Traducción del libro del Profesor Hans-Hermann Hoppe, La Ciencia Económica y el Método Austríaco

Queremos presentar a los lectores hispanohablantes la magnífica traducción que, del libro  Economic Science and the Austrian Methoddel Profesor Hans-Hermann Hoppe, ha hecho Dante Bayona,

LA CIENCIA ECONÓMICA Y EL MÉTODO AUSTRIACO

HANS-HERMANN HOPPE

Ludwig von Mises Institute, Auburn, Alabama

CONTENIDO

PREFACIO ………………………………………………………… 3
PRAXEOLOGÍA Y CIENCIA ECONÓMICA ……….. 5

SOBRE PRAXEOLOGÍA Y EL FUNDAMENTO   PRAXEOLÓGICO DE LA EPISTEMOLOGÍA ……..48

LECTURAS RECOMENDADAS ………………………… 84

SOBRE EL AUTOR …………………………………………… 86

PREFACIO

En este ensayo extraordinario, Hans-Hermann Hoppe extiende el argumento de Ludwig von Mises de que los métodos asociados a las ciencias naturales no pueden ser exitosamente aplicados a la teoría económica. El profesor Hoppe argumenta, entonces, a favor de la existencia del conocimiento a priori, la validez de la teoría pura, el uso de la lógica deductiva, la implacabilidad de las leyes económicas, y la idea que la economía es parte de la disciplina más grande de praxeología: la ciencia de la acción humana.Fue un día trágico cuando la Economía, la reina de las ciencias sociales, adoptó los métodos asociados con las ciencias naturales: el empiricismo y el positivismo. En el pensamiento económico, este cambio se produjo—no por casualidad—casi al mismo tiempo que los intelectuales y los políticos empezaron a creer en la eficacia de la planificación gubernamental. A pesar de sus fracasos, ambas doctrinas siguen siendo las religiones sin dios de nuestra época.

Si los economistas deben liberarse de los fallidos supuestos de que pueden predecir con precisión el futuro y, por tanto, que el Estado puede planificar la economía mejor que el mercado, tendrán que revisar los errores metodológicos fundamentales. Cuando eso suceda, el profesor Hoppe, el praxeólogo más sobresaliente de hoy, habrá jugado un rol indispensable.

—Llewellyn H. Rockwell, Jr.

Ludwig von Mises Institute

PRAXEOLOGÍA Y CIENCIA ECONÓMICA

Sin embargo, por muy importantes que tales acuerdos ocasionales por razones tácticas o estratégicas sean, sólo son superficiales, porque esconden unas diferencias fundamentales entre la escuela austriaca, como representada por Mises y Rothbard, y todas las demás. La diferencia fundamental de la que todos los desacuerdos a nivel de teoría y política económica surgen—desacuerdos, por ejemplo, en cuanto a los méritos del patrón oro versus el dinero fiduciario, banca libre versus banca central, las implicancias de los mercados versus la acción del Estado sobre el bienestar, capitalismo versus socialismo, la teoría del interés y el ciclo económico, etc.—se refiere a la respuesta de la pregunta primera que todo economista tiene que plantearse: ¿Cuál es el objeto de la economía, y qué tipo de proposiciones son los teoremas económicos?Es bien sabido que los austriacos están en fuerte desacuerdo con otras escuelas de pensamiento económico como los keynesianos, los monetaristas, Public Choicers, historicistas, institucionalistas y los marxistas.[1] El desacuerdo es mucho más evidente, por supuesto, cuando se habla de política económica y de propuestas de política económica. A veces también existen alianzas entre los austriacos y, en particular, los de Chicago y los Public Choicers. Ludwig von Mises, Murray N. Rothbard, Milton Friedman, y James Bucha-nan, por citar algunos nombres, a menudo se unieron en esfuerzos para defender la economía de libre mercado de sus detractores social-demócratas y socia-listas.

La respuesta de Mises es que la economía es la ciencia de la acción humana. En sí mismo esto no suena muy controversial. Pero luego Mises dice sobre la cien-cia económica:

Sus enunciados y proposiciones no se derivan de la experiencia. Son a priori, como los de la lógica y la matemática. No están sujetos a verificación y falsación en base a experimentación y hechos. Son, a la vez, lógica y temporalmente anteriores a toda comprensión de hechos históricos. Son un requisito necesario para cualquier entendimiento intelectual de acontecimientos históricos.[2]

Para enfatizar el estatus de la economía como ciencia pura—ciencia que tiene más en común con una disci-plina como la lógica aplicada que, por ejemplo, con las ciencias naturales empíricas—Mises propone el término “praxeología” (la lógica de la acción) para la rama del conocimiento ejemplificado por la economía.[3]

Es este entendimiento de la economía como ciencia a priori—ciencia cuyas proposiciones pueden tener una rigurosa justificación lógica—lo que distingue a los austriacos, o más precisamente a los misesianos, de todas las otras escuelas de economía actuales. Todas las otras conciben la economía como una ciencia empírica, como la física, que desarrolla hipótesis que requieren comprobación empírica continua. Y todos ven la idea de Mises como dogmática y no-científica, de que los teoremas económicos—como la ley de la utilidad marginal, o la ley de los retornos, o la teoría de interés por preferencia intertemporal y la teoría de los ciclos económicos—tienen prueba definitiva al demostrarse que tratar de negarlos es una contradicción plena.

El punto de vista de Mark Blaug, muy alto representante del pensamiento metodológico del mainstream, ilustra esta oposición casi universal al Austrianismo. Blaug dice de Mises, “Sus escritos sobre los fundamentos de la ciencia económica son tan enredados e idiosincráticos que uno sólo puede preguntarse si al-guien los ha tomado en serio.”[4]

Blaug no proporciona argumento alguno para justificar su indignación. Su capítulo sobre Austrianismo simplemente termina con esa declaración. ¿Podría ser que el rechazo de Blaug y otros al apriorismo de Mises tiene más que ver con el hecho de los altos estándares de rigor argumentativo, que la metodología apriorista implica, demostraron ser demasiado para ellos?[5]

¿Qué llevó a Mises a su caracterización de la economía como una ciencia a priori? Desde la perspectiva actual podría ser sorprendente escuchar que Mises no veía su concepción como fuera de la visión mayoritaria que prevalecía a principios del siglo XX. Mises no quería prescribir lo que los economistas debían hacer en lugar de lo que realmente estaban haciendo. Por el contrario, él vio a su logro como filósofo de la economía en sistematizar y hacer explícito lo que la economía realmente era, y como era implícitamente concebida por casi todo aquel que se hacía llamar economista.

Y este es de hecho el caso. Al dar una explicación sistemática de lo que antes era sólo conocimiento implícito y tácito, Mises introdujo algunas distinciones conceptuales y terminológicas que anteriormente eran poco claras y desconocidas, al menos en el mundo de habla inglesa. Pero su posición sobre el status de la economía estaba esencialmente en completo acuerdo con el entonces punto de vista ortodoxo en la materia. Ellos no empleaban el término “a priori,” pero la corriente principal de economistas como Jean Baptiste Say, Nassau Senior y John E. Cairnes, por ejemplo, describían la economía de forma similar.

Say escribió: “Un tratado de economía política . . . estará confinado a la enunciación de algunos principios generales, no requiriendo si quiera pruebas o ilustraciones; porque ellos no serán sino la expresión de lo que cada uno sabe, arreglados de forma conveniente para comprenderlos, así como en su totalidad y en su relación de uno con otro.” Y “la economía política . . . mientras los principios que constituyen su base sean deducciones rigurosas de hechos generales innegables, descansa sobre una base inmovible.”[6]

Según Nassau Senior, “las premisas [económicas] consisten en unas pocas proposiciones generales, resultado de observaciones, o consciencia, y apenas requiriendo prueba, o incluso declaración formal, que casi todo hombre, tan pronto como las escucha, las admite como familiares a su pensamiento, o por lo menos como incluidas en su conocimiento previo; y sus inferencias son casi tan generales, y, si él ha razonado correctamente, tan ciertas como sus premisas.” Y los economistas deberían ser “conscientes de que la ciencia depende más del razonamiento que de la observación, y que su principal dificultad consiste no en la certificación de los hechos, sino en el uso de sus términos.”[7]

Y John E. Cairnes remarcó que mientras “la humanidad no tiene conocimiento directo de los principios físicos últimos” . . . “el economista comienza con el conocimiento de las causas últimas.” . . . “El economista entonces debe ser considerado desde el principio de sus investigaciones como en posesión ya de esos principios últimos que rigen los fenómenos que constituyen el objeto de su estudio, descubrimiento que en el caso de la investigación física constituye para el investigador su tarea más ardua.” “Conjetura [en economía] estaría manifiestamente fuera de lugar, en la medida en que poseemos en nuestra conciencia y en el testimonio de nuestros sentidos . . . prueba directa y fácil de eso que deseamos conocer. En economía política, en consecuencia, la hipótesis nunca se utiliza como ayuda para el descubrimiento de las últimas causas y leyes.”[8]

La opinión de los predecesores de Mises, Menger, Böhm-Bawerk y Wieser, es la misma: Ellos, también, describen la economía como una disciplina a cuyas proposiciones pueden—en contraste con las de las ciencias naturales—se les puede dar una justificación última. Una vez más, sin embargo, ellos lo hacen sin utilizar la terminología empleada por Mises.[9]

Y por último, la caracterización epistemológica de Mises sobre la economía era también considerada muy ortodoxa—y, ciertamente no idiosincrática, como Blaug pensaba—después de haber sido explícitamente formulada por Mises. El libro de Lionel Robbins, La Naturaleza y Significado de la Ciencia Económica, que apareció por primera vez en 1932, no es más que una versión ligera de la descripción de Mises de la economía como la praxeología. Sin embargo, fue respetada por la profesión de economía como la guía metodológica por casi veinte años.

De hecho, Robbins, en su prefacio, explícitamente señala a Mises como la fuente más importante de su propia posición metodología. Y Mises y Richard von Strigl—cuya posición es esencialmente indistinguible de la de Mises[10]—son citados con aprobación en el texto con más frecuencia que cualquier otra persona.[11]

Sin embargo, interesante como puede ser todo esto para una evaluación de la situación actual, es sólo historia. ¿Cuál es, entonces, la razón de los economistas clásicos para ver su ciencia como diferente a las ciencias naturales? ¿Y qué hay detrás de la reconstrucción explícita de Mises de tal diferencia como una entre una ciencia a priori y una posteriori? Fue el reconocimiento de que el proceso de validación—el proceso de descubrir si una proposición es verdadera o no—es diferente ambos campos de estudio.

Revisemos brevemente primero a las ciencias naturales. ¿Cómo sabemos las consecuencias de someter un material de la naturaleza a pruebas específicas, digamos, si lo mezclamos con otro tipo de material? Obviamente no lo sabemos antes de realmente experimentarlo y observar lo que sucede. Podemos hacer una predicción, por supuesto, pero nuestra predicción es sólo hipotética, y se necesitan observaciones para saber si estamos en lo correcto o no.

Además, aunque hayamos observado algún resultado específico, digamos que la mezcla de los dos materiales produjo una explosión, ¿podemos estar seguros de que ese resultado se producirá invariablemente siempre que mezclemos esos materiales? De nuevo, el respuesta es no. Nuestras predicciones aún serán, y de forma permanente, hipotéticas. Es posible que una explosión sólo se produzca si ciertas condiciones—A, B y C—se cumplen. Sólo podemos saber si es o no es el caso, y cuáles son esas condiciones, si nos embarcamos en experimentos de prueba y error al infinito. Eso permite mejorar progresivamente nuestro conocimiento sobre el rango de aplicación de nuestra predicción hipotética original.

Ahora pasemos a algunas proposiciones económicas típicas. Consideremos el proceso de validación de una proposición tal como la siguiente: Cuando dos personas A y B, participan en un intercambio voluntario, ambas tienen que esperar beneficiarse de ella. Y tienen que tener ordenamientos de preferencias inversos en los bienes y servicios que intercambian, de manera que A valora más lo que recibe de B que lo que da a B, y B tiene que valorar al revés las mismas cosas.

O considere esto: Toda vez que un cambio no es vo-luntario, sino forzado, una parte se beneficia a expensas de la otra.

O la ley de utilidad marginal: Siempre que la oferta de un bien aumenta en una unidad adicional, dado que cada unidad sea considerada por una persona como capaz de proveer el mismo servicio, el valor asignado a esa unidad tiene que disminuir. Porque esta unidad adicional puede sólo ser empleada como medio para la consecución de un objetivo que se considera menos valioso que el objetivo menos valorado satisfecho por una unidad de tal bien si la oferta tuviese una unidad menos.

O la ley ricardiana de asociación: De dos productores, si A es más productivo que B en la producción de dos tipos de bienes, aún pueden ellos participar en una división del trabajo mutuamente beneficiosa. Esto es así porque la productividad física total es mayor si A se especializa en la producción del bien que puede producir con mayor eficiencia, en lugar que A y B produzcan ambos bienes por separado y de forma autó-noma.

U otro ejemplo: Cuando se implementan leyes de salario mínimo que requieren salarios más altos que los salarios de mercado existentes, se produce desempleo involuntario.

O, como último ejemplo: Toda vez que la cantidad de dinero se incrementa, mientras no cambia la demanda de dinero que se mantiene como reserva de efectivo en mano, el poder adquisitivo del dinero cae.

Teniendo en cuenta tales proposiciones, ¿es el proceso de validación utilizado para determinar la veracidad o falsedad de ellas del mismo tipo que el utilizado para las proposiciones en las ciencias naturales? ¿Son hipotéticas tales proposiciones en el mismo sentido que la proposición respecto a los efectos de mezclar dos tipos de materiales naturales? ¿Tenemos que probar continuamente las proposiciones económicas con observaciones? Y ¿se requiere un proceso de prueba y error al infinito para conocer el rango de aplicación de estas proposiciones y mejorar nuestro conocimiento gradualmente, como en el caso de las ciencias naturales?

Parece bastante evidente—excepto para la mayoría de economistas durante los últimos cuarenta años—que la respuesta a estas preguntas es un claro e inequívoco No. Que A y B tienen que esperar obtener ganancias y tener ordenamientos de preferencias inversos se desprende de nuestra comprensión de lo que es un intercambio. Y lo mismo respecto al caso de las consecuencias de un intercambio coercitivo. Es inconcebible que las cosas pudiesen ser diferentes: Así era hace un millón de años atrás, y así será un millón de años más adelante. Y el rango de aplicación de tales proposiciones es claro y se entiende en un solo momento, de una vez por todas: Son verdaderas cada vez que algo es intercambio voluntario o intercambio coercitivo, y no hay nada más que decir.

No hay diferencia respecto a los otros ejemplos dados. Que la utilidad marginal de las unidades adicionales de la oferta de bienes homogéneos tiene que disminuir se desprende de la indiscutible afirmación que cada persona que actúa prefiere siempre lo que le satisface más a lo que le satisface menos. Es simplemente absurdo pensar que se requieren experimentos continuos para establecer tal proposición.

La ley ricardiana de asociación, al mismo tiempo que la delineación de su ámbito de aplicación establecida de una sola vez, también se deduce lógicamente de la existencia misma de la situación descrita. Si A y B son diferentes como se ha descrito y de acuerdo a eso existe un ratio de sustitución tecnológica de los bienes producidos (una tasa para A y una para B), entonces si se embarcan en una división del trabajo como la caracterizada por la ley, la producción física tiene que ser mayor de lo que hubiese sido en otro caso. Cualquier otra conclusión es lógicamente defectuosa.

Lo mismo es cierto respecto a las consecuencias de las leyes del salario mínimo o del aumento de la cantidad de dinero. Un aumento del desempleo y una disminución en el poder adquisitivo del dinero son las consecuencias lógicamente implicadas en la descripción misma de la condición inicial, como indicado en las proposiciones usadas. De hecho, es absurdo considerar estas predicciones como hipotéticas y pensar que su validez no puede ser establecida independientemente de las observaciones, es decir, imponiendo leyes de salario mínimo o imprimiendo más dinero, y observando lo que sucede.

Para usar una analogía, es como si alguien quisiera establecer el teorema de Pitágoras midiendo los lados y los ángulos de los triángulos. De la misma forma que uno comentaría sobre tal asunto, ¿no tendríamos que decir que pensar que las proposiciones económicas tienen que ser probadas empíricamente es un signo de confusión intelectual?

Pero Mises no simplemente se da cuenta de esta diferencia obvia entre la economía y las ciencias empíricas. Él nos hace entender la naturaleza de esta diferencia y nos explica cómo y por qué una disciplina única como la economía, que nos enseña algo sobre la realidad sin requerir observaciones, puede existir. Ése es el logro de Mises que difícilmente puede pasarse por alto.

Para entender mejor su explicación, debemos hacer una excursión al campo de la filosofía, más precisamente al campo de la filosofía del conocimiento o epistemología. En particular, debemos examinar la epistemología de Immanuel Kant como desarrollada más completamente en su Crítica de la Razón Pura. La idea de Mises sobre praxeología está claramente influenciada por Kant. Esto no quiere decir que Mises sea un simple kantiano. De hecho, como señalaré más adelante, Mises lleva la epistemología kantiana más allá de donde el mismo Kant la dejó. Mises mejora la filosofía kantiana de una forma que hasta este mismo día ha sido completamente ignorada y poco apreciada por los filósofos kantianos ortodoxos. Sin embargo, Mises toma de Kant sus distinciones conceptuales centrales y terminológicas, así como algunas ideas kantianas fundamentales sobre la naturaleza del conocimiento humano. Por lo tanto debemos revisar a Kant.

Kant, en el curso de su crítica al empiricismo clásico, en particular al de David Hume, desarrolló la idea de que todas nuestras proposiciones pueden clasificarse de dos formas: Por un lado son analíticas o sintéticas, y por el otro lado son a priori o a posteriori. El significado de estas distinciones, de forma corta, es el siguiente. Las proposiciones son analíticas cada vez que los medios de la lógica formal son suficiente para averiguar si son verdaderas o no, de lo contrario son proposiciones sintéticas. Y las proposiciones son a posteriori cuando se necesitan observaciones para establecer su verdad, o por lo menos para confirmarlas. Si no se necesitan observaciones entonces las proposiciones son a priori.

La marca característica de la filosofía kantiana es la afirmación de que existen proposiciones sintéticas a priori verdaderas—y es porque Mises se adhiere a esta afirmación de que se le puede llamar kantiano. Proposiciones sintéticas a priori son aquellas cuya veracidad puede ser establecida de forma definitiva, aunque para hacerlo los medios de la lógica formal no sean suficientes (aunque, por supuesto, necesarios) y las observa-ciones no sean necesarias.

De acuerdo a Kant, la matemática y la geometría son ejemplos de proposiciones sintéticas a priori verdaderas. Pero él también pensaba que una proposición como el principio general de causalidad—esto es, la afirmación de que hay causas que operan de forma invariable en el tiempo, y que cada evento está integrado en una red tales causas—es una proposición sintética a priori verdadera.

No puedo entrar aquí a explicar en detalle cómo Kant justifica esa idea.[12] Unas pocas consideraciones tendrán que ser suficiente. En primer lugar, ¿cómo se deriva la verdad de tales proposiciones, si la lógica formal no es suficiente y las observaciones no son necesarias? La respuesta de Kant es que la verdad se deriva de axiomas materiales auto-evidentes.

¿Qué hace a estos axiomas auto-evidentes? Kant responde, no es porque sean evidentes en un sentido psicológico, en cuyo caso seríamos conscientes de ellos de forma inmediata. Por el contrario, Kant insiste, es usualmente mucho más laborioso descubrir tales axiomas que descubrir una verdad empírica como que las hojas de los árboles son verdes. Son auto-evidentes porque uno no puede negar su verdad sin auto-contradecirse; esto es, al intentar negarlos uno de hecho admite, de forma implícita, que son verdaderos.

¿Cómo encontramos tales axiomas? Kant responde, reflexionando sobre nosotros mismos, entendiéndonos a nosotros mismos como sujetos pensantes. Y ese hecho—que la verdad de las proposiciones sintéticas a priori se deriva en última instancia de experiencias internas producidas mediante reflexiones—también explica porqué es posible que tales proposiciones puedan tener status de ser entendidas como necesariamente ciertas. La experiencia que se basa en obser-vación sólo puede revelar las cosas como son; no hay nada en ella que indique porqué las cosas tienen que ser de la forma que son. Contrario a esto, sin embargo, Kant escribe, nuestra razón puede entender tales cosas como siendo necesariamente de la forma que son, “que ella misma ha producido de acuerdo a su propio diseño.”[13]

En todo esto, Mises sigue a Kant. Sin embargo, como dije antes, Mises añade una idea extremadamente importante que Kant había sólo vagamente abordado. Ha sido una queja común contra el kantismo que tal filosofía parece implicar algún tipo de idealismo. Porque si, como Kant dice, las proposiciones sintéticas a priori verdaderas son proposiciones acerca de cómo nuestra mente funciona, y tiene necesariamente que funcionar, ¿cómo puede explicarse que tales categorías mentales se ajusten a la realidad? ¿Cómo puede explicarse, por ejemplo, que la realidad esté en conformidad con el principio de causalidad si este principio debe ser entendido como uno con el que el funcionamiento de nuestra mente tiene que estar en conformidad? ¿No tenemos que hacer la absurda su-posición idealista de que esto es solamente posible porque la realidad es creada por la mente? No me malentiendan, no creo que tal acusación contra el kantismo sea justificada.[14] Y, sin embargo, en parte de sus formulaciones, no hay duda que Kant dio margen de posibilidad a esas acusaciones.

Consideremos, por ejemplo, esta declaración pro-gramática de Kant: “Hasta ahora se ha supuesto que nuestro conocimiento tiene que estar conforme a la realidad,” en vez de eso se debería asumir “que realidad observacional debería estar conforme a nuestra mente.”[15]

Mises ofrece la solución a este desafío. Es cierto, como dice Kant, que las proposiciones sintéticas a priori verdaderas están basadas en axiomas auto-evidentes y que estos axiomas tienen que ser entendidos por reflexión sobre nosotros mismos en vez de ser “observables” en algún sentido significativo. Sin embargo, tenemos que ir un paso más allá. Debemos reconocer que tales verdades necesarias no son simplemente categorías de nuestra mente, sino que nuestra mente es una de personas que actúan. Nuestras categorías mentales tienen que ser entendidas como basadas últimamente en categorías de acción. Y tan pronto como esto se reconoce, toda sugerencia idealista desaparece inmediatamente. En lugar de eso, la epistemología que propone la existencia de proposiciones sintéticas a priori verdaderas se convierte en una epistemología realista. Puesto que se entiende como basada en última instancia en categorías de acción, el abismo entre lo mental y el mundo real, exterior y físico es superado. Como categorías de acción, tienen que ser cosas mentales tanto como características de la realidad. Porque es a través de acciones que la mente y la realidad entran en contacto.

Kant dio pistas para la solución del problema. Él pensaba que las matemáticas, por ejemplo, tenían que estar basadas en el conocimiento del significado de repetición, de operaciones repetitivas. Y también se dio cuenta, aunque sólo vagamente, que el principio de causalidad está implícito en nuestra comprensión de lo que es y lo que significa actuar.[16]

Sin embargo, es Mises quien trae esta idea al primer plano: la Causalidad, él se da cuenta, es una categoría de acción. Actuar significa interferir en algún punto más temprano en el tiempo con el fin de producir un cierto resultado más tarde, y por tanto cada actor debe presuponer la existencia de causas que operan constantemente. La Causalidad es un pre-requisito de la acción, en palabras de Mises.

Pero Mises no está, como Kant, interesado en epistemología como tal. Con su reconocimiento de la acción como el puente entre la mente y la realidad exterior, él ha encontrado una solución al problema kantiano de cómo pueden ser posibles las proposiciones sintéticas a priori verdaderas. Y él ha ofrecido algunas ideas muy valiosas sobre el fundamento último de otras propuestas epistemológicas centrales además del principio de causalidad, como la ley de la contradicción como la piedra angular de la lógica. Y así ha abierto un camino para investigación filosófica futura que, a mi entender, apenas ha sido explorado. Sin embargo, el objeto de estudio de Mises es la economía, por lo que voy a dejar aquí el problema de explicar con más detalle el principio de causalidad como una proposición a priori verdadera.[17]

Mises no sólo reconoce que la epistemología indirectamente se basa en nuestro conocimiento reflexivo de la acción y que puede por lo tanto decir algo verdadero a priori acerca de la realidad, sino que la economía también lo hace y lo hace de una manera mucho más directa. Las proposiciones económicas se derivan directamente de nuestro conocimiento de acción, adquirido de forma reflexiva; y el estado de estas proposiciones como afirmaciones a priori verdaderas acerca de algo real se deriva de nuestra comprensión de lo que Mises denominó “El axioma de la acción.”

Este axioma, la proposición de que los seres humanos actúan, precisamente, cumple con los requisitos para una proposición sintética a priori verdadera. No se puede negar que esta proposición es verdadera, ya que tal negación tendría que ser clasificada como una acción—y así la verdad de la afirmación literalmente no se puede deshacer. Y el axioma no se deriva de observación tampoco—sólo hay movimientos corporales que pueden ser observados, pero no tales cosas como acciones—sino que se deriva de conocimiento reflexivo.

Además, como algo que debe ser entendido en lugar de ser observado, aún es conocimiento acerca de la realidad. Esto se debe a que las distinciones conceptuales que intervienen en este entendimiento son nada menos que las categorías empleadas en la interacción de la mente con el mundo físico por medio de su propio cuerpo físico. Y el axioma de acción en todas sus implicancias no es ciertamente auto-evidente en un sentido psicológico, aunque una vez hecho explícito puede ser entendido como una proposición innegablemente verdadera sobre algo real y existente.[18]

Ciertamente, no es psicológicamente evidente ni es observable que con cada acción de un actor persiga un objetivo; y que cualquiera sea el objetivo, el hecho de que es perseguido por un actor revela que él coloca un valor relativamente más alto sobre el objetivo que en cualquier otro objetivo de acción que pudiera concebir al inicio de su acción.

No es ni evidente ni observable que a fin de lograr su objetivo más preciado un actor tenga que interferir o decidir no interferir (que, por supuesto, es también una interferencia) en un punto anterior en el tiempo para producir algún resultado futuro; ni que esas interferencias invariablemente impliquen el empleo de medios escasos (por lo menos el cuerpo del actor, el lugar donde se encuentra parado, y el tiempo absorbido por la interferencia).

No es auto-evidente ni se puede observar que estos medios deben también tener un valor para el actor—un valor derivado del objetivo—porque el actor debe considerar su uso como necesario para eficazmente alcanzar el objetivo; y que esas acciones sólo se puede realizar de forma secuencial, siempre implicando una elección, es decir, siguiendo el curso de acción que en algún momento dado en el tiempo promete el resultado más valorado para el actor, y excluyendo al mismo tiempo el logro de otros objetivos menos valorados.

No es automáticamente claro u observable que como consecuencia de tener que elegir y dar preferencia a una meta sobre otra—de no ser capaz de alcanzar todas las metas al mismo tiempo—toda acción implique incurrir en costos. Por ejemplo, renunciar al valor asignado a la meta alternativa más valorada que no puede ser alcanzada o cuya realización debe ser diferida porque los medios necesarios para alcanzarla están siendo usados de forma conjunta en la producción de otra meta incluso más valorada.

Y, por último, no es claramente evidente u observable que en el punto de partida todo objetivo de acción tenga que ser considerado más valioso, para el actor, que su costo, y capaz de producir un beneficio, es decir, un resultado cuyo valor es más alto que el de las oportunidades a las que renunció. Y, aún así, toda acción también está invariablemente amenazada por la posibilidad de una pérdida si el actor se da cuenta, en retrospectiva, que el resultado logrado—contraria-mente a las expectativas anteriores—tiene un valor inferior que el que hubiese tenido la alternativa a la que renunció.

Todas estas categorías—valor, fines, medios, elección, preferencias, costo, ganancias y pérdidas, así como tiempo y causalidad—están implicadas en el axioma de acción. Pero, que uno sea capaz de interpretar las observaciones en tales categorías requiere que uno sepa ya lo que significa actuar. Nadie que no es un actor podría entenderlas. No vienen “dadas”, listas para ser observadas, sino que la experiencia observada toma forma en estos términos a medida que es interpretada por un actor. Su reconstrucción reflexiva tampoco es una simple tarea intelectual psicológicamente auto-evidente, como ha sido demostrado por una larga lista de intentos fallidos contra las ideas que acabamos de delinear sobre la naturaleza de la acción.

Fue necesario un arduo esfuerzo intelectual para reconocer de forma explícita lo que, una vez hecho explícito, todos reconocen inmediatamente como verdadero y pueden entender como proposiciones sintéticas a priori verdaderas, esto es, proposiciones que pueden ser validadas independientemente de observaciones y consecuentemente no pueden ser falsadas por ninguna observación.

El intento de refutar el axioma de acción sería en sí mismo una acción que busca alcanzar una meta, que requiere unos medios, que excluye otros cursos de acción, que incurre en costos, que somete al actor a la posibilidad de alcanzar o no alcanzar la meta deseada y por tanto a una ganancia o a una pérdida.

Y la posesión misma de tal conocimiento entonces no puede nunca ser disputada, y la validez de estos conceptos no puede nunca ser falsada por ninguna experiencia contingente, porque disputar o falsar algo habría ya presupuesto su misma existencia. De hecho, una situación en la que estas categorías de acción dejasen de tener existencia real nunca podría ser observada, porque hacer una observación, también, es una acción.

La gran visión de Mises fue percibir que el razonamiento económico tiene su fundamento precisamente en esta comprensión de la acción; y que el status de la economía como una especie de lógica aplicada se deriva del status del axioma de acción como proposición a priori sintética verdadera. Las leyes de intercambio, la ley de utilidad marginal decreciente, la ley ricardiana de asociación, la ley de control de precios, y la teoría cuantitativa del dinero—todos los ejemplos de proposiciones económicas que he mencionado—se pueden deducir lógicamente de este axioma. Y esta es la razón por la que resulta ridículo pensar que tales proposiciones son del mismo tipo epistemológico que las de las ciencias naturales. Pensar que lo son, y de acuerdo a eso requerir experimentos para su validación, es como suponer que tenemos que llevar a cabo algún proceso de encontrar hechos sin conocer el resultado posible a fin de establecer el hecho que uno es un actor. En una palabra: es absurdo.

La praxeología dice que todas las proposiciones económicas que pretenden ser reconocidas como verdaderas tienen que demostrar ser deducibles por medio de lógica formal a partir del conocimiento material indiscutiblemente verdadero respecto al signi-ficado de la acción.

Específicamente, todo razonamiento económico con-siste en lo siguiente:

(1) una comprensión de las categorías de acción y el significado de un cambio en cosas tales como los valores, las preferencias, el conocimiento, los medios, los costos, etc.;

(2) una descripción de un mundo en el que las categorías de acción asumen un significado concreto, donde personas específicas son identificadas como actores con objetos específicos identificados como sus medios de acción, con unas metas específicas identificadas como valores y cosas específicas identificadas como costos. Tal descripción podría ser la de un mundo de Robinson Crusoe, o un mundo con más de un actor en la que las relaciones interpersonales son posibles; de un mundo de intercambio por trueque, o de dinero e intercambios que hacen uso del dinero como medio común de intercambio; de un mundo donde sólo hay tierra, mano de obra, y tiempo como factores de producción, o un mundo con productos de capital; de un mundo con factores de producción perfectamente divisibles o indivisibles, específicos o no específicos de la producción; o de un mundo con diversas instituciones sociales, tratando diversas acciones como agresión y amenazándolas con castigo físico, etc. y;

(3) una deducción lógica de las consecuencias que se derivan de la realización de una acción específica dentro de este mundo, o de las consecuencias para un actor específico que resultan si esta situación es modificada de una forma específica.

Si no hay error en el proceso de deducción, las conclusiones que tal razonamiento produce deben ser válidas a priori, porque su validez en última instancia reside en el indiscutible axioma de acción. Si la situación y los cambios introducidos en ella son ficticios o asumidos (un mundo de Robinson Crusoe, o un mundo con factores de producción sólo indivisibles o sólo completamente específicos), entonces las conclusiones son, por supuesto, verdaderas a priori sólo en ese “mundo posible.” Si, por otro lado, la situación y los cambios pueden ser identificados como reales, percibidos y conceptualizados como tal por actores reales, entonces las conclusiones son proposiciones a priori verdaderas acerca del mundo como realmente es.[19]

Tal es la idea de la economía como praxeología. Y tal es, pues, el desacuerdo último que los austriacos tienen con sus colegas: Sus comentarios no pueden ser deducidos del axioma de la acción o incluso están en clara contradicción con proposiciones que pueden ser deducidas del axioma de la acción.

E incluso si hay acuerdo sobre la identificación de hechos y la apreciación de ciertos eventos como relacionados entre sí como causas y consecuencias, este acuerdo es superficial. Porque tales economistas falsa-mente creen que sus declaraciones son proposiciones empíricamente bien probadas cuando son, de hecho, proposiciones que son verdaderas a priori.

II
Esto ilustra otra confusión fundamental que las escuelas no-austríacas tienen: una confusión sobre la diferencia categórica entre teoría e historia, y la implicancia que esa diferencia tiene para el problema de la predicción social y económica.
Las escuelas de pensamiento no-praxeológicas erróneamente creen que las relaciones entre ciertos eventos son leyes empíricas bien establecidas cuando realmente son leyes praxeológicas necesarias y lógicas. Y luego se comportan como si la proposición “una bola no puede ser toda roja y no roja al mismo tiempo,” requiriera experimentación en Europa, América, África, Asia y Australia (por supuesto pidiendo una gran cantidad de dinero para pagar por tal temeraria y absurda investigación). Además, los no-praxeólogos también creen que las relaciones entre ciertos eventos son leyes empíricas bien establecidas (con implicancias predictivas) cuando el razonamiento a priori puede mostrar que no son más que información respecto a conexiones históricas contingentes entre eventos, que no nos proporciona ningún conocimiento en absoluto sobre el curso futuro de eventos.

Tengo que comenzar de nuevo con una descripción del empiricismo, la filosofía que piensa que la economía y las ciencias sociales en general siguen la misma lógica de investigación que, por ejemplo, la física. Voy a explicar por qué. Según el empiricismo—la visión más extendida hoy en día en economía—no hay una dife-rencia categórica entre investigación teórica e histórica. Y voy a explicar lo que esto implica para la idea de predicción social. La muy diferente visión austriaca se desarrollará entonces a partir de una crítica y refutación de la posición empiricista.

El empiricismo se caracteriza por el hecho de que acepta dos proposiciones básicas íntimamente relacionadas.[20] La primera y más central es: El conocimiento sobre la realidad, que es llamado conocimiento empírico, tiene que ser verificable o por lo menos falsable por experimentos basados en observación. El experimento, la experiencia, basado en observación sólo puede conducir a conocimiento contingente (en oposición a conocimiento necesario), porque siempre es de tal tipo que, en principio, podría haber sido diferente de lo que realmente fue. Esto significa que nadie puede saber antes del experimento—esto es, antes de realmente haber realizado un experimento de observación particular—si la consecuencia de un evento real será de una manera u otra. Si, por otro lado, el conocimiento no es verificable o falsable por experimentos de observación, entonces no es conocimiento sobre algo real. Es simplemente conocimiento sobre palabras, sobre el uso de términos, sobre signos y las reglas de transformación de los signos. Es decir, es conocimiento analítico, pero no conocimiento empírico. Y es muy dudoso, según este punto de vista, que el conocimiento analítico deba ser considerado como conocimiento.

El segundo supuesto del empiricismo formula la extensión y aplicación del primer supuesto a los problemas de causalidad, explicación causal y predicción. Según el empiricismo, explicar causalmente o predecir un fenómeno real es formular un enunciado del tipo “si  A, entonces B” o, en caso que las variables permitan medición cuantitativa, “si un aumento (disminución) en A, entonces un aumento (disminución) en B.”

Como proposición que se refiere a la realidad (con A y B siendo fenómenos reales), su validez nunca puede ser establecida con certeza, esto es, examinando la proposición sola, o cualquier otra proposición de la que la proposición en cuestión pudo haber sido lógicamente derivada. La proposición siempre será y permanecerá hipotética, dependiendo su veracidad de los resultados de futuros experimentos observacionales que no pueden ser conocidos de antemano. Si el experimento confirma la explicación causal hipotética, esto no prueba que la hipótesis sea cierta. Si uno observa un caso donde B sigue a A como se había predicho, esto no verifica nada. A y B son términos generales y abstractos, o como se dice en terminología filosófica, universales, que se refieren a eventos y procesos de los que hay (o podría haber, en principio) un número indefinido de casos. Experimentos futuros podrían aún falsarla.

Y si un experimento falsa una hipótesis, esto tampoco es decisivo. Porque si se observara que A no fue seguido por B, todavía podría ser posible que los fenómenos relacionados hipotéticamente estuviesen vinculados causalmente. Puede ser que alguna otra circunstancia o variable, hasta ahora no tomada en cuenta y no controlada, haya simplemente impedido que la relación hipotetizada fuese observada. Como máximo, la falsación sólo prueba que la hipótesis particular bajo investigación no estaba completamente correcta en su forma actual. Necesita refinamiento, alguna especificación o variables adicionales que tienen que ser tomadas en cuenta y controladas para que podamos observar la relación hipotetizada entre A y B. Pero, una falsación nunca probaría de una sola vez que la relación entre unos fenómenos dados no exista, así como una confirmación nunca probaría definitivamente que tal relación exista.[21]

Cuando consideramos esta posición, notamos una vez más que implica la negación del conocimiento a priori como conocimiento acerca de algo real. Según el  empiricismo, cualquier proposición que dice ser a priori, es nada más que signos sobre papel, relacionados entre sí por definición o por una estipulación arbitraria, y es entonces completamente vacía: sin conexión con el mundo de las cosas reales. Tal sistema de signos sólo se convierte en teoría empírica significativa una vez que se da una interpretación empírica a sus símbolos. Sin embargo, tan pronto como se da tal interpretación a sus símbolos, la teoría deja de ser verdadera a priori y se convierte en hipotética, y permanece así para siempre.

Según el empiricismo, además, no podemos saber con certeza si algo es una causa posible de algo más. Si queremos explicar un fenómeno, nuestra hipotetización sobre las posibles causas no está de ninguna manera restringida por consideraciones a priori. Todo puede tener alguna influencia sobre todo. Tenemos que descubrirlo con experimentos; pero el experimento no nos dará respuesta definitiva a esta pregunta tampoco.

El siguiente punto nos lleva al tema central de esta sección: la relación entre historia y teoría. Según el empiricismo no hay diferencia fundamental entre explicaciones históricas y teóricas. Toda explicación es del mismo tipo. Para explicar un fenómeno hipotetizamos otro fenómeno como su causa y luego vemos si la causa hipotetizada precedió al efecto en el tiempo. Existe una distinción entre la explicación histórica y la explicación teórica sólo en la medida en que la explicación histórica se refiere a hechos que ya sucedieron, algo que está en el pasado, mientras que la explicación teórica es la explicación, o más bien la predicción, de un efecto que todavía no ha ocurrido. Pero estructuralmente, no hay diferencia entre explicaciones históricas y predicciones teóricas. Hay, sin embargo, una diferencia pragmática que explica porqué los empiricistas en particular resaltan la importancia del poder predictivo de una teoría y no se contentan sólo con probarla frente a datos históricos.[22] La razón de esto es bastante evidente para cualquiera que alguna vez participó en los juegos tontos del análisis de datos. Si el fenómeno a ser explicado ya ha ocurrido, es muy fácil encontrar todo tipo de acontecimientos que le precedieron y que posiblemente podrían ser considerados como su causa. Además, si no queremos alargar nuestra lista de posibles causas encontrando más variables precedentes, podemos hacer lo siguiente (y en la era de las computadoras, es aún más fácil): Podemos tomar cualquiera de las variables precedentes y probar diferentes relaciones funcionales entre ella y la variable a ser explicada—lineales o curvilíneas, funciones recursivas o no-recursivas, relaciones aditivas o multiplicativas, etc. Luego uno, dos, tres, encontramos lo que estábamos buscando: una relación funcional que se ajusta a los datos. Y uno puede encontrar no sólo una, sino cualquier cantidad que uno desee.

Pero, ¿cuál de todos esos eventos precedentes, o cuál de los tipos de relaciones, es la causa o relación causal correcta? Según el empiricismo, no hay consideraciones a priori que nos puedan ayudar aquí. Y esa, entonces, es la razón por la que los empiricistas enfatizan la importancia de las predicciones. Para averiguar cuál de estas explicaciones históricas es correcta—o por los menos no falsa—se nos pide probarlas usándolas en la predicción de eventos que no han ocurrido aún, ver qué tan buenas son, y así ir eliminando las explicaciones equi-vocadas.

Suficiente con el empiricismo y sus ideas sobre teoría, historia, y predicción. No entraré al análisis de-tallado de si el énfasis en el éxito predictivo cambia mucho, si es que acaso cambia, respecto a las evidentes implicancias relativistas del empiricismo. Basta con recordar que, de acuerdo a su doctrina propia, ni una confirmación predictiva ni una falsación predictiva nos ayuda a decidir si una relación causal entre un par de variables existe o no. Esto hace ver que es un tanto cuestionable si se gana algo haciendo de la predicción la piedra angular de filosofía de uno.

Quiero desafiar el punto mismo de partida de la filosofía de los empiricistas. Hay varias refutaciones definitivas del empiricismo. Mostraré que la distinción empiricista entre conocimiento empírico y analítico es simplemente falsa y auto-contradictoria.[23] Eso nos conducirá luego a desarrollar la posición austriaca sobre teoría, historia, y predicción.

La afirmación central del empiricismo es: el conocimiento empírico tiene que ser verificable o falsable por experimentación; y el conocimiento analítico, que no es verificable o falsable, por tanto no puede contener ningún conocimiento empírico. Si eso es cierto, entonces es justo preguntar: ¿Cuál es entonces el status de esta declaración fundamental del empiricismo? Evidentemente tiene que ser analítica o empírica.

Supongamos primero que es analítica. De acuerdo con la doctrina empiricista, sin embargo, una proposición analítica no es nada más que garabatos sobre papel, aire caliente, totalmente vacía de contenido significativo; que no dice nada sobre algo real. Y por tanto, uno tendría que concluir que el empiricismo no puede ni siquiera decir y significar lo que parece decir y significar. Pero si, por otra parte, dice y significa lo que pensábamos que decía, entonces sí nos informa acerca de algo real. De hecho, nos informa sobre la estructura fundamental de la realidad. Dice que no hay nada en la realidad que pueda conocerse ser de una forma u otra antes que experimentos futuros confirmen o no nuestra hipótesis.

Y si esta proposición significativa se considera analítica, es decir, como una declaración de que no permite falsación y cuya verdad puede ser establecida por un análisis de sus términos por sí solos, uno no tiene nada menos que una flagrante contradicción en mano. El empiricismo resultaría ser nada más que palabras sin sentido que se destruyen a sí mismas.[24]

Así que tal vez deberíamos elegir la otra opción disponible y declarar la distinción fundamental empiricista entre conocimiento empírico y analítico una proposición empírica. Pero entonces la posición em-piricista ya no tendría ningún valor. Porque si hacemos eso, tendría que admitirse que la proposición—como empírica—bien podría estar equivocada, y uno podría preguntar entonces en base a qué criterio uno decidió si la proposición estaba errada o no. Más específicamente, como proposición empírica, correcta o incorrecta, sólo podría describir un hecho histórico, algo así como “todas las proposiciones hasta ahora examinadas caen en dos categorías, analíticas y empíricas”. La proposición sería completamente irrelevante para determinar si es posible producir proposiciones a priori verdaderas que sean empíricas. De hecho, si la afirmación central del empiricismo fuese declarada proposición empírica, el empiricismo dejaría por completo de ser una epistemología, una lógica de la ciencia, y no sería más que una convención verbal completamente arbitraria de llamar con ciertos nombres arbitrarios a ciertas formas arbitrarias de lidiar con ciertas proposiciones. El empiricismo sería una posición carente de cualquier justificación.

¿Qué demuestra este primer paso de nuestra crítica  al empiricismo? Esto demuestra evidentemente que la idea empiricista sobre el conocimiento es errada, y lo demuestra por medio de un argumento a priori significativo. Y al hacerlo, demuestra que la idea kantiana y misesiana de proposiciones a priori sintéticas verdaderas es correcta. Más específicamente, demuestra que la relación entre teoría e historia no puede ser como dice el empiricismo. Tiene que haber también un campo de teoría—teoría de que es empíricamente significativa—que es categóricamente diferente a la idea de teoría que el empiricismo admite. También tiene que haber teorías a priori, y la relación entre teoría e historia entonces tiene que ser diferente y más complicada que la que el empiricismo nos quiere hacer creer. Cuán diferente se hará evidente cuando presente otro argumento contra el empiricismo, otro argumento a priori, y un argumento a priori contra la tesis implicada en el empiricismo de que la relación entre la teoría y la investigación empírica es la misma en todos los campo del conocimiento.

Sin importar que tan apropiadas sean las ideas empiricistas en las ciencias naturales (y creo que son inadecuadas incluso allí, pero no puedo ir a eso aquí)[25], es imposible pensar que los métodos del empiricismo pueden ser aplicables en las ciencias sociales.

Las acciones son el campo de los fenómenos que constituyen lo que consideramos las ciencias sociales. El empiricismo dice que las acciones pueden y tienen que ser explicadas, al igual que cualquier otro fenómeno, por medio de hipótesis de causalidad que pueden ser confirmadas o falsadas con experimentos.[26]

Ahora bien, si ese fuera el caso, entonces el empiricismo sería el primero en ser obligado a asumir—contrario a su propia doctrina de que no existe conocimiento a priori sobre nada real—que existen causas que operan de forma invariable en el tiempo para las acciones.

Uno no puede saber a priori qué evento particular podría ser la causa de una acción particular. Pero el empiricismo quiere que relacionemos experiencias diferentes respecto a secuencias de eventos, ya sea confirmando o falsando unas con otras. Y si se falsan entre sí, entonces respondemos con una reformulación de la hipótesis original. Sin embargo, para hacerlo, debemos asumir constancia en el tiempo de las causas que operan—y saber que sí existen causas para las acciones es, por supuesto, conocimiento sobre la realidad de las acciones. Sin tal supuesto sobre la existencia de causas así, las experiencias diferentes nunca podrían ser relacionadas entre sí como confirmaciones o falsaciones unas de otras. Serían simplemente observaciones inconmensurables no relacionadas. Una aquí, otra allá; las mismas o similares; o son diferentes. De eso no se desprende nada.[27]

Además, aún hay otra contradicción, y hacerla evidente nos lleva de inmediato a la idea central de Mises de que la relación entre teoría e historia en el campo de las ciencias sociales es de una naturaleza totalmente diferente a la que hay en las ciencias naturales.

¿Cuál es la contradicción? Si las acciones pudieran de hecho ser concebidas como regidas por causas que operan de forma invariable en el tiempo, entonces ciertamente uno podría preguntar: ¿Y qué se puede decir de los que dan las explicaciones? ¿Qué se puede decir de predecir causalmente las acciones de ellos? Son, después de todo, las personas que llevan a cabo el proceso mismo de creación de hipótesis y de verificación y falsación.

Para asimilar los experimentos de confirmación falsación—para reemplazar hipótesis viejas con otras nuevas—uno tiene supuestamente que ser capaz de aprender de la experiencia. Todo empiricista está, por supuesto, obligado a admitir eso. De lo contrario ¿para qué hacer investigación empírica?

Pero si uno puede aprender de la experimentación en formas aún desconocidas, entonces es cierto que uno no puede saber en un determinado momento lo que sabrá en un tiempo futuro y, en consecuencia, no puede saber cómo actuará sobre la base de ese conocimiento. Uno sólo puede reconstruir las causas de sus acciones después del evento, igual que uno puede explicar su conocimiento sólo después que ya lo posee. De hecho, ningún avance científico podría jamás alterar el hecho de que uno debe considerar su conocimiento y acciones como impredecibles sobre la base de las causas que operan de forma constante. Uno puede creer que esta concepción de libertad es ilusoria. Y uno bien podría estar en lo correcto si se considera el punto de vista de un científico con poderes cognitivos considerablemente superiores a cualquier inteligencia humana, o desde el punto de vista de dios. Pero no somos dios, e incluso si nuestra libertad fuese ilusoria desde su punto de vista y nuestras acciones siguieran una trayectoria predecible, para nosotros esa es una ilusión necesaria e inevitable. No podemos predecir de antemano, sobre la base de estados anteriores, el estado futuro de nuestro conocimiento o las acciones que resulten de ese conocimien-to. Sólo podemos reconstruirlos después del evento.[28]

Por lo tanto, la metodología empiricista es simplemente contradictoria cuando se aplica al campo del conocimiento y de la acción—que contiene conocimiento como ingrediente necesario. Los científicos sociales empiricistas que formulan ecuaciones predictivas respecto a fenómenos sociales están simplemente haciendo cosas sin sentido. La actividad de embarcarse en una empresa cuyo resultados ellos tienen que admitir no saben todavía, demuestra que lo que pretenden hacer no se puede hacer. Como Mises lo expresa y ha enfatizado en repetidas ocasiones: No hay constantes empíricas causales en el campo de la acción humana.[29]

Usando razonamiento a priori entonces, se ha establecido esta idea: La historia social, en contraposición a la historia natural, no produce ningún conocimiento que pueda ser empleado con fines predictivos. En vez de eso, la historia social y económica se refiere exclusivamente al pasado. El resultado de investigar cómo y por qué la gente actuó en el pasado no tiene ninguna implicancia sistemática sobre si actuarán o no de la misma manera en el futuro. Las personas pueden aprender. Es absurdo asumir que se puede predecir en el presente lo que uno sabrá mañana y de qué manera el conocimiento de mañana será diferente o no al de hoy.

Una persona no puede predecir hoy su demanda de azúcar del próximo año más de lo que Einstein pudo haber predicho la teoría de la relatividad antes que la desarrollara. Una persona no puede saber hoy lo que sabrá sobre el azúcar dentro de un año. Y no puede conocer todos los productos que estarán compitiendo con el azúcar por su dinero dentro un año. Puede tratar de adivinar, por supuesto. Pero dado que se tiene que admitir que los futuros estados de conocimiento no se pueden predecir sobre la base de causas que operan de forma constante, una persona no puede pretender hacer una predicción del mismo tipo epistemológico, por ejemplo, que uno hace sobre el comportamiento futuro de la luna, el clima, o las mareas. Esas son predicciones que podrían legítimamente asumir causas que operan de forma invariable en el tiempo. Pero, una predicción sobre la demanda futura de azúcar es una cosa totalmente diferente.

De que la historia social y económica sólo pueda proveer explicaciones reconstructivas y nunca explicaciones que tengan alguna relevancia predictiva sistemática, otra idea muy importante respecto a la lógica de la investigación social empírica se desprende. Y esto es otra crítica decisiva contra el empiricismo, por lo menos en cuanto a su pretensión de ser la metodología adecuada para la investigación en las ciencias sociales.

Recuérdese lo que dije antes acerca de por qué el empiricismo enfatiza la función predictiva de las teorías explicativas. Para cada fenómeno a ser explicado hay una multitud de eventos precedentes, y una multitud de relaciones funcionales con dichos eventos precedentes con los que el fenómeno en cuestión podría ser explicado. Pero, ¿cuál de estas explicaciones rivales es correcta y cuáles no? La respuesta empiricista es: Trate de predecir, y el éxito o fracaso en la predicción de acontecimientos futuros le dirá cual explicación es correcta. Evidentemente, este consejo no va a servir si no hay causas que operan de forma invariable en el tiempo respecto a las acciones. ¿Entonces qué hacemos? El empiricismo, por supuesto, no tiene respuesta a esta pregunta.

Pero incluso si las acciones no se pueden predecir de forma científica, esto no implica que todas las explicaciones históricas reconstructivas sean igual de buenas. Sería absurdo que alguien explicara el hecho de que me mudé de Alemania a los Estados Unidos, señalando, por ejemplo, que el maíz en Michigan, antes de mi decisión, estaba experimentando un crecimiento acelerado y que eso causó mi decisión. Pero ¿por qué no, asumiendo que el evento sobre el maíz de Michigan de hecho sucedió antes de mi decisión? La razón es, por supuesto, que yo les diré que el maíz de Michigan no tuvo ninguna relevancia para mi decisión. Y en la medida en que se sepa algo de mí, se sabe que de hecho ése es el caso.

Pero, ¿cómo se puede reconocer esto? La respuesta es: mediante la comprensión de mis motivos e intereses, mis convicciones y aspiraciones, mis orientaciones normativas, y mis percepciones concretas que resultan en esta acción. ¿Cómo entendemos a alguien y, además, cómo podemos verificar que nuestra comprensión es realmente correcta? En cuanto a la primera parte de la pregunta—uno entiende a alguien entablando una pseudo-comunicación e interacción con esa persona. Digo pseudo porque, evidentemente, no podemos entrar en comunicación real con César para averiguar por qué cruzó el Rubicón. Pero podríamos estudiar sus escritos y comparar sus convicciones expresadas en ellos con sus decisiones reales; podríamos estudiar los escritos y las acciones de sus contemporáneos y así tratar de entender la personalidad de César, su tiempo, su rol particular y posición en el tiempo.[30]

En cuanto a la segunda parte de la pregunta—el problema de verificar las explicaciones históricas—uno debe admitir desde el principio que no existe un criterio absolutamente claro que permita a uno decidir cuál de las dos explicaciones rivales, ambas igualmente basadas en comprensión, es definitivamente correcta y cuál no. La historia no es una ciencia exacta en el mismo sentido que las ciencias naturales son ciencias exactas o en el sentido muy diferente en que la economía es una ciencia exacta.

Incluso si dos historiadores están de acuerdo en la descripción de los hechos y los factores que influenciaron la determinada acción que se trata de explicar, aún podrían estar en desacuerdo sobre el peso que debe asignarse a esos factores que provocaron la acción. Y no hay forma de decidir el asunto de forma completamente no ambigua.[31]

Pero no me malentiendan. A pesar de todo, hay cierto tipo de criterio de verdad para las explicaciones históricas. Es un criterio que no elimina todos los posibles desacuerdos entre historiadores, pero que excluye y descalifica a un amplio rango de explicaciones. El criterio es que cualquier explicación histórica verdadera debe ser de tal tipo que el actor cuyas acciones se tratan de explicar tiene, en principio, que ser capaz de verificar la explicación y los factores explicativos como aquellos que contribuyeron a su actuar en la forma que lo hizo.[32] La frase clave aquí es: en principio. Naturalmente, César no puede verificar nuestra explicación de su paso por el Rubicón. Además, de hecho él podría tener razones para no verificar la explicación incluso si pudiese, dado que tal verificación podría entrar en conflicto con algún otro objetivo que podría tener.

También, decir que una explicación verdadera tiene ser verificable por el actor en cuestión no quiere decir que cada actor sea siempre el más calificado para ser juez de su explicación. Puede ser que Einstein pueda explicar mejor que nadie por qué y cómo se le ocurrió la teoría de la relatividad cuando lo hizo. Pero eso podría no ser así. De hecho, podría muy bien ser posible que un historiador de la ciencia pueda entender a Einstein y las influencias que condujeron a su descubrimiento mejor que el mismo Einstein. Y eso puede ser posible porque los factores que influyen o las reglas que determinan las acciones de uno podrían ser sólo subconscientes.[33] O podrían ser tan obvias que uno no las nota simplemente por eso mismo.

La siguiente analogía puede ser muy útil para comprender el hecho curioso de que otros puedan entender a una persona mejor que la persona misma. Tomemos, por ejemplo, un discurso público. Por supuesto, en gran medida la persona que da el discurso, puede probablemente dar razones para decir lo que dice y enumerar las influencias que le llevaron a ver las cosas como las ve. Es probable que pueda hacerlo mejor que todo el resto de gente. Y sin embargo, al decir lo que dice, la persona sigue reglas habituales e inconscientes que apenas podría, o sólo con grandes dificultades, hacer explícitas. También sigue ciertas reglas de gramática cuando dice lo que dice. Pero muy a menudo sería completamente incapaz de formular estas reglas, a pesar de que claramente influyen en sus acciones. El historiador que comprende las acciones de alguien mejor que la persona en sí misma es bastante análogo al estudioso de gramática analizando la estructura de las frases de un orador público. Ambos reconstruyen y explícitamente formulan las reglas que de hecho se siguen, pero que no pueden, o sólo con grandes dificultades, ser formuladas por el orador mismo.[34]

El orador puede no ser capaz de formular todas las reglas que sigue y puede necesitar ayuda del historiador profesional o del estudioso de gramática. Pero, es de gran importancia darse cuenta que el criterio de verdad de la explicación del estudioso de gramática sin embargo sería que el orador tiene que ser capaz—en principio—de verificar si la explicación es correcta después de hacer explícito lo que antes se conocía de forma implícita. Para que la explicación del estudioso de gramática o del historiador sea correcta, el actor tendría que ser capaz de reconocer estas reglas como las que de hecho influyeron en sus acciones. Hasta aquí es suficiente sobre la lógica de la investigación histórica como investigación necesariamente reconstructiva basada en comprensión.[35]

El argumento que establece la imposibilidad de predicciones causales en el campo del conocimiento humano y las acciones podría haber dado la impresión de que si eso es así, entonces las predicciones podrían ser nada más que adivinanzas exitosas o fallidas. Esta impresión, sin embargo, sería tan errónea como sería pensar que se puede predecir la acción humana en el mismo modo que se puede predecir las etapas de crecimiento de las manzanas. Es aquí donde la genuina visión de Mises sobre la interacción de la teoría económica y la historia entra en escena.[36]

De hecho, la razón por la cual el futuro social y económico no puede ser considerado completa y absolutamente incierto no debería ser demasiado difícil de entender: La imposibilidad de predicciones causales en el campo de la acción se probó por medio de un argumento a priori. Y ese argumento incorporó conocimiento a priori verdadero acerca de las acciones: que no pueden ser concebidas como gobernadas por causas que operan de forma invariable en el tiempo.

Así, mientras que la predicción económica siempre será un arte sistemáticamente imposible de enseñar, es cierto al mismo tiempo que todas las predicciones económicas deben ser vistas como restringidas por la existencia de conocimiento a priori sobre las acciones.[37]

Tomemos, por ejemplo, la teoría cuantitativa del dinero, la proposición praxeológica de que si aumenta la cantidad de dinero, y la demanda de dinero se mantiene constante, entonces el poder adquisitivo de la moneda disminuye. Nuestro conocimiento a priori acerca de las acciones nos informa que es imposible predecir científicamente si la cantidad de dinero será incrementada, disminuida o no será alterada. Tampoco es posible predecir científicamente si, independientemente de lo que ocurra con la cantidad de dinero, la demanda de dinero que se mantiene en efectivo subirá, bajará o permanecerá igual. No podemos pretender ser capaces de predecir esas cosas porque no podemos predecir el estado futuro del conocimiento de las personas. Y sin embargo esos estados evidentemente influyen en lo que sucede con la cantidad de dinero y la demanda de dinero. Entonces, nuestra teoría, nuestro conocimiento praxeológico integrado en la teoría cuantitativa, tiene límites al momento de predecir el futuro económico.

La teoría no permitiría predecir eventos económicos futuros aunque, por ejemplo, fuese un hecho establecido que la cantidad de dinero fue expandida. Uno aún sería incapaz de predecir lo que pasaría con la demanda de dinero. Y aunque, por supuesto, eventos concurrentes a la demanda de dinero afectan el resultado (y cancelan, aumentan, disminuyen, aceleran o desaceleran los efectos provenientes del incremento de la oferta de dinero), esos cambios concurrentes no pueden en principio ser predichos o mantenidos constantes experimentalmente. Es un absurdo completo concebir al conocimiento subjetivo, cuyo cambio impacta las acciones, como predecible en base a variables anteriores y como posible de ser mantenido constante. El experimentador mismo que quiere mantener constante el conocimiento tiene, de hecho, que presuponer que su conocimiento, específicamente su conocimiento sobre el resultado del experimento, no puede ser asumido constante a lo largo del tiempo.

La teoría cuantitativa de dinero entonces no puede presentar ningún evento económico específico, cierto o probable, sobre la base de una fórmula que emplea constantes de predicción. La teoría, sin embargo, de todas formas restringiría el rango de predicciones correctas posibles. Y haría esto no como una teoría empírica, sino más bien como una teoría praxeológica, actuando como una restricción lógica en nuestra construcción de predicciones.[38] Las predicciones que no están en línea con ese conocimiento (en nuestro caso: la teoría cuantitativa) son sistemáticamente erróneas y hacerlas lleva a un número sistemáticamente cada vez más grande de errores de predicción. Esto no significa que alguien que basa sus predicciones en razonamiento praxeológico correcto necesariamente tendría que hacer mejores predicciones de eventos económicos futuros que alguien que llegó a sus predicciones a través de deliberaciones y cadenas de razonamiento lógicamente defectuosas. Significa que en el largo plazo el pronosticador praxeológico obtendría un mejor promedio que los no praxeólogos.

Es posible hacer una predicción errónea a pesar de haber identificado correctamente el evento “incremento de oferta de dinero” y a pesar tener el razonamiento praxeológicamente correcto de que tal evento está por necesidad lógica relacionado con el evento “disminución del poder adquisitivo del dinero.” Porque uno pudo equivocarse pronosticando lo que ocurriría con la “demanda de dinero.” Uno podría haber pronosticado una demanda de dinero constante, pero la demanda podría en realidad haberse incrementado. Entonces, la inflación pronosticada podría no presentarse como se esperaba. Y por otro lado, es igualmente posible que alguien haga la predicción correcta, que no caería el poder adquisitivo, a pesar de estar erróneamente convencido que un aumento en la cantidad de dinero no tiene nada que ver con el poder adquisitivo del dinero. Porque pudo ser que un cambio concurrente sucedió (la demanda por dinero aumentó) y contrarrestó su entendimiento erróneo de las causas y consecuencias, y accidentalmente convirtió su predicción en correcta.

Sin embargo, y esto me trae de vuelta al punto de que la praxeología restringe lógicamente nuestras predicciones de eventos económicos: ¿Qué pasa si asumimos que todos aquellos que hacen predicciones, incluyendo aquellos con y sin conocimiento praxeológico, están en promedio igualmente bien equipados para anticipar los otros cambios concurrentes? ¿Qué pasa si tienen en promedio igual suerte adivinando el futuro social y económico? Evidentemente, tenemos entonces que concluir que los que hacen predicciones reconociendo y en concordancia con las leyes praxeológicas, como la teoría cuantitativa del dinero, serán más exitosos que el grupo que es ignorante de la praxeología.

Es imposible construir una fórmula de predicción que emplee el supuesto de causas que operan de forma invariable en el tiempo que nos permita predecir científicamente los cambios en la demanda de dinero. La demanda de dinero depende necesariamente del estado futuro de conocimiento de la gente, y el conocimiento futuro es impredecible. Por eso el conocimiento praxeológico tiene una utilidad predictiva muy limitada.[39]

Pero de todos los que correctamente pronostican un aumento en la demanda de dinero y perciben de forma correcta que un aumento en la cantidad de dinero ha ocurrido, sólo aquellos que conocen la teoría cuantitativa del dinero harán una predicción correcta. Y aquellos cuyas convicciones están en desacuerdo con la praxeología necesariamente se equivocarán.

Entender la lógica de la predicción económica y la función práctica del razonamiento praxeológico es, entonces, ver a los teoremas a priori de la economía como restricciones lógicas sobre las predicciones empíricas y como límites lógicos sobre lo que puede, o no, suceder en el futuro.

 

SOBRE PRAXEOLOGÍA Y EL FUNDAMENTO PRAXEOLÓGICO DE LA EPISTEMOLOGÍA

I

Entonces, muy en línea con la tradición de Mises, los fundamentos de la economía son también el tema de este capítulo. Me he propuesto un doble objetivo. En primer lugar, quiero explicar la solución que Mises avanza respecto al problema del fundamento último de la ciencia económica, esto es, su idea de una teoría pura de la acción, o praxeología, como él la llamó. Y en segundo lugar, quiero demostrar por qué la solución de Mises es mucho más que una idea indiscutible sobre la naturaleza de la economía y las proposiciones económicas.Al igual que los economistas más grandes e innovadores, Ludwig von Mises intensa y repetidamente analizó el problema del estado lógico de las proposiciones económicas, esto es, cómo llegamos a conocerlas y cómo las validamos. De hecho, Mises ocupa un lugar muy alto entre los que sostienen que tal asunto es indispensable para lograr un progreso sistemático en economía. Porque cualquier malentendido respecto a la respuesta de tales fundamentales preguntas naturalmente conducirá a un desastre intelectual, esto es, a falsas doctrinas económicas. Así pues, Mises dedica tres de sus libros a clarificar los fundamentos lógicos de la economía: su temprano Problemas Epistemológicos de Economía, publicado en alemán en 1933; Teoría e Historia, de 1957; y Fundamentos Últimos de la Ciencia Económica, de 1962, el último libro de Mises, que apareció cuando él ya había pasado su octogésimo aniversario. Y sus trabajos en el campo de la economía también muestran invariablemente la importancia que Mises daba al análisis de los problemas epistemológicos. En particular, La Acción Humana, su obra maestra, ocupa sus primeras cien páginas exclusivamente en tales problemas, y las otras casi 800 páginas del libro están impregnadas con consideraciones epistemológicas.

La solución de Mises nos proporciona una visión que nos permite también comprender el fundamento sobre el que descansa en última instancia la epistemología. De hecho, como el título del capítulo sugiere, quiero mostrar que praxeología es lo que debe ser considerado el fundamento mismo de la epistemología, y que Mises, además de sus grandes logros como economista, contribuyó también con ideas pioneras a la justificación de toda la empresa de la filosofía racionalista.[40]

 

II

Regresemos a la solución de Mises. ¿Cuál es el status lógico de las proposiciones económicas típicas, tales como la ley de la utilidad marginal (que siempre que la oferta de un bien, cuyas unidades son consideradas como capaces de proveer la misma utilidad por una persona, se incrementa en una unidad adicional, el valor que se asigna a esta unidad tiene que disminuir ya que sólo puede ser empleada como medio para la consecución de un objetivo que se considera menos valioso, por lo menos, que el objetivo previamente satisfecho con una unidad de ese bien); o la teoría cuantitativa del dinero (que cada vez que la cantidad de dinero se incrementa, mientras la demanda de dinero en efectivo que se mantiene en mano como reserva no ha cambiado, el poder adquisitivo del dinero disminuye)?

En la formulación de su respuesta, Mises enfrentó un doble desafío. Por un lado estaba la respuesta ofrecida por el empirismo moderno. La Viena que Ludwig von Mises conoció fue de hecho uno de los primeros centros del movimiento empiricista, movimiento que estaba entonces a punto de consolidarse como la filosofía dominante en el mundo académico occidental por décadas, y que hasta estos días forma la imagen que la mayoría de los economistas tienen de su propia disciplina.[41]

El empiricismo considera a la naturaleza y las ciencias naturales como su modelo. Según el empiricismo, los ejemplos de proposiciones económicas anteriormente mencionados tienen el mismo status lógico que las leyes de la naturaleza: Al igual que las leyes de la naturaleza se refieren a relaciones hipotéticas entre dos o más eventos, esencialmente en forma de proposiciones si-entonces. Y al igual que las hipótesis de las ciencias naturales, las proposiciones de la economía requieren pruebas continuas, con experimentación. Una proposición sobre la relación de eventos económicos nunca puede ser validada con certeza en un solo momento. En lugar de eso, está por siempre supeditada a los resultados de futuros experimentos contingentes. Tal experiencia podría confirmar la hipótesis. Pero eso no prueba que la hipótesis sea verdad, dado que la proposición económica ha utilizado términos generales (en la terminología filosófica: universales) en su descripción de los eventos relacionados, y por lo tanto, se aplica a un número indefinido de casos o instancias, con lo que siempre deja espacio para una posible falsación con experiencias futuras. Todo lo que una confirmación prueba es que la hipótesis aún no ha resultado equivocada. Por otro lado, la experiencia puede falsar la hipótesis. Esto sin duda probaría que algo andaba mal con la hipótesis en su forma original. Pero no probaría que la relación hipotetizada entre los eventos especificados nunca podría ser observada. Simplemente mostraría que considerando y controlando en las observaciones solamente lo que hasta ahora se había considerado y controlado, la relación aún no se ha presentado. No puede excluirse, sin embargo, que la relación pueda presentarse tan pronto como algunas otras circunstancias hayan sido controladas.

La actitud que esta filosofía promueve y que de hecho se ha vuelto característica de la mayoría de los economistas contemporáneos es un escepticismo: su lema es “en el campo de los fenómenos económicos, no se puede saber con certeza que algo sea imposible.” Con mayor precisión, dado que el empiricismo concibe los fenómenos económicos como datos objetivos, que se extienden en el espacio y sujetos a medición cuantificable—en estricta analogía con los fenómenos de las ciencias naturales—el escepticismo peculiar de los eco-nomistas empiricistas puede ser descrito como el de un ingeniero social que no garantiza nada.[42]

El otro desafío que Mises enfrentó vino por el lado de la escuela historicista. De hecho, durante la vida de Mises en Austria y Suiza, la filosofía historicista era la ideología prevaleciente en las universidades de habla alemana y su establishment. Con el surgimiento del empiricismo esa prominencia se redujo considerablemente. Pero, durante más o menos la última década el historicismo ha ganado momento entre los académicos del mundo occidental. Hoy está con nosotros en todos lados bajo los nombres de hermenéutica, retórica, deconstruccionismo, y anarquismo epistemológico.[43]

Para el historicismo, y sobre todo para sus versiones contemporáneas, el modelo no es la naturaleza, sino un texto literario. Según la doctrina historicista, los fenómenos económicos no son magnitudes objetivas que se puedan medir. En lugar de eso, son expresiones subjetivas e interpretaciones que ocurren en la historia que deben ser comprendidas e interpretadas por el economista al igual que un texto literario se desarrolla y es interpretado por el lector. Como las creaciones subjetivas, la secuencia de sus eventos no sigue ley objetiva. Nada en el texto literario, y nada en la secuencia de expresiones históricas e interpretaciones se rige por relaciones constantes. Por supuesto, textos literarios de hecho existen, y también ciertas secuencias de acontecimientos históricos. Pero eso de ninguna forma implica que algo tenía que pasar en el orden en que lo hizo. Simplemente ocurrió. Pero, de la misma manera que uno siempre puede inventar diferentes historias literarias, la historia y la secuencia de acontecimientos históricos, también podrían haber sucedido de una manera totalmente diferente. Además, según el historicismo, y particularmente visible en su versión moderna hermenéutica, la formación de estas expresiones humanas siempre contingentemente relacionadas y sus interpretaciones tampoco está restringida por ninguna ley objetiva. En producción literaria cualquier cosa puede ser expresada o interpreta en torno a algo; y, en la misma línea, los eventos históricos y económicos son cualquier cosa que alguien exprese o interprete de ellos, y entonces su descripción por el historiador y el economista es cualquier cosa que éste exprese o interprete que esos hechos subjetivos del pasado hayan sido.

La actitud que la filosofía historicista genera es un relativismo. Su lema es “todo es posible.” Para el histo-ricista-hermeneuticista, sin restricciones de ninguna ley objetiva, la historia y la economía, junto a la crítica literaria, son asuntos de estética. Y, en consecuencia, su trabajo toma la forma de disquisiciones sobre lo que alguien siente acerca de lo que él siente fue sentido por otra persona—una forma literaria con la que estamos muy familiarizados, en particular en campos como la sociología y ciencia política.[44]

Confío en que uno siente intuitivamente que algo está seriamente mal con las filosofías empiricista e historicista. Sus declaraciones epistemológicas ni siquiera parecen encajar en sus propios modelos auto-elegidos: la naturaleza por un lado y los textos literarios, por el otro. Y en cualquier caso, en relación con las proposiciones económicas, tales como la ley de utilidad marginal o la teoría cuantitativa del dinero, sus declaraciones parecen ser simplemente erróneas. La ley de la utilidad marginal ciertamente no parece una ley hipotética sujeta por siempre para su validación a experimentos de confirmación o des-confirmación aquí o allá. Y concebir los fenómenos de los que se habla en la ley como magnitudes cuantificables parece ser simplemente ridículo. La interpretación historicista tampoco se ve mejor. Pensar que la relación entre los eventos mencionados en la teoría cuantitativa del dinero puede deshacerse si uno simplemente lo quiere hacer parece absurdo. Y la idea de que conceptos tales como dinero, demanda de dinero, y poder adquisitivo se forman sin ningún tipo de restricciones objetivas y se refieren sólo a caprichosas creaciones subjetivas no parece menos absurda. En lugar de eso, contrariamente a la doctrina empiricista, ambos ejemplos de proposiciones económicas parecen ser lógicamente verdaderos y referirse a eventos que son subjetivos en naturaleza. Y contrario al historicismo, parece que lo que afirman no puede deshacerse en toda la historia y contiene distinciones conceptuales que, refiriéndose a hechos subjetivos, están sin embargo, objetivamente restringidas, e incorporan conocimiento universalmente válido.

Como la mayoría de los economistas más conocidos antes que él, Mises comparte estas intuiciones.[45] Sin embargo, en la búsqueda de los fundamentos de la economía, Mises va más allá de la intuición. Él asume el reto del empiricismo y el historicismo para reconstruir sistemáticamente la base sobre la que estas intuiciones pueden ser entendidas como correctas y justificadas. Él no quería crear una nueva disciplina de economía. Pero explicando lo que antes sólo había sido intuitivamente entendido, Mises va más allá de todo lo que se había hecho antes. En la reconstrucción de los fundamentos racionales de las intuiciones de los economistas, él nos garantiza el camino correcto para cualquier desarrollo futuro en economía y nos salvaguarda contra errores intelectuales sistemáticos.

El empiricismo y el historicismo, señala Mises al inicio de su reconstrucción, son doctrinas auto-contradictorias.[46] La noción empiricista de que todos los eventos, naturales o económicos, están sólo hipotéticamente relacionados es contradicha por el mensaje de la proposición básica empiricista misma: Porque si esa proposición fuese considerada simplemente hipotéticamente verdadera, esto es, una proposición hipotéticamente verdadera respecto a proposiciones hipotéticamente verdaderas, ni siquiera calificaría como un pronunciamiento epistemológico. Porque no pro-porcionaría entonces ninguna justificación para la afirmación de que las proposiciones económicas no son, ni pueden ser, categóricamente verdaderas, o a priori, como nuestra intuición nos dice que son. Sin embargo, si la premisa empiricista básica se asume como categóricamente verdadera, es decir, si asumimos que uno puede decir algo verdadero a priori sobre la forma en que los eventos están relacionados, entonces esto entraría en contradicción con su propia tesis de que el conocimiento empírico tiene invariablemente que ser conocimiento hipotético, por tanto daría espacio para una disciplina como la economía que dice producir conocimiento empírico válido a priori. Además, la tesis empiricista de que los fenómenos económicos tienen que ser concebidos como de magnitudes observables y mensurables—análogos a los de las ciencias naturales—se vuelve no concluyente, también, por su propia cuenta: Porque, obviamente, el empiricismo nos quiere dar conocimiento empírico significativo cuando nos informa que nuestros conceptos económicos se basan en observaciones. Y sin embargo, los conceptos de observación y medición mismos, que el empiricismo tiene que emplear para afirmar lo que dice, son ambos obviamente no derivados de la experimentación observacional en el sentido de que los conceptos como gallinas y huevos, o manzanas y peras son. No se puede observar a alguien hacer una observación o medición. En lugar de eso, uno debe primero entender lo que las observaciones y mediciones son para luego ser capaz de interpretar ciertos fenómenos observables como la realización de una observación o la toma de una medición. Por tanto, contrario a su propia doctrina, el empiricismo se ve obligado a admitir que existe cono-cimiento empírico que se basa en entendimiento—así como de acuerdo a nuestras intuiciones las proposiciones económicas dicen basarse en entendimiento—en vez de observaciones.[47]

Y en cuanto al historicismo, sus auto-contradicciones también son claras. Porque si, como pretende el historicismo, los eventos históricos y económicos—que concibe como una sucesión de eventos subjetivamente entendidos en lugar de observados—no están gobernados por ninguna relación invariante en el tiempo, entonces esta proposición misma tampoco puede pretender que dice algo constantemente verdadero sobre la historia y la economía. En lugar de eso, sería una proposición con, por así decirlo, un valor de verdad efímero: puede ser cierto ahora, si así lo queremos, pero posiblemente falsa un momento después, en caso ya no queramos, sin que nadie nunca sepa nada acerca de si queremos o no. Pero, si ese fuese el status de la premisa historicista básica, obviamente tampoco calificaría como epistemología. El historicismo no nos ha dado ninguna razón para creer lo que dice. Sin embargo, si la proposición básica del historicismo fuese asumida como invariablemente verdadera, entonces tal proposición acerca de la naturaleza constante de los fenómenos históricos y económicos estaría en contradicción con su propia doctrina que niega tales constantes. Además, la pretensión historicista—y más aún su heredera moderna, la hermenéutica—de que los eventos históricos y económicos son simples creaciones subjetivas, sin restricciones de factores objetivos, se demuestra falsa por la misma declaración en sí misma. Dado que evidentemente, un historicista tiene que asumir esa declaración misma como significativa y verdadera; él tiene que asumir que dice algo específico respecto a algo, en lugar de limitarse a emitir sonidos sin sentido como abracadabra. Sin embargo, si este es el caso, entonces, claramente, su declaración se debe asumir como limitada por algo fuera del ámbito de creaciones subjetivas arbitrarias. Por supuesto, yo puedo repetir lo que dice el historicista en inglés, alemán o chino, o en cualquier idioma que yo desee, mientras las expresiones e interpretaciones históricas y económicas bien pueden ser consideradas como simples creaciones subjetivas. Pero cualquier cosa que yo diga, en el idioma que yo elija, tiene que ser asumida como restringida por algún significado proposicional subyacente de mi declaración, que es el mismo en cualquier idioma, y existe completamente independiente de cualquier forma lingüística peculiar en la que esté expresada. Y contrariamente a la creencia historicista, la existencia de tal restricción no es tal que uno podría disponer de ella a voluntad. En lugar de eso, es objetiva en el sentido que podemos entenderla como un presupuesto lógico necesario para decir algo significativo, a diferencia de solamente producir sonidos sin sentido. El historicista no puede pretender decir algo si no fuese por el hecho de que sus expresiones e interpretaciones están realmente limitadas por las leyes de la lógica como presuposición misma de declaraciones significativas como tales.[48]

Con tal refutación del empiricismo y el historicismo, Mises nota, los reclamos de la filosofía racionalista son exitosamente restablecidos, y se establece un caso para la posibilidad de enunciados verdaderos a priori, como los de la economía parecen ser. De hecho, Mises se refiere de forma explícita a sus investigaciones epistemológicas como una continuación en el trabajo de la filosofía racionalista occidental. Con Leibniz y Kant, él se opone a la tradición de Locke y Hume.[49] Él está al costado de Leibniz cuando responde a la famosa frase de Locke “no hay nada en el intelecto que no haya estado previamente en los sentidos”, con su igualmente famoso “excepto el intelecto mismo.” Y él reconoce su labor como filósofo de la economía como estrictamente análoga a la de Kant como filósofo de la razón pura, es decir, de epistemología. Al igual que Kant, Mises quiere demostrar la existencia de proposiciones sintéticas verdaderas a priori, o proposiciones cuya veracidad puede ser definitivamente establecida, aunque para hacerlo los medios de la lógica formal sean no suficientes y las observaciones innecesarias.

Mi crítica del empiricismo y del historicismo ha probado la afirmación general racionalista. Se ha de-mostrado que de hecho nosotros poseemos conocimiento que no se deriva de la observación y aún así se ve restringido por leyes objetivas. De hecho, nuestra refutación del empiricismo y el historicismo contiene tal conocimiento sintético a priori. Pero, ¿qué pasa con la tarea constructiva de mostrar que las proposiciones de la economía—tales como la ley de utilidad marginal y la teoría cuantitativa del dinero—califican como este tipo de conocimiento? Para hacerlo, Mises nota de acuerdo a las restricciones tradicionalmente formuladas por los filósofos racionalistas, las proposiciones económicas deben cumplir dos requisitos: Primero, debe ser posible demostrar que no se derivan de evidencia observada, porque la evidencia observacional sólo puede revelar las cosas como pasan; no hay nada en eso que indique por qué las cosas tienen que ser de la forma que son. En lugar de eso, las proposiciones económicas deben mostrar estar basadas en conocimiento reflexivo, en nuestra comprensión de nosotros mismos como sujetos cognoscentes. Y segundo, esta comprensión reflexiva tiene que producir proposiciones de axiomas materiales auto-evidentes. No en el sentido de que tales axiomas tienen que ser auto-evidentes en un sentido psicológico, es decir, que uno tiene que ser consciente de ellos inmediatamente o que su verdad depende de una sensación psicológica de convicción. Al contrario, como Kant antes que él, Mises enfatiza mucho el hecho de que usualmente es mucho más dificultoso descubrir tales axiomas de lo que es descubrir verdades observacionales, como que las hojas de los árboles son verdes o que mido 6 pies 2 pulgadas.[50] En lugar de eso, lo que las hace axiomas materiales auto-evidentes es el hecho de que nadie puede negar su validez sin auto-contra dicción, porque en el intento de negarlos uno ya presupone su validez.

Mises señala que ambos requisitos se cumplen en lo que él llama el axioma de la acción, esto es, la proposición de que los seres humanos actúan, que muestran un comportamiento intencional.[51] Obviamente, este axioma no se deriva de la observación—sólo hay movi-mientos corporales a ser observados, pero no hay tal cosa como acciones—sino que deriva más bien de la comprensión reflexiva. Y este entendimiento es en efecto una proposición auto-evidente. Porque su verdad no puede ser negada, ya que la negación en sí tendría que ser categorizada como una acción. Pero ¿no es esto simplemente trivial? ¿Y qué tiene la economía que ver con esto? Por supuesto, ha sido reconocido previamente que conceptos económicos tales como precios, costos, producción, dinero, crédito, etc. tienen algo que ver con el hecho de que somos gente que actúa. Pero que toda la economía pueda ser fundada y reconstruida sobre la base de una proposición tan trivial y cómo, es ciertamente no muy claro. Uno de los mayores logros de Mises es haber demostrado precisamente esto: que hay ideas implicadas en este, psicológicamente hablando trivial, axioma de acción que no eran psicoló-gicamente auto-evidentes; y que son esas ideas las que proveen de fundamento a los teoremas de la economía como proposiciones sintéticas verdaderas a priori.

Ciertamente no es psicológicamente evidente que con cada acción un actor persiga un objetivo; y que cualquiera que sea el objetivo, el hecho de que era perseguido por el actor revela que el actor tuvo que haber colocado un valor relativamente más alto sobre él que el que puso sobre cualquier otro objetivo que se le ocurrió al comienzo de su acción. No es evidente que para lograr su objetivo más preciado el actor tenga que interferir o decidir no intervenir—que por supuesto, también es una interferencia intencional—en un momento anterior a fin de producir un resultado más adelante; ni es obvio que tales interferencias invariablemente impliquen el empleo de unos medios escasos—por lo menos el cuerpo del actor, el lugar que ocupa, y el tiempo absorbido por la acción. No es auto-evidente que esos medios, entonces, tengan también que tener un valor para el actor—un valor derivado del objetivo—porque el actor tiene que considerar su empleo como necesario para eficazmente lograr el objetivo; ni que las acciones sólo puedan llevarse a cabo de forma secuencial, siempre envolviendo una elección, esto es, tomando el curso de acción que en un momento dado promete los resultados más valorados para el actor, y la exclusión al mismo tiempo de la búsqueda de otros objetivos, menos valorados. No es automáticamente claro que como consecuencia de tener que elegir y dar preferencia a un objetivo sobre otro—de no ser capaz de alcanzar todos los objetivos al mismo tiempo—cada una las acciones implique incurrir en costos, esto es, abandonar el valor que se asigna a la meta alternativa más alta que no puede ser alcanzada o cuya realización debe ser diferida, porque los medios necesarios para alcanzarla están siendo utilizados en la producción del otro objetivo más valorado. Y, por último, no es evidente que en el punto de partida cada objetivo de acción tenga que ser considerado por el actor como más valioso que su costo y capaz de producir un beneficio, es decir, un resultado cuyo valor está en un puesto más alto que el de la oportunidad abandonada, y sin embargo esa misma acción también está invariablemente amenazada por la posibilidad de una pérdida si el actor se da cuenta, en retrospectiva, que contrariamente a sus expectativas el resultado alcanzado, de hecho, tiene un valor inferior que el de la alternativa a la que se renunció hubiese tenido.

Todas estas categorías que sabemos están en el corazón mismo de la economía—valores, fines, medios, elección, preferencia, costos, pérdidas y ganancias—están implicadas en el axioma de la acción. Como el axioma mismo, ellas no se derivan de la observación. En lugar de eso, que uno sea capaz de interpretar las observaciones en términos de tales categorías requiere que uno sepa ya lo que significa actuar. Nadie que no fuese un actor podría entenderlas ya que no vienen “dadas”, listas para ser observadas, sino que la experimentación observacional está enmarcada en esos términos cuando es interpretada por un actor. Y mientras ellas y sus interrelaciones no están obviamente implicadas en el axioma de la acción, una vez que se ha hecho explícito que están implicadas, y cómo, nadie tiene ya ninguna dificultad reconociéndolas como verdaderas a priori en el mismo sentido que el axioma mismo. Porque cualquier intento de refutar la validez de lo que Mises reconstruyó como implicado en el concepto mismo de acción tendría que estar dirigido hacia un objetivo, requerir unos medios, excluir otros cursos de acción, incurrir en costos, someter al actor a la posibilidad de alcanzar o no la meta deseada y así llevar a una ganancia o una pérdida. Por tanto, es manifiestamente imposible disputar o falsar la validez de las ideas de Mises. De hecho, una situación en la que las categorías de acción cesarían de tener existencia real nunca podría ser observada o nunca se podría habla de ella, ya que hacer una observación y hablar son acciones en sí mismas.

Todas las proposiciones económicas verdaderas—y de eso se trata la praxeología y en eso consiste la gran idea de Mises—se pueden deducir por medio de la lógica formal de ese indiscutible conocimiento material verdadero sobre el significado de la acción y sus categorías. De forma más precisa, todos los teoremas económicos verdaderos consisten en (a) la comprensión del significado de la acción, (b) una situación, o cambio de situación—que se asume como dada, o identificada como siendo dada, y descrita en términos de las categorías de acción—y (c) una deducción lógica de las consecuencias—de nuevo, en términos de las categorías—que resultan para el actor de esa situación o cambio de situación. La ley de la utilidad marginal, por ejemplo,[52] se desprende de nuestro conocimiento indiscutible del hecho de que el actor siempre prefiere lo que le satisface más a lo que le satisface menos, más el supuesto de que se enfrenta al aumento en la oferta de un bien (un medio escaso), cuyas unidades él considera como capaces de proporcionar el mismo servicio, en una unidad adicional. De esto se desprende con necesidad lógica que esa unidad adicional solamente puede ser empleada como medio para remover un malestar que se considera menos urgente que el objetivo menos valioso previamente satisfecho con una unidad de ese bien. Mientras no haya error en el proceso de deducción, las conclusiones que la teorización económica produce—no diferentes para cualquier otra proposición económica que el caso de la ley de utilidad marginal—deben ser válidas a priori. La validez de estas proposiciones se remonta en última instancia al indiscutible axioma de la acción. Pensar, como hace el empiricismo, que estas proposiciones requieren pruebas empíricas de continuas para su validación es absurdo, y un signo de confusión intelectual plena. Y no es menos absurdo y confuso creer, como hace el historicismo, que la economía no tiene nada que decir sobre relaciones constantes e invariables, sino que simplemente se ocupa de eventos históricamente accidentales. Decir tal cosa en forma significativa es probar tal afirmación errónea, porque decir algo significativo ya presupone actuar y tener conocimiento del significado de las categorías de acción.

 

III

Hasta aquí será suficiente como explicación de la respuesta de Mises sobre la búsqueda de los fundamentos de la economía. Ahora pasaré a mi segunda meta: la explicación de por qué y cómo la praxeología también proporciona la base para la epistemología. Mises era consciente de ello y estaba convencido de la gran importancia de esta idea para la filosofía racionalista. Pero Mises no trató el asunto de una forma sistemática. No hay más que unas breves observaciones respecto a este problema, dispersas a lo largo de su gran cantidad de escritos.[53] Así que, a continuación trataré de abrir nuevos caminos.

Empezaré mi explicación con la introducción de un segundo axioma a priori y clarificaré su relación con el axioma de la acción. Tal comprensión es la clave para resolver nuestro problema. El segundo axioma es el llamado “a priori de argumentación,” que establece que los seres humanos son capaces de argumentación, y por lo tanto conocen lo significa verdad y validez.[54] Al igual que en el caso del axioma de la acción, este conocimiento no se deriva de la observación: sólo hay conduc-ta verbal a ser observada y previa cognición reflexiva es requerida para interpretar tal conducta como argumentos significativos. Y la validez del axioma, como la del axioma de la acción, es indiscutible. Es imposible negar que uno puede argumentar, porque la negación sería en sí misma un argumento. De hecho, uno ni siquiera puede decirse a sí mismo en silencio “No puedo discutir” sin contradecirse a sí mismo. No se puede argumentar que no se puede argumentar. Tampoco se puede disputar que uno entiende lo que significa llegar a una proposición verdadera o válida sin implícitamente mostrar como verdadera la negación de esta proposición.

No es difícil detectar que ambos axiomas a priori—de acción y de argumentación—están íntimamente relacionados. Por un lado, las acciones son más fundamentales que las argumentaciones con cuya existencia emerge la idea de validez, siendo la argumentación sólo una subclase de la acción. Por otro lado, reconocer lo que acaba de ser reconocido respecto a la acción y la argumentación y la relación entre ellos requiere argumentación; y por lo tanto, en este sentido, la argu-mentación debe ser considerada más fundamental que la acción: sin argumentación nada podría decirse que se conoce acerca de la acción. Pero entonces, dado que es en argumentación que tal idea se descubre—mientras que podría ser desconocido antes de cualquier argumentación—de hecho la posibilidad de argumentación presupone acción en que las proposiciones de verdad sólo pueden ser explícitamente discutidas en el curso de una argumentación si los individuos que la realizan saben ya lo que significa actuar y tener conocimiento implicado en la acción—tanto el significado de la acción en general y el de la argumentación en particular deben ser entendidos como hilos entrelazados lógicamente necesarios de conocimiento a priori.

Lo que esta idea sobre la interrelación entre el a priori de acción y el a priori de argumentación sugiere es lo siguiente: Tradicionalmente, la tarea de la epistemología ha sido formular lo que puede ser conocido como verdadero a priori, y también lo que puede ser conocido a priori no ser objeto de conocimiento a priori. Reconociendo, como acabamos de hacer, que las afirmaciones de conocimiento se plantean y deciden en el curso de una argumentación y que esto es innegable, ahora uno puede reconstruir la tarea de la epistemología con mayor precisión: formular las proposiciones que son argumentativamente indiscutibles dado que su verdad está ya implícita en el hecho mismo de dar un argumento y por tanto no se puede negar argumentativamente; y delimitar el rango de tal conocimiento a priori del campo de proposiciones cuya validez no puede ser establecida de esta manera, sino que requiere información adicional y contingente para su validación, o que no pueden ser validadas de ninguna forma y por tanto son simples enunciados metafísicos en el sentido peyorativo del término metafísico.

Pero ¿Qué es lo que está implicado en el acto de argumentar? Es a esta pregunta que nuestra idea sobre la inseparable interconexión entre el a priori de argu-mentación y el de acción ofrece una respuesta: A un nivel muy general, no se puede negar argumentativamente que la argumentación presupone acción, y que los argumentos y el conocimiento contenido en ellos, son de actores. Y más específicamente, que no puede negarse, entonces, que el conocimiento mismo es una categoría de acción; que la estructura del conocimiento tiene que ser restringida por la función peculiar que el conocimiento tiene dentro del marco de las categorías de acción; y que la existencia de tales restricciones estructurales nunca puede ser refutada en absoluto por ningún conocimiento.

Es en este sentido que debe considerarse que las ideas contenidas en la praxeología proveen los fundamentos de la epistemología. El conocimiento es una categoría muy distinta a las que he explicado antes—de fines y medios. Los fines que nos esforzamos por alcanzar a través de nuestras acciones, y los medios que empleamos para hacerlo, son ambos valores escasos. Los valores ligados a nuestras metas están sujetos al consumo y son exterminados y destruidos en el consumo, y por tanto siempre deben ser producidos de nuevo. Y los medios empleados tienen que ser economizados, también. No es así, sin embargo, con el conocimiento—independientemente de si uno lo considera un medio o un fin en sí mismo. Por supuesto, la adquisición de conocimiento requiere medios escasos—por lo menos el cuerpo y el tiempo de uno. Sin embargo, una vez que el conocimiento se adquiere, ya no es escaso. No desaparece después de ser consumido, tampoco los servicios que puede brindar, a diferencia de los otros medios sujetos a agotamiento. Una vez allí, es un recurso inagotable e incorpora un valor que dura a la eternidad, siempre y cuando no sea simplemente olvidado.[55] Sin embargo, el conocimiento no es un bien libre en el mismo sentido que el aire en circunstancias normales. En lugar de eso, es una categoría de acción. No es solamente un ingrediente mental de toda acción, muy a diferencia del aire, sino de forma más importante, el conocimiento, y no el aire, está sujeto a validación, es decir, tiene que demostrar que cumple una función positiva para el actor dentro de las restricciones invariantes del marco categórico de las acciones. Es tarea de la epistemología aclarar cuáles son esas restricciones y lo que uno puede entonces saber acerca de la estructura del conocimiento.

Si bien tal reconocimiento de las restricciones praxeológicas sobre la estructura del conocimiento podrían no impresionar a uno inmediatamente por su importancia, sí tiene implicaciones muy importantes. Por un lado, a la luz de esta idea una dificultad recurrente de la filosofía racionalista encuentra su respuesta. Ha sido una problema común con el racionalismo en la tradición Leibniz-Kant que parece implicar una especie de idealismo. Al darse cuenta que las proposiciones verdaderas a priori no podían derivarse de las observaciones, el racionalismo respondía a la pregunta sobre cómo el conocimiento a priori podía entonces ser posible adoptando el modelo de mente activa, como opuesto al modelo empiricista de mente pasiva, como espejo que refleja, en la tradición de Locke y Hume. Según la filosofía racionalista, las proposiciones verdaderas a priori tenían su fundamento en la operación de los principios del pensamiento que uno no podía concebir como operando de otra manera; estaban basadas en las categorías de una mente activa. Ahora, como los empiricistas estaban siempre muy dispuestos a señalar, la crítica obvia a tal posición es, que si ese fuese el caso, no se podría explicar por qué esas categorías mentales deberían ajustarse a la realidad. En vez de eso, uno se vería obligado a aceptar el absurdo supuesto idealista de que la realidad tendría que ser concebida como una creación de la mente, para poder afirmar que el conocimiento a priori podía incorporar alguna información acerca de la estructura de la realidad. Y claramente, tal afirmación parecía estar justificada cuando se encontraban con las declaraciones programáticas de filósofos racionalistas como ésta de Kant a continuación: “Hasta ahora se ha supuesto que nuestro conocimiento tiene que estar conforme a la realidad,” en vez de eso se debería asumir “que realidad observacional debería estar conforme a nuestra mente.”[56]

Reconocer al conocimiento como estructuralmente restringido por su rol en el marco de las categorías de acción proporciona la solución a tal queja. Pues tan pronto esto se entiende, todas las sugerencias idealistas de la filosofía racionalista desaparecen, y en lugar de eso una epistemología que propone que las proposiciones verdaderas a priori existen se convierte en una epistemología realista. Entendido como restringido por las categorías de acción, el abismo aparentemente insalvable, entre lo mental por un lado y el mundo real físico exterior por el otro, se supera. De tal forma restringido, el conocimiento a priori tiene que ser tanto un asunto mental y un reflejo de la estructura de la realidad, puesto que es sólo a través de acciones que la mente entra en contacto con la realidad, por así decirlo. Actuar es un ajuste guiado cognitivamente de un cuerpo físico en una realidad física. Y así, no puede haber ninguna duda de que el conocimiento a priori, concebido como un entendimiento acerca las restricciones estructurales impuestas sobre el conocimiento como conocimiento de los actores, tiene de hecho que corresponder a la naturaleza de las cosas. El carácter realista de tal conocimiento se manifiesta no sólo en el hecho de que uno no puede pensar que sea de otro modo, sino en el hecho de que uno no puede deshacer esa verdad.

Pero hay más implicancias específicas envueltas en el reconocimiento de los fundamentos praxeológicos de la epistemología—aparte de la implicancia general que sustituyendo el modelo de mente de un actor que actúa usando como medio un cuerpo físico por el modelo racionalista tradicional de mente activa, el conocimiento a priori se convierte inmediatamente en conoci-miento realista (de hecho tan realista que puede entenderse como literalmente imposible de deshacer). Más específicamente, a la luz de esta idea se proporciona decisivo apoyo a los lamentablemente pocos filósofos racionalistas que—contra el Zeitgeist empiricista—obstinadamente sostienen en varios frentes filosóficos que las proposiciones a priori verdaderas acerca del mundo real son posibles.[57] Además, a la luz del reconocimiento de las restricciones praxeológicas sobre la estructura del conocimiento esas diversas empresas racionalistas se integran sistemáticamente en una sola, el cuerpo unificado de filosofía racionalista.

Entendiendo el conocimiento de forma explícita, como se muestra en argumentación, como una categoría peculiar de la acción, se hace evidente de inmediato por qué la perenne insistencia racionalista de que las leyes de la lógica—comenzando con las más fundamentales, esto es, de lógica proposicional y de conectores (“y,” “o,” “si-entonces,” “no”) y cuantificadores (“hay,” “todos,” “algunos”)—son proposiciones a priori verdaderas acerca de la realidad y no meras estipulaciones verbales respecto a las reglas de transformación de signos arbitrariamente elegidos, como los formalistas-empiricistas creen, es correcta. Son tanto leyes del pensamiento como de la realidad, porque son leyes que tienen su fundamento último en la acción y no pueden ser deshechas por ningún actor. En toda acción, un actor identifica una situación específica y la categoriza de una manera en vez de otra para ser capaz de hacer una elección. Es esto lo que en última instancia explica la estructura de incluso las más elementales proposiciones (como “Sócrates es un hombre”) que consisten de un nombre propio, o alguna expresión de identificación para nombrar o identificar algo, y un predicado, para afirmar o negar alguna propiedad específica del objeto nombrado o identificado; y que explica la piedra angular de la lógica: las leyes de identidad y de contradicción. Y es esta característica universal de la acción y la elección que también explica nuestra comprensión de las categorías “hay,” “todos” y, por implicancia, “algunos,” así como “y,” “o,” “si-entonces” y “no.”[58] Uno puede decir, por supuesto, que algo puede ser “a” y “no-a,” al mismo tiempo, o que “y” significa otra cosa. Pero uno no puede deshacer la ley de la contradicción; y uno no puede deshacer la definición real de “y.” Por el simple hecho de actuar con un cuerpo físico en un espacio físico nosotros invariablemente afirmamos la ley de contradicción e invariablemente mostramos nuestro conocimiento constructivo verdadero del signi-ficado de “y” y “o.”

Del mismo modo, la razón última para que la aritmética sea una disciplina a priori pero empírica, como los racionalistas siempre han entendido, ahora también se vuelve discernible. La prevaleciente ortodoxia empiricista-formalista concibe la aritmética como la manipulación de signos arbitrariamente definidos de acuerdo a reglas de transformación arbitrariamente establecidas, y por tanto enteramente carente de cualquier significado empírico. Para este punto de vista, que evidentemente convierte a la aritmética en nada más que juego, sin importar qué tan útil pueda ser, la aplicación exitosa de la aritmética en la física es una vergüenza intelectual. De hecho, los empiricistas-formalistas tienen que explicar este hecho simplemente como un evento milagroso. Eso no es ningún milagro, sin embargo, se hace aparente una vez que el carácter praxeológico u operativo—usando aquí la terminología del filósofo-matemático racionalista más notable Paul Lorenzen y su escuela—o constructivista de la aritmética es entendido. La aritmética y su carácter como disciplina intelectual sintética a priori está fundamentada en nuestra comprensión de repetición, repetición de acción. Más precisamente, descansa sobre nuestra comprensión del significado de “haz eso—y hazlo de nuevo, comenzando del resultado presente.” Y la aritmética entonces se refiere a cosas reales: unidades construidas o constructivamente identificadas de algo. Demuestra qué relaciones pueden sostenerse entre dichas unidades por el hecho de que están construidas de acuerdo a la regla de la repetición. Como Paul Lorenzen ha demostrado en detalle, no, todo lo que actualmente se hace pasar por matemáticas puede ser constructivamente fundamentado—y esas partes, entonces, por supuesto, deben ser reconocidas como lo que son: juegos simbólicos epistemológicamente sin valor. Pero todas las herramientas matemáticas que son empleadas en la física, esto es, las herramientas del análisis clásico, pueden derivarse constructivamente. No son simbolismos empíricamente vacíos, sino proposiciones verdaderas acerca de la realidad. Se aplican a todo en la medida en que consisten de una o más unidades distintas, y en la medida en que esas unidades son construidas o identificadas como unidades mediante el procedimiento de “hazlo de nuevo, construye o identifica a otra unidad mediante la repetición de la operación anterior.”[59] De nuevo, uno puede decir, por supuesto, que 2 más 2 es 4 a veces, pero a veces 2 ó 5 unidades, y en la realidad observacional, para los leones, los corderos o los conejos, eso incluso puede ser verdad,[60] pero en la realidad de la acción, en la identificación o la construcción de esas unidades en operaciones repetitivas, la verdad de que 2 más 2 no es nunca otra cosa que 4 no puede ser des-hecha.

Además, las viejas aspiraciones racionalistas de que la geometría, esto es, la geometría euclidiana es a priori y sin embargo incorpora conocimiento empírico sobre el espacio encuentra apoyo, también, en vista de nuestra comprensión sobre las restricciones praxeológicas sobre el conocimiento. Desde el descubrimiento de las geometrías no euclidianas y en particular desde la teoría relativista de la gravitación de Einstein, la posición predominante respecto a la geometría es una vez más empiricista y formalista. Se concibe a la geometría como parte de la física empírica a posteriori, o como formalismos empíricamente sin importancia. Pero que la geometría sea bien o un simple juego, o que esté siempre sujeta a la comprobación empírica parece ser incompatible con el hecho de que la geometría euclidiana es la base de la ingeniería y la construcción, y que nadie piensa allí que tales proposiciones son verdaderas sólo hipotéticamente.[61] Reconocer al cono-cimiento como praxeológicamente restringido explica por qué el punto de vista empírico-formalista es incorrecto y por qué el éxito empírico de la geometría euclidiana no es un mero accidente. El conocimiento espacial está también incluido en el significado de la acción. La acción es el empleo de un cuerpo físico en el espacio. Sin acción no podría haber conocimiento de relaciones espaciales ni mediciones. Medir es relacionar algo a un estándar. Sin estándares no hay medición; y no hay medida, entonces, que pueda falsar alguna vez el estándar. Evidentemente, el último estándar tiene que ser proporcionado por las normas que subyacen la construcción de los movimientos corporales en el espacio y la construcción de instrumentos de medición por medio del cuerpo de uno y de conformidad con los principios de construcciones espaciales contenidos en él. La geometría euclidiana, como nuevamente Paul Lorenzen, en particular, ha explicado, no es más ni menos que la reconstrucción de las normas ideales subyacentes a nuestra construcción de tales formas básicas homogéneas como puntos, líneas, planos y distancias, que están de manera más o menos perfecta, pero siempre perfectible, incorporados o realizados incluso en nuestros instrumentos más primitivos de mediciones espaciales, tales como una vara para medir. Naturalmente, estas normas e implicancias normativas no pueden ser falsadas por el resultado de cualquier medición empírica. Por el contrario, su validez cognitiva se fundamenta en el hecho de que son ellas las que hacen posible las mediciones físicas en el espacio. Cualquier medición real debe presuponer ya la validez de las normas que conducen a la construcción del estándar de medición de uno. Es en este sentido que la geometría es una ciencia a priori; y que tiene que ser simultáneamente considerada como una disciplina empíricamente significativa, ya que no sólo es la pre-condición para cualquier descripción espacial empírica, es también la pre-condición para cualquier orientación activa en el espacio.[62]

En vista del reconocimiento del carácter praxeológico del conocimiento, estas ideas sobre la naturaleza de la lógica, la aritmética y la geometría se integran en un sistema de dualismo epistemológico.[63] La justificación última de esta posición dualista, esto es, la afirmación de que hay dos ámbitos de investigación intelectual que pueden ser entendidos a priori que requieren métodos categóricamente diferentes de tratamiento y análisis, también recae en la naturaleza praxeológica del cono-cimiento. Eso explica por qué tenemos que diferenciar entre un campo de objetos que es categorizado causalmente y un campo que es categorizado teleológica-mente.

Ya he indicado brevemente en mi discusión sobre praxeología que la causalidad es una categoría de la acción. La idea de causalidad de que hay causas que operan de forma invariable en el tiempo que permiten a uno proyectar las observaciones del pasado respecto a la relación de eventos en el futuro es algo (como el empiricismo desde Hume ha notado) que no tiene ninguna base observacional. Uno no puede observar el nexo conector entre las observaciones. Incluso si uno pudiera, tal observación no probaría ser una conexión invariante en el tiempo. En lugar de eso, el principio de causalidad debe ser entendido como implicado en nuestra comprensión de la acción como una interferencia en el mundo que se observa, hecha con la intención de desviar el curso “natural” de los acontecimientos con el fin de producir un estado diferente preferido, esto es, de hacer que sucedan cosas que de otro modo no iban a ocurrir, y por lo tanto presupone la noción de eventos que se relacionan uno con otro a través de causas operativas invariables en el tiempo. Un actor puede equivocarse respecto a sus supuestos particulares acerca de cuál interferencia anterior produjo cuál resultado posterior. Pero exitosa o no, cualquier acción, modificada o no a la luz de su éxito o fracaso anterior, presupone que hay eventos constantemente conectados, incluso si ninguna causa particular para un evento particular puede algún día ser pre-conocida por el actor. Sin tal suposición sería imposible clasificar dos o más experiencias de observación, como falsando o confirmando una a la otra en lugar de interpretarlas como eventos lógicamente inconmensurables. Sólo porque la existencia de causas que operan de forma invariable en el tiempo se asume de antemano puede uno encontrar casos particulares de evidencia observacional confirmando algo o no; o puede existir un actor que pueda aprender algo de la experiencia pasada mediante la clasificación de sus acciones como exitosas, confirmando un conocimiento previo, o no exitosas, no confirmando el conocimiento previo. Es simplemente por virtud de actuar y distinguir entre éxitos y fracasos que la validez a priori del principio de causalidad es establecida; incluso si uno tratara, uno no podía refutar con éxito su validez.[64]

Y así, entender la causalidad como un presupuesto necesario de la acción, implica también que su rango de aplicabilidad tiene entonces que ser delimitado a priori del de la categoría de teleología. De hecho, ambas categorías son estrictamente excluyentes y complementarias. La acción presupone una realidad observacional causalmente estructurada, pero la realidad de la acción que podemos entender como requiriendo dicha estructura, no es en sí misma causalmente estructurada. En lugar de eso, es una realidad que tiene que ser categorizada teleológicamente, como una conducta significativa dirigida-con-propósito. De hecho, uno no puede negar ni deshacer la idea de que hay dos campos de fenómenos categóricamente diferentes, ya que tales intentos, como acciones que tienen lugar dentro de la realidad que ser observa, tendrían que presuponer eventos causalmente relacionados, así como la existencia de intencionalidad en lugar de fenómenos causal-mente relacionados para interpretar tales eventos de observación como queriendo negar algo. Ni el monismo causal ni el teleológico podría justificarse sin caer en una abierta contradicción: físicamente declarando una u otra posición, y afirmando decir algo significativo al hacerlo, se establece de hecho un caso para una complementariedad indiscutible de ambos, un campo de fenómenos causales y teleológicos.[65]

Todo lo que no es una acción tiene necesariamente que ser categorizado causalmente. No hay nada que se conozca a priori acerca de este rango de fenómenos excepto que está estructurado causalmente—y que está estructurado de acuerdo a las categorías de la lógica proposicional, la aritmética y la geometría.[66] Todo lo demás que hay que saber acerca de este rango de fenómenos tiene que ser derivado de observaciones contingentes y por lo tanto representa conocimiento a posteriori. En particular, todo conocimiento sobre dos o más eventos específicos observacionales causalmente relacionados o no es conocimiento a posteriori. Obviamente, el rango de fenómenos descritos en esta forma coincide (más o menos) con lo que usualmente se considera como el campo de las ciencias naturales empíricas.

Por el contrario, todo lo que es una acción tiene que ser categorizado teleológicamente. Este campo de fenómenos está restringido por las leyes de la lógica y la aritmética, también. Pero no está restringido por las leyes de la geometría, como incorporadas en nuestros instrumentos para medir objetos que se extienden espacialmente, ya que las acciones no existen aparte de las interpretaciones subjetivas de las cosas observables; y por lo tanto tienen que ser identificadas por la comprensión reflexiva en lugar de con mediciones espaciales. Las acciones tampoco son eventos causalmente conectados, sino eventos que están conectados de manera significativa dentro de un marco de categorías de medios y fines.

Uno no puede conocer a priori cuáles son o serán los valores, las opciones y los costos específicos de un actor. Eso cae enteramente en la provincia del conocimiento empírico a posteriori. De hecho, la acción particular que un actor que va a realizar dependerá de su conocimiento sobre la realidad observacional y/o la realidad de las acciones de otros actores. Y sería imposible concebir tales estados del conocimiento como predecibles sobre la base de causas que operan de forma invariable en el tiempo. Un actor con capacidad de aprender no puede predecir su conocimiento futuro antes de que realmente lo haya adquirido, y él demuestra—simplemente por virtud de distinguir entre las predicciones exitosas y no exitosas—que tiene que concebirse a sí mismo como capaz de aprender de experiencias desconocidas en formas aún desconocidas. Así, el conocimiento sobre el curso particular de acción es sólo posteriori. Y puesto que tal conocimiento tendría que incluir el conocimiento del mismo actor—como ingrediente necesario de toda acción, cuyo cambio puede tener influencia en la acción particular elegida—el conocimiento teleológico también tiene que ser necesariamente reconstructivo, o conocimiento histórico. Sólo proporcionará explicaciones ex-post que no tendrían ninguna relación sistemática sobre la predicción de acciones futuras, porque, en principio, los futuros estados del conocimiento nunca pueden predecirse sobre la base de causas empíricas que operan de forma constante. Obviamente, tal delimitación de una rama de ciencia a posteriori y reconstructiva de la acción se ajusta a la descripción usual de disciplinas como la historia y la sociología.[67]

Lo que es sabido ser verdadero a priori, en el campo de la acción, y lo que tendría entonces que restringir cualquier explicación histórica o sociológica es lo siguiente: Por un lado, tal explicación, que esencialmente tendría que reconstruir el conocimiento del actor, invariablemente tendría que ser una reconstrucción en términos del conocimiento de fines y medios, de elecciones y costos, de ganancias y pérdidas, y así por el estilo. Y en segundo lugar, dado que esas son evidentemente categorías de praxeología como concebidas por Mises, tal explicación también tiene que ser restringida por las leyes de la praxeología. Y puesto que estas leyes son, como ya he explicado, leyes a priori, tienen también que operar como restricciones lógicas sobre cualquier curso futuro de acción. Son válidas independientemente de cualquier estado específico de conocimiento que el actor posea, simplemente por el hecho de que cualquiera que sea ese estado, tiene que ser descrito en términos de categorías de acción. Y en lo que se refiere a las acciones, las leyes de la praxeología tienen entonces que coextenderse a todo el conocimiento predictivo que puede haber en el campo de la ciencia de la acción. De hecho, ignorando por el momento que el status de la geometría como ciencia a priori estaba basado últimamente en la comprensión de la acción por lo que la praxeología tendría que ser considerada como una disciplina cognitiva más fundamental, el rol peculiar adecuado de la praxeología dentro de todo el sistema de epistemología puede ser entendido análogo al de la geometría. La praxeología es al campo de acción lo que la geometría euclidiana es al campo de observaciones (no acciones). Así como la geometría incorporada en nuestros instrumentos de medición restringe la estructura espacial de realidad observacional, igual la praxeología restringe el rango de cosas que posiblemente pueden ser experimentadas en el campo de las acciones.[68]

 

IV

Estableciendo el lugar propio de la praxeología, he cerrado el círculo delineando al sistema de filosofía racionalista como basado en última instancia en el axioma de la acción. Ha sido mi meta aquí reafirmar la posición de Mises de que la economía es la praxeología; de que el caso de la praxeología es indiscutible; y que las interpretaciones empiricistas o historicistas-hermeneuticista de la economía son doctrinas auto-contradictorias. Y ha sido mi objetivo indicar que la idea de Mises sobre la naturaleza de la praxeología también proporciona el fundamento mismo sobre el que filosofía racionalista tradicional puede ser reconstruida con éxito, y sistemáticamente integrada.

Para el filósofo racionalista, esto implica que debe tomar en cuenta la praxeología. Porque es precisamente la idea de las restricciones praxeológicas sobre la estructura del conocimiento lo que proporciona el eslabón perdido en su defensa intelectual contra el escepticismo y el relativismo. Para el economista en la tradición de Mises esto significa, yo afirmo, que debe explícitamente reconocer su lugar dentro de la tradición más amplia del racionalismo occidental; y que debe aprender a incorporar las ideas proporcionadas por esta tradición para construir un caso aún más impresionante y profundo para la praxeología y la economía austriaca que la hecha por el gran Mises mismo.

 

Lecturas Recomendadas

Block, Walter. “On Robert Nozick’s ‘On Austrian Methodology.’ ” Inquiry 23 (1980).

Hollis, Martín, y Nell Edward. Hombre Económico Racional: Una Crítica Filosófica de la Economía Neo-Clásica. Cambridge: Cambridge University Press, 1975.

Hoppe, Hans-Hermann. Kritik der kausalwissenschaftlichen Sozialforschung. Unterschungen zur Grundlegung von Soziologie und Ökonomie. Opladen: Westdeutscher Verlag, 1983.

—. “¿Es Posible la Investigación Basada en Principios Científicos Causales en las Ciencias Sociales?” Ratio 25, no. 1 (1983).

—. “En Defensa del Racionalismo Extremo.” Review of Austrian Economics 3 (1988).

—. Una Teoría de Socialismo y Capitalismo. Kluwer Academic Publishers, 1989.

—. “Sobre Praxeología y los Fundamentos Praxeológicos de la Epistemología y la Ética.” En Llewellyn H. Rockwell, Jr., ed., El Significado de Ludwig von Mises. Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute, 1989.

—. La Economía y Ética de la Propiedad Privada. Kluwer Academic Publishers, 1993.

Kirzner, Israel M. El Punto de Vista Económico. Kansas City, Kansas. Sheed y Ward, 1976.

Lavoie, Don. “De Hollis y Nell, a Hollis y Mises.” Journal of Libertarian Studies, I, n. 4 (1977).

Mises, Ludwig von. Problemas Epistemológicos de la Economía. Nueva York: New York University Press, 1981.

—. La Acción Humana: Tratado de Economía. Chicago: Henry Regnery, 1966; Primera Parte.

—. Teoría e Historia, Washington, DC: Ludwig von Mises Institute, [1969] 1985.

—. El Fundamento Último De La Ciencia Económica, de Kansas City, Kansas. Sheed Andrews y McMeel, 1978.

Rizzo, Mario. “La Praxeología y Econometría: Una Crítica a la Economía Positivista”. En Louis M. Spadaro, ed., Nuevas Direcciones de la Economía Austriaca. Kansas City, Kansas. Sheed Andrews y McMeel, 1978.

Robbins, Lionel. La Naturaleza Y Significado De La Ciencia Económica. Nueva York: New York University Press, 1984.

Rothbard, Murray N. “Praxeología: Respuesta al Sr. Schuller” American Economic Review, Diciembre de 1951.

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—. “Praxeología: La Metodología De La Economía Austriaca.” En Edwin Dolan, ed., Los fundamentos de la Economía Austriaca Moderna. Kansas City, Kansas. Sheed y Ward, 1976.

—. El Individualismo y La Filosofía De Las Ciencias Sociales. San Francisco: Cato Institute, 1979.

Selgin, George. “Praxeología y Entendimiento. Un Análisis De Controversia En La Economía Austriaca” Review of Austrian Economics 2 (1987).

Strigl, Richard von. Die ökonomischen Kategorien und die Organisation der Wirtschaft. Jena: Gustav Fischer, 1923.

 

SOBRE EL AUTOR

Nació el 2 de septiembre de 1949, en Peine, Alemania. Asistió a la Universität des Saarlandes, Saar-brücken, el Goethe-Universität, Frankfurt/M., y la Universidad de Michigan, Ann Arbor, para estudios en filosofía, sociología, historia, y la economía. Obtuvo su Ph.D. (filosofía 1974) y su “Habilitación” (sociología y economía, 1981), ambos en la Goethe-Universität, Frankfurt/M.Hans-Hermann Hoppe es economista de la Escuela Austriaca y filósofo libertario/anarco-capitalista. Es profesor de economía en la Universidad de Nevada, Las Vegas, miembro distinguido del Ludwig von Mises Institute, fundador y presidente del Property and Freedom Society, y editor-at-large del Journal of Libertarian Studies.

El profesor Hoppe es el autor de Handeln und Erkennen (1976); Kritik der kausalwissenschaftlichen Sozialforschung (1983); Eigentum, Anarchie und Staat (1987), Teoría del Socialismo y el Capitalismo (1988), La Economía y Ética de la Propiedad Privada (1993; 2 ª ed. 2006), Democracia—El Dios Que Falló (2001), El Mito de la Defensa Nacional (2003), y numerosos artículos sobre filosofía, economía y ciencias sociales.

 

Economic Science and The Austrian Method

Hans-Hermann Hoppe

 

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La Ciencia Económica y El Método Austriaco

Hans-Hermann Hoppe

 

MisesHispano.org

Traducción: Dante Bayona

      [1]Los dos primeros ensayos están basados en dos lecturas dictadas en la “Conferencia de Instrucción Avanzada sobre Economía Austriaca,” en el Ludwig von Mises Institute, Junio 21-27, 1987. El tercer ensayo es una reimpresión de La Economía y Ética de la Propiedad Privada (Kluwer Academic Publishers en 1993), pp. 141-64.

      [2]Ludwig von Mises, La Acción Humana (Chicago: Henry Regnery, 1966), p.32

      [3]El trabajo metodológico de Mises está contenido principalmente en sus Problemas Epistemológicos de la Economía (New York: New York University Press, 1981); Teoría e Historia (Washington, DC: Ludwig von Mises Institute, 1985); El Fundamento Último de la Ciencia Económica (Kansas City, Kansas. Sheed Andrews y McMeel, 1978); La Acción Humana, Parte I.

      [4]Mark Blaug, La Metodología de la Economía (Cambridge: Cambridge University Press, 1980), p. 93; para una declaración de indignación similar véase Paul Samuelson, Collected Scientific Papers, vol. 3 (Cambridge, Mass.: Harvard University Press, 1972), p 761.

      [5]Otro prominente crítico de la praxeología es Terence W. Hutchison, La Significancia y los Postulados Básicos de la Teoría Económica (Londres: Macmillan, 1938). Hutchison, igual que Blaug, un partidario de la variante popperiana del empiricismo, se ha vuelto mucho menos entusiasta sobre las perspectivas de avanzar la economía sobre las líneas empiricistas (véase, por ejemplo, su Conocimiento e Ignorancia en Economía [Chicago: University of Chicago Press, 1977]; y La Política y La Filosofía de la Economía [Nueva York: New York University Press 1981]), sin embargo, él aún no ve alternativa al falsacionismo de Popper. Una posición y desarrollo muy similar a Hutchison se encuentra en H. Albert (véase su temprana Marktsoziologie und Entscheidungslogik (Neuwied: 1967). Para una crítica a la posición empiricista, véase Hans-Hermann Hoppe, Kritik der kausalwissenschaftlichen Sozialforschung. Unterschungen zur Grundlegung von Soziologie und Ökonomie (Opladen: 1983), “¿Es Posible la Investigación Basada en Principios Científicos Causales  en las Ciencias Sociales?” Ratio 25, no. 1 (1983); “En Defensa del Racionalismo Extremo,” Review of Austrian Economics 3 (1988); “Sobre la Praxeología y los Fundamentos Praxeológicos de la Epistemología y la Ética,” en El Significado de Ludwig von Mises, editado por Llewellyn H. Rockwell, Jr., (Auburn, Ala.: Ludwig von Mises Institute, 1989).

      [6]Jean-Baptiste Say, Tratado de Economía Política (New York: Augustus Kelley, [1880] 1964, p. xx, xxvi.

      [7]Nassau Senior, Un Esbozo de la Ciencia de la Economía Política (New York: Augustus Kelley, [1836] 1965), pp. 2-3,5.

      [8]John E. Cairnes, El Carácter y el Método lógico de la Economía Política (Nueva York: Augustus Kelley, 1965), p. 83,87,89 -90,95-96.

      [9]Véase Carl Menger, Untersuchungen über die der Methoden Sozialwissenschaften (Leipzig: 1883); Idem, Die Irrtümer des Historismus in der Deutschen Nationalökonomie (Viena: 1884); Eugen von Böhm-Bawerk, Schriften, F. X. Weiss, ed. (Viena 1924); Friedrich von Wieser, Theorie der Wirtschaft gesellschaftlichen (Tübingen: 1914); idem, Gesammelte Abhandlungen (Tübingen: 1929). Para una evaluación de Mises a sus predecesores, ver sus Problemas Epistemológicos de la Economía, pp. 17-22. El término “a priori” en relación con los teoremas económicos también es utilizado por Frank H. Knight; sus escritos metodológicos, sin embargo, carecen de rigor sistemático. Véase su “¿Qué Es Verdad en Economía”, en Sobre la Historia y el Método de la Economía, de Knight (Chicago: University of Chicago Press, 1956); y  “Las Limitaciones del Método Científico en Economía”, en La Ética de la Competencia, de Knight (Chicago: University of Chicago Press, 1935).

      [10]Richard von Strigl, Die ökonomischen Kategorien und die Organisation der Wirtschaft (Jena: 1923).

      [11]Vale la pena mencionar que la posición metodológica de Robbins, al igual que la de Friedrich A. Hayek, se hizo cada vez menos misesiana con el tiempo debido principalmente a la influencia de Karl R. Popper, su colega en el London School of Economics. Véase de Lionel Robbins, Una Autobiografía de un Economista (London: Macmillan, 1976); el desacuerdo de Hayek con la praxeología de Mises ha sido recientemente reafirmada en su “Einleitung” en Erinnerungen de Ludwig von Mises (Stuttgart: 1978). El veredicto completamente negativo de Mises a Popper puede encontrarse en su El Fundamento Último de la Ciencia Económica, p. 70. En apoyo a este veredicto véase también Hans H. Hoppe Kritik der kausalwissenschaftlichen Sozialforschung (Opladen: Westdeutscher Verlag, 1983), pp. 48-49.

      [12]Una brillante interpretación y justificación de la epistemología apriorística de Kant se encuentra en F. Kambartel, Erfahrungund Struktur. Bausteine zu einer Kritik des Empirismus und Formalismus (Frankfurt/M.: 1968), especialmente el capítulo 3, véase también Hans-Hermann Hoppe, Handeln und Erkennen (Bern: 1976).

      [13]Immanuel Kant, La Crítica de la Razón Pura, en Kant, Werke, vol. 2, W. Weischedel, ed. (Wiesbaden: 1956), p. 23.

      [14]Véase en particular el trabajo de F. Kambartel citado en la nota 12; instructiva también es la interpretación de Kant dada por el biólogo-etólogo D. Lorenz, Vom Weltbild des Verhaltensforschers (Munich: 1964); Idem, Die Spiegel des Rückseite, Versuch einer Naturgeschite menschlichen Erkennens (Munich: 1973). Entre algunos seguidores del Austrianismo, la interpretación de Kant por Ayn Rand (véase, por ejemplo, su Introducción a la Epistemología Objetivista (Nueva York: New American Library, 1979); o Para el Nuevo Intelectual (Nueva York: Random House, 1961) goza de gran popularidad. Su interpretación, repleta de acusaciones denunciatorias, sin embargo, se caracteriza por una ausencia completa de documentación interpretativa alguna. Véase, respecto a la ignorancia arrogante de Rand sobre Kant, B. Goldberg, “‘Para el Nuevo Intelectual’ de Ayn Rand,” New Individualist Review 1, n. 3 (1961).

      [15]Véase Kant, La Crítica de la Razón Pura, p. 25. Sea o no tal interpretación de la epistemología de Kant correcta es, por supuesto, un asunto muy diferente. Aclarar tal problema, sin embargo, aquí no es importante. Para una interpretación activista o constructivista de la filosofía kantiana véase E. Kambartel, Erfahrung und Struktur, capítulo 3; también Hoppe, Handeln und Erkennen (Bern: Lang, 1976).

      [16]Para interpretaciones kantianas de las matemáticas véase H. Dingler, Philosophie der Logik und Mathematik (Munich: 1931); Paul Lorenzen, Einführungin in die operative Logik und Mathematik (Frankfurt/M.: 1970); Ludwig Wittgenstein, Observaciones sobre los Fundamentos de las Matemáticas (Cambridge, Mass.: MIT Press, 1978); también Kambartel, Erfahrung und Struktur, pp. 118-22; para una interpretación inusualmente cuidadosa y cautelosa del kantismo desde el punto de vista de la física moderna, ver P. Mittelstaedt, Philosophische Probleme der modernen Physik (Nannheim: 1967).

      [17]Para algunas consideraciones más profundas sobre estos asuntos, véase Hoppe “En defensa de Racionalismo Extremo.”

      [18]Sobre esto y lo siguiente ver Mises, La Acción Humana, capítulos IV y V.

     [19]Véase también Hoppe, Kritik der kausalwissenschaftlichen Sozialforschung, capítulo 3.

      [20]Para varias cuentas representativas del empiricismo—unidas en su oposición a cualquier forma de apriorismo—véase R. Carnap, Der Logische Aufbau der Welt (Hamburg: 1966); idem, Testability and Meaning (New Haven, Connecticut: Yale University Press, 1950); Alfred J. Ayer, Lógica, Verdad y Lenguaje (New York: Dover, 1952), Karl R. Popper, La lógica del Descubrimiento Científico (New York: Harper and Row, 1959); idem, Conjeturas y refutaciones (Londres: Routledge and Kegan Paul, 1969); C. G. Hempel, Aspectos de la Explicación Científica (Nueva York: Free Press, 1970); para cuentas que también prestan cierta atención a la economía, ver en particular, Ernest Nagel, La Estructura de la Ciencia (New York, Harcourt, Brace and World, 1961); Felix Kaufmann, Metodología de las Ciencias Sociales (Atlantic Highlands, New Jersey, Humanities Press, 1944).

      [21]Sobre las implicancias relativistas y—a nivel de política—las implicancias intervencionistas del empiricismo, véase Hans-Hermann Hoppe, “La Fachada Intelectual Para el Socialismo,” The Free Market (febrero, 1988).

      [22]Para el énfasis en predicción de los empiricistas-positivistas, ver en particular Milton Friedman, “La Metodología de la Economía Positiva,” en Ensayos sobre Economía Positiva, de Friedman (Chicago: University of Chicago Press, 1953).

      [23]Sobre las críticas racionalistas al empiricismo, ver Kambartel, Erfahrung und Struktur; Brand Blanshard, Razón y Análisis (LaSalle, Illinois, Open Court, 1964); A. Pap, Semántica y Verdad Necesaria (New Haven, Connecticut: Yale University Press, 1958); Martin Hollis y Edward Nell, El Hombre Económico Racional (Cambridge: Cambridge University Press, 1975).

      [24]Mises escribe en El Fundamento Último de la Ciencia Económica:

La esencia del positivismo lógico es negar el valor cognitivo del conocimiento a priori señalando que todas las proposiciones a priori son meramente analíticas. Ellas no proporcionan información nueva, sino que son simplemente verbales o tautológicas, afirmando lo que ya estaba implicado en las definiciones y premisas. Sólo la experiencia puede producir proposiciones sintéticas. Hay una objeción obvia contra de esta doctrina, a saber, que esta proposición que no hay proposiciones sintéticas a priori es en sí misma una—según este escritor piensa, falsa—proposición sintética a priori, ya que no puede ser establecida, con claridad y evidencia, por la experiencia . (p. 5)

 

      [25]Al respecto véase, además de las obras citadas en la nota 23, en particular H. Dingler, Die Ergreifung des Wirklichen (Munich: 1955); idem, Aufbau der exakten Fundamentalwissenschaft (Munich: 1964); Paul Lorenzen, Methodisches Denken (Frankfurt/M.: 1968); F. Kambartel y J. Mittelstrass, eds., Zum normativen Fundament der Wissenschaft (Frankfurt/M.: 1973); También mi “En Defensa de Racionalismo Extremo.”

      [26]Además de la bibliografía citada en la nota 20 véase, por ejemplo, productos empiricistas típicos como Arthur Goldberger y Otis D. Duncan, editores, Modelos de Ecuaciones Estructurales en las Ciencias Sociales (San Diego, California: Academic Press, 1973);. H. B. Blalock, ed, Inferencias Causales en Investigación No Experimentales (Chapel Hill: University of North Carolina Press, 1964); Arthur L. Stinchcombe, Construyendo Teorías Social (Nueva York, Harcourt, Brace & World, 1968).

      [27]Sobre esto y lo siguiente, véase Hoppe, Kritik der kausalwissenschaftlichen Sozialforschung, capítulo 2, y “¿Es Posible Hacer Investigación Basada en Principios Científicos Causales en las Ciencias Sociales? “

      [28]Curiosamente, este argumento fue primero expuesto por Karl R. Popper en el prefacio de su libro La Pobreza del Historicismo (London: Routledge & Kegan Paul, 1957). Sin embargo, Popper falló por completo en darse cuenta de que tal argumento, en realidad invalida su propia idea de un monismo metodológico (Einheitswissenschaft) y demuestra la inaplica-bilidad de su falsacionismo en el campo de la acción humana y el conocimiento. Véase sobre esto mi Kritik der kausalwissenschaftlichen Sozialforschung, pp. 44-49; K. O. Apel, Die Erklären: Verstchen Kontroverse in transzendental-pragmatischer Sicht (Frankfurt/M.: 1979), pp. 44-46, nota 19.

      [29]Mises, La Acción Humana, pp. 55-56.

      [30]Sobre la lógica de la historia, véase Mises, Teoría e Historia, capítulo 14; El Fundamento Último de la Ciencia Económica, pp. 45-51; La Acción Humana, pp. 47-51, 59-64.

      [31]Mises, La Acción Humana, pp. 57-58.

      [32]Sobre la lógica de la reconstrucción y verificación histórica y sociológica, véase también Hoppe, Kritik der kausalwissenschaftlichen Sozialforschung, pp. 33-38.

      [33]Sobre la lógica de la explicación y la verificación psicoanalítica, véase A. MacIntyre, El Inconsciente (Londres: Duckworth, 1958); Jürgen Habermas, Erkenntnis und interesse (Frankfurt/M.: 1968), capítulo 2, sobre la relevancia del psicoanálisis también Mises, La Acción Humana, p. 12.

      [34]Sobre la lógica de las explicaciones lingüísticas como envolviendo la reconstrucción de las reglas que requieren confirmación a través del “conocimiento intuitivo” de “hablantes competentes,” ver Noam Chomsky, Aspectos de la Teoría de la Sintaxis (Cambridge: MIT Press, 1965); también K. O. Apel, “Noam Chomsky Sprachtheorie und die Philosophie der Gegenwart” de Apel, Transformation der Philosophie, vol. 2 (Frankfurt/M.: 1973).

      [35]Para críticas importantes de la filosofía empiricista-positivista de las ciencias sociales empíricas, y explicaciones de la investigación social como basada en comprensión reconstructiva, véase también K. O. Apel, Transformation der Philosophie; idem, Die Erklären: Verstehen Kontroverse in transzendental-pragmatischer Sicht; Peter Winch, La Idea de una Ciencia Social y Su relación con la Filosofía (Atlantic Highlands, New Jersey, Humanities Press, 1970); idem, Ética y Acción (Londres: Routledge and Kegan Paul, 1972), Jürgen Habermas, Zur Logik der Sozialwissenschaften (Frankfurt/M.: 1970); G. H. von Wright, Explicación y Comprensión (Ithaca, NY: Cornell University Press, 1971).

      [36]Sobre la relación entre la teoría y la historia, ver en particular, Mises, La Acción Humana, pp. 51-59; y Problemas Epistemológicos de la Economía, capítulos 2-3.

      [37]El ex-austriaco y neo-historicista-hermeneuticista-nihilista Ludwig Lachmann, que repite ad nauseam la imprevisibilidad de los estados futuros de conocimiento—ver su “De Mises a Shackle: Un Ensayo sobre Economía Austriaca y la Sociedad Caleidoscópica,” Journal of Economic Literature 54 (1976); El Mercado Como un Proceso Económico (New York: Basil Blackwell, 1986)—completamente pierde de vista este último punto. De hecho, sus argumentos simplemente se auto-destruyen. Porque evidentemente él afirma saber con certeza la ‘desconocibilidad’ del conocimiento futuro y, por extensión lógica, de las acciones. Pero, entonces él sí sabe algo sobre el conocimiento futuro y la acción futura. Él tiene que saber algo sobre el conocimiento y la acción como tales. Y esto es, precisamente, lo que la praxeología dice ser: conocimiento respecto a las acciones como tales, y (como he explicado en mi “Sobre Praxeología y los Fundamentos Praxeológicos de la Epistemología y la Ética”, pág. 49 abajo) conocimiento sobre la estructura que todo conocimiento futuro tiene que tener en virtud del hecho de que invariablemente debe ser el conocimiento de actores.

      [38]Sobre la lógica de la predicción social y económica, véase también Hoppe “En defensa de Racionalismo Extremo,” Review of Austrian Economics 3 (1988), secciones 3, 4.

      [39]Véase también Murray N. Rothbard, Poder y Mercado (Kansas City, Kansas. Sheed Andrews y McMeel, 1977), pp. 256-58, sobre la función diferente de la teorización económica en un entorno de libre mercado versus un entorno obstaculizado por la intervención del gobierno.

      [40]Véase sobre lo siguiente también mi Kritik der kausalwissenschaftlichen Sozialforschung. Untersuchungen zur Grundlegung von Soziologic und Ökonomie; idem, “¿Es Posible la Investigación Basada en Principios Científicos Causales en las Ciencias Sociales?,” (capítulo 7); idem, “En Defensa del Racionalismo Extremo,”  Review of Austrian Economics 3 (1988).

      [41]Sobre el Círculo de Viena ver V. Kraft, Der Wiener Kreis (Vienna: Springer, 1968); para interpretaciones empiricistas-positivistas de la economía ver las obras representativas de Terence Hutchison W, La Significancia y los Postulados Básicos de la Teoría Económica [Hutchison, un partidario de la variante popperiana del empiricismo, se ha vuelto mucho menos entusiasta sobre las perspectivas de una economía popperianizada—véase, por ejemplo, su Conocimiento e Ignorancia en Economía—sin embargo, aún no encuentra alternativa al falsacionismo de Popper]; Milton Friedman, “La metodología de Economía Positiva,” en idem, Ensayos Sobre Economía Positiva; Mark Blaug, La Metodología de la Economía; una versión positivista de uno de los participantes del Privat Seminar de Mises en Viena es la de E. Kaufmann, Metodología de las Ciencias Sociales; el dominio del empiricismo en la economía está documentado por el hecho de que probablemente no hay un solo libro texto, que no clasifique de forma explícita a la economía como—¿qué más?—una ciencia empírica (a posteriori).

      [42]Sobre las consecuencias relativistas del empiricismo-positivismo véase también Hoppe, Una Teoría del Socialismo y el Capitalismo (Boston: Kluwer Academic Publishers, 1989), capítulo 6; idem, “La Fachada Intelectual Para el Socialismo”.

      [43]Véase Ludwig von Mises, El Marco Histórico de la Escuela Austriaca de Economía (Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute, 1984); idem, Erinnerungen (Stuttgart: Gustav Fischer, 1978); idem, Teoría e Historia, capítulo 10; Murray N. Rothbard, Ludwig von Mises: Estudioso, Creador, Héroe (Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute, 1988); para un crítico recuento de las ideas historicistas véase también Karl Popper, La Miseria del Historicismo; para una versión antigua, representativa de la interpretación historicista de la economía ver Werner Sombart, Die drei Nationalökonomien (Munich: Duncker & Humblot, 1930); para el giro moderno, hermenéutico, Donald McCloskey, La Retórica de la Economía (Madison: University of Wisconsin Press, 1985); Ludwig Lachmann, “De Mises a Shackle: Un Ensayo Sobre la Economía Austriaca y la Sociedad Caleidoscópica,” Journal of Economic Literature (1976).

      [44]Sobre el relativismo extremo del historicismo-hermenéutico ver Hoppe “En Defensa de Racionalismo Extremo”; Murray N. Rothbard, “La Invasión Hermenéutica de la Filosofía y la Economía,” Review of Austrian Economics (1988); Henry Veatch, “La Deconstrucción en Filosofía: ¿Ha Hecho Rorty de ella el Desenlace de la Filosofía Analítica Contemporánea,” Review of Metaphysics (1985); Jonathan Barnes, “Un Tipo de Integridad,” Austrian Economics Newsletter (verano 1987); David Gordon, Hermenéutica versus Economía Austriaca (Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute, Occasional Paper Series, 1987); para una crítica brillante de la sociología contemporánea, ver St. Andreski, Ciencia Social como Brujería (New York: St. Martin Press, 1973).

      [45]En cuanto a los puntos de vista epistemológicos de predecesores tales como J. B. Say, Nassau W. Senior, J. E. Cairnes, John Stuart Mill, Carl Menger, y Friedrich von Wieser, véase Ludwig von Mises, Problemas Epistemológicos de la Economía, pp. 17-23, también Murray N. Rothbard, “Praxeología: La Metodología de la Economía Austriaca,” en Edwin Dolan, ed, Los Fundamentos de la Economía Austriaca Moderna (Kansas City: Sheed and Ward, 1976).

      [46]Además de las obras de Mises citadas al comienzo de este capítulo y de la literatura mencionada en la nota 40, véase Murray N. Rothbard, Individualismo y la Filosofía de las Ciencias Sociales (San Francisco: Cato Institute, 1979); para un espléndida crítica filosófica de la economía empiricista ver Hollis y Nell, Hombre Económico Racional; como defensas generales particularmente valiosas del racionalismo contra el empiricismo y el relativismo—sin referencia a la economía, sin embargo—ver Blanshard, Razón y Análisis; Kambartel, Erfahrung und Struktur.

      [47]Para una defensa elaborada del dualismo epistemológico ver también Apel, Transformation der Philosophie, 2 vols. y Habermas, Zur Logik der Sozialwissenschaften.

      [48]Véase sobre este tema en particular, Hoppe, “En Defensa del Raciona-lismo Extremo.”

      [49]Véase Mises, El Fundamento Último de la Ciencia Económica, p. 12.

      [50]Véase Kant, Crítica de la Razón Pura, p. 45; Mises, La Acción Humana, p. 38.

      [51]Sobre lo siguiente véase en particular Mises, La Acción Humana, capítulo 4; Murray N. Rothbard, Hombre, Economía y Estado (Los Ángeles: Nash, 1962), capítulo 1.

      [52]Sobre la ley de la utilidad marginal ver Mises, La Acción Humana, pp. 119-27 y Rothbard, Hombre, Economía y Estado, pp. 268-71.

      [53]Mises escribe: “El conocimiento es una herramienta de la acción. Su función es aconsejar al hombre sobre cómo proceder en su empeño de eliminar dificultades. … La categoría de la acción es la categoría fundamental del conocimiento humano. Implica todas las categorías de lógica y las categorías de regularidad y causalidad. Implica la categoría de tiempo y la de valor. … Al actuar, la mente del individuo se ve a sí misma como diferente de su medio ambiente, del mundo externo, y trata de estudiar el medio ambiente para influenciar el curso de acontecimientos que suceden en este.” (El Fundamento Último de la Ciencia Económica, pp. 35-36). O: “Ambos, el pensamiento y el razonamiento a priori por un lado y la acción humana por el otro, son manifestaciones de la mente. … La razón y la acción son congenéricas y homogéneas, dos aspectos del mismo fenómeno” (ibid., p. 42). Pero, él deja el asunto más o menos aquí, y concluye que “no es asunto de la praxeología investigar la relación del pensamiento y la acción” (La Acción Humana, p. 25).

      [54]Sobre el a priori de la argumentación véase también K. O. Apel, Transformation der Philosophie, vol. 2.

      [55]Sobre esta diferencia fundamental entre medios económicos, esto es, escasos, y el conocimiento, véase también Mises, La Acción Humana, pp. 128, 661.

      [56]Immanuel Kant, La Crítica de la Razón Pura, p. 25. Sea o no tal interpretación de la epistemología de Kant correcta es, por supuesto, un asunto muy diferente. Aclarar tal problema, sin embargo, aquí no es importante. Para una interpretación activista o constructivista de la filosofía kantiana véase E. Kambartel, Erfahrung und Struktur, capítulo 3; también Hoppe, Handeln und Erkennen (Bern: Lang, 1976).

      [57]Además de las obras mencionadas en la nota 46 ver Brand Blanshard, La Naturaleza del Pensamiento (Londres, Allen and Unwin, 1921); M. Cohen, Razón y Naturaleza (Nueva York, Harcourt, Brace, 1931); idem, Prefacio a la Lógica (Nueva York: Holt, 1944); A. Pap, Semántica y Verdad Necesaria (New Haven: Yale University Press, 1958); S. Kripke, “Nombramiento y Necesidad”, en D. Davidson y G. Harman, eds., Semántica del Lenguaje Natural (Nueva York: Reidel, 1972);. H. Dingler, Die Ergreifung des Wirklichen (Frankfurt/M.: Suhrkamp, 1969); idem, Aufbau der exakten Fundamentalwissenschaft (Munich: Eidos, 1964); W Kamlah y P. Lorenzen, Logische Propädeutik (Mannheim: Bibliographisches Institut, 1968), P. Lorenzen, Methodisches Denken (Frankfurt/M.: Suhrkamp, 1968); idem, Lógica Normativa y Ética (Mannheim: Bibliographisches Institut, 1969); K. O. Apel, Transformation der Philosophie.

      [58]Sobre las interpretaciones racionalistas de la lógica véase Blanshard, Razón y Análisis, capítulos 6, 10; P. Lorenzen, Einführung in die operativo Logik und Mathematik (Frankfurt/M.: Akademische Verlagsgesellschaft, 1970); K. Lorenz, Elemente der Sprachkritik (Frankfurt/M.: Suhrkamp, 1970); idem, “Die dialogische Rechtfertigung der Logik effektiven”, en: F. Kambartel y J. Mittelstrass, eds., Zum normativen Fundament der Wissenschaft (Frankfurt / M.: Athenäum, 1973).

Sobre el carácter proposicional del lenguaje y la experiencia, en particular, ver W. Kamlah y P. Lorenzen, Logische Propädeutik, capítulo 1, P. Lorenzen, Lógica Normativa y Ética, en el capítulo 1. Lorenzen escribe: “Yo llamo a un uso una convención si sé de otro uso que se pudiera aceptar en su lugar. . . . Sin embargo, yo no sé de otra conducta que pueda reemplazar el uso de frases elementales. Si yo no aceptara nombres propios y predicadores, no sabría cómo hablar para nada. . . . Cada nombre propio es una convención . . . pero utilizar nombres propios no es una convención en absoluto: es un patrón único de conducta lingüística. Por tanto, voy a llamarlo “lógico”. Lo mismo es cierto de los predicadores. Cada predicador es una convención. Esto se muestra por la existencia de más de un lenguaje natural. Pero todos los lenguajes que utilizan predicadores” ibid., p. 16). Véase también J. Mittelstrass,” Die Wiederkehr des Gleichen,” Ratio (1966).

Sobre la ley de la identidad y la contradicción, en particular, véase B. Blanshard, Razón y Análisis, pp. 276 ff, 423 ff.

Sobre una evaluación crítica de las lógicas trivalentes—o más—como formalismo simbólicos sin sentido o como lógicamente presuponiendo la comprensión de la lógica tradicional de dos valores ver W. Stegmüler, Hauptströmungen der Gegenwartsphilosophie vol. 2 (Stuttgart: Corona, 1975), pp. 182-91; B. Blanshard, Razón y Análisis, pp. 269-75. En cuanto a, por ejemplo, la lógica multivaluada o de textura abierta, propuesta por F. Waismann, Blanshard señala: “Nosotros sólo podemos estar de acuerdo con el Dr. Waismann—y con Hegel—que las distinciones blanco-y-negro de la lógica formal son muy inadecuadas para el pensamiento vivo. Pero ¿por qué uno debería decir, como Dr. Waismann dice, que adoptando una lógica más diferenciada uno está adoptando un sistema alternativo que es incompatible con la lógica de blanco-y-negro? Lo que él realmente ha hecho es reconocer una serie de gradaciones dentro del antiguo significado de la palabra ‘no’. Nosotros no dudamos que tales gradaciones están ahí, y de hecho tantas más como él quiera distinguir. Pero un refinamiento de la lógica más antigua no es abandonar la misma. Sigue siendo cierto que el color que vi ayer era un determinado tono del color amarillo o no, aunque el ‘no’ puede abarcar una multitud de aproximaciones, y aunque nunca conozca cual era la sombra que vi” (ibid., pp. 273-74).

      [59]Sobre una interpretación racionalista de la aritmética véase Blanshard, Razón y Análisis, pp. 427-31; sobre la base constructivista de la aritmética, en particular, ver Lorenzen, Einführung in die operative Logik und Mathematik; idem, Methodisches Denken, capítulos 6, 7; idem, Lógica Normativa y la Ética, capítulo 4; sobre la base constructivista del análisis clásico véase P. Lorenzen, Differential und Integral: Eine konstruktive Einführung in die klassische Analysis (Frankfurt/M.: Akademische Verlagsgesellschaft, 1965); para una crítica general brillante del formalismo matemático ver Kambartel, Erfahrung und Struktur, capítulo 6, esp. pp. 236-42; sobre la irrelevancia del famoso teorema de Gödel para una aritmética constructivamente fundada véase P. Lorenzen, Metamathematik (Mannheim: Bibliographisches Institut, 1962); también Ch. Thiel, “Das Begründungsproblem der Mathematik und die Philosophie”, en F. Kambartel y J. Mittelstrass, eds., Zum normativen Fundament der Wissenschaft, esp. pp. 99-101. La prueba de K. Gödel—que, como prueba, incidentalmente apoya en vez de socavar la pretensión racionalista de la posibilidad de un conocimiento a priori—sólo demuestra que el programa formalista del joven Hilbert no puede ser realizado con éxito, porque para demostrar la consistencia de ciertas teorías axiomáticas uno tiene que poseer una metateoría con medios incluso más fuertes que los formalizados en el objeto de la teoría misma. Curiosamente, las dificultades del programa formalista habían llevado al viejo Hilbert ya varios años antes de la prueba de Gödel de 1931 a reconocer la necesidad de reintroducir una interpretación sustantiva de las matemáticas à la Kant, lo que daría a los axiomas un fundamento y justificación que era totalmente independiente de cualquier prueba formal de consistencia. Ver Kambartel, Erfahrung und Struktur, pp. 185-87.

      [60]Ejemplos de este tipo son utilizados por Karl Popper con el fin de “refutar” la idea racionalista de reglas de aritmética como leyes de la realidad. Ver Karl Popper, Conjeturas y Refutaciones (Londres: Routledge and Kegan Paul, 1969), p 211.

      [61]Véase sobre esto también a Mises, El Fundamento Último de la Ciencia Económica, pp. 12-14.

      [62]Sobre el carácter apriorístico de la geometría euclidiana, véase Lorenzen, Methodisches Denken, capítulos 8 y 9; idem, Lógica Normativa y Ética, capítulo 5; H. Dingler, Die Grundlagen der Geometrie (Stuttgart: Enke, 1933); sobre la geometría euclidiana como una presuposición necesaria de la medición objetiva, es decir, intersubjetivamente comunicable, y en particular, de cualquiera verificación empírica de geometrías no euclidianas (después de todo, los lentes de los telescopios que se utiliza para confirman la teoría de Einstein sobre la estructura no-euclidiana del espacio físico deben ser construidos de acuerdo a los principios de Euclides) ver Karnbartel, Erfahrung und Struktur, pp. 132-33; P. Janich, Die Protophysik der Zeit (Mannheim: Bibliographisches Institut, 1969), pp 45-50; idem “Eindeutigkeit, Konsistenz und methodische Ordnung “, en F. Karnbartel y J. Mittelstrass, eds., Zum normativen Fundament der Wissenschaft.

Siguiendo el camino de Hugo Dingler, Paul Lorenzen y otros miembros de la llamada escuela de Erlangen han trabajado un sistema de protophysics, que contiene todos los presuposiciones apriorísticas de la física empírica, incluyendo, además de la geometría, también cronometría e hilometría (es decir, la mecánica clásica sin gravedad, o la mecánica “racional”). “La geometría, la cronometría y la hilometría son teorías a priori que hacen ‘posible’ las mediciones empíricas de espacio, tiempo y materia. Tienen que ser establecidas antes que la física en el sentido moderno de una ciencia empírica, con hipotéticos campos de fuerzas, pueda comenzar. Por lo tanto, me gustaría llamar a estas disciplinas con un nombre común: Protofísica.” Lorenzen, Lógica Normativa y Ética, p. 60.

      [63]Sobre la naturaleza fundamental del dualismo epistemológico ver también Mises, Teoría e Historia, pp. 1-2.

      [64]Sobre el carácter apriorístico de la categoría de causalidad ver Mises, La Acción Humana, capítulo 1; Hoppe, Kritik der kausalwissenschaftlichen Sozialforschung; idem, “¿Es Posible la Investigación Basada en Principios Científicos Causales en las Ciencias Sociales”; sobre el principio de causalidad como una presuposición necesaria en particular también del principio de indeterminación de la física cuántica y el error fundamental de la interpretación del principio de Heisenberg como invalidando el principio de causalidad ver Kambartel, Erfahrung und Struktur, pp. 138-40; también Hoppe, “En Defensa del Racionalismo Extremo,” nota 36. De hecho, es precisamente el hecho praxeológico indiscutible de que actos separados de medición sólo pueden realizarse de forma secuencial, lo que explica la posibilidad misma de predicciones irreductiblemente probabilísticas—en lugar de determinísticas—como son características en la física cuántica; y sin embargo, para realizar cualquier experimento en el campo de la mecánica cuántica, y en particular para repetir dos o más experimentos y afirmar que este es el caso, la validez del principio de causalidad tiene evidentemente que estar ya presupuesta.

      [65]Sobre la complementariedad necesaria de las categorías de causalidad y la teleología véase Mises, La Acción Humana, p. 25; idem, El Fundamento Último de la Ciencia Económica, pp. 6-8; Hoppe, Kritik der kausalwissenschaftlichen Sozialforschung; idem “¿Es Posible hacer Investigación Basada en Principios Científicos Causales en las Ciencias Sociales?”, también G. v. Wright, Norma y Acción (Londres: Routledgeand Kegan Paul, 1963); idem, Explicación y Comprensión (Ithaca, NY: Cornell University Press, 1971); K. O. Apel, Die Erklären: Verstehen Kontroverse in transzendental-pragmatischer Sicht, (Frankfurt/M.: Suhrkamp, 1979).

      [66]Más precisamente aún: está estructurado de acuerdo a las categorías de la lógica, la aritmética y la protofísica (incluyendo geometría). Véase la nota 62.

      [67]Sobre la lógica de la historia y la sociología como disciplinas reconstructivas, además de las obras de Mises que se mencionan al comienzo de este capítulo ver Hoppe, Kritik der kausalwissenschaftlichen Sozialforschung, capítulo 2.

      [68]Sobre el carácter distintivo categórico de la teoría praxeológica y la historia, y la sociología y las restricciones lógicas que la praxeología impone sobre la investigación histórica y sociológica, así como en las predicciones sociales y económicas véase Mises, La Acción Humana, pp. 51-59, 117-18; Hoppe, “En Defensa del Racionalismo Extremo.”

IV

Estableciendo el lugar propio de la praxeología, he cerrado el círculo delineando al sistema de filosofía racionalista como basado en última instancia en el axioma de la acción. Ha sido mi meta aquí reafirmar la posición de Mises de que la economía es la praxeología; de que el caso de la praxeología es indiscutible; y que las interpretaciones empiricistas o historicistas-hermeneuticista de la economía son doctrinas auto-contradictorias. Y ha sido mi objetivo indicar que la idea de Mises sobre la naturaleza de la praxeología también proporciona el fundamento mismo sobre el que filosofía racionalista tradicional puede ser reconstruida con éxito, y sistemáticamente integrada.

Para el filósofo racionalista, esto implica que debe tomar en cuenta la praxeología. Porque es precisamente la idea de las restricciones praxeológicas sobre la estructura del conocimiento lo que proporciona el eslabón perdido en su defensa intelectual contra el escepticismo y el relativismo. Para el economista en la tradición de Mises esto significa, yo afirmo, que debe explícitamente reconocer su lugar dentro de la tradición más amplia del racionalismo occidental; y que debe aprender a incorporar las ideas proporcionadas por esta tradición para construir un caso aún más impresionante y profundo para la praxeología y la economía austriaca que la hecha por el gran Mises mismo.

Lecturas Recomendadas

Block, Walter. “On Robert Nozick’s ‘On Austrian Methodology.’ ” Inquiry 23 (1980).

Hollis, Martín, y Nell Edward. Hombre Económico Racional: Una Crítica Filosófica de la Economía Neo-Clásica. Cambridge: Cambridge University Press, 1975.

Hoppe, Hans-Hermann. Kritik der kausalwissenschaftlichen Sozialforschung. Unterschungen zur Grundlegung von Soziologie und Ökonomie. Opladen: Westdeutscher Verlag, 1983.

—. “¿Es Posible la Investigación Basada en Principios Científicos Causales en las Ciencias Sociales?” Ratio 25, no. 1 (1983).

—. “En Defensa del Racionalismo Extremo.” Review of Austrian Economics 3 (1988).

—. Una Teoría de Socialismo y Capitalismo. Kluwer Academic Publishers, 1989.

—. “Sobre Praxeología y los Fundamentos Praxeológicos de la Epistemología y la Ética.” En Llewellyn H. Rockwell, Jr., ed., El Significado de Ludwig von Mises. Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute, 1989.

—. La Economía y Ética de la Propiedad Privada. Kluwer Academic Publishers, 1993.

Kirzner, Israel M. El Punto de Vista Económico. Kansas City, Kansas. Sheed y Ward, 1976.

Lavoie, Don. “De Hollis y Nell, a Hollis y Mises.” Journal of Libertarian Studies, I, n. 4 (1977).

Mises, Ludwig von. Problemas Epistemológicos de la Economía. Nueva York: New York University Press, 1981.

—. La Acción Humana: Tratado de Economía. Chicago: Henry Regnery, 1966; Primera Parte.

—. Teoría e Historia, Washington, DC: Ludwig von Mises Institute, [1969] 1985.

—. El Fundamento Último De La Ciencia Económica, de Kansas City, Kansas. Sheed Andrews y McMeel, 1978.

Rizzo, Mario. “La Praxeología y Econometría: Una Crítica a la Economía Positivista”. En Louis M. Spadaro, ed., Nuevas Direcciones de la Economía Austriaca. Kansas City, Kansas. Sheed Andrews y McMeel, 1978.

Robbins, Lionel. La Naturaleza Y Significado De La Ciencia Económica. Nueva York: New York University Press, 1984.

Rothbard, Murray N. “Praxeología: Respuesta al Sr. Schuller” American Economic Review, Diciembre de 1951.

—. “En Defensa Del Apriorismo Extremo.” Southern Economic Journal 23, no. 3 (enero 1957).

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—. “Praxeología: La Metodología De La Economía Austriaca.” En Edwin Dolan, ed., Los fundamentos de la Economía Austriaca Moderna. Kansas City, Kansas. Sheed y Ward, 1976.

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Selgin, George. “Praxeología y Entendimiento. Un Análisis De Controversia En La Economía Austriaca” Review of Austrian Economics 2 (1987).

Strigl, Richard von. Die ökonomischen Kategorien und die Organisation der Wirtschaft. Jena: Gustav Fischer, 1923.

 

 

SOBRE EL AUTOR

 Nació el 2 de septiembre de 1949, en Peine, Alemania. Asistió a la Universität des Saarlandes, Saar-brücken, el Goethe-Universität, Frankfurt/M., y la Universidad de Michigan, Ann Arbor, para estudios en filosofía, sociología, historia, y la economía. Obtuvo su Ph.D. (filosofía 1974) y su “Habilitación” (sociología y economía, 1981), ambos en la Goethe-Universität, Frankfurt/M.Hans-Hermann Hoppe es economista de la Escuela Austriaca y filósofo libertario/anarco-capitalista. Es profesor de economía en la Universidad de Nevada, Las Vegas, miembro distinguido del Ludwig von Mises Institute, fundador y presidente del Property and Freedom Society, y editor-at-large del Journal of Libertarian Studies.

El profesor Hoppe es el autor de Handeln und Erkennen (1976); Kritik der kausalwissenschaftlichen Sozialforschung (1983); Eigentum, Anarchie und Staat (1987), Teoría del Socialismo y el Capitalismo (1988), La Economía y Ética de la Propiedad Privada (1993; 2 ª ed. 2006), Democracia—El Dios Que Falló (2001), El Mito de la Defensa Nacional (2003), y numerosos artículos sobre filosofía, economía y ciencias sociales.

Economic Science and The Austrian Method

Hans-Hermann Hoppe

 

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ISBN 10 digit: 1-933550-11-2

ISBN 13 digit: 978- 1-933550-11-4

 

La Ciencia Económica y El Método Austriaco

Hans-Hermann Hoppe

 

MisesHispano.org

Traducción: Dante Bayona

[1]Los dos primeros ensayos están basados en dos lecturas dictadas en la “Conferencia de Instrucción Avanzada sobre Economía Austriaca,” en el Ludwig von Mises Institute, Junio 21-27, 1987. El tercer ensayo es una reimpresión de La Economía y Ética de la Propiedad Privada (Kluwer Academic Publishers en 1993), pp. 141-64.

[1]Ludwig von Mises, La Acción Humana (Chicago: Henry Regnery, 1966), p.32

[1]El trabajo metodológico de Mises está contenido principalmente en sus Problemas Epistemológicos de la Economía (New York: New York University Press, 1981); Teoría e Historia (Washington, DC: Ludwig von Mises Institute, 1985); El Fundamento Último de la Ciencia Económica (Kansas City, Kansas. Sheed Andrews y McMeel, 1978); La Acción Humana, Parte I.

[1]Mark Blaug, La Metodología de la Economía (Cambridge: Cambridge University Press, 1980), p. 93; para una declaración de indignación similar véase Paul Samuelson, Collected Scientific Papers, vol. 3 (Cambridge, Mass.: Harvard University Press, 1972), p 761.

[1]Otro prominente crítico de la praxeología es Terence W. Hutchison, La Significancia y los Postulados Básicos de la Teoría Económica (Londres: Macmillan, 1938). Hutchison, igual que Blaug, un partidario de la variante popperiana del empiricismo, se ha vuelto mucho menos entusiasta sobre las perspectivas de avanzar la economía sobre las líneas empiricistas (véase, por ejemplo, su Conocimiento e Ignorancia en Economía [Chicago: University of Chicago Press, 1977]; y La Política y La Filosofía de la Economía [Nueva York: New York University Press 1981]), sin embargo, él aún no ve alternativa al falsacionismo de Popper. Una posición y desarrollo muy similar a Hutchison se encuentra en H. Albert (véase su temprana Marktsoziologie und Entscheidungslogik (Neuwied: 1967). Para una crítica a la posición empiricista, véase Hans-Hermann Hoppe, Kritik der kausalwissenschaftlichen Sozialforschung. Unterschungen zur Grundlegung von Soziologie und Ökonomie (Opladen: 1983), “¿Es Posible la Investigación Basada en Principios Científicos Causales  en las Ciencias Sociales?” Ratio 25, no. 1 (1983); “En Defensa del Racionalismo Extremo,” Review of Austrian Economics 3 (1988); “Sobre la Praxeología y los Fundamentos Praxeológicos de la Epistemología y la Ética,” en El Significado de Ludwig von Mises, editado por Llewellyn H. Rockwell, Jr., (Auburn, Ala.: Ludwig von Mises Institute, 1989).

[1]Jean-Baptiste Say, Tratado de Economía Política (New York: Augustus Kelley, [1880] 1964, p. xx, xxvi.

[1]Nassau Senior, Un Esbozo de la Ciencia de la Economía Política (New York: Augustus Kelley, [1836] 1965), pp. 2-3,5.

[1]John E. Cairnes, El Carácter y el Método lógico de la Economía Política (Nueva York: Augustus Kelley, 1965), p. 83,87,89 -90,95-96.

[1]Véase Carl Menger, Untersuchungen über die der Methoden Sozialwissenschaften (Leipzig: 1883); Idem, Die Irrtümer des Historismus in der Deutschen Nationalökonomie (Viena: 1884); Eugen von Böhm-Bawerk, Schriften, F. X. Weiss, ed. (Viena 1924); Friedrich von Wieser, Theorie der Wirtschaft gesellschaftlichen (Tübingen: 1914); idem, Gesammelte Abhandlungen (Tübingen: 1929). Para una evaluación de Mises a sus predecesores, ver sus Problemas Epistemológicos de la Economía, pp. 17-22. El término “a priori” en relación con los teoremas económicos también es utilizado por Frank H. Knight; sus escritos metodológicos, sin embargo, carecen de rigor sistemático. Véase su “¿Qué Es Verdad en Economía”, en Sobre la Historia y el Método de la Economía, de Knight (Chicago: University of Chicago Press, 1956); y  “Las Limitaciones del Método Científico en Economía”, en La Ética de la Competencia, de Knight (Chicago: University of Chicago Press, 1935).

[1]Richard von Strigl, Die ökonomischen Kategorien und die Organisation der Wirtschaft (Jena: 1923).

[1]Vale la pena mencionar que la posición metodológica de Robbins, al igual que la de Friedrich A. Hayek, se hizo cada vez menos misesiana con el tiempo debido principalmente a la influencia de Karl R. Popper, su colega en el London School of Economics. Véase de Lionel Robbins, Una Autobiografía de un Economista (London: Macmillan, 1976); el desacuerdo de Hayek con la praxeología de Mises ha sido recientemente reafirmada en su “Einleitung” en Erinnerungen de Ludwig von Mises (Stuttgart: 1978). El veredicto completamente negativo de Mises a Popper puede encontrarse en su El Fundamento Último de la Ciencia Económica, p. 70. En apoyo a este veredicto véase también Hans H. Hoppe Kritik der kausalwissenschaftlichen Sozialforschung (Opladen: Westdeutscher Verlag, 1983), pp. 48-49.

[1]Una brillante interpretación y justificación de la epistemología apriorística de Kant se encuentra en F. Kambartel, Erfahrungund Struktur. Bausteine zu einer Kritik des Empirismus und Formalismus (Frankfurt/M.: 1968), especialmente el capítulo 3, véase también Hans-Hermann Hoppe, Handeln und Erkennen (Bern: 1976).

[1]Immanuel Kant, La Crítica de la Razón Pura, en Kant, Werke, vol. 2, W. Weischedel, ed. (Wiesbaden: 1956), p. 23.

[1]Véase en particular el trabajo de F. Kambartel citado en la nota 12; instructiva también es la interpretación de Kant dada por el biólogo-etólogo D. Lorenz, Vom Weltbild des Verhaltensforschers (Munich: 1964); Idem, Die Spiegel des Rückseite, Versuch einer Naturgeschite menschlichen Erkennens (Munich: 1973). Entre algunos seguidores del Austrianismo, la interpretación de Kant por Ayn Rand (véase, por ejemplo, su Introducción a la Epistemología Objetivista (Nueva York: New American Library, 1979); o Para el Nuevo Intelectual (Nueva York: Random House, 1961) goza de gran popularidad. Su interpretación, repleta de acusaciones denunciatorias, sin embargo, se caracteriza por una ausencia completa de documentación interpretativa alguna. Véase, respecto a la ignorancia arrogante de Rand sobre Kant, B. Goldberg, “‘Para el Nuevo Intelectual’ de Ayn Rand,” New Individualist Review 1, n. 3 (1961).

[1]Véase Kant, La Crítica de la Razón Pura, p. 25. Sea o no tal interpretación de la epistemología de Kant correcta es, por supuesto, un asunto muy diferente. Aclarar tal problema, sin embargo, aquí no es importante. Para una interpretación activista o constructivista de la filosofía kantiana véase E. Kambartel, Erfahrung und Struktur, capítulo 3; también Hoppe, Handeln und Erkennen (Bern: Lang, 1976).

[1]Para interpretaciones kantianas de las matemáticas véase H. Dingler, Philosophie der Logik und Mathematik (Munich: 1931); Paul Lorenzen, Einführungin in die operative Logik und Mathematik (Frankfurt/M.: 1970); Ludwig Wittgenstein, Observaciones sobre los Fundamentos de las Matemáticas (Cambridge, Mass.: MIT Press, 1978); también Kambartel, Erfahrung und Struktur, pp. 118-22; para una interpretación inusualmente cuidadosa y cautelosa del kantismo desde el punto de vista de la física moderna, ver P. Mittelstaedt, Philosophische Probleme der modernen Physik (Nannheim: 1967).

[1]Para algunas consideraciones más profundas sobre estos asuntos, véase Hoppe “En defensa de Racionalismo Extremo.”

[1]Sobre esto y lo siguiente ver Mises, La Acción Humana, capítulos IV y V.

[1]Véase también Hoppe, Kritik der kausalwissenschaftlichen Sozialforschung, capítulo 3.

[1]Para varias cuentas representativas del empiricismo—unidas en su oposición a cualquier forma de apriorismo—véase R. Carnap, Der Logische Aufbau der Welt (Hamburg: 1966); idem, Testability and Meaning (New Haven, Connecticut: Yale University Press, 1950); Alfred J. Ayer, Lógica, Verdad y Lenguaje (New York: Dover, 1952), Karl R. Popper, La lógica del Descubrimiento Científico (New York: Harper and Row, 1959); idem, Conjeturas y refutaciones (Londres: Routledge and Kegan Paul, 1969); C. G. Hempel, Aspectos de la Explicación Científica (Nueva York: Free Press, 1970); para cuentas que también prestan cierta atención a la economía, ver en particular, Ernest Nagel, La Estructura de la Ciencia (New York, Harcourt, Brace and World, 1961); Felix Kaufmann, Metodología de las Ciencias Sociales (Atlantic Highlands, New Jersey, Humanities Press, 1944).

[1]Sobre las implicancias relativistas y—a nivel de política—las implicancias intervencionistas del empiricismo, véase Hans-Hermann Hoppe, “La Fachada Intelectual Para el Socialismo,” The Free Market (febrero, 1988).

[1]Para el énfasis en predicción de los empiricistas-positivistas, ver en particular Milton Friedman, “La Metodología de la Economía Positiva,” en Ensayos sobre Economía Positiva, de Friedman (Chicago: University of Chicago Press, 1953).

[1]Sobre las críticas racionalistas al empiricismo, ver Kambartel, Erfahrung und Struktur; Brand Blanshard, Razón y Análisis (LaSalle, Illinois, Open Court, 1964); A. Pap, Semántica y Verdad Necesaria (New Haven, Connecticut: Yale University Press, 1958); Martin Hollis y Edward Nell, El Hombre Económico Racional (Cambridge: Cambridge University Press, 1975).

[1]Mises escribe en El Fundamento Último de la Ciencia Económica:

La esencia del positivismo lógico es negar el valor cognitivo del conocimiento a priori señalando que todas las proposiciones a priori son meramente analíticas. Ellas no proporcionan información nueva, sino que son simplemente verbales o tautológicas, afirmando lo que ya estaba implicado en las definiciones y premisas. Sólo la experiencia puede producir proposiciones sintéticas. Hay una objeción obvia contra de esta doctrina, a saber, que esta proposición que no hay proposiciones sintéticas a priori es en sí misma una—según este escritor piensa, falsa—proposición sintética a priori, ya que no puede ser establecida, con claridad y evidencia, por la experiencia . (p. 5)

 

[1]Al respecto véase, además de las obras citadas en la nota 23, en particular H. Dingler, Die Ergreifung des Wirklichen (Munich: 1955); idem, Aufbau der exakten Fundamentalwissenschaft (Munich: 1964); Paul Lorenzen, Methodisches Denken (Frankfurt/M.: 1968); F. Kambartel y J. Mittelstrass, eds., Zum normativen Fundament der Wissenschaft (Frankfurt/M.: 1973); También mi “En Defensa de Racionalismo Extremo.”

[1]Además de la bibliografía citada en la nota 20 véase, por ejemplo, productos empiricistas típicos como Arthur Goldberger y Otis D. Duncan, editores, Modelos de Ecuaciones Estructurales en las Ciencias Sociales (San Diego, California: Academic Press, 1973);. H. B. Blalock, ed, Inferencias Causales en Investigación No Experimentales (Chapel Hill: University of North Carolina Press, 1964); Arthur L. Stinchcombe, Construyendo Teorías Social (Nueva York, Harcourt, Brace & World, 1968).

[1]Sobre esto y lo siguiente, véase Hoppe, Kritik der kausalwissenschaftlichen Sozialforschung, capítulo 2, y “¿Es Posible Hacer Investigación Basada en Principios Científicos Causales en las Ciencias Sociales? “

[1]Curiosamente, este argumento fue primero expuesto por Karl R. Popper en el prefacio de su libro La Pobreza del Historicismo (London: Routledge & Kegan Paul, 1957). Sin embargo, Popper falló por completo en darse cuenta de que tal argumento, en realidad invalida su propia idea de un monismo metodológico (Einheitswissenschaft) y demuestra la inaplica-bilidad de su falsacionismo en el campo de la acción humana y el conocimiento. Véase sobre esto mi Kritik der kausalwissenschaftlichen Sozialforschung, pp. 44-49; K. O. Apel, Die Erklären: Verstchen Kontroverse in transzendental-pragmatischer Sicht (Frankfurt/M.: 1979), pp. 44-46, nota 19.

[1]Mises, La Acción Humana, pp. 55-56.

[1]Sobre la lógica de la historia, véase Mises, Teoría e Historia, capítulo 14; El Fundamento Último de la Ciencia Económica, pp. 45-51; La Acción Humana, pp. 47-51, 59-64.

[1]Mises, La Acción Humana, pp. 57-58.

[1]Sobre la lógica de la reconstrucción y verificación histórica y sociológica, véase también Hoppe, Kritik der kausalwissenschaftlichen Sozialforschung, pp. 33-38.

[1]Sobre la lógica de la explicación y la verificación psicoanalítica, véase A. MacIntyre, El Inconsciente (Londres: Duckworth, 1958); Jürgen Habermas, Erkenntnis und interesse (Frankfurt/M.: 1968), capítulo 2, sobre la relevancia del psicoanálisis también Mises, La Acción Humana, p. 12.

[1]Sobre la lógica de las explicaciones lingüísticas como envolviendo la reconstrucción de las reglas que requieren confirmación a través del “conocimiento intuitivo” de “hablantes competentes,” ver Noam Chomsky, Aspectos de la Teoría de la Sintaxis (Cambridge: MIT Press, 1965); también K. O. Apel, “Noam Chomsky Sprachtheorie und die Philosophie der Gegenwart” de Apel, Transformation der Philosophie, vol. 2 (Frankfurt/M.: 1973).

[1]Para críticas importantes de la filosofía empiricista-positivista de las ciencias sociales empíricas, y explicaciones de la investigación social como basada en comprensión reconstructiva, véase también K. O. Apel, Transformation der Philosophie; idem, Die Erklären: Verstehen Kontroverse in transzendental-pragmatischer Sicht; Peter Winch, La Idea de una Ciencia Social y Su relación con la Filosofía (Atlantic Highlands, New Jersey, Humanities Press, 1970); idem, Ética y Acción (Londres: Routledge and Kegan Paul, 1972), Jürgen Habermas, Zur Logik der Sozialwissenschaften (Frankfurt/M.: 1970); G. H. von Wright, Explicación y Comprensión (Ithaca, NY: Cornell University Press, 1971).

[1]Sobre la relación entre la teoría y la historia, ver en particular, Mises, La Acción Humana, pp. 51-59; y Problemas Epistemológicos de la Economía, capítulos 2-3.

[1]El ex-austriaco y neo-historicista-hermeneuticista-nihilista Ludwig Lachmann, que repite ad nauseam la imprevisibilidad de los estados futuros de conocimiento—ver su “De Mises a Shackle: Un Ensayo sobre Economía Austriaca y la Sociedad Caleidoscópica,” Journal of Economic Literature 54 (1976); El Mercado Como un Proceso Económico (New York: Basil Blackwell, 1986)—completamente pierde de vista este último punto. De hecho, sus argumentos simplemente se auto-destruyen. Porque evidentemente él afirma saber con certeza la ‘desconocibilidad’ del conocimiento futuro y, por extensión lógica, de las acciones. Pero, entonces él sí sabe algo sobre el conocimiento futuro y la acción futura. Él tiene que saber algo sobre el conocimiento y la acción como tales. Y esto es, precisamente, lo que la praxeología dice ser: conocimiento respecto a las acciones como tales, y (como he explicado en mi “Sobre Praxeología y los Fundamentos Praxeológicos de la Epistemología y la Ética”, pág. 49 abajo) conocimiento sobre la estructura que todo conocimiento futuro tiene que tener en virtud del hecho de que invariablemente debe ser el conocimiento de actores.

[1]Sobre la lógica de la predicción social y económica, véase también Hoppe “En defensa de Racionalismo Extremo,” Review of Austrian Economics 3 (1988), secciones 3, 4.

[1]Véase también Murray N. Rothbard, Poder y Mercado (Kansas City, Kansas. Sheed Andrews y McMeel, 1977), pp. 256-58, sobre la función diferente de la teorización económica en un entorno de libre mercado versus un entorno obstaculizado por la intervención del gobierno.

[1]Véase sobre lo siguiente también mi Kritik der kausalwissenschaftlichen Sozialforschung. Untersuchungen zur Grundlegung von Soziologic und Ökonomie; idem, “¿Es Posible la Investigación Basada en Principios Científicos Causales en las Ciencias Sociales?,” (capítulo 7); idem, “En Defensa del Racionalismo Extremo,”  Review of Austrian Economics 3 (1988).

[1]Sobre el Círculo de Viena ver V. Kraft, Der Wiener Kreis (Vienna: Springer, 1968); para interpretaciones empiricistas-positivistas de la economía ver las obras representativas de Terence Hutchison W, La Significancia y los Postulados Básicos de la Teoría Económica [Hutchison, un partidario de la variante popperiana del empiricismo, se ha vuelto mucho menos entusiasta sobre las perspectivas de una economía popperianizada—véase, por ejemplo, su Conocimiento e Ignorancia en Economía—sin embargo, aún no encuentra alternativa al falsacionismo de Popper]; Milton Friedman, “La metodología de Economía Positiva,” en idem, Ensayos Sobre Economía Positiva; Mark Blaug, La Metodología de la Economía; una versión positivista de uno de los participantes del Privat Seminar de Mises en Viena es la de E. Kaufmann, Metodología de las Ciencias Sociales; el dominio del empiricismo en la economía está documentado por el hecho de que probablemente no hay un solo libro texto, que no clasifique de forma explícita a la economía como—¿qué más?—una ciencia empírica (a posteriori).

[1]Sobre las consecuencias relativistas del empiricismo-positivismo véase también Hoppe, Una Teoría del Socialismo y el Capitalismo (Boston: Kluwer Academic Publishers, 1989), capítulo 6; idem, “La Fachada Intelectual Para el Socialismo”.

[1]Véase Ludwig von Mises, El Marco Histórico de la Escuela Austriaca de Economía (Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute, 1984); idem, Erinnerungen (Stuttgart: Gustav Fischer, 1978); idem, Teoría e Historia, capítulo 10; Murray N. Rothbard, Ludwig von Mises: Estudioso, Creador, Héroe (Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute, 1988); para un crítico recuento de las ideas historicistas véase también Karl Popper, La Miseria del Historicismo; para una versión antigua, representativa de la interpretación historicista de la economía ver Werner Sombart, Die drei Nationalökonomien (Munich: Duncker & Humblot, 1930); para el giro moderno, hermenéutico, Donald McCloskey, La Retórica de la Economía (Madison: University of Wisconsin Press, 1985); Ludwig Lachmann, “De Mises a Shackle: Un Ensayo Sobre la Economía Austriaca y la Sociedad Caleidoscópica,” Journal of Economic Literature (1976).

[1]Sobre el relativismo extremo del historicismo-hermenéutico ver Hoppe “En Defensa de Racionalismo Extremo”; Murray N. Rothbard, “La Invasión Hermenéutica de la Filosofía y la Economía,” Review of Austrian Economics (1988); Henry Veatch, “La Deconstrucción en Filosofía: ¿Ha Hecho Rorty de ella el Desenlace de la Filosofía Analítica Contemporánea,” Review of Metaphysics (1985); Jonathan Barnes, “Un Tipo de Integridad,” Austrian Economics Newsletter (verano 1987); David Gordon, Hermenéutica versus Economía Austriaca (Auburn, Alabama: Ludwig von Mises Institute, Occasional Paper Series, 1987); para una crítica brillante de la sociología contemporánea, ver St. Andreski, Ciencia Social como Brujería (New York: St. Martin Press, 1973).

[1]En cuanto a los puntos de vista epistemológicos de predecesores tales como J. B. Say, Nassau W. Senior, J. E. Cairnes, John Stuart Mill, Carl Menger, y Friedrich von Wieser, véase Ludwig von Mises, Problemas Epistemológicos de la Economía, pp. 17-23, también Murray N. Rothbard, “Praxeología: La Metodología de la Economía Austriaca,” en Edwin Dolan, ed, Los Fundamentos de la Economía Austriaca Moderna (Kansas City: Sheed and Ward, 1976).

[1]Además de las obras de Mises citadas al comienzo de este capítulo y de la literatura mencionada en la nota 40, véase Murray N. Rothbard, Individualismo y la Filosofía de las Ciencias Sociales (San Francisco: Cato Institute, 1979); para un espléndida crítica filosófica de la economía empiricista ver Hollis y Nell, Hombre Económico Racional; como defensas generales particularmente valiosas del racionalismo contra el empiricismo y el relativismo—sin referencia a la economía, sin embargo—ver Blanshard, Razón y Análisis; Kambartel, Erfahrung und Struktur.

[1]Para una defensa elaborada del dualismo epistemológico ver también Apel, Transformation der Philosophie, 2 vols. y Habermas, Zur Logik der Sozialwissenschaften.

[1]Véase sobre este tema en particular, Hoppe, “En Defensa del Raciona-lismo Extremo.”

[1]Véase Mises, El Fundamento Último de la Ciencia Económica, p. 12.

[1]Véase Kant, Crítica de la Razón Pura, p. 45; Mises, La Acción Humana, p. 38.

[1]Sobre lo siguiente véase en particular Mises, La Acción Humana, capítulo 4; Murray N. Rothbard, Hombre, Economía y Estado (Los Ángeles: Nash, 1962), capítulo 1.

[1]Sobre la ley de la utilidad marginal ver Mises, La Acción Humana, pp. 119-27 y Rothbard, Hombre, Economía y Estado, pp. 268-71.

[1]Mises escribe: “El conocimiento es una herramienta de la acción. Su función es aconsejar al hombre sobre cómo proceder en su empeño de eliminar dificultades. … La categoría de la acción es la categoría fundamental del conocimiento humano. Implica todas las categorías de lógica y las categorías de regularidad y causalidad. Implica la categoría de tiempo y la de valor. … Al actuar, la mente del individuo se ve a sí misma como diferente de su medio ambiente, del mundo externo, y trata de estudiar el medio ambiente para influenciar el curso de acontecimientos que suceden en este.” (El Fundamento Último de la Ciencia Económica, pp. 35-36). O: “Ambos, el pensamiento y el razonamiento a priori por un lado y la acción humana por el otro, son manifestaciones de la mente. … La razón y la acción son congenéricas y homogéneas, dos aspectos del mismo fenómeno” (ibid., p. 42). Pero, él deja el asunto más o menos aquí, y concluye que “no es asunto de la praxeología investigar la relación del pensamiento y la acción” (La Acción Humana, p. 25).

[1]Sobre el a priori de la argumentación véase también K. O. Apel, Transformation der Philosophie, vol. 2.

[1]Sobre esta diferencia fundamental entre medios económicos, esto es, escasos, y el conocimiento, véase también Mises, La Acción Humana, pp. 128, 661.

[1]Immanuel Kant, La Crítica de la Razón Pura, p. 25. Sea o no tal interpretación de la epistemología de Kant correcta es, por supuesto, un asunto muy diferente. Aclarar tal problema, sin embargo, aquí no es importante. Para una interpretación activista o constructivista de la filosofía kantiana véase E. Kambartel, Erfahrung und Struktur, capítulo 3; también Hoppe, Handeln und Erkennen (Bern: Lang, 1976).

[1]Además de las obras mencionadas en la nota 46 ver Brand Blanshard, La Naturaleza del Pensamiento (Londres, Allen and Unwin, 1921); M. Cohen, Razón y Naturaleza (Nueva York, Harcourt, Brace, 1931); idem, Prefacio a la Lógica (Nueva York: Holt, 1944); A. Pap, Semántica y Verdad Necesaria (New Haven: Yale University Press, 1958); S. Kripke, “Nombramiento y Necesidad”, en D. Davidson y G. Harman, eds., Semántica del Lenguaje Natural (Nueva York: Reidel, 1972);. H. Dingler, Die Ergreifung des Wirklichen (Frankfurt/M.: Suhrkamp, 1969); idem, Aufbau der exakten Fundamentalwissenschaft (Munich: Eidos, 1964); W Kamlah y P. Lorenzen, Logische Propädeutik (Mannheim: Bibliographisches Institut, 1968), P. Lorenzen, Methodisches Denken (Frankfurt/M.: Suhrkamp, 1968); idem, Lógica Normativa y Ética (Mannheim: Bibliographisches Institut, 1969); K. O. Apel, Transformation der Philosophie.

[1]Sobre las interpretaciones racionalistas de la lógica véase Blanshard, Razón y Análisis, capítulos 6, 10; P. Lorenzen, Einführung in die operativo Logik und Mathematik (Frankfurt/M.: Akademische Verlagsgesellschaft, 1970); K. Lorenz, Elemente der Sprachkritik (Frankfurt/M.: Suhrkamp, 1970); idem, “Die dialogische Rechtfertigung der Logik effektiven”, en: F. Kambartel y J. Mittelstrass, eds., Zum normativen Fundament der Wissenschaft (Frankfurt / M.: Athenäum, 1973).

Sobre el carácter proposicional del lenguaje y la experiencia, en particular, ver W. Kamlah y P. Lorenzen, Logische Propädeutik, capítulo 1, P. Lorenzen, Lógica Normativa y Ética, en el capítulo 1. Lorenzen escribe: “Yo llamo a un uso una convención si sé de otro uso que se pudiera aceptar en su lugar. . . . Sin embargo, yo no sé de otra conducta que pueda reemplazar el uso de frases elementales. Si yo no aceptara nombres propios y predicadores, no sabría cómo hablar para nada. . . . Cada nombre propio es una convención . . . pero utilizar nombres propios no es una convención en absoluto: es un patrón único de conducta lingüística. Por tanto, voy a llamarlo “lógico”. Lo mismo es cierto de los predicadores. Cada predicador es una convención. Esto se muestra por la existencia de más de un lenguaje natural. Pero todos los lenguajes que utilizan predicadores” ibid., p. 16). Véase también J. Mittelstrass,” Die Wiederkehr des Gleichen,” Ratio (1966).

Sobre la ley de la identidad y la contradicción, en particular, véase B. Blanshard, Razón y Análisis, pp. 276 ff, 423 ff.

Sobre una evaluación crítica de las lógicas trivalentes—o más—como formalismo simbólicos sin sentido o como lógicamente presuponiendo la comprensión de la lógica tradicional de dos valores ver W. Stegmüler, Hauptströmungen der Gegenwartsphilosophie vol. 2 (Stuttgart: Corona, 1975), pp. 182-91; B. Blanshard, Razón y Análisis, pp. 269-75. En cuanto a, por ejemplo, la lógica multivaluada o de textura abierta, propuesta por F. Waismann, Blanshard señala: “Nosotros sólo podemos estar de acuerdo con el Dr. Waismann—y con Hegel—que las distinciones blanco-y-negro de la lógica formal son muy inadecuadas para el pensamiento vivo. Pero ¿por qué uno debería decir, como Dr. Waismann dice, que adoptando una lógica más diferenciada uno está adoptando un sistema alternativo que es incompatible con la lógica de blanco-y-negro? Lo que él realmente ha hecho es reconocer una serie de gradaciones dentro del antiguo significado de la palabra ‘no’. Nosotros no dudamos que tales gradaciones están ahí, y de hecho tantas más como él quiera distinguir. Pero un refinamiento de la lógica más antigua no es abandonar la misma. Sigue siendo cierto que el color que vi ayer era un determinado tono del color amarillo o no, aunque el ‘no’ puede abarcar una multitud de aproximaciones, y aunque nunca conozca cual era la sombra que vi” (ibid., pp. 273-74).

[1]Sobre una interpretación racionalista de la aritmética véase Blanshard, Razón y Análisis, pp. 427-31; sobre la base constructivista de la aritmética, en particular, ver Lorenzen, Einführung in die operative Logik und Mathematik; idem, Methodisches Denken, capítulos 6, 7; idem, Lógica Normativa y la Ética, capítulo 4; sobre la base constructivista del análisis clásico véase P. Lorenzen, Differential und Integral: Eine konstruktive Einführung in die klassische Analysis (Frankfurt/M.: Akademische Verlagsgesellschaft, 1965); para una crítica general brillante del formalismo matemático ver Kambartel, Erfahrung und Struktur, capítulo 6, esp. pp. 236-42; sobre la irrelevancia del famoso teorema de Gödel para una aritmética constructivamente fundada véase P. Lorenzen, Metamathematik (Mannheim: Bibliographisches Institut, 1962); también Ch. Thiel, “Das Begründungsproblem der Mathematik und die Philosophie”, en F. Kambartel y J. Mittelstrass, eds., Zum normativen Fundament der Wissenschaft, esp. pp. 99-101. La prueba de K. Gödel—que, como prueba, incidentalmente apoya en vez de socavar la pretensión racionalista de la posibilidad de un conocimiento a priori—sólo demuestra que el programa formalista del joven Hilbert no puede ser realizado con éxito, porque para demostrar la consistencia de ciertas teorías axiomáticas uno tiene que poseer una metateoría con medios incluso más fuertes que los formalizados en el objeto de la teoría misma. Curiosamente, las dificultades del programa formalista habían llevado al viejo Hilbert ya varios años antes de la prueba de Gödel de 1931 a reconocer la necesidad de reintroducir una interpretación sustantiva de las matemáticas à la Kant, lo que daría a los axiomas un fundamento y justificación que era totalmente independiente de cualquier prueba formal de consistencia. Ver Kambartel, Erfahrung und Struktur, pp. 185-87.

[1]Ejemplos de este tipo son utilizados por Karl Popper con el fin de “refutar” la idea racionalista de reglas de aritmética como leyes de la realidad. Ver Karl Popper, Conjeturas y Refutaciones (Londres: Routledge and Kegan Paul, 1969), p 211.

[1]Véase sobre esto también a Mises, El Fundamento Último de la Ciencia Económica, pp. 12-14.

[1]Sobre el carácter apriorístico de la geometría euclidiana, véase Lorenzen, Methodisches Denken, capítulos 8 y 9; idem, Lógica Normativa y Ética, capítulo 5; H. Dingler, Die Grundlagen der Geometrie (Stuttgart: Enke, 1933); sobre la geometría euclidiana como una presuposición necesaria de la medición objetiva, es decir, intersubjetivamente comunicable, y en particular, de cualquiera verificación empírica de geometrías no euclidianas (después de todo, los lentes de los telescopios que se utiliza para confirman la teoría de Einstein sobre la estructura no-euclidiana del espacio físico deben ser construidos de acuerdo a los principios de Euclides) ver Karnbartel, Erfahrung und Struktur, pp. 132-33; P. Janich, Die Protophysik der Zeit (Mannheim: Bibliographisches Institut, 1969), pp 45-50; idem “Eindeutigkeit, Konsistenz und methodische Ordnung “, en F. Karnbartel y J. Mittelstrass, eds., Zum normativen Fundament der Wissenschaft.

Siguiendo el camino de Hugo Dingler, Paul Lorenzen y otros miembros de la llamada escuela de Erlangen han trabajado un sistema de protophysics, que contiene todos los presuposiciones apriorísticas de la física empírica, incluyendo, además de la geometría, también cronometría e hilometría (es decir, la mecánica clásica sin gravedad, o la mecánica “racional”). “La geometría, la cronometría y la hilometría son teorías a priori que hacen ‘posible’ las mediciones empíricas de espacio, tiempo y materia. Tienen que ser establecidas antes que la física en el sentido moderno de una ciencia empírica, con hipotéticos campos de fuerzas, pueda comenzar. Por lo tanto, me gustaría llamar a estas disciplinas con un nombre común: Protofísica.” Lorenzen, Lógica Normativa y Ética, p. 60.

[1]Sobre la naturaleza fundamental del dualismo epistemológico ver también Mises, Teoría e Historia, pp. 1-2.

[1]Sobre el carácter apriorístico de la categoría de causalidad ver Mises, La Acción Humana, capítulo 1; Hoppe, Kritik der kausalwissenschaftlichen Sozialforschung; idem, “¿Es Posible la Investigación Basada en Principios Científicos Causales en las Ciencias Sociales”; sobre el principio de causalidad como una presuposición necesaria en particular también del principio de indeterminación de la física cuántica y el error fundamental de la interpretación del principio de Heisenberg como invalidando el principio de causalidad ver Kambartel, Erfahrung und Struktur, pp. 138-40; también Hoppe, “En Defensa del Racionalismo Extremo,” nota 36. De hecho, es precisamente el hecho praxeológico indiscutible de que actos separados de medición sólo pueden realizarse de forma secuencial, lo que explica la posibilidad misma de predicciones irreductiblemente probabilísticas—en lugar de determinísticas—como son características en la física cuántica; y sin embargo, para realizar cualquier experimento en el campo de la mecánica cuántica, y en particular para repetir dos o más experimentos y afirmar que este es el caso, la validez del principio de causalidad tiene evidentemente que estar ya presupuesta.

[1]Sobre la complementariedad necesaria de las categorías de causalidad y la teleología véase Mises, La Acción Humana, p. 25; idem, El Fundamento Último de la Ciencia Económica, pp. 6-8; Hoppe, Kritik der kausalwissenschaftlichen Sozialforschung; idem “¿Es Posible hacer Investigación Basada en Principios Científicos Causales en las Ciencias Sociales?”, también G. v. Wright, Norma y Acción (Londres: Routledgeand Kegan Paul, 1963); idem, Explicación y Comprensión (Ithaca, NY: Cornell University Press, 1971); K. O. Apel, Die Erklären: Verstehen Kontroverse in transzendental-pragmatischer Sicht, (Frankfurt/M.: Suhrkamp, 1979).

[1]Más precisamente aún: está estructurado de acuerdo a las categorías de la lógica, la aritmética y la protofísica (incluyendo geometría). Véase la nota 62.

[1]Sobre la lógica de la historia y la sociología como disciplinas reconstructivas, además de las obras de Mises que se mencionan al comienzo de este capítulo ver Hoppe, Kritik der kausalwissenschaftlichen Sozialforschung, capítulo 2.

[1]Sobre el carácter distintivo categórico de la teoría praxeológica y la historia, y la sociología y las restricciones lógicas que la praxeología impone sobre la investigación histórica y sociológica, así como en las predicciones sociales y económicas véase Mises, La Acción Humana, pp. 51-59, 117-18; Hoppe, “En Defensa del Racionalismo Extremo.”

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Money, Banking, and the Federal Reserve

Publicado por Market Oracle TV

Thomas Jefferson y Andrew Jackson comprendieron la magnitud del “El Monstruo”. Pero para la mayoría de los estadounidenses de hoy, “la Reserva Federal” es sólo un nombre en el billete de un dólar. No tienen idea de lo que el banco central hace a la economía o a sus propias vidas económicas, de cómo y por qué se fundó y opera, o de la moneda sana y la banca que podría poner fin al estatismo, la inflación y los ciclos económicos que la Fed genera.

Dedicado a Murray N. Rothbard, inmerso en la historia estadounidense y la economía austriaca, y con Ron Paul, Joseph Salerno, Hans Hoppe, y Lew Rockwell, este extraordinario documental es el más claro, la explicación más convincente jamás ofrecido de la Fed, y por qué frenar debe ser nuestra primera prioridad.

Alan Greenspan no fue, se nos dice, feliz por este éxito de taquilla de 1996. Pon cuidado, y vas a entender por qué. Esta película enseña economía y también historia y está destinada a ser: fascinante, informativa y motivadora. Esta película podría cambiar a los Estados Unidos.

Mira este informativo vídeo de 41 minutos:

Money, Banking, and the Federal Reserve

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Protegiendo a los falsificadores licenciados

Publicado por Mises Hispano
Protegiendo a los falsificadores licenciados

Gary North • Octubre 8, 2012

[Extraído de Honest Money (1986)]

No harás injusticia en el juicio; no favorecerás al pobre ni complacerás al rico, sino que con justicia juzgarás a tu prójimo (Levítico 19:15).

Se ha descubierto a tres falsificadores. El primero es un hombre de clase media con una impresora offset barata. Ha impreso 500 billetes de 20$ y los ha puesto en circulación.

El segundo es un funcionario del gobierno de EEUU. Trabaja para la Ofician de Grabado e Impresión. Ha impreso hasta un millón de billetes de 20$ y el gobierno los ha puesto en circulación.

El tercero es el presidente del consejo de un banco de Nueva York con miles de millones de dólares. Su banco ha prestado mil millones de dinero de banca de reserva fraccionaria a la empresa petrolífera pública de México, Pemex. El precio del petróleo se ha desplomado, así que Pemex no puede pagar sus facturas.

¿Qué pasó con los tres falsificadores? Al primero se le condenó por falsificación y fue a la cárcel. El segundo hombre trabajó hasta los 65 años y recibió una pensión.

¿Pero qué pasó con el tercer hombre, el presidente? Aquí es donde la cosa se puede poner interesante. El tercer hombre va al banco central de la nación, el Sistema de la Reserva Federal, que a su vez llama al gobierno mexicano, que inmediatamente imprime un bono mexicano por 25 millones de dólares, que luego compra el Sistema de la Reserva Federal, con dinero electrónico creado de la nada. El bono mexicano se convierte así en parte de la “reserva legal” que supuestamente sustenta el sistema monetario de EEUU. (Esto se hizo legal en la infame Ley de Control Monetario de 1980, contra la cual solo votaron 13 congresistas).

El gobierno mexicano envía el dinero a Pemex, que luego remite 25 millones de dólares para pagar su cuota trimestral de intereses al banco de Nueva York. Pemex paga al banco una tasa por “refinanciar” el préstamo. Dentro de tres meses habrá que pagar otros 25 millones. El presidente del banco de Nueva York obtiene aplausos del consejo de dirección del banco y tal vez incluso un bonus por su brillante aplazamiento de la crisis del banco durante otros tres meses.

Los 25 millones se multiplican luego a través del sistema de banca de reserva fraccionaria de EEUU, creando millones de nuevos dólares comerciales en una miniola de inflación.

Este escenario podría realmente producirse, dado el derecho de Estados Unidos. ¿Es justo este sistema? ¿Diríamos que la ley no respeta ni al hombre poderoso ni al pobre?

El Sistema de la Reserva Federal

A finales de noviembre de 1910 (probablemente el 22 de noviembre), un vagón privado que transportaba algunos de los principales banqueros de la nación y a un senador de EEUU salía de la estación de tren de Hoboken, Nueva Jersey y se encaminaba a Georgia. Su destino final: Jekyll Island, propiedad de algunos de los hombres más ricos de la Tierra como como club de caza. Solo se era miembro del club por herencia.

A bordo en ese tren estaba el senador Nelson Aldrich, abuelo materno de Nelson Aldrich Rockefeller. También estaban a bordo: Henry P. Davison, socio senior en la poderosa empresa bancaria J.P. Morgan Co., Benjamin Strong (otro empleado de Morgan)# y un experto europeo en banca, Paul Warburg. También estaban presentes representantes de otras dos grandes empresas bancarias de Nueva York.

A los reporteros que encontraron en la estación no se les dijo nada, excepto que todos ellos iban a cazar patos. Seis años después, Bertie Forbes, el hombre que fundó la revista Forbes, explicaba resumidamente la reunión y la mayor parte de la gente pensó que toda la historia era un cuento. Se ha escrito muy poco de ella desde 1916.# (Probablemente el relato más detallado esté en el capítulo 24 de la muy favorable biografía Nelson W. Aldrich, de Nathaniel W. Stephenson [Scribner’s Sons, 1930; reimpresa en Kennikat Press, 1971]).

En esa reunión secreta, estos hombres diseñaron lo que se convirtió en el Sistema de la Reserva Federal, el banco central de Estados Unidos.

Al regresar, se encontraron con reporteros en la estación de Brunswick, Georgia. Davison fue a reunirse con ellos y cuando volvió informó al grupo de que “no nos delatarán”. Nunca lo hicieron. La prensa nunca mencionó la reunión.

El senador Aldrich, un republicano, era el intermediario político. Su biógrafo Stephenson revela esta información:

¿Cómo iba a controlarse el Banco de la Reserva? La experiencia de los dos bancos de Estados Unidos, en nuestra historia temprana, servía de advertencia. La experiencia de toda una vida estaba en la respuesta incondicional de Aldrich. Tenía que mantenerse apartado de la política. No debía estar controlado por el Congreso. El gobierno iba a estar representado en el consejo de dirección, iba a tener completo conocimiento de todos los asuntos del Banco, pero la mayoría de los directores iba a ser elegida, directa o indirectamente, por los miembros de la asociación. (p. 379)

El republicano Aldrich no tuvo éxito en hacer que el Congreso aprobara su versión del banco central en 1911 y 1912, pero el presidente demócrata Woodrow Wilson consiguió aprobar una versión muy similar en diciembre de 1913. Así que en el año del impuesto de la renta también nació el Sistema de la Reserva Federal, el banco central de nuestra nación.

Una aseguradora de grandes bancos

El Banco de la Reserva Federal es la aseguradora más poderosa de Estados Unidos y tal vez del mundo. Su función es controlar la oferta monetaria de Estados Unidos, inflando o (casi nunca) desinflando a voluntad la oferta monetaria total. Se creó, según prometieron sus fundadores, para eliminar los “pánicos”, que era como se llamaban entonces a las recesiones y depresiones. El resultado:

  • El “pánico” de 1920-1921
  • La depresión de 1929-1939
  • La recesión de 1953-1954
  • La recesión de 1957-1958
  • La recesión de 1969-1970
  • La recesión de 1975-1976
  • La recesión de 1980-1982

Se nos dijo que se creó para proporcionar una moneda calificada como “elástica” para atender las necesidades temporales de los negocios. Esta “moneda elástica” se ha estirado hasta los cientos de miles de millones, siempre al alza.

Para lo que fue creado en realidad fue para impedir la quiebra de cualquier gran banco comercial de Nueva York y de otros grandes bancos en todo el país. Solo un gran banco quebró en Estados Unidos en la Gran Depresión, el banco comercial privado con nombre de aspecto oficial, el Banco de Estados Unidos. Pero más de 9.000 bancos pequeños suspendieron pagos.

Incluso en el caso del Banco de Estados Unidos podemos ver la mano de los grandes bancos. Este banco estaba financiado principalmente por pequeños comerciantes, especialmente judíos. No era un banco “amigo”. Las cámaras de compensación, constituidas por los grandes bancos de Nueva York prometieron al principio permitir al banco en apuros fusionarse con instituciones más solventes, pero en el último momento se salieron del rescate, permitiendo al banco acosado sufrir más huidas de depositantes. Esto creó una ola de huidas en otros bancos.

Finalmente, en diciembre de 1930, el Estado de Nueva York lo cerró para impedir su quiebra total. Acabó pagando más del 83% de sus deudas después de liquidar sus activos. La pregunta que puede al menos plantearse se referiría a las razones de las cámaras de compensación para rechazar ayudar en el momento de crisis. ¿Fue su temor a su colapso total? ¿O fue que sencillamente así eliminaban un rival más especulativo “no tradicional” que se había beneficiado del auge de 1924-1929?

Una vez eliminado este rival, no hubo más quiebras de grandes bancos durante el resto de la depresión.

En todo caso, esta bancarrota indica el talón de Aquiles de la banca de reserva fraccionaria. El dinero se “invertía a largo” en hipotecas a largo plazo, pero los pasivos del banco eran de corto plazo: efectivo a la vista. Pero el efectivo desapareció. Esa es la realidad de emitir más recibos por dinero a corto plazo de los que hay en reserva. La Fed se creó asimismo para proporcionar fondos para evitar que un pánico bancario se extendiera a los grandes bancos. La expresión clave es “proporcionar fondos”, un sinónimo de inflar.

El Banco de la Reserva Federal es una empresa de propiedad privada cuyas participaciones están en manos de los bancos miembros. Es cuasi-pública, ya que el Presidente de Estados Unidos nombra a los miembros del Consejo de Gobernadores de la Fed, pero los directores de los 12 bancos regionales de la Fed, y especialmente en poderoso Banco de la Reserva Federal de Nueva York, no son nombrados por ningún cuerpo político. Hay nueve directores en cada Banco regional de la Reserva Federal: seis los nombran los banqueros locales y tres el Consejo de Gobernadores del Sistema de la Reserva Federal.

¿Puede el gobierno decir a la Fed qué hacer? Si el Congreso y el presidente están de acuerdo en ello, sí. Si hay desacuerdo sobre la política monetaria (y normalmente lo hay) la Fed hace entonces bastante lo que quiere. Lo que indica el origen de la Fed es que esta hace los que quieren los grandes bancos multinacionales. Normalmente no está claro lo que quieren los comités de la Cámara y el Senado sobre regulación bancaria y la mayoría de los miembros apenas saben lo que es un banco central, no digamos cómo funciona o (maravilla de las maravillas) que es el verdadero propietario. Ni siquiera preguntan. Se considera de “mala educación”, rompe con la etiqueta. Yo fui ayudante de investigación de un congresista que era miembro del Comité Bancario de la Cámara.

La monetización de la deuda

Es una invención del mundo moderno. Un gobierno necesita dinero. Teme una revuelta fiscal si aumenta los impuestos. No puede permitirse pagar más intereses, así que no puede tomar prestado del público general. Por tanto, va al banco central y dice: “Compra nuestros certificados de deuda del Tesoro”.

El tesoro crea los certificados de deuda (normalmente en una partida informática: “pasivo”). El banco central los compra creando otra partida: “dinero”. Los pitidos informáticos se intercambian.

El gobierno acaba de monetizar parte de su deuda. Paga en principio un tipo de interés más bajo al banco central del que tendría que pagar si fuera al libre mercado para competir por el dinero a prestar.

¿Qué tiene esto de malo? ¿A quién se perjudica? Se perjudicará a los tenedores de dinero. El banco central crea un activo de reserva cuando compra el bono público. El dinero se usa luego por parte del gobierno para comprar lo que quiera (principalmente votos). Este nuevo dinero atraviesa la economía. Si el sistema bancario es un sistema de reserva fraccionaria, el dinero se multiplica varias veces. Es el proceso de falsificación al que llamamos inflación.

El gobierno nunca obtiene algo por nada. Eso significa que tú y yo no vamos a obtener algo por nada. Muy probablemente obtengamos nada por algo. Obtendremos precios más altos, tipos más altos de interés a largo plazo y luego una recesión. Seguiremos el ciclo de auge y declive que crea el dinero inflado.

La monetización de la deuda es la salida fácil para el gobierno, es decir, la forma fácil de confiscar nuestro capital.

La mejor solución: no más deuda pública. No deber nada a nadie, incluidos los contribuyentes.

Cuando la Fed compra cualquier activo (la mayoría de los activos consisten en bonos del Tesoro de EEUU a 90 días), crea dinero. Pero compra los bonos a un grupo favorecido de unos 20 grandes bancos y entidades financieras que operan con títulos públicos de EEUU y que a su vez cobran comisiones en cada transacción.

El 21 de noviembre de 1985, un día antes de los 75 años después de que el tren saliera de la estación de Hoboken, el Banco de Nueva York, un banco comercial privado, sufrió un fallo informático. Ese día había comprado 22.600 millones de dólares en títulos públicos de EEUU a otros bancos e intermediarios de valores, para transferirlos a la Reserva Federal. Las órdenes de venta entraron, pero el banco no pudo recuperar su dinero cuando se “rompió” su sistema informático.

La Fed tuvo que prestar al banco 22.600 millones de dólares durante el fin de semana para cubrir los pagos que debía a otros bancos e intermediarios. La Fed pagó directamente a los otros bancos. (El banco sí tuvo que pagar los intereses de la Fed por el uso del dinero durante el fin de semana, lo que equivalió a varios millones de dólares. ¡Menudo error informático!)

¿Crees que tu banco local podría obtener un préstamo para salir del paso de 22.600 millones de dólares?

Pregunta: ¿Por qué no compra la Fed estos bonos directamente? Respuesta: porque no generaría comisiones para los 20 bancos favorecidos.

El gobierno permite al banco central, legalmente una organización privada, manipular la oferta monetaria de Estados Unidos. Lo bancos centrales de todas las naciones poseen esta misma prerrogativa. ¿Por qué lo toleran los gobiernos? Porque siempre necesitan dinero. Los bancos centrales resultan ser los “prestamistas de último recurso” del gobierno.

El gobierno paga intereses por los títulos del tesoro que tiene la Reserva Federal. Ascienden en este momento a alrededor de 15.000 millones de dólares anuales. Al final del año, la Fed devuelve alrededor del 85% de este dinero al Tesoro de EEUU. Se queda un 15% de “gestión”. (Por ejemplo, paga todas las transacciones de compensación de cheques en EEUU).

La Declaración de Independencia de la Fed

La Fed no ha sido nunca auditada por ninguna agencia del gobierno de Estados Unidos. Los funcionarios de la Fed se han resistido a todos los esfuerzos de cada congresista y senador de imponer una auditoria de la Oficina Contable del Gobierno (GAO, por sus siglas en inglés).#

El Consejo de la Reserva Federal se reúne para formular la política económica de EEUU cada pocos meses. No puede darse a nadie ninguna información sobre las decisiones del Consejo, ni siquiera al presidente de Estados Unidos, durante 45 días. Eso dice la Fed y el Congreso no le va a poner en evidencia. Solían ser 90 días, pero el Congresó obligó a la Fed a acelerar la fecha del informe. El presidente de la Fed, Paul Volcker, protestó enérgicamente. Dijo que esa entrega de información interfiere en la capacidad de toma de decisiones de la Fed.

La oferta monetaria de EEUU está totalmente regulada por decisiones del Consejo de Gobernadores del Sistema de la Reserva Federal. La Fed establece los “requisitos de reserva” de los bancos comerciales: 10%, 5% o lo que sea, dependiendo de dónde esté ubicado el banco y si es una cuenta corriente o de ahorro. La Fed compra o vende títulos del Tesoro de EEUU (certificados de deuda del gobierno de EEUU). Cuando la Fed compra, aumenta la oferta monetaria (multiplicándola debido a las reservas fraccionarias). Cuando vende, disminuye la oferta monetaria (encogiéndola en este mismo número multiplicador).

Pero nunca vende durante más de unas pocas semanas. Casi siempre compra. Casi siempre está inflando.

Así, el ciclo económico estadounidense (“auge y declive”) está controlado por un puñado de hombres que no están controlados directamente por el presidente o el Congreso, excepto en aquellos raros casos en que el legislativo y el ejecutivo están completamente de acuerdo y presiones con sus decisiones a la Fed.

Ah, sí. Olvidé mencionar que la Fed posee todas  las existencias de oro de EEUU. Legalmente no hay existencias de oro “de Estados Unidos”. No está almacenado en Fort Knox, Kentucky, sino en 33 Liberty Street, New York City, Nueva York.# El gobierno de EEUU siempre ha vendido su oro a la Fed, desde 1914.

¿De dónde sacó el dinero la Fed para comprar el oro? Por supuesto, lo creó. En resumen, lo falsificó. Pero es legal.

Lo que es realmente un abuso es que en 1933, el gobierno de EEUU prohibió la propiedad privada de oro. Compró todo el oro que pudo recaudar de la gente por la fuerza, pagando el precio entonces vigente de 20,67$ la onza. Luego se lo vendió a la Fed por 20,67$ la onza. Al año siguiente, el gobierno aumentó el precio del oro a 35$ la onza. Beneficio neto para la Fed: 75%.

Esto aumentó las reservas legales de los bancos y la oferta monetaria (la llamada M1) subió un 35% de 1933 a 1935.

“¡No!” os diréis. “No puede ser verdad. ¿El gobierno confiscó nuestro oro en 1933 para que una empresa privada propiedad de los bancos miembros pudiera comprarlo con descuento? ¡Imposible!”

Muy bien, mi escéptico amigo, consiga un ejemplar de cualquier edición del viernes del Wall Street Journal. En algún lugar de la segunda sección (siempre la cambian) encontrará una tabla llamada Datos de la Reserva Federal. Busque en la lista bajo “Cambios en las reservas de los banco miembros”. Verá una cita para “Existencias de oro”. No cambia nunca: 11.090.000.000$. No la venden y se mantiene en libro al insensato precio arbitrario de 42,22$ por onza.

¿Reservas de quién? De los bancos miembros. ¿Quién tiene el derecho? El Sistema de la Reserva Federal. ¿Quién es el dueño de la Reserva Federal? Los bancos miembros.

Esto me lleva a concluir que si vas a convertirte en un falsificador, también deberías convertirte en uno audaz. Los que trabajan en el patio trasero se arriesgan a ir a la cárcel. Los banqueros centrales, no.

Es verdad, que, por ley, el Congreso y el Presidente podrían reclamar que la Fed revendieran el oro a 42,22$ por onza. Por ley. ¿Habéis visto alguna vez que alguien proponga una ley así? ¿Lo ha considerado alguna vez el Congreso desde 1913? ¿Habéis visto a alguien discutir la sensatez o incluso la posibilidad de una ley así, excepto “chalados” que escriben boletines y libros de bolsillo? ¿Habéis oído alguna vez a un economista doctorado recomendarlo? ¿No? Yo tampoco.

Es verdad que el Congreso controla a la Fed. Legalmente, la Fed debe informar al Congreso. Igual que el Politburó en la Unión Soviética debía informar al pueblo ruso.

El Congreso puede recuperar su oro cuando quiera. Igual que un alcohólico puede dejar de beber cuando quiera. Igual que ciudadanos privados estadounidenses pueden recuperar su oro del Congreso a 42,22$ por onza (o incluso al precio de mercado) cuando quieran.

La garantía de depósitos

La Corporación Federal de Garantía de Depósitos (FDIC, por sus siglas en inglés) se creó en 1934, el año posterior a que el gobierno confiscara el oro del público. La FDIC se promueve con un programa de seguro garantizado por el gobierno para las cuentas bancarias de los ciudadanos privados. Bueno, como ellos dicen, sí y no.

No, no es una agencia pública federal. No, el gobierno nunca ha prometido rescatarlo si se ve ahogado con bancos que van a la quiebra. No, la Resolución Conjunta del Congreso de 1980 para garantizar toda cuenta bancaria hasta 100.000$ no es una ley.# El presidente nunca la aprobó, así que no es una ley. Nunca ha existido esa ley.

Sí, si la FDIC realmente pareciera que fuera a ir a la quiebra, casi con seguridad la Fed o el Congreso actuarían para rescatarla. La Fed imprimiría el dinero, como hizo cuando el Continental Illinois Bank casi se va a la ruin en 1983 y tuvo que inyectar en él alrededor de 4.500 millones de dólares. Los banqueros no quieren que quiebre un banco.

¿Podría la FDIC rescatar a los bancos en un pánico? Por supuesto que no. Tiene alrededor de un 1$ en reserva por cada 100$ en depósitos. Esta “reserva” en realidad no es nada, sino títulos del Tesoro de EEUU: bonos públicos, en otras palabras. Para obtener el efectivo, la FDIC tiene que liquidar estos bonos y hacer que el Tesoro de EEUU le pague en efectivo. Dos quiebras del tamaño de la del Continental Illinois agotarían completamente las reservas de la FDIC o casi.

La FDIC es una ilusión cuyo propósito es clamar a los depositantes que podrían en caso contrario huir de los bancos débiles y llevar a la economía a una depresión. La FDIC se creó para reducir riesgos para los banqueros, para que al menos los bancos más grandes no afrontaran esas crisis. Luego los banqueros pueden ir y prestar cientos de millones de dólares de los depositantes a naciones del “Tercer  Mundo” que nunca devolverán nada del dinero.

En un país con patrón oro (ya no hay ninguno) la gente puede presionar a bancos y gobierno para que dejen de inflar la moneda, sencillamente yendo al banco o al tesoro y comprando oro al precio fijado definido por el gobierno. Enseguida el gobierno ha de dejar de inflar. Enseguida, un banco que haya emitido demasiados recibos de depósito falsos se ve amenazado por una corrida bancaria.

Luego ocurre una de dos cosas:

  1. El banco (o el Tesoro) deja de crear papel moneda sin respaldo o préstamos o cheques. (Normalmente le sigue una recesión).
  2. El banco (o el Tesoro) cierra la ventanilla de retirada. No hay más oro a voluntad. (Normalmente le sigue inflación).

El segundo acontecimiento se produce al principio de cualquier guerra importante. Ocurrió en Estados Unidos en diciembre de 1861, cuando el Norte invadió el Sur. Ocurrió durante la Primera Guerra Mundial cuando EEUU entró en la guerra de la que el presidente Wilson había prometido mantenernos alejados en las elecciones de 1916. Simplemente cambiaron las reglas. No más oro a voluntad.

Luego inflan la moneda para pagar la guerra sin aumentar de forma visible los impuestos para cubrir todos los gastos.

Desde 1933, Estados Unidos no ha tenido un patrón oro para los ciudadanos de EEUU y desde 1971 no ha tenido un patrón oro para los bancos centrales extranjeros. Esto evita que las penosas corridas bancarias ocurran tan a menudo.

Pero algún día, México, Brasil o alguna nación extranjera con una deuda enorme dejará de pagar y los bancos más grandes del país estarán oficialmente quebrados. Empezarán las corridas. Entonces intervendrá la Fed y creará el efectivo para evitar las corridas. Los funcionarios de la Fed inflarán para salir de la crisis. Ese día, mejor que tengáis oro, plata u otros activos similares no en papel. El dólar morirá.

Resumen

Al haberse convertido en universal el sistema de banca de reserva fraccionaria y al haberse hecho los bancos más vulnerables a corridas bancarias, los gobiernos han cambiado las reglas para reducir los riesgos para los banqueros, al menos los mayores banqueros.

Los bancos centrales obtuvieron el poder para establecer requisitos de reserva: el dinero que los bancos deben mantener a mano frente a los depósitos. Luego la Fed rebajó esos requisitos de reserva. El gobierno federal abolió el patrón oro en 1933. Se creó en 1934 la FDIC como una ilusión de depósitos bancarios garantizados por el gobierno. El patrón oro internación se abolió en 1971, para reducir la presión sobre la Fed de los bancos centrales extranjeros para que les entregara el oro que tenía, supuestamente en nombre del gobierno federal.

Y con cada reducción en el riesgo para los grandes banqueros, estos han realizado préstamos más insensatos y arriesgados. Hoy, el sistema bancario comercial internacional ha prestado más de un billón de dólares a naciones y grandes deudores. El mercado de eurodólares (un mercado de deuda gigantesco, no regulado con unos requisitos de reserva de prácticamente cero) asciende hoy a más de un billón de dólares. En 1959 estaba por debajo de los 1.000 millones de dólares.

Así que el mundo afronta una crisis: o más deuda a deudores insolventes o impago. O más inflación para prestar o una corrida bancaria internacional gigantesca. Y todo estos se ha producido porque los amos de las finanzas y los políticos que compran rechazan cumplir principios básicos de la deuda, como pesos y medidas honrados y endeudarse en múltiplos de cero.

El día del juicio económico va a llegar.

Publicado el 8 de noviembre de 2010. Traducido del inglés por Mariano Bas Uribe. El artículo original se encuentra aquí.

 

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Una Administración Incontrolada

Editorial del Daily Bell

Martes, 13 de marzo 2012 – por Ron Paul

Se han vuelto irrelevantes algunas partes de la Constitución, como me dijo alguna vez un ex-líder republicano en una audiencia del Comité de Asuntos Exteriores? En ese momento, me dijeron que la exigencia de una Declaración de Guerra por parte del Congreso antes de invadir Irak, como lo requiere la sección I del artículo 8 de la Constitución, era innecesaria y anacrónica. El Congreso y el Presidente procedieron sin una Declaración Constitucional y el resultado fue la desastrosa invasión a Irak.

La semana pasada, funcionarios de la administración Obama dejaron en claro que se iba a ignorar inclusive la hoja de parra de la participación del Congreso proporcionada por la “autorización” en el 2003 para usar la fuerza en Irak. En una audiencia ante el Comité de Servicios Armados del Senado, el secretario de Defensa , Leon Panetta, dijo claramente y en repetidas ocasiones que el gobierno consideraba que estaba legalmente justificada la utilización de fuerza militar contra Siria solamente con un “permiso internacional”. Este “permiso internacional” podría venir a través de la Naciones Unidas , la OTAN , o algún otro organismo internacional. El Secretario Panetta dijo entonces al Senador Sessions que, dependiendo de la situación, el gobierno consideraría informar al Congreso de su decisión e incluso podría solicitar la autorización posteriormente a los hechos.

Mientras que el Senador Sessions expresó su sorpresa por la audacia casual de Panetta al hacer esta afirmación, en realidad, su burda declaración era simplemente una explicación de lo que ha venido ocurriendo, de facto, por muchos años. Cuando el presidente Obama comprometió a los militares de los EEUU a una guerra preventiva contra Libia el año pasado, por ejemplo, el Congreso se mantuvo completamente al margen del proceso. Del mismo modo, las acciones militares en Irak, Pakistán, Somalia, Yemen, etc., procedieron sin una Declaración del Congreso. De hecho, no hemos tenido una apropiada Declaración Constitucional de guerra, desde 1942, y sin embargo, los militares de EEUU se ha empleado a fondo en Corea, el Líbano, Irak, Bosnia, Liberia, Haití y Libia sólo con resoluciones de la ONU como única autorización. La única función del Congreso ha sido la autorización de los fondos, lo que siempre hace porque, sin duda, uno debe “apoyar las tropas”.

Por supuesto, debemos reservar nuestra crítica más dura para el Congreso en lugar de hacerlo con la administración. Si la rama del gobierno del pueblo abroga su autoridad constitucional ante el Poder Ejecutivo, de quien es la culpa? Quién tiene la culpa de que el Congreso como cuerpo no se ponga de pie y exija que el Presidente trate la Constitución como algo más que una pieza anacrónica de papel, o simplemente como un conjunto de aspiraciones y directrices? La Constitución es la ley de la tierra y que el Congreso permita que sea burlada habla muy mal de él, así como del Presidente que trata de burlarla.

Apenas la semana pasada el gobierno anunció que comenzaría a proporcionar apoyo material a los rebeldes que buscan derrocar al gobierno sirio. Participó el Congreso en esta decisión de tomar partido sobre lo que puede convertirse en una guerra civil a toda regla? ¿Y qué decir de los informes sobre las Fuerzas Especiales de Estados Unidos que ya pueden estar operando dentro de Siria? Sin embargo, el Congreso se sienta en silencio mientras su autoridad se ve socavada. ¿Alguien realmente se pregunta por qué los cifras de aprobación del Congreso son tan bajas?

Muchos de mis colegas que estaban cerca del entonces presidente Bush cuando utilizó los militares como una especie de “Ejército del Rey”, ahora piden que el Congreso actúe en contra de dicho Presidente por admitir abiertamente que esa era su intención. Estoy de acuerdo en que es hora de que el Congreso actúe en respuesta a estos ataques a nuestra Constitución, pero la solución es simple y está en la Constitución. La solución es simplemente votar a favor de retener los fondos, ya que el Congreso tiene el poder de la bolsa. No hay más dinero para guerras no declaradas!

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El desarrollo sustentable: aportaciones de la Escuela Austriaca de Economía (1)

El desarrollo sustentable: aportaciones de la Escuela Austriaca de Economía (1)

Por Edgar Piña O.(2)
Licenciado en economía egresado de la Facultad de Economía de la Universidad Nacional Autónoma de México.
Master en Ciencias; Profesor Universitario; Consultor de Empresas.

“La ciencia económica tiene que ver con los problemas
fundamentales de la sociedad, concierne a todos y se involucra
en todo. Es el estudio principal y más propio de todo ciudadano.”
Ludwig von Mises
Introducción

Tanto en la literatura como en el discurso de los especialistas del ambiente prevalece la opinión de que la racionalidad económica es contraria a los procesos espontáneos de la naturaleza y existen aún los que confundiendo la ciencia económica con los procesos de la economía llegan al extremo de cuestionar los conocimientos de esta rama de las ciencias sociales, llamándola, entre otras cosas, anquilosada, unidimensional, parcelaria, estrecha y opuesta a la sabiduría de la naturaleza (3). La satanización de los procesos económicos es la que lleva a considerar a la “capitalización de la naturaleza”, como la causante de los grandes males del ambiente, cuando por el contrario es este fenómeno lo que asegura su conservación y mejora, en la misma forma y por las mismas razones por las que un propietario cuida y mejora su propia casa.
En este trabajo se parte de la premisa que la praxeología, ciencia de la acción humana, y la economía no son de ninguna manera contrarias a la naturaleza y al ambiente; que no están anquilosadas, no son unidimensionales y que por el contrario pueden proveer fundadamente de los marcos teóricos y conceptuales que las diversas corrientes de ambientalistas y ecologistas requieren para llevar adelante el enfoque relativamente nuevo de la sustentabilidad.
Se sostiene en este ensayo que muchos años antes de que alguien diera el grito de alerta sobre los riesgos ambientales, un destacado miembro de la escuela austriaca de economía,Ludwig von Mises (1881-1973), en su brillante y genial obra sobre la acción humana, publicada en 1949, ya había considerado a la naturaleza como un factor de producción finito y destructible que debía ser manejado en la misma forma y bajo similares criterios a los utilizados para el resto de los factores que constituyen los procesos productivos (Mises, 1963)
Con el propósito de contextualizar esta aportación al análisis económico, en este documento se revisan brevemente algunos antecedentes de la escuela austriaca de economía y se proporciona una semblanza sobre el autor aludido, para luego examinar el capítulo correspondiente de La Acción Humana, Un Tratado de Economía, en el cual Mises reflexiona sobre la naturaleza y la producción económica y sobre el mito de la Madre Tierra.

La escuela austriaca de economía
Parece haber coincidencia entre los especialistas en que la escuela austriaca de economía nació en el segundo tercio del siglo XIX, fundada en 1871 por Carl Menger (1840-1921) con su libro Principios de Economía Política (Menger 1950) dando origen a la revolución marginalista, continuada por Eugen von Böhm Bawerk (1851-1914) con su libro Karl Marx and the Close of his System (Böhm-Bawerk 1949).
Carl Menger fue el verdadero y único fundador de la escuela austriaca de economía. El merece este título por haber creado la teoría del valor y los precios que constituye el corazón de la escuela. También se distinguió por originar y aplicar consistentemente el método praxeológico para la investigación teorética en economía. La preocupación intelectual de Menger fue establecer una conexión causal entre los valores subjetivos subyacentes en las decisiones de los consumidores y los precios objetivos usados en los cálculos de los empresarios.
El mayor logro y la esencia de su “revolución” en la ciencia económica fue la comprobación que los precios son ni más ni menos que la manifestación objetiva de procesos causales voluntariamente iniciados y dirigidos a la satisfacción de deseos humanos. Por ello se considera que la teoría de los precios es el corazón de la escuela austriaca de economía.
Después de estudiar a David Hume, Adam Smith y David Ricardo, entre otros clásicos, y junto a los escritos de sus contemporáneos Leon Walras y Stanley Jevons, Menger estableció las bases subjetivas del valor económico y, por primera vez, explicó la teoría de la utilidad marginal. Con su libro Principios de Economía, publicado en 1871, estableció las bases de la “revolución marginalista” en la historia de la ciencia económica. Al igual que sus predecesores en la tradición liberal clásica, Menger fue un individualista metodológico que entendió la economía como la ciencia de la elección individual.
De Eugen von Böhm-Bawerk se dice que estuvo en el lugar correcto en el momento preciso para contribuir en forma importante al desarrollo de la escuela austriaca. El primer volumen de su libro Capital e Interés, titulado Historia y Critica de las Teorías del Interés, publicado en 1884, es una investigación exhaustiva de los tratamientos alternativos dados al fenómeno de la tasa de interés. Sin embargo, lo más significativo de este trabajo es la crítica devastadora a la teoría de la explotación, tal como la expusieron Carlos Marx y sus seguidores. Para Böhm-Bawerk los capitalistas no explotan a los trabajadores, sino que los emplean y les pagan un salario anticipadamente sobre la ganancia del producto que ellos ayudan a producir. Posteriormente, en el libro Karl Marx and the Close of His System, estableció que la cuestión de la distribución del ingreso entre los factores de la producción es fundamentalmente un asunto de la economía más que de la política (Böhm-Bawerk 1959).
Como ahora todos podemos apreciar, el siglo pasado se distinguió porque el marxismo y el keynesianismo se impusieron en todo el mundo. Los hechos históricos así lo demuestran. Algunos de ellos bastan para no abundar sobre esta declaración. La revolución de Mao Dze Dong en China (1905), la revolución Mexicana (1910), la revolución rusa (1917), el movimiento nazi de Hitler (1934), la revolución cubana (1959), fueron todas ellas ni más ni menos que el triunfo del colectivismo, mientras que el estatismo y el proteccionismo, lamentablemente aun presentes en nuestra realidad, son prueba del predominio keynesiano en América Latina.
Incluso países que se han distinguido por su respeto a los derechos humanos y a la libertad de los individuos, como lo son Estados Unidos, Inglaterra y Francia, aunque no se declaran socialistas y más aún, se alinean en el hemisferio ideológico del mundo libre, se han hecho partidarios, en diversas épocas de su historia, de la intervención estatal en la vida económica, política y social de sus naciones.
En este ambiente global, sólo los austriacos encabezados por Ludwig von Mises, con obras como Socialismo: Un Análisis Económico y Sociológico (Mises 1981) y Human Action: A Treatise on Economic y Friedrich von Hayek (1889-1992) con The Road to Serfdom (1944) advirtieron que los sistemas comunistas, socialistas, fascistas y nazis tendrían que fracasar porque todos ellos se basan en la eliminación de la propiedad privada, de las libertades económicas y en la abolición del mercado. Tarde o temprano las estructuras autoritarias donde el Estado se transforma en el amo y señor de la economía tienen que caer, llevando toda clase de perjuicios a la sociedad.
La razón del fracaso radica en que ningún aparato burocrático, aún cuando esté formado por hombres genios, doctos y honestos, es capaz de asimilar la información de los gustos, preferencias, anhelos y necesidades de la gente. Todos los sistemas autoritarios pretenden manejar la economía como si un país fuera una sola empresa encabezada por un grupo, una familia o un solo líder. Los gobiernos socialistas o nazis organizan la producción a través de monopolios encabezados por un burócrata que debe obedecer órdenes centrales.
Naturalmente, se genera una enorme descoordinación que conduce a aumentar sin límites la burocracia de cada unidad productiva; la producción es poco diversa y onerosa; se genera derroche de recursos, y sobre todo, se desperdicia el talento de millones de personas. El caos que genera el estatismo llega a ser de tal magnitud que no hay fuerzas humanas que lo corrijan y el sistema se colapsa. Las desafortunadas experiencias vividas en nuestro país, [México] durante todo el siglo veinte, son prueba de la validez de esta afirmación.
Estas ideas defendidas por los economistas de la escuela austriaca, nunca fueron del gusto de los gobernantes. Muchos de ellos se creían con conocimientos y poderes sobrenaturales y no estaban dispuestos a escuchar a los teóricos de la escuela austriaca. Por el contrario, autores como John Maynard Keynes (1957), Vladimir I. Lenin (1966), Oscar Lange (1970), Paul Baran (1966) y Gunnar Myrdal (1990) llegaron a ser muy apreciados por la academia y los hombres del poder porque justificaban “desde el punto de vista teórico” el por qué el Estado debía ejercer el control de la economía.
A los pensadores austriacos en cambio se les aisló, se les persiguió y se les condenó en el olvido. Sólo a finales del siglo XX, cuando las crisis económicas derivadas de las recetas marxistas y keynesianas provocaron las peores crisis económicas de la historia humana, el mundo empieza a voltear hacia los pensadores liberales.
Lamentablemente Ludwig von Mises, Friedrich von Hayek y otros inscritos en la escuela(4) ya no viven, pues de otra manera serían testigos de que la historia les está dando la razón y que ahora se empieza a apreciar y estudiar toda su teoría, lo cual no está exento de la grave dificultad que implica la pesada carga filosófica y metodológica del marxismo y el estatismo presente en la ideología de los empresarios, burócratas y políticos que toman las decisiones de política que afectan la economía y la sociedad de nuestros días.
¿Quién fue Ludwig von Mises?
Como se dice en uno de los sitios web dedicados a promover las obras de la escuela austriaca (5) cuando Ludwig Heinrich Edler von Mises murió en la ciudad de Nueva York en 1973 a la edad de 92 años, no hubo obituarios de primera plana en los diarios de la ciudad. Sin embargo, los creyentes en la libertad y la economía de mercado supieron que un gigante había caído.
Mises nació en 1881 en Lemberg, ciudad en ese entonces perteneciente al imperio Austro-Húngaro y fue hijo de un exitoso ingeniero. A la edad de 19 años ingresó a la Universidad de Viena obteniendo su doctorado en leyes a la edad de 27.
De entre una prolífica obra sobre teoría monetaria y del crédito, epistemología y metodología económica, permítaseme destacar por ahora su libro titulado Socialism: An Economic and Sociological Analysis (Mises 1981), escrito en 1922 en plena materialización del fantasma comunista en Europa. Desapercibido e incomprendido en su tiempo, este libro es reconocido ahora como un clásico dónde Mises predijo el rotundo fracaso del experimento comunista.
Él argumentó que el socialismo no podía funcionar en una economía industrial porque no habría un mercado de capitales y en consecuencia no existiría un sistema de precios para calcular pérdidas y ganancias. El resultado dijo, será el caos y el estancamiento. En la misma forma, él mostró que las economías mixtas no pueden funcionar eficientemente, debido a que los impuestos, las regulaciones y el gasto público, distorsionan el sistema de precios y la asignación de recursos hacia su máxima redituabilidad.
En oposición a las filosofías colectivistas, Mises presenta una persuasiva defensa de la sociedad civil como estructura mediadora entre el individuo y el Estado. La cooperación social, dijo, descansa sobre la desigualdad humana, la división del trabajo y las jerarquías institucionales.
No satisfecho de trabajar en las áreas de la ciencia económica, historia y sociología, Mises también se dedicó a reconstruir metodologías y los fundamentos de la economía. En su tiempo, la disciplina económica estaba cayendo en el convencimiento del institucionalismo y el positivismo. El primero niega la ciencia económica, mientras que el segundo no distingue entre las ciencias físicas y las sociales. La gran respuesta de Mises a esta situación fue la praxeología, la ciencia de la acción humana, la cual ve a cada actor económico individual como sujeto que tiene sus propios propósitos y metas.
Mises apreció el positivismo como especialmente peligroso, no sólo por ser científicamente inválido sino porque trata a las personas como objetos inanimados que pueden ser manipulados a voluntad, lo que les da los “ingenieros sociales” el marco perfecto para justificar sus actividades.
La sustentabilidad de la escuela austriaca
Un análisis precursor de la sustentabilidad que debe caracterizar a la actividad económica de acuerdo a los enfoques recientes (6), lo encontramos en el capítulo XXII de la obra máxima de Mises, Acción Humana, relativo a “Los factores originales no humanos de la producción”. Publicado por primera vez en 1949 por Yale University, en este libro Mises analiza la teoría de la renta de David Ricardo (Ricardo 1821), a partir de la cual argumenta desde un punto de vista económico sobre la explotación de los recursos naturales y sobre el Mito de la Tierra, con base en una visionaria e irrefutable percepción de la agotabilidad de dichos recursos, con lo cual mejora la concepción ricardiana consistente en considerar a los poderes de la tierra originales e indestructibles.
La naturaleza y la producción
Inicia Mises su análisis con algunas observaciones generales concernientes a la teoría de la renta de los factores de producción. Dice que en el marco de la economía ricardiana la idea de la renta constituye claramente un intento de enfocar este tipo de aspectos con lo que hoy conocemos como análisis de la utilidad marginal. La teoría de Ricardo, escribe el economista Austriaco, luce más bien insatisfactoria si se juzga con el conocimiento disponible hoy en día, ya que el método de la teoría subjetiva del valor es con mucho superior.
No hay razón, dice, para que la historia del pensamiento económico se avergüence de la teoría de la renta de Ricardo, ya que sobre ella se construyeron los cimientos de las nuevas concepciones. El hecho de que tierras de distinta calidad y fertilidad rindan diferente utilidad por unidad de insumo, no es ningún problema de entendimiento actual, ya que la generación de renta de los recursos naturales, cae dentro del mismo tipo de análisis para los otros factores de la producción (Mises 1963, p. 635)
La teoría moderna del valor y los precios, dice Mises, no está basada en la clasificación de los factores de la producción como la tierra, el trabajo y el capital, sino en la distinción fundamental entre mercancías de un orden mayor o menor, es decir entre bienes para la producción o para el consumo. Cuando se clasifican los factores de la producción como originales de la naturaleza y producidos por el hombre, y luego todavía se clasifican los primeros como humanos (trabajo) y no humanos (recursos naturales); y los segundos, los producidos, como intermedios y de capital, no se rompe la uniformidad del razonamiento concerniente a la determinación de los precios de los factores de la producción.
El hecho de que diferentes rendimientos generados por los factores de la producción sean valorados, apreciados y tratados en forma diferencial, solo puede asombrar a las personas que no distinguen las diferencias en servicialidad de dichos factores (Op. Cit., p.636).
A ningún agricultor, dice Mises, le asombra que un comprador esté dispuesto a pagar más por una tierra fértil que por una que no lo es. La única razón por la cual los primeros economistas estaban intrigados por este hecho empírico es que ellos usaban el concepto general de tierra sin distinguir entre diferentes productividades. El gran mérito de David Ricardo, continúa explicando Mises, fue su conocimiento de que la tierra marginal no produce ningún rendimiento. De este concepto al principio de la teoría subjetiva del valor, solo hay un paso.
Sin embargo, cegados por la noción del costo real ninguno de los economistas clásicos ni sus seguidores dieron este paso. Para sustanciar este argumento el autor de Acción Humana, toma el ejemplo de los vinos en Europa. Así, se pregunta porqué el precio de un Borgoña es mayor que el de un chianti de Toscania. No es porque los viñedos de Borgoña se coticen más alto que los de Toscania, sino al revés, la preferencia del consumidor asigna más valor al Borgoña que al Chianti y es eso lo que aumenta el valor de la tierra en Borgoña (Ibidem, p. 637).
Así el error de la economía clásica, de acuerdo a la argumentación de este autor, fue que asignó a la tierra un lugar distinto en el esquema teórico, mientras que ahora la tierra, en el sentido de los recursos naturales, es un factor de producción que se somete a las mismas leyes que determinan la formación de precios de los otros factores de la producción.
El primer punto de la enseñanza de la economía concerniente a la tierra es, dice Mises, la distinción entre dos clases de factores originales de la producción: humanos y no humanos. Tratándose del problema económico del valor del factor original no humano, esto es, los poderes de la tierra -los recursos naturales-, el analista deberá hacer una clara distinción para separar el punto de vista cosmológico del praxeológico.(7)
La primera reflexión de Mises sobre la teoría cosmológica es que según esta concepción, prevaleciente todavía a mediados del siglo XX (tiempo en que se publicó por primera vez su libro), es que la acción del hombre no alcanzaría a afectar los poderes de la tierra o que el daño en el peor de los casos sería de poca importancia en la esfera de la acción humana. Era claro que todavía entonces se actuaba en el convencimiento de que los recursos naturales, excepto los no renovables, se regeneraban por sí mismos periódicamente. (8) Frente a esta concepción, Mises advierte que: “eso de la auto-recuperación de los recursos naturales ante el efecto de la acción humana, está por verse, ya que es posible que el uso humano de la tierra sea en tal forma devastador que los procesos de regeneración de sus poderes productivos sean tan lentos que requieran largos períodos o, lo que es peor, que se destruyan y que sólo puedan ser restaurados mediante un uso considerable de capital y trabajo.” (Ibidem, p.638).
Es aquí donde nuestro autor, se coloca en la línea del tiempo como el primer filósofo, praxeológo y economista que trata científicamente el problema de la necesidad de dar sustentabilidad al desarrollo, aún cuando este concepto en su tiempo no se utilizaba.
Más adelante, Mises continúa su argumento, diciendo que tratándose de los recursos naturales, el hombre tiene para escoger entre varios métodos, diferentes unos de otros, en relación a la preservación y regeneración de su poder productivo. No menos que en cualquier otra rama de la producción, el factor tiempo entra también en las actividades de explotación de la tierra: caza, pesca, ganadería, agricultura, silvicultura y utilización del agua (Ibidem, p. 638) Aquí también el hombre debe escoger entre la satisfacción ahora o en el futuro, de acuerdo a los prerrequisitos (9) de la acción humana, tal como se explica en el capítulo 1 de la Primera Parte de Acción Humana (Ibidem, p.35).
Existen condicionantes institucionales, agrega Mises, es decir generadas por la sociedad, que causan que las personas prefieran la satisfacción de necesidades en el futuro cercano y no en futuros distantes. Si los recursos naturales, por un lado, no son propiedad de individuos concretos, y por otro, son concesionados como privilegios especiales a ciertos otros individuos, entonces éstos son libres de hacer uso temporal de ellos para su propio beneficio, sin ningún compromiso de pago para el futuro.
Lo mismo sucede cuando el propietario, cuando existe, vive con la expectativa de ser expropiado de un momento a otro. En ambos casos, los actores actúan exclusivamente en el intento de exprimir tanto como sea posible para su beneficio inmediato, sin interesarse por el futuro. Ellos no consideran las consecuencias de los métodos de aprovechamiento utilizados en su acción. El mañana no cuenta para los no propietarios (Ibidem, p. 639) Las consecuencias de esto son visibles en los casos del agua, la caza, la pesca, la madera y muchos otros ejemplos de explotación de los recursos naturales.
Examen aparte merecen, a nuestro juicio, los casos de propiedad comunal en los que la organización lograda por los miembros del grupo facilita el aprovechamiento de los recursos naturales sin deteriorar sus propiedades y sin sacrificar a las generaciones futuras. En todo caso, lo interesante de estas experiencias sería el análisis de las motivaciones o restricciones que dicha organización implica para sus miembros, lo cual se aleja de los propósitos de este ensayo.
Desde el punto de vista de las ciencias naturales, dice Mises, el mantenimiento de los bienes de capital y la conservación de la naturaleza pertenecen a dos categorías completamente diferentes. Agrega que cuando se trata de los bienes de capital, el productor se preocupa por reponerlos sino quiere acabárselos en el proceso productivo, pero cuando se trata de la naturaleza el hombre actúa como si fuera eterna. Pero tal actitud, solo tenía sentido bajo la concepción cosmológica superada por Mises, misma que en la actualidad luce completamente fuera de toda lógica.
Sin embargo, para la praxeología lo mismo se consumen los factores creados por el hombre que los originales de la naturaleza, respecto a los cuales los actores deben optar entre seleccionar procesos de producción que rindan mayores beneficios ahora a expensas del futuro –aún cuando éste sea el de la aniquilación-, o sacrificar ahora la ganancia para asegurar la conservación del recurso (Ibidem, p.640). Los economistas de ahora, concluyó Mises en su tiempo, a diferencia de los de la época de Ricardo, deben de valorar en la misma forma los factores creados por la acción humana y los originados en la naturaleza.
El mito de la Madre Tierra
Con un sentido de asombrosa actualidad, el fundador de la praxeología se refiere a los románticos (10) que se autonombran defensores de la Madre Natura. Ellos, dijo, condenan las teorías económicas concernientes a la tierra por su reducida mentalidad utilitaria. Según los románticos, los economistas miran a los recursos naturales desde el punto de vista del despiadado especulador que degrada los valores eternos a términos de dinero y ganancia.
La naturaleza, sin embargo, dicen ellos, es mucho más que un factor de producción. Es por el contrario la fuente inagotable de vida y energía humana. La agricultura no es simplemente una rama de la producción entre otras, sino la única natural y respetable actividad del hombre, la única que dignifica la existencia humana. Es malévolo, en consecuencia, tratarla como el factor al que hay que exprimir para sacarle el mayor beneficio. La naturaleza, continúan argumentando los románticos, no sólo provee los frutos que nutren nuestro cuerpo, sino que primero que todo produce las fuerzas morales y espirituales de la civilización. Las ciudades, las industrias, y el comercio, son fenómenos de depravación y decadencia; su existencia es parasitaria y son actividades que destruyen lo que el cultivador debe crear una y otra vez (Ibidem, 644).
Ante este discurso romántico, dice Mises que hace miles de años, cuando los antiguos pescadores y cazadores empezaron a cultivar la tierra, la nostalgia romántica era desconocida. Pero si los románticos hubieran vivido en esas épocas, ellos hubieran elogiado los altos valores morales de la caza y la pesca y habrían estigmatizado al cultivo de la tierra como un fenómeno de depravación. Ellos habrían reprochado al productor agrícola por explotar la tierra que los dioses dieran al hombre como campos de cacería y recolección. Pero en las eras prerrománticas nadie consideraba a la naturaleza como algo más que una fuente de bienestar humano, un medio de vida.
Los ritos mágicos y costumbres concernientes a la naturaleza, continúa el economista austriaco, estaban dirigidos a nada más que el mejoramiento de la fertilidad y al incremento de los frutos cosechables. Aquella gente no buscaba la unión mística con los poderes misteriosos y fuerzas ocultas de la tierra: todo lo que ellos querían era más y mejores frutos.
Ellos acudían a rituales mágicos y abjuraciones porque en su opinión ese era el método más eficiente de obtener los fines buscados. Son sus sofisticados descendientes, opinó Mises, quienes yerran al interpretar aquellas ceremonias con un punto de vista idealístico. Un campesino de la vida real no se da el lujo de extasiarse con plegarias a la tierra y sus poderes misteriosos. Para él la naturaleza es un factor de producción, no un objeto de emociones sentimentales. El quisiera más y mejores recursos naturales porque anhela incrementar y mejorar su nivel de vida. Los agricultores compran y venden tierras; las hipotecan y las arriesgan, porque ellos producen y venden cosechas y por lo mismo se indignan cuando los precios de sus productos no se venden de acuerdo a sus expectativas (Ibidem, 644).
Continuando con su argumentación sobre el mito político de la Madre Tierra, nuestro autor dice que el amor a la naturaleza y la apreciación del paisaje eran en cierta forma diferente en la población rural. Fueron los habitantes urbanos quienes empezaron a valorar a la naturaleza en forma distinta a como los granjeros la entendían. Mientras que los pobladores del campo aprecian la naturaleza desde el punto de vista de su productividad para la agricultura, la ganadería, la caza y la selvicultura, para los residentes en las ciudades el paisaje merece apreciarse con fines artísticos, de descanso y contemplación.
Desde tiempo inmemorial, recuerda Mises, las rocas y glaciares de los Alpes fueron solo un desperdicio de tierra a los ojos de los montañeses y fue cuando los citadinos se aventuraron a escalar los picos y llevaron dinero a los valles, cuando los nativos cambiaron su punto de vista. Los primeros montañistas y esquiadores fueron ridiculizados por los granjeros hasta que se percataron que podían obtener ganancias de su excentricidad.
No fueron pastores, sigue diciendo Mises, sino sofisticados aristócratas y habitantes urbanos los autores de la poesía bucólica. Dafnis y Cloe (11) son creaciones fantasiosas alejadas de la ruda realidad rural y no menos extraño a la naturaleza es el moderno mito políticode la Madre Tierra. Este mito, no emergió del musgo de los bosques y de la hierba de los campos, sino de los pavimentos de las ciudades y de las alfombras de los salones. Los agricultores de ahora se adhieren a la moda porque es una forma práctica de obtener consideración política y de aumentar los precios de sus productos, nada más, escribió este autor (Ibidem, Pág.644).
En nuestra época esta corriente romántica de pensamiento sigue estando bien representada, como puede comprobarse con la lectura de los textos mencionados en el pie de página 1 de este documento. Nuestra posición, al respecto, es que esta tendencia tradicionalista tiene, sin lugar a dudas, un espacio importante en los medios académicos y políticos de forma tal que sus propuestas sobre cultura ecológica, justicia étnica, conservación de valores y saberes consuetudinarios, y otros aspectos, están siendo considerados seriamente en el diseño de las políticas ambientales.
Conclusiones
Los economistas clásicos del siglo XVIII fundaron las bases de la ciencia económica imbuidos del conocimiento prevaleciente en su época, consistente en que la energía no se consume solo se transforma y en consecuencia los poderes de la tierra, esto es los recursos naturales, al ser inagotables, jugaban un papel distinto a los otros factores de la producción.
Fue David Ricardo, quien al estudiar la renta de los factores de la producción, estuvo a punto de descubrir el concepto de productividad marginal de la tierra, con lo cual hubiera estado en condición de considerar a los recursos naturales como un factor de producción finito y vulnerable.
Ludwig von Mises, de acuerdo con esta investigación, es el primer economista que al colocar a la naturaleza como factor de producción agotable y susceptible de deterioro, se sitúa como uno de los primeros en advertir la necesidad de que el crecimiento productivo tenga el carácter de sustentable, esto es que el empresario ante los recursos naturales tenga la opción económica implícita en los otros factores de la producción-trabajo y capital- que consiste en sacrificar o no su uso presente en previsión de un potencial uso futuro.
El desarrollo económico con sentido humano, sustentable, democrático, equitativo social-mente, sectorial y regionalmente balanceado, es un problema primordial de la praxeología y la economía, las cuales encuentran en la ciencia política, ecología, sociología, psicología, antropología y otras un apoyo indispensable en su búsqueda de soluciones dentro de la complejidad del tema.
Enfocar demasiado la atención y los esfuerzos de la investigación, la academia y la acción pública hacia debates y teorías sobre un mundo idealizado y cuya existencia pasada o presente es difícilmente comprobable, sólo contribuyen a complicar, a nuestro juicio, una problemática de por sí compleja.
Las visiones románticas e idealistas de una sociedad primitiva en armonía con la naturaleza, alejada de la tecnología y de las relaciones de intercambio del mercado, no son congruentes con la realidad de nuestra época.
No hay duda que lo que la población de un país, una región o una localidad, desea es contar con alimentos, empleo, ingreso, salud, vivienda, educación y servicios para el bienestar material y moral y sólo una vez logrado lo anterior y excepcionalmente buscará satisfacer inclinaciones místicas conectadas con la naturaleza y los saberes ancestrales.
Por supuesto, que los casos de supervivencia cultural existentes en nuestros días, encarnados en grupos indígenas, merecen el respeto a su diversidad y a sus creencias, así como la igualdad ante la ley, exactamente por las mismas razones y en la misma forma que cualquier otro grupo humano contemporáneo.
El desarrollo sustentable es alcanzable mediante la acción organizada de la sociedad, sobre los factores de la producción. Cualquier otra racionalidad que se le intente imprimir al proceso lo desvía de su factibilidad. Las características complementarias que se le señalen al proceso, ya sea que se trate de la equidad social, el equilibrio regional, la igualdad de género, la justicia étnica, la conservación del patrimonio cultural, la solidaridad con grupos en desventaja, o cualquier otro, deberán de integrarse sinérgicamente a los procesos productivos generados por una economía de mercado, libre de ataduras intervencionistas y barreras artificiales.
Finalmente, digamos que cualquiera que sea el enfoque con el que se quiera abordar la problemática del desarrollo, el interesado encontrará en la Praxelogía y en la Economía, insustituibles herramientas de conocimiento. Considérese al respecto que la primera es el estudio de la acción humana y la segunda es la que estudia los fenómenos de la producción, el empleo, el ingreso y el bienestar. El ingreso y el bienestar de todos, incluyendo a los que no creen o no desean saber de ellas.
Notas:
1. Publicado en Estudios Sociales, Revista de Investigación Científica, Vol. XIII, número 25, enero-junio de 2005, Centro de Investigación en Alimentación y Desarrollo, A. C., Hermosillo, Sonora, México.
2. El autor es licenciado en economía egresado de la Facultad de Economía de la Universidad Nacional Autónoma de México. Tiene Maestría en Ciencias y es profesor universitario y consultor de empresas.
3. 3. Es prolífica la literatura dedicada a descalificar, bajo una variada perspectiva, la ciencia económica en general y al sistema de mercados en particular. Considérense las siguientes referencias: En el Límite: La vida en el capitalismo global, Hill Hutton y Anthony Giddens, eds., Kriterios Tusquets Editores, Barcelona, España 2001; Globalización, imperialismo y clase social, John Saxe-Fernández y James Petras, Grupo Editorial Lumen Humanitas, México 2001; La transición hacia el desarrollo sustentable. Perspectivas de América Latina y el Caribe, Enrique Leff, coordinador, PNUMA, México 2002
4. Mencionemos a Frank Fetter, Gottfried von Haberler, Heny Hazlitt, William Harold Hutt, Ludwig Lachmann, Fritz Machlup, Oskar Morgenstern, Wilhelm Röpke, Richard von Strigl, Friedrich von Wieser y Murray N. Rothbard.
5. www.mises.org/mises.asp
6. Son abundantes los escritos que discuten en torno a los nuevos paradigmas del desarrollo sustentable. Véase al respecto Desarrollo a Escala Humana: Una opción para el futuro, Manfred Max.Neef y otros, CEPAUR-Fundación Dag Hammarskjold, Suecia 1980; Desarrollo y Libertad, Amartya Sen, Ed. Planeta, S.A., Barcelona 2000; Fundamentos Teórico-Conceptuales del Desarrollo Regional Sustentable, Pablo Wong González, en La Economía Sonorense y sus Regiones, CIAD, 2001.
7. Mises da al término cosmológico el significado de que los eventos cósmicos tienen un sentido de permanencia y conservación de la masa y la energía. Praxeología, por su parte, es el estudio de la acción humana, tal como la concibió nuestro autor, como una ciencia más general que la economía, no obstante el mayor desarrollo alcanzado por esta última. Para una argumentación sobre estos términos y sus precisos significados véase la introducción de Acción Humana.
8. De acuerdo con los antecedentes disponibles el primer grito de alerta sobre la destrucción del ambiente fue dado en 1962 por Rachel Carson en su libro la Primavera Silenciosa, Houghton Mifflin Company, 2002
9. . La acción del hombre se da condicionada por tres requisitos: Primero, un estado de insatisfacción, segundo, la imagen de un estado más satisfactorio y, tercero, la expectativa razonable de que la acción desarrollada logre el cambio deseado.
10. Se conoce como romanticismo al movimiento filosófico, literario y artístico que a comienzos del siglo XIX creo una estética basada en la ruptura con la disciplina y reglas del clasicismo y el academicismo. El subjetivismo romántico produjo un intenso cultivo de la lírica, una valoración creciente del paisaje, un gusto retrospectivo por las cosas de la edad media, y un amor a lo folklórico y local. Schiller, Byron, Rousseau (precursor del siglo anterior), Lamartine, Chateaubriand. Hugo, Pushkin, Emerson y Melville son algunos apellidos de la larga lista de románticos.
11. Célebre novela pastoril escrita en el siglo IV por Longo.
Bibliografía
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2. ______ (1981). Socialism: An Economic and Sociological Analysis. London: Jonathan Cape. Reprint 1982.Indianapolis: Liberty Press. También: Socialismo: Análisis Económico y Sociológico. 3rd Spanish edition. Translation of Luis Montes de Oca. With a new Preface by Alberto Benegas Lynch. New York: Western Books Foundation, n.d. (1989). Published under the auspices of the Centro de Estudios sobre la Libertad (Buenos Aires).
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20. Sen, Amartya, Desarrollo y Libertad, Ed. Planeta, S.A., Barcelona 2000;
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Crear, copiar y prohibir

Por: Catalina Ruiz-Navarro

La idea de “autor”, es decir, la noción de propiedad intelectual, nace oficialmente en el Renacimiento.

Antes, todo conocimiento humano era dictado divino y nadie se las tiraba de genio, aunque a algunos los reconocieran como tales. Sin embargo, esos primeros autores renacentistas no eran totalmente originales. Por ejemplo, todos le copiaron a Giotto la perspectiva, un efecto revolucionario que le daba profundidad a los cuadros. Y él, a su vez, se la copió a los arquitectos. Así, idea sobre idea, copia sobre copia, se ha construido lo que hoy llamamos cultura, civilización, humanidad.

Nuestra habilidad para registrar y compartir información es una de las razones por las que hemos resultado tan exitosos como especie. Cada generación tiene acceso a las ideas y descubrimientos de las miles de generaciones pasadas y no tiene que comenzar de cero. Leyes como SOPA, sus predecesoras y las que vendrán, no sólo son mezquinas e inefectivas, también son una especie de ironía evolutiva, como si a los pájaros les dejaran las alas pero les prohibieran circular por el cielo; están en contra de la naturaleza de nuestra especie.

Cuando se inventaron el Betamax y el VHS, la gente empezó a grabar programas de la televisión y a compartirlos; la fotocopiadora revolucionó y magnificó las posibilidades académicas del mundo entero, y sí, algunos usaron el VHS para copiar películas y venderlas y otros la fotocopiadora para hacer lo mismo con los libros, pero en un balance general la humanidad salió ganando.

Estas leyes, que se discuten en EE.UU. pero que afectan al mundo entero, también subvierten la base misma de nuestro sistema penal, que es la presunción de inocencia. SOPA no diferencia entre quien postea un video de Madonna en su blog y el que replica sus discos para venderlos y lucrarse. Asume de entrada que todos somos unos “ladrones”, cuando, para muchos, el único objetivo es compartir. Internet ha debilitado la venta de libros, películas y discos originales, pero también la piratería. Yo no compro un DVD pirata desde que tengo acceso a películas gratis y con mejor calidad en Cuevana. También, aunque internet posibilita el plagio, hace más fácil descubrirlo, y las comunidades online son particularmente enfáticas en su repudio a los que se apropian de las ideas de otros sin darles crédito.

Los únicos que parecen perder con la reproducción de contenido en internet son las grandes casas de medios, que ni siquiera se han visto tan afectadas. Por ejemplo, en el 2000 se lanzaron 32.516 álbumes de música en el mundo, según Nielsen Soundscan, y esta cifra aumento a 106.000 en 2008, y cayó a 75,000 en 2010 por la recesión económica. Estos números no tienen en cuenta a los músicos independientes, que son los que más se han beneficiado de la libre distribución en internet. Felix Oberholzer-Gee, profesor de finanzas en Harvard, señala que hoy se venden menos álbumes pero muchas más boletas de conciertos, y sugiere que el gasto que cada individuo hace en música es el mismo, proporcionalmente, claro, que hace 20 años, pero distribuido de manera diferente.

La excusa para esta especie de censura internacional que propone SOPA es la protección a los derechos de los autores, pero para muchos de ellos lo más importante es ser conocidos, y en esa medida la piratería es un gran cumplido. Si queremos que los autores ganen más, la solución no es dificultar la distribución de su trabajo sino reinventar la industria para que valore más el acto creativo que el de consumo, y eso no se logra con una ley que se basa en lo que más daña a la creatividad: censurar y prohibir.

@catalinapordios

Elespectador.com

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Sueños libertarios (en los dominios de H-H Hoppe)

Por Doug Hornig de Casey´s Daily Dispatch

Peter Thiel, obviamente, tiene el instinto agudo del hombre de negocios y un currículum empresarial impecable. Es cofundador de PayPal y uno de los primeros en apoyar financieramente a Facebook, que ahora gestiona un fondo “Hedge”, es socio fundador de una firma de capital de riesgo, invierte en música y películas, y tiene un capital del tamaño de cualquiera de los de Silicon Valley. ¿Por qué está este chico arriesgando $ 1,25 millones de sus dólares en un sueño libertario?

Bueno, una de las razones es que puede hacerlo. Un millón y cuarto no es mucho para un multimillonario. Pero lo más importante es que este es un sueño en el que Thiel cree.

La donación de Thiel es el capital inicial del Seasteading Institute, que está llevando a cabo una empresa que muchos consideran demasiado extravagante para tener éxito: la creación de micro-naciones. En sus propias palabras, la misión del Instituto es “promover el establecimiento y crecimiento de las comunidades permanentes, autónomas, en el océano, lo que permite la innovación con nuevos sistemas políticos y sociales.” Las comunidades se fundarán en instalaciones petroleras de tipo plataforma, ancladas en aguas internacionales, y por tanto no están sujetas a las reglas y regulaciones de cualquier otra nación.

Seasteading, fundada en 2008, es invento del ex- ingeniero de Google, Patri Friedman (nieto de Milton). “La meta final”, dice, “es abrir una frontera para experimentar con nuevas ideas de gobierno.” Sobretodo si se incluye el sistema de libre mercado promovido por su abuelo.

En la actualidad, el Instituto “se centra en permitir por primera vez, la viabilidad de los seasteads (lotes o terrenos en el mar) para que investiguen problemas de ingeniería de gran envergadura, y/o problemas legales y comerciales, el aumento de la conciencia pública, y finalmente construyan una comunidad, un núcleo, de residentes en el mar”.

Y su visión se extiende más allá de la construcción de una ciudad flotante dedicada a la libre empresa. Cada una de las comunidades autónomas servirán para que los habitantes pongan a prueba sus propias ideas particulares sobre gobernabilidad. La esperanza es que el éxito inspire a los gobiernos de todo el mundo a emular los seasteads.

El Instituto reconoce que puede tomar un tiempo para que sea digerido el concepto, pero cree que la tentación económica, para individuos y empresas, de establecerse en islas artificiales será irresistible una vez que se demuestra su viabilidad. El punto de inflexión se prevé que llegará cuando se desarrolle un fuerte mercado de bienes raíces en el mar, induciendo a los urbanizadores a construir más y más de ellos.

Seasteading es un proyecto loable, y esperamos que tenga éxito. Mientras tanto, en tierra firme, los sentimientos de libre mercado se agitan en los más improbables y variados lugares.

Honduras es, después de Haití, la nación más pobre en el hemisferio norte. Su miseria económica podría parecer inmanejable, y muchos de sus ciudadanos están aparentemente de acuerdo con esta realidad, 100.000 de ellos salen cada año. Pero tal vez la grave situación del país es lo que ha llevado al gobierno a proponer una solución radical que se asemeja a la de los seasteaders San Francisco.

La idea fue inspirada por el trabajo del economista estadounidense Paul Romer, quien ha estado haciendo proselitismo de las “ciudades charter” modelo Hong Kong, como una manera de ayudar a salir las naciones de la pobreza. Honduras comprado la idea, sin duda influida por un discurso que Romer dio allí, en la que predicaba los beneficios que se derivarían de la creación de Regiones Especiales de Desarrollo (“REDs” en español).

Romer pronosticó que diez años después de la creación de la primera RED, la economía hondureña crecería a una tasa del 7% -8% anual, y que en veinte años el ingreso per cápita de las personas que trabajan en las zonas RED podría llegar a US$32.000, aproximadamente quince veces más alto que en la actualidad.”Directa o indirectamente, en 10 años todos los hondureños que deseen trabajar podrán hacerlo”, dijo Romer.

Aunque es una empresa enorme, la idea básica es simple: tomar una zona deshabitada y construir una nueva ciudad desde cero. La ciudad se mantendría en general bajo el gobierno del país, dejándola tener sus propias leyes – las que fomenten especialmente la inversión y la creación de empleo y abrir la puerta a empresarios nacionales o extranjeros que deseen instalarse allí.

Y por lo tanto le darán una oportunidad. En enero, el Congreso hondureño modificará la Constitución del país para permitir la División Regional y después, a finales de julio, aprobar una ley para regular estas nuevas entidades. El gobierno está examinando cuatro regiones de aproximadamente 1.000 kilómetros cuadrados cada una para determinar cuál de ellas será la sede del primer “Hong Kong de Honduras”. Se espera que las obras de infraestructura comenzarán a mediados del próximo año y que no será una ciudad en pleno funcionamiento hasta el 2020.

Según el presidente del Congreso Nacional Juan Orlando Hernández, “Bajo este régimen jurídico especial el resultado inmediato será una cantidad masiva de empleo, debido a la necesidad de construir carreteras, puertos, aeropuertos y todas las instalaciones de infraestructura de las empresas por venir“.

Durante los primeros años, los trabajos de construcción se proyectan para dar oportunidades a las personas con baja cualificación, como en las ciudades modelo en Asia. ”Estas ciudades ofrecen oportunidades de empleo para la mano de obra no calificada, que luego, gradualmente, pasar a formar parte de la clase media o más allá”, dice el Ministro de Personal Presidencial Octavio Sánchez. ”En los países que han adoptado modelos similares a este, el rápido crecimiento se puede ver claramente“.

La pregunta, por supuesto, es: ¿Quién va a pagar por esto?

Respuesta: Los inversores externos.

Hernández dice que ha habido un inmenso interés en la sociedad y se mencionan los nombres de la Fundación Goldman Sachs y del Banco de Desarrollo de Abu Dhabi, entre otros.

Todo esto parecería como un sueño, y quizá lo sea. Siquiera discutir la posibilidad de que Honduras, ahora en la quiebra, podría convertirse en un poderoso motor de crecimiento económico, sin duda, quienes lo miran dirán, “ah ha!, parece que llegó la cigüeña”. Pero ¿quién sabe? Sería algo grandioso que Honduras se convirtiese en un modelo que nos permitiera rescatar nuestras propias economías en quiebra, o ¿no?

 

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Una sociedad de derecho privado: Anarquía

Por una Sociedad de Derecho Privado: Anarquía

«Toda mi postura era inconsistente[…], sólo había dos posibilidades lógicas: el socialismo o el anarquismo. Dado que era imposible para mí ser socialista, me vi empujado por la irresistible lógica del caso, a ser un anarquista de propiedad privada, o, como más tarde lo denominaría, un anarcocapitalista.»1

Escrito por Francisco Guerra – Tomado de Anarquista 101

Recuerdo con cierto cariño el artículo de Hans-Hermann Hoppe The Idea of a Private Law Society2. Atravesaba yo una crisis ideológica -en plena crisis económica mundial-, que me haría abandonar ciertas ideas socialistas por otras liberales, tendiendo hacia el minarquismo. Sin embargo, el liberalismo me seguía pareciendo en cierta manera insatisfactorio y contradictorio, por lo que comencé a interesarme por el anarcocapitalismo. Fue a mediados del año 2009 cuando descubrí el artículo de Hoppe, el cual resolvió mis dudas más básicas sobre el anarcocapitalismo.

En su artículo, Hoppe propone una sociedad de derecho privado, caracterizada por la ausencia de Estado y de derecho público, en la cual las actividades relacionadas con la seguridad y la justicia serían privadas, siendo cada individuo libre de defenderse por su propia cuenta o de contratar una empresa que preste dichos servicios. Estas empresas aseguradoras serían la piedra angular del sistema anarcocapitalista, siendo las encargadas de indemnizar a sus clientes en el caso de que ellos o sus propiedades sufriesen una agresión.

En su artículo, Hoppe presenta una serie de argumentos económicos y morales en contra del Estado:

  • En primer lugar, desde el punto de vista del consumidor, todo monopolio es malo. Siendo definido el monopolio como un privilegio exclusivo otorgado a un único productor de bienes o servicios, o como la ausencia de libre entrada en una línea particular de producción. Aplicando esto al Estado, es de esperarse que la ley y el orden proporcionados por el Estado sean excesivamente costosos y de mala calidad.
  • En segundo lugar, siendo el Estado el juez último en todo conflicto, incluyendo en los que él mismo está implicado, en lugar de prevenir y resolver conflictos, provocará conflictos adicionales para resolver el caso a su favor. Siendo el Estado el tribunal de justicia al que apelar, es normal que la justicia esté pervertida en favor del gobierno.
  • En tercer lugar, existe una gran contradicción entre los fines de esta institución y su medio de financiación. El Estado se presenta como el protector de la vida y de la propiedad, sin embargo, se financia mediante el robo: los impuestos.
  • En cuarto lugar, la democracia no establece la igualdad ante la ley como predica, sino que crea desigualdad al separar el derecho público del derecho privado, dándole supremacía al primero. De esta manera, se crean privilegios funcionales y funciones privilegiadas. Los funcionarios, cuando actúan como tales, se encuentran protegidos bajo la ley pública, viéndose privilegiados frente a a las personas que actúan bajo el derecho privado. Bajo la democracia, el privilegio, el proteccionismo y la discriminación legal están disponibles para todos; pero no por ello desaparece la distinción entre gobernantes y gobernados.

El sistema que propone Hoppe es el más justo, ya que permite que cada individuo decida libremente que opción desea tomar y, además, es mucho más eficiente que el actual. Como en todo mercado libre, las empresas se seguridad y justicia se verán obligadas a competir entre ellas, ofreciendo mejores precios y más eficiencia. Serán los consumidores quienes decidan -en función de la importancia que le den a su protección- cuánto están dispuestos a pagar por su seguridad. Las aseguradoras tendrán incentivos para ser lo más eficientes posible, ya que, en caso de que se produjese un delito, se verán obligados a indemnizar a su cliente. En el mismo sentido, se verán incentivadas a atrapar al delincuente, para que sea éste quien pague por los costos de la indemnización. Las aseguradoras tenderán a actuar de la manera más defensiva que les sea posible, ya que iniciar una acción agresora es costoso. Mientras que el Estado no tiene problemas de financiación, las aseguradoras se verían obligadas a subir la cuota a sus clientes, viéndose perjudicadas ya que éstos preferirán aseguradoras más baratas. La posibilidad de defenderse uno mismo es otro factor que interviene en el precio de las aseguradoras. Las aseguradoras ofrecerán precios más baratos a individuos que demuestren conocimientos de autodefensa, incluyendo el uso de armas, ya que éstos representan un riesgo menor. La posibilidad de elegir entre diversas empresas de seguridad, también afecta a la posibilidad de elegir entre diversos servicios, lo que finamente también acaba repercutiendo en el precio. En este sentido, un individuo puede elegir contratar un seguro que no le proteja de los denominados crímenes sin víctima.

Este sistema de competencia entre agencias de protección tendría un importante impacto en el desarrollo de la ley. Las agencias de protección no solo competirían a través del precio de sus servicios, sino también por la diferenciación del producto. Cada individuo decidirá voluntariamente que ley quiere que se le aplique. Cuando surja un conflicto entre personas que están protegidas por el mismo o similar código de leyes, no existe ninguna dificultad para resolverlo. En el caso de que el conflicto surja entre códigos de leyes que llegan a conclusiones claramente diferentes, cada asegurador y sus clientes se someterían al arbitraje de un tercero, elegido por ambas partes.

En conclusión, frente a la situación actual en la que el individuo está sometido a la actuación arbitraria del Estado, Hoppe propone una sociedad de derecho privado, en la que el individuo contratará voluntariamente una compañía aseguradora, la cual ofrecerá contratos con derechos y deberes bien definidos. La tendencia de esta sociedad sería la de aumentar la cooperación entre las empresas de seguridad y la armonización de los códigos de leyes, con el objetivo de reducir conflictos y, por tanto, costes.

Notas al pie

[1] Murray Rothbard.
[2] Traducido al castellano por Rodrigo Betancur: La idea de una sociedad de derecho privado.

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El Dr. Hans-Hermann Hoppe sobre la inviabilidad del Gobierno Mundial Único y el fracaso de la democracia estilo Occidental – Entrevista del Daily Bell

Domingo, 27 de marzo de 2011 – con Antonio Wile

Entrevista al Dr. Hans-Hermann Hoppe sobre la inviabilidad de un Gobierno Único Mundial y el fracaso de la Democracia al estilo occidental.

The Daily Bell se complace en presentar una entrevista exclusiva con el Dr. Hans-Hermann Hoppe.

Introducción: El Dr. Hans-Hermann Hoppe, nacido en 1949 en Peine, Alemania, estudió filosofía, sociología, economía, historia y estadísticas en la Universidad de Saarland, en Saarbrücken, en la Universidad Johann Wolfgang Goethe, de Francfort am Main, y en la Universidad de Michigan, en Ann Arbor. Recibió su doctorado (Filosofía, 1974, bajo la dirección de Jürgen Habermas) y obtuvo su grado de “habilitación” (Fundamentos de Sociología y Economía, 1981), ambos, en la Universidad Goethe en Frankfurt.

En 1985, Hoppe se trasladó a Nueva York para trabajar con Murray N. Rothbard (1926-1995), el estudiante estadounidense más prominente del economista austriaco Ludwig von Mises (1881-1973). En 1986, Hoppe siguió a Rothbard a la Universidad de Nevada, Las Vegas, donde se desempeñó como profesor de economía hasta su jubilación en 2008. Después de la muerte de Rothbard, Hoppe también sirvió durante muchos años como editor del Quarterly Journal of Austrian Economics y del interdisciplinario Diario de Estudios Libertarios. Hoppe es un miembro distinguido del Instituto Ludwig von Mises, en Auburn, Alabama, y fundador y presidente de la Sociedad “Propiedad y Libertad”. Actualmente vive con su esposa la Dra. Guelcin Imre, su colega economista, en Estambul, Turquía.

Hoppe es el autor de ocho libros – el más conocido de los cuales es La Democracia: el Dios que falló – y más de 150 artículos en libros, revistas académicas y revistas de opinión. Como prominente economista internacional de la Escuela austríaca y filósofo libertario, ha dado conferencias en todo el mundo y sus escritos han sido traducidos a más de veinte idiomas.

En 2006, Hoppe fue galardonado con el Premio a la Trayectoria por la Causa de la Libertad “Gary S. Schlarbaum”, y en 2009 recibió el Premio “Franz Cuhel Memorial” de la Universidad de Economía de Praga. En ocasión de su 60 cumpleaños, en 2009, se publicó un Festschrift en su honor: Jörg Guido Hülsmann y Stephan Kinsella (eds.), “La Sociedad “Propiedad y Libertad”. Ensayos en honor a Hans-Hermann Hoppe”. El sitio web personal de Hoppe es www.HansHoppe.com. Allí, el grueso de sus escritos académicos y populares, así como muchas grabaciones de conferencias públicas están disponibles en formato electrónico.

Daily Bell: Por favor, conteste estas preguntas como si nuestros lectores no estuviesen familiarizados con su gran obra ni con sus opiniones. Vayamos al grano ¿Porqué la democracia es “el Dios que falló?”

El Dr. Hans-Hermann Hoppe: La forma de estado tradicional, pre-moderna, es la de una monarquía (absoluta). El movimiento democrático fue dirigido contra los reyes y las clases hereditarias de la nobleza. La monarquía fue criticada por ser incompatible con el principio básico de “igualdad ante la ley”. Se basaba en privilegios y era injusta y explotadora. Se creyó que la democracia sería la solución a esta situación. Al permitir la participación y la libre entrada al gobierno estatal a todas las personas en igualdad de condiciones, proclamaban los defensores de la democracia, la igualdad ante la ley sería realidad y reinaría la verdadera libertad. Pero todo esto es una gran equivocación.

Es cierto que bajo la democracia cualquiera puede ser rey, por así decirlo, y no sólo un círculo privilegiado de personas. Así, en una democracia, teóricamente no existen privilegios personales. Sin embargo si existen privilegios funcionales y funciones privilegiadas. Los funcionarios públicos, si actúan en carácter oficial, son gobernados y protegidos por el derecho público “y por tanto ocupan una posición privilegiada vis-à-vis las personas que actúan bajo la mera autoridad del “derecho privado”. En particular, los funcionarios públicos están autorizados para financiar o subvencionar sus propias actividades por medio de impuestos. Es decir, están autorizados a practicar, y vivir a costa de lo que, en el ámbito privado, entre sujetos de derecho privado, está prohibido y se considera “robo” y “expoliación”. Así que el privilegio y la discriminación legal – y la distinción entre gobernantes y súbditos – no desaparecen en la democracia.

Peor aún: bajo la monarquía, la distinción entre gobernantes y gobernados es clara. Sé, por ejemplo, que nunca llegaré a ser rey, y debido a eso tenderé a resistir los intentos del rey de aumentar los impuestos. Bajo la democracia, la distinción entre gobernantes y gobernados se vuelve borrosa. Puede surgir la ilusión que “nos gobernamos a nosotros mismos”, haciendo que la resistencia contra el aumento de los impuestos sea disminuida en consecuencia. Yo podría terminar en el extremo receptor: como receptor de impuestos en lugar de alguien que paga impuestos, y en ese caso vería la tributación desde un punto de vista más favorable.

Y además: siendo un monopolista hereditario, el rey considera el territorio y las personas bajo su dominio como su propiedad personal. Consecuentemente irá a explotar monopolísticamente esa “propiedad”. Bajo la democracia, el monopolio y la explotación monopolística no desaparecen. Más bien, lo que pasa es esto: en vez de un rey y una nobleza, que consideran al país como su propiedad privada, se coloca un custodio, temporal e intercambiable, al mando monopólico del país. El custodio no es propietario del país, pero mientras esté en el poder podrá utilizarlo legalmente para beneficio suyo y de sus protegidos. Es dueño del uso corriente – del usufructo – pero no es dueño de la riqueza, del capital, del país. Esto no elimina la explotación. Por el contrario, hace que la explotación sea menos sopesada, menos medida y llevada a cabo con poca o ninguna consideración para con el capital del país. La explotación se vuelve más intensa y se promueve sistemáticamente el consumo del capital.  

Daily Bell: Si la democracia ha fracasado qué pondría usted en su lugar? ¿Cuál es la sociedad ideal? El anarco-capitalismo?

El Dr. Hans-Hermann Hoppe: Yo prefiero el término “sociedad de derecho privado”. En una sociedad de derecho privado, toda persona e institución está sujeta al mismo conjunto de leyes. No existen leyes públicas que concedan privilegios a personas o a funciones específicas en este tipo de sociedad. Sólo existen el derecho y la propiedad privados, aplicables por igual a todas y cada una de las personas. Nadie podría adquirir propiedades por medios que no fuesen la producción, el intercambio voluntario, o la apropiación original de recursos sin dueño legítimo previo (baldíos), y además, nadie poseería el privilegio de cobrar impuestos ni de expropiar. Por otra parte, nadie podría prohibir a otra persona el utilizar su propiedad a fin de ingresar en cualquier sector de la economía que ella desease y competir en el mercado contra quien quisiese.

Daily Bell: ¿Cómo se ofrecerían los servicios de justicia y orden en esta sociedad? ¿Cómo funcionaría su sistema ideal de justicia?

El Dr. Hans-Hermann Hoppe: En una sociedad de derecho privado, la producción de ley y orden – protección – se llevaría a cabo por individuos y organismos que, financiados libremente, compitan entre sí por una clientela dispuesta a pagar (o a no-pagar) exactamente como ocurre con la producción de otros bienes y servicios. El funcionamiento de este sistema puede entenderse mejor al contrastarlo con el funcionamiento de nuestro actual, y muy conocido, sistema estatista. Si uno quisiera resumir en una palabra la diferencia decisiva – y la ventaja – de una industria de protección competitiva en comparación con la práctica estatista actual, la palabra sería: contrato.

El estado opera en un vacío legal. No existe ningún contrato entre el estado y sus ciudadanos. No se fija por contrato, qué bien es propiedad de quién, ni qué bien, en consecuencia, debe ser protegido. No se ha fijado que servicios debe proporcionar el estado, ni que va a suceder si el estado falla en sus deberes, ni cuál será el precio que el “consumidor” de tales “servicios” tendría que pagar. Por el contrario, el estado fija unilateralmente las reglas del juego y las puede cambiar, mediante legislación, en el transcurso del juego. Obviamente, este comportamiento es inconcebible para proveedores de servicios de protección financiados libremente. Imagínese un proveedor de protección, sea la policía, la compañía de seguros o un árbitro, cuya oferta consistiese en algo más o menos así: yo no voy a garantizar nada contractualmente. No voy a decirle lo que estoy obligado a hacer si, según su opinión, no cumplo a usted con mi servicio – pero en todo caso, me reservo el derecho de determinar unilateralmente el precio que usted tiene que pagar por tan indefinido servicio. Cualquier proveedor de servicios de protección de este tipo, desaparecería inmediatamente del mercado debido a la falta absoluta de clientela.

En vez de actuar así, cada productor privado de protección, libremente financiado, tendría que ofrecer a sus clientes potenciales un contrato. Y estos contratos, a fin de ser considerados aceptables para consumidores que están pagando voluntariamente por ellos, deben contener cláusulas y descripciones totalmente claras de la propiedad, así como también, claramente definidos los servicios y las obligaciones mutuas. Cada una de las partes de un contrato, a lo largo de su duración o hasta el cumplimiento del contrato, estarían vinculadas a él de acuerdo a sus términos y condiciones, y cualquier cambio en dichos términos o condiciones requeriría el consentimiento unánime de todas las partes interesadas.

En concreto, para ser tenidos como aceptables por sus potenciales compradores, estos contratos tendrían que contener cláusulas especificando lo que se haría en caso de un conflicto o controversia entre el protector o agencia aseguradora y sus asegurados, así como también en el caso de conflicto entre diferentes protectores o agencias aseguradoras y sus respectivos clientes. Y en este sentido sólo existe una solución mutuamente aceptable: en estos casos las partes en conflicto se comprometen contractualmente a someterse a un tribunal de arbitramento dirigido por un tercero que sea independiente y que goce de la confianza mutua de ambas partes. Y en cuanto a esta tercera persona: ella, también, debe estar libremente financiada y en posición de competir con otros árbitros u organismos de arbitraje. Sus clientes, es decir, las compañías de seguros y el asegurado, esperan de ella, que llegue a un veredicto que sea reconocido como justo y equitativo para todas las partes. Únicamente aquellos árbitros capaces de formar tales juicios tendrán éxito en el mercado del arbitraje. Árbitros incapaces de esto y percibidos como sesgados o parciales desaparecerán del mercado.

Daily Bell: ¿Está negando, pues, que necesitamos el estado para defendernos?

El Dr. Hans-Hermann Hoppe: En efecto, así es. El estado no nos defiende, al contrario, el estado nos agrede, confisca nuestras propiedades y las utiliza para defenderse a sí mismo. La definición típica de estado es la siguiente: el estado es una agencia caracterizada por dos funciones exclusivas y lógicamente conectadas. En primer lugar, el estado es una agencia que ejerce el monopolio territorial de la toma las decisiones de última instancia. Es decir, el estado es el árbitro y juez de última instancia en cada caso de conflicto, incluidos los conflictos que afectan al estado mismo y a sus agentes. No hay apelación posible por encima, ni por fuera, del estado. En segundo lugar, el estado es una agencia que ejerce un monopolio territorial de tributación. Es decir, es una agencia que puede fijar unilateralmente el precio que sus súbditos tienen que pagar por el servicio del estado como juez de última instancia. Sobre la base de este marco institucional se pueden predecir con seguridad las consecuencias. En primer lugar, en lugar de prevenir y resolver conflictos, un monopolio que toma decisiones de última instancia causa y provoca conflicto con el fin de que se resuelva en su propio beneficio. Es decir, el estado no reconoce ni protege la legislación vigente, más bien distorsiona y pervierte la ley por medio de legislación. Contradicción número uno: el estado es un protector de la ley que incumple la ley. En segundo lugar, en lugar de defender y proteger a alguien o algo, un monopolio de tributación siempre se esforzará por llevar sus gastos al máximo en materia de protección y, al mismo tiempo por reducir al mínimo la producción efectiva de protección. Cuanto más dinero pueda gastar el estado y menos tenga que trabajar por ese dinero, mejor será su situación. Contradicción número dos: el estado es un expropiador protector de la propiedad.

Daily Bell: ¿Hay algunas leyes y regulaciones buenas?

El Dr. Hans-Hermann Hoppe: Sí. Hay, unas pocas leyes, simples y buenas, que casi todo el mundo reconoce y acepta intuitivamente y que además se puede demostrar que son leyes “verdaderas” y “buenas”:* Primera: Si no hubiera conflictos interpersonales y todos viviéramos en perfecta armonía no habría necesidad de ley o norma alguna. El propósito de las leyes o normas es ayudar a evitar conflictos que de otro modo serían inevitables. Sólo las leyes que alcanzan ese objetivo pueden ser llamadas leyes buenas. Una ley que genera conflictos en lugar de ayudar a evitarlos es contraria a la finalidad de las leyes, es decir, es una ley mala, disfuncional o perversa.

Segunda: Los conflictos son posibles sólo en la medida que los bienes sean escasos. Las personas tienen enfrentamientos debido a que quieren utilizar el mismo bien de maneras diferentes e incompatibles. O bien yo gano y hago lo que quiero o usted gana y hace lo que quiere. Ambos no podemos ser “ganadores”. En el caso de bienes escasos, entonces, necesitamos reglas o leyes que nos ayuden a decidir entre argumentos antagónicos y conflictivos. Por el contrario, bienes que son “gratis”, es decir, bienes que existen en superabundancia, que se vuelven inagotables o infinitamente reproducibles, no son, y no pueden ser, una fuente de conflicto. Cada vez que uso un bien no-escaso no se reduce para usted, ni en lo más mínimo, la disponibilidad de este bien. Puedo hacer con él lo que quiero y usted puede hacer con él lo que quiera, al mismo tiempo. No hay perdedores. Ambos somos ganadores, y por lo tanto, en la medida en que los bienes en cuestión no sean escasos, nunca habrá necesidad de leyes.

Tercera: Entonces todos los conflictos relacionados con bienes escasos sólo se pueden evitar si cada bien es de propiedad privada, es decir, exclusivamente bajo el control de un individuo (o grupo de individuos) específico, y no por varios individuos no especificados, y siempre está en claro cuál cosa es la propiedad, y a quién pertenece, y cuál no es. Y para evitar todos los posibles conflictos desde el principio de la humanidad, por así decirlo, solamente es necesario tener una norma que determine que la primera, la apropiación original de un recurso escaso, dado por la naturaleza, sin previo dueño, la convierte en propiedad privada. En suma, entonces, son esencialmente tres las “buenas leyes” que garantizan una interacción libre de conflicto o “de paz eterna:” a) el primero que se apropia de algo previamente sin dueño se convierte en su propietario exclusivo (en condición de primer propietario no podría haber entrado en conflicto con nadie porque las otras personas sólo aparecerán en escena más tarde), b) aquel que produce algo, utilizando tanto su cuerpo como los bienes apropiados originalmente, se convierte en dueño único y legítimo del producto de su trabajo, siempre que en ese proceso no dañe la integridad física de la propiedad de terceros, y c) que quien adquiera algo de un propietario anterior, o anteriores, por medio de intercambio voluntario, es decir, un intercambio considerado de beneficio mutuo, se convierte en el nuevo propietario de ese bien.

Daily Bell: ¿Cómo, entonces, puede uno definir la libertad? Como la ausencia de coerción estatal?

El Dr. Hans-Hermann Hoppe: Una sociedad es libre, cuando cada persona es reconocida como dueña exclusiva de su propio (escaso) cuerpo físico; cuando los individuos son dueños exclusivos del fruto de su propio trabajo; cuando las personas son libres de convertirse en propietarios de recursos, previamente sin dueños definidos, convirtiéndolos en su propiedad privada; cuando las personas son libres de utilizar su cuerpo y sus bienes apropiados originalmente para producir lo que quieran producir (sin que en el proceso dañen la integridad física de la propiedad de terceros); y cuando cada uno es libre de hacer contratos mutuamente benéficos con otros individuos, incluyendo en ello sus respectivas propiedades. * Cualquier interferencia con estos contratos constituye un acto de agresión, y el grado de libertad de una sociedad puede medirse por la intensidad con que practica tales agresiones.

Daily Bell: ¿Cuál es su posición sobre los derechos de autor? ¿Cree usted que la propiedad intelectual no existe, como Kinsella ha propuesto?

El Dr. Hans-Hermann Hoppe: Estoy de acuerdo con mi amigo Kinsella, la idea de los derechos de propiedad intelectual no sólo es equivocada y confusa sino, además, peligrosa. Y ya he comentado porqué es así. Las ideas – recetas, fórmulas, declaraciones, argumentos, algoritmos, teoremas, melodías, patrones, modelos, ritmos, imágenes, etc. – son sin duda bienes (en la medida en que son buenas y útiles, no que sean malas, las recetas, etc.), pero no son bienes escasos. Una vez pensadas y expresadas, son bienes libres, inagotables. Silbo una melodía o escribo un poema, usted oye la melodía o lee el poema y lo reproduce o lo copia. Al hacerlo, usted no me ha quitado nada. Puedo silbar y escribir como antes. De hecho, todo el mundo me puede copiar y aún así, nada han tomado de mí. (Si yo quisiera que nadie copie mis ideas sólo tendría que guardarlas para mí mismo y no expresarlas nunca. )

Ahora imagine que he obtenido un derecho de propiedad sobre mi melodía o sobre mi poesía, de tal manera que puedo prohibir a usted que la copie, o exigir, de usted mismo, una regalía si la copia. En primer lugar: ¿No implica esto, que yo, absurdamente, a mi vez, tenga que pagar regalías a la persona (o a sus herederos) que inventaron el “silbar” y la escritura, y más adelante a aquellos que compusieron el lenguaje y la reproducción de sonidos, y así sucesivamente?. Segundo: Al impedir que usted silbe mi melodía o recite mi poema o al obligarlo a pagar, en caso de que lo haga, me he transformado en realidad en propietario (parcial) de usted: propietario parcial de su cuerpo, de sus cuerdas vocales, de su papel, de su lápiz, etc., porque usted no utilizó nada, excepto sus propios recursos, cuando me copió. Si usted ya no puede copiarme, entonces esto significa que yo, el dueño de la propiedad intelectual, he expropiado a usted y a su propiedad “real”. Lo que demuestra que los derechos de propiedad intelectual y los derechos de propiedad real son incompatibles, y la promoción de la propiedad intelectual debe ser vista como uno de los más peligrosos ataques a la idea de la propiedad “real” (de bienes escasos).

Daily Bell: Hemos sugerido que si alguien quiere hacer valer derechos de autor hereditarios que lo haga entonces por su propia cuenta, asumiendo los gastos, e intentando a través de diversos medios hacer frente a los violadores de los derechos de autor con sus propios recursos. Esto sitúa la carga de la coerción, y de la vigilancia, en el bolsillo del individuo. ¿Es ésta una solución viable – permitir que el mercado mismo decida estas cuestiones?

El Dr. Hans-Hermann Hoppe: Eso sería un gran avance en la dirección correcta. Mejor aún: más y más tribunales en más y más países, especialmente en países fuera de la órbita del cártel de los gobiernos occidentales, dominados por los EE UU, harían claro que ya no oyen casos de violación de derechos de autor, ni de patentes, y se refieren a tales quejas como a un truco de las grandes empresas occidentales – vinculadas a sus respectivos gobiernos, tales como las empresas farmacéuticas – para enriquecerse a costa de otras personas.

Daily Bell: ¿Qué piensa usted de Poder es Derecho de Ragnar Redbeard?

El Dr. Hans-Hermann Hoppe: Uno puede dar dos interpretaciones muy diferentes a esta declaración. No veo ninguna dificultad con la primera. Es así: Yo sé la diferencia entre “poder” y “derecho” y, por tratarse de un hecho empírico, el poder es, de hecho, con frecuencia el derecho. La mayoría, si no todo el “derecho público”, por ejemplo, es poder disfrazado de derecho. La segunda interpretación es la siguiente: No sé la diferencia entre “poder” y “derecho”, porque no hay diferencia. Poder es derecho y derecho es poder. Esta interpretación se contradice a sí misma. Porque si quisiera defender este argumento como una declaración verdadera en una discusión con otra persona, de hecho, usted estaría reconociendo el derecho de su oponente a la propiedad de su propio cuerpo. Usted no usa la violencia contra él para traerlo al enfoque correcto. Usted permite que él llegue a la verdad por sí mismo. Es decir, admite, al menos implícitamente, que usted conoce la diferencia entre el bien y el mal. De lo contrario no habría ningún propósito en discutir. Lo mismo, incidentalmente es cierto, con la famosa frase de Hobbes de que el hombre es lobo para el hombre. Cuando usted acepta que esta declaración es verdadera, en realidad está probando que es falsa.

Daily Bell: Se ha sugerido que la única manera de reorganizar la sociedad es a través de un retorno a los clanes y tribus que caracterizaron las comunidades del homo-sapiens por decenas de miles de años? ¿Es posible que como parte de esta des-evolución, se pueda volver a enfatizar el clan o la justicia tribal?

El Dr. Hans-Hermann Hoppe: No creo que nosotros, en el mundo occidental, pueda volver a los clanes y a las tribus. El estado moderno y democrático ha destruido los clanes y las tribus y sus estructuras jerárquicas, porque estaba en el camino del empuje estatista por el poder absoluto. Con los clanes y las tribus ausentes, tenemos que tratar con el modelo de sociedad de derecho privado que he descrito. Pero allí donde todavía existen las estructuras jerárquicas del clan y de la tribu tradicionales, deberían ser apoyadas y los intentos de “modernizar” los “arcaicos” sistemas de justicia al estilo occidental deberían ser vistos con la mayor suspicacia posible.

Daily Bell: También ha escrito mucho sobre dinero, moneda y asuntos monetarios. El Patrón Oro es necesario para una sociedad libre?

El Dr. Hans-Hermann Hoppe: en una sociedad libre, el mercado produciría dinero, como todos los demás bienes y servicios. En un mundo perfectamente cierto y previsible no existiría esa cosa que llamamos dinero. Pero como vivimos en un mundo de contingencias impredecibles las gentes llegan a apreciar también los bienes de acuerdo a su facilidad de comercialización o vendibilidad, o sea, como medio de trueque. Dado que un bien que sea más fácil y ampliamente vendible es preferible como medio de intercambio o de trueque a un bien que sea menos fácil y ampliamente vendible, hay una tendencia inevitable en el mercado para que surja finalmente un único material o producto, que se distinga de todos los otros, justamente por ser el más fácil y ampliamente vendible entre todos. Este material o producto es llamado dinero. Siendo el más vendible de todos los bienes, proporciona a su dueño y portador la mejor protección humanamente posible contra la incertidumbre – puede ser utilizado para satisfacción instantánea de una amplia gama de posibles necesidades. La teoría económica no tiene nada que decir en cuanto a cuál producto o material irá a adquirir el status de dinero. Históricamente tal material ha sido el oro. Pero si la constitución física de nuestro mundo fuese diferente o llegara a ser diferente de lo que es ahora, algún otro producto o material se convertirían o podrían convertirse en dinero. El mercado decidirá. En todo caso, no hay necesidad que el gobierno venga a inmiscuirse en nada de esto. El mercado ha surtido y surtirá algún tipo de dinero-mercancía, y la producción de ese material, cualquiera que sea, está sujeta a las mismas fuerzas de la oferta y la demanda que determinan la producción de todos los demás bienes y servicios del mercado.

Daily Bell: ¿Y qué dice del paradigma de la banca libre? La banca fraccionaria privada debe ser tolerada o es un delito? ¿Quién va a llevar gente a la cárcel por la banca privada fraccionaria?

El Dr. Hans-Hermann Hoppe: Suponga que el oro es dinero. En una sociedad libre, usted tiene la libre competencia en las minas de oro, tiene la libre competencia en la acuñación de oro, y tiene bancos compitiendo libremente. Los bancos ofrecen diversos servicios financieros: custodia de dinero, servicios de compensación, y la intermediación entre ahorradores y prestatarios inversionistas. Cada banco emite su propio tipo de “notas” o “certificados” que documentan las diversas operaciones y las resultantes relaciones contractuales entre el banco y el cliente. Tales “notas” o billetes son negociables libremente. Hasta aquí todo va bien. La polémica entre los banqueros libres es sólo el estatus de la banca de depósito de reserva fraccionaria y de los billetes bancarios. Digamos que A deposita 10 onzas de oro en un banco y recibe un billete (un sustituto del dinero) redimible por su valor a la presentación por el portador. Sobre la base de un depósito, entonces, el banco otorga un préstamo a C, por 9 onzas de oro y emite un billete en este sentido, una vez más redimible por su valor al portador.

Debería ser permitido esto? Creo que no. Porque ahora hay dos personas, A y C, que son propietarias exclusivas de la misma y única suma de dinero. Una imposibilidad lógica. O dicho de otro modo, sólo hay 10 onzas de oro, pero a A se le da un título por 10 onzas y C guarda uno por 9 onzas. Es decir, hay más títulos de propiedad que propiedad. Obviamente, esto constituye un fraude, y en todas las áreas, excepto en asuntos monetarios, los tribunales han considerado la práctica como fraude también y han castigado a quienes los cometen. Por otro lado, no habría problema alguno si el banco dijese a A que iría a pagarle intereses sobre sus depósitos, invirtiéndolos, por ejemplo, en un fondo mutuo del mercado monetario constituido por papeles financieros de alta liquidez y a corto plazo, y prometiendo hacer todos los esfuerzos posibles para restituir a A, una cantidad fija de dinero, al momento que éste exigiese de vuelta su inversión. Tales fondos de inversión bien podrían tornarse muy populares y mucha gente querría depositar su dinero en ellos en lugar de hacerlo en cuentas de depósito normales. Pero las acciones en fondos de inversión nunca podrán funcionar como dinero o medio de trueque. En esas condiciones tales acciones jamás podrían ser la mercancía, el material o producto, más fácil y ampliamente vendible de todos.

Daily Bell: ¿Cuál es su posición con respecto al paradigma actual de la banca central? ¿Es la banca central, como está constituida actualmente, el desastre principal de nuestro tiempo?

El Dr. Hans-Hermann Hoppe: La banca central es sin duda uno de los grandes causantes del desbarajuste de nuestra época. Los Bancos Centrales, y, en particular, el Banco de la Reserva Federal, la FED, fueron los responsables de la destrucción del patrón oro, el cual siempre fue obstáculo para las políticas inflacionarias, y de su sustitución, desde 1971, por un patrón monetario exclusivo de papel moneda (dinero fiduciario) y de curso legal forzoso. Desde entonces, los bancos centrales tienen la capacidad de crear dinero virtualmente de la nada. Una mayor cantidad de papel moneda no hace a una sociedad más rica, y es obvio, – se trata sólo de una mayor cantidad de papel impreso. De lo contrario, ¿porqué existen aún países pobres y gentes pobres en el mundo? Porque la creación de más dinero tiene una función primordial: enriquecer a su productor monopolístico (el banco central) y a todos los receptores iniciales de ese dinero (el gobierno y los grandes bancos y sus clientes principales, vinculados al gobierno) todo a costa del empobrecimiento de quienes reciben el nuevo dinero en el último momento, cuando todos los precios ya han aumentado.

Gracias al poder ilimitado de imprimir dinero del cual goza un banco emisor, los gobiernos pueden incurrir en déficit presupuestarios cada vez más altos y a acumular endeudamientos cada vez mayores para financiar guerras, frías o no, en el extranjero o en casa, y la participación en un flujo infinito de actividades inútiles, que de otro modo, sería imposible financiar. Gracias al banco central, varios “expertos monetarios” y “líderes de la macro-economía” pueden, al agregarlos a la nómina, convertirse en propagandistas del gobierno, con la función de “explicar”, como alquimistas, cómo la piedra (papel-moneda), puede ser transformada en pan (riqueza). Gracias al banco central, las tasas de interés pueden ser artificialmente reducidas a cero, canalizando crédito para proyectos y mano de obra insolventes al mismo tiempo que escasean el crédito genuino para proyectos y personas solventes, y realmente dignas de crédito, provocando inversiones cada vez mayores en burbujas insostenibles, las cuales, al estallar, generan colapsos cada vez más espectaculares. Y gracias al banco central, enfrentamos la dramáticamente creciente amenaza de una inminente hiperinflación cuando los pollos llegan por fin a casa a pernoctar y al flautista debemos pagar.

Daily Bell: Hemos señalado a menudo que las siete colinas de Roma fueron inicialmente sociedades independientes al igual que la ciudades-estado italianas durante el Renacimiento y las 13 colonias de la República de los EE. UU. Parece que los grandes imperios comienzan como comunidades individuales donde la gente puede abandonar una comunidad si son oprimidos y emigran a una comunidad cercana a comenzar de nuevo. ¿Cuál es la fuerza motriz detrás de este proceso de centralización? ¿Cuáles son los bloques de construcción del Imperio?

El Dr. Hans-Hermann Hoppe: Todos los estados tienen que comenzar en pequeño. Eso facilita que la gente huya, que escape. Sin embargo, los estados son por naturaleza agresivos, como ya he explicado. Pueden externalizar el costo de la agresión en los demás, es decir, en los desventurados contribuyentes. No les gusta ver huir a la gente productiva y tratan de capturarlos expandiendo su territorio. Mientras más gente productiva controle, mejor estará el estado. Este deseo de expansión, encuentra oposición en otros estados. Sólo puede haber un monopolio supremo de justicia y tributación en un territorio dado. Es decir, la competencia entre los diferentes estados es eliminatoria. O bien A gana y controla el territorio, o bien B. ¿Quién gana? Al menos en el largo plazo, el estado que irá a ganar – y a apoderarse del territorio de otro, o a establecer su hegemonía sobre él y obligarlo a rendir tributo – será aquel que pueda parasitar de la economía comparativamente más productiva. Es decir, todo lo demás constante, los estados cuyas economías son más liberales tenderán a conquistar los estados menos liberales (en el sentido clásico europeo de “liberal”), o sea, los estados más opresivos y más regulados económicamente.

Fijándonos sólo en la historia moderna, podemos de esa forma explicar primero la ascensión de la liberal Gran Bretaña a la categoría del Imperio más importante del mundo y, después, subsecuentemente, la de la liberal Unión Americana (los EE. UU.). Y podemos comprender una aparente paradoja: ¿por qué aquellos potencias imperiales internamente liberales como los EE. UU. tienden a ser más agresivos y beligerantes en su política exterior que aquellas potencias internamente opresivas, como la antigua Unión Soviética. El liberal imperio de los EE. UU. era el seguro ganador en sus guerras y las aventuras militares en el extranjero, mientras que la opresiva Unión Soviética temía que pudiera perder.

Pero la construcción del Imperio también lleva consigo las semillas de su propia destrucción. Cuanto más cerca llega el estado a su meta suprema – la dominación del mundo y la institución de un gobierno único mundial, menos motivos tienen para mantener su liberalismo interno y más razones tienen para hacer justamente aquello que todos los estados están propensos a hacer de todos modos, es decir, a adoptar una línea dura y aumentar su explotación sobre la gente productiva que aún queda. En consecuencia, sin tributarios adicionales disponibles y la productividad doméstica estancada o cayendo, las políticas internas imperiales de pan y circo ya no pueden mantenerse. La crisis económica golpea, y el colapso económico inminente comienza a estimular tendencias a la descentralización, a los movimientos separatistas y secesionistas, y finalmente conduce a la desintegración del Imperio. Ya vimos esto acontecer con Gran Bretaña, y estamos viendo ahora el mismo suceso con el Imperio de los EE. UU., aparentemente en su última etapa.

Hay también un aspecto importante en el lado monetario de este proceso. El Imperio dominante típicamente proporciona la moneda de reserva internacional, primero la Gran Bretaña con la Libra Esterlina y ahora los EE. UU. con el Dólar. Con el dólar usado como moneda de reserva por los bancos centrales extranjeros, los EE. UU. pueden incurrir en un “déficit sin lágrimas” permanente. Es decir, los EE. UU. no tienen que pagar por sus constantes excesos de importaciones en relación con las exportaciones, como sería normal entre socios “iguales”, teniendo que exportar una cuantía creciente de bienes al exterior (las exportaciones pagan por las importaciones). Más bien: Los gobiernos extranjeros y sus bancos centrales en lugar de utilizar sus ingresos por exportaciones para comprar productos estadounidenses de consumo interno, usan sus reservas en dólares de papel para comprar bonos del gobierno de EE. UU. como ayuda a los estadounidenses para que sigan consumiendo más allá del alcance de sus medios. Un típico signo de vasallaje ante el Imperio dominante.

No sé lo suficiente sobre China para entender por qué están utilizando sus enormes reservas en dólares para comprar bonos del gobierno de los EE. UU. Después de todo, se supone que China no forma parte del Imperio Americano. Tal vez sus gobernantes han leído demasiados libros de texto de economía americanos y ahora creen en la alquimia, también. Pero si solamente la China se deshiciera de sus bonos del Tesoro de los EE. UU. y en cambio acumulara reservas de oro, ese sería el fin del imperio de los EE. UU. y del dólar como hoy los conocemos.

Daily Bell: ¿Es posible que una sombra de familias imposiblemente ricas localizadas en la ciudad de Londres sea parcialmente responsable de todo esto? ¿ Buscan estas familias y sus facilitadores un gobierno mundial de élites? ¿Es una conspiración? ¿Ve usted el mundo en estos términos: como una lucha entre los impulsos de centralización de las élites y los impulsos más democráticos del resto de la sociedad?

El Dr. Hans-Hermann Hoppe: No estoy seguro de si la conspiración sigue siendo la palabra adecuada, porque mientras tanto, gracias a gente como Carroll Quigley, por ejemplo, se sabe mucho acerca de lo que está pasando. En cualquier caso, no cabe duda de que hay familias tan increíblemente ricas, asentadas en Londres, Nueva York, Tel Aviv y en otros lugares, que ya han percibido el inmenso potencial para el enriquecimiento personal en el proceso de construcción del Estado- y del Imperio. Los presidentes de las grandes casas bancarias jugaron un papel clave en la fundación de la FED, porque percibieron que la banca central permitía a sus propios bancos inflar y expandir el crédito adicionalmente al dinero y crédito creados por el banco central, y que un prestamista “de última instancia” jugaba un papel decisivo al permitirles cosechar ganancias privadas, siempre y cuando las cosas marcharan bien y a socializar los costos cuando las cosas comenzasen a marchar mal.

Percibieron que el patrón oro clásico se presentaba como un obstáculo natural a la inflación y a la expansión del crédito, así que primero ayudaron a establecer un patrón oro falso (el estándar de intercambio del oro) y, a continuación, después de 1971, un régimen de papel moneda puro. Comprendieron que un sistema de libre fluctuación del papel-moneda nacional era todavía imperfecto, en cuanto a sus deseos inflacionistas se refiere, porque la supremacía del dólar podría verse amenazada por otras monedas en competencia, tales como un marco alemán fuerte, por ejemplo; y con el fin de para reducir y debilitar esta competencia apoyaron los esquemas de “integración monetaria” tales como la creación de un Banco Central Europeo (BCE) y del Euro.

Y percibieron que el sueño supremo, un poder ilimitado de falsificación y creación de dinero, se haría realidad, con sólo tener éxito en la creación de un banco central mundial, dominado por los EE. UU., que emitiera un papel-moneda mundial, como el Bancor (nombre propuesto por Keynes) o el Fénix; y así, ayudaron a establecer y a financiar una multitud de organizaciones tales como el Consejo de Relaciones Exteriores, la Comisión Trilateral, el Grupo Bilderberg, etc., para promover este objetivo. Además, los líderes industriales reconocieron las tremendas oportunidades de beneficio creadas por los monopolios concedidos por el estado, por los subsidios del gobierno, y por los contratos exclusivos de margen fijo, liberándolos o protegiéndolos de la competencia, y por lo tanto, ellos también se aliaron, e “infiltraron”, al estado.

No hay “accidentes” en la historia, y si hay acciones cuidadosamente planificadas que dan lugar a consecuencias inesperadas, imprevistas, y no premeditadas. Pero la historia no es sólo una secuencia de accidentes y sorpresas. La mayor parte de ella ha sido concebida y diseñada intencionalmente. No por la gente común, por supuesto, sino por las élites del poder en el control del aparato estatal. Si quisiéremos evitar que la historia siga su actual y previsible curso rumbo a un desastre económico sin precedentes, entonces, es realmente imperativo provocar la indignación pública exponiendo, sin descanso, los perversos motivos y maquinaciones de las élites del poder, no sólo de quienes trabajan en el aparato estatal, sino, especialmente, de los que estando por fuera, detrás de las escenas, tiran de las cuerdas.

Daily Bell: Ha sido nuestra tesis que, al igual que la imprenta de Gutenberg hizo estallar las estructuras sociales existentes en su época, así también lo está haciendo la Internet hoy en día. Creemos que la Internet puede marcar el comienzo de un nuevo Renacimiento después de la Edad Oscura del siglo 20. ¿De acuerdo? No está de acuerdo?

El Dr. Hans-Hermann Hoppe: Es cierto que ambos inventos revolucionaron la sociedad y mejoraron enormemente nuestras vidas. Es difícil imaginar cómo sería regresar a la era pre-Internet, o la era pre-Gutenberg. Soy escéptico, sin embargo, en cuanto a la capacidad de las revoluciones tecnológicas, en sí y por sí mismas, de traer progreso moral y avance hacia una mayor libertad. Estoy más inclinado a pensar que la tecnología y los avances tecnológicos son “neutrales” en este sentido. La Internet puede ser utilizada para desenterrar y difundir la verdad tanto como para difundir mentiras y confusión. Se nos han dado posibilidades sin precedentes de eludir y socavar a nuestro enemigo el estado, pero también se han dado al estado posibilidades sin precedentes de espiarnos y arruinarnos. Somos más ricos hoy en día, con la Internet, de lo que éramos sin ella, digamos, en 1900, (y somos más ricos, no por el estado, sino a pesar de él). Pero tendría que negar enfáticamente que hoy somos más libres de lo que éramos en 1900. Todo lo contrario.

Daily Bell: ¿Algunas consideraciones finales? ¿Puede decirnos en que está trabajando ahora? Qué libros o sitios web le gustaría recomendar?

El Dr. Hans-Hermann Hoppe: Una vez me desvié de mi principio de no hablar acerca de mi trabajo hasta haberlo concluido. Me he arrepentido de esta desviación. Fue un error que no voy a repetir. En cuanto a los libros, recomiendo, sobre todo, la lectura de las obras principales de mis dos maestros, Ludwig von Mises y Murray Rothbard, no sólo una vez, sino repetidamente de vez en cuando. La obra de ambos sigue siendo incomparable y permanecerá insuperable por mucho tiempo. En cuanto a los sitios web, visito regularmente a mises.org y lewrockwell.com En cuanto a otros sitios: me han llamado un extremista, un reaccionario, un revisionista, un elitista, un supremacista, un racista, un homofóbico, un antisemita, un derechista, un teócrata, un ateo cínico, un fascista y, por supuesto, un mote obligado para todos los alemanes, un nazi. Por lo tanto, es de esperar que tenga una debilidad por sitios políticamente “incorrectos” que todo hombre “moderno”, “decente”, “civilizado”, “tolerante” y “iluminado” se supone que debe ignorar y evitar.

Daily Bell: Gracias por concedernos su tiempo para responder nuestras preguntas. Ha sido un honor especial abordarlo con ellas en el contexto de su extraordinaria obra.

El Dr. Hans-Hermann Hoppe: Fue un placer.

Comentarios del Daily Bell:

¡Qué gran entrevista. Decimos esto sin modestia, porque con algunas excepciones (siendo las más notables la banca libre y la competencia por el dinero), el Dr. Hans-Hermann Hoppe, uno de los mejores pensadores y educadores libertarios en el mundo de hoy, en realidad pareció estar de acuerdo con algo de lo que se ha se ha propuesto en estas modestas páginas durante varios años. No tome nuestra palabra por ella. Vuelva a leer la entrevista si lo desea. Para tener a alguien del calibre mental del doctor Hoppe de apoyar y profundizar en las percepciones fundamentales, que hemos sostenido en algunas ocasiones, es increíblemente afirmativo, e incluso, (no nos importa admitirlo), intelectualmente satisfactorio.

En un tono menos frívolo, lo que viene a través de la entrevista es que el Dr. Hoppe es uno de los individuos particulares que, al haber vislumbrado la verdad no disponible para la mayoría de la gente, es incapaz, por temperamento, de temporizar sobre su validez. Uno ve esta característica reflejada en la obra y en las narrativas de Murray Rothbard y de Ludwig von Mises, por nombrar dos pensadores brillantes que vienen a la mente. La incapacidad de evitar conclusiones (o de no cohibirse de expresarlas) desarrollada a partir del sistema de creencias de uno mismo, es un signo revelador de coraje intelectual, e incluso, creemos, de grandeza.

De hecho, es raro tener el privilegio de llevar a cabo un diálogo con una inteligencia verdaderamente clara, alguien, de hecho, con un marco de referencia que resuena con coraje. Si usted lee la entrevista con detenimiento, puede ver (o escuchar) el enfoque disciplinado con que el doctor Hoppe se acerca a los temas sobre los que comenta. Cada posición se desarrolla de forma racional y cada conclusión se desenvuelve sin cesar de la evidencia esbozada.

No vamos a escribir mucho más porque al igual que una gran composición musical, esta entrevista, en nuestra opinión, se aprecia mejor por sí misma. Nuestro comentario, torpe probablemente, sólo resta de su musculatura y de su elegante austeridad. Por supuesto, usted puede no apreciar nuestros esfuerzos, querido lector, pero por favor, reconozca la cortés elegancia, la sabiduría y la valentía intelectual de uno de los pensadores profundos del mundo del mercado libre, el Dr. Hans-Hermann Hoppe.

TRADUCCIÓN DE  RODRIGO BETANCUR

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La anarquía no es caos

Excelente artículo escrito por Guillermo Ramírez en Orden Voluntario. No es fácil conquistar adeptos para el Libertarismo. Los amigos rehusan la conversación sobre el tema: “ahí viene el Anarquista, otra vez con su cuento…”. Ni en la familia quieren hablar más del asunto.Lean el artículo completo. Muy bueno y descriptivo.

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