A la Espera de la Muerte

El pasado nos condena, 
 sólo el futuro nos puede salvar.

por Darryl Robert Schoon,
 21 de mayo de 2009.

Vivimos en tiempos extraordinarios. Colgado en un punto entre el pasado y el futuro, el presente nunca había sido tan incierto. Pero, cuando llegue la certeza, será en forma de guadaña y la única opción que tendremos será la de eludirla.

En marzo de 2007, cuando presenté mi análisis sobre las economías americana y mundial, Cómo sobrevivir a la crisis y prosperar en el proceso, a la Red de Desviaciones Positivas de Marshall Thurber, predije que los precios inmobiliarios caerían entre 40 y 70%, que las acciones bursátiles bajarían 70 -90%, y que venía otra Depresión.

En ese momento, la economía mundial seguía creciendo. Ya no lo está. Hoy en día, ocurre lo contrario, la economía mundial se está contrayendo. Sin embargo, la crisis vaticinada, en proceso de gestación durante décadas, está actualmente en curso y ha entrado en una fase nueva y diferente, una mucho más peligrosa que la fase precedente.

La economía mundial está al borde de la ruptura sistémica total. El mecanismo subyacente en que se basa el actual sistema de crédito está quebrado, porque sus dos pilares fundamentales, los bancos y el gobierno, no sólo están quebrados sino que, y esto es lo más importante, ambos están ahora literalmente en la bancarrota total.

Estoy quebrado, no hay pan, es decir, nada.
 de Busted, letra de Ray Charles

Antes de la Gran Depresión, el colapso de la burbuja de la década de 1920 desencadenó una cascada de incumplimientos en el pago de la deuda que enterró a prestamistas y prestatarios por igual. En ese entonces, los gobiernos no estaban en quiebra; hoy, los gobiernos están tan quebrados como aquellos a quienes están tratando de salvar.

El canto de sirena del crédito atrajo a inocentes y a codiciosos por igual para que apostaran hasta lo que debían haber guardado para gastar en un día lluvioso.

Este es el dilema que los banqueros centrales no pueden resolver. La deflación, el colapso de la demanda que sigue a la onda de la deuda incumplida, ha sido liberada de sus amarres y muy pronto el enigma de los banqueros se convertirá en una pesadilla para todos – una depresión deflacionaria peor que la de la década de 1930.

Después de la Gran Depresión, los economistas de la corriente principal, expertos monetarios petulantes que se graduaban de Harvard, Princeton, la Universidad de Chicago, etc., (las escuelas donde se enseñaban las más oscuras artes de las finanzas), convencidos a si mismos de que habían resuelto los problemas que han plagado los sistemas fiduciarios en el pasado.

Estaban equivocados y ahora la sociedad está a punto de pagar el precio de su arrogancia. La que hemos llamado gran moderación, es decir, la aparente contención de la inflación, resultó ser, una anomalía monetaria que no llevaba a la inflación, sino a burbujas de activos, enormemente destructivas, las cuales recientemente han colapsado.

Los banqueros centrales han demostrado no ser maestros de las finanzas sino co-conspiradores de los banqueros de inversión con quienes saquearon el tesoro del gobierno en beneficio de los predadores parasitarios de Wall Street.

Hoy en día, el saqueo de la productividad de los banqueros casi ha llegado a su final, pero no por conciencia de la sociedad, ni resistencia, ni oposición, sino porque los gobiernos de hoy están tan quebrados como los bancos, y su bancarrota colectiva, se espera, evitará que entre ambos destruyan los pocos ahorros y libertades que aún quedan.

No importa qué tan respetable sea su aspecto, los mayores enemigos de la sociedad y de la libertad hoy en día son los bancos centrales y el gobierno centralizado – las torres gemelas de la Mordor monetaria.

El Rodeo de Cabras de los Quebrados

Hoy en día, somos testigos del más absurdo espectáculo: Naciones en quiebra, con economías en contracción y en proceso de colapso, planifican volver a la prosperidad “gastándose de nuevo” a sí mismas con dinero prestado, o al menos, ese es el plan.

Los EE.UU., Inglaterra, Japón y otros países se encuentran atrapados en una cloaca de deudas incumplidas y de demanda en deflación, combinación que llevó a la bancarrota a las economías mundiales en la década de 1930 y que hoy está en proceso de hacerlo de nuevo.

Es irónico y oportuno que Inglaterra, los EE.UU. y Japón están siguiendo el mismo camino, al mismo tiempo, porque los tres juntos constituyen el linaje histórico del crédito y el poder en esta época, crédito que construyeron y cuya consiguiente deuda está a punto de destruirlos a los tres.

Plomo Convertido en Oro y Papel en Dinero

El sueño de la alquimia medieval, de convertir metales básicos en oro se logró, en principio, en Inglaterra en 1694 cuando por bajos motivos casi logran lo mismo, la transformación de cupones de papel en dinero o, al menos, en moneda de curso legal.

Expedido por un banco central, el papel moneda del Banco de Inglaterra basado en crédito, rápidamente se convirtió en deuda para hipotecar permanentemente al pueblo de Inglaterra y, ulteriormente para lograr establecer por primera vez en el mundo el impuesto a la renta a fin de sufragar el gasto cada vez más mayor del gobierno, gasto que desde ese entonces había sido posible gracias al crédito ilimitado de los banqueros.

La moneda inglesa, basada en crédito, le dio a Inglaterra una ventaja sobre otras naciones la cual resultó en el dominio global que llamamos imperialismo. Pero cuando las fauces abiertas de la ambición de Inglaterra ya no podían absorber más naciones, el bandolerismo global inglés llegó a su fin.

Globalización – El imperialismo del siglo 20

La siguiente iteración de dominio mundial ha sido llamada “globalización”, la hegemonía económica compartida entre Inglaterra y los EE.UU., sus bancos centrales, el Banco de Inglaterra y el de la Reserva Federal de los EE.UU. y su progenie, los bancos de inversión de Nueva York y Londres con sus respectivas sedes en Wall Street y “The City”.

La capacidad de imprimir moneda fiduciaria, es decir, sin respaldo, pero aceptada en todas partes como dinero real, dio en el siglo 20 a los bancos y a las empresas occidentales las mismas ventajas que tuvo la Armada Inglesa en los siglos 18 y 19.

A finales del siglo 20, las empresas multinacionales y los bancos occidentales, impulsados por el combustible del crédito, habían establecido poder y control cada vez mayores sobre el comercio mundial – con la única excepción de Japón.

Japón había escapado el cabestro de la dominación occidental que le querían colocar después de la Segunda Guerra Mundial por una merecida combinación de suerte y paranoia insular. Inesperadamente, en 1949 los japoneses adoptaron las revolucionarias enseñanzas de W. Edwards Deming, un estadounidense experto en control de calidad, cuya filosofía humanista de la calidad transformó al Japón en una potencia industrial.

¿Qué ganaría una sociedad en caso de que aumentase el valor de sus acciones a costa de su participación en el mercado y la calidad de sus productos?

Las corporaciones occidentales se centran, no en el largo plazo, sino en el corto plazo, no en la calidad sino en las utilidades, un sesgo fundamentalmente equivocado que permitió al Japón superar a occidente, al convertirse en la principal potencia económica del Asia y en la 2ª economía más grande del mundo.

Meiji Moola

Los japoneses no sólo aprendieron a fabricar mejores productos que Occidente, también aprendieron el secreto de la extraordinaria alquimia bancaria occidental. Cuando Japón invadió Hong Kong en 1941, se fueron directamente a los bancos Ingleses, pusieron una pistola en la cabeza de los directores de los bancos y, a la fuerza, obtuvieron los secretos del inmenso poder de Inglaterra, el poder de crear dinero de la nada, el crédito y la deuda.

Después de la Segunda Guerra Mundial, a sabiendas de la extraordinaria ventaja que el control de crédito da a Occidente, los japoneses construyeron un cortafuegos financiero alrededor de las empresas japonesas, evitando así las adquisiciones extranjeras y desactivando la ventaja implícita, que la circulación de monedas en el “mercado libre” daba a los banqueros occidentales.

Los japoneses crearon un entramado de propiedad de corporaciones japonesas, con el Zaibatsu, conglomerados industriales y financieros japoneses; y permitieron que las acciones de estas gigantescas corporaciones pudieran ser incluidas en los balances de los bancos, lo que permitió aún más apalancamiento del crédito en los bancos japoneses que en los de Occidente.

Tan insular como la China, pero mucho más adoptivo, la adición japonesa de mayor apalancamiento de los bancos, sin embargo, iría a contribuir a la destrucción de la economía japonesa, porque ahora, en el siglo 21, el apalancamiento está a punto de destruir lo que el crédito construyó en el siglo 20, tanto en Japón como en el resto del mundo.

Aumentar el apalancamiento bancario fue un error fatal porque la guadaña del crédito en última instancia, troza tanto a sus víctimas como a quien la esgrime, porque el manejo del crédito ilimitado sólo es transitorio y es tan cortante como la hoja misma de la guadaña, y, al final, tanto ignorantes como sofisticados sufrirían al sucumbir a una tentación que nadie puede controlar.

La visión peyorativa de los prestatarios sub-calificados evade el hecho de que los prestatarios sofisticadas son igualmente culpables cuando se alimentan en la canoa del crédito, aparentemente barato, puesto a su disposición por los bancos centrales (los bancos de inversión tomaron préstamos al 0% en el Japón)-y mientras los pobres perdían la remota oportunidad de acceder a la propiedad de una vivienda, los banqueros sofisticados despilfarraban los ahorros de naciones enteras.

Cuando el polvo se asiente, prestamistas y prestatarios por igual estarán enterrados bajo los escombros de las entidades de crédito. Los orígenes del crédito son similares a los de la actual variante de la gripe porcina, que ahora se cree que posiblemente fue creada por el hombre y no por la naturaleza, ver http://www.bloomberg.com/apps/news?pid=20601087&sid=afrdATVXPEAk&refer=worldwide como la propagación del crédito y de la moneda de papel no siendo menos peligrosa o virulenta que la propagación de la mortal gripa está a punto de causar la muerte a todos los que han bebido en la “taza contaminada” de los banqueros.

Descenso de la Deuda y Desastre

El crédito bancario apalancado temporalmente catapultó al Japón a la primera línea de la economía mundial en 1980, el cual, combinado con un enorme desequilibrio comercial positivo – posible gracias a la libre circulación del dinero fiduciario americano, creó una gran burbuja especulativa que culminó en el colapso del mercado bursátil japonés en 1990.

El colapso de la burbuja japonesa fue abrumador. El apalancamiento bancario implícito utilizado en el ascenso económico se convirtió, al descenso, en una soga con nudo corredizo que revivió fuerzas deflacionarias que los banqueros centrales creían que habían sido derrotadas después de la década de 1930.

La abrumadora cantidad de deuda incumplida hundió los bancos japoneses. Antes de 1990, impulsados por el apalancamiento implícito, los bancos japoneses se encontraban entre los más grandes del mundo, pero cuando el índice Nikkei se derrumbó en 1990, también se derrumbaron los bancos y la economía del Japón.

Lo qué le pasó en Japón en el decenio de 1990 está pasando ahora a Occidente, es decir, a los EE.UU., al Reino Unido y a otras economías basadas en el crédito. La esperanza es que, como el Japón sobrevivió la deflación en la década de 1990, en igual forma, también sobrevivirán los EE.UU., el Reino Unido, y otros más.

Tales esperanzas son inútiles ya que la supervivencia del Japón fue sólo temporal. Esta vez Japón no sobrevivirá porque hoy la deflación es mucho más virulenta, y, esta vez al Japón también se sumarán otras economías atrapadas en el colapso de la demanda, el incumplimiento de la deuda, la insolvencia de los bancos y el desempleo endémico, una repetición de la Gran Depresión de la década de 1930, pero sumada esta vez a una pandemia monetaria global.

La Pandemia del Papel-Dinero que está por llegar

Esta vez la depresión deflacionaria irá acompañada de una extraordinaria crisis monetaria global. Los intentos del gobierno por reactivar sus economías en deflación darán lugar esta vez a enormes sufrimientos económicos adicionales.

Así como las bajas tasas de interés del 1% que re-inflaron las economías en 2002, causaron la burbuja en los precios de la propiedad y a continuación su colapso en el 2006, las tasas actuales, aún menores, del 0,25%, conjuntamente con emisiones monetarias sin precedentes, crearán un completo desastre fiduciario global que destruirá el dinero tal como lo conocemos .

Para estimular las economías deflacionarias, se está emitiendo tanto dinero fiduciario, sin respaldo, que eventualmente este terminará por perder todo su valor. Es así como todas las monedas fiduciarias han terminado a través de la historia: con circulación y emisi;on incontrolada de cantidades de papel cada vez mayores pero también cada vez con menor valor.

El mes pasado, el M-2, el agregado monetario en el Japón aumentó a un ritmo superior al 100% anual. La maquinaria de impresión está funcionando como nunca antes, en los EE.UU., en el Reino Unido y en Japón, con la desesperada esperanza de que se salvarán de la abrumadora fuerza gravitatoria de la deflación, un agujero negro económico de inercia gigantesca.

Los préstamos, la impresión y la circulación de cantidades excesivas de dinero fiduciario, es decir sin respaldo, se ha ensayado antes y no funciona. Hacerlo así, es una receta para el desastre, una vez más, la receta tradicional que siempre se ha intentado en el pasado, dará otra vez el mismo resultado.

No será diferente esta vez. Si usted piensa lo contrario, espere y verá.

Flexibilización Cuantitativa hacia la Muerte Económica

El término flexibilización cuantitativa oculta el increíble absurdo de gobiernos tomando préstamos de sí mismos. La práctica surgió por primera vez en el decenio de 1990, cuando la deflación obligó a los japoneses a ejecutar tal maniobra con el fin de mantener a flote su vulnerable economía.

No es casualidad que la flexibilización cuantitativa está siendo adoptada en la actualidad por los EE.UU. y el Reino Unido, ni es una buena señal que esté sucediendo. La flexibilización cuantitativa es indicación de que la deflación ha alcanzado un nivel donde los gobiernos no pueden sobrevivir a menos que se apliquen medidas extremas.

Cuando los gobiernos recurren a la flexibilización cuantitativa, es signo de que han quedado sin otros medios para financiar sus esfuerzos…Han llegado al final de la línea.
El Significado de la Flexibilización Cuantitativa,
Michael S. Rozeff

Somos ahora testigos de la quiebra de naciones con economías en contracción y que planifican volver a la prosperidad mediante el gasto con dinero prestado, pero prestado por ellos mismos.

Los EE.UU., el Reino Unido y Japón – la “troika” económica de los muertos vivientes, todos participantes de la flexibilización cuantitativa y que están ahora en las últimas etapas de la destrucción del capital y del colapso económico.

 El Fin de la Línea

Los bancos y los gobiernos – especialmente los de EE.UU., el Reino Unido y Japón – han llegado al final de la línea y, sin duda, todos hemos llegado al final de una era. El juego de los banqueros hacer pasar por dinero el de capital basado en deuda, con el fin de endeudar y obtener ganancias de la productividad de los demás, se encuentra ahora en su etapa final.

Las resultantes deudas de los banqueros son ahora tan grandes, que ya no pueden retirarse, pagarse, venderse ni refinanciarse. Que los gobiernos hayan anunciado que garantizarán todos los depósitos bancarios y el aumento de la deuda de los sectores público y privado en cantidades cada vez mayores, cuando ellos mismos están quebrados es un signo de la época – del final de los tiempos.

Dos semanas después de que la histórica contracción del crédito en agosto 2007 congelara los mercados globales de crédito, hablé en la Sesión II de la Universidad del Patrón Oro, del Profesor Fekete, en Hungría. El último segmento de mi discurso se tituló, “El camino hacia el futuro es un acantilado”.

En mayo de 2009, es evidente que hemos caído en el acantilado. El reciente repunte en los mercados bursátiles mundiales sólo indica que todavía no hemos tocado fondo. Lo tocaremos. Sólo espere y verá.

Inversiones Cuesta Abajo

Si la muerte del dólar de los EE.UU. la veremos este año, o el próximo, o quizás un año después, es aún desconocido, pero lo que sí se sabe es que todas las monedas fiduciarias finalmente sucumben a la presión cada vez mayor que sobre ellas ejerce el gobierno.

Cuando la única limitación, en la creación de moneda, es papel y tinta, o una leve presión sobre una tecla, como sucede hoy, la tentación de hacerlo es mayor que la limitada capacidad de aguante de cualquier burócrata, sobre todo si el burócrata es Ben Bernanke, la cabeza del Banco de la Reserva Federal de los EE.UU., quien tiene una bien conocida debilidad por los excesos monetarios.

Invertir al final de una era es muy diferente a invertir en las épocas precedentes. Lo que antes funcionó ahora no funcionará, al menos no en el largo plazo. Aunque las alzas durante un poderoso mercado bajista son comunes, tales actos son una oportunidad para salir de los mercados, una trampa para quienes no pierden la esperanza o un campo de juegos de azar para aquellos lo suficientemente hábiles y con conocimientos para saber, en esas circunstancias, qué activos suben o bajan y cuando lo hacen.

Sin embargo, pocos pueden bailar con la suficiente rapidez para burlar el filo de la cimitarra, la hora exacta en que los activos de papel se convierten en polvo y las adornadas fantasías de los necios revelan lo que son y lo que no son. Pero mientras existen pocos asesores con experiencia, todos ellos saben del carácter transitivo del juego que juegan.

El banquero central, John Exter, entendía claramente el juego fraudulento de la banca central. Exter llamaba el dólar de los EE.UU. y otras monedas fiduciarias como “el dinero-del-no-te-debo-nada”. La pirámide invertida de Exter denotaba la trayectoria del papel-dinero en tales momentos, en la parte inferior de la pirámide de Exter estaba el oro, el activo de último recurso.

Es el oro una reliquia de tiempos bárbaros, Lord Keynes? Creo que no lo es.

El oro y la plata son hoy, como siempre lo han sido, el refugio de la libertad y de la seguridad en tiempos de caos y tiranía, en tiempos como los de hoy.

Los Últimos Días

Puede sentirlo en el aire

Hay agitación por todas partes

El final llegará pronto

El final de este embrollo

Final que todos conocemos

Fin de lo que ha sido

Fin del dinero alegre

Un final que no es gracioso

Me pregunto que será

Lo qué veremos mañana

Que la gracia que nos trajo

Cambie nuestros miedos.

Compre oro, compre plata, tenga fe.

Darryl Robert Schoon

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 Traducción de Rodrigo Betancur

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Seguidor del gran Filósofo Libertario el Dr Hans-Hermann Hoppe
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