento se ha repetido sin cesar. Dice así: En la etapa natural, antes de la creación de un estado, reina permanentemente el conflicto. Todo el mundo reclama derecho a todo, y el resultado es una guerra interminable. No hay forma de salir de este predicamento por medio de acuerdos porque, ¿quien hará cumplir tales acuerdos? Siempre que la situación apareciera ventajosa, una o ambas partes romperían el acuerdo. Por lo tanto, las personas reconocen que no hay más que una solución para el desiderátum de la paz: la creación, por acuerdo, de un estado, es decir, un tercero independiente, como juez y ejecutor de última instancia.

Sin embargo, si esta tesis es correcta, y todo acuerdo requiere un ejecutor externo que lo haga cumplir, entonces un estado por acuerdo nunca podría llegar a existir. Porque con el fin de hacer cumplir el acuerdo que debe desembocar en la creación de un estado (para hacer vinculante este acuerdo), sería necesaria la intervención de otro ejecutor externo, un estado previamente existente. Y para que este estado llegase a existir, aún antes otro estado debía haber sido postulado, y así sucesivamente, en una regresión infinita.

Por otra parte, si aceptamos que existen estados (y, por supuesto, existen), entonces este mismo hecho contradice la afirmación Hobbesiana. El propio estado ha llegado a existir sin ningún ejecutor externo. Presumiblemente, en el momento del supuesto acuerdo, no existía un estado previo. Por otra parte, una vez que un estado por acuerdo entra en existencia, el orden social resultante aún sigue siendo una auto-imposición. Para estar seguros, si A y B están de acuerdo en algo, sus acuerdos tienen fuerza vinculante por acción de un agente externo. Sin embargo, el propio estado no ha sido vinculado por ningún ejecutor externo. No existen terceros externos en lo concerniente a conflictos entre estado y súbditos así como tampoco existen para los conflictos entre los distintos agentes u organismos estatales. En lo referente a acuerdos hechos por el estado con respecto a sus ciudadanos o en los de una agencia estatal con respecto a otra, es decir, acuerdos de este tipo sólo pueden ser auto-impuestos por el estado. El estado no está obligado por nada, excepto por sus propias normas, aceptadas y aplicadas por si mismo, es decir, son limitaciones que se auto-impone. Con respecto a sí mismo, por así decirlo, el estado se encuentra todavía en un estado natural de anarquía caracterizado por regulaciones y deberes auto-impuestos, porque no hay estado superior que pueda obligarlo.

Además, si aceptamos la idea hobbesiana de que la aplicación de reglas mutuamente convenidas requiere la intervención de un tercero independiente, esto en realidad excluiría el establecimiento de un estado. De hecho, constituiría un argumento concluyente contra la institución de un estado, es decir, contra la institución de un monopolio de toma final de decisiones y arbitraje. Porque entonces también debe existir un tercero independiente para decidir cada caso de conflicto entre nosotros (ciudadanos particulares) y cualquier agente del estado, y en igual forma también debe existir un tercero independiente para todos los casos de conflicto intra-estatal (y debe haber otra tercera parte independiente para el caso de conflictos entre los diversos terceros), sin embargo, esto significa, por supuesto, que ese estado (o cualquier tercero independiente) sería no estatal, de acuerdo a la definición inicial que presentamos anteriormente, sino simplemente uno de los otros muchos terceros, en libre competencia, que funcionan como árbitros de conflicto.

Permítaseme concluir entonces: el caso intelectual contra el estado parece ser fácil y sencillo. Pero eso no quiere decir que en la práctica sea fácil. Sin duda, casi toda las personas están convencidas que el estado es una institución necesaria, por las razones que he indicado. Por lo tanto, es muy dudoso que la batalla contra el estatismo se pueda ganar tan fácil como podría parecer, al nivel intelectual y puramente teórico. Sin embargo, incluso si resultara ser imposible, al menos, divirtámonos un buen rato a costa de nuestros oponentes estatistas. Y para ello sugiero que siempre, persistentemente, se los enfrente con el siguiente desafío: supongamos un grupo de personas, conscientes de la posibilidad de conflicto entre ellas, y que alguien propone como solución a este eterno problema humano, que tal individuo sea designado como árbitro de última instancia, en cualquier caso de conflicto, incluidos aquellos conflictos en los que esa misma persona esté involucrada. Estoy seguro de que tal sujeto será considerado como un bromista o como una persona mentalmente inestable y, sin embargo esto es precisamente lo que todos los estatistas proponen.

23 de Junio de 2008

 

Hans-Hermann Hoppe es un distinguido colega del Ludwig von Mises Institute, fundador y presidente de la Sociedad Propiedad y Libertad.

Sus libros incluyen La Democracia: El Dios que se Apaga y El mito de la Defensa Nacional.  

Visita su página web. www.hanshoppe.com

 

TRADUCIDO DEL INGLÉS AL ESPAÑOL POR RODRIGO DÍAZ

 

Copyright © 2008 por Hans-Hermann Hoppe

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FUNDAMENTOS de la Sociedad "Propiedad y Libertad" – Property and Freedom Society

 

Declaración inaugural de la reunión en Bodrum, Turquía, mayo 2006

La Sociedad “Propiedad y Libertad” (Property and Freedom Society) se manifiesta por un radicalismo intelectual sin compromisos: en defensa de la propiedad privada justamente adquirida, la libertad de contratos, la libertad de asociación, que lógicamente implica el derecho de no asociarse con (o discriminar contra) cualquiera, en los asuntos personales, así como un libre comercio sin condiciones. Condena el imperialismo y el militarismo y a quienes los fomentan, y lucha por la paz. Rechaza el positivismo, el relativismo y el igualitarismo en cualquiera de sus formas, ya sea de resultados o de oportunidad, y tiene un manifiesto distanciamiento de los políticos y la política. Como tal, busca evitar cualquier asociación con las políticas y propuestas de los intervencionistas, que Ludwig von Mises identificó en 1946 como el error fatal, en el plan de muchos antecedentes y contemporáneos intentos de los intelectuales, alarmados por la creciente ola de socialismo y totalitarismo, que se encuentra en el movimiento ideológico antisocialista. Mises escribió: “Lo que no comprendieron estos asustados intelectuales era que todas esas medidas de interferencia gubernamental en los asuntos que ellos defienden son abortivas… No hay tercera vía. O los consumidores son soberanos, o lo es el Gobierno”.

Como libertarios culturalmente conservadores, estamos convencidos de que el proceso de descivilización ha alcanzado un punto de crisis y que es nuestro deber moral e intelectual llevar a cabo un serio esfuerzo de reconstruir una sociedad libre, próspera y moral. Es nuestra profunda creencia que una aproximación desde el radicalismo políticamente intransigente es, en el largo plazo, el camino más seguro para nuestro querido objetivo de un régimen totalmente libre de trabas a la libertad individual y a la propiedad privada. En esa búsqueda de un nuevo comienzo joven y radical, nos dirigimos a esas viejas y olvidadas palabras de Friedrich A. Hayek: “Debemos tomar la construcción de una sociedad libre de nuevo como una aventura intelectual, un acto de coraje. Lo que nos falta es una utopía liberal, un programa que no parezca ni una mera defensa de las cosas como están ni una forma diluida de socialismo, sino un verdadero radicalismo liberal que no excuse las susceptibilidades de los poderosos… que no es practicado demasiado concienzudamente y que no se conforma con lo que aparece hoy como políticamente imposible. Necesitamos líderes intelectuales que estén preparados para resistir las lisonjas del poder y la influencia, y que estén dispuestos a trabajar por un ideal, por muy escasas que sean las perspectivas de su pronta realización. Han de ser hombres que estén dispuestos a aferrarse a los principios y a luchar por su plena realización, aunque fuere remota… A no ser que seamos capaces de hacer de los fundamentos filosóficos de una sociedad libre de nuevo un asunto intelectual vivo, y su puesta en práctica una tarea que rete la imaginación y el genio de nuestras mentes más despiertas, las perspectivas para la libertad serán muy oscuras. Pero si podemos recuperar esa fe en el poder de las ideas que fue la característica del mejor liberalismo, la batalla no está perdida”.

http://www.propertyandfreedom.org/2.html

TRADUCCIÓN DE RODRIGO BETANCUR

 

 

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Monarquía, Democracia y Orden Natural

 

 

 

Hans-Hermann Hoppe

Teoría e historia

Quisiera mostrarles, en un plano de abstracción superior, de qué modo la teoría resulta imprescindible para interpretar correctamente la historia. La Historia -la secuencia de acontecimientos que se desenvuelven en el tiempo- es «ciega». Nada nos dice sobre las causas y los efectos. Podríamos estar de acuerdo, por ejemplo, en que la Europa feudal era pobre, la Europa monárquica era más rica y la democrática lo es aún más. Ahora bien, ¿quiere ello decir que Europa era pobre a causa del feudalismo y que se enriqueció a causa de la monarquía y la democracia o, más bien, que Europa se enriqueció a pesar de estas formas de gobierno?

Los historiadores qua historiadores no pueden responder a este tipo de interrogantes y no hay datos estadísticos, por muchos que estos sean, capaces de alterar este hecho. Toda secuencia de acontecimientos resulta compatible con un número indeterminado de interpretaciones rivales y mutuamente incompatibles.

Para decidirnos por una de esas interpretaciones incompatibles necesitamos, en rigor, una teoría. Por teoría entiendo yo una proposición cuya validez no depende de la experiencia ulterior, sino que puede ser establecida a priori. Ello no quiere decir que cualquiera sin una experiencia general pueda establecer una proposición teorética. Ahora bien, incluso si la experiencia es necesaria, la visión teórica se extiende, trascendiéndola, más allá de la experiencia histórica particular. Las proposiciones teóricas tienen que ver con hechos y relaciones necesarios y, por consecuencia, con ciertas imposibilidades. La experiencia puede ilustrar la teoría, pero nunca la experiencia histórica podrá establecer o refutar un teorema.

La Escuela Austriaca

La teoría económica y política, sobre todo la desarrollada por la escuela austriaca, es un verdadero tesoro de proposiciones de este tipo. Por ejemplo, que una mayor cantidad de un bien resulta preferible a una cantidad menor de ese mismo bien; que la producción necesariamente precede al consumo; que sin propiedad privada de los factores de la producción no se puede conocer el precio de los factores y que sin el precio de los factores es imposible la contabilidad de costes; que un incremente en la oferta de papel moneda no puede hacer que aumente la riqueza social total, sino únicamente redistribuir la riqueza existente; que ninguna cosa o parte de ella puede ser poseída exclusivamente por más de una persona al mismo tiempo; que la democracia, en el sentido del gobierno de la mayoría, y la propiedad privada son incompatibles.

La teoría, evidentemente, no es un sustituto de la historia, pero sin un firme asidero teórico no se podrán evitar graves errores en la interpretación de los datos históricos.

Revisionismo histórico

Pertrechado con una teoría económica y política fundamental, presentaré a continuación una reconstrucción revisionista de la moderna historia occidental: del auge de los Estados absolutistas a partir de los órdenes feudales aestatales; de la transformación de los Estados monárquicos en Estados democráticos, proceso inaugurado en el mundo occidental por la Revolución francesa y concluido al final de la Gran guerra; del ascenso de los Estados Unidos al rango de «imperio universal». Los escritores neoconservadores como Francis Fukuyama suelen interpretar este desarrollo como un progreso de la civilización, proclamando que, con el triunfo de la democracia occidental (al modo norteamericano) y su globalización (para hacer el mundo más seguro para la democracia), ha llegado el «fin de la Historia».

Primer mito

Mi interpretación teórica es radicalmente distinta. Ello implica la demolición de tres mitos históricos. El primero y más importante es el mito de que el desenvolvimiento de los Estados a partir de un orden anterior no estatal ha determinado el progreso económico y de la civilización. En realidad, la teoría dictamina que el progreso tiene lugar a pesar -no a causa- de la fundación del Estado.

Un Estado se define convencionalmente como una agencia que ejerce el monopolio territorial compulsivo de la decisión soberana (jurisdicción) y la imposición fiscal. Por definición, todo Estado, con independencia de su constitución, resulta ser económica y éticamente deficiente. Todo monopolista es «perverso» desde el punto de vista de los consumidores. Por monopolio se entiende la ausencia de entrada libre en un sector concreto de la producción: sólo una agencia, A, puede producir X.

Todo monopolio es «malo» para los consumidores, pues al estar blindado contra la incorporación de potenciales rivales en un sector, el precio de sus productos será más elevado y la calidad más baja que si el derecho de entrada fuese libre. Así pues, un monopolista del poder soberano será todavía más perverso. Mientras que otros monopolistas producen bienes de inferior categoría, un poder jurisdiccional monopolista, además, producirá males, pues quien decide en última instancia en caso de conflicto tiene también la última palabra en todo conflicto que le afecta. Consecuentemente, a pesar de la prevención y resolución de conflicto, un monopolista de la última instancia de la decisión causará y provocará conflictos precisamente para establecer el monopolio en su propio beneficio.

No se trata sólo de que nadie querría aceptar semejante monopolio jurisdiccional, sino que nadie, en ningún caso, estaría de acuerdo con una provisión de decisiones jurisdiccionales que permitiera al juez determinar unilateralmente el precio que debe pagarse por ese «servicio». Previsiblemente, semejante monopolista destinaría cada vez más recursos (procedentes de la imposición sobre las rentas) para producir cada vez menos bienes y cometer cada vez más infamias. Esta asignación de recursos no atendería a la protección de los ciudadanos, sino a su opresión y explotación. La resultante del Estado no es, pues, la cooperación pacífica y el orden social, sino el conflicto, la provocación, la agresión, la opresión, la depauperación, en suma, la descivilización. Sobre lo cual, después de todo, nos ilustra la historia de los Estados, que no es otra cosa que la historia de los millones de víctimas inocentes del Estado.

Segundo mito

El segundo mito se refiere a la transición histórica de las monarquías absolutas a los Estados democráticos. No son únicamente los neoconservadores los que interpretan esta mutación como un progreso, pues existe un acuerdo cuasi universal en reconocer que la democracia representa, frente a la monarquía, un avance y que es la causa del progreso económico y moral.

La teoría contradice esta interpretación, pues si bien todo Estado, sea monárquico o democrático, es deficiente, la democracia es mucho peor que la monarquía.

En términos teóricos, la transición de la monarquía a la democracia implica nada más y nada menos que el «propietario» de un monopolio hereditario -príncipe o rey- es sustituido por el monopolio de los «custodios» o representantes democráticos (caretakers) -presidentes, jefes de gobierno y parlamentarios, todos ellos temporales e intercambiables-. Tanto los reyes como los presidentes producen males, pero como quiera que un rey es el «propietario» de un monopolio que puede vender o legar, se ocupará de las repercusiones de sus acciones sobre el valor de su capital. Como propietario del capital de «su» territorio, el rey, comparado con los curadores democráticos, estará orientado al futuro (baja preferencia temporal). Para preservar o aumentar el valor de su propiedad, el rey explotará moderada y calculadamente su patrimonio. Por el contrario, un representante democrático provisional e intercambiable no es el propietario del país, pero mientras se desempeñe en su cargo podrá usarlo en su propio beneficio. De este modo se dedicará a una explotación a corto plazo del mismo (elevada preferencia temporal), realizada sin tener en cuenta el valor del capital.

Tampoco parece que sea una ventaja de la democracia el hecho de que en estos regímenes exista el derecho de entrada libre al gobierno (mientras que bajo la monarquía la entrada queda sometida a la discrecionalidad del rey). Al contrario, únicamente la competencia en la producción de bienes es una cosa buena. La competencia en la producción de males no es buena; de hecho se trata de una perversión completa. Los reyes, que alcanzaron su posición en razón de su nacimiento, puede que fuesen unos diletantes inofensivos o unos hombres decentes (pues si fueran unos «locos» lo normal es que la gente cercana y concernida por el patrimonio dinástico le contuvieran en seguida o, llegado el caso, le asesinaran). En agudo contraste, la selección de los gobernantes mediante elecciones populares hace imposible que una persona inofensiva o decente pueda llegar a lo más alto del gobierno alguna vez. Los presidentes y los jefes de gobierno se alzan con sus magistraturas como consecuencia de su gran eficacia como demagogos moralmente desinhibidos. Por eso, la democracia es el régimen que asegura que únicamente los tipos peligrosos llegan arriba.

Concretamente, la democracia es vista como la causante de la elevación de la preferencia temporal social (orientación al presente) o de la «infantilización» de la sociedad. Ello se refleja en el continuo aumento de los impuestos, del dinero fiduciario y el papel moneda inflacionario, en la expansión del azote de la legislación motorizada y en la cada vez mayor «deuda» pública. Del mismo modo, la democracia determina la disminución del ahorro, el aumento de incertidumbre legal y la confiscación de los ingresos personales y su redistribución. Implica además la «ocupación» legislativa de la propiedad de unos cuantos -los poseedores (The haves)- y su «transferencia» a los demás -los desposeídos (The have-nots)-. En la medida en que las gentes puedan aspirar a la redistribución de cualquier cosa valiosa -aquello que los poseedores tienen en gran cantidad, pero no los desposeídos-, semejante posibilidad redistributiva se convertirá en un poderoso incentivo para que el valor o la producción de las cosas se reduzcan drásticamente. En otras palabras, la proporción de gente poco recomendable aumentará, así como la de los tratos, hábitos y conductas dudosas, de modo que la vida social se embrutecerá progresivamente.

Finalmente, la democracia puede describirse también como la causante de una profunda mutación en la conducción de la guerra. Dado que las democracias pueden externalizar los costes de su agresión contra terceros (vía impuestos), ello determina que tanto los reyes como los presidentes sean más agresivos y belicosos de «lo normal». Sin embargo, la motivación que hace que un rey vaya a la guerra es típicamente una disputa por la propiedad de una herencia. El objetivo de esa guerra es algo tangible, de naturaleza territorial, a saber: el dominio eminente sobre una región y sus habitantes. Para alcanzar esa meta le interesa distinguir entre combatientes (sus enemigos y objetivos del ataque) y no combatientes y sus propiedades (que quedarán al margen de la guerra los daños que esta inflige). Fue la democracia el régimen que transformó las guerras limitadas de los reyes en guerras totales. En esta nueva etapa, las guerras se hicieron ideológicas, librándose en nombre la democracia, la libertad, la civilización o la humanidad. Los objetivos eran ya, pues, intangibles y difíciles de aprehender: la «conversión» ideológica de los perdedores precedida de la rendición «incondicional» (la cual, dado que nunca se puede estar seguro de la sinceridad de la conversión, puede llegar a exigir medios como el asesinato masivo de civiles). Al mismo tiempo, con la democracia se desdibujó, hasta desaparecer, la distinción entre combatientes y no combatientes; finalmente, la implicación de las masas en la guerra -impulsada por la conscripción militar obligatoria- y los «daños colaterales» se convirtieron en parte importante de la estrategia bélica.

Tercer mito

Por último, el tercero de los mitos que deben ser erradicados es la presunción de que no existe una alternativa a las democracias sociales occidentales según el modelo de los Estados Unidos. De nuevo, la teoría indica algo muy distinto. De entrada, esta creencia es falsa, pues el moderno Estado de bienestar no es un sistema económico «estable». Esta abocado al colapso bajo el peso de su gravosa estructura parasitaria, lo mismo que socialismo de estilo ruso se desplomó hace una década. Mas existe una alternativa estable a la democracia. El término que yo propongo para esa alternativa es el de «orden natural».

En un orden natural todo recurso escaso, incluida toda la tierra, es poseído privadamente; toda empresa depende de los consumidores que voluntariamente adquieren sus productos o de los donantes privados y el derecho de entrada en un sector de la economía, incluido el de la protección de la propiedad, el arbitraje de conflictos y la pacificación, es libre.

Mientras que los Estados desarman a sus ciudadanos para poder robarles mejor (con lo que les hacen más vulnerables también al ataque criminal o terrorista), un orden natural se caracteriza por una ciudadanía armada. Este es precisamente el rasgo distintivo de las compañías de seguros, que desempeñarían un prominente papel como proveedoras de seguridad y protección en un orden natural. Los aseguradores animarían a la gente a poseer armas de fuego, bajando las primas a sus clientes armados y entrenados en el uso de estos instrumentos. Por su naturaleza, los aseguradores son agencias defensivas. Únicamente los daños «accidentales» son «asegurables», no los autoinfligidos o los causados o provocados por el individuo. En un orden natural, los agresores y provocadores serían excluidos de la cobertura, lo que les debilitaría. Puesto que los aseguradores estarían obligados a indemnizar a sus clientes en caso de ser victimados, tendrían que ocuparse permanentemente de la prevención de las agresiones criminales, del rescate de los bienes expropiados y de la captura de los responsables de los daños en cuestión.

Por otro lado, la relación entre el asegurador y su cliente sería contractual. Las reglas del juego serían mutuamente aceptadas y fijadas. Un asegurador no podría «legislar» o alterar unilateralmente los términos del contrato. Así, un asegurador deseoso de atraerse una clientela, tendría que ofrecer en sus contratos una cobertura para la previsible contingencia del conflicto, pero no sólo en el caso de que este se produzca entre sus propios clientes, sino sobre todo con los clientes de otros aseguradores. La única provisión que cubriría satisfactoriamente esta última contingencia sería que cada asegurador se ligara contractualmente al arbitraje de un tercero independiente. Sin embargo, no valdría cualquier tipo de arbitraje. Los aseguradores en conflicto tendrían que estar de acuerdo en el árbitro y agencia de arbitraje y precisamente para que los aseguradores reconozcan al árbitro, este tendría que producir un producto (un procedimiento legal y un juicio sustantivo) capaz de suscitas el consenso moral más amplio posible tanto entre los aseguradores como entre los clientes. Así pues, en contra de las condiciones impuestas por el estatismo, un orden natural se caracterizaría por un derecho predecible y estable y por una creciente armonía jurídica.

Estrategia

Proceden ahora, como conclusión, unos cuantos comentarios sobre los problemas estratégicos. ¿Cómo puede transformarse un Estado centralista y democrático en un orden natural? Ciertamente, el Estado centralista y democrático no se autoabolirá democráticamente. He aquí la respuesta: mediante la secesión como etapa intermedia y decisiva hacia la meta última de la privatización total.

Un gobierno central que gobierna vastos territorios -y con más razón una superpotencia y, en última instancia, un único gobierno mundial- no puede aparecer ab ovo. Al contrario, todas las instituciones con poder fiscal y reglamentario sobre los propietarios particulares comenzaron a desarrollarse a pequeña escala. Ello supuso cientos de años y guerras interestatales sin cuento antes de que se alcanzara el actual grado de centralización política.

Para sustituir al Estado democrático por un orden natural, el proceso de expansión y centralización territorial, inherente a la naturaleza del Estado, debe ser revertido. El Estado central tiene que descomponerse en sus partes constituyentes. Así, en vez de un «Orden Mundial» (inevitablemente controlado por los Estados Unidos), tendríamos un mundo basado en decenas de miles de diversos países, regiones o cantones y cientos de miles de ciudades libres independientes como las hoy pintorescas Mónaco, Andorra, San Marino, Liechtenstein, Hong-Kong, Singapur, Bermuda, etc.

Los apologetas de un Estado central y de la centralización política (como los Estados Unidos) argumentan que este mundo que yo defiendo conduce a la desintegración y al empobrecimiento. Sin embargo, la reflexión teórica demuestra que esa aspiración no es más que otro mito estatista. Estimo que el resultado sería exactamente el contrario.

Los pequeños gobiernos tienen muchos competidores próximos. Si se nota demasiado que gravan a sus propios súbditos y les complican la vida con reglamentaciones más que sus competidores, quedarán expuestos a sufrir la emigración del trabajo y el capital. Además, cuanto más pequeño es un país, mayor será la presión para optar por el librecambio en vez del proteccionismo. Toda interferencia gubernativa en el comercio internacional causa un empobrecimiento relativo, tanto dentro del país como fuera. Pero cuanto más pequeño sean un territorio y su mercado interior, más dramático será ese efecto. Si los Estados Unidos adoptaran el proteccionismo, el nivel de vida norteamericano se desplomaría, pero nadie perecería. Sin embargo, si una simple ciudad, digamos Mónaco, hiciera lo mismo, desaparecería casi inmediatamente. Supongamos que una hacienda sencilla es la unidad secesionista más pequeña concebible. Si adoptara el librecambio sin restricciones, incluso el más pequeño territorio sería capaz de integrarse plenamente en el mercado mundial, participando de todas las ventajas de la división del trabajo. Sus propietarios serían así la gente más rica de la tierra. Por otro lado, si los propietarios de esta misma hacienda decidieran prescindir del comercio interterritorial, la más abyecta pobreza y la muerte se abatirían sobre ellos. Según esto, cuanto más pequeño es un territorio y su mercado interior, más probable es que opte por el librecambio.

Además, y esto es algo que ahora no puedo explicar con detalle, sino tan sólo indicar, la secesión promueve la integración monetaria, conduciendo a la sustitución del actual sistema monetario de moneda papel nacional fluctuante por un patrón de dinero-mercancía totalmente ajeno al control del gobierno. En suma, el mundo estaría constituido por pequeños gobiernos liberales, económicamente integrados gracias al librecambio y a un dinero-mercancía internacional como pueda serlo el oro. Ese sería un mundo de una prosperidad, un crecimiento económico y un avance cultural inauditos.

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GOTTERDÄMMERUNG

  

 

El crepúsculo de la deuda Irredimible

 

por Antal E. Fekete – Universidad Viva del Patrón Oro

28 de abril de 2008

La ópera Gotterdämmerung de Wagner, es acerca del crepúsculo de los dioses paganos. El más potente de los dioses paganos de los últimos días, el que ha guiado los destinos de la humanidad durante los últimos cuarenta años, es el de la Deuda Irredimible. Antes de agosto 14 de 1971 las deudas eran obligaciones, y la palabra “bond” (que se puede traducir como cadena, del Inglés al Español), tenía el sentido de lo que literalmente significa: lo contrario de la libertad. El privilegio de emitir deuda tiene su correspondiente responsabilidad: la de reembolsar.

En ese fatídico día todo lo que había sido cambió con un golpe de la pluma. El Presidente Nixon abrazó la espinosa teoría de Milton Friedman y declaró el irredimible dólar una Mónada, es decir, una cosa que existe en sí y por sí misma. De acuerdo con esta teoría el gobierno tiene el poder de crear deuda inconvertible- la deuda que nunca necesita ser reembolsada y aún así no pierde su valor – con sujeción únicamente a una “regla de cantidad”, por ejemplo, no debe ser aumentada en más de un 3 por ciento por año. Esta idea es tan ridículamente tonta que “sólo hombres muy versados la pudieron haber pensado”. Si el ladrón roba modestamente, entonces no será detectado. Nunca ocurrió a los profesores de economía y a los periodistas financieros que modesto y ladrón son términos contradictorios. ¿Cómo llegaron a creer en una deuda inconvertible? La explicación muy probablemente se encuentre en el dicho de Schiller: “Toda persona , como individuo, es tolerablemente sensata y razonable. Pero como miembro de una multitud – se convierte inmediatamente en un cabeciduro”. Los profesores de economía y los periodistas financieros no son la excepción.

Durante un tiempo pareció que Milton Friedman tenía razón. El mundo ha llegado a dedicarse a la tesis de que es posible, e inclusive deseable, hacer crecer la deuda inconvertible con el fin de hacer prosperar la economía. Olvídese de la falta de pago del gobierno de los EE.UU., en una deuda irrevocable presentada al cobro por extranjeros. No importan las víctimas del robo. Gracias a la regla de la cantidad, nunca notarán la diferencia.

A pesar de todos sus seductores atractivos la economía Friedmanita está haciendo caso omiso del efecto de la deuda inconvertible sobre la productividad. Vigila la relación deuda/PIB y está feliz siempre y cuando esta relación se mantenga bien por debajo del 100%. Sin embargo, lo que debe observarse es la relación de deuda adicional a PIB adicional. Según ese indicador la condición del paciente podría diagnosticarse como anemia perniciosa. Empezó inmediatamente después que la deuda en dólares en el mundo se convirtió en una deuda irredimible. El aumento en el PIB provocada por la adición de $1 de deuda nueva a la economía se llama productividad marginal de la deuda. Esta relación es la única que importa para juzgar la calidad de la misma. Después de todo, el propósito de contraer deudas es aumentar la productividad. Si el volumen de la deuda se eleva más rápidamente que el ingreso nacional, se están cocinando problemas grandes, los cuales sólo la productividad marginal de la deuda es capaz de revelar.

Antes de 1971 la introducción de $1 en deuda nueva podía aumentar el PIB en hasta $3 o más. Desde 1971 esta proporción inició su abrupta caída la cual ha continuado hasta el día de hoy sin interrupción. Fue negativo en 2006, previendo la crisis financiera que estalló un año después. La razón de la disminución es que la deuda inconvertible causa la destrucción del capital. Nada añade a la cuota per cápita de capital invertido en apoyo a la producción. De hecho, hasta puede retirarse de ella. Al desplazar el capital real que representa el empleo de más y mejores herramientas, la productividad disminuye. A diferencia de los seres humanos, no se puede estafar a las leyes de la física. La deuda inconvertible sólo puede crear la apariencia de capital.

Al confundir capital y crédito, la economía Friedmanita destruye la verdad. Hace que desaparezcan los costos de funcionamiento del tiovivo que genera la deuda. Hace invisible la destrucción del capital. El stock de capital acumulado que apoya la producción mundial, por grande que sea, no es inagotable. Cuando se haya agotado, la música se detiene y el tiovivo se detiene con un sonoro chirrido de frenos. No sucede en todas partes todo al mismo tiempo, pero sucederá en todas partes, tarde o temprano. Cuando lo haga, la Swissair cae del cielo, la Enron cae de bruces-, y a Bear Sterns lo traga la tierra.

La productividad marginal de la deuda es un capataz poco imaginativo. Insiste que la nueva deuda se justifique con un aumento mínimo en el PIB. Si no es así sigue la destrucción del capital – un proceso bastante perverso. En un primer momento, no hay señal de problemas. Hasta puede verse el cuadro más alegre que nunca. Pero las semillas de la destrucción inevitablemente, aún siendo invisibles, han surgido y en un momento dado paralizarán el crecimiento y la producción ulteriores. Negar esto equivale a negar la ley más fundamental del universo: la Ley de la Conservación de la energía y de la materia.

Los dirigentes del sistema bancario en efecto niegan y desafían esta ley básica. Están guiando a una multitud ciega de gentes mermerizadas hasta un borde donde el impulso, o la inercia, puede empujar a la mayoría de ellas al abismo, a su destrucción financiera. Sin embargo, ninguna universidad en el mundo ha expresado advertencia alguna, ni ningún tribunal de justicia ha admitido oír acusaciones de aquellas personas o instituciones que dicen que la emisión de deuda inconvertible es una vulgar forma de fraude, y que piden castigo para los estafadores que la emitan, bien sea que estén en la Tesorería o en el Banco Central. El comportamiento de las universidades y de los tribunales a este respecto no podría ser más censurable. En lugar de actuar para proteger a los débiles actúan para encubrir el saqueo de los poderosos.

El discreto comienzo de la deuda inconvertible ha florecido en un colosal edificio, una fantástica torre de deuda que está condenada a caer sobre la complacencia y la apatía prevalentes. En realidad “torre” es un nombre bastante inapropiado, lo que tenemos, mas bien, es una pirámide invertida, una superestructura amplia, y en expansión, en equilibrio precario sobre una pequeña, y cada vez menor, fundación de oro – el único activo en existencia con poder para reducir la deuda bruta. La construcción no tiene precedentes en la historia, ni lugar en la teoría, bien sea Ricardiana, Walrasiana, Marxista, Keynesiana o Austríaca. Como cuestión de hecho, nadie está analizando el proceso. La investigación ha sido declarada tabú por quienes detentan el poder, por miedo a que el diagnóstico revele la presencia del cáncer causado por la inconvertibilidad. No se conoce ningún patrón o modelo aplicable a su mecanismo en términos de análisis del equilibrio. Surgen dos conclusiones negativas. Una de ellas es que el edificio de la deuda inconvertible debe crecer a un ritmo acelerado a medida que proliferan los mercados de derivativas que ofrecen ‘seguros’ a los titulares de la deuda. El asegurador de la deuda también debe estar asegurado, al igual que el asegurador de los aseguradores, y así sucesivamente, ad infinitum. Esto se debe a que el riesgo de colapso del valor de los bonos ha sido creado por el hombre. En cambio, el riesgo de cambio en los precios de los productos agrícolas básicos es creado por la naturaleza, y el mercado de futuros ofrece seguros, sin necesidad de re-aseguramiento. La otra conclusión es que el voluminoso tamaño de la estructura de la deuda excluye la posibilidad de una corrección normal: una gran liquidación haría que parecieran diminutas las calamidades de la Gran Depresión.

Es delirio pensar que el gobierno puede inundar de deuda todo el panorama económico para cubrir sus fallas, y como consecuencia de ello cosechar una prosperidad eterna. La estimulación y el apalancamiento de la deuda siempre han dado impulso a los mercados de valores accionarios, y es por eso que el impacto de la deuda fue apoyado y magnificado por la aparición de una nueva riqueza de papel la cual, a su vez, aumentó la propensión a gastar, y a pedir prestado aún más. Los empresarios, se supone, que deben ser más realistas en la adquisición de deudas. Sin embargo, el patrón de aumento de la deuda de las empresas también ha cambiado tremendamente. Mientras que tradicionalmente las empresas acostumbran financiar sus necesidades de capital en una proporción de 3 dólares de deuda por cada $1 en inventario, en los años inmediatamente anteriores a 1971 se llegó hasta una proporción de 20 dólares de deuda por cada $1 en inventario, desde ese entonces la relación se ha disparado.

Hemos escuchado argumentos que los economistas por el momento han aprendido a controlar la economía con los llamados estabilizadores incorporados. Se nos dice que, como consecuencia, la deuda ha perdido su aguijón en gran medida. Por ejemplo. los depósitos bancarios pueden estar asegurados ahora. No podían estarlo en la década de 1930. Pero cuando el propio gobierno está sobrecargado de deudas, y presenta déficits como de tiempos de prosperidad, los estabilizadores incorporados podría ser contraproducentes y desestabilizar aún más la economía. El gobierno tiene compromisos tan grandes que su esfuerzo por atajar una depresión en nuestra vasta economía sólo puede resultar en una pérdida de confianza. La retención ansiosa de poder adquisitivo en el sector privado podría sobrepasar con mucho lo que el gobierno pueda añadir. Para empeorar las cosas, los ingresos del gobierno dependen en gran medida de una economía próspera. La magnitud del problema de atajar una depresión es manifiestamente desproporcionada en comparación con los recursos disponibles.

Una de las señales de un gran delirio es que casi todo el mundo tiende a compartirlo. Es una historia triste – todo delirio, a su debido tiempo, da lugar a un brusco despertar. La actitud pública hacia las deudas ha cambiado de manera tan radical desde 1971 que el endeudamiento es hoy, prácticamente, un símbolo de status, en vez de la vergonzosa condición que solía ser en épocas pasadas. Lo más llamativo del retroceso en las actitudes tradicionales de los americanos hacia la deuda es la aceptación generalizada del endeudamiento nacional perpetuo, copia del endeudamiento personal perpetuo – un gravamen sin fin a los ingresos futuros.

Tal vez el peor aspecto del régimen de deuda inconvertible es el bajo nivel moral al que han llegado los gobiernos en la historia moderna. Está caracterizado por una elaborada conspiración de intercambio de cheques sin fondos entre el Tesoro y la Reserva Federal de los EE.UU. Los Bonos del Tesoro, contrariamente a las apariencias, no son más redimibles que los billetes de la Reserva Federal. Todo está en orden y limpio: los billetes están respaldados por bonos y los bonos son canjeables por billetes. Por lo tanto, cada uno se valora en términos de sí mismo, en lugar de valorarse contra un activo externo independiente. Cada una de ellas es una responsabilidad irredimible del gobierno de los EE.UU. Todo el sistema termina convirtiéndose en una farsa. Es el intercambio de cheques sin fondos al más alto nivel. En su madurez los bonos se sustituyen por otro bono con una fecha de vencimiento un poco más lejana, o bien son pagados ostentosamente en moneda inconvertible. El emisor de cualquier tipo de deuda está usurpando un privilegio sin aceptar una obligación compensatoria. Se emiten obligaciones sin tener ninguna responsabilidad sobre su destinación o sobre el efecto que tengan sobre la economía. Además, se involucra un doble código de justicia. Girar cheques sin fondos es un delito en virtud del Código Penal. Claro está, siempre y cuando sea perpetrado por particulares. Ejercido al más alto nivel, el intercambio de cheques sin fondos es la piedra angular del sistema monetario.

Pero nuestro mundo sigue siendo uno de crimen y castigo, que no tolera el doble código. El crepúsculo de la deuda inconvertible está sobre nosotros. La señal es que los bancos se muestran reacios a aceptar pagarés entre ellos. Es significativo que se incluyan también los retiros nocturnos. Los bancos saben que hay deudas peligrosas en gran cantidad, y no quieren llegar a ser víctimas aceptando alguna inadvertidamente. Lo que los bancos no saben todavía, pero muy pronto aprenderán, es que toda deuda inconvertible es mala deuda, y no es posible curar el envenenamiento del sistema mediante la administración de mas veneno.

La convertibilidad de la deuda no es un adorno superfluo. Tiene una función de importancia fundamental: la asignación adecuada de los recursos a través de los distintos canales de utilización. La obligación de canjear la deuda cuelga como una espada de Damocles sobre el gobierno, al igual que sobre la cabeza de cada participante de la economía. Obliga a economizar y a ser previsivos. Compele al equilibrio entre ingresos y gastos. Ajusta reclamos y compromisos. Limita la expansión al poner los recursos fuera del alcance de los incompetentes, y aleja proyectos poco saludables. El régimen de la deuda inconvertible crea una vía de escape en el cumplimiento de los compromisos con la promesa de eliminar la presión por la solvencia. No importa si promete prosperidad eterna, o subvención permanente. El resultado es el mismo. Consiste en engañar a las gentes, atrayéndolas a patinar sobre hielo delgado, y atrayéndolas a aventuras financieras, públicas o privadas, que no se justifican por su capacidad para obtener retornos. La consecuencia lógica es la quiebra de las gentes al por mayor, así como también del entorno político. Las pérdidas engendran más pérdidas, hasta que se conviertan en una avalancha. La crisis actual es sólo la primera señal de tal desenlace. Hay más en camino.

Todavía es posible escapar a la catástrofe que este proceso supondría. La salida es abrir al oro y a la plata la Casa de Moneda de los EE.UU., tal como lo promueve el candidato presidencial doctor Ron Paul. La lógica de este recurso es que podría movilizar recursos potencialmente ilimitados, atados actualmente, en forma inoficiosa, al oro, y re-introducir los medios indispensables a la economía para retirar la deuda.

Adonde iremos si fallamos en regresar al oro? La respuesta corta es: marcharemos hacia el valle de la muerte del colectivismo. La alternativa a la re-introducción de la moneda redimible es que la polilla de la deuda obligará a la recaudación de un tipo de capital-impuesto – como en la época de Solón en el año 594 A.C.

UNIVERSIDAD VIVA DEL PATRÓN ORO

La Cuarta Sesión se llevará a cabo en Szombathely, Hungría (en la Academia Martineum en donde tuvieron lugar las dos primeras sesiones). El tema del Curso de 13 conferencias es El Mercado de los Bonos y el Proceso de Mercado para Determinar la Tasa de Interés (Economía Monetaria 201).

La fecha es: Julio 3 a 6 de 2008. Para más información puede consultar www.professorfekete.com/gsul.asp o póngase en contacto por e-mail con [email protected]. La inscripción puede hacerse por e-mail, mediante el pago de la pre-inscripción. El resto de la cuota de inscripción debe ser abonado al menos 3 semanas antes de que se inicie el período de sesiones.

© 2008 Antal E. Fekete

Universidad Viva del Patrón Oro

 

TRADUCCIÓN DE RODRIGO DÍAZ

 

 

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Propiedad, Causalidad y Responsabilidad

Hans-Hermann Hoppe 

 
I

Dondequiera que haya escasez de recursos en relación con la demanda humana, surge la posibilidad de conflicto. La solución a tales conflictos es la asignación de derechos sobre la propiedad privada – derechos de control exclusivo. Todos los recursos escasos deben ser de propiedad privada para evitar conflictos, que de otra manera serían ineludibles. Sin embargo, aunque la asignación de derechos de propiedad privada hace posible una interacción libre de conflictos, tampoco la asegura. Existe la posibilidad de violaciones a los derechos de propiedad, y si hay violaciones, entonces debe haber derecho a la autodefensa y al castigo, así como también responsabilidades por parte del malhechor (Hoppe 1987 y 1993).

 Todo esto es verdad sin importar cómo y a quién se asignen tales derechos y, por tanto, a quién sea considerado o no en cada caso como agresor o víctima.

 Cuando consideramos lo que se podría llamar un requisito praxeológico de cualquier sistema de asignación de derechos de propiedad todavía estamos en la esfera del análisis del derecho “positivo”. Para hacer posible la interacción sin conflicto, tal sistema debe considerar el hecho que el hombre actúa y debe actuar. En otras palabras, debe ser un sistema “operacional”. Para lograrlo,,y basándose en el sistema adoptado, los actores humanos deben poder determinar previamente, en cualquiera instante del tiempo, qué se les permite y qué no se les permite hacer. Para determinarlo, se necesitan límites objetivos, señales e indicadores de posesión y de propiedad, así como de la invasión injusta de dichas posesión y propiedad. Igualmente, al considerar un caso a posteriori, los jueces deben tener criterios “objetivos” sobre lo que es propiedad y agresión, para tomar una determinación a favor o en contra de un demandante.

II

A la luz de los requisitos técnicos que debe satisfacer todo sistema de derechos de propiedad, analizaremos una propuesta específica (y explícitamente  normativa) para definir violaciones a la propiedad privada y a los derechos de propiedad: la solución Locke-Rothbard. En esta tradición intelectual, propiedad se define como aquellos objetos tangibles, físicos, que han sido “visiblemente” rescatados de su estado natural de bienes sin dueño mediante actos de apropiación y de producción. Al mezclar el trabajo propio con recursos específicos, se establecen límites discernibles objetivos de propiedad y se conectan objetos específicos a individuos particulares. Hay indicadores en los objetos poseídos (al compararlos con los que no) y en quien los posee (o no) que todos pueden “captar”. Por otra parte, la teoría satisface perfectamente el requisito de ser operacional al poder trazar hacia atrás en el tiempo la propiedad actual hasta actos de “apropiación original” (hasta el momento en que eran meramente recursos de la naturaleza o sin dueño). De acuerdo con esta teoría, el hombre pudo, de hecho, haber actuado desde el principio del tiempo. (En claro contraste, cualquier teoría que haga la asignación de los derechos de propiedad mediante “contrato” o acuerdo o ley estatal [legislación] no permite que la persona actúe desde el primer momento, sino solamente después de la conclusión de dicho contrato o de la llegada del Estado. Por consiguiente, tal teoría se debe considerar como “técnicamente” deficiente.)

Sin embargo, aquí no nos importa tanto la definición positiva de propiedad sino la definición negativa complementaria de ofensa punible. De acuerdo con la restricción fundamental de que así como toda propiedad es privada también el crimen debe ser privado (cometido por individuos específicos contra víctimas específicas), Rothbard ha desarrollado la “teoría de la responsabilidad estricta” que abarca ambas, la ley criminal y la de daños y perjuicios.[1] En cada caso criminal o de daños y perjuicios, 

la evidencia debe ser probatoria al demostrar estrictamente la cadena causal de actos de invasión a la persona o a la propiedad. La evidencia se debe construir para demostrar que el agresor A de hecho dio inicio a un acto evidente de invasión de la persona o la propiedad de B. (Rothbard 1997, p. 137)

 Por tanto, lo que el demandante debe probar, más allá de toda duda razonable, es una estricta relación entre el demandado y su agresión contra el demandante. Debe probar, en resumen, que A realmente “causó” una invasión a la persona o a la propiedad de B (…) Para establecer responsabilidad debe probarse, más allá de toda duda razonable, la estricta causalidad de la agresión que produce el daño. La corazonada, la conjetura, la plausibilidad, incluso la mera probabilidad, no son suficientes (…). La correlación estadística (…) no puede establecer causalidad. (Rothbard 1997, pp. 140-41) 

Un aspecto importante de esta definición: Se acepta la necesidad de establecer la causación, basada en “evidencia individualizada” más que en la mera probabilidad basada en evidencia “estadística” (o preponderancia de evidencia). No obstante, la propuesta de Rothbard debe ser criticada como excesivamente “objetivista,” porque no tiene en cuenta condiciones “subjetivas” importantes que se deben combinar con indicadores objetivos para determinar la responsabilidad. “Excesivamente,” porque el objetivismo de Rothbard no está en armonía con la naturaleza de las cosas, ni está de acuerdo con sus propias definiciones de propiedad y de apropiación original, conllevando esta última también un elemento subjetivo importante: la apropiación implica intención. (Por ejemplo, no toda recolección de fruta se debe considerar como una apropiación del árbol frutal, sino solamente de la fruta, y no todo desvío del camino diario cuenta como un acto de posesión. [Rothbard] 1998). Por nuestra parte, considerarmos que no todas las invasiones físicas implican responsabilidad y, más importante aún, que algunas acciones conllevan responsabilidad aunque no ocurra invasión física abierta alguna. En este caso es de gran valor el ilustrativo análisis de Adolf Reinach en relación con el concepto de causalidad en el derecho penal (europeo continental) (Reinach 1989).

III

Para Rothbard, parece que la culpa o la falta se establecen mediante prueba de causalidad del daño. Reinach por su parte hace énfasis en que la causalidad y la falta son elementos independientes, y tienen que estar presentes ambos para imponer responsabilidad.

Así, escribe: 

En el caso de muerte de una persona no basta con que la muerte resulte de la acción de alguien que pueda responder por sus actos (que esté cuerdo): como requerimiento adicional en una ofensa punible es necesario que exista intención deliberada (premeditación), o intención sin deliberación (negligencia) o, para decirlo en forma sucinta, debe haber también falta. Causalidad con éxito y falta son requisitos del castigo. – Siempre debe haber falta. [2] 

Sin embargo, existe también causalidad sin falta, la cual queda libre de castigo. Consideremos los siguientes ejemplos de daño y causalidad que no implican responsabilidad debido a carencia de falta. A conduce por una calle. B salta de detrás de un árbol sobre la calle y muere. A ha causado la muerte de B. ¿Se debe responsabilizar a A, o debería quedar libre? A invita a B a su casa. Un rayo cae en la casa, y B queda herido. A (y su propiedad) han causado lesión a B, porque sin la invitación B habría estado en otra parte. ¿Es A (o su asegurador) responsable ante B o debe B (o su asegurador) correr con los gastos? Un árbol propiedad de A, alcanzado por un rayo, cae sobre la propiedad de B dañando a B. ¿Es A (o su asegurador) responsable ante B o debe B (o su asegurador) correr con los gastos? A y B van juntos de caza al coto de B (o de A). Se acercan a un grupo de ciervos por lados opuestos y disparan al mismo tiempo. Una bala perdida hiere a B. ¿Es A responsable ante B o debe B asumir este riesgo y los gastos asociados?

Rothbard probablemente habría aceptado que A no tiene responsabilidad en estos casos, y habría precisado que los había contemplado bajo el título de “riesgos propios asumidos”. La vida implica elementos ineludibles de riesgo. Incumbe a cada individuo el aprender cómo vivir con tales riesgos y asegurarse contra ellos. Sin embargo, esto implica admitir que el criterio estrecho de causalidad es inadecuado. Parece que lo que es necesario agregar al criterio de Rothbard es: Nadie es responsable de los “accidentes” sufridos en su persona y propiedad. Más bien, el riesgo de accidentes, y su aseguramiento, debe ser asumido individualmente (por cada persona y propietario por sí mismo). La gente puede ser declarada responsable solamente por sus acciones, sean intencionales o negligentes (pero no por los accidentes en que resulten implicados). Las acciones sin embargo implican ambos, elementos “objetivos” (externos) y elementos “subjetivos” (internos). Por lo tanto, la inspección exclusiva de acontecimientos físicos nunca puede ser considerada como suficiente en la determinación de responsabilidad (debe haber falta también, y sólo podemos hablar de falta si un acontecimiento se produce por una acción).

IV 

Consideremos ahora la definición de Reinach de acción – causalidad. Una acción de cáracter (penal) legal  

es un acontecimiento que no puede ser cancelado sin cancelar a su vez el efecto, siempre que éste tenga carácter legal. [3]  (…) “Causa” de un acontecimiento (…) se llama entre otras cosas a esa condición que se debe agregar a un elemento de un todo conceptual sin cuyo segundo componente dicho acontecimiento no se puede concebir que haya ocurrido[4]. (…)Causar un acontecimiento significa activar una condición de éxito; causar intencionalmente un acontecimiento significa activar una condición que trae como resultado el éxito. Causar intencionalmente algo significa entonces activar una condición de éxito, queriendo que esta condición – claro está, conjuntamente con otras- conduzca al éxito. [5] (…) Quien desee, por tanto, debe ser consciente de que puede contribuir al éxito deseado (…) [y] de que es posible ese éxito mediante su “contribución” y otros factores por él conocidos.[6]. (…) Su responsabilidad por comportamiento negligente es similar. En esto caso no se desea el éxito; pero podía y debía haberlo evitado. En cuanto sigue siendo algo cuya ocurrencia dependió de mí, también, de una manera especial es “mío”. [7] 

A la luz de las definiciones de Reinach, volvemos al criterio de causalidad de Rothbard. Mientras que su criterio por un lado es muy amplio para incluir invasiones accidentales entre las ofensas punibles, por otro lado parece demasiado estrecho en la determinación de responsabilidades. Algunos ejemplos, tomados de Reinach y modificados levemente, ilustran el punto. A, superior de B, envía B al bosque, con la esperanza de que B sea alcanzado por un rayo. Se satisfacen sus esperanzas.

¿Ha causado A la muerte, o heridas, a B? ¿Debería A ser responsable? Con respecto a la causalidad, Reinach contestaría que sí: sin la orden de A autorizando a B, éste no habría muerto. Sin embargo, Reinach negaría que A es responsable, no porque no haya causalidad, sino porque no hay intención o negligencia por parte de A (hay sólo esperanza). Rothbard también sostendría que A no es responsable, no debido a la carencia del intención sino debido a la ausencia de causalidad (las órdenes verbales probablemente no cuentan como causas, porque no son causas “físicas”).

Ahora cambiemos el escenario: A puede calcular exactamente cuándo un árbol particular será alcanzado por un rayo. Envía a B a ese árbol, y ciertamente B es alcanzado.

Reinach habría encontrado aquí causalidad, de la misma forma que en el primer caso. Lo que hace que los dos casos sean diferentes y conlleve responsabilidad en el segundo, es la intención entendida como “querer con la conciencia de certidumbre objetivamente asociada a la realidad.” [8] En el segundo caso, A es responsable porque causó el acontecimiento con la creencia objetivamente justificada de que su acción, en cooperación con otros factores, conduciría al resultado deseado. En cambio, según el criterio de Rothbard no existe ninguna causalidad en el segundo caso, como tampoco existió en el primero (la secuencia de eventos – y de fenómenos externos – es de hecho igual en ambos casos). Por lo tanto, Rothbard tendría que dejar libre a A, tanto en el segundo caso como en el primero.

¿Cómo es posible? Consideremos otro ejemplo. A, que contrata a B, le ordena que venga directamente hacia él, sabiendo que a mitad del camino hay una trampa oculta. B camina hasta caer en la trampa y se hiere. Reinach encontraría que A es responsable. Rothbard lo dejaría ir, porque no hay “invasión física abierta” iniciada por A. A simplemente dice algo a B (que en sí mismo, y claramente, no es un acto invasor); y entonces la “naturaleza” toma su curso sin interferencia adicional de parte de A. Es decir, la trampa, al ser un medio indirecto y no invasivo por sí mismo, aunque cause un daño físico, tendría que quedar libre de sanción.

Esto no sólo se opone a nuestra intuición moral. Más importante aún es que la exclusión del daño físico indirectamente causado, de la clase de ofensas punibles no tiene análogía en la teoría positiva de la propiedad y de la apropiación original. No tenemos ningún problema, por ejemplo, en concibir un acto “indirecto” de apropiación. A, jefe de B, da órdenes a éste para que despeje y perfore un pedazo de tierra, sin dueño previo, para buscar petróleo. B encuentra petróleo. De tal modo A, y no B, es el dueño del petróleo (aunque A sea solamente la causa indirecta del acto de apropiación).

Por consiguiente, si A pide a B que perfore para buscar petróleo, esperando que en vez de encontrar petróleo B caerá en una trampa en la localización dada, entonces A también debe ser declarado responsable de este acontecimiento. Si no es así, ¿por qué no?

Consideremos esta secuencia de hechos: A desea la muerte de B e intenta lograrlo a través de la oración diaria. B muere realmente.

En este caso ni Reinach ni Rothbard encontrarían responsabilidad y presumiblemente por la misma razón. No existe causalidad (mera coincidencia) y por lo tanto no hay responsabilidad por parte de A.

Ahora cambie el escenario: A reza por la muerte del B. Acontece que B ve y oye esto y, siendo supersticioso y de disposición física extremadamente delicada, muere de miedo.

En este caso, también, Reinach y Rothbard alcanzan el mismo veredicto, que A no es responsable, pero lo hacen por diferentes razones. Reinach encontraría que existe la causalidad en el segundo caso. B muere porque A ha rezado para que muera. Lo que ahora falta, y libra de culpa a A es la intención (o la negligencia) con relación al resultado. A desea matar a B por medio de la oración, que es simple y objetivamente ineficaz en lo que tiene que ver con el resultado. A no utiliza más medio que la oración. La muerte de B es el resultado de un proceso causal que es incidental (accidental) a las acciones de A. Ésta es la razón por la cual A debe quedar libre. Rothbard, por otra parte, dejaría libre a A por la ausencia de causalidad. A no ha realizado ninguna acción que se puede interpretar como invasora de la persona o de la propiedad de B.

Considere un segundo cambio en el escenario: A reza por la muerte de B. A sabe que B es supersticioso y que está en una débil condición física, e informa a B de su tentativa. B muere de miedo.

Reinach declararía responsable a A en este caso, mientras que Rothbard no. Para Reinach en este caso la causalidad existe exactamente de la misma manera que en la primera. Y de hecho, como fenómeno – en lo que se refiere al aspecto exterior de las cosas – los dos casos son esencialmente iguales. La única diferencia es que A le dice a B intencionalmente lo que, en el primer escenario, B había descubierto accidentalmente. La responsabilidad, según Reinach, resulta de la presencia de intención o de negligencia. En el segundo caso, al hablarle a B, A actúa, intencional o negligentemente, para lograr la muerte de B. (Reinach dejaría ir a A solamente si A no hubiera sabido algo sobre la condición médica de B. En tal caso, decirle eso a B pudo ser insensible o cruel. Sin embargo, mientras que los procesos causales implicados son exactamente iguales a los del escenario anterior: si A sabe o no sabe sobre la condición de B, B muere, A no obstante quedaría libre porque no existe intención ni negligencia con respecto al resultado.) Rothbard, igualmente consecuente, encontraría que tampoco, ni en el primero ni en el segundo caso, existe causalidad. No hay invasión física abierta de A a B. Los rezos de A no causaron la muerte de B, y el informar a B, por sí mismo, no implicó ninguna invasión física.

Por lo tanto, A debe quedar completamente libre. (Basándose en su criterio de causalidad Rothbard no haría ninguna distinción entre el A que sabe o el que no sabe acerca de la condición de B. A no es responsable en ningún caso).

Que A no debe ser declarado responsable de ninguna manera, o forma, no es intuitivamente convincente. ¿Por qué? ¿Qué pasaría si A pudiera de hecho matar gente mediante rezos, y B muriera como resultado de sus oraciones? No hubo invasión causal física, y aún así A habría matado a B. ¿Aún así debería A quedar en libertad? ¿Se le debe permitir matar a rezos a quienquiera que desee? Más importante, y según lo indicado antes, el énfasis exclusivo en la invasión física directa no tiene ningún análogo en la teoría de la apropiación. No excluimos todos los actos “indirectos” de apropiación como inválidos por sí mismos. Uno puede llegar a ser el dueño de cosas que nunca toca, es decir, sin la existencia dealgo siquiera levemente parecido a causación física.  ¿Por qué han de ser diferentes las cosas cuando se trata de actos más agresivos que apropiativos?  ¿Por qué toda agresión “indirecta” o encubierta (causada por medio de palabras) debería excluirse categóricamente como posible responsabilidad? Sin duda, si A dijo a B que deseaba que C estuviera muerto, y B mata a C no declararíamos responsable a A. Pero ¿haríamos igual si A pagó a B, o si A y B fueran miembros de una cuadrilla organizada de la que A es el líder, y B mata a C? Del mismo modo, , si Clinton o Bush ordenan a sus generales que maten iraquíes, los generales ordenan a sus oficiales que ordenen a los soldados, y los soldados matan según lo ordenado, ¿deben ser los soldados sólo responsables de “haber causado” las muertes, o, y podemos imaginar que Rothbard no discreparía, deberían todos y cada uno desde el presidente hasta los soldados ser declarados conjunta y separadamente responsables? En ese caso, la intención es importante.

Finalmente, un ejemplo de una tentativa fallida muestra que el criterio de Rothbard es demasiado estrecho. A desea matar a su esposa, B. Compra un veneno mortal al farmacéutico, y lo añade regularmente al té de B. Sin embargo, el farmacéutico ha incurrido en una equivocación. No vendió un veneno a A sino algo completamente inofensivo. B muere en un accidente automovilístico sin relación. El farmaceuta descubre su error y se descubre la trama. ¿Debe A ser declarado culpable o inocente (los herederos de B están demandando A)?

Reinach encontraría culpable a A. Hay intención (y por lo tanto falta) y hay causalidad (fallida). A lleva a cabo una serie de acciones que él cree que son adecuadas, y objetivamente lo son, para obtener el resultado deseado. Sólo la existencia de un evento causal (el error del farmacéutico) incidental (accidental) evitó el resultado deseado.

Rothbard habría dejado libre a A, porque no existe causalidad como él la define. De hecho, en lo que concierne al mundo exterior, A no ha hecho ningún daño a B. El intento de acabar con su vida fue un total fracaso. (El mismo Rothbard se siente disconforme al tomar esta posición y comenta: “aunque el intento criminal no invadió propiedad alguna en sí mismo, si el suceso criminal hubiera llegado a ser conocido por la víctima, la resultante incitación al miedo debería ser perseguida como un ataque. Así el intento criminal (o ultraje) no resultaría impune”) Rothbard (1997, p. 163).

De nuevo, la principal razón por la cual esta solución parece insatisfactoria es la falta de una analogía en la teoría positiva de propiedad y apropiación. No se requiere que un acto de apropiación original tenga éxito para considerar que ha tenido lugar y determinar la propiedad. Por ejemplo, A corta la maleza de un pedazo de tierra sin dueño con la intención de crear un parque. Sin embargo al hacerlo quema accidentalmente todos los árboles. La acción de A es fallida. Este no es el resultado que buscaba. ¿Es él, de todos modos, dueño del bosque quemado? Así parece. Sin embargo, si existen intentos fallidos de apropiación que sin embargo se consideran como actos de apropiación, ¿por qué no debería haber también intentos fallidos de agresión que sin embargo se consideren como agresión? 

V 

Está claro que aunque los criterios “objetivos” (externos, observables) deben jugar un papel importante en la determinación de la propiedad y la agresión, tales criterios no son suficientes. En particular, definir agresión “objetivisticamente” como una “abierta invasión física” parece deficiente porque excluye la trampa, la incitación y los intentos fallidos, por ejemplo. Ambos, el establecimiento de derechos de propiedad y su violación surgen de acciones: actos de apropiación y expropiación. Sin embargo, además de la apariencia física, las acciones también tienen un aspecto interno, subjetivo. Este aspecto no puede ser observado a través de nuestros sentidos. Más bien se debe comprobar por medio del entendimiento (verstehen). La tarea del juez no puede – por la naturaleza de las cosas – reducirse a una simple decisión basada en un modelo cuasi-mecánico de causación. Los jueces deben observar los hechos y entender a los actores y las acciones implicadas con el fin de determinar la existencia de falta y responsabilidad.

 

 

REFERENCES

Hoppe, Hans-Hermann. 1993. The Economics and Ethics of Private Property. Boston: Kluwer. ———. 1987. A Theory of Socialism and Capitalism. Boston: Kluwer.

Reinach, Adolf. 1989.“Über den Ursachenbegriff im geltenden Strafrecht.” In Reinach, Sämtliche Werke, Vol. I. München: Philosophia.

Rothbard, Murray N. 1998. The Ethics of Liberty. New York: New York University Press. ———. 1997. “Law, Property Rights, and Air Pollution.” In Rothbard, The Logic of Action, Vol. II. Cheltenham, U.K.: Edward Elgar.


 

[1] Actualmente en los EE.UU., en casos criminales, se requiere prueba más allá de toda duda razonable. En cambio, en casos de agravio (ultraje) es suficiente probar que hay algo que tiene mayor probabilidad de suceder que de no suceder (preponderancia de evidencia).

[2] (Reinach 1989, p. 8).

Liegt der Tod eines Menschen vor, so genügt es nicht, dass der Erfolg durch die Handlung eines Zurechnungsfähigen herbeigeführt wurde, sondern es muss als weitere Strafvoraussetzung Vorsatz und Überlegung bzw. Vorsatz ohne Überlegung bzw. Fahrlässigkeit oder, wie wir umfassend sagen können, Schuld hinzutreten. Strafvoraussetzung ist stets Verursachung des Erfolgs und Schuld.—Schuld ist immer erforderlich.

[3] Ibid., p. 29: Eine strafrechtlich relevante Handlung “muss etwas sein, das nicht hinwegfallen kann, ohne dass auch der Erfolg, soweit er rechtlich in Betracht kommt, hinwegfallen müsste.”

[4] Ibid., p. 39: “‘Ursache’ eines Erfolges . . . nennt man unter anderem diejenige Bedingung, die zu dem einen Gliede eines gedachten Zusammen hinzugedacht werden muss, damit an Stelle des zweiten Gliedes der betreffende Erfolg als eintretend gedacht warden könne.”

[5] Ibid., p. 30: Einen Erfolg verursachen heisst, durch eine Handlung eine Bedingung des Erfolges setzen; ihn vorsätzlich verursachen heisst, durch eine Handlung eine Bedingung setzen, damit sie den Erfolg herbeiführe. . . . Etwas vorsätzlich verursachen heisst demnach: durch eine Handlung eine Bedingung des Erfolges setzen, wollend, dass diese Bedingung—natürlich im Vereine mit anderen—den Erfolg herbeiführe.

[6] Ibid., p. 31: “Der Wollende muss (dabei) das Bewusstsein haben, dass er zu dem gewollten Erfolg etwas beitragen kann . . . (und) dass der Eintritt des Erfolges aus seinem ‘Beitrag’ und den übrigen ihm bekannten Faktoren möglich ist.”

[7] Ibid., p. 42: “Ähnlich verhält es sich mit der Verantwortung für fahrlässiges Vorgehen. Hier ist der Erfolg zwar nicht von mir gewollt; aber ich hätte ihn vermeiden können und sollen. Insofern ist er doch etwas, dessen Dasein von mir abhing: auch er ist in besonderem Grade ‘mein.’”

[8] “Wollen mit dem objektiv geforderten Bewusstsein der Gewissheit.”


TRADUCCION DE RODRIGO BETANCUR

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Cómo persuadir a los demás de la necesidad de abolir el Estado

Brad Edmonds 

Todos podemos ayudar mediante la práctica del arte de la persuasión de la gente con la que discrepamos. Por supuesto, cuando nos equivocamos en algo, también necesitamos reconocerlo –esto requiere imparcialidad emocional y habilidad de razonar, y desafortunadamente, depende también del conocimiento y de las habilidades comunicadoras de la otra persona. Pero incluso cuando los hechos y la lógica están de nuestra parte, aún hemos de permanecer alerta. Nunca es sencillo para alguien considerar una opinión opuesta, así que se necesitan gran habilidad para que cuaje en la otra persona. Tal habilidad puede ser convincente, así como lo fueron algunos tipos con mensajes repugnantes –Hitler, Jim Jones y otros son ejemplos de ello.

Tanto los hechos como la razón están de parte de la abolición del Estado, pero los estatalistas están demasiado atados al tópico y creen en demasiadas falacias, como la de que la Guerra Civil fue diferente que la Revolución Americana o que el Estado debería prohibir ciertos tipos de droga. Durante la discusión las palabras inundan la conversación, la gente se emociona y nadie puede llegar a la correcta persuasión.

Las reglas básicas: Utilice siempre la honestidad, la amabilidad, la generosidad e incluso el humor. Estas cosas parecen obvias, pero es fácil errar durante una discusión. Si alguien dice algo absurdo, está creando una oportunidad para que sea amable –“ésa es una opinión compartida por mucha gente” es una buena respuesta- mejor que un igual de amable pero deshonesto “ése es un buen punto”. Si alguien le insulta, una táctica válida que puede calmar las aguas es “Puede que sea o no sea verdad el hecho de que sea un pirado pero al menos no estoy hablando sobre si deberíamos o no bombardear Eslovenia”. Y si usted es más brillante que su oponente, es mejor no hacer esto muy perceptible. Ésta es la parte generosa; centrada en los datos y principios, y le hace a su oponente razonar sobre sus propias conclusiones. Hágale sentir inteligente. La mejor forma de guardar el interés por usted es haciéndose relacionar con un aumento del autoestima de su oponente.

A la gente le encanta hablar sobre si misma, así que háblele a su oponente de él. Cuando después le ofrezca soluciones liberales para temas que le impacten, puede adaptarlas a sus situaciones personales. De esta manera usted ha conseguido que le tenga cariño, le ha hecho pensar que es usted un gran conversador (porque tuvo una oportunidad para hablar sobre él); y le ha dado ideas que le parecen plausibles, llegando de esa manera a su mente.

¿Son estas tácticas taimadas o manipuladoras? Ciertamente lo son, así como otras tantas acciones que realizamos con otras personas durante el día. A veces nos damos cuenta de que lo estamos haciendo, otras no. La verdad es que la honestidad, la bondad, la generosidad y la templaza emocional sean manipuladoras o no, confeccionan el comportamiento moral apropiado en estos casos. Hacer que alguien se sienta mejor mientras le abres la mente a opciones que nunca había considerado, con las que nunca antes se había enfrentado, es algo positivo. La manipulación es algo malo cuando se lleva a cabo como táctica dañina y deshonesta o cuando uno tiene fines que entran en conflicto con el bienestar su oponente.

Es importante que persuada. Cuantas más personas enamoradas del Estado encuentre, mejor estaremos todos si cambian de posición: Así cómo Billy O’Reilly u otros bombarderos felices neocón racionalizan la matanza de niños en Irak o Afganistán; “Los individuos son en última instancia responsables de sus respectivos Estados.”

Nadie ha mostrado tanto la amabilidad de mostrar el caso de la abolición del Estado coactivo como Mary Ruwart. En su libro “Curando el mundo en una era de agresión”, escrito hace diez años pero revisado con nuevos datos en 2003, la Dr. Ruwart nos provee de brillantes ejemplos de privatización, desde las carreteras hasta la medicina o la policía; y también específicos ejemplos de los errores del Gobierno de USA y sus crímenes, y por supuesto todo ello bien documentado. Más allá de esto, Ruwart hace un excelente trabajo explicando las razones básicas de por qué el Estado siempre yerra –el libro no es una mera tabla de triunfos privados y errores estatales.

Si usted ha leído a Rothbard, Hoppe, Benson, Mises y otros autores semejantes, no encontrará en Ruwart nada nuevo en el ámbito teórico; para los liberales ilustrados, el libro es más que nada útil por los datos y ejemplos, contándose por cientos. La parte más usada en mi caso es la bibliografía. El libro es brillante en su llamamiento a los izquierdistas y a aquellos nuevos en teoría liberal. Ruwart utiliza terminología similar a la compasión, y apela a los ungidos estatistas que pretenden encontrar la solución de la pobreza en la redistribución de ricos a pobres, que creen que un buen plan sanitario surge cuando el Estado se encarga de ello, y demás supercherías. Cuanto más izquierdista sea el lector, más directo y persuasivo será este libro.

 

Además, yendo aún más lejos, Ruwart culpa directamente al lector, aunque siempre con respeto, por utilizar la fuerza del Estado para repeler cualquier enfermedad social. Este recurso es utilizado en cada capítulo del libro, y cada uno de ellos recoge todos los compromisos del Estado. El libro está dirigido sobre todo a aquellos que necesitan convencimiento. Ruwart comparte aquella frase de Billy O’Reilly de que los individuos al final son los únicos responsables de su Estado. A diferencia de O’Reilly, Ruwart muestra por qué, nosotros, gente normal, tenemos las herramientas y la responsabilidad de terminar con el Estado. Incluso su libro contiene un capítulo sobre cómo comenzar en la labor.

 

En un cordial y comprensivo tono, Ruwart presenta al Estado y a todos aquellos que utilizan la violencia para solucionar los problemas sociales como los auténticos agresores. Es amable, generosa, no ataca a los lectores y no escribe en clave petulante. Este libro sería un excelente regalo para alguien que actualmente crea en el Estado.

 

¡Ahora, ve a persuadir a alguien!

 

Apéndice: Escribí recientemente en relación a las propuestas sobre cómo las carreteras privadas podrían funcionar, y en ese momento utilicé varias ideas que actualmente están en uso, pero he de decir que ciertamente el mercado generaría otras aún mejores que las imaginé. Los lectores comprobarán que no me equivoco. Primero, la mayoría de las carreteras privadas probablemente no cobrarían un peaje. Las calles en zonas de negocios serían mantenidas por los comerciantes de la zona, quienes tendrían un gran incentivo en mantener en perfectas condiciones las carreteras y dejar libre paso. Las zonas residenciales serían menos frecuentadas y los residentes tendrían un incentivo para cargar peajes. Segundo, en relación a la privacidad, mencioné que el mercado se encargaría de indicar si mediante un sistema de facturas la posición de un supuesto criminal es revelada. El mercado tiene actualmente una solución mejor, en forma de cheque digital, similar a una tarjeta prepago de larga distancia. Los propietarios de carreteras y los sistemas de gestión transaccional nunca sabrían quién es usted. La tecnología ya está en uso.

 

Brad Edmonds escribe desde Alabama.

 

 

Traducido por Fernando Barrera López de Lacalle

 


TOMADO, CON AUTORIZACIÓN, DEL BLOG DE JORGE VALÍN – www.jorgevalin.com

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¿Qué es la democracia?

 

 

Jude Blanchette

 

En nuestro sistema, las garantías de la libertad y del

 funcionamiento del autogobierno provienen de la constitución

 de la república; y el principal problema: de la democracia.

 

—William Graham Sumner, 1877—

 

 

Empezado este mes, 30 distinguidos políticos y científicos de Asia y Europa se encontraron en Seúl (Corea) para preguntarse “¿Qué es la Democracia?”[1] La respuesta fue muy poco productiva desde el punto de vista práctico. Lo que fue importante fue la esperanza de intentar responder a esta pregunta.

 

En los Estados Unidos no tenemos ni el tiempo ni las ganas de hacernos esas preguntas. En palabras de Ortega y Gasset, vivimos en una “época de auto satisfacción”. Aquí, la democracia es lo que la democracia es; y todos estamos de acuerdo en querer más. Si algo es democrático, es bueno para la nación, es bueno para el oprimido, para la humanidad, fin de la cuestión. La forma más eficaz para atacar a algún político de la oposición es llamarlo anti–demócrata. Algunos buscan difundir la democracia por todas partes, mientras que otros lamentan la pérdida de democracia en el país. El candidato presidencial John Kerry de forma recurrente promete luchar por “nuestra democracia americana”.

 

Pregúntele al americano medio qué es la democracia; y con voz baja dirá: algo relativo al bien común y para el bien de la gente. Después, pregúntele si cree que estamos perdiendo nuestra democracia, y él lamentará de forma enfática: “¡Sí!” ¿Cómo puede la gente querer más democracia mientras que nadie tiene idea alguna de lo que significa?

 

Estados Unidos no es una democracia. Al menos esa no fue la intención de los fundadores en 1787. Más bien, Estados Unidos es una república, o como dijo John C. Calhoun: “una república federal democrática”. La diferencia, según James Madison, es que “en una democracia, la gente encuentra y ejerce el gobierno en persona; en cambio, en una república la gente se reúne y se administra por medio de sus representantes y agentes”.

 

Sir Henry Sumner Maine, político insuficientemente reconocido de la Inglaterra Victoriana, nos recuerda que la democracia “es simplemente una forma de gobierno. Es el gobierno de la Mayoría, en oposición —de acuerdo con el análisis de los antiguos griegos— al gobierno de los Pocos, y el gobierno de Uno”. Continua diciendo: “La democracia, es el gobierno de una indeterminada comunidad que toma el relevo al monarca. Tiene las mismas características que la Monarquía; cuenta con las mismas funciones aunque las ejerce a través de órganos diferentes. El éxito de la gestión de ambos gobiernos se basa exactamente en lo mismo”.

 

Sacándole su reluciente apariencia, la democracia debe satisfacer el mismo test de suficiencia que las otras formas de gobierno. Es decir, los derechos de los individuos han de ser conservados y protegidos de la agresión externa e interna manteniendo las normas de la paz para todos sus ciudadanos. Pero, no hay una justificación a priori donde se demuestre que la democracia satisface mejor estos requisitos que una monarquía o una teocracia. Veremos el porqué en las siguientes líneas.

 

Elementos Democráticos

 

Ciertamente, los elementos de la democracia se han incorporado al sistema americano. El derecho a votar —americanos mayores de 18 años— puede ser llamado como un elemento democrático dentro de un gobierno republicano. Así, la actual tendencia de sustituir “democracia” por “república” como uno de los hechos característicos de la defensa americana ha ido incrementándose llevándonos al camino de la servidumbre por medio del voto popular.

 

Pero hoy, la “democracia” ha tomado vida propia —su auténtico significado como sistema de gobierno mayoritario directo se ha perdido siendo sustituido por el camino de una mayor centralización del estado. Se ha convertido, por su propia naturaleza, simplemente en un sinónimo de comunidad. Hablamos sobre las “democracias occidentales” olvidando mencionar la república, forma constitucional de gobierno que poseen la mayoría de países.[1]

 

En la medida que los elementos democráticos se han instaurado en la gestión gubernamental de los asuntos económicos y políticos, la democracia no garantiza en ella misma la libertad; y es que de hecho, la democracia se ha convertido en una de las mayores amenazas para la libertad. Cuando hablamos directamente de simple mayoría democrática estamos hablando de 51 miembros enfrentándose a otros contundentes 49 miembros de la sociedad. Olvidar las limitaciones constitucionales, el gobierno mayoritario (como gobierno minoritario) amenaza la fundación de la libertad.

 

El apelativo democracia, al menos usado como la afilada hacha del igualitarismo, se ha convertido en la fuerza conductora de la nivelación social. F. A. Hayek escribió: “Como parece ser el destino de la mayoría de los términos expresados políticamente, el término ‘democracia’ está siendo usado para describir varios tipos de cosas que poco tienen que ver con su auténtico significado. Y ahora de forma recurrente, el término democracia se está usando para designar lo que en realidad significa ‘igualdad’”.

 

Tomemos, por ejemplo, un reciente artículo que apareció en “The American Prospect” titulado “Solve Inequality with Democracy” (“Solucione la Desigualdad con Democracia”), donde los autores dicen que: “la desigualdad en la distribución de las rentas, con todas sus venenosas consecuencias, es el resultado de premeditadas decisiones políticas y sólo pueden ser mitigadas y finalmente transformadas reclamando principios democráticos”. Por lo tanto, la igualdad sobre las rentas vendrá por medio de la democracia. Pero como advirtió William Graham Sumner, “Si a lo que aspiramos es al principio de igualdad probablemente lo obtendremos: acabaremos siendo todos igual de esclavos”. Dejando a parte las objeciones morales de limitar el sueldo de los individuos por la fuerza, no hay nada incorrecto en las tesis que mantienen los autores anteriores. Mientras que no especifican exactamente en que “principios democráticos” se basan (nadie lo hace), podemos asumir que se refieren a las actuaciones de la voluntad de la mayoría. Pero en un mundo donde siempre haya más escasez que abundancia, podremos ver el miedo que tuvieron los Fundadores a la multicracia[2] .

 

En tiempos de elecciones, sólo una cosa tiene auténtico sentido sobre la corrupción del ideal republicano. Lea las palabras de Bastiat hace más de 150 años y recuerde las comedias electoralistas de Bush y Kerry:

 

¿Cuál es la actitud del demócrata cuando se habla sobre los derechos políticos? ¿Cómo juzga el demócrata a la gente cuando hay que elegir a un legislador? Ah, entonces se dice que la gente tiene una sabiduría instintiva; gozan de la percepción más fina; su voluntad siempre es correcta; la voluntad general no puede fallar; la votación nunca es suficientemente universal…

 

Pero cuando al fin se elige al legislador. ¡Ah! entonces el tono de su discurso sufre un cambio radical. El pueblo regresa a la pasividad, inercia, e inconsciencia anterior. El legislador se vuelve omnipotente. [La Ley]

 

 

¿Qué podemos pensar de la democracia pues? Podemos empezar por pensar en lo que realmente es y no proclamar una fe ciega de sus presuntas grandezas. A igual que Henry Sumner Maine, podemos recordar que la democracia no es nada más que un camino para administrar el gobierno, el aparato designado para proteger nuestra persona y propiedad. Si se cree que la democracia es superior a la república, entonces la democracia sólo puede ser entendida en el contexto de cómo ha de actuar ésta dentro del gran bastión de la libertad.

 

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[*] Artículo publicado el 23 de junio de 2004 con el título “What Is Democracy?” por la “Foundation for Economic Education”. También en castellano: La FEE.

 

[**] Jude Blanchette es economista graduado por la Loyola Collage, y trabaja en la “Foundation for Economic Education”; Irvington-On-Hudson, Nueva York. También es colaborador del “Ludwig von Mises Institute”.

 

 

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[1] Este artículo fue escrito por un autor americano para un público americano. El significado que se da a la palabra república, en España y en América (del Norte y del Sur), son muy diferentes. España puede tener un rey, incluso se puede definir como “Monarquía”; pero en ningún caso su gobierno es dictado por el rey [Nota del traductor].

 

[2] Una traducción literal del término sería “mobocracia”, pero poco diría al lector de lengua española. Según el Webster’s Dictionary, la “multicracia”, o “mobocracy” es: “una condición donde las clases bajas de una nación controlan los asuntos sin respeto a las leyes, los precedentes [legales], o derechos inalienables” [Nota del traductor].

 

 


 

TRADUCIDO POR JORGE VALÍN
Tomado de www.jorgevalin.com con autorización

 

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