Ética y Economía de la Propiedad Privada

 

Por Hans-Hermann Hoppe

 

Publicado en Inglés el 10/15/2004

I. El problema del orden social

Sólo, en su isla, Robinsón Crusoe puede hacer cualquier cosa que desee. Para él no existen preguntas con respecto a reglas organizadas de conducta humana – cooperación social – simplemente no se presentan. Estas preguntas sólo pueden surgir una vez llegue una segunda persona a la isla, Viernes. Más aún, la pregunta es en gran parte irrelevante mientras no exista escasez. Supongamos que la isla es el Jardín del Edén; todos los bienes externos están disponibles en superabundancia. Son “bienes gratuitos,” tal como el aire que respiramos el cual es normalmente “gratis”. Cualquier cosa que Crusoe haga con estos bienes, no tendrá repercusiones – ni con respecto a su futura fuente de suministro ni tampoco con relación a la actual o futura fuentes de suministro de bienes para Viernes (y viceversa). De ahí que, es imposible que haya conflictos entre Crusoe y Viernes con respecto al uso de tales bienes. El conflicto es posible solamente si los bienes son escasos. Sólo entonces surgirá la necesidad de formular reglas que hagan posible una cooperación social ordenada y libre de conflictos.

En el Jardín del Edén existen sólo dos bienes escasos: el cuerpo físico de la persona y el espacio en que se para. Crusoe y Viernes tienen sólo un cuerpo y pueden pararse sólo en un lugar a la vez. De ahí que, aún en el Jardín del Edén puedan surgir conflictos: Crusoe y Viernes no pueden ocupar el mismo espacio simultáneamente sin entrar en conflicto físico entre sí. Por consiguiente, aún en el Jardín del Edén deben existir reglas de conducta social ordenada – reglas con respecto a la ubicación y al movimiento apropiado de los cuerpos humanos. Fuera del Jardín del Edén, en el reino de la escasez, deben existir reglas no sólo para el uso de los cuerpos personales sino también para todo bien escaso, y así poder excluir toda posibilidad de conflicto. Este es el problema del orden social.

 

II. La Solución: Propiedad privada y apropiación original

En la historia del pensamiento social y político, se han hecho innumerables propuestas para solucionar el problema del orden social, y esta variedad de propuestas, mutuamente incompatibles, con frecuencia ha contribuido a que la búsqueda de una solución única y “correcta” haya sido considerada ilusoria. Pero como trataré de demostrar, si existe una solución correcta. Por lo tanto, no hay razón para sucumbir al relativismo moral. La solución ha sido conocida durante centenares de años, si no es por más tiempo.[i]

En tiempos modernos esta solución antigua y sencilla fue formulada muy clara y convincentemente por Murray N. Rothbard.[ii]

Permítanme empezar a formular la solución, primero para el caso especial representado por el Jardín del Edén y posteriormente para el caso general representado por el mundo “real” de escasez circundante y luego proceder a explicar porqué esta solución, y no otra, es la correcta.

En el Jardín del Edén, la solución es proporcionada por una sencilla regla que establece que todos puedan colocar o mover su propio cuerpo dondequiera les plazca, con la condición que ya nadie esté ocupando ese mismo espacio. Fuera del Jardín del Edén, en el reino de la escasez, la solución es aportada por esta regla: Cada persona es la dueña adecuada de su propio cuerpo físico, así como también de los lugares y bienes naturales que ocupe y ponga en uso por medio de su cuerpo, en condición que ya nadie haya ocupado o utilizado los mismos lugares y bienes antes que él. La pertenencia de lugares y bienes “apropiados originalmente” por una persona implica su derecho a usar y transformar esos lugares y bienes en la forma que considere adecuada, provisto que de tal modo que no cambie, a la fuerza, la integridad física de lugares y bienes apropiados originalmente por otra persona. En particular, cuando un lugar o un bien ha sido originalmente apropiado, en palabras de John Locke, “mezclándole el trabajo de uno”, la posesión de esos sitios y bienes sólo puede ser obtenida por medio de transferencia voluntaria -contractual- del título de propiedad del propietario anterior al nuevo dueño.

A la luz del extendido relativismo moral, vale precisar que esta idea de la apropiación original y de la propiedad privada como solución al problema del orden social está en completo acuerdo con nuestra “intuición moral.” ¿No es simplemente absurdo pedir que una persona no sea el dueño adecuado de su cuerpo ni de los lugares y bienes que originalmente, es decir, antes que cualquier otra persona, se haya apropiado, utiliza y/o produce por medio de su cuerpo? ¿Quién, si no él, debe ser el dueño? ¿Y no es también obvio que así lo haga la abrumadora mayoría de las gentes -incluyendo niños y aborígenes indígenas- quienes en realidad actúan según estas reglas, y lo hacen como cosa ordinaria y natural? La intuición moral, tan importante como es, no constituye prueba. Sin embargo, también existe prueba de que nuestra intuición moral es verdad.

La prueba es doble. Por una parte, las consecuencias que siguen si uno fuera a negar la validez de la definición de la institución de la apropiación original y de la propiedad privada: Si persona A no fuera el dueño de su propio cuerpo ni de los lugares y bienes originalmente apropiados y/o producidos con su cuerpo, así como de los bienes voluntariamente adquiridos (por contrato) de un previo dueño, entonces sólo existirían dos alternativas. O bien otra persona, B, debe ser reconocida como dueña del cuerpo de A, así como de los lugares y los bienes apropiados, producidos o adquiridos por A, o ambas personas, A y B, deben ser consideradas co-propietarias por igual de todos los cuerpos, lugares y bienes.

En el primer caso, A estaría reducido al rango de esclavo de B y objeto de explotación. B sería el dueño del cuerpo de A y de todos los lugares y bienes apropiados, producidos y adquiridos por A, pero A, en cambio, no sería el dueño del cuerpo de B ni de los lugares y de los bienes apropiados, producidos y adquiridos por B. De ahí que, bajo esta declaración habría constituidas dos clases, categóricamente claras, de personas —Untermenschen (criaturas subhumanas) tal como A y Uebermenschen (superhombres) tal como B— a quienes se aplican diferentes “leyes”. Por consiguiente, tal regla debe ser desechada por ser una ética inaplicable a todos qua seres humanos (animales racionales). Desde el principio, cualquiera resolución como ésta sería reconocida como inaceptable universalmente y así no se puede reclamar que sirva como símbolo legal. Porque para que una regla aspire al grado de ley —una regla justa— es necesario que tal regla se aplique igual y universalmente a todos.

Alternativamente, en el segundo caso de co-propiedad igualitaria y universal, el requisito de ser una ley igual para todos estaría cumplido. Sin embargo, esta alternativa sufriría de una deficiencia aún más severa, porque si fuera aplicada, toda la humanidad perecería instantáneamente. (Desde el punto de vista que toda ética humana debe permitir la sobrevivencia de la humanidad, esta alternativa debe también ser rechazada). Cada acción de una persona requiere la utilización de algunos medios escasos (por lo menos del cuerpo de la persona y del espacio donde está parada), pero si todos los bienes fueran co-propiedad de todos, entonces a nadie, nunca, ni ningún lugar, le estaría permitido hacer nada, a menos que se hubiera asegurado previamente el consentimiento de todos los demás co-propietarios. Y aún así, ¿cómo podría alguien otorgar tal consentimiento si no es el dueño exclusivo de su propio cuerpo (inclusive de sus cuerdas vocales), mediante el cual debería expresar su consentimiento? En realidad, necesitaría primero el consentimiento de otros para que le sea permitido expresar el suyo propio, pero estos otros no podrían dar su consentimiento sin tener primero el suyo, y así sucesivamente.

Esta visión a la imposibilidad praxeológica del “comunismo universal,” tal como Rothbard se refirió a esta propuesta, me lleva inmediatamente a una forma alternativa de demostrar que la idea de la apropiación original y la propiedad privada es la única solución correcta al problema del orden social.[iii] Podría decidirse sólo en el curso de la argumentación (intercambio de propuestas), que las personas tengan o no derechos y, si ese es el caso, cuáles. La justificación -prueba, conjetura, refutación— es la justificación del argumento. Cualquiera que negase que esta proposición entraría en contradicción al expresarse, ó sea que, el sólo hecho de su negación se constituye en argumento. Aún un relativista ético tendría que aceptar esta primera proposición, que sería definida por consiguiente, como el apriori del argumento.

De la aceptación innegable — posición axiomática — de este a priori de la argumentación, surgen dos conclusiones igualmente necesarias. Primero, se sigue del a priori de la argumentación cuando no hay solución racional al problema del conflicto que surge de la escasez. Supongamos, en mi guión anterior de Crusoe y Viernes, que ese Viernes no fuera el nombre de un hombre sino el de un gorila. Obviamente, de la misma forma en que Crusoe pudiera entrar en conflicto con Viernes, el hombre, con respecto a su cuerpo y el espacio que ocupa, podría también tenerlo con Viernes, el gorila. El gorila quizás también quiera ocupar el espacio que Crusoe ya ocupa. En este caso por lo menos, si el gorila fuese del tipo de ente que sabemos son los gorilas, no habría solución racional al conflicto. O el gorila aparta, aplasta, o devora a Crusoe—esa sería la solución del gorila al problema—o Crusoe domestica, persigue, golpea, o mata al gorila—esa sería la solución de Crusoe. En esta situación, quizás pueda uno de verdad hablar de relativismo moral. Sin embargo, sería más apropiado referirse a esta situación como una en la que las preguntas sobre justicia y racionalidad simplemente no van a surgir; es decir, sería considerada una situación extra-moral. La existencia de Viernes, el gorila, colocaría a Crusoe en un problema técnico, no moral. No tendría otra elección que aprender a manejar y a controlar exitosamente los movimientos del gorila, como además también, tendría que aprender a manejar y controlar otros objetos inanimados de su entorno.

Por implicación, sólo si ambas partes en un conflicto son capaces de iniciar una discusión con argumentos, puede uno hablar de un problema moral, y la cuestión es si existe, o no, solución significativa. Sólo si Viernes, a pesar de su apariencia física, es capaz de argumentación (incluso si hubiera demostrado serlo alguna vez), podría considerarse racional y tendría sentido preguntar si existe, o no, una solución correcta al problema del orden social. No se puede esperar que alguien dé siquiera alguna clase de respuesta a alguien que nunca a hecho una pregunta, y más precisamente, que nunca ha indicado su propio punto de vista relativista en forma de argumento. En ese caso, este “otro” no puede sino ser considerado y tratado como un animal o una planta, es decir, como una entidad extra-moral. Sólo si este otro ente puede detener su actividad, cualquier que sea, retroceder, y decir “sí” o “no” a algo que uno ha dicho, le debemos a dicha entidad una respuesta y, por consiguiente, podríamos posiblemente decir que nuestra respuesta es la correcta para las dos partes implicadas en el conflicto.

Además se deduce del a priori de la argumentación que todo lo que debe ser pre-supuesto en el curso de una argumentación como condición lógica y praxeologica previa de argumentación, no puede ser a su vez disputado argumentativamente respecto a su validez sin caer así, al expresarlo, en una contradicción interna.

Ahora, el intercambio de proposiciones no está hecho de proposiciones que flotan libremente, sino que constituyen una actividad humana específica. La argumentación entre Crusoe y Viernes requiere que tengan, y se reconozcan mutuamente, como poseedores de control exclusivo sobre sus respectivos cuerpos (cerebro, cuerdas vocales, etc.), así como del espacio ocupado corporalmente. Nadie podría proponer algo y esperar que la otra parte se convenza de la validez de esta proposición, o la niegue y proponga algo más, a menos que suponga de antemano el derecho, suyo y del contrincante, al exclusivo control de los cuerpos y espacios ocupados por cada uno. De hecho, es precisamente este reconocimiento mutuo, de proponente y adversario, de la propiedad de sus propios cuerpos y espacios ocupados, lo que constituye el characteristicum specificum de todas las disputas proposicionales: que mientras uno puede no estar de acuerdo con respecto a la validez de una proposición específica, puede acordar sin embargo que ésta no le conviene. Además, este derecho a la propiedad de su propio cuerpo y del espacio que ocupa debe ser considerado a priori (o indiscutiblemente) justificado, tanto por el proponente como por el adversario. Cualquiera que reclame vis-à-vis la validez de cualquier proposición en relación con un adversario ya presupondría control exclusivo, suyo y del adversario, sobre los respectivos cuerpos y espacios ocupados para poder decir simplemente “reclamo tal y tal como una verdad, y lo desafío a que me demuestre que estoy equivocado.”

Además, sería igualmente imposible entrar en argumentación y depender de la fuerza de propositional de un argumento si a uno no le es permitido poseer (control exclusivo sobre) otros medios escasos (aparte del cuerpo y el espacio ocupado). Si uno no tiene tal derecho, entonces todos pereceríamos inmediatamente y el problema de justificar las reglas — así como cualquier otro problema humano — simplemente no existiría. De ahí que, en virtud del hecho de estar vivo deben presupuestarse también como válidos los derechos de propiedad sobre otras cosas. Nadie que esté vivo podría argumentar de otro modo.

Si a una persona no le es permitido adquirir la propiedad de estos bienes y espacios por medio de un acto de apropiación original, es decir, estableciendo una conexión objetiva (intersubjectivamente comprobable) entre él mismo y un bien particular y/o un espacio, antes que cualquier otra persona, y si en vez de eso la propiedad de tales bienes o espacios fueran otorgados a quien llegue tarde, entonces a nadie jamás le sería permitido empezar a utilizar un bien a menos que tuviera previamente asegurado tal consentimiento de parte de quien llegue rezagado.

¿Más cómo puede un rezagado consentir las acciones de un contendiente madrugador? Además, cada rezagado necesitaría a su vez el consentimiento de otros y posteriores contendientes rezagados, y así sucesivamente. Esto es, ni nosotros, ni nuestros antepasados, ni nuestra progenie habríamos, ni podríamos, sobrevivir si alguien hubiera seguido esta regla. Sin embargo, para que alguna persona— pasada, presente o futura— pueda discutir algo, debe ser posible la sobrevivencia; y para hacer justos estos derechos de propiedad no se pueden concebir como intemporales, ni indeterminado el número de personas involucradas. Sino que, el derecho sobre la propiedad debe ser pensado necesariamente como originándose en acciones de individuos definidos, precisados en el tiempo y en el espacio. De otro modo, sería imposible para cualquiera decir algo, en un determinado punto del tiempo y del espacio, para que alguien pueda contestar. En otras palabras, entonces, que la regla ética de la propiedad privada del primer-usuario-primer-dueño, puede ser ignorada o injustificada, lo que implica contradicción al expresar el argumento, ya que al ser uno capaz de decirlo se debe presuponer la propia existencia como unidad independiente de adopción de decisiones, en un punto dado en el tiempo y en el espacio.[iv]

 

III. Equivocaciones y Clarificaciones

De acuerdo a lo que se entiende por propiedad privada, la posesión de propiedades está definida como el control exclusivo de una persona particular sobre objetos y espacios físicos específicos. Opuestamente, la invasión a derechos de propiedad significa la disminución o el daño físicos, no invitados, de objetos y espacios poseídos por otras personas. Por contraste, un punto de vista bastante extendido sostiene que el detrimento o la disminución del valor (o el precio) en la propiedad de alguien constituye también una ofensa punible.

En lo concerniente a la (in)compatibilidad de ambas posiciones, es fácil de reconocer que casi toda acción individual puede alterar el valor (precio) de la propiedad de cualquier otra persona. Por ejemplo cuando la persona A entra al mercado del trabajo o al del matrimonio, puede cambiar el valor de B en esos mercados. Y cuando A cambia su valoración relativa sobre la cerveza y el pan, o si A decide convertirse en cervecero o panadero, eso cambia el valor de la propiedad de otros cerveceros o panaderos. De acuerdo a la visión de que el detrimento al valor o al precio de la propiedad constituye una violación a los derechos, A estaría cometiendo una ofensa punible contra cerveceros y panaderos. Si A es culpable, entonces B y los cerveceros y los panaderos tienen que tener derecho de defenderse ellos mismos de las acciones de A, y sus acciones defensivas pueden sólo consistir en invasiones físicas a A y a sus propiedades. A B se le debe permitir prohibir físicamente a A la entrada a los mercados del trabajo o a los del matrimonio; a los cerveceros y panaderos se les debe permitir el prevenir físicamente a A de gastar su dinero como le parezca mas adecuado. Sin embargo en este caso el daño físico o el menoscabo de la propiedad de otros no puede verse como una ofensa punible. Como la invasión física y el menoscabo son acciones defensivas, son legítimas.

Inversamente, si el daño físico y el menoscabo constituyen una violación de derechos, entonces B y los cerveceros y los panaderos no tienen derecho a defenderse de las acciones de A, porque sus acciones, su entrada a los mercados del trabajo y del matrimonio, su evaluación alterada de la cerveza y del pan, o su entrada a los negocios de la cervecería o la panadería, no afectan la integridad corporal o física de los cerveceros o panaderos. Si se defienden de todas maneras, entonces A también tendría derecho de defensa. En este caso la alteración del valor de la propiedad de otros no se puede mirar como una ofensa punible. No existe una tercera posibilidad.

Sin embargo, las dos ideas sobre derechos de propiedad no son sólo incompatibles. La visión alternativa – que uno puede ser el dueño del valor o del precio de bienes escasos – es defendible. Mientras que una persona tiene control sobre, si sus actos cambiarán, o no, las características físicas de la propiedad de otra persona, no tiene control sobre si sus acciones afectan el valor (o precio) de la propiedad de otro. El valor lo determinan otros individuos y sus evaluaciones. En consecuencia sería imposible saber de antemano si acaso las acciones que uno planea hacer son, o no, legítimas. Tendría que ser interrogada la población entera para asegurar que las acciones de uno no irían a deteriorar el valor de la propiedad de alguien más, y uno no podría empezar a actuar hasta que no se hubiera alcanzado un consenso universal. La humanidad perecería bastante antes que este postulado se hubiese satisfecho.

Más aún, la afirmación de que uno tiene derecho de propiedad sobre el valor de las cosas lleva consigo una contradicción, porque para reclamar la validez de esta proposición, que sea de aceptación universal, se tendría que asumir que es permitido actuar antes de llegar a un acuerdo. De otra forma, siempre sería imposible proponer algo. Sin embargo si a uno le es permitido enunciar una proposición, y nadie podría negar esta premisa sin caer en contradicción, esto es solamente posible debido a la existencia de límites en la propiedad, por ejemplo límites que todos pueden reconocer y confirmar independientemente y en completa ignorancia de las evaluaciones sujetivas de otros.[v]

Otro malentendido igualmente común sobre la idea de propiedad privada se refiere a la clasificación de las acciones como permitidas o no permitidas basándose únicamente en sus efectos físicos, esto es, sin tener en cuenta que cada derecho de propiedad tiene una historia (génesis temporal).

Si A actualmente daña físicamente la propiedad de B (por ejemplo con contaminación ambiental o con ruido), la situación debe juzgarse diferentemente dependiendo de cual propiedad fue establecida primero. La propiedad de A fue establecida primero, y si él ha llevado a cabo las actividades objetables antes del establecimiento de la propiedad de B, entonces A puede continuar con sus actividades. A, entonces, ha establecido una servidumbre. Como desde el principio B adquirió una propiedad sucia o ruidosa, si quiere una propiedad limpia y tranquila, B tiene que pagar a A por esa ventaja. Por el contrario, si la propiedad de B fue establecida primero, entonces A debe suspender sus actividades; y si no lo quiere hacer debe pagar a B por esta ventaja. Cualquier otro fallo es imposible e indefendible porque mientras una persona esté viva y despierta, no puede no actuar. Un madrugador no puede esperar, aún queriéndolo, a un rezagado y su aceptación para, empezar a actuar. Se le debe permitir actuar inmediatamente y si no hay otra propiedad cercana, porque el rezagado aún no ha llegado, entonces el rango de acción de uno se debe considerar limitado solamente por las leyes de la naturaleza.

Quien llega tarde sólo puede desafiar la legitimidad de quien llega a tiempo si es el dueño de los bienes afectados por las acciones del madrugador. Sin embargo esto implica que uno puede ser el dueño de cosas que aún no ha descubierto o de las cuales no se ha apropiado mediante acción física. Esto significa que a nadie le es permitido llegar a ser el primer usuario de un ente físico no descubierto ni apropiado previamente.

 

IV. La Economía de la Propiedad Privada

La idea de propiedad privada, no solamente concuerda con nuestra intuición moral, sino que es la única solución justa al problema del orden social; la institución de la propiedad privada es también la base de la prosperidad económica y del “bienestar o capital social”. Mientras la gente actúe de acuerdo a las leyes que soportan la institución de la propiedad privada, el capital (o el bienestar) social será el óptimo.

Todo acto de apropiación original mejora la fortuna del apropiador (por lo menos se espera que así sea); si no, no se realizarían. Al mismo tiempo, nadie empeora con esta acción. Cualquiera otra persona pudo haberse apropiado los mismos bienes y territorios, si sólo hubiera reconocido que eran escasos y por tanto valiosos, sin embargo como ningún otro individuo hizo tal apropiación, nadie puede haber sufrido una pérdida de fortuna por cuenta de la apropiación original. Por lo tanto, se cumple con el llamado criterio de Pareto (que es científicamente legítimo hablar de una mejora en el capital social, sólo si un cambio especial aumenta la fortuna individual de por lo menos una persona y no deja a ninguna en peor condición). Un acto original de apropiación cumple con este requerimiento. Acrecienta la fortuna de una persona, el apropiador, sin disminuir la fortuna física (propiedad) de nadie. Todos tienen la misma cantidad de propiedades que antes y el apropiador tiene una nueva propiedad, antes inexistente. Hasta aquí un acto de apropiación original siempre aumenta el capital social.

Cualquier acción posterior sobre bienes o territorios apropiados originalmente acrecienta el capital social, porque, sin importar lo que una persona haga con su propiedad, lo hace para aumentar su fortuna o bienestar. Es el mismo caso cuando la persona consume su propiedad o también cuando produce nuevos bienes obtenidos de la naturaleza. Todo acto de producción es causado por el deseo del productor de transformar una propiedad de menor valor en una de mayor valor.

Finalmente, todo intercambio (transferencia) voluntario, de propiedad apropiada o de bienes producidos, de un dueño a otro, incrementa el capital social. Un intercambio de propiedad es solo posible si ambos dueños prefieren lo que obtienen a lo que entregan y por tanto esperan beneficio del intercambio. Las dos personas ganan en fortuna, o bienestar, en cualquier intercambio de propiedades y la propiedad bajo el control de cualquier otra persona permanece inalterada.

En claro contraste, cualquier desviación de la institución de la propiedad privada tiene que conducir a pérdidas en el capital social.

En el caso de la co-propiedad igual y universal – comunismo universal en vez de propiedad privada – el precio a pagar sería la muerte instantánea de la raza humana, porque la co-propiedad universal significaría que a ninguno le estaría permitido hacer o mover nada. Cada desviación actual del orden de propiedad privada representaría un sistema de hegemonía y dominación inequitativo. Esto es, sería un orden en el cual a una persona o grupo – los gobernantes, explotadores o Uebermenschen – le sería permitido adquirir propiedad en diferente forma que por apropiación original, producción o intercambio, mientras que otra persona o grupo – los gobernados, explotados o Untermenschen – lo tendrían prohibido. Aunque es posible la hegemonía, conllevaría pérdidas al capital social y conduciría a un empobrecimiento relativo.

Si a A le es permitido adquirir un bien o un territorio que B se ha apropiado como lo indican signos visibles, la fortuna de A se incrementa a costa de la correspondiente pérdida de fortuna de B. No se cumple con el criterio de Pareto y el capital social estaría por debajo del nivel óptimo. Lo mismo es cierto también de otras formas de gobierno hegemónico. Si A prohíbe a B apropiarse originalmente de una propiedad baldía, o sin dueño hasta el momento; si A puede adquirir bienes producidos por B sin su consentimiento; si A puede dictar lo que B tiene permitido hacer con sus bienes apropiados o producidos (fuera del requerimiento de que uno no tiene permiso para dañar o deteriorar la propiedad de otros) – en cada caso hay un “triunfador”, A, y un “perdedor”, B. En todo caso, A aumenta su provisión de propiedades a costa de la correspondiente pérdida de propiedades de B. En ningún caso se cumple con el criterio de Pareto, y siempre resulta un nivel del capital social por debajo del óptimo.

Más aún, hegemonía y explotación conllevan niveles futuros de producción reducidos. Toda reglamentación que concede control, parcial o total, a no-apropiadores, no-productores o no-comerciantes, sobre bienes apropiados, producidos o comerciables, conduce necesariamente a una reducción de actos futuros de apropiación original, producción y de comercio mutuamente beneficioso. Porque para la persona que las lleva a cabo, cada una de estas actividades tiene asociados ciertos costos y, bajo un sistema hegemónico, los costos de llevarlas a cabo aumentan y los de no llevarlas a cabo disminuyen. El consumo presente y el disfrute llegan a ser más atractivos que la producción (consumo futuro), y el nivel de producción caerá por debajo del nivel que hubiera tenido de otra manera. Y para los gobernantes, el hecho de que ellos puedan aumentar su fortuna, expropiando a otros los bienes apropiados, producidos o adquiridos mediante contratación, conduce al desperdicio de la propiedad a disposición de dichos gobernantes. Como les es permitido incrementar su fortuna futura por medio de expropiación (impuestos), se acentúa la orientación y consumo al tiempo presente (alta preferencia temporal), y como siempre usan sus bienes “productivamente”, en forma sistemática aumentan las probabilidades de malas asignaciones, malos cálculos y pérdidas económicas.

 

V. El Pedigrí clásico

Como se dice al comienzo, la ética y la economía de la propiedad privada presentadas arriba no reclaman originalidad. Más bien son una expresión moderna de la tradición “clásica” que viene desde los tiempos de Aristóteles, de la Ley Romana, de Aquino y de los Escolásticos españoles Grotio y Locke.[vi]

En contraste con la utopía comunista de “La República” de Platón, Aristóteles nos entrega una lista comprehensiva de las ventajas de la propiedad privada en “Política”. Primero, la propiedad privada es más productiva. “Lo que es común a un mayor número de personas obtiene la menor cantidad de cuidado. El hombre pone más atención a lo que es de su propiedad; se preocupa menos por lo que es común; o de cualquier manera presta atención según el grado en que esté individualmente interesado. Aún cuando no haya ninguna otra causa de negligencia, el hombre está inclinado a descuidar su deber cuando piensa que otro lo está atendiendo”.[vii]

Segundo, la propiedad privada previene conflictos y promueve la paz. Cuando la gente tiene dominios de interés separados, “no habrá una base común para peleas, y el grado de interés se incrementará, porque cada hombre sentirá que se está dedicando a lo que es suyo”.[viii] “Sin duda es un hecho observable que aquellos que son dueños de propiedad común, y comparten su administración, están con más frecuencia en desacuerdo entre sí, que aquellos que tienen propiedades individuales”.[ix] Más aún, propiedad privada ha existido siempre en todas partes, mientras que espontáneamente nunca han aparecido utopías comunistas. Finalmente, la propiedad privada promueve la benevolencia y la generosidad. Le permite a uno ser así con los amigos necesitados.

La ley Romana, desde las “Doce Tablas” hasta el “Código de Teodosio” y el “Corpus Justiniano”, han reconocido el derecho a la propiedad privada como casi absoluta. La propiedad se desprendía de la posesión indiscutida, el uso previo de servidumbres establecidas, el propietario podía hacer con su propiedad como quisiera y se reconocía la libertad de contratación. Además la ley Romana distinguía, como importante, entre la ley “nacional” (Romana) – ius civile – y la ley internacional – ius gentium.

La contribución Cristiana a esta tradición clásica – representada en Santo Tomás de Aquino y los Escolásticos españoles así como también los Protestantes Hugo Grotio y John Locke – es doble. Ambas, Grecia y Roma eran civilizaciones que mantenían esclavos. Aristóteles, característicamente, consideraba la esclavitud como una institución natural. Por contraste, la civilización occidental – Cristiana -, con algunas excepciones, ha sido esencialmente una sociedad de hombres libres. En correspondencia, para Aquino y también para Locke, cada persona tenía el derecho de propiedad sobre sí mismo (auto propiedad). Sin embargo Aristóteles, y la civilización clásica generalmente, desdeñaban el trabajo, el comercio, y el hacer dinero. En contraste, de acuerdo al Antiguo Testamento, la Iglesia alababa las cualidades del trabajo y la laboriosidad. Correspondientemente, para Aquino, así como para Locke, la propiedad tuvo su primera existencia a través del trabajo, el uso, y el cultivo de tierras sin utilización previa o baldías.

La teoría clásica de propiedad privada, basada en auto-propiedad, apropiación original (homesteading o protección especial de la propiedad familiar) y contratación (transferencia de títulos), continuó encontrando proponentes eminentes, tal como J. B. Say. Sin embargo, desde la altura de su influencia en el siglo 18 hasta hace muy poco tiempo, con el avance del movimiento Rothbardiano, la teoría clásica se ha deslizado al olvido.

Por dos siglos, la economía y la ética (filosofía política) se han separado de su origen común en la doctrina de la ley natural hasta parecer como esfuerzos intelectuales inconexos. La economía era una ciencia positiva libre de valores. Preguntaba ¿“que medios son apropiados para alcanzar un fin (asumido)? La ética era una ciencia “normativa” (si acaso fue ciencia alguna vez). Preguntaba ¿“que fines puede uno escoger (y que medios usar) justificadamente?” Como resultado de esta separación, el concepto de propiedad progresivamente desapareció de ambas disciplinas. Para los economistas, la propiedad sonaba como muy normativa; para los filósofos políticos la propiedad tenía un gusto mundano a economía.

En contraste, anotaba Rothbard, tales elementales términos económicos como intercambio directo e indirecto, mercados y precios de mercado así como agresión, crimen, corrupción, y fraude no pueden definirse o entenderse sin una teoría de la propiedad. Ni es posible establecer elementales teoremas económicos que relacionen estos fenómenos, sin traer a colación las nociones de propiedad y derechos de propiedad

La singular contribución de Rothbard, de comienzos de los años 1960 hasta su muerte en 1995, fue el redescubrimiento de la propiedad y los derechos de propiedad como la fundación común de ambas, economía y filosofía política, y la reconstrucción sistemática y la integración conceptual de la moderna economía marginalista y la filosofía política de la ley natural en una ciencia moral unificada: el libertarianismo.

 

V. Diversiones en Chicago

Al mismo tiempo que Rothbard restauraba el concepto de propiedad privada a su posición central en la economía y reintegraba la economía con la ética, otros economistas y teoristas legales, asociados con la Universidad de Chicago, tales como Ronald Crosse, Harold Demsetz y Richard Posner estaban empezando también a redireccionar la atención profesional al tema de propiedad y derechos de propiedad.[x]

Sin embargo, mientras para Rothbard la propiedad privada y la ética lógicamente preceden a la economía, para el último la propiedad privada y la ética se subordinan a la economía y a consideraciones económicas. De acuerdo a Posner, cualquier cosa que incremente el capital social es justa.[xi]

La diferencia entre los dos acercamientos puede ilustrarse considerado el caso de uno de los problemas de Coase: Un ferrocarril transita al lado de una granja. La locomotora emite chispas que hacen daño a la cosecha del granjero. Que se debe hacer?

Desde el punto de vista clásico, lo que se necesita establecer es quien estaba allí primero, el granjero o el ferrocarril? Si el granjero estaba allí primero, podría forzar al ferrocarril o bien a detenerse y desistir de funcionar, o en caso contrario, a exigirle compensación. Si el ferrocarril llegó allí primero, entonces podría continuar emitiendo chispas y el granjero tendría que pagar al ferrocarril el costo de evitar que las chispas escapen al funcionar.

Desde el punto de vista de Coase, la respuesta es doble. Primero y “positivamente”, Coase sostiene que no importa como son asignados los derechos de propiedad y la responsabilidad desde que sean asignados y siempre y cuando se logre que (no realísticamente) los costos de la transacción sean cero.

Coase mantiene que es erróneo pensar que el granjero y el ferrocarril están en lo “correcto” o “equivocados” (responsables), son “agresor” o “víctima”. “La pregunta se piensa a menudo como una en la que A inflige daño a B y lo que se tiene que decidir es, ¿Cómo podríamos frenar a A? Pero eso está equivocado. Estamos tratando un problema de naturaleza recíproca. Para evitar el daño a B deberíamos infligir daño a A. La cuestión real que tenemos que decidir es, ¿Deberíamos permitir que A haga daño a B o deberíamos permitir a B que haga daño a A? El problema es evitar el daño mas serio.”[xii]

Aún más, dada la estatura moral “igual” de A y B, la asignación de recursos económicos, se supone, que no importa a quien se la asignaron primero los derechos de propiedad. Supongase que el daño a la cosecha del granjero A es de $1,000, y el costo del aparato de captura de chispas (ACC) para el ferrocarril B es de $750. Si a B se le encuentra responsable del daño a la cosecha, B instalará un ACC o dejará de operar. Si a B se le encuentra no responsable, entonces A pagará una suma entre $750 y $1,000 a B para que instale un ACC. Ambas posibilidades dan como resultado la instalación de un ACC. Ahora supongase que invertimos los números: El daño a la cosecha es de $750 y el costo del ACC es de $1,000. Si a B se le encuentra responsable, pagará a A $750, pero no instalará el ACC. Y si B es encontrado responsable, A no podrá pagar a B lo suficiente para instalar el ACC. De nuevo terminamos en que los dos escenarios son iguales; no habrá ACC. Por lo tanto, sin importar como se asignan inicialmente los recursos, de acuerdo a Coase, Demsetz y Posner, la asignación de factores de producción será la misma.

Segundo y “normativamente” – y para el único caso realístico que sean positivos los costos de transacción – Coase, Demsetz y Posner solicitan que los tribunales asignen derechos de propiedad a las partes en conflicto, de tal modo que “riqueza” o “valor de producción” se maximicen. Para el caso que acabamos de considerar eso significa que si el costo del ACC es menor que el daño a la cosecha, el tribunal se debe hacer del lado del granjero y declarar responsable al ferrocarril. Por otro lado, si el costo del ACC es mayor que los daños a la cosecha, entonces el tribunal de estar del lado del ferrocarril y declarar responsable al granjero. Posner da otro ejemplo. Una fábrica emite humo, y al hacerlo deteriora los valores de las propiedades residenciales. Si los valores de las propiedades se reducen en $3 millones y el costo de relocalización de la fábrica es de $2 millones, la planta debería declararse responsable y forzada a relocalizarse. Pero si invertimos los números – los valores de la propiedad bajan en $2 millones y el costo de relocalización es de $3 millones – la fábrica se puede quedar y podrá continuar emitiendo humo.

Ambas afirmaciones de “la ley y economía de Chicago”, positiva y normativa, deben rechazarse.[xiii] Y para la afirmación que no importa a quien se le asignen inicialmente los derechos de propiedad, pueden darse tres respuestas. Primero, como Coase no puede sino admitir, ciertamente si importa al granjero y al ferrocarril a quien, y cuales derechos, se asignen. Importa no solo como se asignen los recursos sino también a quien pertenecen.

Segundo y más importante, para el valor de la producción social es importante, fundamental, la forma como son asignados los recursos. Los recursos asignados a negocios productivos no son simplemente dados. Ellos mismos son el resultado de actos previos de apropiación original y producción, y que tanta apropiación y producción haya depende del incentivo de apropiadores y productores. Si los apropiadores y productores son los dueños absolutos de lo que se han apropiado y producido, por ejemplo, si no resultan cargos vis-a-vis los llegados en segundo y tercer lugar a causa de actos de apropiación y producción, entonces se ha maximizado el nivel del capital. Por otro lado, si los apropiadores originales y los productores se les encuentra responsables en relación a los rezagados, como está implicado en la doctrina de la “reciprocidad del daño”, entonces el valor de la producción será mas bajo que si no fuera así. Es decir, la doctrina del “no importa” es contra-productiva para la meta establecida de maximizar el capital.

Tercero, la afirmación de Coase que el uso de los recursos permanecerá sin afectarse por la asignación inicial de los derechos de propiedad, no es generalmente cierta. Cierto, es fácil producir contra-ejemplos. Suponga que el granjero no pierde $1,000 en cosechas a causa de las chispas del ferrocarril, sino que pierde un jardín de flores que tiene un valor para él de $1,000 pero no tiene ningún valor para alguien más. Si los tribunales asignan responsabilidad al ferrocarril, se instalará el ACC de $750. Si la corte no asigna responsabilidad al ferrocarril, el ACC simplemente no se instalará porque el granjero no tiene fondos suficientes para sobornar al ferrocarril para que lo instale. La asignación de recursos es diferente dependiendo de la asignación inicial de derechos de propiedad.

Similarmente, hay tres respuestas contra la afirmación normativa de “la ley y economía de Chicago”, que los tribunales deberían asignar derechos de propiedad de tal modo que se maximice el capital social. Primero, cualquier comparación de utilidad es científicamente imposible, sin embargo los tribunales tienen que hacer de todas maneras dichas comparaciones siempre que hacen un análisis de costo–beneficio. Tales análisis de costo-beneficio son tan arbitrarios como las suposiciones en que están basados. Por ejemplo, suponen que los costos psíquicos pueden ignorarse y que la utilidad marginal del dinero es constante e igual para todos.

Segundo, como muestran los ejemplos numéricos dados anteriormente, los tribunales asignan derechos de propiedad en forma diferente dependiendo de la cambiante información del mercado. Si el ACC es menos costoso que el daño a la cosecha, el granjero se encuentra en lo correcto, mientras que si es más costoso que el daño, el ferrocarril se encuentra en lo correcto. Es decir, diferentes circunstancias llevarán a una redistribución de los títulos de propiedad. Nadie podrá estar siempre seguro de su propiedad.[xiv] Incertidumbre legal hecha permanente. No parece justo ni económico; más aún quien, que esté bien de la cabeza, podría alguna vez acudir a una corte que ha anunciado que podría re-asignar títulos existentes de propiedad en el transcurso del tiempo, dependiendo de las cambiantes condiciones del mercado.

Finalmente, una ética tiene que ser no sólo permanente sino estable en condiciones cambiantes; una ética tiene que permitir a uno tomar una decisión entre “justo e injusto” antes de uno actuar, y debe referirse a algo que esté bajo el control de un actor. Tal es el caso de la ética de la propiedad privada y su principio de “el primer dueño es aquel que primero la usa”. De acuerdo a esta ética, actuar justamente significa que las personas usen sólo recursos adquiridos con justicia – recursos apropiados originalmente, producidos o adquiridos contractualmente de un dueño anterior – y que los emplee de tal forma que no dañe la propiedad de otros. Cada persona puede determinar de antemano si se cumple esta condición o no, y tiene control sobre si sus acciones dañan físicamente la propiedad de otros. En claro contraste, la maximización del capital falla en ambos casos. Nadie puede determinar de antemano si sus acciones conducirán a la maximización del capital. Si acaso se puede determinar, sólo puede hacerse ex post, después de los hechos. Ninguno tiene tampoco control sobre si sus acciones van a maximizar el capital social. Tener tal control depende de las acciones y evaluaciones de otros. De nuevo, ¿quien que esté bien de la cabeza puede someterse a si mismo al dictamen de un tribunal que no le permita saber de antemano como actuar correctamente, ni como evitar actuar injustamente, sino que hará su juicio ex post, después de los hechos?

 


 

Hans-Hermann Hoppe (http://www.hanshoppe.com) es miembro principal del Instituto Ludwig von Mises. Este ensayo es el capítulo segundo de “El Elgar Companion de la Economía de los Derechos de Propiedad”, editado por Enrico Colombatto. Deje sus comentarios en el blog, http://mises.org/blog

 

TRADUCCIÓN DEL INGLÉS AL ESPAÑOL, CON AUTORIZACIÓN DEL AUTOR, POR RODRIGO BETANCUR

 


 

 


[i] Ver nota siguiente.

 

[ii] Ver Murray N. Rothbard, Hombre, Economía y Estado (Auburn, AL.: Instituto Mises, 1993 [1962]; idem, Poder y Mercados (Kansas City: Sheed Andrews & McMeel, 1997 [1970]; idem, La Ética de la Libertad (New York: New York University Press, 1998 [1982]; idem, Igualitarianismo como Revuelta contra la Naturaleza y otros ensayos (Auburn, AL.: Instituto Mises, 2000 [1974]; idem, La Lógica de la Acción, 2 vols. (Cheltenham, UK: Edward Elgar, 1997). 

[iii] Ver también Hans-Hermann Hoppe, Una Teoría para Socialismo y Capitalismo (Boston: Kluwer Academic Publishers, 1989); idem, Economía y Ética de la Propiedad Privada (Boston: Kluwer Academic Publishers, 1993) 

[iv] Nótese el carácter de “ley natural” de la solución propuesta al problema del orden social – que la propiedad privada y su adquisición a través de actos de apropiación original no son meramente convenciones sino instituciones necesarias (de acuerdo a la naturaleza del hombre como animal racional). La convención sirve un propósito siempre que exista una alternativa. Por ejemplo el alfabeto latino sirve el propósito de comunicación escrita. Existe una alternativa, el alfabeto cirílico. Por esta razón el alfabeto es una convención. ¿Cual, es entonces, el propósito de las normas de acción? Evitar conflictos con relación al uso de cosas físicas escasas. Normas que generan conflicto contradicen el propósito mismo de las normas. Pero con relación al propósito de evitar conflictos, no existen alternativas a la propiedad privada y la apropiación original. En ausencia de una armonía pre-estabilizada entre las partes, el conflicto sólo se puede evitar si todos los bienes están siempre en posesión privada de individuos específicos y siempre está claro quien es dueño de qué y quien no. Además los conflictos sólo se pueden evitar, desde el mismísimo principio de la humanidad, si la propiedad privada se adquiere mediante acciones de apropiación original (en vez de meras declaraciones o palabras de personajes que llegan tarde, rezagados). 

[v] Mientras nadie podría actuar si todos fueran dueños del valor de su propiedad, es prácticamente posible que una persona o grupo, A, sea el dueño del valor de su propiedad y pueda determinar lo que otra persona o grupo, B, pueda, o no, hacer con las cosas bajo su control. Esto significa sin embargo que B no es “dueño” ni del valor ni de la integridad física de las cosas bajo su control; es decir B y su propiedad son realmente de propiedad de A. Esta regla puede implementarse, pero no califica como ética humana. Más bien es un sistema con 2 clases de personas, el explotador o Uebermensch y el explotado o Untermensch. 

[vi] Para detalles ver Murray N. Rothbard, Pensamiento Económico Antes de Adam Smith. Una Perspectiva Austríaca Sobre la Historia del Pensamiento Económico, Volumen I (Aldershot, UK: Edward Elgar, 1995); también de Tom Bethell, El Más Noble Triunfo. Propiedad y Prosperidad a Través de los Tiempos (New York: St. Martin’s Press, 1998) 

[vii] Aristóteles, Política (Oxford: Clarendon Press, 1946), 1261b 

[viii] Ibid, 1263a 

[ix] Ibid, 1263b 

[x] Ver Ronald Coase, La Firma, El Mercado, y la Ley (Chicago: University of Chicago Press, 1998); Harold Demsetz, Propiedad, Control y la Firma (Oxford: Basil Blackwell, 1988); Richard Posner, La Economía de la Justicia (Cambridge: Harvard University Press, 1981) 

[xi] Posner, La Economía de la Justicia, p. 74: “un acto de injusticia (es definido) como un acto que reduce el capital de la sociedad.”  

[xii] Ronald Coase, “El problema del costo social” en: idem, La Firma, El Mercado y La Ley, p. 96. La perversidad de esta afirmación se ilustra mejor aplicándola al caso de A violando a B. De acuerdo a Coase, A no se supone que se debe constreñir. Más bien, “estamos ante un caso de naturaleza recíproca.” Al impedir que A viole a B, se hace daño a A porque no puede continuar violando libremente. La pregunta real es: Se le debería permitir a A que viole a B, o se debería permitir a B que prohíba a A que lo o la viole? “El problema es evitar el daño más serio.”  

[xiii] Ver también Walter Block, “Coase y Demsetz sobre Derechos de la Propiedad Privada,” Periódico de Estudios Libertarios, Vol. 1, no. 2, 1977; idem, “Ética, Eficiencia, Derechos de Propiedad según Coase y el Ingreso Psíquico: Una Respuesta a Harold Demsetz,” Revista Austríaca de Economía, Vol. 8, no. 2, 1995; idem, “Derechos de la Propiedad Privada, Interpretaciones Erróneas, Moralidad y Economía,” Periódico Trimestral de Economía Austríaca, vol. 3, no. 1, 2000; Gary North, El Teorema de Coase: Un Estudio Epistemológico (Tyler, Texas: Institute de Economía Cristiana, 1992); idem, “Socavando los Derechos de Propiedad: Coase y Becker, “Periódico de Estudios Libertarios, Vol. 16, no. 4 (por publicar). 

[xiv] Posner, La Economía de la Justicia, p. 70-71, admite esto con cautivadora franqueza: “Los derechos absolutos juegan un importante papel en la teoría económica de la ley. . . los derechos de propiedad, aún cuando son absolutos, son contingentes con los costos de transacción y subrogados o instrumentales a la meta de maximización del capital.”

 

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Lo que usted debe saber acerca de la inflación

 

Publicado en Inglés en el Artículo Diario del Blog del Ludwig von Mises Institute, en Marzo 11 de 2008.

Autor: Henry Hazlitt

[Este artículo es un extracto de los primeros capítulos del libro Lo que usted debe saber acerca de la inflación (1964)]

!Lo qué es la inflación!

Ningún tema es tan debatido hoy – ni tan poco entendido – como la inflación.

Los políticos en Washington hablan de ella como si se tratara de alguna horrible aparición del más allá, sobre la que no tienen control – como una inundación, una invasión extranjera, o una plaga. Es algo por lo que siempre prometen que van a “luchar” – siempre y cuando el Congreso, o el pueblo, les dé las “armas” o “un mandato fuerte” para hacer el trabajo.

Sin embargo, la única verdad es que nuestros dirigentes políticos se han inventado la inflación, a su propia moneda y por sus propias políticas fiscales. Prometen luchar con la mano derecha contra las condiciones defendidas con la mano izquierda.

La inflación, siempre y en todas partes, se causa en primer lugar por un aumento en la oferta de dinero y crédito. De hecho, la inflación es el aumento en la oferta de dinero y crédito. Si recurrimos al American College Dictionary, por ejemplo, encontramos una primera definición de inflación:

La indebida expansión o aumento de la moneda de un país, sobre todo por la emisión de papel moneda no redimible en especie.

Sin embargo en los últimos años el término se ha venido utilizando en un sentido radicalmente distinto. Tal como podemos ver en la definición dada a renglón seguido por el mismo American College Dictionary:

Un aumento sustancial de los precios causado por una indebida y excesiva expansión de papel moneda o de crédito bancario.

Ahora, evidentemente, un aumento de los precios causado por una expansión de la oferta monetaria no es lo mismo que la expansión de la oferta de dinero en sí.

Claramente, una causa o condición no es lo mismo que una de sus consecuencias. El uso de la palabra “inflación”, con estos dos significados, bastante diferentes, conduce a una permanente confusión.

Originalmente la palabra “inflación” se aplicaba sólo a la cantidad de dinero. Y significa que el volumen de dinero se inflaba, se exageraba, se disparaba. No es mera pedantería insistir en que la palabra debe ser utilizada sólo en su sentido original. Utilizarla en el sentido de que es “un aumento de precios” es desviar la atención de la verdadera causa de la inflación y de la curación real de la misma.

Veamos lo que sucede en virtud de la inflación, y por qué sucede. Cuando la oferta de dinero se incrementa, la gente tiene más dinero para ofrecer por los bienes. Si el suministro de bienes no aumenta – o no aumenta tanto como la oferta de dinero – entonces los precios de los bienes van a subir. Cada dólar individual pierde valor debido a que hay más dólares. Por lo tanto se ofrecerán más de ellos por, digamos, un par de zapatos o de cien bultos de trigo, de los que antes se ofrecían. “Precio” es una relación de intercambio entre un dólar y una unidad de mercancías. Cuando la gente tiene más dólares, valora menos cada uno de ellos. Los bienes entonces aumentan de precio, no porque sean más escasos que antes, sino porque son más abundantes los dólares.

En los viejos tiempos, los gobiernos inflaban mediante el artificio de recortar o limar las monedas. Luego descubrieron que podían inflar más barato y más rápido mediante la impresión de grandes cantidades de papel moneda. Esto es lo que pasó con los assignats franceses en 1789, y con la moneda norteamericana durante la Guerra Revolucionaria. Hoy en día el método es un poco más indirecto. El gobierno vende sus bonos o pagarés a los bancos. En pago, los bancos hacen “depósitos” en sus libros contra los cuales el gobierno puede girar. Un banco, a su vez, puede vender sus pagarés gubernamentales al Banco de la Reserva Federal, el cual paga por ellos, ya sea haciendo depósitos de crédito o haciendo imprimir más billetes a la Reserva Federal para pagar con ellos. Es así como se fabrica el dinero.

La mayor parte de la “oferta monetaria” del país no está representada en monedas o billetes que pasan de mano en mano, sino por depósitos bancarios que se retiran mediante cheques. Por lo tanto, cuando los economistas miden la oferta monetaria suman los depósitos de demanda inmediata (y ahora con frecuencia, también, los depósitos a plazo) al dinero por fuera de los bancos para obtener el total. El total de dinero y crédito así sumados era, en los EE.UU., de $63,3 millones a fines de diciembre de 1939, y de $308,8 millones a finales de diciembre de 1963. Este aumento de 388% en el suministro de dinero fue la razón por la cual aumentaron abrumadoramente los precios al por mayor, en un 138%, en el mismo período.

Algunas Precisiones

A menudo se afirma que atribuir la inflación exclusivamente a un aumento en el volumen de dinero es una “excesiva simplificación”. Esto es cierto. Hay que tener en cuenta muchas precisiones.

Por ejemplo, debe pensarse que la “oferta monetaria” incluye no sólo el suministro de los billetes que pasan de mano en mano, sino la oferta de crédito bancario – especialmente en los Estados Unidos, donde la mayoría de los pagos se efectúan mediante cheque.

También es una simplificación excesiva decir que el valor del dólar individual depende simplemente de la actual oferta de dólares pendientes de pago. Depende también del suministro futuro esperado de dólares. Si la mayoría de la gente teme, por ejemplo, que la oferta de dólares vaya a ser aún mayor dentro de un año, entonces el valor actual del dólar (medido por su poder de compra) será inferior a lo que la presente cantidad de dólares indicaría.

Los políticos en Washington hablan de inflación como si se tratara de alguna horrible aparición del más allá, sobre la que no tienen control.

Una vez más, el valor de cualquier unidad monetaria, como el dólar, no sólo depende de la cantidad de dólares, sino de su calidad. Cuando un país se retira del sistema del patrón oro, significa en la práctica que el oro, o el derecho a reclamar oro, de repente se convierte en un mero papel. El valor de la unidad monetaria, por lo tanto, cae por lo general de inmediato, incluso aún si no ha habido aún ningún incremento en la cantidad de dinero. Esto se debe a que la gente tiene más fe en el oro que en las promesas, o en el criterio, de quienes manejan los asuntos monetarios del gobierno. Difícilmente se puede encontrar un caso en toda la historia, en el que el retiro sistema del patrón oro no haya sido prontamente seguido por un aumento en el crédito bancario y en la cantidad de dinero recién salido de la imprenta.

En resumen, el valor del dinero varía básicamente por las mismas razones por las que varía el valor de cualquier mercancía. Así como el valor de un bulto de trigo depende no sólo de la oferta de trigo total actual sino en la oferta futura esperada y en la calidad del trigo, así también el valor del dólar depende de una variedad similar de consideraciones. El valor del dinero, igual que el valor de los bienes, no está determinado únicamente por relaciones mecánicas o físicas, sino primordialmente por factores psicológicos que a menudo pueden ser complicados.

Cuando se estudian las causas, y la cura, de la inflación, una cosa es encontrar complicaciones reales y otra muy distinta es involucrarse en, o dejarse engañar por, complicaciones innecesarias o inexistentes.

Por ejemplo, se dice con frecuencia que el valor del dólar no sólo depende de la cantidad de dólares, sino de su “velocidad de circulación”. Una “velocidad de circulación” aumentada, no es sin embargo, motivo de caída en el valor del dólar; es realmente una de las consecuencias del temor a una baja en el valor del dólar (o, para decirlo a la inversa, de la creencia de que habrá un aumento en el precio de las mercancías). Es esta creencia la que impulsa a la gente a cambiar dólares por mercancías. La insistencia de algunos autores sobre la “velocidad de circulación” es sólo otro ejemplo del error de sustituir razones psicológicas reales por razones mecánicas dudosas.

Otro callejón sin salida: en respuesta a quienes señalan que la inflación es causada principalmente por un incremento de la oferta de moneda y crédito, se alega que el aumento de los precios de los productos básicos a menudo se produce antes del incremento en la oferta de dinero. Esto es cierto. Esto es lo que ocurrió inmediatamente después del estallido de la guerra en Corea. Las materias primas estratégicas comenzaron a subir de precio ante el temor de que iban escasear. Los especuladores y los fabricantes empezaron a comprarlos con fines de lucro o para protección de inventarios. Pero para hacer esto tuvieron que pedir prestado más dinero de los bancos. El aumento de los precios estuvo acompañado por un aumento igualmente notable en los préstamos y depósitos bancarios. Desde el 31 de mayo de 1950 al 30 de mayo de 1951, los préstamos de los bancos del país aumentaron en 12 mil millones de dólares. Si este aumento de los préstamos no se hubiera hecho, y no se hubieran girado nuevos fondos contra los préstamos (unos 6 millones de dólares a fines de enero de 1951), el aumento de los precios no podría haberse sostenido. La subida de precios solo fue posible, en definitiva, por el aumento en el suministro de dinero.

Algunas falacias populares

Una de las falacias más persistentes acerca de la inflación es la suposición de que es causada, no por un aumento en la cantidad de dinero, sino por una “escasez de bienes”.

Es cierto que un aumento de los precios (que, como hemos visto, no debería ser identificado con la inflación) puede ser causada ya sea por un aumento en la cantidad de dinero o por una escasez de mercancías – o por ambas cosas a la vez. El trigo, por ejemplo, puede aumentar de precio, ya sea por un aumento en la oferta de dinero o por una mala cosecha. Pero rara vez encontramos, incluso en condiciones de guerra total, un aumento general de precios causado por una escasez general de bienes. Sin embargo, es tan persistente la falacia de que la inflación es causada por una “escasez de bienes”, que incluso en la Alemania de 1923, después de que los precios se habían disparado cientos de miles de millones de veces, altos funcionarios y millones de alemanes le echaban la culpa del problema a una “escasez general de bienes” – cuando al mismo tiempo los extranjeros ingresaban a Alemania, con oro o aun con sus propias monedas, para comprar mercancías a precios más bajos que los de productos equivalentes en su país de origen.

Utilizar la palabra inflación para significar “un aumento de los precios” sirve sólo para desviar la atención de la causa real de la inflación y de la forma lograr su verdadera curación.

El aumento de los precios en los Estados Unidos ha venido siendo, atribuido constantemente desde 1939, a una “escasez de bienes”. Sin embargo, las estadísticas oficiales muestran que el ritmo de producción industrial aumentó casi se triplicó (277%) entre 1939 y 1959. Tampoco es una buena disculpa decir que el aumento de precios en tiempos de guerra es causado por un déficit de los bienes civiles. Incluso en la medida en que los bienes civiles fueron realmente escasos en tiempo de guerra, la escasez no habría producido ningún aumento sustancial en los precios si los impuestos se hubieran llevado un porcentaje tan grande de los ingresos civiles como el rearme se llevó de los bienes civiles.

Esto nos lleva a otra fuente de confusión. La gente a menudo habla como si un déficit presupuestario por sí mismo fuera la causa necesaria y suficiente de la inflación. Un déficit presupuestario, sin embargo, si es financiado en su totalidad con la venta de bonos del gobierno pagados con ahorros reales, no necesariamente provocará inflación. E incluso un superávit presupuestario, por el otro lado, no es garantía contra la inflación. Esto es aparente cuando, como en el año fiscal que terminó el 30 de junio de 1951, hubo una inflación substancial a pesar de haberse producido un superávit presupuestario de $3,500 millones de dólares. Lo mismo ocurrió a pesar de los excedentes presupuestarios de los ejercicios fiscales de 1956 y 1957. Un déficit presupuestario, en definitiva, es inflacionista solamente en la medida en que provoca un aumento de la oferta de dinero. No obstante la inflación puede presentarse incluso con un superávit presupuestario si hay un incremento de la oferta monetaria.

La misma cadena de causalidad se aplica a todas las llamadas “presiones inflacionistas” – en particular la conocida “espiral de salarios y precios”. Si no estuviera precedido, acompañado o seguido de un rápido aumento de la oferta de dinero, un aumento de los salarios por encima del “nivel de equilibrio” no sería motivo de inflación, sino que se limitaría a causar desempleo. Y un aumento de los precios, sin un aumento de dinero en efectivo en los bolsillos de la gente no hará sino provocar una caída en las ventas. El aumento de salarios y precios, para abreviar, es generalmente consecuencia de la inflación. Pueden causarlo pero sólo en la medida que presionan un aumento en la oferta de dinero.

La cura de la inflación

La cura para la inflación, como con la mayoría de las curas, consiste principalmente en la eliminación de la causa. La causa de la inflación es el aumento del dinero y del crédito. El cura es detener el aumento de dinero y de crédito. La cura para la inflación, en breve, es dejar de inflar. Es tan simple como eso.

Aunque simple en principio, esta cura implica a menudo detallar decisiones complejas y desagradables. Empecemos con el presupuesto federal. Es casi imposible evitar la inflación con un déficit profundo y persistente. Ese déficit es casi seguro que será financiado por medios inflacionarios – es decir, mediante la impresión directa o indirecta de más dinero. Los enormes gastos del gobierno no son por sí mismos inflacionarios – siempre que se sufraguen exclusivamente con ingresos fiscales, o mediante préstamos pagados totalmente con ahorros reales. Pero las dificultades en cualquiera de estos dos métodos de pago, una vez que los gastos han pasado de un cierto punto, son tan grandes que es casi inevitable recurrir a la imprenta.

“El valor del dinero varía básicamente por las mismas razones por las que varía el valor de cualquier mercancía.”

Más aún, a pesar de que estos enormes gastos pagados en su totalidad con impuestos también enormes no son necesariamente inflacionarios, inevitablemente reducen y perturban la producción, y socavan cualquier sistema de libre empresa. El remedio para los grandes gastos gubernamentales no es por lo tanto crear impuestos igualmente enormes, sino que se ponga fin a la irresponsabilidad en el gasto.

Por el lado monetario, el Tesoro y la Reserva Federal debe dejar de crear dinero artificialmente barato – es decir, deben dejar de mantener en forma arbitraria las bajas tasas de interés. La Reserva Federal no debe volver a la anterior política de comprar, a la par, los bonos del propio gobierno. Cuando los tipos de interés se mantienen artificialmente bajos, se fomenta el aumento de los préstamos. Esto conduce a un aumento de la oferta de dinero y crédito. El proceso trabaja en ambos sentidos – porque es necesario aumentar la oferta de dinero y crédito, a fin de mantener los tipos de interés artificialmente bajos. Es por ello que una política de “dinero barato” y una política de apoyo a los bonos del gobierno son simplemente dos maneras de describir la misma cosa. Cuando los Bancos de la Reserva Federal compraban bonos del gobierno del 2½%, digamos, a la par, se deprimían la base del interés a largo plazo al 2%. Y realmente pagaban estos bonos mediante la impresión de más dinero. Esto es lo que se conoce como “monetización” de la deuda pública. La inflación continuará mientras estas cosas sucedan.

Si el Sistema de la Reserva Federal está determinado a poner fin a la inflación y comportarse a la altura de sus responsabilidades, se abstendrá de realizar esfuerzos para reducir los tipos de interés y de “monetizar” la deuda pública. Debe volver, de hecho, a la tradición de que la tasa de descuento del banco central, normalmente, (y sobre todo en un período inflacionario) sea una tasa “que penalice” – es decir, una tasa superior a la que usan los bancos miembros en sus préstamos entre si.

Quisiera dejar constancia aquí de mi convicción de que el mundo nunca saldrá por si mismo de la actual época de inflación, hasta que regrese al patrón oro. El Patrón Oro provee un control prácticamente automático a la expansión del crédito interno. Esa es la razón por la cual los burócratas lo abandonaron. Además de ser una salvaguardia contra la inflación, es el único sistema que ha proporcionado al mundo el equivalente de una moneda corriente internacional.

“La cura para la inflación, en pocas palabras, es dejar de inflar. Es tan simple como eso”.

La primera pregunta que hay que hacer hoy no es, ¿cómo podemos detener la inflación?, sino, ¿queremos detenerla realmente? Porque uno de los efectos de la inflación es el de lograr una redistribución de la riqueza y de los ingresos. En sus primeras etapas (hasta que llega al punto de socavar y distorsionar gravemente la producción en sí), la inflación beneficia a unos grupos a expensas de otros. Los primeros grupos adquieren un genuino interés en mantener la inflación. Muchos de nosotros seguimos bajo la falsa quimera de que podremos ganar el juego – que podremos aumentar nuestro ingreso más rápidamente que nuestro costo de vida. Así que hay mucho de hipocresía en el clamor contra la inflación. Muchos de nosotros estamos en realidad gritando “Mantengan deprimidos todos los precios y los ingresos, excepto los míos propios”.

Los gobiernos son quienes más se aprovechan de esta hipocresía. Al mismo tiempo que profesan “luchar contra la inflación” practican una política de “pleno empleo”. Como un defensor de la inflación alguna vez escribió en el Economist de Londres, “La inflación es nueve décimas de cualquier política de pleno empleo.”

Lo que olvidó añadir es que la inflación siempre tiene que terminar en una crisis y en una depresión, y que, peor que la propia depresión podría ser la falsa percepción popular de que la caída ha sido causada, no por la inflación anterior, sino por defectos inherentes al “capitalismo”.

La inflación, para resumir, es el aumento en los volúmenes de dinero y crédito bancario en relación con el volumen de bienes. Es perjudicial porque deprecia el valor de la unidad monetaria, eleva el costo de vida de todos, aplica lo que en la práctica es un impuesto a los más pobres (sin excepción) a una tasa tan alta como la de los más ricos, elimina el valor de ahorros anteriores, desalienta el ahorro futuro, redistribuye la riqueza y el ingreso en forma arbitraria, alienta y premia la especulación y los juegos de azar en detrimento del ahorro y del trabajo, socava la confianza en la justicia del sistema de libre empresa, y corrompe la moral pública y privada.

Pero no es “inevitable”. La podemos atajar de la noche a la mañana, si tenemos la sincera voluntad de hacerlo.

Henry Hazlitt (1894-1993) se desempeñó como miembro del consejo fundador del Instituto Mises.

Fue un filósofo libertario, economista y periodista de The Wall Street Journal, The New York Times, Newsweek y The American Mercury, entre otras publicaciones.

Es mejor conocido por su libro Economía en una Lección. Este artículo fue extraído de los primeros capítulos de Lo que usted debe saber acerca de la inflación (1964).

 

 

TRADUCIDO POR RODRIGO BETANCUR

 

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Oro Almacenado vs. Oro en Acción

por Antal E. Fekete – Universidad del Patrón Oro

Dividiendo el Imperio Romano en dos mitades

¿Qué tanto oro?

Muchos lectores de mi columna me han preguntado que tanto oro creo que hay en Fort Knox, y que cantidad de oro creo que ha sido almacenada por los estadounidenses que podría estar disponible para acuñar monedas en caso que la Casa de Moneda de los EE.UU. se volviera a abrir al oro.

No tengo cifras, ni siquiera estimaciones. Desde mi punto de vista, estas cifras ya no importan. Lo que importa es si se puede restaurar la confianza de tal forma que empiece a fluir el oro a la Casa de Moneda. La situación es definitivamente triste, como lo demuestra el tratamiento dado al candidato presidencial Ron Paul, por parte del Establecimiento, de su propio partido, de los medios de comunicación, del público inversionista y del electorado. Lo han tratado con frialdad durante un período tan extraordinario como este, precisamente cuando el mundo financiero comienza a desmoronarse a nuestro alrededor. Él podría ser el mensajero de Dios, pero no ha sido tratado mejor que a nadie antes, enviado como profeta a su tierra. Incluyendo un debate sobre el oro como dinero, mucho menos de regresar de nuevo al uso del oro como moneda, el cual ha sido enérgicamente rechazado por todos, incluyendo la misma gente que va a sufrir por su majadería y su fingida sordera mientras el dólar es ignominiosamente eliminado del ruedo.

Oro en acción

Oro almacenado en bóvedas es una cosa, y otra es oro en acción. Oro en acción es tan diferente de oro almacenado como el día es de la noche. Lo primero sugiere confianza en el presente y radiante optimismo por el futuro. Usted se atreve a gastar su moneda de oro pero también espera confiado que regrese a sus manos en los mismos términos. Lo segundo sugiere desconfianza en el presente y profundo pesimismo sobre el futuro. La moneda de oro no es para gastarla. Tal vez nunca vuelva a usted.

Siempre que se atesora oro, existe el peligro de que la economía caiga a sus peores niveles, posiblemente de vuelta a la barbarie. Si todo el oro se atesora, la prosperidad se derrumba independientemente del estado de los conocimientos y la tecnología. Pero si se vuelve a abrir la Casa de la Moneda el oro fluiría, y la economía podría resucitar de entre los muertos. La gente hablaría de un “milagro económico”. Nuestros dirigentes no ven esto. Para ellos el oro sigue siendo una “reliquia bárbara”, en lugar de ser el elixir de la vida, que hace retroceder a la moribunda economía del borde mismo del abismo.

La clave de la confianza

Intercambio y comercio, y la prosperidad que depende de ellos, se articula en dos ingredientes primitivos: integridad y confianza. Es función del dinero promover su existencia e interacción. Por 63 siglos, han trabajado juntos desde que la primera pepita de oro se utilizó como intercambio por el hombre. El oro es la clave de la confianza. La aceptación universal del oro a través de la historia ha permitido que los organismos de producción, consumo, intercambio y distribución logren el más alto nivel de prosperidad en consonancia con el nivel de conocimientos y tecnología. Saque usted el oro, y hete ahí: el conocimiento y la tecnología ya no patrocinan la prosperidad. Es inevitable el hundimiento de nuevo al Oscurantismo.

El terror del error

Los Estados Unidos han perdido su oportunidad en este año de elecciones, de tener un gran debate nacional sobre los méritos de una moneda corriente metálica y de cómo el oro podría ser forzado a servir, a última hora, como forma de evitar un desastre mundial. La Casa de la Moneda de los EE.UU. no será reabierta al oro, y el “terror del error” seguirá su curso hasta su final amargo. Una depresión devastará el mundo. Sauve qui peut, sálvese quien pueda, ese es el mensaje de la campaña para las elecciones presidenciales de 2008 la cual ha abortado seis meses antes de tiempo.

Fin del Imperio Romano

Tal vez un país extranjero, abrirá su Casa de la Moneda al oro y a la plata. Los chinos podrían hacerlo, pero como todos los orientales son demasiado suspicaces y misteriosos, además son totalmente desconfiados y la confianza es la característica de la forma occidental de hacer negocios. Sea como sea, la historia parece repetirse. Recordemos la división del Imperio Romano en 395 dC en dos mitades, oriental y occidental. En 476 la mitad occidental dejó de existir, y empezó la Edad Oscura, el Oscurantismo. La civilización, como la gente la había conocido, se esfumó. Sin embargo, la mitad oriental, en parte debido al hecho de que pudo mantener abierta al oro su Casa de Moneda, continuó existiendo otros mil años. El oro en circulación representaba la confianza. Confianza en la producción, confianza en el comercio, confianza en el futuro.

La edad del Oscurantismo

Ahora ya no hablamos de deflación y depresión. Nos enfrentamos a la Segunda Venida del Oscurantismo. En el momento de la caída del Imperio Romano todo el oro disponible mantuvo en acción un robusto comercio mundial. El problema no era escasez de oro. El problema era que el oro iba a la clandestinidad. Si se hubiera tratado de poner de nuevo en circulación, el Oscurantismo podría haberse atajado. Eso no sucedió, debido a la ignorancia y el egoísmo de los dirigentes, y a su presunción de que la rápida depreciación monetaria del sistema serviría a los propósitos del Imperio. Como el oro iba a la clandestinidad, y no había ningún estadista que presionara para forzarlo de nuevo al servicio, no hubo forma de salvar la civilización en la parte occidental del Imperio Romano.

Es importante entender que la Edad Oscura que siguió, y el pasaje del oro a la clandestinidad, eran sólo dos caras de una misma moneda. Estamos hoy encarando la misma doble amenaza. Esta vez, también, la Edad Oscura podría durar varios cientos de años.

El Bizante, salvador de la civilización

La mitad oriental del Imperio Romano, Constantinopla, salió mejor librada. Allí se mantuvo abierta al oro la Casa de Moneda por otros mil años. Sus gentes no sólo sobrevivieron: prosperaron. La moneda de oro del Imperio, el bizante (el nombre viene de Bizancio, como se conocía Constantinopla antes que el Gran Constantino la bautizara con su propio nombre) salvó la civilización de la ruina en la que había sucumbido con tanta facilidad la parte occidental del Imperio.

Si la historia se repite a continuación, la mitad Oriental de nuestra civilización, con el respaldo de la fuerza económica de la renaciente China, tendrá la sabiduría para salvar el mundo mediante la apertura de la Casa de Moneda a la plata. Por desgracia, Occidente no estará entre los beneficiados.

Gente llorando de desesperación

Nuestros dirigentes gubernamentales que manejan nuestra moneda sin respaldo y los programas de crédito, no entienden que la gente puede enfrentar tragedia y desastre a raíz del colapso del sistema monetario. Hasta cuando se produzca tan devastadora catástrofe, procederán como si una Providencia especial fuera a proteger la nación del caos social y monetario en el cual la masa indefensa llorará de desesperación. La gente lo único que puede hacer es sufrir debido a que personajes ineptos, en el ámbito de la economía monetaria, arrojaron la Constitución al viento, usurparon un poder ilimitado, y tomaron posesión del sistema monetario de la nación.

Cuando una política monetaria de verdaderos estadistas se sustituye por la estupidez, la imprudencia, la irresponsabilidad, y los consiguientes malos ejemplos de comportamiento humano, la catástrofe y el caos asechan a la desafortunada nación atrapada en una de estas frecuentes tragedias de la humanidad.

Impostores cosen los invisibles vestidos del Emperador

El procedimiento común es evitar que científicos monetarios de actitud vertical, cuyos esfuerzos en favor de la masa indefensa de gentes son generalmente mirados con resentimiento, ridiculizados, perseguidos con impuestos y, a veces, sometidos a otras formas de castigo, como el ostracismo o algo peor. Al mismo tiempo los manipuladores de la moneda intentan persuadir al público que son hombres inteligentes y honorables que actúan en el mejor interés de la nación, basados en la más reciente evidencia científica. Estos personajes son agasajados con vinos y viandas, se les otorgan premios y distinciones, y son sujetos a toda clase de alabanza y agradecimiento. Los medios de comunicación y la prensa financiera no encuentran nuevos superlativos para calificarlos. Pero todo este bombo no cambia el hecho de que están alabando a impostores que fingen coser el traje nuevo del Emperador, “invisible para todos, menos para el sabio”.

El Oro es anatema para el credo comunista, así como también para la ideología del dinero sin respaldo

Los Estados Unidos está ilustrando una vez más cómo una nación, cuando es suficientemente inepta y presuntuosa en el ámbito de economía monetaria, prosigue su curso basado en créditos impagables que terminan en angustia, tragedia y desesperación. A menos que, en el último momento, los dirigentes políticos occidentales de alguna manera lleguen a ver la luz, y abran al oro, primero que los chinos, la Casa de Moneda. No pregunte de donde vendrá el oro. Si los chinos deciden y logran atraer la plata, anatema a su credo comunista, entonces seguramente los seguidores de Keynes y Friedman podrían atraer el oro, anatema de su ideología del dinero sin respaldo.

Desindustrialización de los Estados Unidos

El dinero sin respaldo ha desindustrializado los Estados Unidos tan efectivamente como dos guerras mundiales y el mismo dinero sin respaldo a su paso ha desindustrializado a Alemania. Ese país tuvo que empezar a acumular su capital a partir de cero al final de la Primera Guerra Mundial, sólo para malgastarlo en otra guerra inútil que dejó al país en ruinas, dividida, y bajo ocupación enemiga. Pero Alemania, por lo menos en su parte occidental, al igual que la mitológica ave Fénix, renació de sus cenizas y se convirtió en el país más rico de Europa en 1965.

Porqué el milagro económico alemán ha renunciado a la moneda de oro

Según informe de la revista Newsweek del 11 de noviembre de 1957, bajo el título Oro para la Venta, el doctor Ludwig Erhard, Ministro de Economía de Alemania Occidental en 1947, estuvo contemplando abrir al oro la Casa de Moneda. Según el informe, dijo que “los alemanes prefieren el sonido de las brillantes monedas de oro al prosaico roce del papel moneda”. Desistió por una sola razón: no quería avergonzar al rico y poderoso EE.UU., donde las monedas de oro eran tabú.

Tomando a sorbos mal disimulados del vaso de la inflación

Si la historia de Newsweek es cierta, Erhard cometió un error histórico. Intentar evitar una ofensa al poderoso plegándose a sus debilidades y falta de decoro, es un fenómeno que uno ve de vez en cuando en el comportamiento social. Erhard no quiso faltar al respeto a la potencia ocupante, según deja al descubierto su sistema de moneda corriente, introduciendo una moneda realmente respetable en Alemania Occidental. Prefirió que nos siguiéramos considerando a nosotros mismos “respetables como la mujer de enfrente”, mientras pereceamos en zapatillas en el dormitorio, abrazando a nuestra descuidada figura una amplia bata de moneda sin respaldo, el pelo revuelto, mientras seguimos “tomando a sorbos, sin ningún disimulo, del vaso de la inflación” para parafrasear las palabras de Harold Wincott en su escrito en el Financial Times de Londres (en el artículo No Laughing Matter (No es Cuestión de Risa), del 5 de octubre de 1954).

El incesante hablar de liderazgo en el Mundo Libre

Los funcionarios de los Estados Unidos han estado hablando incesantemente de su responsabilidad como líderes del Mundo Libre, y de sus inigualados conocimientos en todos los campos de la actividad humana. Sin embargo, aquí estamos invitados a uno de los más humillantes espectáculos. Alemania, un país derrotado, con indulgente tolerancia en la esfera de la ciencia monetaria, hace una elección inferior en la reforma de su sistema de moneda, por temor a molestar al poderoso líder a quien, en forma disoluta, le ha faltado liderazgo en el ámbito del dinero. Gran liderazgo para el Mundo Libre. Tanto más por sus conocimientos inigualados.

Flotación por hundimiento

Usted no necesita una guerra en su territorio para desindustrializar su país. Los Estados Unidos han logrado tal hazaña, pulgada a pulgada, desde 1971, estando por ese entonces en el apogeo de su poder industrial, que además, y no es sorprendente, coincide con la ruptura final entre el dólar y el oro. Lo más sorprendente de esto es que no se ha hecho nada para detener el descenso durante ese período. Las advertencias de los economistas monetarios han sido ignoradas, inclusive ridiculizadas. Los Estados Unidos persisten con el programa de Friedman de ‘flotación por hundimiento’. El dólar ha sido objeto de continua y consciente degradación, una y otra vez desde 1972, a pesar del evidente daño que se hacía al capital industrial de los EE. UU.

La devaluación de la moneda corriente es auto-mutilación. La flotación es una devaluación disfrazada – como si las mutilaciones parciales fueran menos dolorosas. Sea como sea, la receta de Milton Friedman de flotación del dólar ha causado el mayor consumo de capital que se haya registrado en la historia. Ha convertido a los norteamericanos en prisioneros de la “gratificación instantánea”. Se ha hecho caso omiso de una lección, aquella que muestra que, una vez que se consume, o se disipa, capital industrial, o de cualquier otro tipo, ya no puede ser restituido al clic del mouse (como si se puede hacer con el crédito mal usado).

No es la declaración de guerra, sino la declaración del oro como ‘tabú’ lo que destruye el capital industrial.

La verdadera causa de la desindustrialización de una floreciente potencia industrial no es la guerra sino la declaración del oro como tabú. Sin embargo, como el ejemplo de Alemania nos muestra, el proceso no es irreversible. Con una moneda sana respaldando sólidamente a productores y ahorradores, el país podría volver a regenerar su base industrial. Podría recuperar su capital industrial. Pero se necesita disciplina, reducción en el consumo, ahorro – y, sobre todo, liderazgo monetario.

Todavía no es demasiado tarde para reversar el tren de la destrucción.

Basta con abrir al oro la Casa de Moneda de los EE. UU.

 

1 de abril de 2008.

* Nota:

ANTAL E. FEKETE es Professor Emeritus (Mathematics), Memorial University of Newfoundland, St. John’s, Newfoundland, Canada. Es un economista de clase mundial, especializado en matemática, ciencia monetaria e historia. Vive entre St. John’s, Newfoundland, Canada, y Budapest, Hungría. Es un escritor prolífico.

En 1974 el Profesor Fekete presentó una conferencia sobre oro en el Seminario Paul Volker, en la Universidad de Princeton. Posteriormente fue Profesor Visitante en el Instituto Americano para la Investigación Económica y Editor Mayor de la Fundación Americana de Economía. En 1996, su ensayo Whither Gold? (¿Adonde Oro?), fue galardonado con el Primer Premio en el concurso internacional de ensayos sobre el dinero, auspiciado por el Banco Lips, el Banco Suizo.

Más artículos del Profesor Fekete en su página Web: www.professorfekete.com

 

TRADUCIDO POR RODRIGO BETANCUR

 

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El fantasma de un aniversario olvidado asusta la nación

 

por Antal E. Fekete *

Universidad del Patrón-Oro

25 de marzo de 2008.

 

Hace setenta y cinco años este mes Franklin Delano Roosevelt inauguró su gobierno como Presidente número 32 de los Estados Unidos. Pocos días después de jurar hacer cumplir la Constitución de los EEUU, por medio de una Proclama Presidencial cerró al acuñe de monedas de oro en la Casa de Moneda de los EEUU. Recordemos que la Casa de Moneda había sido establecida por la Constitución para proteger el derecho de la gente a la posesión de dinero legítimo.

Roosevelt había sido elegido sobre la plataforma del dinero legítimo. Apenas instalado en su oficina, cambió de parecer. Confiscó el oro de las gentes, alteró el valor de conversión, y a cambio entregó billetes de la Reserva Federal los cuales han llegado a perder hasta un 95 por ciento de su valor en los años subsiguientes. Y se corre el riesgo de perder, en corto tiempo, lo poco que queda de ellos.

Esa experiencia dejó flotando un trauma moral que vuelve a abrumarnos 75 años después, incluso si el Establecimiento, los medios de comunicación, y aún la Academia, quisieran que olvidáramos este aniversario. No lo lograrán. Los pollos de Roosevelt no lo permitirán. Ha tomado a los pollos 75 años para volver a casa, a posarse a dormir. Su vuelta a casa la hacen con saña. Los pasados 75 años fueron un período de turbulencia inaudita en los mercados financieros. Nunca, durante estos 75 años había encarado la nación una crisis monetaria más grave que la que enfrenta ahora. El sistema bancario del país amenaza con reventar. El sistema de crédito afronta a un desplome violento.

Usted oirá muchas explicaciones acomodadizas sobre lo que ha sucedido, desde las hipotecas “subprime”, pasando por una política monetaria descuidada en la Reserva Federal, hasta la política fiscal de un gobierno derrochador. Sin embargo, hay una explicación que usted nunca oirá, ni del establecimiento, ni de la economía convencional, ni de los medios de comunicación. No mencionarán jamás al verdadero culpable, el dólar inconvertible. Está completamente establecida una tendencia a que casi todo empresario, legislador, jurado, e incluso pastor, vaya con la marea. Quizás tales personas confunden la posición y el poder con la sabiduría, o con la idoneidad en campos donde ellos no son competentes. Por lo que observamos, ni uno de nuestros líderes, ninguno de los jueces, ningún gerente de negocio es competente en el campo del dinero. No entienden que una crisis monetaria, tal como la que amenaza al dólar inconvertible en este momento, podría aniquilar totalmente el valor de su dinero. Está perfectamente claro que los Estados Unidos están en un problema muy grave porque ya no pueden producir los bienes necesarios para su sobrevivencia, ni los pueden comprar en los mercados de mundo, en un alto grado a causa del uso de su moneda inconvertible. Peor todavía, como consecuencia de haber escogido una moneda inconvertible tenemos una falta de honorabilidad sin precedentes en el gobierno. Los estándares de deshonestidad se riegan como cáncer a través de la nación, ya que personajes insensatos dan apoyo al uso de tal moneda.

Es difícil de encontrar una práctica monetaria inadecuada que no haya sido adoptada, de una u otra forma desde 1933 por los modernos John Law de las finanzas. En el siglo XVIII el aventurero escosés John Law se hubiera sentido completamente en casa entre los aventureros modernos que llevan el timón del Tesoro y la Reserva Federal de los EEUU.

Cuando la Casa de Moneda de los EEUU fue cerrada al oro por Roosevelt, en marzo de 1933, y el país se embarcó en el azaroso mar de la moneda manipulada, un gran número de individuos y organizaciones instaron a un pronto regreso al patrón-oro (que, créalo o no, entre ellos se incluye la Junta de Gobernadores de la Reserva Federal, el Concilio Consultor Federal, 37 miembros del staff de la Universidad de Columbia, y 710 miembros de la Asociación Económica norteamericana, para mencionar sólo unos pocos). La pregunta que surge es,  ¿qué ha pasado con esas voces opuestas durante todos estos años? Algunos fueron callados mediante soborno y chantaje, o fueron simplemente corrompidos por un movimiento político al que encontraron improcedente oponerse. Aquellos individuos verticales que levantaron sus voces de protesta, por otro lado, fueron silenciados con el simple desgaste, el descrédito y aún con la muerte. No se les permitió llevar la antorcha hasta la próxima generación. Todo conocimiento acerca del dinero-oro fue purgado sistemáticamente de los currículos de las universidades e institutos de estudios avanzados y reemplazado por charlatanería seudo-matemática.

Por supuesto, se puede esperar que los grupos, generalmente controlados por  lucro, cambien su posición con el mudar de las mareas políticas. Pero no hay defensa válida que puede ser ofrecida cuando hombres que fingen ser científicos pero que ajustan sus principios de acuerdo con los cambios en la moda política, o inventan ecuaciones diferenciales fraudulentas para supuestamente describir el comportamiento del dinero en manos de la gente.

Las políticas monetarias de quienes abogan por una moneda inconvertible han sido principalmente las de charlatanes. Los que hoy pasan por economistas monetarios o bien, no han entendido las lecciones del pasado; o han estado dispuestos a desecharlas como basura en aras de obtener tantas ganancias personales como puedan, repitiendo como loros la línea oficial de propaganda.

Una profunda y penetrante corrupción ha afligido a la ciencia monetaria durante los pasados 75 años, comparable al Lysenkoism en la Unión Soviética, ahora difunto. La única diferencia aparente es que los adversarios del enfant terrible de la genética soviética, Trofim Denisovich Lysenko, fueron relegados al Archipiélago de Gulag para nunca oír de ellos otra vez. Todavía, podrían pasar muchas décadas de doloroso esfuerzo para reparar el daño causado por el Lysenkoism, estilo estadinense, que ha borrado del mapa la ciencia monetaria norteamericana, alguna vez famosa y respetada mundialmente. El bienestar de nuestra nación, más bien, el del mundo entero, ha sido socavado gravemente por esta congoja. Está por verse si los científicos que conocen las lecciones del pasado y las prescripciones indicadas por la evidencia acumulada durante siglos pueden hacer algo de importancia para corregir esta triste situación. En este sentido la recepción que ha tenido la candidatura presidencial del Dr. Ron Paul no nos da muchas esperanzas.

James P. Warburg en su libro Hell Bent for Election (Garden City, N.J., 1935) el cual podríamos titular en Español como ¨Decisión Inquebrantable¨, cita un discurso de campaña dado por Roosevelt en Butte, Montana, el 19 de septiembre de 1932, como la base para valorar al hombre que violaría su promesa en un asunto tan importante, como lo es, el popular estándar monetario:

“Recuerda que actitud y método – la manera como hacemos las cosas, y no apenas la manera como las decimos – son casi siempre la medida de nuestra sinceridad”. Este discurso auto-acusador fue omitido en la publicación de los “Papeles y Directrices de Franklin Delano Roosevelt” compilados por Samuel I. Rosenman, así también como otro discurso dado por Roosevelt en Brooklyn. Cito a Warburg:

‘El 4 de noviembre de 1932, el Sr. Roosevelt hizo esta llamativa declaración: “Una de las tergiversaciones mas comúnmente repetidas por los Republicanos, incluyendo al Presidente, ha sido el reclamo de que la posición Demócrata con respecto al dinero no ha sido suficientemente clara. El Presidente tiene visiones de dólares de caucho. Esto es sólo una parte de su campaña del temor. No caracterizaré estas declaraciones. Solamente presento los hechos. La plataforma Demócrata declara específicamente: ‘Respaldamos una moneda sana que será preservada de todos los peligros’. Esto es Inglés simple”.

Esa declaración sólo podría significar, si algo significaba a los millones de personas que votaron por Roosevelt, una moneda bajo el patrón-oro. ¿Hay algún defensor del dólar inconvertible, aún entre los que tratan de transmitir la impresión de que la mayoría de la gente quería abandonar el patrón-oro en 1932, que tenga el valor moral para comentar sobre estos discursos? Roosevelt dijo más aún:

“A los empresarios del país, que combaten duramente para mantener su solvencia e integridad financieras, les dijo el Presidente Hoover, en lenguaje brusco, en Des Moines, Iowa, cuan cercano estuvo el país, hace algunos meses, de salir del patrón-oro. Esto, como ha sido demostrado claramente desde entonces, fue una difamación que afecta el crédito de los Estados Unidos… no se ha dado una respuesta adecuada a la grandiosa filípica del Senador Glass la otra noche, en que mostró cuán deleznable era esta afirmación. Y yo podría agregar que el Senador Glass hizo un desafío devastador que ningún gobierno responsable vendería al país valores pagaderos en oro si supiera que la promesa, sí, el convenio incorporado en esos valores, fuera tan dudoso como el que el Presidente de los Estados Unidos dice que fue”.

Cito a Warburg:

‘El 12 de marzo de 1933 – una semana después que Roosevelt había asumido la Presidencia, el Tesoro de Estados Unidos expidió $800.000.000 en obligaciones pagaderas “en moneda de oro de los Estados Unidos del presente estándar de valor” – el mismo convenio al que nos hemos referido en el párrafo anterior, del que hablaba Roosevelt pocos días antes de ser elegido. ‘Valores adicionales fueron expedidos poco tiempo después incorporando el mismo convenio.

‘El 7 de mayo de 1933, el Presidente Roosevelt, en una transmisión de radio al país, anunció su intención de repudiar este convenio. ‘Y el 5 de junio de 1933, el convenio fue rescindido por el Congreso. ‘El punto no es si concordamos o disentimos con el juicio o el razonamiento de Roosevelt. El punto es que si él tenía esa convicción con respecto a la cláusulas del oro y pensaba actuar sobre ese tema, nos parece que la gente tenía derecho de saberlo antes de que se les pidiera votar’.

Los Casa de Moneda de EEUU fue vuelta a abrir al oro después del lapso de la Guerra civil y la Reedificación, en el 2 de enero de 1879. Al celebrar el acontecimiento el General James A. Garfield dijo en su alocución en Chicago: “Oiremos todavía ecos del viejo conflicto, tales como ‘el barbarismo y la cobardía del oro y la plata’ y ‘las virtudes de dinero inconvertible’. Las teorías que les dieron luz permanecerán entre nosotros como fantasmas rezagados, pero pronto encontrarán el descanso en la tumba política de temas difuntos…”

Garfield advirtió que la “periódica manía” del papel moneda quizás se cierna sobre el país de vez en cuando. La fuerza que tiene el presente episodio de la manía aparentemente nunca antes había sido experimentada por nuestro pueblo. El fin de esta gran enfermedad no está todavía a la vista. Si las experiencias pasadas nos proporcionan una buena lección, entonces las consecuencias posteriores a nuestro fracaso al entender la naturaleza de esta manía, prometen ser muy dolorosas, incluyendo la mayor devastación monetaria y económica que el mundo haya visto jamás.

Orval W. Adams, alguna vez presidente de la Asociación norteamericana de Banqueros, en su artículo “Inflación, el Comején de la Civilización”, escribió en 1956: ‘Abran la Casa de Moneda al oro. El oro es un regalo de un Creador Sabio al mundo. No hay substituto. Nunca lo habrá. Sin el oro como base para el intercambio doméstico e internacional, la civilización no podría haber surgido del período del trueque en la Alta Edad Media. El oro es el único seguro contra los políticos despiadados que desvalorizan y corrompen el intercambio de dinero y los sistemas monetarios de la gente libre del mundo. Repito, el oro es una bendición de la Sabia Providencia para prevenir la tragedia que viene después del uso de un medio de intercambio, manipulado políticamente, desvalorizado y corrupto. El patrón-oro es el guardián perpetuo en la torre del gobierno de los hombres libres, quien evita que el veneno del totalitarismo entre al torrente sanguíneo del dinero sano’.

En más de una ocasión el patrón-oro fue alegre, aunque prematuramente, enterrado. Una de estas ocasiones fue la ‘oración fúnebre’ ante de Cámara de Diputados de París durante la ocupación Nazi, pronunciado por uno de los altos funcionarios  del partido nazi, quien declaró ‘con profunda satisfacción interior’ que ‘el patrón-oro se encuentra ahora tan alejado de las realidades de la vida como la filosofía de la Revolución francesa: Libertad, Fraternidad e Igualdad entre los hombres…’

Cuando Roosevelt confiscó el oro de sus súbditos y los forzó a aceptar a cambio notas de crédito, o billetes, inconvertibles, el propósito fue dar al gobierno libertad para disponer a su antojo del producto del trabajo de la gente, al privarlas de la libertad de defenderse de las arbitrariedades del gobierno y de convertir el producto de su trabajo en oro si así lo deseasen. Al hacerlo, Roosevelt abrió de par en par la puerta a la tiranía del gobierno, la cual se ha manifestado en un nivel salvaje del gasto público, una pesada carga de impuestos, una moneda radicalmente depreciada, una inmensa deuda pública, un alto grado de socialización y un creciente manejo administrativo de la economía por parte del gobierno, y aún hasta en la suspensión de los derechos civiles.

Hoy muchas personas celebran la llegada del oro a los $1000. En su festivo humor la gente es responsable al olvidarse de la consecuencia siniestra de este importante hito. Es la realización del proyecto de Roosevelt de privar a la gente de la libertad de resguardar el fruto de su trabajo de las garras del gobierno al convertir su propiedad en oro. A $1000 por cada onza de oro, no hay muchas personas que pueden comprarlo para protegerse de la confiscación de los frutos de su trabajo. Oro a $1000 es un hito en el camino- en el camino al infierno.

* Nota:

ANTAL E. FEKETE es Professor Emeritus (Mathematics), Memorial University of Newfoundland, St. John’s, Newfoundland, Canada. Es un economista de clase mundial, especializado en matemática, ciencia monetaria e historia. Vive entre St. John’s, Newfoundland, Canada, y Budapest, Hungría. Es un escritor prolífico.

En 1974 el Profesor Fekete presentó una conferencia sobre oro en el Seminario Paul Volker, en la Universidad de Princeton. Posteriormente fue Profesor Visitante en el Instituto Americano para la Investigación Económica y Editor Mayor de la Fundación Americana de Economía. En 1996, su ensayo Whither Gold? (¿Adonde Oro?), fue galardonado con el Primer Premio en el concurso internacional de ensayos sobre el dinero, auspiciado por el Banco Lips, el Banco Suizo.

El e-mail del Profesor Fekete es: [email protected]

TRADUCIDO POR RODRIGO BETANCUR

 

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¿Qué sabemos acerca de los bancos? – Parte II

Por Sergei D. Lozovoi-Koscheev 

Publicado en Inglés el Lunes 26 de Noviembre de 2007 11:22 AM

El sistema bancario no ha sido siempre lo que es ahora. Y por supuesto no es de extrañar. Sin embargo, el hecho de parecer más sofisticado no significa necesariamente progreso. En realidad es otra cosa. ¿Qué es lo que realmente sabemos acerca de los bancos?

Resumen de la primera parte
En primer lugar, me gustaría resumir la esencia de la primera parte de manera que sea útil para este artículo. Recordará usted nuestro escenario simplificado en el que, en la economía, se gasta más dinero del que naturalmente existe. Cuando usted o cualquier otra persona en nuestro escenario pagaban con tarjeta crédito, lo que ocurría era el intercambio de las mercancías por un “recibo de efectivo“: recuerde que cada vez que usted paga con tarjeta crédito tiene que firmar una nota de “recibo de efectivo“, efectivo está siendo creado y autorizado por usted. Si no tuviera tarjetas crédito, por ejemplo, giraría un documento bancario, a cambio del efectivo depositado en su cuenta, un cheque, que endosaría a la otra persona.

El hecho descrito en la primera parte, dicho de otro modo, es el siguiente: el volumen de “recibos de efectivo” no es igual a la cantidad física de dinero en efectivo (nunca jamás).

Una vez más, no es el propósito de esta nota explicar una verdad generalmente aceptada sino que, más bien, se trata de cuestionar porqué el hecho mencionado es considerado como una verdad de aceptación general.

Circulación, liquidez y banco central
Una importante consecuencia del hecho descrito anteriormente es que el sistema bancario sigue funcionando (y sus cuentas con tarjeta crédito se pagan, lo que es lo mismo que decir que los “recibos de efectivo” se intercambian por unidades físicas de dinero), como ustedes recordarán, debido solamente a que las unidades físicas de efectivo se mueven constantemente dentro del sistema a fin de que cada banco tenga la oportunidad de utilizar el dinero de otras personas para poder proveer, a cada cliente, el dinero en efectivo que en particular necesita. A este movimiento de unidades físicas de dinero se le llama circulación (del dinero).

La liquidez se define en función de que tan bien circula el dinero por todo el sistema para garantizar la tramitación ininterrumpida de las necesidades de efectivo en cada momento en el tiempo. Se determina que existe un problema de “liquidez” cuando existe el peligro de interrupción de la circulación (por ejemplo, cuando los deudores no pagan a tiempo sus préstamos). En caso que la circulación se perturbe de tal manera que el banco se encuentre imposibilitado para satisfacer las necesidades de efectivo de sus clientes, este banco, en ese instante, se convierte en insolvente. Sobra decir cuáles podrían ser las consecuencias de tal insolvencia para el banco.

No es difícil comprender que los bancos estén integrados en un sistema y que su liquidez (y por tanto su solvencia) dependa de la de otros bancos y entidades participantes, es decir, que cada banco en particular dependa de la circulación del dinero y que cada uno de ellos tenga interés en asegurar una circulación ininterrumpida. Este es precisamente el papel de los bancos centrales: proporcionar un mecanismo de coordinación en esta búsqueda de una circulación ininterrumpida del dinero efectivo. No debemos ilusionarnos con que el principal objetivo del banco central es la estabilidad financiera, en realidad sólo quiere garantizar la circulación ininterrumpida del dinero. Simplemente dicho, el banco central está allí para ayudar a los otros bancos a ocultar el proceso de robo constante, en la medida en que realmente se compromete a prestar dinero a los bancos cuando hay un riesgo inminente de falla en la circulación (también conocido como “necesidad de una inyección de liquidez” en el sistema, y en ejercicio de esta función, al banco central se le denomina “prestamista de última instancia”).

Tiene que entenderse bien que el banco central, como institución, apareció con el objetivo de conservar la estabilidad del sistema bancario llamado “de reserva fraccionaria“, en el sentido de que el “sistema” tuviese siempre suficiente dinero para poder solucionar las necesidades de efectivo de sus clientes. Siempre que el término “liquidez” es utilizado por algún comentarista, se refiere precisamente al riesgo particular de los bancos de no disponer de dinero en cantidad suficiente para resolver la necesidad de efectivo de sus clientes. El riesgo, descrito en la primera parte de estos ensayos, se debe a que naturalmente hay sólo una fracción del dinero (unidades físicas de dinero), del que existe según los recibos de efectivo, no sólo para cada banco, sino para el sistema bancario en su conjunto.

Ejemplo de la vida real
No es difícil, en absoluto, comprender que son la liquidez, el problema de circulación y la consiguiente necesidad de tener un banco central, ya que se puede construir el mismo sistema y comprobar cómo funciona en tiempo real (sin embargo tiene sus riesgos y se puede terminar en graves problemas, por lo cual, si alguien decide ponerlo en práctica, el autor lo desaconseja y declina cualquier responsabilidad por los resultados):
– Obtenga una tarjeta de crédito de un banco, con el límite de US$ 2.000 (y digamos que el saldo total debe pagarse en un plazo de 30 días a partir de la fecha del extracto mensual, American Express es un buen ejemplo), se asume que no se pagarán intereses.
– Gaste esos US$ 2,000 en comprar lo que quiera (algo que ha soñado desde hace mucho tiempo).
– Para pagar la tarjeta de crédito necesita US $ 2,000 que usted no tiene (las fuentes actuales de efectivo no le ofrecen la oportunidad de obtenerlos en su totalidad sin afectar su consumo normal)
– Obtenga otra tarjeta de crédito del banco B (tarjeta B), con un límite de US $ 2,000, que le permita retirar el saldo en efectivo y reembolsarlo a plazos (por ejemplo un mínimo de 10% mensual); tampoco se asume el pago de intereses.
– Tome los US$ 2,000 en efectivo de la tarjeta B, y page el total en AmEx.
– Otra vez tiene US $ 2,000 disponibles (en la tarjeta AmEx).
– Gaste de nuevo, compre más cosas.
– Para pagar esta cuenta al fin del próximo mes, tome un préstamo a plazos en el banco C reembolsable en cuotas mensuales
.De esta manera puede continuar utilizando su tarjeta AmEx (y manteniendo el gasto de US$2,000 cada mes) tanto tiempo como pueda cumplir con los pagos mensuales con sus actuales fuentes de dinero en efectivo, préstamos y tarjetas de crédito (para llegar a extremos, es inclusive posible volver a gastar las cantidades que se reembolsen cada mes). Pronto alcanzará el límite, no podrá obtener más tarjetas de crédito ni nuevos préstamos (porque no podrá pagar el nivel mínimo de mensualidades), y por lo tanto el próximo extracto de AmEx tampoco lo podrá pagar. Al igual que en el sistema bancario real, la circulación en este sistema dependería del flujo constante de nuevo efectivo (nuevas tarjetas de crédito y préstamos bancarios), y si la circulación se interrumpiera (en nuestro caso, debido a la imposibilidad de obtener más préstamos de los que ya tiene), tendría lo que llamamos un problema de “liquidez”: la circulación en el sistema se detiene, la liquidez es cero, y usted, en ese momento, podría ser declarado insolvente.Imagine ahora que un hada madrina le regala US$ 2,000, gratis, con la condición de que pague su tarjeta AmEx y no la use de nuevo (y, por tanto, quedaría con otros préstamos que puede mantener con sus actuales fuentes de ingreso de dinero en efectivo). Esta sería una oportunidad milagrosa para usted.

Aunque el banco central no es generalmente el hada de nuestro ejemplo (no obstante puede serlo), a menudo es quien le da la tarjeta crédito, o el préstamo que le ayuda a pagar su tarjeta AmEx. Por lo general usted, y también el banco, se referirían a una solución de la “próxima tarjeta de crédito” sólo en caso de no tener otra salida del problema: es posible que usted pueda contar con un futuro aumento de sueldos (¿ o una bonificación?), y en el caso del banco, por ejemplo, que recibiera nuevos depósitos a plazo y/o que nuevos clientes abrieran cuentas corrientes. Usted tendría que tomar un nuevo préstamo en caso de que no recibiera su bonificación anticipada, de igual modo sucedería al banco si no recibe, a tiempo, suficientes aportes de dinero en efectivo.

¿Y entonces qué?
Todos los bancos se están comportando como alguien que ha obtenido una tarjeta AmEx y ha gastado sabiendo que al finalizar el próximo mes la cantidad no podrá ser devuelta con fondos provenientes de sus fuentes tradicionales de dinero. Como persona, pregúntese si ¿estaría dispuesto a hacerlo? Estoy seguro de que tendría razones de peso para no hacerlo. Sin embargo, por algún motivo, estas razones de peso parecen ser inaplicables en el caso de los bancos. A diferencia de nosotros, para quienes ese comportamiento sería un desastre financiero, los bancos no están convencidos de que tal calamidad pueda ocurrirles a ellos, ya que tienen un sistema para evitarlo. ¿Y entonces porqué este sistema no está disponible para nosotros? Simplemente porque, con mucha probabilidad, no estaríamos de acuerdo en dar dinero a alguien para que pague su tarjeta AmEx si no hubiera una expectativa razonable de que, si nos se encontrásemos en la misma situación, ese alguien nos regalara también dinero para pagar la cuenta de AmEx. No obstante, esto es exactamente lo que hacemos, pero a una escala mucho mayor, cada vez que depositamos dinero en un banco contemporáneo.

Mientras funcione bien, ¿qué nos importa?
Bueno, la cosa es que decir “funciona bien” implica una circulación ininterrumpida de unidades físicas de efectivo, quiere decir, en otras palabras: “que si puedo retirar libremente mis fondos en efectivo cuando quiera, o usarlos para pagar mis pasivos, ¿por qué debería preocuparme?” También podría significar esto: “Aún cuando sé que no hay suficiente dinero en efectivo para todos en un determinado momento en el tiempo, es muy poco probable que todos vayan a venir al mismo tiempo a retirar la totalidad de su dinero, así que muy posiblemente siempre podré retirar mis fondos”.
Pero estas afirmaciones no son del todo correctas, si implican una circulación ininterrumpida de unidades físicas de dinero en efectivo; no debería olvidar añadir también, al menos, la siguiente frase: “Creo que es poco probable que muchos de los prestatarios del banco vayan a dejar de pagar sus préstamos durante el período de tiempo en que estoy pensando usar este banco” y “creo también que este banco no tendrá dificultad para obtener préstamos de otros bancos directamente cuando sea necesario” y “también creo que el banco disfrutará de un nivel suficiente de nuevos depósitos en efectivo”.Creo que a estas alturas debería tener buenas razones para preocuparse:
— ¿Cómo asegurarse de que los prestatarios o su banco pagarán a tiempo?
— ¿Cómo saber, con buen margen de confianza, cuántas personas abren nuevas cuentas y depositan “nuevo” dinero en efectivo?
— ¿Cómo asegurarse de que otros bancos están dispuestos a hacer un préstamo a su banco?
Nunca podrá estar seguro. Porque no es posible. Este es precisamente el trabajo de los bancos. Sin embargo, la capacidad de retirar mañana su dinero en efectivo de cajeros automáticos depende directamente de la capacidad de los bancos para gestionar esas y muchas otras cosas. Tenga en cuenta, sin embargo, que no debería ser así: se trata de su dinero y su derecho a retirarlo es incondicional.

Bueno, ¿y si justamente queremos que sea de esta manera: es gestión de riesgos, estamos en el Siglo 21, podemos manejarlo: contamos con un sistema de seguros en caso de que las cosas vayan mal, tenemos un banco central para asegurarnos que nada salga mal.

En primer lugar, el sistema de seguros no puede certificar a todos la devolución de su efectivo (simplemente porque la cantidad de unidades físicas de dinero en efectivo no es igual a la correspondiente a los “recibos de dinero en efectivo”) – siempre habrá un límite por persona. En segundo lugar, el Banco Central no puede prevenir “que las cosas vayan mal”; lo único que pueden hacer los bancos centrales es restablecer la circulación ininterrumpida del dinero. El Banco Central sólo tiene una manera de hacerlo: poniendo más unidades físicas de efectivo a disposición del sistema. Son varias las herramientas a utilizar: (i) reducir los requisitos de reserva (para que los bancos pueden tener acceso al efectivo previamente depositado en el Banco Central como garantía), (ii) dar préstamos a los bancos, (iii) la compra de valores de los bancos y, menos probablemente, (iv) impresión de efectivo (es decir, aumentar directamente la cantidad de unidades físicas de efectivo). Los bancos centrales no controlan las fuerzas que interrumpen la circulación. Por ejemplo, los bancos centrales no tienen control sobre:
— Su deseo personal de abrir una cuenta en determinado banco,
— Las políticas crediticias de los bancos y las decisiones individuales de cada uno de los bancos de conceder un préstamo,
— La solidez de los proyectos financiados a través de préstamos bancarios,
— La demanda de los productos resultantes en los proyectos financiados por los bancos,
— El éxito de las empresas,
— La creación de nuevas empresas,
Y muchas otras cosas.

Así que ¿cuál es la conclusión?
No hay nada económicamente fundamental en tener un banco central y una política de estabilidad financiera: todo está centrado en mantener la circulación ininterrumpida de dinero. La circulación ininterrumpida de dinero sólo es un problema cuando no se garantiza el derecho a la propiedad del dinero que depositamos en el banco (ya que la cantidad de unidades físicas de dinero no es igual a la cantidad en “recibos de efectivo“). La interrupción de la circulación de inmediato revela que ha sido robado el dinero colocado en el banco, la circulación requiere vigilancia y coordinación. El problema de liquidez aparece cuando se interrumpe la circulación y las consiguientes “inyecciones de liquidez” son simplemente un aumento de unidades físicas de dinero destinadas a restablecer la circulación. El problema de liquidez, por lo tanto, no es un problema económico, sino un problema matemático derivado de una legislación deficiente (y, como tal, es un problema jurídico). El reversar el problema de liquidez no resuelve ningún problema económico real, sino que, de hecho, empeora otro (el de la inflación).
   Advertencia a los críticos
Despreocúpese, esta no es una publicación científica. Los guiones son simplificados, pero razonables, a propósito hemos evitado el uso de terminologías complicadas hasta donde sea posible, para mantener simples las cosas. Si usted siente un deseo ineludible de rechazar mis argumentos, por favor lea primero
this scientific publication (que fue el material de referencia para el autor) y sea usted más que bienvenido. Seriamente, estaría muy contento de tener una discusión más sofisticada con cualquier persona interesada. Los comentarios no sofisticados son también bienvenidos. Las preguntas serán muy apreciadas porque el autor no podía incluir todos los aspectos del problema en un artículo (algunas preguntas pueden ser contestadas en las partes sub-siguientes de este ensayo y por lo tanto el autor rechazará amablemente darles respuesta ahora). 

Esta es una traducción del Inglés al Español del articulo What do we know about banks? Part II originalmente escrita por Sergei D. Lozovoi-Koscheev y publicada en su Blog Reconomics

This is a translation from English to Spanish of the original article What do we know about banks? Part II by Sergei D. Lozovoi-Koscheev and published on his blog Reconomics
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Copyright 2007 by Sergei D. Lozovoi-Koscheev. Reproduced by permission.
TRADUCCIÓN DE RODRIGO BETANCUR

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¿Qué sabemos acerca de los bancos? – Parte I

Octubre de 2007

Por Sergei D. Lozovoi-Koscheev 

 Aquellos de nosotros que estudiamos Economía conocemos la capacidad que tienen los bancos de crear dinero. Este concepto es introducido en cada curso de estudios universitarios de Economía y es más comúnmente conocido como el ‘multiplicador bancario’. La idea es bastante simple y no es mi intención recitar ahora la lógica entera; tampoco es el objetivo de esta nota el proclamar una verdad por todos conocida. Estoy más preocupado por el hecho de que la idea del ‘multiplicador bancario’ sea percibida como una verdad por todos conocida. Reinventemos de nuevo la rueda para ver como trabaja.

He aquí algunas bases:

Perfilaré la teoría sólo para componer la escena, y también como introducción a aquellos de ustedes que no han estudiado economía. ‘El multiplicador bancario’ se fundamenta en unos fenómenos bastante simples de contabilidad, y funciona como sigue (guión simplificado, lea la advertencia a los críticos al final del documento):

  • – Usted lleva un dólar a un banco y hace un depósito en una cuenta corriente.
  • – El banco le da, en estos tiempos modernos, una tarjeta débito.
  • – El banco entonces trata el dólar como a masa monetaria.
  • – Conforme a la asunción general de que el dinero debería trabajar, el banco presta este dólar a otra persona.
  • – Esta otra persona abre una cuenta corriente en el mismo banco y deposita el dólar que ha tomado prestado.
  • – El banco le da una tarjeta débito.
  • – El banco trata el dólar como a masa monetaria (otra vez).
  • – Conforme a la suposición general que el dinero debe siempre trabajar, el banco presta este dólar a otro cliente en dinero en efectivo.
  • – La tercera persona se aleja feliz con el dólar.
  • – El segundo, el tercer cliente y usted vienen todos a, digamos, la misma tienda.
  • – Todos gastan el dinero suyo: usted paga por la tarjeta de débito, el segundo paga por la tarjeta débito, el tercero paga con dinero en efectivo.
  • – Tome nota por favor, en la tienda se han gastado tres (3) dólares.
  • – Por favor recuerde, que esto ha comenzado con sólo un dólar y el hecho real es que sólo ha existido un dólar, precisamente el que usted trajo al banco.
  • – Dos dólares han sido creados de la nada, por el banco, haciendo entradas dobles en los libros de la contabilidad.

Ahora usted debería ser capaz de imaginar cuánto de este dinero salido de la nada puede crear un banco moderno. Esta capacidad es, o estos procesos son los, llamados el ‘multiplicador bancario’.

¿Y entonces qué?

Tres de ustedes acaban de gastar tres dólares, mientras que sólo existe un dólar en la realidad. La consecuencia es muy simple, cuando la tienda envía las facturas de usted y del segundo cliente al banco (recuerde que usted ha pagado con la tarjeta de débito), el banco no estará en capacidad de pagarlas (porque el dólar que tenía fue dado a una tercera persona, en dinero efectivo, como préstamo).

En la práctica, sin embargo, el banco normalmente paga sus facturas. Y esto es así porque, y sólo cuando, alguien más ha traído algún dinero en efectivo al banco en cantidad suficiente para pagar las facturas. Digamos que después que el tercer cliente consigue su préstamo, una cuarta persona entra y abre una cuenta corriente en la cual deposita dos dólares. El problema se ha solucionado entonces, el banco usa estos dos dólares para pagar las dos facturas de una dólar recibidas de la tienda.

Si el cuarto cliente decide gastar sus dos dólares (o retirar su dinero en efectivo), el banco irá, de la misma manera, a usar el dinero en efectivo del quinto cliente para arreglar el problema, etcétera ad infinitum.

¿No es algo maravilloso?

Seguro que si. ¿Sin embargo, no les parece que el banco trata de esconder algo? La mayor parte de aquellos que estudiaron Economía piensan que no es así porque, como he dicho, la mayoría de los cursos de economía presentan este fenómeno como un atributo normal del sistema bancario y esto no es un secreto. Sin embargo, en realidad este es un proceso de ocultamiento y también es interesante saber que siempre ha sido éste el mecanismo de ocultamiento.

¿Ocultamiento de qué?

Ocultamiento del robo. Cuando usted deposita un dólar en una cuenta corriente realmente retiene el derecho constante e irrevocable de gastar (usando su tarjeta de débito en la tienda) este dólar o retirarlo como dinero en efectivo. La verdad de este arreglo es que su banco debe tener este dólar siempre a disposición y a garantizar el derecho suyo sobre la propiedad de dicho dólar. El banco sólo está autorizado a entregar el dólar que tiene guardado a su nombre mediante instrucciones suyas de hacerlo así. En este sentido la cuenta corriente siempre ha existido comenzando en Grecia Antigua y pasando por el Imperio Romano (donde fue más adecuadamente llamada ‘contrato de custodia’) y más adelante apareció en todas partes de Europa hasta el siglo 15 aproximadamente.

Al entregar el dólar sin su permiso el banco cometió el delito de robo y en Italia y España, por ejemplo, los banqueros eran degollados por tal delito.

El hecho de haber castigo para tal acto significa que habían tentativas de cometerlo. De hecho, como antes dijimos, era muy fácil entregar el dinero de alguien como un préstamo (y ganar interés) sin que se notara; mientras el banco disfrutara de nuevas afluencias en efectivo y de los flujos de caja previstos. El truco principal para esconder esta actividad de extra-préstamos era asegurarse que se devolviera suficiente dinero o que se hiciesen nuevos depósitos en las fechas en que el dueño de la cuenta retiraba normalmente el dinero, o que las facturas a su nombre fueran recibidas en el banco para su pago. No todos los banqueros han sido igualmente acertados en la predicción de estos modelos.

Aunque el castigo de ser descubiertos era severo, valía la pena correr el riesgo – las posibilidades de ganar interés adicional eran extraordinarias.

¿Parecería entonces que los banqueros no podían hacer préstamos en absoluto, pero usted habla de ”extra-préstamo”?

Lamento la confusión. Por supuesto los banqueros podían prestar. Podían prestar el dinero cuyo título de propiedad había sido temporalmente transferido al banco. Este era conocido como ‘contrato de préstamo’ en el cual las partes se ponían de acuerdo (en términos contemporáneos) en que el cliente prestaba 1 dólar al banco durante un período definido del tiempo, digamos un año, y recibía de vuelta, al final de ese año, un dólar más el interés. Conforme a este contrato, normalmente, el cliente no tenía derecho de exigir el reembolso anticipadamente, sin embargo se podían convenir términos específicos. El cliente no tenía el derecho de retirar el dinero entregado en préstamo, en cualquier momento durante el término del préstamo, porque se constituía jurídicamente un ‘contrato de custodia’ en el que no se estipulaba pago alguno de interés.

La idea completa era tener los fondos en total posesión del banco, durante el período especificado, con un objetivo simple – permitir al banco prestar este dinero a alguien más durante un período generalmente más corto que, o igual a, el término acordado para el préstamo inicial. De esta manera el banco ganaba la diferencia en las tasas de interés cobradas en las dos transacciones.

Hasta aquí debe quedar claro porqué el utilizar el dinero consignado en cuentas de custodia es un extra-préstamo.

Bien, esta es toda la historia, y si ahora vivimos en el siglo 21; ¿porqué lo anterior, de una forma o de la otra, debería ser relevante en nuestra situación?

Bueno, si usted recuerda como comenzamos el guión, recordará que hubo tres dólares gastados en la tienda mientras que sólo ha existido uno en la realidad. Aunque este hecho pueda ser ocultado con éxito por los bancos de modo que pareciera no haber ningún problema, si hay una verdadera consecuencia para la economía que no puede ser ocultada por el banco y que constituye realmente un problema.

Vamos a adoptar un guión simplificado (ver advertencia a los críticos al final del documento) para entender la idea:

  • – El segundo y el tercer clientes y usted acaban de gastar tres dólares en la tienda.
  • – El dueño de la tienda reconoce esto como un aumento de la demanda ya que en el período anterior sólo existió usted, como cliente, para gastar un dólar.
  • – El dueño de la tienda se pone en contacto con el proveedor del artículo (vamos a tener sólo un artículo para simplificar) y le pide entregar más unidades.
  • – El proveedor contesta que por su capacidad de producción no tiene unidades extras para ser entregadas inmediatamente, pero que instalará una nueva cadena de producción y al comienzo del próximo período suministrará más unidades.
  • – El proveedor presta dinero del banco, compra materiales, instala la nueva cadena de producción y emplea más personal.
  • – Al empezar el nuevo período suministra un mayor número de unidades.
  • – Usted llega a la tienda y como es su costumbre, compra la misma cantidad de artículos que normalmente compraba.
  • – El segundo y tercer clientes no compran el artículo porque no tienen el dólar extra para gastar, y prefieren reembolsar los préstamos que han tomado en el período previo (un dólar cada uno).
  • – El dueño de la tienda cae en cuenta que ha sobrestimado la demanda y vuelve a los niveles de pedido previos.
  • – El proveedor tiene ahora capacidad ociosa – la cadena de producción que ha instalado tiene que detenerla porque no hay más mercado para las unidades extras producidas.
  • – Los trabajadores extras son despedidos
  • – Probablemente el préstamo tomado del banco no puede ser reembolsado y el proveedor quiebra.

Ahora imagine la magnitud del efecto de este proceso básico en lo que concierne realmente a la compleja economía mundial. Esto causa un ‘ciclo de bonanza y crisis’ al desarrollo económico. La actividad económica aumenta rápida y considerablemente debido al gasto de dinero salido de la ‘nada’. Esta es llamada ‘bonanza’ (tres dólares gastados en la tienda, cantidad más alta de pedidos, el proveedor invierte en la nueva cadena de producción y emplea más gente). Cuando se descubre que el nivel inicial de gasto no es sostenible (en nuestro caso dos clientes han decidido re-embolsar los préstamos, en vez de ir a la tienda), el nivel de actividad económica se encoge casi tan rápidamente como aumenta durante la ‘bonanza’ (la tienda suspende las órdenes de compra, el proveedor detiene la cadena de producción y despide a los trabajadores). Esta es llamada la ‘crisis’.

Otras consecuencias reales son la reducción del poder adquisitivo del dinero en relación directa a la cantidad circulante y el consiguiente aumento de los precios. Así funciona esto:

  • – Justamente cuando el dueño de la tienda llama al proveedor, éste dice que sólo es capaz de aumentar las entregas después de próximo período.
  • – El dueño de la tienda cae en cuenta que la reserva de artículos es limitada dada la demanda esperada.
  • – Decide doblar el precio porque piensa que la demanda aumentada de todas maneras lo dejará rápidamente sin reservas, mientras que cada vez más compradores vendrán a comprar hasta el final del próximo período (aunque si no hay  unidades disponibles, los compradores interesados encontrarán probablemente sustitutos y será difícil vender en los períodos siguientes el número extra de unidades suministradas).
  • – Con su dólar, en el  próximo período usted sólo podrá comprar la mitad de los artículos.

El poder adquisitivo de su dólar ha disminuido. Por favor note, que el poder adquisitivo de cualquier ahorro en dólares ha disminuido también. Así que parte de su riqueza ha sido destruida.

¿Entonces usted habla de ‘inflación’?

La inflación siempre ha sido definida como un aumento de la cantidad de dinero en circulación. El aumento de precios es una consecuencia de este aumento como hemos demostrado anteriormente. Así que sí, estoy hablando de inflación – todo este mecanismo del ‘multiplicador bancario’ es en efecto ‘inflación’.

¿Cómo es que en los libros de texto con frecuencia definen la inflación como un ‘aumento general de los precios’? 

Esta substitución de causa por efecto fue inventada por los monetaristas. Los monetaristas creen que el sistema bancario debe regularse a fin de controlar el flujo monetario que genera (de tal modo que el aumento de la oferta monetaria esté de acuerdo con el aumento de la producción real). Como lo hemos descrito anteriormente, el proceso realmente incluye la inflación (podemos llamarlo generación monetaria inflacionista). Los monetaristas, y para guardar la definición tradicional de inflación, deberían proclamar literalmente que ‘estamos de pie para mantener la inflación en la economía’. Sólo que la poca popularidad de la inflación no les ha permitido el uso de esta frase.

La confusión que crearon condujo a economistas menos sofisticados a pensar realmente en ‘luchar’ contra la inflación, lo que en la práctica significaba ‘luchar’ contra el aumento de precios imponiendo controles gubernamentales.

¿Entonces, cuál es la conclusión?

La conclusión es completamente simple – el sistema bancario contemporáneo es la única fuente de la inflación en la economía; la construcción del sistema bancario es la razón de la aparición del fenómeno económico ‘bonanza – crisis’ que nos lleva a recesiones económicas de vez en cuando.

Advertencia a los críticos:

Despreocúpense, esta no es una publicación científica. Los guiones son simplificados, pero razonables; a propósito hemos evitado el uso de terminologías complicadas hasta donde sea posible, para mantener las cosas simples. Si usted siente un deseo ineludible de rechazar mis argumentos, por favor lea primero esta publicación científica (que fue el material de referencia para el autor) y sea usted más que bienvenido. Seriamente, estaría muy contento de tener una discusión sofisticada con cualquier persona interesada. Los comentarios no sofisticados son también bienvenidos. Las preguntas serán muy apreciadas porque el autor no podía incluir todos los aspectos del problema en un artículo (algunas preguntas pueden ser contestadas en las partes sub-siguientes de este ensayo y por lo tanto el autor rechazará amablemente darles respuesta ahora).

Esta es una traducción del Inglés al Español del articulo
What do we know about banks? Part I originalmente escrita por Sergei D. Lozovoi-Koscheev y publicada en su Blog Reconomics

This is a translation from English to Spanish of the original article What do we know about banks? Part I by Sergei D. Lozovoi-Koscheev and published on his blog Reconomics
.
Copyright 2007 by Sergei D. Lozovoi-Koscheev. Reproduced by permission.


TRADUCCIÓN DE RODRIGO BETANCUR

 

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