Entrevista sobre impuestos al Dr. Hans-Hermann Hoppec

 

Entrevista sobre impuestos al Dr. Hans-Hermann Hoppe
por Hans-Hermann Hoppe

10 de marzo de 2011

Hace unos meses, un periodista francés, el Sr. Nicolas Cori, se me acercó con la solicitud de una entrevista sobre el tema de los impuestos, para ser publicada en la revista francesa mensual “Philosophie Magazine“, en el contexto del debate que actualmente tiene lugar sobre la “reforma fiscal”, en Francia.

Estuve de acuerdo con la entrevista, que se llevó a cabo por correo electrónico en Inglés; el Sr. Cori produjo una traducción al francés, que mi amigo el Dr. Nikolay Gertchev revisó y corrigió, y entonces envié la traducción, autorizada, al Sr. Cori. Desde entonces, hace ya más de un mes, y a pesar de intentos repetidos, nada he oído del Sr. Cori. Sólo puedo especular sobre las razones de su silencio. Lo más probable es que no obtuvo el permiso de sus superiores para publicar la entrevista, y no ha tenido la cortesía, ni la valentía, de decírmelo.

De todas maneras, aquí está la entrevista original. La versión francesa autorizada está disponible en la páginas de traducciones de mi sitio web, aquí.

NC: ¿Son consistentes los impuestos con la libertad y los derechos de propiedad del individuo? ¿Habría un cierto nivel de impuestos en el que deja de ser consistente?

Hoppe: Los impuestos nunca, a ningún nivel de imposición, serán consistentes con la libertad ni con los derechos de propiedad del individuo. Los impuestos son robo. Los ladrones – el Estado y sus agentes y aliados – por supuesto, hacen un gran esfuerzo para ocultar este hecho, pero simplemente no hay forma de ocultarlo. Obviamente, los impuestos no son pagos normales ni voluntarios, por bienes y servicios, porque a usted no se le permite abstenerse de pagar si no está satisfecho con el producto. Usted no será castigado si deja de comprar coches de Renault o perfumes de Chanel, pero será arrojado a la cárcel si deja de pagar los costos de escuelas públicas o universidades estatales, o los gastos pomposos del señor Sarkozy. Tampoco es posible interpretar los impuestos como pagos de alquiler normal, como aquellos hechos por el inquilino al dueño de un bien. Debido a que el Estado francés no es el dueño arrendador de toda Francia ni el de todos los franceses. Para ser el dueño arrendador, el Estado francés tendría que ser capaz de probar dos cosas: en primer lugar, que el Estado, y nadie más, es dueño de cada centímetro de Francia, y segundo, que tiene un contrato de arrendamiento con todos y cada uno de los franceses, relativo al uso, y al precio de dicho uso, de las propiedades. Ningún Estado – ni el francés, ni el alemán, ni el estadounidense, ni cualquier otro estado – puede probar esto. No tienen los documentos necesarios para tal efecto, ni pueden presentar un contrato de alquiler. Por lo tanto, sólo hay una conclusión: los impuestos son el robo y la extorsión por los cuales un segmento de la población, la clase dominante, se enriquece a expensas de otra, la de los gobernados.

NC: ¿Es incorrecto no pagar impuestos?

Hoppe: No. Dado que los impuestos son un robo, es decir, una “mal” moral, no puede ser incorrecto el negarse a pagar a los ladrones o a mentirles sobre los activos, o los ingresos, en que se basan sus impuestos. Esto no quiere decir que sea prudente o conveniente no pagar impuestos – después de todo el estado es “más frío de todos los monstruos”, como ha dicho Nietzsche, y puede arruinar su vida, o incluso destruirla, si usted no obedece sus órdenes. Pero no puede haber duda alguna de que es justo no pagar impuestos.

NC: ¿Cómo sabemos que un impuesto es justo? ¿Hay algún criterio? Es un impuesto progresivo mejor que un impuesto de tasa única?

Hoppe: Sabemos que ningún impuesto es justo, ya sea de tasa progresiva o de tasa plana y proporcional. ¿Cómo pueden el robo y la extorsión ser justos?. El “mejor” impuesto es siempre el más bajo de los impuestos – sin embargo, incluso el impuesto más bajo sigue siendo impuesto. El “mejor”, por ser el más bajo, es un impuesto per cápita donde cada persona paga la misma cantidad absoluta de impuesto. Ya que incluso la persona más pobre debería ser capaz de pagar esta cantidad, tal impuesto tiene que ser bajo. Pero incluso un impuesto per cápita sigue siendo un robo, y no hay nada “justo” en él. Un impuesto per cápita no trata a todos por igual ni instala la “igualdad ante la ley.” Porque algo sucede con los ingresos fiscales. Por ejemplo, los sueldos de todos los empleados y dependientes estatales (tales como pensionados y receptores del bienestar social) se pagan con los ingresos fiscales. En consecuencia, los empleados y los dependientes del Estado no pagan impuestos de ninguna clase. Por el contrario, la totalidad de su ingreso neto (después del pago de su impuesto per cápita) sale del pago de impuestos hecho por otros y son por lo tanto, netamente, meros consumidores de impuestos que viven de los ingresos y de la riqueza robada a otros: los productores de impuestos. ¿Qué hay de justo en un grupo de personas que vive parasitariamente, y a expensas, de otro grupo de personas?.

NC: ¿Están todos los filósofos de acuerdo?

Hoppe: No, no lo están. Pero esto es, difícilmente, sorprendente. Casi todos los filósofos profesionales de hoy en día son consumidores de impuestos. No producen bienes o servicios para que los consumidores de filosofía compren en el mercado, bien sea de forma voluntaria, o no. De hecho, a juzgar por la demanda real de los consumidores, el trabajo de la mayoría de los filósofos contemporáneos debe ser considerado como insignificante, sin valor. Mejor dicho: casi todos los filósofos de hoy se pagan con fondos provenientes de los impuestos. Viven de dinero robado o confiscado a los demás. Si su sustento dependiera de los impuestos es probable que, por razones fundamentales, usted no se opondría a la institución fiscal. Por supuesto, este no es necesariamente el caso. Nuestra “conciencia” no está determinada por nuestra “existencia” (Sein), como decía Marx. Sin embargo, tal oposición no es muy probable. En efecto, como la mayoría de los “intelectuales”, los filósofos suelen sufrir de un ego demasiado inflado. Creen que hacen un trabajo de gran importancia y se resienten con el hecho de que “la sociedad” no los compensa proporcionalmente. Por lo tanto, si los filósofos no ignoran simplemente el problema de los impuestos, si han estado a la vanguardia de tortuosos intentos por justificar los impuestos – tratando de enmascarar el robo como algo “bueno” – y, en particular, de justificar que sus propios salarios de filósofos se financien con impuestos.

NC: Deberían los filósofos considerar la eficiencia económica de los métodos impositivos, simultáneamente con los valores éticos de tales métodos?

Hoppe: Para describir una acción como “eficiente”, es necesario definir primero un propósito, es decir, una meta o un fin. Algo puede ser juzgado como eficiente o ineficiente sólo a la luz de un objetivo que se asume dado. Es tarea de los economistas, y de la llamada “economía positiva”, determinar qué medidas son eficaces (o ineficaces) en el logro de un fin determinado. Por ejemplo, si desea lograr un desempleo masivo, entonces la economía se dice que es eficaz para aumentar los salarios mínimos a, digamos, 100 euros por hora. Por otro lado, si su objetivo es reducir al mínimo el desempleo, entonces la economía le informa que todas las leyes de salario mínimo deben ser abolidas. Pero los economistas, qua economistas, no tienen nada que decir acerca de la licitud o conveniencia de los objetivos en cuestión. Esta es tarea del filósofo: determinar cuáles metas son justas y admisibles y cuales metas no lo son. (El economista entonces informa al filósofo cuales medios son eficientes o ineficientes, con el fin de alcanzar tales justificables objetivos.) Pero como ya he indicado: la profesión de la filosofía, simplemente no ha hecho su trabajo. Los filósofos, por supuesto, dan una serie de consejos sobre qué hacer o que no hacer, pero su consejo tiene poco o ningún peso intelectual. En casi todos los casos, es mera opinión: expresión de gustos personales, nada más. Si usted implora a los filósofos por una “teoría de la justicia” de la cual supuestamente emanen sus recomendaciones, no tienen tal teoría. Sólo pueden ofrecer una colección ad hoc de juicios de valor personales, que por lo general ni siquiera cumplen con el requisito de tener cierta coherencia interna.

Cualquier teoría de la justicia digna de acatamiento debe reconocer primero el hecho más fundamental de la vida humana: la escasez de bienes, es decir, la ausencia de superabundancia. Porque sólo debido a la escasez es posible que la gente pueda tener conflictos con los demás: yo quiero hacer tal cosa con un recurso escaso dado, y usted quiere hacer tal otra con el mismo recurso. Sin conflictos, no habría necesidad de reglas o normas, y el propósito de las normas es, entonces, evitar conflictos. En ausencia de una armonía pre-establecida entre todos los intereses, los conflictos sólo se pueden evitar, si todos los recursos escasos son de propiedad privada, es decir, de un propietario identificable, más bien que, ni con la exclusión de, otro. Y con el fin de evitar el conflicto desde el principio de la humanidad, por así decirlo, cualquier teoría de la justicia debe comenzar con una norma que regule y denomine como propiedad privada la primera apropiación original de un recurso escaso.

La mayoría de la filosofía (política) contemporánea parece no ser consciente de esto. De hecho, a menudo tengo la impresión de que ni siquiera el hecho de la escasez misma es reconocido o comprendido plenamente.

NC: ¿Cuál debería ser, entonces, el objetivo de una política de impuestos? La redistribución? La igualdad? La disminución de la pobreza?

Hoppe: Si los impuestos son robo, entonces, desde el punto de vista de la justicia, no debe haber, en absoluto, impuestos ni política fiscal. Toda discusión sobre el objetivo de políticas y reformas fiscales es una discusión entre ladrones o defensores del robo, a quienes nada importa la justicia. Su preocupación es solamente el robo. Hay debate y controversia entre ellos cuando se discute a quién deben gravar con impuestos y qué tanto, y qué se debe hacer con los ingresos fiscales, es decir, quién debe recibir, y cuanto, del botín robado.
Sin embargo, todos los ladrones y todos los beneficiarios del robo tienden a coincidir en una cosa: cuanto mayor sea la cantidad de botín y menor el coste de la recolección, las cosas son mejores para ellos. De hecho, esto es lo que todas las democracias occidentales practican hoy: elegir las tasas y el tipo de impuestos, de manera que el ingreso fiscal sea máximo. Todas las discusiones actuales sobre reforma fiscal, en Francia, en Alemania, en los EE.UU. y en otros lugares son discusiones acerca de si deben introducirse o suprimirse ciertas formas de impuestos, tales como el gravamen al patrimonio y/o a la herencia, si los ingresos se deben gravar progresiva o proporcionalmente, si las ganancias de capital deben gravarse como ingreso o no, si los impuestos indirectos como el IVA debe ser, o no, sustituidos por impuestos directos, etc., etc., y si las tasas de tales impuestos deben entonces subir o bajar – nunca son discusiones sobre justicia. No están motivados por una oposición, por principio, a los impuestos, sino por el deseo de hacer los impuestos más eficientes, es decir, maximizar los ingresos fiscales. Toda reforma fiscal que no es, como mínimo, “de ingreso neutro”, es considerada un fracaso. Y solo las reformas que aumentan los ingresos fiscales se considera un “éxito”.

Tengo que volver a preguntar: ¿Cómo puede alguien considerar esto “justo?.” Por supuesto, desde el punto de vista de los consumidores de impuestos todo esto es “bueno.”. Pero desde el punto de vista de los productores de impuestos, ciertamente no es “bueno”, sino más que malo, “peor.”

Una última observación sobre los efectos económicos de los impuestos: Todos los impuestos son una redistribución de riqueza y de ingresos. La riqueza y el ingreso es tomado a la fuerza de sus propietarios y productores y transferido a personas que no eran dueños de riqueza y a quienes no producen estos ingresos. Por tanto se desalienta la futura acumulación de riqueza y la producción de ingresos y estimulados la confiscación y el consumo, de la riqueza y el ingreso existentes. Como resultado, la sociedad será más pobre. Y en cuanto al efecto de la eternamente popular e igualitaria propuesta de gravar a los “ricos” para dar a los “pobres” en particular: es un régimen de no reduce ni alivia la pobreza, sino, muy al contrario, aumenta la pobreza. Reduce el incentivo de permanecer, o llegar a ser, rico y productivo, y aumenta el incentivo de permanecer, o llegar a ser, pobre y de ser improductivo.

NC: ¿Deberían las personas ricas recibir un trato diferente al de la gente pobre?

Hoppe: Cada persona, rica o pobre, debe recibir el mismo trato ante la ley. Hay gente rica, que es rica sin haber defraudado o robado a nadie. Son ricos, porque han trabajado duro, porque han ahorrado con diligencia, porque han sido productivos y porque han demostrado ingenio empresarial, a menudo por varias generaciones de familia. Estas personas no sólo deben ser dejados en paz, sino que deben ser elogiados como héroes. Y hay gente rica, sobre todo de la clase de los líderes políticos, en control del aparato estatal, y de las élites conectadas al estado, a la banca y a las grandes empresas, que son ricos, porque han estado directamente involucrados en, o indirectamente beneficiados de, la confiscación, el robo, el engaño y el fraude. Tales personas no deben dejarse tranquilas, sino que deben ser condenadas y despreciadas como gángsters. Lo mismo se aplica a las personas pobres. Hay personas pobres, que son gente honesta, y por lo tanto deben ser dejados en paz. Pueden no ser héroes, pero merecen nuestro respeto. Y hay gentes pobres que son ladrones, y que deben ser tratados como delincuentes, independientemente de su “pobreza”.

Hans-Hermann Hoppe es un miembro sénior del Instituto Ludwig von Mises, fundador y presidente de la Sociedad Propiedad y Libertad y coeditor de la revista Austrian Economy Review. Recibió su doctorado y realizó sus estudios posdoctorales en la Universidad Goethe en Frankfurt, Alemania. Es autor de, entre otras obras, Teoría del Socialismo y el Capitalismo y Economía y Ética de la Propiedad Privada y La Democracia, el Dios que falló.

TRADUCCIÓN DE RODRIGO BETANCUR
Posted in Blog | Tagged , , | Leave a comment

Protected: ¿Cuánto tiempo pasará antes que los cristianos sean perseguidos activamente en Inglaterra?

This content is password protected. To view it please enter your password below:

Posted in Blog | Tagged , , , , , , , | Enter your password to view comments.

El Tirano

Juan de Mariana* describe el tirano de la siguiente manera:


“Se apodera de la propiedad de las personas y la despilfarra, ya que es impulsado por los vicios, indignos de un rey, de la lujuria, la avaricia, la crueldad y el fraude …. Los tiranos, de hecho, tratan de perjudicar y arruinar a todo el mundo, pero sobretodo dirigen sus ataques contra los ricos y los hombres de bien de toda la comarca. Consideran más sospechoso el bien que el mal, y la virtud que en ellos mismos falta es, para ellos, la más formidable …. Expulsan a los mejores hombres del reino bajo el principio de que todo lo que sea exaltado en sus dominios debe ser vilipendiado ….”


“Agobian a los demás para que no se puedan unir, exigiendo de ellos nuevos tributos todos los días, promoviendo peleas entre los ciudadanos, y enlazando guerra con guerra. Construyen grandes obras a costo y sufrimiento de los ciudadanos. ¿Y si no de dónde nacieron las pirámides de Egipto …. El tirano necesariamente teme que aquellos a los que aterroriza y mantiene como esclavos intenten derrocarlo …. Así que prohíbe a los ciudadanos a congregarse, a reunirse en asambleas, y a discutir la república en conjunto, quitándoles, con métodos de policía secreta, la oportunidad de hablar y escuchar libremente, así que ni siquiera tienen la libertad de quejarse”.

Citado por Rothbard en El Pensamiento Económico antes de Adam Smith, pp 118-19. y tomado de Quince grandes Economistas Austríacos, de Randall Holcombe.

* Juan de Mariana, uno de los más destacados pensadores del Siglo de Oro español, nacido en Talavera de la Reina en 1536 y fallecido enToledo en 1624. En 1554 ingresó en la Compañía de Jesús. Escribió muchisimas obras por encargo. Sinembargo su primera obra, escrita por voluntad propia, fue “Historia general de España” (1601), la primera y única historia de España durante más de dos siglos y medio. Su obra Siete Tratados (publicada en Colonia en 1609), especialmente en la cuarta parte, “De Monetae mutatione“, “Sobre la alteración de la moneda“, hace una dura denuncia de robo contra aquellos gobernantes que usaban el recurso que hoy llamaríamos inflación para financiar los gastos del estado. De Mariana, no sólo explica la nefasta procedencia de esta política económica, sino que la denuncia como una aberración desde el punto de vista del derecho. La publicación de esta obra le costó la cárcel y las críticas de sus superiores eclesiásticos por mostrarse hostil a la política monetaria del gobierno.

Desarrolló la doctrina del tiranicidio, extensamente aceptada entre los autores escolásticos, ampliando el derecho de matar al tirano, a un individuo cualquiera.

Datos biográficos tomados del website “Sitio Escolástico” de la Universidad Francisco Marroquín.

Posted in Blog | Tagged , , , , | Leave a comment

Frases pronunciadas en la Primera Reunión de la Sociedad “Propiedad y Libertad”

[Notas compiladas por Robert Grözinger]

Al comienzo de su discurso de clausura, Hans-Hermann Hoppe afirmó que la respuesta a la pregunta “cómo triunfar?” significa responder a la pregunta: ¿cómo conquistar a los jóvenes?

Él admite que no puede decir si vamos a triunfar, pero sí como se verá la sociedad cuando triunfemos – y esta es una visión que él cree que conquistará muchos jóvenes.

En un mundo de escaseces como el nuestro significa que habrá conflictos. Por lo tanto las reglas deben hacerse en cuanto a cómo utilizar estos recursos, y así resolver los conflictos.

Las reglas que la humanidad ha reconocido desde el principio son:

1. Cada persona se posee a sí misma.

2. La propiedad de algo vale para el primero que la utiliza.

3. El que usa su cuerpo para producir es dueño del producto.

4. La transferencia voluntaria de productos cambia la propiedad.

Seguir estas reglas conduce a la riqueza y a la vida civilizada.

¿Cómo hacemos cumplir estas reglas? Cómo mantener a raya a aquellos que no adhieren a estas reglas?

La respuesta liberal clásica: Esto, y solamente esto, es la tarea del Estado.

El estado tiene dos poderes singulares: el monopolio territorial de la toma de decisiones, y el monopolio territorial de los impuestos.

En general se acepta que los monopolios son malos para el consumidor. Pero casi nadie resuelve estas preguntas: ¿Porqué monopolios para la toma de decisiones y el cobro de los impuestos?

El estado puede producir no sólo “bienes” de calidad inferior, sino también “males”. Decisiones a su propio favor, y a un precio fijo.

Resultado: por ejemplo, los gastos para la defensa aumentarán continuamente. El estado es un protector expropiante de la propiedad.

Los liberales clásicos permitieron que esto sucediera, ya que se sumaron a los demócratas. Debido a que al momento todos los gobiernos eran monarquías, los Reyes tenían privilegios.

Los demócratas decían: cualquiera puede ser rey, presidente etc. De lo que no se daban cuenta es que esto no elimina los privilegios. En lugar de ser personales, son funcionales.

Ahora tenemos derecho público y derecho privado.

Las cosas son peores bajo una democracia. Un rey consideraba su país como su propiedad privada. Un cuidandero temporal, por otro lado, querrá maximizar sus ingresos a expensas del capital.

El argumento en contra es: la democracia es competencia. Sin embargo, la competencia es buena cuando se aplica a la producción de bienes. Pero no cuando se aplica a la producción de “males”, como es el caso en una democracia.

Los reyes llegan al poder por accidente de nacimiento, y pueden ser malos. Pero pueden ser buenos también. Sin embargo, los políticos consiguen llegar a los escalones más altos de la democracia si son malos, mentirosos o ladrones, o tienen mal carácter, etc.

Entonces, ¿cuál es la alternativa?

La alternativa debe ser una sociedad de derecho privado.

Tal sociedad haría uso de servicios especializados: seguros, arbitraje, y protección. Agencias privadas de defensa.

El precio de la protección tendería a caer y la calidad tendería a aumentar.

Ya no habría más sobre-producción de protección, etc.

El Seguro le indemnizará cuando algo le suceda a usted. Esto conduce a una mayor eficiencia en la prevención del crimen, en la recuperación de los bienes robados, y a que los autores del crimen paguen a las víctimas.

Las compañías privadas de seguros fomentarían el porte de armas, ofreciendo primas más bajas a aquellos que porten armas.

Las compañías de seguros son, por su misma naturaleza, defensivas. También insistirán en que sus clientes adhieran a una conducta defensiva. No habrá justicia por mano propia.

No habría “delitos sin víctimas” perseguidos como delitos.

No habrían cambios unilaterales y arbitrarios de las reglas.

Habrán regímenes jurídicos distintos. Un orden de agradable cordialidad con las compañías de seguros en el cual las agencias de arbitraje, arbitran.

Entre los jóvenes, ideas tales como estas tienen gran atractivo.

TRADUCCIÓN DE RODRIGO DÍAZ

Posted in Blog | Tagged , , , | Leave a comment

La Sociedad “Propiedad y Libertad” – Reflexiones después de cinco años

9 de junio de 2010

Por Hans-Herman Hoppe

Cuando por primera contemplé la idea de esta Sociedad, hace más de 10 años y en esa época era aún una sociedad sin nombre, sólo había tenido experiencia directa con otras dos sociedades de las cuales aprender.

Mi primera experiencia fue con la Sociedad Mont Pelerin, la cual había fundado Friedrich Hayek en 1947.

Durante la década de 1990, asistí tres veces, como orador invitado, a las reuniones de la Sociedad Mont Pelerin en las ciudades de Cannes, Ciudad del Cabo y Barcelona. Cada vez, con documentos atacando la democracia y el igualitarismo, defendiendo las monarquías vs democracias, eviscerando la idea liberal clásica del estado mínimo como contradictorio en sí mismo, y propagando un orden natural anarco-capitalista sin estado, mi aparición era considerada como algo escandaloso: demasiado irreverente, demasiado conflictivo, y también demasiado sensacional.

Fuera cual fuera la función que la Sociedad Mont Pelerin pudiera haber tenido en el período inmediatamente posterior a la Segunda Guerra Mundial, en el momento de mi encuentro con ella, no la sentí especialmente de mi gusto.

Por cierto, conocí muchas personas brillantes e interesantes. Pero, en esencia, las reuniones de la Sociedad Mont Pelerin fueron giras de empleados del Think Tank del “mercado libre” y del “gobierno limitado” y empleados de la Fundación, varios de sus profesores afiliados y protegidos, y los principales donantes financieros de todo esto, sobre todo de los EE.UU., y más específicamente, de Washington DC. Durante mucho tiempo la Fundación Heritage, fue el principal Think Tank del Partido Republicano y cómplice intelectual de la política del Estado de Bienestar y de Guerra de cada administración del gobierno republicano, desde Reagan hasta Bush Jr, y de manera característica, el Presidente de la Fundación, Ed Feulner, quien además fuera ex-presidente de la Sociedad Mont Pelerin y, más significativamente, su tesorero por largo tiempo.

Desde el principio hubo escepticismo sobre la Sociedad Mont Pelerin. Ludwig von Mises, maestro y amigo de Hayek, expresó dudas graves sobre su plan, simplemente al ver la lista de los invitados iniciales de Hayek: ¿cómo una sociedad llena de intervencionistas de estado, certificados, podría promover el objetivo de una comunidad libre y próspera?

A pesar de sus reservas iniciales, sin embargo, Mises se convirtió en miembro fundador de la Sociedad Mont Pelerin. Sin embargo, su predicción resultó correcta. En un hecho famosamente conocido, en una reunión en la etapa inicial de la Sociedad Mont Pelerin, Mises se retiró del recinto denunciando a oradores y panelistas como a una caterva de socialistas.

En esencia, ésta también fue mi primera impresión cuando entré en contacto con la Sociedad Mont Pelerin y esta impresión se ha confirmado desde entonces. La Sociedad Mont Pelerin era una sociedad en la que todo social-demócrata de derecha podía sentirse como en casa. Cierto, de vez en cuando unas pocas aves extrañas eran invitadas a hablar, pero las reuniones estaban dominadas, y el rango del discurso aceptable era definido, por intervencionistas de estado certificados: directores de Fundaciones o Think Tanks capitalizados por, o conectados con el gobierno, por burócratas en la nómina del banco central, por entusiastas del papel-dinero, y por un surtido internacional de “edúcratas” y “cienciócratas” dentro y fuera del gobierno. Nunca se han discutido, en los sagrados recintos de la Sociedad Mont Pelerin el imperialismo de los EE.UU. ni los crímenes de guerra de Bush, por ejemplo, ni los crímenes financieros cometidos por el Banco de la Reserva Federal -y , por supuesto no ha habido discusión alguna sobre cualquier asunto racial sensible.

De nada de todo esto se puede culpar a Hayek, ni que decir. Había perdido cada vez más el control de la Sociedad Mont Pelerin ya mucho antes de su muerte en 1992.

Pero también: Hayek tuvo mucho que ver con la evolución de la Sociedad Mont Pelerin. Porque, como Mises podía haber sabido en ese entonces, y como finalmente se pudo observar, en 1960 con la publicación de la Constitución de la Libertad, Hayek mismo demostró ser un probado intervencionista. En la tercera parte de este famoso libro, Hayek había presentado un plan para una sociedad “libre” tan plagada de diseños intervencionistas que cualquier socialdemócrata moderado – de la variedad escandinava y alemana – fácilmente podía haber suscrito. Cuando, con motivo del cumpleaños número 80 de Hayek en 1979, el Social Demócrata, y entonces Canciller de Alemania Occidental, Helmut Schmidt, envió a Hayek una nota de felicitación proclamando que “todos somos Hayekianos ahora”, no se trataba de una frase vacía. Era cierto, y Schmidt hablaba en serio.

Me di cuenta, entonces, de lo siguiente: El desarrollo deplorable – juzgado desde el punto de vista del libertario clásico – de la Sociedad Mont Pelerin no fue un accidente. Más bien, fue la consecuencia necesaria de una falla teórica fundamental cometida no solamente por Hayek, sino, en última instancia, también por Mises, con su idea de un Estado mínimo.

Esta falla no se limitó a afligir a la Sociedad Mont Pelerin. Afectaba todo el Think Tank industrial del gobierno limitado que había surgido como su heredero desde la década de 1960 en todo el mundo occidental, dominado por los EE.UU., y por lo que la Sociedad Mont Pelerin había asumido la función de “Internacional”.

La meta de “gobierno limitado” o “constitucional“, que Friedrich Hayek, Milton Friedman, James Buchanan y otros grandes de la Sociedad Mont Pelerin habían tratado de promover y que cada Think-Tank del mercado libre de hoy proclama como su objetivo, es una meta imposible, tanto como lo es la meta imposible de intentar la cuadratura del círculo. En primer lugar, no se puede establecer un monopolio territorial de ley y orden y luego esperar que este monopolio no haga uso del poderoso privilegio de legislar a su favor. Del mismo modo: no se puede establecer un monopolio territorial de producción de papel moneda y esperar que el monopolio no utilice su poder de imprimir siempre más y más dinero.

Limitar el poder del Estado, una vez que se le ha concedido un monopolio territorial de legislación, es una meta imposible, auto-contradictoria. Creer que es posible limitar el poder del gobierno- en forma distinta a someterlo a la competencia, es decir, a no permitir ningún tipo de privilegios monopolísticos que surjan, en primer lugar – es asumir que la naturaleza del hombre cambia como resultado del establecimiento de un gobierno (muy parecido a la milagrosa transformación del Hombre que los socialistas creen que sucederá con la llegada del socialismo).

Esto es todo: un gobierno limitado, es una meta ilusoria. Creer que sea posible es creer en milagros.

La estrategia de Hayek y de la Sociedad Mont Pelerin, tenía entonces que fracasar. En lugar de ayudar a reformar – a liberalizar – el Estado (occidental), como era su intención (o su pretensión?), la Sociedad Mont Pelerin y el Think Tank industrial internacional del “gobierno limitado” se convertirían en parte integrante de un sistema estatal de bienestar y de guerra en continua expansión.

Los indicios de este veredicto abundan: La ubicación típica de los Think Tanks dentro o cerca de la capital, prominentemente Washington, DC., ya que su destinatario principal era el gobierno central. Reaccionan a las medidas y a los anuncios del gobierno y proponen y formulan propuestas al mismo gobierno. La mayoría de los contactos de los think-tankers fuera de su propia institución son políticos, burócratas del gobierno, grupos de presión, y una variedad de empleados y auxiliares. Junto con los periodistas relacionados, estos también asisten regularmente a sus conferencias de prensa, sesiones, recepciones y cocteles. Hay un constante intercambio de personal entre Think Tanks y gobiernos. Y los líderes de la industria del gobierno limitado son, con frecuencia, por sí mismos, miembros prominentes de la élite del poder y de la clase dominante.

La más indicativo de todo: Durante décadas, la ideología del gobierno limitado ha sido una industria en crecimiento. Sus gastos anuales en ejecución actualmente llegan a los cientos de millones de dólares, y en total probablemente se han gastado miles de millones de dólares. Al mismo tiempo, los gastos del gobierno, nunca, en ninguna parte, ni una sola vez siquiera, han caído, sino que siempre, y sin interrupción, han aumentado en forma cada vez más vertiginosa.

Y, sin embargo, este evidente fracaso de la industria del gobierno limitado al no entregar el bien prometido, no es castigado, sino que, contra toda lógica, es recompensado con fondos cada vez más amplios. Cuanto más fallan los Think Tanks, más dinero reciben.

El Estado y el Think Tank de la industria del gobierno limitado viven por lo tanto, en perfecta armonía, el uno con el otro. Crecen juntos, al unísono.

Para los defensores del gobierno limitado, como Hayek y toda la industria del Think Tank del mercado libre, esto es una vergüenza. Tienen que explicarlo de alguna manera, o se trata de un accidente o de una coincidencia. Y simplemente lo explican con el argumento de que sin la financiación y la operación continua de ellos, el asunto sería aún peor.

Así excusada, entonces, la industria continúa como antes, sin alterarse por ningún hecho o acontecimiento pasado o futuro.

Pero los embarazosos hechos no son accidentes o coincidencias y podrían haberse previsto de forma sistemática, si solamente uno hubiera comprendido mejor la naturaleza del Estado, y no creyera en milagros.

Como monopolio territorial de legislación y de impresión de dinero, el Estado tiene una tendencia natural a crecer: a utilizar sus leyes “fiat” y su dinero “fiat” para hacerse a un creciente control de la sociedad y de las instituciones sociales. Con sus leyes “fiat”, el Estado tiene el poder especial de amenazar y castigar o incentivar y premiar a quien quiera que le venga en gana. Y con su dinero “fiat”, puede comprar apoyo, sobornar y corromper con mayor facilidad que cualquier otro.

Ciertamente, una institución tan extraordinaria como ésta contará con los medios a su alcance, legales y financieros, para hacer frente al desafío planteado por la industria del gobierno limitado. Históricamente, el Estado ha afrontado con éxito oponentes mucho más formidables – como la religión organizada, por ejemplo!

A diferencia de la Iglesia o las iglesias, sin embargo, la industria del gobierno limitado está ubicada o concentrada convenientemente cerca, o en el centro, del poder del Estado, y la única razón de ser de la industria es la de hablar con, y tener acceso, al Estado. Eso es lo que sus donantes financieros normalmente esperan.

Sin embargo para el Estado, así ha sido mucho más fácil, entonces, señalar y efectivamente controlar esta industria. El Estado sólo tuvo que desplegar su propia burocracia para que estuviera a cargo de las relaciones con el “mercado libre” y atraer a las ONGs del “gobierno limitado” con conferencias, invitaciones, patrocinios, subvenciones, dinero y perspectivas de empleo. Sin tener que recurrir a amenazas, estas medidas por sí solas fueron suficientes para garantizar acatamiento por parte de la industria del Think Tank del mercado libre y de sus intelectuales asociados. La demanda del mercado de servicios intelectuales es baja e inconsistente y, por tanto los intelectuales se pueden comprar a bajo precio!

Por otra parte, a través de su cooperación con la industria de mercado libre, el Estado podría aumentar su propia legitimidad y respetabilidad intelectual como una institución “económicamente progresista“, abriendo así aún más espacio de crecimiento para el Estado.

En esencia, como con todas las llamadas ONG [organizaciones no gubernamentales], el Estado logró transformar la industria del gobierno limitado justo en un vehículo más para su propio engrandecimiento.

Lo que aprendí de mi experiencia con la Sociedad Mont Pelerin, entonces, fue que había que elegir una estrategia completamente diferente si se quería limitar el poder del Estado. Para los socialistas o los social-demócratas, es perfectamente racional hablar y buscar acceso al Estado y tratar de “marchar a través de sus instituciones “, ya que la Izquierda quiere aumentar el poder del Estado. Es decir, la Izquierda quiere lo que el Estado esta dispuesto a hacer de todos modos, en virtud de su carácter de monopolio territorial de ley y orden.

Pero la misma estrategia es ineficaz o incluso contraproducente si se quiere reducir el poder del Estado – independientemente de si uno quiere reducirlo totalmente y establecer un orden natural sin estado, o sólo reducirlo, rápida o drásticamente, hasta lograr el statu quo de una época “gloriosa” o “dorada” anterior.

En cualquier caso, este objetivo sólo puede alcanzarse si, en vez de hablar y solicitar acceso al Estado, abiertamente lo ignoramos, lo evitamos y lo repudiamos; y sus agentes y propagandistas son explícitamente excluidos de nuestros procedimientos. Hablar al Estado, incluyendo a sus agentes y propagandistas, es dar legitimidad y fuerza al Estado mismo. El ignorarlo, evitarlo y repudiarlo ostentosamente, y excluir a sus agentes y propagandistas como indeseables, es restarle autoridad al Estado y debilitar su legitimidad.

En agudo contraste con la Sociedad Mont Pelerin y su múltiple descendencia, que quiso reformar y liberalizar desde adentro el sistema estatal de bienestar y de guerra siguiendo una estrategia de cambio “inmanente” al sistema, como dirían los marxistas – y la cual falló precisamente por esta razón y fue, en cambio cooptada por el Estado como parte del establecimiento político, en mi imaginada sociedad, la Sociedad “Propiedad y Libertad” iba a perseguir una estrategia que “trascendiera” el sistema.

Es decir, trataría de reformar, y en última instancia, revolucionar, desde afuera, el cada vez más invasivo sistema del Estado de bienestar y guerra, a través de una contracultura anti-estatista que podría atraer a un número cada vez mayor de desertores – intelectuales, laicos educados e incluso al tan citado “hombre de la calle” – alejándolos de la cultura dominante e instituciones del Estado. La Sociedad Propiedad y Libertad iría a ser la punta de lanza internacional, el avant-garde, de dicha contracultura intelectual.

Como eje de esta contracultura estaba el concepto de la perversidad de la institución del Estado: Un monopolio territorial de ley y orden que puede hacer y cambiar las leyes a su favor no protege ni puede, sin hacer milagros, proteger la vida y bienes de sus subordinados (clientes), en cambio para ellos es, y será siempre, un peligro permanente – el más seguro camino a la servidumbre y a la tiranía.

Basado en esta idea, entonces, la Sociedad “Propiedad y Libertad” tenía que tener un doble objetivo.

Por un lado, positivamente, tenía que explicar y aclarar las exigencias y requerimientos jurídicos, económicos, cognitivos y culturales y las características de un orden natural libre, sin participación del estado.

Por otro lado, negativamente, se quería desenmascarar al Estado y mostrarlo como lo que realmente es: una institución manejada por grupos de asesinos, saqueadores y ladrones, rodeado de ávidos verdugos, propagandistas, aduladores, malhechores, mentirosos, payasos, charlatanes, majaderos e idiotas útiles – una institución que ensucia y mancha todo lo que toca.

A efecto de divulgar la verdad completa debo añadir lo siguiente: Ante la insistencia de mi amigo Jesús Huerta de Soto, – quien había sido reclutado a una edad temprana, por Hayek, personalmente, – con cierta reluctancia, solicité ser miembro de la Sociedad Mont Pelerin en cierto momento, a mediados de la década de 1990. Además de Huerta de Soto, había apoyado mi membresía el difunto Arthur Seldon, quien era entonces Presidente Honorario de la Sociedad Mont Pelerin. Sin embargo, fuí rechazado y, tengo que admitir que, merecidamente, porque simplemente no encajaba en tal sociedad.

De fuentes confiables me han dicho que fue, particularmente, Leonard Liggio, un antiguo amigo de Murray Rothbard, quien al haberse dado cuenta de ello se opuso vigorosamente a mi membresía; apoyado por Christian Watrin, del contingente de líderes y activistas alemanes de la Sociedad Mont Pelerin. Ambos, Liggio y Watrin, más tarde se convertirían en presidentes de la Sociedad Mont Pelerin.

Mi segunda experiencia con sociedades intelectuales fue con el Club John Randolph [CJR], que había sido fundado en 1989 por el libertario Murray Rothbard y el conservador Thomas Fleming.

Desde el principio, esta sociedad fue mucho más de mi gusto. Durante un tiempo, jugué un papel preponderante en el Club John Randolph. Pero también desempeñé un papel importante en su ruptura, que se produjo poco después de la muerte de Rothbard en 1995, y que esencialmente resultó en la salida del ala rothbardiana de la sociedad.

Sin embargo, mi recuerdo de los primeros años del John Randolph Club es de grata evocación. Así, no es de extrañar que un buen número de mis viejos compañeros del Club John Randolph también hayan aparecido aquí en Bodrum, en las reuniones de la Sociedad “Propiedad y Libertad”: Peter Brimelow, Tom DiLorenzo, Paul Gottfried, Walter Block, Justin Raimondo, Yuri Maltsev, David Gordon. Además, debo mencionar a mi amigo Joe Sobran, quien habría querido aparecer en nuestra reunión inaugural, pero no pudo asistir debido a problemas de salud.

En contraste con la internacional Sociedad Mont Pelerin, el Club John Randolph fue una Sociedad americana. Esto no significa sinembargo que el CJR fuera más provinciano. Por el contrario. No sólo tenía numerosos miembros “extranjeros” el CJR, sino también, mientras que la Sociedad Mont Pelerin estaba dominada por economistas profesionales, el Club John Randolph representaba un espectro mucho más amplio, interdisciplinario y trans-disciplinario, de intereses y esfuerzos intelectuales.

En promedio, el número de miembros del Club John Randolph con conocimiento de idiomas extranjeros era bastante mayor de lo encontrado en el círculo de la Sociedad Mont Pelerin. En sus hábitos y maneras, la Sociedad Mont Pelerin era multi-cultural, igualitaria y no discriminatoria, si bien era altamente restrictiva e intolerante con respecto a la variedad admisible de temas y tabúes intelectuales. En marcado contraste, el CJR era decididamente una sociedad burguesa, anti-igualitaria y discriminatoria, pero al mismo tiempo una sociedad mucho más abierta y tolerante intelectualmente, sin ningún tipo de tabú.

Además, mientras que las reuniones de la Sociedad Mont Pelerin eran grandes e impersonales – podrían superar los 500 participantes – en las reuniones del Club John Randolph rara vez había más de 150 asistentes y eran reuniones pequeñas e íntimas.

Me gustaban de todos estos aspectos del Club John Randolph. (No me importaban tanto las sedes de las reuniones: por lo general algún hotel de negocios en las afueras de una gran ciudad. En este sentido, las reuniones de la Sociedad Mont Pelerin tenían claramente más que ofrecer, aunque a un precio muy elevado.)

Pero, como he indicado, no todo estaba bien con el Club John Randolph, y mi encuentro con él también me enseñaron unas cuantas lecciones sobre aquello que no se debe imitar.

La desintegración del Club John Randolph, poco después de la muerte de Rothbard, había sido provocada en parte por razones personales. Tom Fleming, el sobreviviente principal del Club, era, para decirlo diplomáticamente, un hombre difícil, como pueden dar testimonio todos los que han tratado con él. Además, hubo disputas dentro de la organización. Las reuniones del Club John Randolph se organizaban anualmente alternativamente por el Centro de Estudios Libertarios, que representaba a Murray Rothbard y sus hombres, y por el Instituto Rockford, que representaba a Thomas Fleming y los suyos. Este acuerdo había quizás inevitablemente conducido a varios cargos de gorreo. En última instancia, sin embargo, la ruptura tuvo razones más fundamentales.

El John Randolph Club fue una coalición de dos grupos distintos de intelectuales. Por un lado había un grupo anarco-capitalista de austro-libertarios, encabezados por Rothbard, en su mayoría economistas, pero también filósofos, juristas, historiadores y sociólogos (en su mayoría mentes del tipo analítico-teórico). Yo era miembro de este grupo. Por otro lado había un grupo de escritores relacionados con la conservadora Revista mensual Crónicas: Una Revista de la Cultura Estadounidense y su editor, Tom Fleming. Paul Gottfried era un miembro de ese grupo. El grupo conservador no tenía ningún economista de nota y, en general revelaban un tipo más empírico de mente. Aparte de los historiadores y sociólogos, incluía también en particular, hombres de letras: filólogos, escritores literarios y críticos culturales.

Por el lado libertario, la cooperación con los conservadores fue motivada por la idea de que mientras el libertarismo puede ser lógicamente compatible con muchas culturas, sociológicamente requiere una cultura de núcleo burgués conservador. La decisión de formar una alianza intelectual con los conservadores suponía para los libertarios una doble ruptura con el “Libertarianismo del Establecimiento”, representado, por ejemplo, por el Instituto CATO del “mercado libre“, de Washington DC.

Este Libertarianismo del Establecimiento no sólo estaba teóricamente en un error, por su compromiso con el objetivo imposible de un gobierno limitado (y gobierno centralizado, además): también estaba sociológicamente errado, con su mensaje cultural “cosmopolita” anti-burgués, sin duda adolescente: de multiculturalismo e igualitarismo, de “no respeto a ninguna autoridad”, de “y vivir y dejar vivir”, de hedonismo y de libertinaje.

Los austro-libertarios anti-establecimiento trataron de aprender más del lado conservador acerca de los requisitos culturales de una comunidad libre y próspera. Y en general así lo hicieron y aprendieron la lección. Al menos, creo que yo lo hice.

Por el lado conservador de la alianza, la cooperación con los anarco-capitalistas Austríacos significó una ruptura total con el llamado movimiento neoconservador, que había llegado a dominar el conservadurismo organizado en los EE.UU. y el cual estaba representado, por ejemplo, por Think Tanks tales como el American Enterprise Institute y la Fundación Heritage en Washington DC. Los paleo-conservadores, como llegaron a ser conocidos, se opusieron a la meta neo-conservadora de un Estado de bienestar y de guerra cada vez más centralizado y “eficiente económicamente”- como incompatible con el núcleo de los valores conservadores tradicionales de propiedad privada, de familia y hogares familiares, y de comunidades locales y su protección. Había algunos puntos de la discordia entre los paleo-conservadores y los libertarios: sobre cuestiones de aborto e inmigración y sobre la definición y la necesidad del gobierno. Sin embargo, estas diferencias podrían acomodarse al acordar que su resolución no se debía intentar a nivel de Estado central o incluso de alguna institución supra-nacional tal como la ONU, sino siempre al menor nivel de organización social: a nivel de familias y comunidades locales.

Para los paleo-conservadores, la secesión de un Estado central no era un tabú, y para los austro-libertarios la secesión tenía la condición de ser un derecho natural de los seres humanos (mientras que los libertarios del Establecimiento normalmente lo tratan como un tema tabú), por lo cual la cooperación era posible. Por otra parte, la cooperación con los austro-libertarios iría a proporcionar a los conservadores la posibilidad de aprender economía sana (la de la escuela austríaca), que reconocían como un déficit y una debilidad en su armadura intelectual, especialmente frente a sus oponentes los neo-conservadores. Sin embargo, con algunas excepciones notables el grupo conservador no estuvo a la altura de estas expectativas.

Esta fue, pues, la razón última de la ruptura de la alianza libertaria-conservadora lograda con el Club John Randolph: que mientras los libertarios estuvieron dispuestos a aprender su lección cultural los conservadores no quisieron aprender la suya de economía.

Este veredicto, y la consiguiente lección, no fueron claros de inmediato, por supuesto. Fue tomando forma sólo en el curso de los acontecimientos. En el caso del Club John Randolph, el evento tuvo un nombre. Fue Patrick Buchanan, personalidad de la televisión, comentarista, columnista, autor de libros best-sellers, incluyendo trabajos serios sobre la historia revisionista, un hombre muy carismático, ingenioso y con gran encanto personal, pero también un hombre con una larga y profunda implicación en la política del Partido Republicano, primero como escritor de discursos de Nixon y luego como Director de Comunicaciones de la Casa Blanca en tiempos de Ronald Reagan.

Pat Buchanan no participó directamente en el Club John Randolph, pero tenía vínculos personales con varios de sus principales miembros (en ambos lados del Club, pero especialmente dentro del grupo de Crónicas, que incluía algunos de sus asesores más cercanos) y él era considerado parte prominente del movimiento contra-cultural representado por el Club John Randolph.

En 1992, Buchanan desafió al entonces presidente George Bush por la nominación republicana a la presidencia. (Él lo haría de nuevo en 1996, desafiando el senador Bob Dole para la nominación republicana, y en 2000 se postularía como candidato presidencial por el Partido de la Reforma.) El reto de Buchanan fue impresionante al principio, casi sacando a Bush en las primarias de Nueva Hampshire, y en un principio causó gran entusiasmo en los círculos del Club John Randolph. Sin embargo, en el curso de la campaña de Buchanan, y en reacción a ella, estalló la discordia abierta entre los dos campos del Club John Randolph en cuanto a la estrategia “correcta”.

Buchanan siguió una campaña populista con su “America Primero”. Quería dirigirse y atraer al llamado “Estadounidense Medio”, quien se sentía traicionado y desamparado por las élites políticas de ambos partidos. Tras el colapso del comunismo y el fin de la guerra fría, Buchanan quería traer todas las tropas estadounidenses de vuelta a casa, disolver la OTAN, dejar las Naciones Unidas, y llevar a cabo una política exterior no-intervencionista (que sus enemigos-neo conservadores le refregaban como “aislacionista”). Quería cortar todos los vínculos económicos con Israel en particular, y criticaba abiertamente la influencia “anti-estadounidense” del lobby judío-americano organizado, algo que requería considerable coraje en la América contemporánea.

Quería eliminar toda “acción afirmativa “, las leyes de no-discriminación y de cuotas que había impregnado todos los aspectos de la vida americana, y que eran leyes esencialmente anti-blanco y especialmente leyes anti-blanco-masculino. En particular, prometió poner fin a la política no-discriminatoria de inmigración que había dado lugar a la inmigración masiva de personas del tercer mundo de clase baja y la correspondiente integración forzada o, eufemísticamente, “multiculturalismo.” Además, él quería terminar con toda “la podredumbre cultural” que sale de Washington DC cerrando el Ministerio de Educación y una multitud de otras agencias federales de adoctrinamiento.

Pero en lugar de enfatizar esas inquietudes culturales “derechistas” ampliamente populares, Buchanan, en el curso de su campaña, discutía, cada vez más, otros asuntos y preocupaciones económicas, sin importar que su conocimiento sobre la economía fuera más bien escaso.

Concentrándose en la que era su peor faceta, entonces, cada vez más abogaba por un programa económico “izquierdista” de nacionalismo económico y social. Abogaba por aranceles para proteger industrias “esenciales” de América y salvar empleos en los Estados Unidos de la “desleal” competencia extranjera, y proponía “proteger” al estadounidenses medio salvaguardando e incluso ampliando los programas existentes del Estado-Benefactor como las leyes de salario mínimo, el seguro de desempleo, el Seguro Social, Medicaid y Medicare.

Cuando expliqué, en un discurso ante el Club, que el programa de derecha-cultural y de izquierda-económica de Buchanan era teóricamente inconsistente y que su estrategia consecuentemente tenía que fallar en alcanzar la meta propuesta, que nadie podía traer de regreso a América a la cordura cultural y al fortalecimiento de familias y comunidades y al mismo tiempo, mantener los pilares institucionales que eran la causa central del malestar cultural, que los aranceles proteccionistas no podían lograr que los estadounidenses fuesen más prósperos, sino menos, y que un programa de nacionalismo económico tenía que alienar a la indispensable burguesía intelectual y cultural mientras atraía al (para nosotros y para nuestros propósitos) “inútil” proletariado, casi llegó a un éclat. El grupo conservador se levantó en armas a consecuencia de esta crítica a uno de sus héroes.

Tenía la esperanza de que, pese a los sentimientos de amistad o de lealtad personal, después de algún tiempo de reflexión la razón prevalecería, sobre todo después de que había quedado claro por los acontecimientos subsiguientes que la estrategia de Buchanan también había fracasado numéricamente en las urnas. Yo creía que los conservadores del Club John Randolph, tarde o temprano vendrían a darse cuenta de que mi crítica a Buchanan era una crítica “inmanente”, es decir, que no había criticado, ni que yo mismo me había distanciado, del objetivo del Club John Randolph, y presumiblemente tampoco del de Buchanan, de una contrarrevolución cultural conservadora, sino que, sobre la base de elementales razones económicas, yo había encontrado simplemente que los medios – la estrategia – escogidos por Buchanan para lograr este objetivo eran inadecuados e ineficaces. Pero no pasó nada. No hubo ningún intento de refutar mis argumentos. Tampoco hubo ninguna señal de que uno estaba dispuesto a expresar cierta distancia intelectual con Buchanan y su programa.

De esta experiencia aprendí una lección doble. En primer lugar, se reforzó la lección que ya había aprendido en mi encuentro con la Sociedad Mont Pelerin: No pongas tu confianza en los políticos y no te dejes distraer por la política. Buchanan, a pesar de sus muchas y atractivas cualidades personales, era todavía, de corazón, un político que creía en el gobierno, sobre todo como medio para propiciar el cambio social. En segundo lugar y, más en general, sin embargo, he aprendido que es imposible tener una asociación intelectual duradera con gentes que, o bien, no están dispuestas o, son incapaces de captar los principios de la economía. La Economía – la lógica de la acción – es la reina de las ciencias sociales. No es de manera alguna suficiente para comprender la realidad social, pero es necesaria e indispensable. Sin un conocimiento sólido de los principios económicos, por ejemplo al nivel de Henry Hazlitt en Economía en Una Lección, uno se ve obligado a cometer errores graves de explicación e interpretación histórica.

Así, llegué a la conclusión de que la Sociedad “Propiedad y Libertad” no sólo tenía que excluir a todos los políticos, y agentes y propagandistas del gobierno como objetos de burla y desprecio, como a emperadores sin ropa y blanco de todas las bromas, en lugar de objetos de admiración y de emulación, sino que también tenía que excluir a todos los ignorantes en economía.

Cuando el Club John Randolph se disolvió, esto no significó que las ideas que habían inspirado su creación se hubieran extinguido o que ya no encontraran una audiencia. De hecho, en los EE.UU., había crecido un Think Tank dedicado a las mismas ideas e ideales. El Ludwig von Mises Institute, fundado en 1982 por Lew Rockwell, con Murray Rothbard como su cabeza académica, había comenzado como cualquier otro Think Tank del gobierno limitado, a pesar de que Rothbard y todos los demás socios principales del Instituto Mises eran anarco-capitalistas austríacos. Sin embargo, a mediados de la década de 1990-y me enorgullece haber desempeñado un papel importante en este desarrollo-Lew Rockwell había transformado el instituto, significativamente localizado lejos de Washington DC, en la provinciana Auburn, en Alabama, en el primer y único Think Tank del mercado libre que había renunciado abiertamente, por imposible, al objetivo de un gobierno limitado y salía en cambio, como defensor imperturbable del anarco-capitalismo, desviándose por lo tanto de la interpretación estrecha, “literal” de su nombre y, sin embargo manteniéndose fiel a su espíritu en la búsqueda del método riguroso, praxeológico misesiano, hasta sus últimas consecuencias. Este movimiento fue financieramente costoso al principio, pero bajo la brillante e inteligente dirección de Rockwell eventualmente se convirtió en un enorme éxito, al sobrepasar a sus rivales, mucho más ricos, – los Libertarios del Gobierno Limitado – tales como los del Instituto CATO, en términos de alcance e influencia. Por otra parte, además del Mises Institute, que se centraba más estrechamente en los asuntos económicos, y a raíz de la decepcionante experiencia con el Club John Randolph y su ruptura, Lew Rockwell había creado, en 1999, una página web anti-estado, anti- guerra, pro-mercado,- http://www.lewrockwell.com/ – la cual agregó una dimensión interdisciplinaria, cultural, a la empresa austro-libertaria y resultó ser aún más popular, preparando el terreno intelectual para el actual movimiento de Ron Paul.

La Sociedad “Propiedad y Libertad”, por supuesto, no tenía que competir con el Instituto Mises o con LewRockwell.com. Ni tampoco que fuera un Think Tank, ni un canal más de publicación. Más bien, era para complementar sus esfuerzos, y los de otros, al adicionar otro componente importante para el desarrollo de una contracultura intelectual anti-estatista. Lo que había desaparecido con la desintegración del Club John Randolph original fue una Sociedad intelectual dedicada a la causa. Sin embargo, todo movimiento intelectual requiere una red de amistades personales, de amigos y compañeros de armas para tener éxito, y para que este tipo de red se establezca y crezca, se necesita un lugar de encuentro permanente, una sociedad. La Sociedad “Propiedad y Libertad” se supone que es dicha sociedad.

Quise crear un lugar donde personajes de todo el mundo con ideas afines pudieran reunirse periódicamente para estímulo mutuo y disfrute de un radicalismo intelectual sin censura y sin rival. La sociedad se supone que es internacional e interdisciplinaria, burguesa, sólo por invitación, exclusiva y elitista: para unos pocos “elegidos”, que puedan ver a través de la cortina de humo levantada por nuestras clases dirigentes de delincuentes, estafadores, charlatanes y payasos.

Después de nuestro primer encuentro, hace 5 años, aquí mismo, en el Princesa Karia, mi plan llegó a ser más específico todavía. Inspirado por el encanto del lugar y su hermoso jardín, decidí adoptar el modelo “salón” para las reuniones de la Sociedad “Propiedad y Libertad”. El diccionario define “salón” como “un encuentro de intelectuales, de élites sociales, políticas y culturales bajo el techo de una anfitriona de inspiración, en parte para divertirse entre sí y en parte para refinar el gusto y aumentar los conocimientos mediante la conversación”. Saque la palabra “política” de esta definición – y ahí tiene lo que he tratado de lograr durante los últimos años, junto con Guelcin, mi esposa y colega misesiana, sin cuyo apoyo nada de esto sería posible: ser anfitriona y dar acogida a un salón anual grande y extenso, y convertirlo, con la ayuda de ustedes, en el más atractivo e ilustre salón que pueda existir.

Espero – y de hecho estoy seguro – que ésta, nuestra quinta reunión, marcará un paso más hacia tal fin.

Hans-Hermann Hoppe, Economista de la Escuela Austriaca y filósofo libertario/anarco-capitalista, es Profesor Emérito de Economía en la Universidad de Las Vegas, Miembro Distinguido en el Ludwig von Mises Institute, Fundador y Presidente de la Sociedad “Propiedad y Libertad”, y ex-editor de la Revista de Estudios Libertarios.

TRADUCCIÓN DE RODRIGO BETANCUR

Posted in Blog | Tagged , , , , , | Leave a comment

Historia y Fundamentos de la Property and Freedom Society

La Property and Freedom Society (PFS), creada por el renombrado filósofo libertario y economista austriaco Hans-Hermann Hoppe, fue establecida en mayo del 2006 en el Hotel Karia Princess en Bodrum, Turquía.La idea de fundar una organización para promover el “Austro-libertarismo”, la filosofía económica y social caracterizada de la manera más prominente durante el siglo 20 por el economista austriaco Ludwig von Mises y su estudiante estadounidense Murray N. Rothbard, y atado a los economistas franceses decimonónicos Frederick Bastiat y Gustave de Molinari, fue presentada por Hans-Hermann Hoppe en agosto del 2005 durante una pequeña reunión informal en el Summer University del Mises Institute en Auburn, Alabama. Los que estuvieron presente en la reunión, Thomas DiLorenzo, Guido Hulsmann y Ralph Raico, le dieron la bienvenida al proyecto, y Guelcin Imre ofreció ser el anfitrión de la reunión inaugural de la sociedad en Bodrum, Turquía. Poco después, Walter Block, Joseph Salerno, y Stephan Kinsella se unieron al proyecto.FUNDAMENTOS de la Property and Freedom Society

Declaración inaugural de la reunión en Bodrum, Turquía, mayo 2006

La Property and Freedom Society se manifiesta por un radicalismo intelectual sin compromisos: en defensa de la propiedad privada justamente adquirida, la libertad de contratos, la libertad de asociación, que lógicamente implica el derecho de no asociarse con (o discriminar contra) cualquiera, en los asuntos personales, así como un libre comercio sin condiciones. Condena el imperialismo y el militarismo y a quienes los fomentan, y lucha por la paz. Rechaza el positivismo, el relativismo y el igualitarismo en cualquiera de sus formas, ya sea de resultados o de oportunidad, y tiene un manifiesto distanciamiento de los políticos y la política. Como tal, busca evitar cualquier asociación con las políticas y propuestas de los intervencionistas, que Ludwig von Mises identificó en 1946 como el error fatal, en el plan de muchos antecedentes y contemporáneos intentos de los intelectuales, alarmados por la creciente ola de socialismo y totalitarismo, que se encuentra en el movimiento ideológico antisocialista. Mises escribió: “Lo que no comprendieron estos asustados intelectuales era que todas esas medidas de interferencia gubernamental en los asuntos que ellos defienden son abortivas… No hay tercera vía. O los consumidores son soberanos, o lo es el Gobierno”.

Como libertarios culturalmente conservadores, estamos convencidos de que el proceso de descivilización ha alcanzado un punto de crisis y que es nuestro deber moral e intelectual llevar a cabo un serio esfuerzo de reconstruir una sociedad libre, próspera y moral. Es nuestra profunda creencia que una aproximación desde el radicalismo políticamente intransigente es, en el largo plazo, el camino más seguro para nuestro querido objetivo de un régimen totalmente libre de trabas a la libertad individual y a la propiedad privada. En esa búsqueda de un nuevo comienzo joven y radical, nos dirigimos a esas viejas y olvidadas palabras de Friedrich A. Hayek: “Debemos tomar la construcción de una sociedad libre de nuevo como una aventura intelectual, un acto de coraje. Lo que nos falta es una utopía liberal, un programa que no parezca ni una mera defensa de las cosas como están ni una forma diluida de socialismo, sino un verdadero radicalismo liberal que no excuse las susceptibilidades de los poderosos… que no es practicado demasiado concienzudamente y que no se conforma con lo que aparece hoy como políticamente imposible. Necesitamos líderes intelectuales que estén preparados para resistir las lisonjas del poder y la influencia, y que estén dispuestos a trabajar por un ideal, por muy escasas que sean las perspectivas de su pronta realización. Han de ser hombres que estén dispuestos a aferrarse a los principios y a luchar por su plena realización, aunque fuere remota… A no ser que seamos capaces de hacer de los fundamentos filosóficos de una sociedad libre de nuevo un asunto intelectual vivo, y su puesta en práctica una tarea que rete la imaginación y el genio de nuestras mentes más despiertas, las perspectivas para la libertad serán muy oscuras. Pero si podemos recuperar esa fe en el poder de las ideas que fue la característica del mejor liberalismo, la batalla no está perdida”.

Traducción de José Carlos Rodriguez y Manuel Lora

Posted in Blog | Tagged , , | Leave a comment

Auge y Caída de la Ciudad

Mises Diario: Miercoles 23 de Noviembre de 2005

por Hans-Hermann Hoppe

Casi todos los entornos urbanos en el mundo están plagados de conflictos entre grupos, tanto es así que los comentaristas políticos pueden hablar de votos y candidatos, generalmente en términos de composición demográfica e impacto del voto. No es sólo en Baghad donde la gente lucha por las palancas del poder. Más bien, cada elección enciende el “voto religioso”, el “voto negro”, el “voto de los negocios”, el “voto de la mujer”, etc. Este es un triste comentario sobre la ciudad moderna, fundada en la Edad Media como un lugar de paz y de comercio y la cual vino a ser el fundamento mismo de la civilización.

¿Por qué existen estos conflictos y porqué la ciudad – el centro cultural de la civilización, caracterizada por la paz y la prosperidad – los atrae? Los marxistas dicen que ese conflicto urbano tiene sus raíces en la guerra entre el capital y el trabajo, los racistas dicen que su raíz se encuentra en la explotación de una raza por otra, y las feministas lo ven como el resultado de la lucha perpetua por el sexo. La religión evidentemente juega su papel también, tal como lo demuestra el caso de Irak.

Y, sin embargo ninguno de estos factores habla de la causa fundamental del conflicto urbano.

Como respuesta ofrezco esta reflexión, tomada de mi libro Democracia: El Dios que falló: es el Estado, y ninguna otra institución o fuerza social, la entidad que convierte la pacífica civilización urbana en una zona de guerra:

Ludwig von Mises explicaba la evolución de la sociedad – de la cooperación humana bajo la división del trabajo – como el resultado combinado de dos factores. Estos factores son, en primer lugar, las diferencias existentes entre los hombres (trabajo) y las desigualdades en la distribución geográfica de los factores de producción brindados por la naturaleza (tierra), y en segundo lugar, el reconocimiento del hecho de que la labor efectuada bajo la división del trabajo es más productiva que el trabajo realizado en aislamiento autosuficiente. Escribe:

Siempre y cuando la labor bajo la división del trabajo sea más productiva que el trabajo aislado, y siempre y cuando el hombre sea capaz de darse cuenta de este hecho, la acción humana por si misma tiende hacia la cooperación y la asociación, el hombre se convierte en un ser social, no al sacrificar su propios intereses en aras de una mítica Moloch, la sociedad, sino al perseguir el mejoramiento de su propio bienestar. La experiencia enseña que esta condición – la mayor productividad lograda bajo la división del trabajo – está presente porque su causa – la desigualdad innata de los hombres y la desigualdad en la distribución geográfica de los factores naturales de producción – es real. Por lo tanto estamos en condiciones de comprender el curso de la evolución social. [1]

Es importante destacar varios puntos interesantes a fin de lograr un entendimiento apropiado de esta idea fundamental de Mises sobre la naturaleza de la sociedad – puntos que también nos ayudarán a llegar a algunas conclusiones preliminares sobre los roles del sexo y la raza en la evolución social.

En primer lugar, es importante reconocer que las desigualdades con respecto al trabajo o la tierra son una condición necesaria pero de ninguna manera una condición suficiente para el surgimiento de la cooperación humana. Si todos los seres humanos fueran idénticos y todo el mundo estuviera equipado con idénticos recursos naturales, todo el mundo produciría la misma calidad y cantidad de bienes, y por tanto la idea de intercambio y cooperación nunca entraría en la mente de alguien.

Sin embargo, la existencia de desigualdades no es suficiente para lograr la cooperación. También hay diferencias en el reino animal – en particular la diferencia de sexo (género) entre los miembros de la misma especie animal, así como la diferencia entre las distintas especies y subespecies (razas), pero no hay tal cosa como la cooperación entre los animales .

Sin duda, están las abejas y las hormigas que se conocen como “sociedades de animales”. Sin embargo, forman sociedades sólo en sentido metafórico [2]. La cooperación entre las abejas y las hormigas se efectúa exclusivamente por factores biológicos – por instintos innatos. No pueden no cooperar como lo hacen, y sin ciertos cambios fundamentales en su estructura biológica, la división del trabajo entre ellos no está en peligro de romperse. En claro contraste, la cooperación entre los seres humanos es el resultado de acciones individuales con propósito, dirigidas concientemente a la consecución de sus fines personales. Como resultado, la división del trabajo entre los hombres está constantemente amenazada con la posibilidad de desintegración.

En el reino animal, entonces, de la diferencia entre los sexos sólo puede decirse que es un factor de atracción – para la reproducción y la proliferación -, mientras que podemos referirnos a las diferencias entre especies y subespecies como un factor de repulsión, de separación, o aún de fatal antagonismo, de evasión, de lucha y aniquilación.

Por otra parte, en el reino animal no tiene sentido describir el comportamiento resultante de la atracción sexual como consensual (el amor) o sin consentimiento (violación), ni tampoco tiene sentido hablar de la relación entre miembros de diferentes especies o subespecies como uno de hostilidad y odio o de delincuente y víctima. En el reino animal sólo existe la interacción, que no es ni comportamiento cooperativo (social) ni comportamiento criminal (antisocial). Como dice Mises:

Hay interacción – influencia recíproca – entre todas las partes del universo: entre el lobo y la oveja que devora; entre el germen y el hombre que mata, entre la piedra que cae y aquello sobre lo que cae. La sociedad por el contrario, implica siempre hombres que actúan en cooperación con otros hombres a fin de permitir a todos los participantes alcanzar sus propios fines [3].

Si la cooperación humana ha de evolucionar, además de las desigualdades en tierra y mano de obra, debe cumplirse con un segundo requisito. Los hombres – al menos dos de ellos – deben ser capaces de reconocer la mayor productividad de una división del trabajo basada en el reconocimiento mutuo de la propiedad privada (del control exclusivo de cada uno sobre su propio cuerpo y sus posesiones físicas) al compararla con la obtenida, o bien con el aislamiento auto-suficiente, o bien con la agresión, depredación, y dominación.

Es decir, debe haber un mínimo de inteligencia o racionalidad, y los hombres – al menos dos de ellos – debe tener la suficiente fuerza moral para entender este concepto y estar dispuestos a renunciar a la gratificación inmediata por una aún mayor satisfacción en el futuro. Sino fuera por la inteligencia y la voluntad consciente, escribe Mises, los hombres hubieran permanecido por siempre como enemigos mortales entre sí, rivales irreconciliables en sus esfuerzos por asegurar una parte de la escasa oferta de medios de sustento que ofrece la naturaleza. Cada hombre se habría visto obligado a ver a todos los demás hombres como enemigos; el ansia por la satisfacción de sus apetitos le habría llevado a un conflicto implacable con todos sus vecinos. Bajo tal estado de cosas no se hubieran podido desarrollar sentimientos de compasión, solidaridad o simpatía [4].

Hay miembros de la especie humana que son capaces de entender el concepto, pero que carecen de la fuerza moral para actuar en consecuencia. Tales personas bien pueden ser, bestias inofensivas que viven aparte, separadas de la sociedad humana, o simplemente son delincuentes. Hay personas que a sabiendas actúan equivocadamente y que además de tener que ser domesticadas, o incluso físicamente derrotadas, deben ser castigadas en proporción a la gravedad de su crimen para hacerles comprender la naturaleza de sus malas acciones y es de esperarse que con ello aprendan una lección para el futuro. La cooperación humana (la sociedad) puede prevalecer y avanzar siempre y cuando el hombre sea capaz de dominar, domesticar, apropiar, y cultivar su entorno físico y animalístico, y siempre que consiga reprimir el delito, reduciéndolo a una rareza, por medio de auto-defensa, protección de la propiedad, y castigo [5].

Una vez se cumplen estos requisitos, sin embargo, y mientras el hombre, motivado por el conocimiento de la mayor productividad física de la división del trabajo basada en la propiedad privada, se dedica a intercambios mutuamente beneficiosos, las fuerzas “naturales” de atracción que surgen de las diferencias entre los sexos y las fuerzas “naturales” de repulsión o enemistad derivadas de las diferencias entre, e incluso dentro de, las razas, puede ser transformadas en verdaderas relaciones “sociales”. La atracción sexual, de cópula, puede transformarse en relaciones consensuales, en lazos de unión mutua, en hogares, familias, amor y afecto [6]. (Lo demuestra la enorme productividad del hogar familiar que, como ninguna otra institución, ha demostrado ser más duradera o capaz de producir tales emociones). Y la repulsión inter e intra-racial puede transformarse de sentimientos de enemistad u hostilidad a preferencia por la cooperación (comercial) entre sí.

La cooperación humana – la división del trabajo – sobre la base de la integración familia-hogar y en hogares separados, en pueblos, tribus, naciones, razas, etc., donde las naturales atracciones y repulsiones biológicas del hombre, a favor y en contra, del uno y del otro, se transforman en un sistema de reconocimiento mutuo  de asignación de espacio geográfico (de aproximación física e integración o de separación y segregación, y de contacto directo o indirecto, intercambio y comercio), conduce a mejores niveles de vida, a una población creciente, a la extensificación e intensificación de la división del trabajo, y a crecientes diversidad y diferenciación [6].

Como resultado de este desarrollo y de un aumento cada vez más rápido de mercancías y deseos que pueden ser adquiridos y satisfechos sólo de manera indirecta, surgirán los comerciantes profesionales, los mercaderes y los centros de comercio. Los comerciantes y las ciudades funcionan como mediadores de los intercambios indirectos entre familias separadas territorialmente y asociaciones comunales y se convierten así en el lugar y foco sociológico y geográfico de asociación inter-tribal o interracial.

Será dentro de la clase de los comerciantes en la cual son relativamente más comunes los matrimonios mixtos entre razas, etnias o tribus, y como la mayoría de las personas, de ambos grupos de referencia, por lo general desaprueban este tipo de alianzas, son los miembros más ricos de la clase comerciante quienes pueden permitirse tales extravagancias. Sin embargo, incluso miembros de las familias más ricas de los comerciantes serán muy circunspectos en tales menesteres. Con el fin de no poner en peligro su propia posición como comerciante, se debe tener mucho cuidado para que todo matrimonio mixto sea un matrimonio entre “iguales” [7].

En consecuencia, será en las grandes ciudades como centros de intercambio y comercio internacional, donde una variedad de parejas y sus descendientes residen habitualmente, donde los miembros de diferentes etnias, tribus, razas, incluso si no se casan, todavía entran regularmente en contacto personal directo entre sí (de hecho, que lo hagan así es requerido para que, al regresar a casa, los respectivos miembros de tribu, no tengan que tratar directamente con extraños más o menos desagradables), y donde surgirá el más elaborado, y altamente desarrollado, sistema de integración y segregación, física y funcional [8]. También será en las grandes ciudades donde, como reflejo subjetivo de este complejo sistema de asignación funcional de espacios, los ciudadanos desarrollarán las más refinadas formas de conducta profesional y personal, de etiqueta, y de estilo. Es la ciudad la que engendra civismo y vida civilizada.

Para mantener la ley y el orden dentro de una ciudad grande, con su intrincado patrón de integración y separación, físico y funcional, hará su aparición una gran variedad de jurisdicciones, jueces, árbitros y agentes del orden, además de agencias de auto-defensa y protección privada. Habrá en la ciudad lo que uno podría llamar gobernabilidad, pero no habrá ningún gobierno (estado) [9].

Para que un gobierno surja es necesario que uno de esos jueces o árbitros consiga establecerse a sí mismo como un monopolio. Es decir, debe ser capaz de insistir en que ningún ciudadano puede elegir a otro sino a él, como juez o árbitro de última instancia, y debe suprimir con éxito la aparición de cualquier otro juez o árbitro que trate de asumir el mismo papel (en competencia contra él).

Más interesante que la cuestión de que es un gobierno, sin embargo, son las siguientes preguntas: ¿Cómo es posible que un juez pueda adquirir el monopolio del poder, dado que otros jueces se opondrán naturalmente, a cualquier tentativa en ese sentido; y que específicamente hace que sea posible, y que implica, establecer un monopolio de ley y orden en una ciudad grande, es decir, sobre un territorio poblado por una mezcla de etnias, tribus y razas?

En primer lugar, casi por definición se deduce que con el establecimiento de un gobierno en la ciudad aumentarán las tensiones inter-raciales, tribales, étnicas y de clanes familiares debido a que el monopolio, sea quien sea, debe ser de uno u otro origen étnico, por lo que ser el monopolista será considerado por los ciudadanos de otras etnias como un retroceso insultante, es decir, como un acto de discriminación arbitraria contra las personas de otra raza, tribu o clan. Se perturbará entonces el delicado equilibrio de interracial, interétnico, y de cooperación pacífica inter-familiar, logrado mediante el intrincado sistema de integración y separación espacial y funcional.

En segundo lugar, esta idea conduce directamente a la respuesta de cómo un juez único, pueda en alguna forma ganarles a todos los demás. En resumen, para vencer la resistencia de los jueces en competencia, un aspirante al monopolio debe asegurarse el apoyo adicional de la opinión pública. En un entorno étnicamente mixto esto significa normalmente jugarse “la carta racial”. El candidato al monopolio debe elevar la conciencia racial, tribal o de clan entre los ciudadanos de su propia raza, tribu, clan, etc., y prometer, a cambio de su apoyo, el ser más que imparcial como juez en los asuntos relacionados con la propia raza, tribu o clan (exactamente lo que los ciudadanos de otras etnias temen, es decir, el ser tratados con menor imparcialidad) [10].

En esta etapa de esta reconstrucción sociológica hagamos, sin más explicaciones, rápidamente introduzcamos unos pocos pasos adicionales necesarios para llegar a un escenario contemporáneo realista en cuanto a raza, sexo, sociedad y del Estado. Naturalmente, un monopolista tratará de mantener su posición e incluso convertirla en un título hereditario (es decir, convertirse en un rey). Sin embargo, lograr esto dentro de una ciudad mixta étnica o tribalmente es una tarea mucho más difícil que dentro de una comunidad rural homogénea.

En cambio, en las grandes ciudades los gobiernos son mucho más propensos a adoptar la forma de una república democrática – con “entrada abierta” a la posición de gobernante supremo, a la competencia entre partidos políticos y a las elecciones populares [11]. En el curso del proceso de centralización política [12] – la expansión territorial de un gobierno a expensas de otro – este modelo de gobierno de ciudad grande se convertirá en esencia, en su forma única: la de un Estado democrático, en ejercicio de un monopolio jurisdiccional sobre un territorio con población, étnica o racialmente, diversa.

Si bien el monopolio judicial de los gobiernos hoy en día normalmente se extiende mucho más allá de una sola ciudad y en algunos casos a lo largo de casi todo un continente, las consecuencias para las relaciones entre razas y sexos y la aproximación y la segregación territoriales de un gobierno (monopolio) todavía se pueden observar mejor en las grandes ciudades, por su progresivo deterioro de centros de civilización, a centros de degeneración y decadencia.

Con un gobierno central que se extiende por ciudades y campos, se crean países, paisanos (de la propia tierra) y extranjeros. Esto no tiene efecto inmediato en el campo, donde no hay extranjeros (miembros de etnias, razas, etc., diferentes). Pero en los grandes centros comerciales, donde hay poblaciones mixtas, la distinción jurídica entre paisano y extranjero (más bien que entre dueños de propiedad privada de etnias o razas disímiles), casi invariablemente conducen a una cierta forma de exclusión forzada y a una reducción del nivel de cooperación interétnica.

Por otra parte, con un Estado central en su lugar, la segregación y la separación físicas entre ciudad y campo se reducirán sistemáticamente. Con el fin de ejercer el monopolio judicial, el gobierno central debe ser capaz de acceder a la propiedad privada de todos los paisanos, y para ello debe tomar el control de todos los caminos existentes e incluso ampliar el actual sistema de carreteras. Diferentes familias y pueblos son así puestos en contacto más estrecho de lo que hubiera sido de desear, y la distancia y separación físicas entre ciudad y campo se verá sensiblemente disminuida. Por lo tanto, internamente, se promoverá una integración forzada.

Naturalmente, esta tendencia hacia la integración forzada será más pronunciada en las ciudades debido a la monopolización de vías y calles. Esta tendencia se verá estimulada cuando, como es típico, el gobierno tiene su sede en una ciudad. Un gobierno elegido popularmente no puede evitar usar su monopolio judicial para participar en políticas redistributivas a favor de su circunscripción racial o étnica, lo cual invariablemente atraerá aún más a miembros de su propia tribu, y con los cambios en el gobierno más miembros de más y diferentes tribus serán atraídos del campo a la ciudad capital para recibir empleo o dádivas del gobierno. Como resultado, no sólo la capital se vuelve relativamente “de gran tamaño” (mientras otras ciudades se encogen). Al mismo tiempo, debido a la monopolización de las calles “públicas” – todo el mundo podrá deambular por donde quiera – se estimulará toda forma de tensión y animosidad entre las minorías étnicas, tribales y raciales.

Además, si bien, los matrimonios entre diferentes razas, tribus y etnias fueron originalmente escasos y limitados a los estratos superiores de la clase mercantil, con la llegada de burócratas de varias tribus, etnias y razas a la ciudad capital, la frecuencia del matrimonio interétnico aumentará, y el enfoque de las relaciones sexuales inter-raciales – incluso sin matrimonio – cada vez más pasará de la clase alta de los comerciantes a las clases bajas – incluso a la clase más baja, la de los receptores de asistencia social. El apoyo del Gobierno al bienestar llevará naturalmente a un aumento en la tasa de natalidad de los beneficiarios de asistencia en comparación con la tasa de natalidad de otros miembros, particularmente, con los miembros de la clase alta de su tribu o raza.

Como resultado de este crecimiento desproporcionado de las clases más bajas y con un número cada vez mayor de descendientes de mezclas de etnias, tribus y razas, sobre todo en los estratos más bajos, va a cambiar también, poco a poco, el carácter democrático (popular) del gobierno. En lugar de la carta “racial” esencialmente como único instrumento político, la política se convertirá cada vez más en una “política de clases”. Los gobernantes pueden depender, pero no exclusivamente, de su atractivo y su apoyo tribales, étnicos o raciales, sino que cada vez más tratarán de encontrar apoyo cruzando líneas tribales o raciales, apelando al sentimiento universal de envidia e igualitarismo (ya no de tribu ni de raza específica), es decir, a la clase social (los intocables o los esclavos contra los amos, los trabajadores contra los capitalistas, los pobres contra los ricos, etc.) [13], [14].

La mezcla cada vez mayor de política de clases igualitarias con políticas tribales pre-existentes conduce a mayores, hostilidad y tensión, raciales y sociales, y aún a una mayor proliferación de la población de las clases más bajas.

Además de ciertos grupos étnicos o tribales compelidos a salir de las ciudades como consecuencia de las políticas tribales, cada vez más miembros de las clases altas de todos los grupos étnicos o tribales saldrán de la ciudad hacia los suburbios (sólo para ser seguidos – por medio del transporte público (del gobierno) – por las mismas personas de cuyas conductas habían tratado de escapar) [15]. Con la salida de la clase alta y de los comerciantes en grandes cantidades, sin embargo, se debilitarán unas de las últimas fuerzas civilizadoras, y lo que queda abandonado en las ciudades representa una selección cada vez más negativa de la población: los burócratas del gobierno que trabajan pero no viven allí, y los delincuentes, y los marginados de todas las tribus y razas que viven allí, pero que no trabajan, sino que sobreviven del estado-bienestar. (Piense solo en Washington, DC.)

Cuando uno pensaba que las cosas no podrían a ser peor, empeoran. Después que se han jugado las cartas de “raza” y “clase” y han hecho su trabajo devastador, el gobierno recurre a las cartas de sexo y género, y “la justicia racial” y “la justicia social” se complementan con la “justicia de género” [16]. El establecimiento de un gobierno – un monopolio judicial – no sólo implica que jurisdicciones anteriormente separadas sean integradas a la fuerza (como distritos segregados étnica o racialmente, por ejemplo); implica al mismo tiempo que jurisdicciones antes plenamente integradas (como los hogares y las familias) sean, a la fuerza, desgarradas y aún disueltas.

En vez de considerar asuntos intrafamiliares e intra-hogareñas (temas como el aborto, por ejemplo) como para ser juzgadas o arbitradas por nadie más que por el jefe del hogar o por los miembros de la familia, [17] una vez que un monopolio judicial se ha establecido, sus agentes – el gobierno – llegan a ser jueces y árbitros de última instancia, y naturalmente tratarán de expandir sus funciones, de todos los asuntos familiares. Para ganar el apoyo popular por su papel el gobierno (además de enfrentar una clase tribal, racial, o social contra otra) de igual manera promoverá la división dentro de la familia: entre los sexos – marido y mujer – y las generaciones – los padres y los niños [18]. Una vez más, esto será particularmente notable en las grandes ciudades.

Toda forma de asistencia social por parte del gobierno – la transferencia obligatoria de riqueza o de ingresos de los “que tienen” hacia quienes “nada tienen” reduce el valor de la membrecía personal en un sistema extendido de hogares familiares como sistema social de cooperación mutua y de ayuda y asistencia. El matrimonio pierde valor. Para los padres se reduce el valor y la importancia de una “buena” educación para sus propios hijos. En consecuencia, de los hijos hacia sus propios padres habrá menores, respeto y atención. Debido a la alta concentración de receptores de asistencia social, está ya bastante avanzada la desintegración de la familia en las grandes ciudades. Al apelar al género y a la generación (edad) como fuente de apoyo político y a la promoción y promulgación de legislación basada en el sexo (género) y en la familia, invariablemente se debilitan la autoridad de los jefes de hogar y la “natural” jerarquía inter-generacional dentro de las familias y disminuye el valor de la familia multi-generacional como unidad básica de la sociedad humana.

Ciertamente y debe quedar claro, en el momento en que la ley y la legislación gubernamental suplantan el derecho y la legislación de familia (incluidos los acuerdos intrafamiliares en relación con el matrimonio, la descendencia en familia comunal, la herencia, etc.), sólo se obtiene la erosión sistemática de los valores y de la importancia de la institución familiar. Porque ¿qué es una familia, si ni siquiera puede encontrar y mantener sus propios orden y legislación internos! Al mismo tiempo, y debe quedar claro también, aunque no ha sido suficientemente señalado, desde el punto de vista de los gobernantes, la capacidad de interferencia en los asuntos internos de familia tienen que considerarlo como el premio supremo y el pináculo de su propio poder.

Una cosa es explotar los resentimientos tribales o raciales o la envidia de clase en ventaja personal. Otra muy distinta es lograr utilizar las disputas que surjan dentro de las familias para romper todo el sistema, en general armonioso, de las familias autónomas,: para arrancar de raíz a los individuos de sus familias a fin de aislarlos y atomizarlos, lo cual aumenta el poder del estado sobre ellos. En consecuencia, a medida que se implementa la política de familia del gobierno, también se incrementan los divorcios, la soltería, la maternidad soltera y la ilegitimidad, los incidentes entre padres o entre cónyuges, la negligencia con, o el abuso de, los niños, y la variedad y frecuencia de estilos de vida “no tradicionales” [19].

Paralelo a este desarrollo habrá un aumento gradual pero constante de la delincuencia y de las conductas delictivas. Bajo los auspicios del monopolio, la ley (el derecho natural) siempre será transformada en legislación. Como resultado de un proceso interminable de redistribución de ingresos y de riqueza en nombre de la discriminación racial, social, y de la justicia de género, la idea misma de justicia como conjunto de principios universales e inmutables de conducta y cooperación, en última instancia, se irá erosionando y destruyendo. En lugar de ser concebido como algo preexistente (y por descubrir), el derecho es cada vez más una ley redactada por el gobierno (legislación).

En consecuencia, no sólo aumentará la inseguridad jurídica, sino que, en reacción, la tasa social de preferencia temporal se elevará (es decir, la gente en general estará más orientada al presente y a la planificación a un horizonte temporal cada vez más corto). También se promoverá el relativismo moral. Porque si no existe tal cosa como un derecho absoluto, se desprende que tampoco habrá un agravio o una injusticia absoluta. De hecho, lo que hoy es correcto puede ser una equivocación mañana, y viceversa.

Por consiguiente el aumento de las preferencias temporales combinado con el relativismo moral, constituye el caldo de cultivo perfecto para los delincuentes y los delitos – una tendencia especialmente evidente en las grandes ciudades. Es aquí donde la disolución de las familias está más avanzada, cuando existe la mayor concentración de receptores de asistencia social, donde ha llegado más lejos el proceso de pauperización genética, y donde son más virulentas las tensiones tribales y raciales como resultado de la integración forzada. Más bien que centros de civilización, las ciudades se han convertido en centros de desintegración social, corrupción, brutalidad y delincuencia [20].

Sin duda, la historia está, en última instancia, determinada por las ideas y las ideas pueden, al menos en principio, cambiar casi instantáneamente. Pero, para que las ideas cambien no es suficiente que la gente vea que algo está equivocado. Por lo menos un número importante de personas debe ser también lo suficientemente inteligente como para reconocer qué es lo que está mal. Es decir, se deben entender los principios básicos sobre los que se basa la sociedad, la cooperación humana: que son precisamente los principios que aquí se explican. Además la gente debe tener suficiente fuerza de voluntad para actuar de acuerdo con esta idea.

El estado – un monopolio judicial – debe ser reconocido como fuente de de-civilización: los estados no crean la ley y el orden, los destruyen. Las familias y los hogares deben ser reconocidos como fuente de la civilización. Es esencial que los jefes de familia y de hogar reafirmen su autoridad de última instancia, como jueces en todos los asuntos internos de la familia. Los hogares deben ser declarados territorio inviolable, extraterritorial, como las embajadas extranjeras. La libre asociación y la exclusión del territorio deben ser reconocidos, no como cosas malas, sino buenas, que facilitan la cooperación pacífica entre diferentes grupos étnicos y raciales. La protección social debe ser reconocida como un asunto exclusivamente de las familias, y la caridad voluntaria y el estado bienestar no son más que la subvención, o el subsidio, a la irresponsabilidad.

 

Hans-Hermann Hoppe ([email protected] ) es profesor de economía en la Universidad de Nevada, Las Vegas.

Este ensayo se basa en un capítulo de Democracy: The God that Failed (La democracia: El Dios que Falló).

1 Ludwig von Mises, Human Action: A Treatise on Economics, Edición Académica (Auburn, Ala: Ludwig von Mises Institute, 1998), p.160.9

2 Véase sobre esto Jonathan Bennett, Rationality: An Essay Toward an Analysis (Londres: Routledge and Kegan Paul, 1964).

3 Mises, Human Action, p. 169.

4 Ibid., p. 144.

5 Rara vez ha hecho Mises más énfasis sobre la importancia de la cognición y la racionalidad, que en el surgimiento y mantenimiento de la sociedad. Explica que uno

puede admitir que en el hombre primitivo fueran innatas la propensión a matar y a destruir, así como también la disposición a la crueldad. También podemos suponer que bajo las condiciones de las edades más tempranas de la antigüedad la inclinación a la agresión y al asesinato fueran favorables a la preservación de la vida. El hombre fue alguna vez una bestia brutal. Pero no hay que olvidar que era un animal débil físicamente; no hubiera estado a la altura de las grandes bestias de presa si no hubiera estado equipado con un arma peculiar, la razón. Por el hecho de que el hombre sea un ser razonable, y que por lo tanto no cede sin inhibiciones a sus impulsos, sino que organiza su conducta de acuerdo a una razonada deliberación, debe ser calificado como natural desde el punto de vista zoológico. Conducta racional significa que el hombre, ante el hecho de que no puede satisfacer todos sus impulsos, deseos y apetitos, renuncia a la satisfacción de aquellos que considere menos urgentes. Con el fin de no poner en peligro el funcionamiento de la cooperación social, el hombre se ve obligado a abstenerse de satisfacer aquellos deseos cuya satisfacción impediría el establecimiento de las instituciones de la sociedad. No cabe duda de que tal renuncia es dolorosa. Sin embargo, el hombre ha hecho su elección. Ha renunciado a la satisfacción de ciertos deseos incompatibles con la vida social y ha dado prioridad a la satisfacción de los deseos que puede realizar sólo, o en una forma más abundante, dentro de un sistema de división del trabajo. Esta decisión no es irrevocable ni definitiva. La elección de los padres no afecta la libertad de elegir de los hijos. Ellos pueden revertir la resolución. Todos los días pueden proceder a la transvaloración de los valores y preferir la barbarie a la civilización, o, como dicen algunos autores, el alma al intelecto, los mitos a la razón, y la violencia a la paz. Pero deben elegir. Es imposible tener cosas incompatibles entre sí. (Human Action, pp. 171-72)

Ver sobre esto también Joseph T. Salerno, “Ludwig von Mises as Social Rationalist,” Review of Austrian Economics 4 (1990).

6.”En el marco de la cooperación social”, escribe Mises, entre los miembros de la sociedad pueden surgir sentimientos de simpatía y de amistad y del sentido de pertenencia común. Estos sentimientos son la fuente de las más deliciosas y las más sublimes experiencias del hombre. Ellas son el adorno más preciado de la vida; levantan la especie animal “hombre” a la altura de una real existencia humana. Sin embargo, no son, como algunos han afirmado, los agentes que han dado lugar a las relaciones sociales.  Son los frutos de la cooperación social, se desarrollan sólo dentro de su marco; no precedieron el establecimiento de relaciones sociales ni son la semilla de la que provienen. (Ibíd., p.l44).

“La atracción sexual mutua entre hombre y mujer”, Mises explica, más adelante,

es inherente a la naturaleza animal del hombre y es independiente de cualquier pensamiento y especulación. Es permitido llamarla original, vegetativa, instintiva, o misteriosa; – Sin embargo, ni la cohabitación, ni lo que lo precede o lo que le sigue, genera cooperación social ni modos sociales de vida. Los animales también se unen en el apareamiento, pero no han desarrollado relaciones sociales. La vida familiar no es meramente el producto de la relación sexual. No es, de manera alguna, natural ni necesario que padres e hijos vivan juntos en la forma en que lo hacen en la familia. La relación del apareamiento no necesariamente resulta en una organización familiar. La familia humana es el resultado de pensar, planificar y actuar. Es este hecho lo que la diferencia radicalmente de los grupos de animales que llamamos per analogiam familias de animales. (Ibid. p. L67)

7 Véase Murray N. Rothbard, “Freedom, Inequality, Primitivism, and the Division of Labor,” en idem, Egalitarianism as a Revolt Against Nature and Other Essays (Auburn, Ala: Instituto Ludwig von Mises, 2000).

8 Véase Wilhelm Mühlmann, Rassen, Ethnien, Kulturen. Moderne Ethnologie (Neuwied: Luchterhand, 1964), pp. 93 a 97. En general, aparte de los estratos superiores de la clase de los comerciantes, la mezcla racial o étnica pacífica suele restringirse a los miembros de la clase social alta, es decir, a los nobles y aristócratas. Por lo tanto, las familias menos étnica o racialmente puras son característicamente las principales dinastías reales.

9. Por ejemplo, Fernand Braudel ha dado la siguiente descripción del complejo patrón de separación espacial y de integración funcional y la correspondiente multiplicidad de jurisdicciones, separadas y en competencia, desarrolladas en los centros comerciales de la talla de Antioquía, durante el apogeo de la civilización islámica, entre los siglos VIII y XII: En el centro de la ciudad

estaba la Gran Mezquita, la del sermón semanal. Cerca estaba el bazar, es decir, el barrio de los comerciantes con sus calles y tiendas (el zoco) y su caravansares o almacenes, así como los baños públicos. Los artesanos se agrupaban concéntricamente, a partir de la Gran Mezquita: en primer lugar, los fabricantes y vendedores de perfumes e incienso, y luego las tiendas de venta de telas y alfombras, joyerías y tiendas de alimentos y, finalmente, los más humildes oficios: curtidores, zapateros, herreros, alfareros, talabarteros, tintoreros. Sus tiendas marcaban los bordes de la población. En principio, cada uno de estos oficios tenía su ubicación fija en todos los tiempos. Del mismo modo, el maghzen o cuartel del Príncipe, en principio, estaba situado en las afueras de la ciudad, lejos de motines o revueltas populares. Junto a ella, y bajo su protección, estaba el mellah o barrio judío. El mosaico se completa con una gran variedad de distritos residenciales, divididos por raza y religión: había cuarenta y cinco en Antioquía solamente. “La ciudad era un conglomerado de diferentes barrios, todos los cuales vivían bajo el temor de la masacre”. Así que los colonos occidentales, nunca, en ninguna parte prohijaron la segregación racial – así como tampoco en parte alguna la suprimieron. (Braudel, A History of Civilizations [Nueva York: Penguin Books, l995], p. 66).

10 Véase Otto Brunner, Sozialgeschichte Europas im Mittelalter (Gottingen: Vandenhoeck and Ruprecht, 1984), chap. 8; Henri Pirenne, Medieval Cities (Princeton, NJ: Princeton University Press, 1969); Charles Tilly and Wim P. Blockmans, eds., Cities and the Rise of States in Europe, 1000 — 1800 (Boulder, Cob.: Westview Press, 1994); Boudewijn Bouckaert, “Between the Market and the State: The World of Medieval Cities,” in Values and the Social Order , Vol.3, Voluntary versus Coercive Orders, Gerard Radnitzky, ed. (Aldershot, Reino Unido: Avebury, 1997). Por cierto, los tan denostados guetos judíos, que eran característicos de las ciudades europeas durante la Edad Media, no eran indicativos del reconocimiento de una situación de inferioridad jurídica de los Judíos o de discriminación contra los mismos. Por el contrario, el gueto era un lugar donde los Judíos disfrutaban de completa autonomía y donde se aplicaba la ley rabínica. Véase sobre esto Guido Kisch, The Jews in Medieval Germany (Chicago: University of Chicago Press, 1942); also Erik Von Kuehrielt-Leddihn, “Hebrews and Christians,” Rothbard – Rockwell Report 9, no. 4 (Abril, 1998).

11. Para un tratamiento sociológico de la primera etapa (pre-democrática) en el desarrollo de ciudades-estado, que se caracterizaban por un gobierno de patricios aristocráticos, fundado por las familias (clanes) y dividido según conflictos familiares, véase Max Weber, The City (New York: Free Press , 1958), cap. 3. Véase también la nota 16 infra.

12. Esta declaración relativa a la forma de gobierno en las grandes ciudades comerciales característicamente democrática – republicana – en lugar de monárquica – no debe ser malinterpretada como una simple propuesta empírico-histórica. De hecho, históricamente la formación de gobiernos es anterior al desarrollo de grandes centros comerciales. La mayoría de los gobiernos habían sido monárquicos o principescos, y cuando las grandes ciudades comerciales surgieron por primera vez, el poder de los reyes y príncipes típicamente también se extendió inicialmente a estas zonas urbanas recién desarrolladas. En su lugar, la afirmación anterior debería interpretarse como una proposición sociológica sobre la improbabilidad del origen endógeno del gobierno de reyes o príncipes sobre grandes centros comerciales con población étnicamente mixta, es decir, como una respuesta a una cuestión esencialmente hipotética y contra fáctica. Véase a este Max Weber, Soziologie, Analysen Weltgeschichtliche, Politik (Stuttgart: Kroener, 1964), pp. 41 a 42, quien señala que los reyes y nobles, aunque residían en las ciudades, no obstante, decididamente no eran reyes ni nobles de ciudad. Los centros de su poder descansaba fuera de las ciudades, en el campo, y el dominio que tenían sobre los grandes centros comerciales sólo era tenue. Por lo tanto, los primeros experimentos con formas de gobierno democráticas, republicanas, se produjeron característicamente en aquellas ciudades, que se habían desprendido, y ganado su independencia, de un entorno predominantemente monárquico y rural.

13 Sobre la competencia eliminativa y la tendencia inherente de los Estados hacia una centralización y hacia una expansión territorial – en última instancia, hasta el punto de la creación de un gobierno mundial – ver Democracy: The God That Failed, capítulos 5, 11 y 12.

14 Véase sobre esto Helmut Schoeck, Envy: A Theory of Social Behavior (New York: Harcourt, Brace and World, 1970); Rothbard, Egalitarianism as a Revolt Against Nature and Other Essays; y esp. “Freedom, Inequality Primitivism, and the Division of Labor,” en ibid.

15 Para un tratamiento sociológico de esta segunda etapa – democrática o “plebeya” – en el desarrollo del gobierno de las ciudades, basado y dirigido por clases y “conflictos de clase” (en lugar de clanes y conflictos familiares, como durante la etapa de desarrollo anterior de gobiernos de patricios), véase Max Weber, The City, cap. 4. A diferencia de gobierno de la ciudad patricia, el gobierno plebeyo, Weber hace observación importante, se caracteriza por

un concepto cambiado de la naturaleza de la Ley. El comienzo de la legislación es paralelo a la abolición del gobierno de los patricios. La legislación adoptaba inicialmente la forma de estatutos carismáticos por los aesymnetes [gobernantes que poseían poder supremo por un tiempo limitado]. Pero pronto fue aceptada la nueva creación de leyes permanentes. De hecho la nueva legislación por la ecclesia llegó a ser tan habitual como para producir un estado de flujo continuo. Pronto una administración puramente secular de la justicia se aplicó a las leyes o, en Roma, a las instrucciones del magistrado. La creación de leyes llegó a tal estado de fluidez que con el tiempo en Atenas, la pregunta anualmente iba dirigida a las personas si las leyes debían mantenerse vigentes o modificarse. Así se llegó a la premisa aceptada que la ley se crea artificialmente y que debe basarse en la aprobación de aquellos a quienes sea aplicable. (pp.170 – 71)

Asimismo, en las ciudades-estado medievales de Europa, el establecimiento “del gobierno del popolo tuvo similares consecuencias. También, produjo ediciones enormes de leyes de la ciudad y la codificación del derecho consuetudinario y las normas de la corte (derecho procesal) que producen un excedente de estatutos de todo tipo y un exceso de funcionarios “(p. 172). De la mano con el concepto cambiado de ley viene una diferente conducta política.

La justicia política del popolo con su sistema de espionaje oficial, su preferencia por las denuncias anónimas, los procedimientos inquisitoriales acelerados contra los magnates, y la prueba simplificada por “notoriedad”, era la contraparte democrática de los juicios del Consejo de los Diez [aristocrático – patricio] en Venecia. Objetivamente el sistema popolo fue identificado por: la exclusión de su cargo de todos los miembros de las familias con un estilo de vida caballeresca; obligando a los notables con compromisos de buena conducta; colocando bajo fianza a todos los miembros de la familia de notables, el establecimiento de un ley penal especial para los delitos políticos de los magnates, especialmente insultar el honor de un miembro de la población, la prohibición a un noble de adquirir una propiedad limítrofe con la de un miembro de la población sin el consentimiento de este último. Dado que las familias nobles podían ser expresamente aceptadas como parte de la población, [sin embargo], incluso las oficinas del popolo eran casi siempre ocupadas por nobles. (Págs. 160-61)

16 Véase sobre esta tendencia Edward Banfield, The Unheavenly City Revisited (Boston: Little, Brown, 1974).

17 Véase a este Murray N. Rothbard, “The Great Women’s Lib Issue: Setting it Straight,” en Egalitarianism as a Revolt Against Nature and Other Essays ; Michael Levin, Feminism and Liberty (New Brunswick, NJ: Transaction Publishers, 1987).

18 Véase Robert Nisbet, Prejudices: A Philosophical Dictionary (Cambridge, Mass.: Harvard University Press, 1982), pp. 1-8, 110-17.

19 Véase a este Murray N. Rothbard, “Kid Lib”, en Egalitarianism as a Revolt Against Nature and Other Essays .

20 Véase sobre esto Allan C. Carlson, “What Has Government Done to Our Families?” Essays in Political Economy (Auburn, Ala: Ludwig von Mises Institute, 1991); Bryce J. Christensen, “The Family vs. the State”, Essays in Political Economy (Auburn, Ala: Ludwig von Mises Institute, 1992).

21 Véase sobre esto Edward C. Banfield, “Present-Orientedness and Crime,” en Assessing the Criminal, Randy E. Barnett y John Hagel, eds. (Cambridge, Mass.: Ballinger, 1977); David Walters, “Crime in the Welfare State,” en Criminal Justice?: The Legal System vs. Individual Responsibility , Robert J. Bidinotto, ed. (Irvington-on-Hudson, NY: Foundation for Economic Education, 1994); también James Q. Wilson, Thinking About Crime (New York: Vintage Books, 1985).

23 Véase sobre esto Seymour W. Itzkoff, The Decline of Intelligence in America (Westport, Conn.: Praeger, 1994); idem, The Road to Equality: Evolution and Social Reality (Westport, Conn.: Praeger, 1992).

 

TRADUCCIÓN DE RODRIGO BETANCUR

Posted in Blog | Tagged , , , , , , , | Leave a comment

El “ciclo económico” tal como se explicaba en 1755

Mises Diario: Viernes, 24 de septiembre 2010

por Richard Cantillon

[De An Essay on Economic Theory, traducido del Francés al Inglés por Chantal Saucier, editado por Mark Thornton]

Resumen: Cuando el banco nacional del gobierno infla la oferta de dinero mediante el aumento del suministro de billetes de banco, reduce la tasa de interés y puede aumentar el precio de las acciones. Este es un proceso corruptor, y al redimir los billetes, el precio de las acciones cae y puede dar lugar a “corridas” bancarias y al caos económico. Esto es lo que se conoce ahora como el “ciclo económico”.

El Banco Nacional de Londres está compuesto de un gran número de accionistas quienes eligen una junta directiva para manejar sus operaciones. Su tarea principal consistía en hacer la distribución anual de las ganancias provenientes de los intereses sobre préstamos hechos con dinero de los depósitos bancarios. Más tarde la deuda pública, sobre la cual el Estado paga un interés anual, también se incorporaría a esta tarea.

A pesar de esta sólida base, una vez que el banco había desembolsado grandes sumas al Estado y los titulares de los billetes tuviesen la aprehensión de que el banco pudiera estar en dificultades, se producía una “corrida” bancaria, y los titulares de los billetes corrían en masa a retirar su dinero. Esta misma cosa ocurrió durante el colapso de la Compañía del Mar del Sur en 1720.

Los refinamientos introducidos para apoyar el banco y limitar su descrédito fueron: establecer primero un número de empleados para contar el dinero de aquellos que traían los billetes; pagar grandes cantidades en monedas de seis peniques y chelines para ganar tiempo; [i] y pagar parcialmente a los tenedores individuales, especialmente a quienes habían estado esperando todo el día por su pago.

Sin embargo, las cantidades más considerables eran pagadas a los amigos, quienes las llevaban y secretamente las traían de vuelta al banco sólo para repetir la misma maniobra al día siguiente. De esta manera, el banco guardaba las apariencias y ganaba tiempo hasta que el pánico disminuyese. Pero cuando esto no era suficiente, el banco abría una suscripción de acciones, involucraba a gente confiable y solvente para que participaran como garantes de grandes sumas, a fin de mantener el crédito y la circulación de los billetes de banco.

Fue por este último refinamiento que el crédito del banco se mantuvo en 1720 cuando la Compañía de los Mares del Sur se derrumbó. Tan pronto como se sabía públicamente que personajes ricos y poderosos estaban en la lista de suscripción, la corrida contra el banco cesaba y los depósitos volvían como de costumbre.

Si un Ministro de Estado en Inglaterra, [ii], buscando reducir la tasa de interés, o por otras razones, aumenta el precio de la acciones públicas en Londres, y si tiene suficiente crédito con los directores del banco para llegar a emitir tal cantidad de billetes sin respaldo (bajo la obligación de indemnizarlos en caso de pérdida), pidiéndoles que utilicen esos billetes para comprar varios lotes de acciones públicas, el precio de estas acciones se incrementará debido a dichas operaciones.

Y aquellos que han vendido acciones, viendo que los altos precios continúen, tal vez se decidirán a volver a comprar a un precio superior al que vendieron, para no dejar sus billetes quietos, creyendo los rumores de que la tasa de interés iría a caer y que el precio de las acciones se elevaría más. Si varias personas imitan a los agentes de los bancos y compran estas acciones, con la esperanza de lucrarse como ellos, los fondos públicos se incrementarán en precio hasta el punto que el ministro desee. Y puede ocurrir que el banco hábilmente venda a un precio superior todas las acciones compradas a petición del ministro, y no sólo logrará una gran utilidad en ello, sino que además podrá retirar y cancelar todos los billetes que se emitieron en forma extraordinaria.

Si el banco por sí sólo hace que el precio de las acciones públicas suban mediante la compra, también hará que caiga cuando venda a fin de cancelar los billetes que emitió en forma extraordinaria. Sin embargo, muchas personas suelen seguir a los agentes del banco en sus operaciones y contribuyen a mantener un precio alto. Algunos quedan atrapados debido a que no entiende estas operaciones, en las que se encuentran un infinito número de refinamientos, o más bien de engaños, los cuales están por fuera del tema que hoy tratamos.

Es entonces evidente que un banco, con la complicidad de un administrador público, es capaz de elevar y sostener el precio de las acciones públicas, y reducir las tasas del interés estatal a conveniencia del administrador. Cuando estos pasos se dan con discreción, se puede pagar la totalidad de la deuda del estado. Pero estos refinamientos, que abren la puerta a la acumulación de grandes fortunas, rara vez se llevan a cabo para ventaja del Estado únicamente; quienes toman parte en este tipo de asuntos son generalmente corruptos.

El exceso de billetes fabricados y emitidos en estas ocasiones no incomodan la circulación ya que se utilizan para la compra y venta de acciones. No se utilizan para gastos del hogar ni se convierten a monedas de plata. Pero si algún tipo imprevisto de pánico o crisis lleva a los tenedores de los billetes a demandar monedas de plata en el banco, la bomba estalla y se descubre que estas son operaciones peligrosas.

 

Richard Cantillon (1680-1734) fue el padre de la economía moderna. Murray Rothbard lo llamó “uno de los personajes más fascinantes de la historia del pensamiento social o económico” y lo describió como “un comerciante irlandés afrancesado, banquero y aventurero que escribió el primer tratado de economía, anticipándose en más de cuatro décadas a la publicación de La Riqueza de las Naciones de Adam Smith.
Cantillon se convirtió en millonario invirtiendo en la “Compañía del Mississippi” de John Law y predijo el estallido de la ahora infame burbuja del Mississippi. Se trasladó a Inglaterra, donde murió en un incendio, supuestamente iniciado por un cocinero que había despedido.
Este artículo es un extracto de la parte 3, capítulo 8 “De los refinamientos del Crédito de los Bancos Generales” en el libro Ensayo sobre la Naturaleza del Comercio en General.

 

Notas


 

[i] Nota del Traductor: El banco estaba esencialmente sustituyendo los billetes por monedas de baja denominación con el fin de retrasar y desalentar la transacción.

[ii] Nota del Traductor: Cantillon se refiere probablemente a Robert Walpole, quien estaba en el Gabinete Inglés en aquel momento y quien se convertiría, a raíz del escándalo, en Primer Lord del Tesoro, Ministro de Hacienda, y Jefe de la Cámara de los Comunes. Fue el primer “Primer Ministro” de Inglaterra.

 

 

 TRADUCIDO DEL INGLÉS POR RODRIGO BETANCUR

 

 

Posted in Blog | Tagged , , , , , , , , , | 1 Comment

Desechemos las Leyes del Salario Mínimo

 Según artículo de Art Carden, publicado en Forbes.com 09.13.10, 12:00 AM ET 

Aumentar el salario mínimo horario parecería una buena idea, pero sólo ha logrado destruir empleos.

¿Quiere tomar en serio el aumento del empleo? Entonces es hora de darse cuenta de que la inversión gubernamental en programas de empleo es un enfoque equivocado. Sería mucho mejor eliminar obstáculos a las personas que quieren encontrar trabajo. Uno de esos obstáculos es el salario mínimo.

El efecto del salario mínimo es un ejemplo clásico de la Ley de Consecuencias No Deseadas. El salario mínimo crea desempleo: A precio por encima del mercado la gente querría suministrar más trabajo del que los empleadores desean contratar. El rechazo del salario mínimo tendría dos efectos. En primer lugar, crearía oportunidades de empleo, especialmente para los adolescentes, y la oportunidad de adquirir hoy una experiencia que se podría traducir en un aumento de ganancias en el futuro. En segundo lugar, enviaría un poderoso mensaje a los empleadores, empleados e inversionistas para que contraten e inviertan sin miedo al castigo.

La carga del desempleo recae principalmente sobre trabajadores jóvenes y sobre personas con pocas habilidades. El salario mínimo afecta a una gran cantidad de empleados menores de 25 años, que constituyen aproximadamente la mitad de la fuerza de trabajo con salario mínimo. Diecinueve por ciento de los adolescentes que recibieron salarios por hora ganaron el salario mínimo ó (por causa de trabajar en la agricultura o en una empresa familiar) inferior al mínimo. Sólo el 2% de los trabajadores contratados por hora, a tiempo completo, gana el salario mínimo o menos. El salario mínimo, en otras palabras, hace a los jóvenes inempleables, y además reduce la capacidad de percibir los ingresos necesarios de los trabajadores mayores, quienes normalmente trabajan tiempo completo, para mantener la familia.

Entre 2007 y 2009 el salario mínimo federal aumentó en un 41%, de $ 5.15 por hora a 7,25 dólares la hora. Las consecuencias han sido desastrosas: Según el Instituto de Políticas de Empleo en Washington, D.C., se han perdido aproximadamente 98.000 puestos de trabajo – una reducción de 6,9% del empleo de los trabajadores entre los 16 – 19 años de edad, en los estados afectados por las tres etapas de aumento del mínimo salarial impuesto por el gobierno federal. Ampliando la cobertura a los 32 estados que se vieron afectados parcialmente por el aumento del salario mínimo en tres etapas, la medida tuvo un costo de 114.000 puestos del empleo de los adolescentes.

Usted puede ver el efecto en los datos oficiales de empleo. Las estadísticas más recientes del gobierno muestran una tasa de desempleo del 9,7% en los hombres adultos y del 7,9% entre las mujeres adultas. La tasa de desempleo de los adolescentes, sin embargo, es de 26%. El desempleo de los adolescentes de raza negra es del 40%. “La tasa de sub-empleo” en Julio, la cual incluye a trabajadores desalentados en la búsqueda, y trabajadores a tiempo parcial, que les gustaría tener trabajo de tiempo completo, es del 16,5%. (Gallup la pone en el 18,4%.) La eliminación de obstáculos en el mercado del empleo reduciría esos números.

El aumento del salario mínimo entre 2007-09 ha tenido grandes efectos en muchos estados del Sur y de las Grandes Llanuras. Los datos recientes sugieren que el aumento salarial por dos años redujo el empleo de adolescentes en Tennessee en un 8,2% (6.365 empleos). Reversar el alza del salario mínimo federal (o su derogación total) creará nuevas oportunidades de empleo para los adolescentes en estas regiones; un crecimiento similar del empleo en el Noreste, Medio Oeste y en la Costa Oeste requeriría que se rechazaran otros salarios mínimos más altos vigentes a nivel estatal.

La eliminación del salario mínimo enviaría un mensaje económico fuerte y positivo. Mostraría a los inversionistas, empresarios y empleados que los políticos aprecian las leyes de la oferta y la demanda – y que la prosperidad viene de enjaezar la producción, y no de la redistribución de la riqueza.

Incluso un trabajo de bajo salario en la mayoría de los casos no late de empleo y los salarios no. Los defensores del salario mínimo argumentan que ganar al menos $ 7,25 por hora significa una declaración sobre el tipo de sociedad en que vivimos. Por desgracia, dicha declaración se traduce en: “No entendemos cómo funcionan los mercados competitivos.” Los defensores del salario mínimo pueden tener buenas intenciones, pero la gente sin empleo no puede comprar comida, ropa y techo con las buenas intenciones de los demás.

La derogación del salario mínimo puede crear un aumento permanente del empleo y la riqueza. No podemos decir lo mismo de los programas de gasto público del gobierno. Tome un pequeño ejemplo. El Gobierno Federal acaba de hacer disponible un subsidio de $ 300.000 a la ciudad de Hartselle, Ala. Ese dinero está destinado a ayudar a construir un restaurante Cracker Barrel. El dinero se supone que crearía hasta 200 puestos de trabajo. No se cuentan en este número de empleos creados: los empleos perdidos en otros restaurantes, cuando Cracker Barrel se lleve su clientela.

Los programas del Tío Sam no van a crear un aumento permanente de la actividad económica – o estimular la creación de puestos de trabajo con mucho poder de permanencia. A lo sumo, van a reorganizar los recursos y generar aumentos temporales de empleo en algunos sectores en detrimento de los demás. Iniciativas como estas también animarían a la gente a invertir en habilidades políticas para desamarrar el dinero del gobierno.

De los políticos no se puede esperar que entiendan las leyes de la economía. La eliminación del salario mínimo impulsaría los empleadores a contratar más gente. Sin embargo, si tendrán en cuenta que con un proyecto de calles con asfalto nuevo se logra una mejor sesión de fotos.

Art Carden es profesor asistente de economía y negocios en el Rhodes College en Memphis, Tennessee

Más sobre la creación de puestos de trabajo:

Bring On The Share Economy

Every Man (And Woman) An Entrepreneur

Import Job Creators

TRADUCCIÓN DE RODRIGO BETANCUR

Posted in Blog | Tagged , , , , , | Leave a comment

El Impuesto al Valor Agregado no es la Respuesta

Mises Daily: Viernes, 23 de abril 2010

por Murray N. Rothbard

“Salió un decreto del emperador Augusto, que todo el mundo debe ser gravado.” – Lucas 02:01

[Human Events, 11 de marzo de 1972].

Uno de los grandes y sorprendentes hechos de los últimos meses es la creciente resistencia a más impuestos por parte del sufrido público estadounidense. Toda persona, empresa u organización en la sociedad norteamericana obtiene sus ingresos de la venta pacífica y voluntaria de bienes y servicios productivos al consumidor, o por donaciones voluntarias de personas que desean continuar lo que el grupo u organización está haciendo. Sólo el gobierno obtiene sus ingresos por imposición coercitiva de tributos. El nuevo elemento positivo es la creciente resistencia por parte del pueblo estadounidense a exacciones fiscales aún mayores.

En su interminable búsqueda de mayores y mejores botines, el gobierno se las ha arreglado para gravar todo lo que pueda encontrar, y por cierto de innumerables maneras. Su lema casi puede decirse que es: “Si se mueve, grávelo!”

Todo ingreso, toda actividad, cada pieza de propiedad, cada persona en la tierra está sujeta a una serie de extorsiones draconianas, de impuestos directos e indirectos, visibles e invisibles. No hay, por supuesto, nada nuevo en esto, lo nuevo es que el acelerado impulso fiscal del gobierno ha comenzado a encontrar resistencia decidida por parte de la ciudadanía de los Estados Unidos.

No es ningún secreto que el impuesto sobre la renta, el favorito del gobierno por su capacidad de determinar y abiertamente extraer fondos de los ingresos de todos, ha llegado a su límite político en este país. Los pobres y la clase media ahora están tan fuertemente gravados que el gobierno federal en particular, no se atreve a tratar de extraer más ruines tributos.

El contribuyente indignado, después de todo, puede convertirse fácilmente en un votante indignado. ¿Qué tan indignados pueden estar los votantes se hizo evidente, para los políticos, en noviembre pasado, cuando localidad tras localidad, por todo el país, se levantó airada a votar contra una emisión de bonos, incluso aquella cuyo muy sacrosanto propósito era expandir las escuelas públicas.

La derrota en Nueva York

El ejemplo más alentador – y uno que puede, por sí sólo, darnos la gran esperanza de una América libre – lo encontramos en Nueva York, donde cada líder político de ambas partidos, con la complicidad de una fuertemente financiada y demagógica campaña de TV, instó a los votantes a apoyar una emisión de bonos de transporte. Sin embargo, la emisión de bonos fue derrotada abrumadoramente – y la lección fue fuerte y saludable para todos nuestros políticos.

Por último, se reconoce ahora que el impuesto a la propiedad, el pilar del gobierno local tal como es el impuesto sobre la renta a nivel federal, generalmente tiene un efecto devastador sobre el sector de la vivienda en la nación. El impuesto a la propiedad desalienta el mejoramiento y la inversión en vivienda, y ha causado la pérdida de sus casas a una infinidad de norteamericanos, y ha llevado a una espiral de abandonos por impuestos en, por ejemplo, Nueva York, con el deterioro que significan las viviendas abandonadas en ruinas.

El Gobierno, por fin, había llegado al límite impositivo, la gente finalmente ha dado un rotundo “¡No!” a cualquier nuevo aumento de la carga fiscal. ¿Qué iba a hacer el cada vez más invasivo Gobierno? Los economistas del país, la mayoría de los cuales están siempre dispuestos a servir como técnicos en la expansión del poder del Estado, tenían a mano una respuesta, sacaron un nuevo conejo del sombrero para salvarle el día al Gran Gobierno.

Señalaron que el impuesto a la renta y el impuesto a la propiedad eran demasiado evidentes, demasiado visibles, y que también lo eran el generalmente odiado impuesto a las ventas y los impuestos especiales sobre productos específicos. Pero ¿qué tal un impuesto que permanece totalmente oculto, que el consumidor o el estadounidense promedio no pueden identificar ni señalar como el objeto de su ira? Fue esta deliciosa cualidad “de oculta” la que atrajo la atención del gobierno de Nixon al “Impuesto al Valor Agregado (IVA).

El gran individualista Frank Chodorov, alguna vez editor de Human Events, explicó claramente el porqué del entusiasmo del gobierno por los impuestos encubiertos:

No es el tamaño del rendimiento, ni la certeza de la recaudación, lo que da a los impuestos indirectos [lease IVA] la preeminencia en el esquema de apropiaciones del estado. Su cualidad más encomiable es la de ser subrepticio. Se toma, por decirlo así, cuando la víctima está descuidada.

Aquellos que se esfuerzan en dar a los impuestos un carácter moral tienen la obligación de explicar la preocupación del estado por esconder los impuestos dentro del precio de los bienes. (Chodorov Frank, Fuera de Compás , Devin-Adair, 1962, p. 220)

El IVA es esencialmente un impuesto nacional a las ventas, que se percibe en proporción a los bienes y servicios producidos y vendidos. Pero su ocultamiento delicioso viene de que el IVA se recauda en cada paso del camino, en el proceso de producción: al agricultor, al fabricante, al intermediario, al mayorista y sólo ligeramente al detallista.

La diferencia es que cuando un consumidor paga un impuesto a las ventas del 7 por ciento en cada compra, su indignación crece y señala con el dedo del resentimiento a los políticos a cargo del gobierno, pero si el impuesto del 7 por ciento es oculto y pagado por todas las empresas en lugar de sólo las tiendas, los precios más altos, inevitablemente serían responsabilidad, no del gobierno a quien debía corresponder, sino de empresarios codiciosos y de sindicalistas glotones.

Mientras consumidores, empresarios, y sindicatos se culpan mutuamente de la inflación, como los gatos de Kilkenny, Papá gobierno es capaz de preservar en alto la pureza de su moral, y unirse a la denuncia de todos estos grupos por “generar inflación”.

Entonces es fácil ver el entusiasmo del gobierno federal, y de sus asesores económicos, por el nuevo esquema del IVA. El cual permite al gobierno extraer muchos más fondos del público – lograr precios más elevados, menor producción y menores ingresos – y además, escapar totalmente de toda culpa, la que fácilmente se puede cargar sobre empresas, sindicatos, o consumidores, tal como la administración particular considere oportuno.

El IVA es, en definitiva, la amenaza de una estafa gigantesca al público estadounidense, y por ello es de vital importancia que no pase. Porque si es así, la invasiva amenaza del Gran Gobierno tendría otro impulso, y bien prolongado, de vida.

Uno de los argumentos de promoción del IVA es que se supone que es sólo para reemplazar el impuesto a la propiedad cuya misión principal es la financiación de las escuelas públicas locales. Cualquier alivio de la onerosa carga del impuesto a la propiedad suena bien a muchos norteamericanos.

Pero cualquiera que esté familiarizado con la historia del gobierno o de los impuestos debe saber dónde está la trampa en este tipo de promesas. Porque desde ahora hemos de saber que los impuestos nunca bajan. El Gobierno, en su búsqueda insaciable de nuevos fondos, nunca renuncia a fuente alguna de ingresos.

Usted sabe, y yo también, que los impuestos a la propiedad, incluso si se utilizan en la financiación de escuelas, realmente no bajarán, sino que simplemente se aplicarán a otros enredos costosos del gobierno local. Y también sabemos muy bien que el IVA no se limitará por mucho tiempo a la financiación de escuelas, su gran potencial (un IVA del 10 por ciento produciría unos 60 mil millones dólares en ingresos) es demasiado tentador para que el gobierno no lo utilice hasta la última gota, y, en palabras de Harry Hopkins, famoso propulsor del New Deal, “con los impuestos, cobrar y cobrar, gastar y gastar, elegir y elegir”.

Vamos a profundizar ahora en la naturaleza específica del IVA. Se recaudará un porcentaje dado (la propuesta de la administración Nixon es de 3 por ciento), no a las ventas al por menor, sino a las ventas en cada etapa de producción, deduciendo de su cuenta, la firma comercial, el impuesto incorporado en las compras hechas en las etapas previas. Por lo tanto, es un impuesto oculto sobre las ventas en cada fase de producción, desde el agricultor o minero hasta el minorista.

Un Impuesto “Regresivo”

La crítica más común es que el IVA, como el impuesto a las ventas, es un impuesto “regresivo”, el cual cae en gran medida sobre los pobres y la clase media, quienes pagan un mayor porcentaje de sus ingresos que los ricos. Esta es una crítica apropiada e importante, especialmente en un momento en que la clase media ya está sufriendo una presión fiscal insoportable.

La administración Nixon propone aliviar la carga impositiva sobre los pobres, rebajando el impuesto a la renta. Si bien esto puede aliviar la presión fiscal sobre los pobres, la clase media, que de todos modos paga la mayor parte de nuestros impuestos, difícilmente saldrá beneficiada.

“Además, hay un elemento más siniestro en el plan de devoluciones: porque algunos de los pobres reciben pagos en efectivo de parte del IRS, con lo cual dejaremos entrar por la puerta trasera el desastroso principio del ingreso anual garantizado (Plan de Asistencia Familiar PAF)”.

Pero el IVA es, de todas maneras, mucho peor que un impuesto a las ventas, además de su naturaleza oculta y clandestina. En primer lugar, los defensores afirman que como cada empresa y cada fase de producción paga el IVA en proporción al “valor añadido” a su producción, no habrán efectos de mala asignación en el trayecto.

Pero esto ignora el hecho de que cada empresa comercial soportará el peso de innumerables gastos, por causa del gobierno, en el mantenimiento de registros y en el recaudo. El resultado será un impulso inexorable al negocio hacia “fusiones verticales” y a la reducción de la competencia.

Supongamos, por ejemplo, que un productor de petróleo crudo agrega un valor de $ 1.000, y que una refinería de petróleo agrega otros $ 1.000, y supongamos, por simplicidad, que el IVA es del 10 por ciento. En teoría, no debería haber ninguna diferencia, estén las empresas separados o “integradas”; en el primer caso, cada empresa pagaría 100 dólares al gobierno, en el segundo, la empresa integrada pagaría $ 200. Pero ya que esta consoladora teoría ignora los importantes costos de mantenimiento de registro y de recaudo, en la práctica, si la empresa de petróleo crudo y la refinería de petróleo se han integrado en una empresa, al hacer un solo pago, sus costos serían más bajos.

Fusiones Verticales

Por lo tanto, con el IVA se inducirá la concentración vertical, tras lo cual la División Antimonopolios del Departamento de Justicia comenzará a denunciar a gritos que el libre mercado está creando “monopolios” y que la fusión deberá ser reversada por mandato gubernamental.

Los costes de mantenimiento de registros y recaudos suponen otro grave problema para la economía de mercado. Obviamente, las pequeñas empresas tienen menor capacidad de soportar estos costos, que las grandes, por lo que el IVA será una carga de gran alcance en las pequeñas empresas, y obstaculizará gravemente la lucha competitiva. No es de extrañar que algunas grandes empresas miren con buenos ojos el IVA!

Hay otro problema grave con el IVA, un problema contra el que los países de Europa occidental, que ya han adoptado el IVA, están luchando.

En el IVA, cada empresa envía sus facturas al gobierno federal, y obtiene el crédito por el IVA incorporado a las facturas de adquisición de mercancías de otras empresas. El resultado es una apertura irresistible a la trampa, y en Europa Occidental hay empresas especiales cuya actividad consiste en suscribir facturas falsas que pueden reducir la carga fiscal de sus “clientes”. Aquellos negocios más dispuestos a hacer trampa, se verán entonces favorecidos en la competencia por el mercado.

Una falla fundamental más existe en el IVA, una falla que traerá mucho dolor a nuestro sistema económico. La mayoría de la gente supone que este impuesto sólo se transmitirá en forma de precios más altos al consumidor. Pero el proceso no es tan simple. Mientras en el largo plazo, sin duda los precios a los consumidores aumentarán, habrá otros dos efectos importantes: una gran reducción a corto plazo en los beneficios empresariales, y una caída a largo plazo en los ingresos salariales.

El golpe crítico a las utilidades, mientras que tal vez sea sólo “a corto plazo”, llegará en un momento de recesión económica, cuando muchas empresas e industrias están sufriendo de una baja rentabilidad e incluso pérdidas comerciales. Las empresas e industrias con baja rentabilidad se verán gravemente afectadas por la imposición del IVA, y el resultado será el de paralizar cualquier recuperación posible y nos sumergirá más profundamente en recesión. Por otra parte, las empresas nuevas y creativas, que por lo general comienzan pequeñas y con baja rentabilidad, se paralizarán en forma similar poco después de haber comenzado.

El IVA también tendrá un severo efecto, y no reconocido hasta ahora, el de agravar el desempleo, el cual ya tiene una tasa alta por la recesión. El impacto grave sobre el desempleo será doble. En primer lugar, cualquier empresa que compre, por ejemplo, maquinaria, puede deducir el IVA incorporado de su obligación fiscal, pero si contrata trabajadores, no podrá hacer tal deducción. El resultado será el impulso a la mecanización excesiva y al despido de trabajadores.

En segundo lugar, parte del efecto a largo plazo del IVA será la menor demanda de trabajo y la reducción de los ingresos salariales, pero dado que los sindicatos y las leyes de salario mínimo mantienen altas las tasas salariales de manera indefinida, el impacto será el aumento del desempleo. Así, a partir de dos direcciones diferentes pero en sinergia, el IVA va a agravar el ya serio problema del desempleo.

Por lo tanto, el público de hecho va a pagar un precio alto por la naturaleza clandestina del IVA. Seremos multados en una creciente cantidad de fondos, obtenidos en forma oculta pero no menos gravosa, justo en un momento en que el gobierno parecía haber llegado al límite de la presión fiscal que la ciudadanía podía permitir. Serán fondos que van a agravar las cargas de la tan sufrida clase media estadounidense. Y para colmo, el IVA mutilará las utilidades; dañará la competencia; incapacitará pequeños negocios y nuevas empresas creativas; hará subir los precios, y en gran medida agravará el desempleo. Enfrentará a los consumidores contra el negocio, e intensificará los conflictos en la sociedad.

Uno de las, con justicia famosas, “leyes” de Parkinson es que, para el gobierno, “los gastos se elevan hasta el nivel de los ingresos”. Si permitimos que el gobierno encuentre y explote nuevas fuentes de impuestos, simplemente usará esos fondos para gastar más y más, y agravará la carga, ya temible, del Gran Gobierno sobre la economía y el ciudadano estadounidenses.

La única manera de reducir el Gran Gobierno es reducir sus ingresos fiscales, y obligarlo a permanecer dentro de medios más limitados. Debemos velar por que el gobierno tenga menos recursos fiscales para jugar, no más. El primer paso en este camino a un gobierno más reducido y a una mayor libertad es mostrar el IVA, como la estafa que es, y derrotarlo.

Murray N. Rothbard (1926-1995) fue decano de la Escuela Austriaca. Fue economista, historiador de la economía y filósofo político libertario. Véase Murray N. Rothbard ‘s archivo de artículos

Publicado por primera vez en Human Events, 11 de marzo de 1972, p. 197 de este artículo apareció en el Congressional Record, 14 de marzo de 1972 y fue reimpreso en The Daily Stanford en dos partes, “IVA: Peligroso estafa“, 4 y 9 de mayo de 1972.

 

Posted in Blog | Tagged , , , , , , | Leave a comment