Tomado de MisesHispano
21 Abril, 2014
Autor: Hans-Hermann Hoppe
Sólo en su isla, Robinson Crusoe puede hacer lo que se le antoje. Para él, la pregunta relativa a las reglas que conforman la conducta humana-la cooperación social-carece de sentido. Esta pregunta sólo puede surgir si aparece en escena otro ser humano, Viernes. Y sin embargo, incluso en este caso esta pregunta resulta del todo irrelevante siempre y cuando no exista escasez. Supongamos que la isla es el Jardín del Edén. Aquí todos los bienes externos se dan en superabundancia. Se trata de “bienes gratuitos,” tal y como también lo es el aire que respiramos. Sea lo que sea que Crusoe haga con estos bienes, sus acciones carecen de toda repercusión-con respecto a su futuro o presente suministro, tanto para Viernes como para él mismo (y vice versa). De ahí que sea del todo imposible que surja el conflicto entre Crusoe y Viernes en relación al uso de estas cosas. El conflicto sólo se hace posible cuando los bienes comienzan a escasear; y sólo entonces es que se hace necesario establecer reglas que garanticen el orden y permitan la cooperación en una sociedad exenta de problemas.
